CAPÍTULO 3
Enobaria Mellark, con expresión fatigada y respirando con dificultad, se dirigió al butacón de su recámara.
-Ya os dije que no deberíais salir -le advirtió Beete, su fiel sirviente, que la ayudaba a acomodarse. -Eso puede afectar a vuestro delicado estado de salud.
-Me ahogaba encerrada aquí -se lamentó ella colocando su pañuelo sobre su boca, evitando toser. -Un puñado de campesinos es mejor que estas cuatro paredes.
-¿Estáis cómoda? -se interesó el sirviente.
-Ya puedes retirarte -le pidió ella.
El criado asintió y obedeció su orden. Era cierto que se hallaba extenuada tras su visita a la iglesia del pueblo, pero había resultado de lo más interesante... Marvel Everdeen. No lo veía desde que era un niño y, sin duda, tras el paso de los años, era visible que había heredado la gallardía de su padre. Maldijo para sus adentros el nombre de Portia, tal y como siempre hacía cuando recordaba a Plutarch. Si esa maldita campesina no se hubiera entrometido ella se habría convertido en la Condesa de Vilastagno. Se arrepentía de haber empleado métodos tan sutiles con ella, como el fingir ser la madre de Marvel... directamente debería haberla matado, como hizo con los padres de aquella chiquilla que intentaron descubrirla cuando trataba de huir a Francia.
Por suerte, sus mañas y su encanto sí le sirvieron luego para engatusar al que se convertiría en su esposo, no porque lo amase, sino por la estabilidad y la abundancia que su fortuna le brindaban. Fue fácil después "deshacerse" de él... un fallo del corazón, le informó el médico. A partir de ahí, la desconsolada viuda gozó del respeto que él se había labrado a lo largo de los años, al igual que de su dinero, aunque, sobre todo, obtuvo de él lo que, desde entonces, se convirtió en centro de su vida, su hijo Peeta. Sólo le restaba un último deseo por cumplir y ése era regresar a la que fuera su patria y, con el triunfo de los franceses sobre Italia, y siendo ella viuda de un noble francés, consiguió que la exoneraran del único delito del que obtuvieron pruebas para acusarla... la conjura contra el rey.
Aquella era la primera vez que abandonaba la finca tras varios meses de haber vuelto, mas nunca creyó que fuera a ser tan satisfactoria.
-Madre, ¿cómo os encontráis?
Peeta caminó hacia ella y la besó en la frente.
-Siento mucho lo que ha sucedido hoy en la iglesia -se disculpó su madre con voz lastimera.
-Vos no tenéis culpa alguna...
-Yo soy odiada en Vilastagno, lo sabes -le cortó ella -y es por eso y por el mal que me consume por lo que no he salido nunca del castillo desde que estoy aquí.
-No me debéis ninguna justificación -la calmó su hijo.
-Sí, pero es verdad que he conspirado contra el rey -añadió con arrepentimiento.
-Hace mucho tiempo de eso y ya habíamos hablado de esa historia -negó Peeta con la cabeza. - Cometisteis aquel delito, lo sé, pero me habéis explicado los motivos que os impulsaron a hacerlo; la fe en un ideal de justicia.
-El rencor de los Everdeen, todo ese odio hacia mí... -se lamentó ella afligida. -Yo a ellos jamás les hice nada, créeme.
-Os creo -le aseguró él. -Ahora debéis descansar.
-Sí, tienes razón, debo descansar -murmuró acomodándose en la butaca -Pero tú mantente lejos de los Everdeen -agregó suplicante. -Te lo ruego.
Peeta no contestó, sólo volvió a besarla, tratando de ocultar la culpabilidad que asomaba a su rostro. Por primera vez, iba a contradecir un deseo de su madre.
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Katniss caminaba animada por el corredor de camino hacia la biblioteca. No había sido un día nada agradable después de descubrir que la Marquesa había vuelto al Piamonte pero acababa de hallar un motivo por el que sonreír de nuevo. Cuando entró a la biblioteca encontró a su hermano estudiando unos documentos con aire sombrío.
-Marvel ¿no vienes a cenar?
La voz de su hermana lo sobresaltó. A Katniss no le pasó inadvertido su rostro preocupado; a él, el haber visto a esa mujer, también le había afectado y no era para menos.
-Esta noche no tengo hambre, perdóname -se disculpó él…
-Sería una descortesía hacia nuestros invitados -le advirtió su hermana con un deje de insinuación en su voz.
-¿Qué invitados? -preguntó extrañado.
-Glimmer, por ejemplo -le informó alegre.
El efecto que causaron esas palabras en su hermano fue tal y como ella lo había esperado. Todo su pesar quedó opacado por la gran sonrisa que se dibujaba en esos momentos en sus labios. Se levantó de su escritorio y, seguido de Katniss, se apresuró hacia el salón. Allí la encontró acompañada de su esposo, que contemplaba con interés uno de los retratos, mientras ella, con la mirada perdida, observaba el paisaje por el ventanal. Al notar su presencia, se giró a mirarlo y la sonrisa de Marvel resplandeció aún más, si eso era posible. Seguía igual de hermosa que siempre, su ondulado cabello dorado cayendo por su espalda, adornando sus perfectas facciones. Ella le dedicó una de sus encantadoras sonrisas y comenzó a caminar hacia él. Marvel la recibió entre sus brazos.
-Déjame verte -se apartó de ella para observarla detenidamente. -Estás preciosa -le dijo mientras se perdía por un segundo en la profundidad de sus ojos azules. Un leve carraspeo lo devolvió a la realidad.
-Conde Everdeen, es un placer volver a veros -le saludó el marido de Glimmer.
-Gloss Dante -se dirigió a él -Lo mismo digo. No nos vemos desde vuestro matrimonio.
-Cierto -aseveró él.
-He oído que vuestros cuadros comienzan a tener cierto valor -le alabó Marvel.
-Sí, pero para los artistas tienen únicamente el valor de la emoción que sentimos cuando lo creamos -respondió él secamente, casi ofendido. -Son los comerciantes de arte los que juzgan las obras por el valor económico.
-También es importante la opinión del que lo observa -intervino Glimmer tratando de apaciguar la conversación. -Deberías ver las obras de Marco, es un artista extraordinario.
-¿Es cierto que cada artista tiene una musa que le inspira? -preguntó Katniss con curiosidad.
-Puede suceder -reconoció él.
-Entonces vos lo tenéis fácil -añadió Marvel dirigiendo sus ojos a los de Glimmer.
-Mis primos son muy amables conmigo -lo miró halagada.
-Si no es mucha molestia –espetó Gloss -después del viaje quisiéramos ir a nuestra habitación.
-Yo os acompaño -se ofreció Katniss.
Gloss inició su camino hacia la recámara sin esperar a su esposa, que se despedía de Marvel con una leve sonrisa.
-¿Cómo te encuentras en Florencia? -se interesó Katniss.
-Es una ciudad bellísima -respondió Glimmer muy animada.
-Quería decir con tu marido -se atrevió a decir, viendo que el artista iba bastantes pasos por delante de ellas.
-Ah -Katniss percibió cierta sombra en los ojos de su prima -Bien -se apresuró a decir Glimmer. -Va todo muy bien.
-Me alegra -sonrió Katniss. -También yo sueño con un matrimonio por amor.
-Claro –asintió Glimmer. -Pero primero le toca a tu hermano.
Fue ahora la mirada de Katniss la que se ensombreció.
-También su matrimonio es por amor ¿no? -quiso asegurarse Glimmer.
-Sí -vaciló Katniss. -Creo que sí.
-A veces la vida nos guarda extrañas sorpresas –concluyó Glimmer con resignación.
-Clove ¿has visto que vestido tan maravilloso llevaba Katniss en la fiesta de la Condesa Delly? -le preguntó Rue mientras jugueteaba con uno de los frascos de perfume que había en la cómoda de su hermana.
-Demasiado sencillo, absolutamente fuera de lugar, diría yo -respondió con desgana. -No veo la hora en que esa niñita mimada se quite de en medio -suspiró con fastidio. –Si Marvel no le encuentra marido pronto tendré que hacerlo yo.
-¿Tú?- se sorprendido Rue -¿Y por qué?
-Porque necesita de un marido que la cuide y de una casa de la que ocuparse -afirmó, -ya que de Vilastagno me ocuparé yo -añadió admirándose en el espejo. -Si no se hubiese comportado como una estúpida a esta hora tendría un pretendiente.
-¿Y quién sería? -frunció el ceño la muchacha.
-El Capitán Seneca Crane -dijo con una maliciosa sonrisa en su boca. -Sería perfecto... Katniss estaría casada y yo sería la cuñada de un prometedor oficial francés.
-Perdona pero no puedes pretender que Katniss se case con Seneca sólo porque tú lo quieras -la contradijo su hermana.
-Seneca es un hombre fascinante y si Katniss tuviera una pizca de inteligencia en el cerebro no lo dejaría escapar -agregó molesta. -Por otra parte -miró a su hermana de forma inquisitiva -con todos los problemas que ha ocasionado nuestro padre, querida, tú también deberías buscar un buen partido.
-Nuestro padre tan sólo ha tenido mala suerte -lo defendió.
-Ha dilapidado toda nuestra fortuna en el juego y en burdeles -la corrigió. -Eso no es mala suerte. Si él no piensa en nuestro futuro debemos hacerlo nosotras.
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-¡Qué bien huele! -exclamó Katniss levantando la tapa de una de las ollas del fogón, oliendo el aroma que bullía.
-Tenemos como invitados a comer a los Marqueses Dimonte -le informó Effie -y debemos quedar bien con los futuros suegros de vuestro hermano.
Katniss le respondió con una mueca de apatía, a lo que Effie sonrió divertida.
-¿Necesitáis algo, Condesita? -le preguntó al ver que la muchacha parecía revolotear por la cocina en busca de algo.
-Sí, afirmó -Necesito queso, pan, dulces y algunas galletas -señaló una bandeja sobre la mesa. -Y un saco como éste -agregó tomándolo de encima de una silla.
-Llega el Conde -le murmuró Effie. Katniss ocultó el saco y le hizo una seña con el dedo sobre los labios para que no dijera nada.
-Buenos días, Señor Conde -lo saludó animada Effie. Marvel observó detenidamente a ambas mujeres cuya actitud le resultaba del todo sospechosa.
-¿Qué estáis tramando? -quiso saber.
-¿Habéis dormido bien? -preguntó Effie. Marvel le hizo una mueca, sabía que estaba cambiándole el tema. -¿Os hago un huevo revuelto para desayunar? -añadió ella con sonrisa inocente. Marvel se echó a reír y besó su mejilla.
-Annie te está buscando -le dijo ahora a su hermana. -¿Vas al pueblo?..
Katniss asintió.
-No llegues tarde -le pidió. -Los padres de Clove vienen a conocerte.
-Está bien -concedió ella.
Marvel besó su frente y salió de la cocina, no sin antes mirarla con gesto acusatorio y señalándola con el dedo a modo de advertencia.
-¡Tranquilo! -le respondió ella.
Ya en el pueblo, con ayuda de Annie, Katniss repartió los dulces a los niños que se arremolinaban a su alrededor.
-Despacio, despacio -les decía Annie. -Es todo para vosotros.
-Arroz, pan, queso, dulces para los niños -enumeró Cato sorprendido.
-La generosidad de la condesa es tan grande como su belleza, si me lo permitís -la halagó Cinna mientras repartía los víveres a los campesinos.
-Es tu prometida quien te lo debe permitir -le sonrió Katniss.
-Permiso concedido, Condesa -concordó Octavia sonriendo a su vez. -Vos sois siempre tan generosa...
-Esto no sirve para nada -masculló Cato.
-Perdonadlo, Condesa -le pidió Cinna que miraba al muchacho con desaprobación.
-Sé que he hecho muy poco -se lamentó Katniss. -La próxima vez me organizaré mejor.
-No es eso -la corrigió Cato con tono de disculpa en su voz. -Aún con mucho trabajo los campesinos se procuran el sustento. El problema es que no haya nadie que los proteja de la avaricia de los franceses -escupió la última palabra. -Menos mal que está El Gavilán...
-Pero El Gavilán es un fuera de la ley -lo miró Katniss sorprendido.
-Sí, es cierto -admitió Octavia. -El Gavilán es un bandido, pero quizás no es tan malo como dicen.
Katniss la miró disconforme.
-Perdonadme, Condesa -se excusó la doncella -pero a vos misma os dejó ir sin haceros ni un rasguño, ni siquiera quiso vuestras joyas.
-De acuerdo, pero no por eso deja de ser un bandolero. ¿Por qué lo defendéis?
Katniss notó entonces que uno de los niños tiraba de su vestido, llamando su atención.
-¿Sabéis que el capitán de los franceses se llevó a mi papá? -le dijo con voz cándida mientras Katniss lo miraba sobrecogida. Quizás cuál era más bandido de los dos...
En cuanto terminaron de repartir los alimentos, decidieron emprender el camino de vuelta a Vilastagno. Sin embargo, cuando pasaron cerca del riachuelo, Katniss no pudo impedir los deseos de detenerse.
-¡Parad, Cinna! -exclamó de repente.
-¿Qué sucede, Condesa? -se alarmó el muchacho mientras detenía los caballos.
-No es nada -se excusó -Sólo quiero ir un momento al riachuelo.
-Condesa, ya es tarde y vuestro hermano os espera en Vilastagno -la advirtió Annie.
-Es sólo un momento -le dijo bajando ya de la carreta.
-Con vuestro permiso os acompañamos -le informó Cinna. -El Señor Conde nos pidió que siempre estuviéramos con vos.
-No, sólo quiero ver si encuentro una cosa que olvidé ayer –se apresuró a mentir. -Vosotros esperad aquí, vuelvo enseguida.
Katniss apuró su caminar hacia el torrente, quizás Peeta no estuviera allí a esa hora pero rogaba con todas sus fuerzas que así fuera, necesitaba tanto verlo...
La fortuna la acompañó y vio al muchacho sentado cerca de la orilla, quien se ponía en pie al escuchar pasos que se acercaban. La recibió con una sonrisa.
-Condesa -se inclinó ante ella con seriedad. Sin embargo, la respuesta de Katniss a su broma no fue la esperada, la leve sonrisa de la joven no podía ocultar la tristeza de sus ojos.
-¿Te encuentras bien? -se preocupó Peeta.
-Abrázame -le pidió ella de súbito.
-¿Qué sucede? -se alarmó él, refugiándola entre sus brazos.
-Vilastagno no es lo que era -le contestó afligida. -Primero está ese bandido que acecha los bosques, el pueblo que parece desprotegido frente a los abusos del ejército francés y luego, he descubierto que ha vuelto una persona que ha hecho muchísimo daño a mi familia.
El rostro de Peeta se endureció ante esto último. Si bien no acababa de comprender el rencor de los Everdeen hacia su madre sabía que existía y esa sombra también le acechaba a él. Y en cuanto a lo que se refería a El Gavilán... él era el único culpable de eso.
-Quédate junto a mí, te lo ruego -lo miró la muchacha con ojos suplicantes. -Te necesito -titubeó ella.
Peeta respondió ante eso de la única forma que supo. La rodeó de nuevo entre sus brazos y la besó con ardor, como si fuera posible el borrar con la caricia de sus labios toda esa consternación.
-¡Condesa!
-Es Cinna -le informó al joven. -¡Ya voy! -gritó hacia el camino. -He de marcharme, me esperan en Vilastagno.
-Está bien -aceptó Peeta. -Nos vemos mañana -le acarició el rostro.
-¡Condesita! -la voz de Annie sonó a lo lejos.
Katniss le dio un último beso y se separó de él, caminando hacia la carreta, acudiendo al encuentro de Cinna que ya iba a buscarla.
-Perdonad, Condesa -se detuvo el muchacho. -No la veíamos volver y nos preocupamos.
-¿Qué buscabais, Condesa? -preguntó Annie mientras Katniss se acomodaba a su lado.
-Una cosa que había olvidado, ya te lo he dicho -respondió mirando hacia el camino por el que se había alejado Peeta, -pero parece que ha desaparecido -murmuró. -En fin, vamos. Me están esperando.
-¿Qué te ha sucedido esta vez, Thresh? -le preguntó Marvel a su amigo, que descendía de la carroza de los Dimonte, al verlo llegar con un apósito en su ojo.
-Un pequeño accidente de caza, nada grave -respondió restándole importancia al suceso, mientras ayudaba a descender a Rue del coche y que lo miraba con una leve, pero divertida, sonrisa. -Un poco de pólvora del disparo me cayó en el ojo -reconoció al fin.
Su amigo tuvo que impedir la risa que escapaba de sus labios, cosa que no consiguió Gloss, quien había acudido con Glimmer a recibir a los invitados y que hizo resonar una desagradable risotada frente al avergonzado joven, llamando, innecesariamente, la atención de todos.
-Marvel, ¿dónde está vuestra hermana? -preguntó la madre de Clove aceptando el brazo que el muchacho le ofrecía, acompañándola al interior del castillo. -Estamos tan ansiosos de conocerla...
-Sé que quería ir al pueblo -le explicó, -pero su retraso es verdaderamente inexplicable, estoy muy apenado con vos.
-¿Al pueblo? -preguntó sin oculta irritación el Capitán Seneca que se había unido a ellos por invitación de Clove.
-Sabed que para los campesinos es un momento muy difícil -se excusó Marvel.
-Ellos se lo han buscado -respondió Seneca secamente.
-Nosotros los Everdeen en Vilastagno hemos tenido siempre la responsabilidad de...
-¿De defender a los bandidos? -atajó el Capitán. -Creía que coincidíamos en que la culpa de lo que sucede es sólo de los campesinos. Vivirían todos mejor si no apoyaran a El Gavilán -masculló.
-¿No os arriesgáis a darle demasiada importancia y hacer de él un héroe? -intervino Clove, a la que Marvel estaba ayudando a acomodar a la mesa. -En Turín no se habla de otra cosa más que de este... Gavilán.
-No es un héroe -espetó el joven capitán. -Es sólo un bandido.
-En eso el Capitán tiene razón -admitió Marvel. -Hay que pararlo.
-Basta con esta conversación tan aburrida -se quejó la madre de Clove. -Veo que vuestra hermana por lo pronto no llega -puntualizó. -¿No le habrá sucedido algo?
-No os preocupéis, madre -la cortó Clove. -Llegará. Por lo poco que la conozco sé que ama las entradas con efecto -sonrió con malicia.
-Comenzaremos entonces -concluyó Marvel haciéndole una señal a Effie para que empezara a servir la mesa.
-Excúsenme todos -irrumpió ruborizada Katniss en el comedor.
-Katniss, nuestros invitados han venido a Vilastagno expresamente a conocerte -la recibió su hermano tratando de dominar su enojo.
-¿Me pueden perdonar Marqueses Dimonte? -se inclinó ella disculpándose. -No era mi intención faltarles al respeto.
-No os preocupéis por nosotros, Condesita -la miró con comprensión el padre de Victoria.
Katniss bajó el rostro agradecida y acudió a sentarse al único puesto que quedaba libre, que vino a ser frente al Capitán Seneca. Katniss no pudo ocultar la expresión de disgusto en su rostro.
-No esperaba veros -expresó ella su pensamiento en voz alta. -Me habían dicho que se trataba de una reunión familiar.
-Se ve que para alguien estoy considerado como parte de la familia -se regocijó él ante la disconformidad de la joven.
Aunque la presencia de los padres de Clove amenizó la comida, Katniss deseaba que ese encuentro terminara lo antes posible. La compañía de Seneca le era del todo indeseable. Tras los postres, Marvel invitó a todos a pasear por los jardines.
-Qué pintoresco este lugar -frivolizó Gloss señalando el paisaje. -Incluso cuenta con un misterioso bandolero como si de una mítica leyenda se tratara -se mofó el artista.
-No tiene nada de mítico -le contradijo Seneca. -El Gavilán es únicamente un malhechor que pronto colgará de la horca en la plaza del pueblo, al igual que toda su banda.
-¿Estáis seguro de que la mano dura es la solución más justa? -intervino Katniss.
-Oiré encantado cualquier sugerencia vuestra sobre la moda parisina -se rió él. -Pero sobre cómo tratar a un bandido creo tener más experiencia que vos.
-Si podéis excusarme -quiso retirarse Katniss, afrentada.
-Por supuesto, Condesa -dijo él besando su mano. -Aunque es una lástima que hayáis llegado tarde. Podríamos haber pasado más tiempo juntos.
Katniss miró a su hermano contrariada y se dirigió hacia el castillo.
-Yo también me retiro -anunció Seneca al ver la figura de Finnick a lo lejos, que acudía en su busca. -Marquesa, lo siento pero no puedo quedarme más tiempo -tomó la mano de Clove, inclinándose.
-Con todos los compromisos que tenéis, ha sido un honor teneros aquí -le respondió ella, sin soltarse del brazo de Marvel. -Adiós, Capitán.
Seneca se cuadró ante ellos y se retiró. Mientras Clove lo veía alejarse, su mirada se topó con la de Glimmer.
-Vuestra prima y su marido han llegado muy pronto con todos los preparativos que aún tenemos que hacer -le insinuó a modo de queja. -Y por no hablar de esa cabeza loca de vuestra hermana.
-Es cierto –admitió Marvel. -Katniss no es la misma desde que volvió. Su comportamiento es intolerable.
-Si no conseguís casarla sería mejor enviarla de vuelta a París, donde creo que estaría muy bien -le sugirió ella.
-Clove, Katniss no tiene edad para ir al colegio -la contradijo Marvel. -Es la Condesa Everdeen y hasta que no se case Vilastagno será su casa.
Clove asintió afligida, haciendo creer a Marvel que había sido demasiado duro en su apelación.
-Perdonadme -se apuró a disculparse. -Es sólo que estoy preocupado por Katniss -le explicó. -Aunque alguna explicación debe hacer para su comportamiento insólito. Quizás... -añadió pensativo.
-¿Qué? -quiso saber Clove.
-¿Es posible que la otra tarde, en el Palacio Catwright, haya podido conocer a alguien? -aventuró Marvel.
-¿Aparte del Capitán Seneca? -se extrañó Clove.
Mas Marvel no andaba nada desencaminado. Aquella noche, inquieto, acudió al dormitorio de su hermana y la observó mientras dormía. Le vino a la mente aquel día en que, a pesar de ser un niño, prometió a Portia en su lecho de muerte que siempre protegería a su hermana. Mientras acariciaba suavemente el cabello de Katniss pensó si no estaría incumpliendo, inconscientemente, su promesa. En ese momento sus ojos repararon algo que su hermana sostenía en su puño, lo que le pareció un pañuelo. Lo liberó despacio de su mano y comprobó que efectivamente era un pañuelo, pero de hombre, y con una letra P bordada en una de sus esquinas. Marvel sonrió para sus adentros al vislumbrar por fin la respuesta a su preocupación.
A la mañana siguiente, Marvel la citó en la biblioteca. Tenía algo que comunicarle y, si sabía manejar bien la situación, era posible que averiguase si era verdad lo que suponía.
-Buenos días, Marvel -la saludó ella animosa. -¿Querías verme?
Marvel se levantó de su escritorio y, tomándola de la mano, la instó a sentarse junto a él en uno de los divanes.
-¿Sucede algo? -le preguntó Katniss ante su seriedad.
Marvel tomó aire, alentándose a plantearle el asunto a Katniss que, presumiblemente, no sería de su agrado.
-Los padres de Clove quieren celebrar un baile de máscaras, en tu honor -le dijo sin rodeos.
La expresión mortificada de Katniss no se hizo esperar.
-Marvel, sabes que...
-Sí, lo sé -la interrumpió Marvel, -pero no pude negarme cuando me lo propusieron -se excusó. -Su única intención es la de congraciarse contigo.
Katniss lo miró disgustada.
-Haz un esfuerzo, Katniss -le pidió él. -Además como será una fiesta en tu honor podrás invitar a quien quieras... -añadió Marvel poniendo en práctica su plan. Al observar a su hermana pensativa, estuvo seguro de que había funcionado.
-¿En quién piensas? -insinuó Marvel.
-En nadie en particular -se apresuró a decir ella.
Marvel no pudo evitar reírse.
-Tus mejillas dicen lo contrario -le aseguró aún riendo.
Katniss bajó el rostro, aún más apenada.
-Katniss -le tomó ahora la mano cariñosamente. -En mí puedes confiar.
Su hermana lo miró insegura.
-¿Recuerdas cuando de niña te enamoraste del hijo del granjero? -agregó él en vista de su silencio. -Por semanas estuviste intratable... igual que ahora -añadió divertido. Katniss no pudo evitar sonreír. -Háblame de él -insistió Marvel.
-Se llama Peeta -dijo Katniss al fin. -Es el Marqués Peeta Marziany.
-No creo conocerlo -admitió pensativo.
-¿De veras? -se sorprendió ella. -¿Estás seguro de no conocerlo?
Marvel asintió.
-Espero que no sea uno de esos nobles descarados rompecorazones -bromeó el.
-No, él es especial -sonrió ruborizada. Marvel besó la mejilla de su hermana ante su ternura. -¿Entonces puedo invitarlo? -preguntó ella buscando su aprobación.
-Sigo pensando que te equivocas al no tomar en consideración al Capitán Seneca -se cruzó su hermano de brazos.
-Marvel, por favor...
-Déjame terminar -la cortó. -Pero estoy contento por el amor que sientes por ese joven -le dijo, para alivio de Katniss, con una sonrisa. -Es hermoso encontrar una persona especial -dijo ahora con cierta tristeza.
-Hubo un tiempo en que pensé que tú también la habías encontrado -le respondió Katniss con declarada intención.
-¿Aún sigues con eso? -le reprochó su hermano. -Glimmer es una mujer casada y con un artista -le recordó con amargura. -Eso quiere decir que no estaba hecha para alguien como yo -reconoció con pesar.
-Gloss, debemos inventarnos algo para el baile de máscaras -le propuso Glimmer a su marido que ordenaba algunos bocetos en su mesa.
-Yo no me pongo una máscara por ellos -respondió con desgana.
-Pero han sido muy amables con nosotros al invitarnos -replicó ella.
-Eso no significa que me gusten -la contradijo él mientras lanzaba los bocetos sobre la mesa -y tampoco significa que esté dispuesto a ir a ese estúpido baile.
-Creía que algunos días en el campo te tranquilizarían -apuntó ella.
-Y yo creía que tú sabías que hay una única cosa que puede tranquilizar a un pintor y eso es pintar -le refutó airado. -Estiércol, caballos, cerdos, campesinos... nada de eso me tranquiliza.
-He vivido mi infancia aquí...
Gloss puso los ojos en blanco y elevó las manos al cielo.
-Qué aburrida eres con tus recuerdos y tu pasado -espetó saliendo de la habitación.
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Los labios de Katniss dibujaron una gran sonrisa al separarse de los de Peeta.
-Te hace muy feliz el habérselo contado a tu hermano -puntualizó él.
-Es que temía su reacción -reconoció ella. -Pero lo ha tomado muy bien. No ve la hora de conocerte.
-Ya tendremos ocasión de conocernos...
-Antes de lo que piensas -le cortó ella. -Me ha dado permiso para invitarte al baile de máscaras que los padres de su prometida darán en mi honor mañana.
Peeta no pudo ocultar la contrariedad que mostraba su rostro.
-Bueno -dudó ella. -Quizás me he apresurado mucho al contárselo a mi hermano -sugirió ella insegura.
-No, Katniss -se apresuró a negar él. -Desde que te conocí sólo pienso en ti, noche y día -le aseguró clavando sus ojos en los de ella, que seguían nublados por la duda. Peeta la rodeó entonces fuertemente entre sus brazos y atrapó sus labios con fervor. La besó con insistencia, queriendo grabar en su piel todo el amor que sentía por ella, arrastrando con su boca cualquier rastro posible de duda que pudiera acecharla, dejándola sin aliento.
-Ven a la fiesta -alcanzó a susurrar ella. -No me agrada en absoluto la idea pero si tú estás conmigo...
-¿Por qué será que eso no me sorprende? -preguntó divertido.
-Por favor... -insistió ella.
-De acuerdo -accedió él al final.
Katniss lo besó mostrándose feliz.
-Me temo que hoy soy yo el que debe marcharse pronto -se lamentó él. Katniss asintió comprensiva. -Te veo mañana en el Palacio Dimonte -añadió Peeta inclinándose hacia ella para besarla como despedida.
-El próximo beso en la fiesta -se apartó de él con sonrisa sugerente.
-Un buen ardid para asegurar mi presencia allí -admitió él sonriendo también. -Está bien, hasta mañana entonces. -Dijo mientras caminaba hacia su caballo. Lo montó y miró a Katniss por última vez, saludándola con la mano, tras lo que azuzó al animal para dirigirse al refugio donde lo esperaban sus hombres.
-Esta vez el informador es seguro -le anunció Cato -El carruaje con la financiación francesa llegará mañana.
-Bien -asintió Peeta. -Podremos ayudar a mucha gente con ese dinero. Controla que los hombres no beban esta noche -le pidió. -Mañana es un día muy importante.
-Entendido -concordó Cato.
-¿Todo bien, Peeta? -le preguntó Haymitch a un pensativo Peeta mientras cabalgaban de vuelta al castillo -¿Todo bien? -Insistió en vista de su silencio.
-He sido invitado a una fiesta de máscaras mañana, en el Palacio Dimonte -le informó el muchacho, con mirada ausente.
-¿No estarás pensando en acudir? -le sugirió con temeridad.
El suspiro ahogado que escapó de la garganta de Peeta confirmó sus sospechas.
-Tú no tienes sentido común -le acusó Haymitch. -No puedes pensar en ir a esa fiesta. El Conde Everdeen te retará a duelo en cuanto te reconozca.
-Es un baile de máscaras -le aclaró. -No podrá reconocerme.
-Ah, claro, todo arreglado entonces -ironizó él. -No hace falta que busques máscara que ponerte -se mofó. -Besa a su hermana con la máscara de El Gavilán y seguro que pasarás desapercibido.
-Necesito sólo algo de tiempo para decirle quién soy en verdad -le aseguró. -Luego... -vaciló -afrontaré las consecuencias.
-Debemos asaltar un carruaje mañana -le recordó Haymitch. -Mi consejo es alejarse después a algún lugar para ocultarse, no ir a una fiesta.
-Haymitch, he mentido a la persona que amo -se exasperó -y lo he hecho para no perderla. Si no voy a ese baile la perderé para siempre. Debo decirle la verdad... al menos una de ellas.
-Pero es muy peligroso -le advirtió su amigo caminando ya por los corredores del pasillo. -El otro día tuviste suerte de que Katniss no acudiera a la iglesia. Faltó poco para que te descubrieran...
-Lo sé -admitió Peeta.
-Es inevitable que la Condesita Everdeen se entere -le insinuó Haymitch.
-Sí, pero no me puedo arriesgar a que sea otro el que le diga quién soy en realidad.
-¿Por qué? -se hizo el sorprendido. -¿Si se lo dices tú la conquistarás?..
Peeta respondió con una mueca a su sarcasmo.
-Katniss es diferente de su hermano -le aseguró el joven. -No creo que su rencor hacia mi madre esté tan arraigado en ella como en él -concluyó. -Lo entenderá.
-¡No es posible! -la Marquesa Mellark retorcía las manos en el dosel de su cama al escuchar las palabras de Beetee. -¿Estás seguro de haber oído pronunciar ese mismo nombre?
-Me temo que sí, Señora Marquesa -se lamentó el sirviente. -Pero os lo ruego, os sienta mal inquietaros -se alarmó.
-No… no... Justamente ella no -escupió con rabia. -No podré soportarlo.
El aire amenazó con faltarle en sus pulmones y comenzó a toser ahogadamente. El sirviente trató de asistirla pero Enobaria lo apartó de ella con suficiencia.
-Esa ramera no tendrá jamás a mi hijo -masculló entre dientes. -Beetee, te necesitaré como en los viejos tiempos -le dijo. -Tú serás mis ojos, mis oídos y mis manos.
-Por supuesto, Señora Marquesa -accedió el criado con gran veneración en su voz. -Como siempre, a vuestro servicio.
¿Qué les ha parecido?
No les cuesta nada dejarme un review.
¡Besos a todos! XOXOXO
Agradecimientos:
Riona25: Gracias por tu apoyo
Peetkat: Si la historia tiene algo de romeo y Julieta ya veremos cómo estos enamorados lo gran solucionar así como vos dices este bache en el camino.
Adelanto
Katniss retiró su máscara de su cara tras lo que hizo lo mismo con la de Peeta, dejándolas caer al suelo. Deslizó entonces las manos hacia su cuello, alzándolas hasta su nuca, donde reposaba anudado su cabello y, sin demorar más el momento que ella misma había estado deseando con ardor, unió sus labios a los de él.
La respuesta de Peeta no se hizo esperar. La rodeó entre sus brazos apretándola contra su pecho, haciéndola partícipe de que ese mismo deseo también lo impulsaba a él. Hubiera querido que ese beso durara para siempre, si con ello impedía que tuviera que hacer frente a su verdad y confesarse ante Katniss, mas ese momento no debía ser dilatado.
