Los personajes son de Meyer.

Falsas Apariencias.

Cartas desde ultramar.


Basora, noviembre 1896.

Mi Adorado Manantial de Vida:

El viajero mental

He viajado a través de un país de hombres,

un país de hombres y también de mujeres,

y he oído y visto tan horrendas cosas

como nunca los caminantes de la fría Tierra han conocido.

Porque allí nace en la alegría el niño

que en el atroz dolor fue concebido,

tal como en la alegría cosechamos el fruto

que fue sembrado en lágrimas amargas.

Y si el recién nacido es un varón,

es entregado a una mujer anciana

que lo clava tendido en una roca

y en copas de oro coge sus lamentos.

William Blake.

Estoy en Arabia, en un antiguo puerto, sentado en un apestoso café y gruñendo a quien me mire; en mis alforjas guardo dientes y piel de un hijo de puta que me enseñó a pelar como un león y me convirtió en un asesino absoluto. ¿Eres mi confesor? Pues te confieso, amor mío, que jamás en mi puta vida me he sentido más hombre… a excepción cuando te follaba o cuando vi los ojos de mi hijo.

Lejos de ti, esto es una puta vida y no siento culpa. Antes de salir de África maté al ruso que enterró su cuchillo en las entrañas de Tish y sentí tanto placer que yo mismo demoré su muerte, fue como si un orgasmo feroz me poseyera. Arranqué sus dientes, tiré su cuerpo a los cocodrilos y me senté a mirar mientras los nativos me vitoreaban. Ese día me llamaron Tishgul y ese es ahora mi nombre.

¿En qué me he convertido? En un demonio, mi leyenda crece en ultramar yo mismo me siento poderoso, soy el Minotauro que come las entrañas de todos. Edward Cullen ha desaparecido, solo soy Tishgul que va de barco en barco en barco y nadie toca, habla ni osa mirarle a la cara. África me dejó marcado para siempre, quizás la violencia impuesta para sobrevivir, quizás todos los animales que desollé con mis manos fue lo que mutó en mí y me transformó en esta condenada bestia que, de mar a mar, busca algo que no ha encontrado aún, soy el tahúr de la muerte bruja, soy algo a lo que tú —mi valiente mujer— tendrías miedo.

¿Te dije que soy un animal? ¡Oh si, madam! el más terrible de todos: pienso, cazo, mato y robo; y como animal que soy, tengo depredadores que me persiguen, unos quieren el mapa de los diamantes y otros quieren mí cabeza. Soy un siniestro trofeo valioso, sobre todo para aquellos que desean un salvoconducto y me vale puta, mantenerme alerta a la presencia de mis enemigos ocupa mi tiempo, esa la manera más efectiva que tengo para olvidarme que soy un moribundo de corazón y que solo espero volver a tu lado para recuperar mi vida. Como Tishgul, soy el solitario dueño del mundo; pero como Edward, soy ceniza caminando que espera tu milagrosa humedad para reconstituirse. ¿Aún sigues amándome, reina de mi alma? ¿Sigues queriéndome a pesar de que cuando vuelvas a verme traeré conmigo la odisea tremenda de volverme animal para ser un mejor hombre? Yo te grito desde este caluroso puerto que no logra descongelar mis sentidos, que sí, que el tiempo y mi locura solo incrementan tu amor por mí y que siempre me esperarás. Eres mi Penélope, amor de mi alma, eres mi remo y navío. Sí, eres mi Ítaca y yo soy tu Ulises.

¿Me deseas aún? Suerte para mi estar vestido con estas ropas —puedo tocar mi dureza mientras imagino tu boquita pecadora diciéndome que si— ¿Ves mi retrato en aquel caballo y dices: «vuelve para amarte más, bastardo mío»? suerte para mi ser un gul y que nadie me mire —soy un maldito descarado que no le importa derramarse en este café mientras te escribo— ¿Me reconocerás? ¿Te desnudaras ansiosa ante mí y dejarás que yo joda tu coño hasta que me devuelva el alma?

Mi diosa, el deseo por ti está intacto, te lo aseguro porque nunca en mi vida me había masturbar tanto, cuando sueño contigo, despierto y me doy cuenta que no estás aquí, mi alma se hace copo de nieve y me masturbo, masturbo, masturbo… y mi semen corre por mis manos, por mis piernas y me quema, y me duele, porque debe estar es dentro de ti, regado en tu piel y mezclándote en tu sangre, como en aquellos días en Forksville, cuando fui tu esposo y semental ¡como gocé, mi amor! ¿hice bien mi trabajo? ¿Folle a madam como ella lo merecía? ¡Oh, sí! ¡Sí! En el establo te marqué como mía, eyaculé sobre, ti chupé tus tetas suculentas y con mis dedos te profané hasta que gritaste mi nombre. ¿Recuerdas cuando derramé sobre tu concha hirviente el vino de tu padre? bebí de ti hasta que el licor se acabó, te dejé seca —Era un iluso, yo creía que eso era posible, ¡oh, mi dulce manantial de vida!— mi polla se convirtió en hierro ardiente y te lastimé, y te hice berrear de dolor, y tú me engullías, llena de lujuria. No me acuses querida, ya no hablo como británico, tengo en mi lengua las palabras rudas, vulgares y sucias que ya sabía pero no usaba, y pienso, bruja mala, que son las que tú mereces ¿alguno de tus amantes dijo algo como lo que yo soy capaz de decirte? ¿Alguno fue capaz de decirte que follarte duro y joder tu culo era más sagrado y bendito que recibir a dios en un sagrado culto? ¡Te lo digo! Y de esta manera, madam rivalizo con cada uno de tus amantes y los elimino de la faz de la tierra.

Retomo la carta en el cuarto de mi hotel, la leo y siento los mismos celos que me hicieron interrumpirla. ¡Oh querida, mi amor, mi diosa, mi confesora! ¿Sirve como penitencia reconocer que todavía tengo celos de esos hijos de la gran puta que estuvieron entre tus piernas? Entiéndeme, señora mía, no es de ti que tengo furia, es por ellos que recibieron tu tesoro, pero cuando regrese no daré tiempo al pasado ni para que pienses en tu vida princesa; ahora eres una reina y borraré de tu piel y de tu abertura los recuerdos de cada uno de esos paletos. ¡Eres mía, putilla golosa! ¡Mía! ¡Mía! Mía y de mi sangre, ¡mía y de mi polla insatisfecha! mía y de nadie más. Mi saliva sabe a ti… azúcar, vino y almíbar ¿puede un hombre decir que ama de su esposa hasta el olor de su coño trasnochado y enfebrecido? ¡Yo, yo lo digo!

Podría rumiarte todo el día —y me masturbo nuevamente por eso— y ser el caníbal que te devore hasta sentir que somos uno. ¡Escucha bien, milady! yo te invoco, quiero ahora y aquí tu culo redondo, voy follarlo sin piedad, convertirte en mi yegua pegaso y palmearte para que galopes, quiero volar contigo por parajes lujuriosos. ¿Te gusta como jode tu esposo? —cuando llegue a casa me mostrarás primorosamente como te tocaste y alcanzaste el cielo con estas, mis palabras ansiosas— ¿te gusta la polla dura y grande que Charlie Swan compro para ti? ¡Maldición! podría quedarme todo el día raspando mi polla e invocándote y reconozco, mi confesora, que soy cada vez más bestia porque no te tengo.

Pero, no importa… sé que después de todo, me espera el cielo y no hablo de la muerte, hablo de ti y de tus sagrados fluidos. La frustración de no tenerte me hace hábil y aprendo, si tus contadores y abogados me escucharan hablar de negocios, ya no tendrían en su cara esa sonrisita condescendiente que me hacía hervir la sangre por ser tan estúpido.

Me he topado dos veces con un americano aventurero que sueña hacer negocios con algo llamado petróleo, es un charlatán, habla de gasolina y de automóviles, yo escucho. Basora está lleno de hombres de todas las naciones que buscan fortuna. Hace dos días estoy aquí y todavía no decido como continuar el viaje, estoy entre hacer la expedición para volver a la selva y sacar los diamantes o ir hasta un puerto de China y negociar con unos españoles la exportación de porcelana. Tal vez me quede más tiempo, estoy aprendiendo todo lo que pueda sobre el petróleo, y el americano, aunque muy hablador, me resulta gracioso.

Tengo, amor mío, miles de cosas que regalarte, de cada viaje tomo algo para llevarte, quiero que cuando las veas puedas viajar conmigo de nuevo a estas tierras. ¿Dije que extrañaba tus manos? Con tu mano podría conciliar el amor y el silencio. Soy silencioso, Isabella; yo, el charlatán y embaucador Edward Cullen, soy silencio y espero que tú me devuelvas a la palabra.

No sé cuánto me quedaré en este lugar, quizás pueda escribirte muy pronto, quizás te de la noticia de que mi ausencia será más corta de lo que pensaba, deséame suerte y deséame, mi amor, dame suerte, sé mi amuleto, espanta las sombras que me persiguen, susurra al oído de los que me quieren muerto, diles que tu vengaras mi muerte si algo me pasa, protégeme de todo, protégeme de mí y mi instinto. Convócame cuando te toques, gime mi nombre cuando te penetres con tus dedos, llama a Edward Cullen, que es y será tuyo para siempre.

Por siempre te amo.

El bastardo.


Editado por XBronte.

¡Que fuerte está hablando el bastardo! ¡que boquita! Faltan 3 cartas más mis chicas corticas, la travesía de nuestro Lord es tremenda. Gracias a todas las que leen y comentan, gracias.