Los personajes son de Meyer.

Falsas Apariencias.

Cartas de Ultramar


Shangai, noviembre 1896.

Mujeres más hermosas he encontrado,

mas no han hecho mi seno palpitar,

que el corazón ya estaba consagrado

a la fe de otro objeto idolatrado,

a la sola mujer que puedo amar.

Adiós, en fin. Oculto en mi retiro,

en el ausente nadie ha de pensar;

ni un solo recuerdo, ni un suspiro

me dará la mujer por quien deliro,

¡ay!, la sola mujer que puedo amar.

Tu partida, Lord Byron.

Soy un suicida, Isabella Swan y en este momento de mi existencia, ningún haz de luz ilumina mi vida. Es que no es posible que haya un rayo de sol y ni de luna que pueda iluminar la existencia de un miserable y cobarde. Un año y once meses sin noticias mías y apenas hoy me atrevo escribirte, es que en mi cobardía de hombre sin piel aún tengo tachas de coraje y no pretendo hacerte sufrir más: yo, señora mía, no he muerto y, ni mucho menos, la he olvidado. Más bien, estoy acá, perdido en el brumoso amanecer de una ciudad indescifrable, dispuesto a dejar mi ventura en tus manos, soy un suicida sin remedio, yo lo elijo, y con esta mi confesión, madam, sello mi destino. Aquel que está seguro que su existencia va trazado en los bordes de tu falda no puedo silenciarse y seguir su trasegar con mentiras, tú no lo mereces, yo tampoco… de eso ya tuvimos bastante. Sí después de esto decides odiarme y dejarme en la isla del olvido para siempre, no podría culparte… pero, yo simplemente dejaría de existir. ¿Podría seguir viviendo si miro tus ojos y no veo el fuego aquel que me impulsó a retarlo todo y cambiar de vida? No, madam, yo moriría… por eso te pido, ten compasión de este moribundo.

You… así la llamaba, porque de esa manera pensé, en forma estúpida, en que sin darle un nombre específico podría aminorar mi infidelidad. Puedo decirte, señora Cullen, a modo de alegato, que soy un hombre criado en la lujuria, que desde mis catorce años la rapacidad me llevó por la bastardía y los caminos de las rameras de todo Londres y por las alcobas de las grandes damas, hasta en tu cama he sido ese hombre con hambre perpetua pero, mi condición de varón y de macho, no puede ser la excusa; sencillamente, no pude con ella. Durante los primeros años de mi viaje tuve el recuerdo de tu olor en mi nariz y la textura de tu piel en mi piel, me bastaba la soledad y el silencio para que llegaras a mí, eras tan fuerte que nada más que eso necesitaba para lograr llegar hasta tu cuerpo y saciarme hasta no quedar nada de mí.

Sin embargo, el destierro voluntario, el mar veleidoso y la violencia de la selva congeló mi alma y en mi corazón solo quedó el demonio de Tishgul, una fiera que rumiaba, entre puerto y puerto, su soledad y hielo, era temido por todos pero me sentía como un huérfano del mundo. ¡Como soñaba volver a ese punto absoluto en donde nombrarte traía a mí piel las calientes tardes en los grandes prados de Forksville, donde fui tan feliz contigo!

Una noche —en este puerto de calor húmedo que parece filtrarse en la piel como una lava ardiente pero en el que yo me sentía como un gran bloque de hielo que caminaba en pleno polo norte— un hombre extraño preguntó mi nombre y yo gruñí Tishgul, y esa pequeña acción desató en mí una furia incontrolable que gestó un grito y aullé hasta que todas mis entrañas dolieron. Isabella, yo no recordaba mi nombre, se me olvidó quien era y todo lo que tenía: esposa, hijos, familia. Me di cuenta que en el afán de sobrevivir, de no claudicar, de no tirarme al agua y dejar que el mar salado me tragara negué mis sentimientos y los cubrí de una indestructible capa ¿Qué más daba? Yo venía a aprender, a hacerme hombre y a buscar fortuna, sabía que allá, en casa, estaba mi seguro puerto, pero el camino fue pedregoso y mi condición de hombre se fue perdiendo, un resto se fue quedando en la sangre y la piel de mi amigo, otro poco en la muerte de los esclavos, en el Congo bramando en plena África negra y me dio miedo, no podía volver así a casa.

Con ese pensamiento, decidí tomar el camino de vuelta a mi humanidad, me hice llamar Mr. Tishgulsen, arrendé una propiedad, contraté servicio y llevé a You a casa. Me la había ganado jugado a los dados en una de mis tantas noches de juergas y no podía dejarla botada en la calle; era una joven silenciosa y delicada, no pasaba de los quince años y era muy hábil en cuidar mis cosas personales. Pequeña, piel de canela, hablaba en susurros, ¡tan diferente de ti, bruja! Y una noche, insuflado por el opio y el alcohol, la tomé como el lobo ansioso devora la oveja y arranqué su virginidad sin piedad alguna; ella, callada, se ofreció a mí en sacrificio y no me importo desgarrarla. No solo hablo de su pureza, hablo también de su alma porque yo la cogía odiándola sabiendo que no era la persona que yo adoraba, aun así, me perdí con ella en las tempestades furiosas de este mar de China.

¿Quién era esa sombra amada que no me dejaba abrazar la oscuridad y la muerte? ¿Quién era ella que al no tenerla, congeló todo lo que pudo alguna vez ser un hombre? Tú, amor mío, mi Isabella, la que nació para mí, la que fue de muchos hombres y que, sin embargo, libre y poderosa, decidió amar a este pobre infeliz bastardo y que le dio el honor de hacerlo feliz con tan sólo decir: él es mi esposo. Y yo, en la negación de mi humanidad, bastardamente te dejé ir.

You, gustosa, vino a mí y sin quejarse, lavó mis pies cansados y rasuró mi barba desprolija, piojosa y larga; me cuidó con profusión, como si fuera yo un emperador y ella mi esclava. Me volví a vestir de traje y hablar con ingleses, franceses y alemanes, logró que, en algún momento, yo pudiera recuperarte. Tocándola a ella volviste de nuevo a este hombre y te hiciste más poderosa, más excelsa, más hembra, más hermosa de lo que jamás fuiste alguna vez, Isabella Swan; me enamoré más de ti, convertí mi pasión de bastardo enfermo y ausente en un amor capaz de competir con todas las malditas fuerzas de la naturaleza. Por eso ella fue simplemente You, y amándote tan fuertemente como te amo, cometí el pecado atroz de infectarla con mi pasión y ella se entregó a mí, me amó sabiendo que jamás en esta vida, o en mil, yo la amaría.

Soy un hombre, Isabella, estoy recuperando el honor y como tal, asumo la responsabilidad plena de mis actos: ella me amó y sé que no le importó morir para salvarme. Sí, debí decírtelo al comienzo, la niña a quien yo gané a su padre en una partida de dados murió defendiéndome de unos maleantes, en una pelea por el mapa. Te dije que tengo enemigos, que me los hice en la selva y que mientras que no tengan el mapa de los diamantes en sus manos, no descansarán. Ellos irrumpieron en la noche, llegaron con sus armas, con su ambición y con la rabia de no haber podido atraparme; entraron en la casa con la fe en que esa sería la noche de su venganza, que finalmente el maldito que les había negado la riqueza y el placer de la muerte iba a morir. You no se asustó, cuando todo era relámpago y fuego, ella fue el escudo entre ellos y yo, su sacrificó me permitió escapar, desaparecí por unos días y cuando volví a mi casa, ya no estaba, los malvados la mataron.

Te dije que soy un hombre y que estoy recuperando mi honor: You está vengada.

Te dije que estoy recuperando mi humanidad: sigo delirando de amor por ti, más que en el comienzo de este viaje.

You fue mi amante, con ella te fui infiel, pero te lo dijo: nunca, nunca dejé de amarte.

Otra noticia inesperada debo darte en esta carta: Jasper Whitlock estaba en el puerto. Lo encontré peleando, borracho, en uno de los malecones del puerto. Vestía andrajos y estaba esquelético, su piel —pegada al hueso— era verdosa y su pelo rubio estaba cubierto de canas. Su mirada evidenciaba el consumo de opio y apenas me vio, rompió en llanto, algo en nuestras almas gimió ¿Qué hacíamos aquí? Nosotros veníamos de un mundo donde fuimos criados con esmero pero abortados y expulsados, cruzamos miradas nostálgicas de un paraíso y levantamos una copa de despedida.

Sí, Isabella, una última copa con Milord Whitlock y puedo decirte con tristeza que nunca sonrió, nunca preguntó por Annie, pero siempre con Alice en sus labios. Se declaró cobarde e infame, entendió que destrozó todo porque le dio miedo el futuro y la posibilidad de nunca estar a la altura del carácter de ella.

Él tuvo miedo, yo tuve pavor… Jasper era un hombre que ya no estaba caminando entre mortales. Una semana después su cuerpo flotaba en el mar, el barco en el que viajaba naufragó y no estuvo entre los sobrevivientes, estoy seguro que Alice no esperó más y se lo llevó con ella y también creo que el pobre infeliz se dejó morir con los ojos abiertos para verla y volar junto a su mujer.

La noticia de ese hombre que un día fue mi amigo rompió mi corazón bruja, le dije adiós a Jasper Whitlock, le dije adiós a la Inglaterra en la que crecí y adiós a ese bastardo estúpido que tomaba, arrancaba y deglutía con egoísmo las podredumbre de una sociedad que odiaba.

Isabella ¿Perdonaras a este hombre que te ama con locura, pero que sin embargo fue débil porque sólo fue un hombre?

Mi amor, perdón, perdón, perdón… siéndote infiel te amé más, besando a otra fui más amante para ti, bruja. Quiero, sueño, necesito tu perdón… por ahora solo soy este suicida, Isabella, hasta que te vuelva a ver seré un hombre temeroso, tienes mi vida en tus manos.

América es mi destino, el loco charlatán que conocí en Basora me espera en una ciudad llamada San Francisco, quiero pensar que en ese continente pueda encontrar mi paz, tengo el mapa aún, dinero en mis alforjas y un alma nueva. El sueño de volver a verte, esposa mía, sigue poderoso, mi camino hacia ti se acorta, estoy tan cerca, tan cerca de ti que puedo hasta abrazarte; por favor, no te niegues.

Déjame volver, dame la oportunidad de ser tu hombre de nuevo, solo un segundo y haré que vuelvas a amarme como cuando estábamos juntos, permite que este loco tienda a tus pies el mundo, te haré un altar, besaré tus pies y tu cuerpo será el único lugar que atraque.

Dame vida madame. Dame vida, porque si no lo haces, moriré solo, creyendo que fui un hombre pero que no tuve la dignidad de conservarte, déjame respirar cerca de ti, deja que te demuestre como tu Isabella Swan me convertiste en este guerrero poeta que ha luchado por ser el centauro que dominas.

Tuyo por siempre, este moribundo suicida que agoniza hasta no verte.

E.


Editado por XBronte.

Oh oh….lo mato, lo mato y después lo perdono, pero yo no soy la bruja, bueno, al menos no de esta historia jeje.

Gracias a las que leen, a las que comentan, dos mínimas cartas faltan ¿no desean saber cómo llega este ser de nuevo a Inglaterra? Pues yo sí, y les digo me desmayo, treinta y siete años y convertido en un titán del mar.