Disclaimer: Axis power hetalia, hetalia the beautiful world, y todo con el título de hetalia es propiedad de Hidekaz Himaruya. Esta historia no tiene ninguna otra intención más que servirle a algunas personas para que pasen el tiempo.


Antonio, que segundos antes había parado de llorar, era llevado a caballo por Ludwig. El vómito, en vez de caer a chorros entre convulsiones y arcadas, se deslizaba desde la boca del español lentamente como una baba amarillenta y algo dulce, y empapaba la chaqueta favorita de Ludwig, quien subía escalones aguantando la respiración. Antonio estaba en un estado catatónico que Ludwig jamás había visto en nadie más que en su hermano después de los eventos del 16 de Mayo; día borrado a voluntad de la memoria de Gilbert Beilschmidt.

Le dejó en el sillón de la sala y corrió a buscar alguna fuente que pudiera contener el riachuelo que nacía del mejor amigo de su hermano. Luego fue al baño, se desvistió y entró a la ducha lo más rápido posible, abandonado para siempre lo que fue su adorada chaqueta.

Cuando volvió para revisar a Antonio se encontró a Gilbert dibujándole un pene en la frente con marcador permanente, mientras Francis se debatía internamente si detener a Gilbert, o acompañarlo y pasar de dibujarle penes en la cara a tatuarle temporalmente un retrato de sí mismo en el pecho.

-Basta- gruñó Ludwig arrebatándole el marcador a Gilbert-Como puedes aprovecharte de tu amigo en semejante estado.

-¡Cómo no aprovecharme de mi amigo en semejante estado! ¡Podrías tatuarle con tinta china y una aguja el retrato de Francis en el pecho y Toño ni lo notaría.

-Me encanta como piensas parecido a mí pero en grande, mon ami.-Sonrió Francis posando la mano en el hombro de Gilbert.- ¿Y bien? ¿Cómo te fue en tu cita con Feli?

-No fue una cita. Solo le dije que no debía dibujar a las personas sin su permiso.

Francis dramáticamente se llevó una mano a su peludo y descubierto pecho.

-¿Intentas meterte con el arte de Feliciano Vargas el magnífico? Luddy, dios santo.

Gilbert se rió por lo bajo, se levantó rápidamente y dijo:

-Oye, he mandado a hacer una camiseta y un poster con una imagen del cuadro tuyo ese. West, esto es awesome ¿Verdad?

Ludwig se sonrojó y rompió el marcador de Gilbert frente a sus ojos. Se fue a acostar. Era demasiado para un día.

-¿De verdad lo hiciste?-Preguntó Francis.

-Sí, y una taza. Mi socio ha muerto así que el crédito es mío.

-Que en paz descanses, querido Toñin.

Guardaron un minuto de silencio antes de dejar abandonado a Antonio cuyo vomito se había secado y yacía inconsciente con un pene en la frente.

Al día siguiente Antonio se encontraba como nuevo, sin rastro alguno de resaca, sin embargo una mirada triste ornamentaba su rostro de cuyas sonrisas ya no nacían margaritas. Se fue despidiéndose flojamente.

-He visto a este hombre beber más sangría que sangre tiene en el cuerpo y al día siguiente levantarse en pleno amanecer para ir a trabajar con una sonrisa estampada en el rostro.-dijo Francis después de sorber cuidadosamente su café.- Pero hoy había algo distinto.

-Yo lo veo igual.-Gilbert bebió de su taz, repleta de un sospechoso liquido dorado.

-Mon ami no bebas cerveza en el desayuno, Elizabetha te dejará si apestas a alcohol cuando vayas a verla.

-¿Quién podría dejarme? Soy asombroso incluso cubierto de barro.

Francis suspiró y miró a Ludwig que desayunaba al otro lado de la mesa. Distraído y concentrado al mismo tiempo.


Esa noche Ludwig Beilschmidt se encontró con Feliciano esperando a la salida de su universidad. Se había quedado hasta tarde trabajando en su proyecto. Agotado mentalmente, muñecas acalambradas y la visión cansada, vio al italiano debajo de una farola, bolso al costado y una sonrisa creciente y mirada expectante.

-¡Ludd! ¡Aquí, aquí, aquí!- Feliciano agitaba la mano en el aire para llamar su atención. Ludwig le enseño lentamente la palma en respuesta, intentando controlar el tic nervioso que le hacía temblar el parpado.

En una de las conversaciones del día anterior, Feliciano le sonsacó mucha información personal.

-Si… te veo. -Feliciano sonrió aún más y se acercó corriendo. Saltó para abrazarlo, pero Ludwig le detuvo empujándole la frente. Feliciano se alejó sin ocultar su mirada decepcionada. Hubo un pequeño silencio incómodo. Ludwig tosió para romperlo y dijo:

-¿Y? ¿Qué necesitas?

-Ve…quería…quería…

-¿Sí?- le interrumpió, impaciente.

-Quería invitarte a… ¡comer!

-No grites, y no tengo tiempo.

-Ve… ¿Por qué?

-Tengo cosas que hacer.

-¿Qué cosas?

-Trabajo. Tengo que organizar el horario de trabajo de mañana.

-¿Por qué?

-Porque mis compañeros no trabajan por su cuenta.

-¿Por qué?

-No sé.

-¿Y dónde lo harás?

-En mi departamento.

-Ve ¿Puedo ir?

-No.

-¿Por qué?

-Porque así lo quiero.

Ludwig caminó para alejarse de Feliciano, ignorándolo fríamente. Al percatarse de que Feliciano le seguía comenzó a apurar el paso, hasta que al final ambos terminaron corriendo.

-¡Espera! ¡No… puedo… más! –gritó jadeando Feliciano cada vez más atrás. Ludwig le ignoró unos segundos y siguió corriendo, pero finalmente se detuvo; avergonzado de la imagen patética que se había hecho en su cabeza, de su perseguidor arrodillado en el suelo, con la cara roja y sudada. Cuando se volteó a ver se sorprendió aún más. Feliciano no solo estaba aún más lejos de lo que se había figurado, sino que yacía inconsciente en el suelo, en medio de la calle. Una punzada de culpa le atravesó el cuerpo y se devolvió rápidamente. Lo tomó en brazos y volvió al campus, le recostó en una banca y se sentó a su lado. Espero estoicamente a que Feliciano despertara, lanzando miradas de soslayo al durmiente italiano. Feliciano reía entre sueños. Ludwig se preguntó cuán cansado estaría, y cayó en la cuenta de que Feliciano no conocía los horarios de su rutina ¿Cuántas horas llevaría esperándolo? Recordó a Feliciano esperando a las afueras de su ya cerrada exposición de arte.

Dubitativamente acercó su mano al pecho de Feliciano y lo removió suavemente, este se quejó y abrió levemente los ojos.

-¿Hmnh?

-Si así te apetece… puedes acompañarme a mi departamento.

Feliciano terminó de abrir los ojos a una velocidad increíble producto de la sorpresa. Ludwig recordó videos hechos de un conjunto de fotos, en los cuales los movimientos son cortantes y se pierde la fluidez.

-¿Ve?

-Estás cansado –aseguró - y no tengo tiempo para quedarme cuidándote en medio del frio. ¿Vienes?

-¡Voy! –Se incorporó torpemente y acercó su cara a la de Ludwig- ¡Voy!

-B-bien. Sígueme.

Feliciano le siguió caminando a un ritmo errático, pues la emoción no cabía en su cuerpo y daba pequeños saltos a cada paso, para irritación de Ludwig que lo observaba con el rabillo del ojo. Tomaron un taxi. El conductor y Feliciano entablaron una charla amena y llena de risotadas, Ludwig golpeo la sien contra la ventana, ojala que las vibraciones que le producía el vidrio dentro de su cabeza le molieran el cerebro, pensaba; estaba agotado de estar rodeado de personas tan hiperquineticas. Se sintió un imán de agobio.

Aun así Feliciano era diferente a su hermano y sus amigos, muy diferente

Cuando llegaron, se subieron al elevador. Feliciano se le acercó y rozó su brazo con el de él. Le miró juguetonamente. Ludwig sin entender levantó una ceja.

-Se me olvidaba.-dijo, rompiendo el silencio.- Si te quieres quedar tendrás que dormir en el sillón. Si mi hermano no está puedes usar su habitación.

-¿Ve?

-Bueno… solo si crees que es muy tarde.

Feliciano se separó de él con un paso suave al costado. Se observó los zapatos, muy bien cuidados y con lustre perfecto para sorpresa de Ludwig, quien siguió su mirada.

-Ah, ya. Entiendo. ..El sillón está bien.-Feliciano luego corrió los ojos y miro con atención las esquinas.

Por alguna razón Feliciano, en comparación a como se encontraba un par de minutos antes, se veía desanimado y arrastraba los pies caminando un metro atrás desde la espalda de Ludwig. El susodicho no le dio mayor importancia y se apresuró a abrir la puerta, rezando a un dios en el que no creía, que Gilbert no estuviera, y si lo estaba, que al menos se encontrara sobrio. Porque, a pesar de todo, quería causarle una buena impresión a Feliciano.

El joven italiano podía ser un pesado, hablador, entrometido y excéntrico a su parecer. Y no solo a su parecer, porque en realidad lo era. A pesar de todo, la primera impresión que tuvo Ludwig de Feliciano fue indirecta, pues no le vio en persona, sino algo más profundo. Vio un trozo de su alma, de su mente plasmada en un lienzo. Su primera impresión fue Ánima; el trabajo de un genio. Y luego conoció al muchacho histriónico que a primera vista de artista bohemio no tenía nada.

-¡Volví!- gritó abriendo la puerta. No hubo respuesta, dejó escapar un suspiro de alivio y se hizo a un lado para dejar pasar a su invitado.

El sonido de agua corriendo desde el baño le provocó un respingo.

-¡Bienvenue!

Ludwig se congeló. De todas las personas a las que Gilbert les había regalado una llave al departamento el fatídico día del 16 de mayo, tenía que ser Francis el que la hubiera usado esa noche. Feliciano se animó y gritó.

-¡Ciao!

-Mon dieu Lud ¿Trajiste un amigo?

-¡No!-gritó volviendo la cabeza en dirección del baño y luego de vuelta.- Feliciano nos vamos.

-Pero…

-¡Nos vamos!- Y en cuestión de segundos abrió la puerta, lanzó a Feliciano al pasillo, le echó llave a la cerradura, le cogió la mano y comenzó a correr. Su corazón se sacudió al escuchar como alguien sacudía la manilla sin poder abrirla. Corrió escalera abajo arrastrando a Feliciano y solo se detuvo cuando sintió el frio del exterior y comenzó a sentir el calor y transpiración que se formó debajo de las capas de abrigo que llevaba puesto, agotado se apoyó en sus rodillas. Se maldijo por escoger vivir en un piso tan alto, y lamentó lo mal anfitrión que era. Estaba formando una disculpa en su boca cuando sintió un suave gorjeo a sus espaldas, que se convirtió en una melódica risa. Feliciano se sostenía el estómago mientras lanzaba carcajadas al cielo.

Ludwig pensó que Feliciano destacaba tanto, como una infusión de colores en contraste con el edificio grisáceo que se levantaba detrás de él.

-Oye, Fe…

-Ve…, Lud.- le interrumpió, hablando entrecortadamente todavía riendo entre palabras.- ¿Quieres venir conmigo?

-¿Hacia dónde? -Ludwig se incorporó lentamente ya habiendo recuperado su aliento.

-A donde me hospedo.-Sonrió.- Te traje un regalo.


Ludwig tuvo la sensación de que pasaron la noche corriendo y subiendo taxis. Y si no fuera por la fatiga que había estado creciendo dentro de él, se habría sorprendido un poco más al ver el elegante hotel donde se estaba quedando Feliciano, no había pared que se hubiera salvado de poseer algún ornamento. Feliciano rió nervioso adivinando sus pensamientos.

-No suelo preferir lugares ostentosos. Pero traje cosas valiosas y pensé que aquí sería más seguro dejarlas.

Ludwig asintió en silencio, distraído examinando la estructura perfectamente simétrica y los detalles pequeños de los pilares unidos a los muros, sin ningún otro deber más que decorar. Revisó celular, estaba repleto de mensajes llenos de interrogantes en francés y un par de llamadas perdidas.

-Aquí es.

La habitación era un desastre, la cama estaba deshecha, había ropa en el suelo y muebles y envolturas de dulces esparcidas como flores en la alfombra.

-No… ¿no tienen servicio de limpieza aquí?-murmuró Ludwig, asombrado.

-Si, si tienen. Pero pedí que no dejaran entrar a absolutamente nadie, incluyendo mucamas. Te dije que traje algo muy valioso.-aclaró.

-¿Y que sería eso tan valioso?- Ludwig se quitó el abrigo y lo dejó en un sofá cercano.

-¡Tu regalo!- exclamó Feliciano visiblemente emocionado, como si el regalo fuera para él. Corrió a una silla que estaba cubierta completamente por una sabana, y la destapó con elegancia como si de un truco de magia se tratara. – ¡Tarán! ¿Te gusta?

Ludwig se quedó mudo. Lo que la sabana ocultaba era un cuadro, y no cualquier cuadro.

-Es… Ánima.

-¡Sí! ¿te gusta? ¡Es para ti!

-gustarme.- Ludwig se acercó y en cuclillas comenzó a examinar la pintura de cerca, fijándose en detalles que la primera vez que le vio no se pudo dar el lujo de notar. El cuidado que Feliciano había puesto en cada color para que se fusionaran uno con otro de una manera tan fluida y natural, o los matices de cada pincelada para darle una estructura hecha solo de sombras a la iglesia; incluso las casas del fondo estaban pintadas con delicadeza y esmero. Sinceramente en aquel instante Ludwig pensó que nunca había visto algo tan hermoso.-gustarme…-repitió.

-¿te encanta?- saltó Feliciano a la conclusión, con el corazón en la garganta de la excitación. Ludwig le miró con una severidad que le drenó el sentimiento que antes le inundaba.

-No puedes dármela ¿No es tu mejor obra?-interrogó irritado.

-No, mi mejor obra es El Búho.-respondió sin entender el enojo.

-¿Cómo puedes regalarla tan fácilmente?.-le incriminó.- ¿tan poco te importa?

-¡No es eso! ¡Es mi favorita!

-¿Y? Ni siquiera nos conocemos del todo y vas y me la regalas ¿No tienes un poco de respeto como artista? ¿Ni siquiera a ti mismo? ¿A tus pinturas? ¡El día que nos conocimos ni siquiera sabías el horario de la galería en donde tus obras eran exhibidas!.- Ludwig estaba temblando de ira y no sabía muy bien porque. Era solo una pintura, pero no era cualquier pintura. Al menos no para él, y le enfurecía que no la apreciaran como se merecía, ni siquiera el propio artista que la creó.

Y que era esto, se preguntó, estaba sintiendo lastima sobre un objeto inanimado y le gritaba a Feliciano, que se veía al borde de las lágrimas. Ludwig maldijo su temperamento. Estaba enojado con Feliciano, pero no solo por el hecho de que estuviera regalando Ánima, sino por la falta de consideración a su talento y el desapego a sus obras. Y era eso lo que le faltaba por comprender enteramente.

-Pensé que estarías feliz. Es que a ti te gusta.-murmuró Feliciano escondiendo la mirada.- y a nadie más le gusta. Solo a mí y a ti. Yo…, yo prefiero que se quede en manos de alguien que le gusta de verdad en vez de alguien a quien le recomendaron comprarla porque me estoy volviendo famoso y en poco tiempo valdrá el triple solo porque tiene F. Vargas escrito en una esquina. Porque a ti te gustó pese a estar fuera de mi estilo convencional y esas cosas, y la miras con tanto cuidado y detalle, y. Y a mí siempre se me manchan los lienzos con comida, o con otras pinturas, una vez se me cayó un pelo en una y no me di cuenta hasta que la pintura ya estaba seca. ¡Una vez Pasta se quedó dormido arriba de una que estaba fresca y Heracles se puso a llorar porque tuvimos que rasurarlo porque la pintura no salía!.-y rompió a llorar.

Ludwig no sabía qué hacer, no era muy bueno consolando a las personas. Y ahora entendía que Feliciano no tenía respeto por su arte, sino amor. Se sintió culpable y tonto. Estaba nervioso, Feliciano lo sacaba a cada instante de su zona de comodidad y lo dejaba en un país desconocido sin un mapa y sin conocer el idioma.

Ludwig no hallaba la manera de interrumpir el llanto con delicadeza. Así que decidió ir de frente, decirle lo que sabía Feliciano quería escuchar.

-¡Me encanta!- exclamó. Feliciano abrió los ojos- A-ahora entiendo, lo siento. Me la llevo… esto, gracias.

Feliciano escrutó su rostro, Ludwig intentaba sonreír para calmarlo pero solo se formaba una distorsión incomoda en la zona inferior de su rostro. Sin embargo, el joven retomo el llanto.

-¡No llores!- vociferó, sin saber que más hacer. Pero Feliciano siguió desconsolado como un niño. Se acercó un poco y le colocó las manos en los hombros.- ¡No llores!-ordenó con tono autoritario. Tuvo resultado a medias; las lágrimas seguían cayendo, pero ahora de una forma más calmada. Feliciano hipaba, su pecho se levantaba en silencio incontrolable. Para sorpresa de Ludwig, Feliciano atravesó el poco espacio que los separaba y lo abrazó, escondiendo su rostro, empapándole el suéter. Él suspiro y le rodeó con los brazos, visiblemente azorado. Se sentía, por así decirlo, inadecuado o fuera de su personaje. No estaba acostumbrado a las expresiones de cariño, pese a que había sido criado junto a una plasta, tanto contacto físico le descolocaba. A veces pensaba que por esta razón no duró mucho con ninguna novia. Sin embargo, pese a la incomodidad que le generaba la cercanía, la figura de Feliciano entre sus brazos y la calidez que emanaba eran de cierta forma agradable.

-No llores.-susurró en su oído, con la intención de no asustarlo. Feliciano pegó un respingo y se separó de repente.

-Voy… voy al baño.- murmuro sin verlo a la cara, se alejó caminando rápidamente. Ludwig asumió que se iba a lavar la cara o sonar los mocos o lo que hacía la gente después de llorar. Desde hacía años que no lloraba, desde que era pequeño y todavía pensaba que su hermano era alguien de admirar. Sonrió, Gilbert no había cambiado nada en todos estos años, lo que había cambiado era su percepción de él. Sintiendo el agotamiento se sentó en el sofá en el que había dejado su abrigo y miró su celular, no había mensajes nuevos y también era más temprano de lo que se había figurado. Con esto en mente se quedó dormido.


Es chistoso, es muy chistoso. Estaba en clase de lenguaje y debido a razones pensé: "¿que no era que yo estaba escribiendo un fanfic?... ¡ESTABA ESCRIBIENDO UN FANFIC!" Hice uso del wifi de la biblioteca escolar y revisé mi cuenta en fanfiction, y al parecer no había actualizado desde diciembre del 2013. Me dio una risa incontrolable, se me había olvidado completamente. Así que al llegar a casa revisé los archivos en mi computador y al parecer hace casi dos años había escrito el capítulo 3. Lo siento pero no puedo hacer más que reírme. Una vez se me olvidó que estaba de cumpleaños, pero eso fue una agradable sorpresa. Lo siento mucho, mucho. Leí todos sus reviews al menos 10 veces y de verdad siento ser tan irresponsable. No sé si alguien querrá seguir leyendo esto, pero solo por si acaso actualizaré.