Los personajes le pertenecen a Meyer.
Falsas Apariencias
Cartas de Ultramar: San Francisco.
Quinta.
San Francisco, febrero 1897.
¡Ten compasión, piedad, amor! ¡Amor, piedad!
Piadoso amor que no nos hace sufrir sin fin,
amor de un solo pensamiento, que no divagas,
que eres puro, sin máscaras, sin una mancha.
Permíteme tenerte entero... ¡Sé todo, todo mío!
Esa forma, esa gracia, ese pequeño placer
del amor que es tu beso... esas manos, esos ojos divinos
ese tibio pecho, blanco, luciente, placentero,
incluso tú misma, tu alma por piedad dámelo todo,
no retengas un átomo de un átomo o me muero,
o si sigo viviendo, solo tu esclavo despreciable,
¡olvida, en la niebla de la aflicción inútil,
los propósitos de la vida, el gusto de mi mente
Perdiéndose en la insensibilidad, y mi ambición ciega!
«Ten compasión, piedad amor.» John Keats
Amada mía:
Otro puerto más y es menos la distancia existe para llegar a ti. Desde el día en que la última carta fue escrita y salió rumbo a Londres, mi alma se fugó por el oscuro hueco de la herida que me causé cuando la lujuria me derrotó; he perdido la calma, mi sueño reparador se convierte en pesadilla en la que apareces gritándome cuanto me odias. ¡Oh, mi amor! y si hay algo a lo que temo en esta vida no es a los animales salvajes ni a los piratas, yo le temo a tu odio porque conozco lo voluptuosa que eres en tus pasiones, sé de primera mano la gloria satánica de tus odios y de tu lengua expeliendo todo su veneno, en mis pesadillas escucho tu voz diciéndome «Ya no te amo más» y me devuelves a la jungla donde, derrotado, me dejo vencer por ella. Te amo ¿qué más puedo decirte? Los días que median eternidades de tiempo me hacen envejecer, cumplí treinta y siete años y me siento un anciano. Esta ciudad magnifica, en este país libertario soy un hombre prisionero de su miedo porque teme haber perdido su hogar. Bruja amada, mi amor sigue intacto y te hablo desde mi profundo y total egoísmo, soy el hombre que fue capaz de hacer lo imperdonable, soy ese hombre que incumplió una promesa.
¿Me odias? ¿Me odias? ¿Me odias? ¡Ódiame! ¡Ódiame! Pero no me olvides, no puedo pensar que vivo en el país del olvido, en ese lugar donde los hombres de la madame viven, solos, ateridos, agonizantes de amor tan solo porque tú, la dueña de sus afectos le ha cerrado el corazón. No lo hagas, madam, no me olvides. Piensa en mí aunque sea para maldecirme, piensa en mí con rabia, odia mi puta bastardía e insulta con vehemencia los días que entibié mi cuerpo en otra cama. Yo puedo tolerar todo: que me saques los ojos, que alimentes con mi carne los lobos, que Thunder, con sus coces feroces, destruya mi pecho de acero, pero no puedo soportar pesar que para ti no existo. El odio que sientas hacia mí es la esperanza que me mantiene, es una pasión, una pasión que guarda el secreto de que aún me adoras como yo te adoro a ti cielo mío.
Puedo sufrir, debo sufrir por mi falta y aun así querer ser redimido. ¡Yo quiero ser redimido! ¿Tengo derecho? ¿Tengo derecho, Isabella Cullen, a soñar que puedo al menos besar los bordes de tu vestido y que en mi humilde posición de esclavo, algún día tendrás la generosidad de darme una mirada? ¡Sufro, madam! Pero, adoro este sufrimiento ¡Lo adoro! Con él estoy tan unido a ti que soy la espada en la roca. Eres mi dueña y aunque no lo quieras, a ti yo ato mi destino
Han pasado casi seis años desde que salí de tus brazos ¿Qué has hecho en estos años, mi amor? ¿Has pasado por la tortura de la distancia y tu cuerpo se ha congelado como el mío? Lloro y quisiera que no ¿Has sido la mujer que siempre soñaste ser? ¡Estoy seguro que sí!, ningún esfuerzo tengo que hacer para verte levantado el velo de hipocresía que sobre Londres se cernió durante siglos, como también lo estoy de que has sido la mejor madre del mundo para Edward hijo y Annie; que has convertido a mi hermana Rosalie en una mujer segura y sin miedo, que le has dado a mi sobrino Carlisle la idea de un hogar unido y protegido por ti como una loba feroz. Yo siempre temí por mí, nunca por ti, porque tú tienes el espíritu de los grandes guerreros, porque te conozco bien y sé que no ha habido nadie que te venza, porque desde pequeña, luchas sola, Isabella Swan y eso te hace implacable.
Si cuando vuelva a tu falda me gritas que por venganza, odio, desprecio o celos has tenido a otros amantes, yo callaría. Sí, mordería mi lengua y sellaría mi boca porque me lo merezco, con mi infidelidad dilapidé el tesoro de tu pasión fogosa y húmeda. ¡Oh, Isabella! si los celos que sentiste cuando leíste mi confesión son iguales como los que siento en este momento, puedes decir, con orgullo, que has sido vengada. ¡Has acuchillado el corazón de este bastardo un millón de veces! y me dejas agonizando y yo sufro. Pero yo callaré, lo haré porque debo respetarte como mi igual y, como una igual, reconozco tu libertad y el dominio sobre tu propio cuerpo… aunque sueñe con el perdón y con el momento en que vuelvas a escuchar de tu boca que el territorio indómito y rebelde de tu piel es mío o que la geografía de mis delirios lascivos nunca dejó de pertenecerme a pesar de mi viaje suicida.
El dolor de mi promesa rota ha hecho que mi alma de bestia inmoral se hiciera pura, tengo esa pureza de los antiguos hombres de honor, he vuelto a llamarme Edward Cullen y he vuelto a ser ese hombre que ansía momentos plácidos de luz junto al calor de una chimenea en la casa y he vuelto a desear beberme un vino tranquilo, fumando un cigarro mientras intento recordar cómo era tocar el piano ¿puede este bastardo errante tener un sueño puro de sosiego? tantos años después entiendo que no debo avergonzarme de quien fui, pues si no hubiese sido aquel hombre seguramente mi destino sería peor que el de Jasper Whitlock, el fantasma de mis peores pesadillas. Yo estoy luchado para ser un hombre con destino, no quiero ser un hombre apesadumbrado en la ciudad de la niebla sonriendo como hipócrita e intentando entender por qué nunca fue feliz, ni quiero pudrirme bajo las ruinas de una civilización que ya está muerta. Yo te conocí, Isabella Swan, te amé, te gocé y te he sufrido —no te engañes: te sigo amando y sufriendo — y eso me hizo distinto. ¿Puedo madam, tener la vanidad de creer que, si no me hubieses conocido, seguirías escondiéndote entre cortinas, avergonzada por ser una magnífica diosa? ¡Dame ese honor, Isabella! dame el honor —o la ilusión— de creer que yo también te he liberado.
San Francisco, que ciudad, qué país, que gente maravillosa y loca. No sabes cómo es, tienes que conocerla, tienes que ver cómo han dejado los vicios rancios de nuestra cultura y van a hacia el nuevo siglo comiendo, devorando, ansiando, bailando, hablando como si estuvieran seguros que son los dueños del mundo. He oído música que no te imaginas, he visto como los hombres se saludan sin reparar en cortesías absurdas y sin embargo, son amigos y he visto las mujeres que trabajan y estudian, con orgulloso pienso que van a un lugar que tú ya conquistaste hace tantos años ¡son como tú, pero mucho menos fascinantes!
Fui recibido por el hombre que conocí en Basora, me llevó de su mano por esta nación como si fuera un niño y yo, alucinado, siento que mi mundo está aquí. Mi alma de tahúr, tan denostada por las damas y señores de nuestro círculo, me ha hecho rico. Con la piel de mi amigo Tish convertida en mapa sobre la mesa y mi instinto primordial, fui al todo por el todo, me transformé en el cazador, el asesino y el suicida y jugué mi sangre, la sangre de Tish, la de mi familia, la tuya y las de todas las generaciones con mi nombre y tu nombre. Jugué yendo a la locura con un aullido salvaje y vencí.
Señora Cullen, usted está leyendo las palabras del hombre que ahora es dueño de gran parte de un territorio llamado Texas, es una tierra indómita y feroz, de caballos, indios salvajes, llanura y sol caliente, que huele a petróleo, que huele a futuro. Tengo planes, tantos, que no puedo dormir; planes, Isabella, en los que tú junto a mí, construimos la vida y la fortuna de nuestra familia, planes que si no me perdonas y aceptas de nuevo serán palabras rotas… ¡maldición, Isabella! ¡Tienes que perdonarme! porque si no me aceptas, toda mi lucha será inútil. El dinero ganado nos dará la libertad ante tu padre, pero ¿para qué dinero si seré el mendigo de la nada? Bella, tú eres mi tesoro… ¡mi tesoro!
No es como Forksville, pero te gustará, quiero que cabalgues por estas tierras, quiero a mi hijo y mi sobrino gritando felices, recorriendo todo con la promesa de ser hombres sin ataduras, quiero que Annie entre a la universidad y borre el sino triste de sus padres, quiero que mi hermana sea feliz, quiero que Emmett espante las sombras de su pobreza y comience a ser el hombre dueño de su propio destino, tengo grandes planes para él, es listo y aprende pronto, será mi socio y también podrá emprender sus propios negocios. Y quiero sobre todo, Isabella Swan, ser tú esposo, el esposo de una mujer que nació para gobernar, para amar y ser ella misma. ¡Juro que si me aceptas de nuevo, te acompañaré a donde sea y trabajaré contigo! En mi viaje aprendí de números, acciones, de debe y haberes, y de cómo manejar los negocios.
Me rehago, bruja mía y volveré, volveré a ti para decirte a la cara todo esto que ocurre.
Estoy tomando un tren hacia Nueva York, mi última aventura, allá conoceré a un tal Henry Ford quien me ha invitado a conocer su fábrica ya que necesita un socio, también voy por las acciones de un pequeño banco. ¡Oh, sí! ya no soy el mequetrefe que teme a que le hablen de dinero, seis años de viaje y conozco como es, como se gana y el valor que tiene, ¡me lo he ganado! lo he ganado con mis manos desgarradas, con mis dientes mordiendo; me lo he ganado hasta casi perder mi alma y se lo que representa: respeto, trabajo, humildad y ese es el camino que quiero que recorran mis hijos.
Solo es un puerto más, falta poco y tengo miedo de llegar, porque no quiero encontrarme con el silencio y el olvido… pero voy a tu encuentro, mis ansias de tahúr indómito me animan siempre con la esperanza de la oportunidad de recuperar el amor perdido: Tú, bruja de mis delirios.
Te amo… por siempre tuyo aunque me odies.
Edward Cullen.
Editado por XBronte.
Ni en las épocas del caos había visto tanta pasión con un capítulo, pobre bastardo ¡cómo lo odian! Son casi siete años chicas, siete, no le daré la excusa de es sólo un hombre, pero trato de hacerlo lo más real en este momento ¿lo perdonan? ¡vamos chicas! Un guiñito ** para ese loco bastardo.
