CAPÍTULO 6
-Querido Thresh -le recibió palmeando su espalda el padre Clove y Rue en la antesala de su palacio. -Sois puntualísimo. ¿Listo para un día de celebración?
-A decir verdad, estoy aquí desde hace una hora -le informó con timidez.
-¿Y por qué no me habéis hecho llamar? -le reprochó el Marqués. -En la espera podríamos haber echado una partidita -se lamentó. -Por desgracia las señoras no tardarán en estar listas.
-Yo ya estoy, Padre -sonó la voz de Rue acercándose a ellos. Thresh volteó a verla y quedó atónito ante ella, sin casi lograr disimularlo.
-Buenos días, Thresh -le saludó ella sonriente. Más el muchacho no pudo contestar, sólo pudo continuar contemplándola maravillado.
-¡Por Dios, Rue! -puso su padre los ojos en blanco. -Si causas este efecto en todos los caballeros estamos arruinados.
-¿No queréis responder entonces a mi saludo? -le dijo la muchacha, que sin duda se mostraba complacida ante la reacción del muchacho.
-No... Claro... es que vuestro padre... ahora me estaba... -titubeó él, saliendo al fin de su estupor.
-Pobre de nosotros -murmuró el Marqués por lo bajo.
-Buenos días -se acercaba hasta ellos la madre de Rue. -¿Cómo estáis, Thresh? -se dirigió al joven, y, embelesado como estaba observando a la joven, no le ofreció respuesta alguna.
-¿Qué tiene? -le susurró a su marido. -¿No habla?
-No hagas caso, se recuperará -se rió el Marqués. -¿Y Clove?
-Ya está lista -le indicó la Marquesa.
-Entonces pongámonos en marcha.
Aquella mañana en Vilastagno toda la nobleza piamontesa se agolpaba a las puertas de la iglesia, en espera de la novia, y no sólo la nobleza, pues todos los habitantes de la finca habían sido invitados.
-Lo que hay que ver -le comentaba con desaprobación una de las asistentes a la Princesa Delly.
-¿Qué sucede? -se extrañó ella.
-¡Mirad! -señaló una carreta que llegaba en ese momento de la que descendieron Effie, Annie, Octavia y Cinna. -¡La servidumbre en la boda!
-Viva el signo de los nuevos tiempos -respondió Delly con sorna.
-Estos Everdeen verdaderamente son gente extravagante -agregó la joven.
-Hay muchas más cosas interesantes alrededor -le susurró indicando con la cabeza hacia el frente, por donde hacía su aparición el Capitán Seneca, seguido del Teniente Finnick, el Sargento Chaff y un pequeño destacamento.
-Aquí está el gallardo héroe de la Revolución -concordó la muchacha con sonrisa pícara.
Los tres jóvenes descabalgaron entregándole las riendas a un par de soldados que se acercaron.
-Aguardad aquí con el resto de la guarnición -les ordenó Finnick mientras Seneca y Chaff ya se abrían paso entre la multitud para entrar a la iglesia.
-Sí, Teniente -respondieron ambos muchachos al unísono.
Finnick no se apresuró por alcanzar al Capitán. Aguardó un momento buscando entre el gentío con la vista aquella linda muchacha que lo había hecho cautivo del encanto de sus ojos grises y no tardó en encontrarla. Estaba frente a él, de espaldas, esperando la llegada de la novia. Caminó hacia ella y, sin que la joven llegara a percatarse, se posicionó a su lado, inclinándose levemente.
-Buenos días, Annie -musitó suavemente cerca de su oído, haciendo que ella se sobresaltara.
Annie se giró buscando a quien pertenecía aquella voz que había conseguido estremecerla con apenas un susurro y se encontró con la mirada azul profundo de Finnick, que la observaba encandilado.
-Buenos días -titubeó ella.
-Estás preciosa -le dijo sonriendo antes de seguir su camino hacia la iglesia.
Annie se colocó la mano sobre su mejilla, parecía arder al haber estado en contacto con su aliento varonil. Preocupada, buscó a su hermano que por suerte no se había dado cuenta de nada, aunque no pudo evitar la mirada llena de reprobación que le dedicó Octavia.
Cuando Finnick entró en la iglesia encontró a Seneca junto a Katniss, así que se encaminó hacia Chaff para sentarse junto a él.
-Será un día memorable, digno de este nuestro primer encuentro -le decía el Capitán a la joven. -Le agradezco el honor que me habéis concedido.
-Vuestro regalo de boda ha sido muy generoso, Capitán -trató ella de mostrarse amable, sin conseguirlo.
La novia no tardó en llegar, radiante y con la expresión llena de orgullo. Katniss buscó a su hermano en el altar y no era en absoluto el vivo retrato de la felicidad como debería ser en el caso de un novio que está recibiendo a su prometida para unirse en matrimonio. Cuando Marvel tomó la mano de Clove, Katniss apreció que él dirigía una mirada fugaz hacia Glimmer y que ésta bajaba la mirada afligida. Le apenó enormemente ver como dos personas que ella sabía con certeza se amaban, separaban sus caminos de modo inexorable. Se preguntó si su destino también se habría separado irreparablemente del de Peeta. Él no parecía dispuesto a presentarse ante Marvel para tratar de apaciguar el resquemor de su hermano hacia él y Marvel tampoco parecía dispuesto a entender que Peeta no tenía por qué expiar los delitos de su madre si él no era el culpable. Quizás su hermano estaba en lo cierto al afirmar que el amor y la felicidad no tenían porqué ir necesariamente unidos.
-Ese canalla de Seneca -golpeó Peeta sobre su escritorio.
-La gente está aterrorizada -puntualizó Haymitch. -La incautación del grano quiere decir hambre, aunque si Katniss asegura que Seneca lo ofrecerá como regalo de bodas...
-Para ese asesino tragarse sus palabras es como tomarse un vaso de agua -le rebatió Peeta. -No se puede confiar en la palabra de alguien que ha matado a los suyos.
Haymitch asintió.
-Ese maldito -se tensó el joven. -Y pensar que ahora estará con ella, conversará con ella, tomará su mano -farfullaba atormentado mientras Haymitch lo observaba desahogarse.
-Si es por eso podría incluso besarla...
Peeta lo miró lleno de enojo.
-La mano -agregó Haymitch divertido.
-No es momento de bromear -le reprochó él.
-Tienes razón, lo siento -se disculpó.
-Ella quiere que yo hable con Marvel -razonó en voz alta, -así que lo haré y ante todos.
-¿Qué piensas hacer? -se extrañó Haymitch.
-Ir a la boda.
-No creo que sea lo más sensato -negó con la cabeza.
-Lo tengo decidido -sentenció con firmeza.
-Peeta, si metes la cabeza en la boca del león luego no te lamentes si te la arranca del cuello -le advirtió.
Pero el joven no le escuchó en esta ocasión, tal y como acostumbraba a hacer. Salió en busca de su caballo y partió al galope hacia la fiesta. No resultó complicado adentrarse en el palacio gracias a su condición de noble. Al llegar al gran salón, le fue fácil distinguir el uniforme francés de Seneca y, como temía, Katniss le acompañaba. Tratando de no llamar en exceso la atención le hizo una pequeña seña que ella captó enseguida.
-¿Sentís nostalgia de Francia? -le preguntaba el Capitán.
-Es cierto que he estado mucho tiempo allí pero Vilastagno es mi hogar -le respondió. -Os ruego que me disculpéis un momento.
-Por supuesto -dijo él besando su mano.
Katniss salió hacia el corredor en donde la esperaba Peeta y ninguno de los dos pudo dilatar el momento de estar en brazos del otro. Sus bocas ávidas se buscaron con impaciencia, llenas de necesidad.
-Te extrañé tanto, Kat -susurró Peeta sobre sus labios.
-Creí que no te volvería a ver.
-¿Pensaste que puedo vivir alejado de ti? -la estrechó contra su pecho. -Y aquí estoy, a la luz del sol, tal y como habías pedido. Incluso traigo un obsequio para los esposos -bromeó mostrándole un bello cofre de oro tallado, con piedras preciosas engarzadas en sus bordes.
-¿Vas a hablar con Marvel? ¿Ahora? -preguntó alarmada.
-¿No era lo que tú querías? -se extrañó él.
-Por supuesto que sí -le aclaró ella, -pero no creo que sea el momento.
-¿Por qué no? -quiso saber él. -¿No era un gesto público lo que esperabas de mí? ¿Qué mejor ocasión que está?
-Te ruego que no lo hagas -insistió ella.
-Katniss tú debes ser mía -la tomó por los brazos, -y haré todo lo que sea necesario para tenerte.
-Peeta...
-¿Tú me amas? -preguntó anhelante.
-Infinitamente.
-Entonces, confiemos -le sonrió él, tras lo que la besó por última vez, antes de adentrarse en el salón, caminando decidido hacia Marvel que danzaba con su esposa.
-Señora Condesa -se inclinó ante Clove que lo miraba perpleja.
-¡Vos! -le gritó Marvel en cuanto lo tuvo frente a él.
Inevitablemente un gran revuelo, acompañado después de un silencio aplastante se dio en la estancia.
-Conde Everdeen -lo saludó Peeta educadamente.
-¿Cómo osáis? -espetó Marvel ofendido.
-Os ruego me perdonéis si me presento ante vos en un día tan importante sin haber sido invitado -se apresuró a disculparse. -Estoy aquí para desearos toda la felicidad, Conde Everdeen y para testimoniar abiertamente mi deseo de traer la paz entre nuestras familias –continuó Peeta. -Os pido humildemente, aprovechando esta circunstancia tan feliz, que perdonéis y olvidéis un pasado que ni siquiera conozco y del que no soy culpable -solicitó con sinceridad. -Aceptad este regalo en signo de respeto en el nombre de esa paz que deseo con todo el corazón.
-No me sorprende que un Mellark tenga el atrevimiento de presentarse en mi casa sin haber sido invitado el día de mi boda -le escupió iracundo. -¿Por qué he de perdonar unas culpas que son más que imperdonables? -lo acusó con dureza. -Salid de aquí inmediatamente o me veré obligado a echaros por la fuerza -le advirtió apretando los puños contra sus piernas.
-Entiendo -murmuró bajando la cabeza. -¿Quisierais perdonar mi ingenuidad y mi buena fe? -dijo en tono mordaz. -Con permiso.
Peeta hizo una reverencia y abandonó el salón mientras Katniss, estupefacta ante la escena lo observaba marcharse, sin que ni siquiera la mirara. Iba a ir tras él cuando su prima la tomó del brazo, deteniéndola.
-Déjame Glimmer -se zafó ella de su agarre.
-¡Espera!
-No puedo dejar que Peeta se marche así -le respondió apurada.
-Si desafías a tu hermano públicamente no tendrás jamás su consentimiento. ¿Lo entiendes?
Katniss sacudió la cabeza obviando su advertencia y corrió tras Peeta, mas, al llegar a la entrada lo vio a lomos de su caballo alejándose veloz de allí. La desesperación se apoderó de ella al verse pérdida ante la posibilidad de que Peeta se estuviera alejando también de ella, para siempre. Peeta había dejado a un lado su orgullo y había accedido a hablar con Marvel, tal y como ella le había pedido y no sólo no lo había escuchado sino que lo había humillado frente a todos. Marvel y su obstinación... de un único plumazo, en el mismo día, había acabado con su propia felicidad y con la de ella.
-Tú misma deberías ser la más ofendida de todos -le reprochaba Marvel a Glimmer ante su pasividad.
-Odio a Enobaria Mellark con todas mis fuerzas -masculló entre dientes, airada. -Pero si en algo tiene razón Peeta es en que él no es culpable de los crímenes de su madre -le rebatió con dureza. -Sin embargo, tú si serás responsable de la infelicidad de tu hermana.
-Conde Everdeen -se acercó Seneca a él. -Es una fiesta magnífica pero parece que mi acompañante ha decidido abandonarme sin previo aviso así que, deseo retirarme -manifestó claramente molesto. -Con permiso -se inclinó tras lo que inició su marcha hacia la salida.
Marvel le lanzó a Glimmer una última mirada de desaprobación y se apresuró a alcanzarlo.
-Estoy verdaderamente apenado -le dijo acompañándolo a la puerta. -El comportamiento de Katniss es, por decir poco, desconcertante.
-No he podido siquiera despedirme -apostilló mientras se colocaba los guantes de montar y tomaba las riendas de su caballo que Finnick le ofrecía.
-Temo que los preparativos de la boda y la confusión de este día la hayan agotado -trató de disculparla.
-O quizás la Condesita no agradece mi compañía -agregó con tono incisivo. -En cualquier caso no se abandona al acompañante de este modo.
-Se ha retirado a su habitación -mintió Marvel. -Ha rogado que le diera sus excusas.
En ese momento, algo cayó justo a sus pies. Un sombrero militar, un bicornio del que prendía una escarapela con los colores del ejército francés.
-¡Seneca, recógelo! -vociferó Cato desde el balcón situado encima de ellos, oculto tras su máscara para que nadie lo reconociera. -¡Pertenece a ese pobre muchacho que tú mismo asesinaste!
Finnick hizo ademán de entrar en el palacio para ir en su busca pero Seneca le detuvo.
-Déjalo, Teniente, es inútil -le ordenó mirando a Marvel con expresión furibunda. -¡El Gavilán asesina a mis soldados y sus hombres buscan acusarme de esa masacre! -exclamó lleno de ira. -Es lo último que le faltaba por hacer a ese malnacido.
-Estoy tan trastornado como vos -se excusó Marvel. -No entiendo cómo ha podido ir a suceder esto en mi propia casa.
-Porque vuestros campesinos lo amparan -le acusó con dureza. -Pero esto se acabó, la generosidad con ellos no sirve. Entregué el grano en vuestro honor pensando que entenderían ese gesto por mi parte. Ya veo que me equivocaba.
-Capitán, que...
-Haré requisar el grano -le informó a Marvel montando su caballo. -A ver si el hambre les hace cambiar de idea a esos miserables.
-Capitán os ruego que...
-Y esta vez vos no les podréis ayudar -le atajó con dureza. -Buenas tardes, Señor Conde. Presentadle mis respetos a la Condesa Clove y a la Condesa Katniss -sentenció espoleando su caballo.
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Peeta irrumpió en la habitación de su madre con aire mortificado con una gran duda que lo asaltaba.
-¿De veras me habéis dicho todo? -se dirigió a ella sin apenas saludarla.
-¿De qué estás hablando, Peeta? -se sorprendió ella de su actitud. -¿Qué ha sucedido?
-He ido a la boda de Marvel Everdeen -le informó.
-¿Y por qué has ido? -quiso saber ella. -¿Por qué te has humillado ante ellos?
-Porque amo a Katniss Everdeen, al igual que ella a mí -le respondió.
Enobaria tuvo que mostrarse sorprendida y decepcionada ante la noticia.
-Lo siento madre, pero nadie podrá impedir que la vea y mucho menos a causa de un pasado del que ni ella ni yo tenemos culpa alguna -añadió.
-Katniss Everdeen -repitió con ella voz afligida. -Mi pobre Peeta... -lamentó en voz alta. -Muchas cosas sucedieron en el pasado, algunas de las cuales no me las perdonaré jamás, pero el odio de Marvel se debe sólo a sus prejuicios.
-Madre, su comportamiento es tal que me hace pensar en algo más que un prejuicio -quiso indagar.
-Yo nunca te he mentido, Peeta, jamás -se excusó con mirada llena de pesadumbre.-Marvel es un muchacho testarudo que alberga antiguos rencores y espero por tu bien que Katniss sea diferente a su hermano.
-Katniss es la mujer más maravillosa del mundo -le aclaró. -Y nadie podrá impedir que nos amemos, ni siquiera su hermano -sentenció Peeta.
Aquellas palabras se clavaron en el pecho de Enobaria como un puñal mas no permitió que ese dolor aflorara.
-Si ambos estáis determinados a luchar, entonces yo te prometo que haré todo lo que esté en mi mano para ayudaros -dijo en cambio.
-¿Por qué tendrías que hacerlo? -se extrañó Peeta.
-¿Por qué no debería? -se defendió ella. -Se puede cambiar ¿sabes? Se acaba por querer sólo paz y amor, especialmente para un hijo -añadió. -Si quieres a Katniss, la tendrás.
-Gracias, madre -besó ella su frente.
-Ahora llama a Beetee -le pidió.
Peeta asintió tras lo que fue a buscar al criado.
-Me llamabais, Señora Marquesa -se inclinó el siervo en cuanto estuvo frente a ella.
-Debo escribir una carta -le miró con malicia. -Traedme todo lo necesario.
-Enseguida, Señora Marquesa.
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Clove se desperezó en la cama mientras el sol de la mañana iluminaba su rostro... su primer amanecer como la Condesa Everdeen. Sonrió satisfecha mientras alargaba la mano al otro lado de la cama para encontrarla vacía. En cualquier caso, no le sorprendió, había sospechado que Marvel no la amaba, del mismo modo que ella no lo amaba a él y había podido comprobarlo la noche anterior. Marvel la había hecho suya, sí, pero no la había amado, se había limitado a tomar su cuerpo y, aunque trató de complacerla, Marvel no pudo ocultar lo ausente de su mente, como si su pensamiento hubiera estado en otro lugar. A Clove, lejos de importunarla la liberó en cierto modo ese hecho, gozaría de todas las ventajas al ser dueña y señora del lugar sin tener que compartir su cama... muy oportuno el que ocuparan recámaras separadas...
Tras vestirse, acudió a la biblioteca en su busca, donde sin duda estaría. Debía comenzar su flamante interpretación como esposa.
-¿Te molesto? -lo saludó ella entrando en la estancia.
-Nada de eso, querida -besó su frente. -¿Qué te trae por aquí?
-Quería comunicarte mi deseo de impartir algunas órdenes al servicio -le informó. -Espero que no te disgustes -le lanzó una sonrisa inocente.
-Eres la dueña y este es tu reino para disponer de él -accedió Marvel.
-Esplendido, porque ya es hora de que este palacio abra las puertas a las fiestas y a la buena sociedad -se entusiasmó ella. -Podríamos organizar magnificas batidas de caza y cuando el palacio sea renovado y quede resplandeciente podremos invitar a la corte.
-Haremos como tú quieras -se rió Marvel ante su buen ánimo, -pero recuerda que Vilastagno no es Turín. Tendrás que aprender a tratar con los aparceros, los siervos y la gente del pueblo -le dijo. -Hay mucho que trabajar y no sólo por los campesinos, sobre todo por nosotros. Las fiestas y las batidas de caza vendrán después. De hecho tengo que hacer una visita a la granja ¿Quieres venir conmigo?
-Lo haría encantada, pero tengo muchas cosas que hacer aquí -declaró con fingido pesar.
-Entonces la próxima vez -besó de nuevo su frente despidiéndose.-Nos vemos después.
Clove lo despidió con una gran sonrisa que se transformó en una mueca de fastidio en cuanto su esposo desapareció. No iba a resultar tan fácil como ella creía. De pronto, aquellas cuatro paredes parecían echársele encima.
-Buenos días, Señora Condesa -se inclinó Annie ante ella, portando una bandeja plateada con una carta. -La han entregado para vos, Señora Condesa.
Clove tomó la misiva y comenzó a leerla con curiosidad e interés. Estaba lacrada con el sello Mellark.
Gentil Condesa Everdeen:
Perdonad si con estas líneas ocupo parte de vuestro tiempo. Es mi deseo haceros saber que después de que nuestro primer encuentro en la iglesia del pueblo se haya dado en una situación un tanto desagradable, esperaba poder veros de nuevo. Estoy segura de que tenemos muchas cosas en común y que cuanto tengo que deciros será útil para ambas.
Disculpe si por diversos motivos, entre ellos mis problemas de salud, os pido a vos que vengáis a verme.
Atentamente:
Marquesa Enobaria Mellark.
-No hay respuesta -le informó a Annie que aún esperaba sus indicaciones.
-Sí, Señora Condesa.
-Encuentra una doncella personal adecuada para mí -le ordenó con sequedad.
-Me ocuparé enseguida de ello -se inclinó la joven.
-¿Dónde está Katniss? -le preguntó antes de que se hubiera retirado.
-La Condesita Katniss salió temprano, Señora Condesa -le anunció tras lo que se marchó.
-Era de esperar -masculló entre dientes disconforme.
Más Katniss ya había regresado a la finca, totalmente abatida. Había acudido al torrente esa mañana con la esperanza de encontrar a Peeta allí, pero no fue así. Katniss empezaba a temer que la oposición de Marvel fuera un más que plausible impedimento para su relación... si es que podía llamarse así. Deseaba tanto que en ese instante Peeta la estrechara fuerte entre sus brazos susurrándole que todo iba a salir bien, que confiara en él. Y, sin embargo, no era capaz de confiar en nada ya tras lo acontecido, ni siquiera de aventurar que estaría pasando por la mente de su amado en esos momentos.
-Una moneda de oro por tus pensamientos -declaró Haymitch mientras se acercaba al peñasco desde donde Peeta observaba abstraído el arroyo.
-Maldecía mi suerte -le dijo. -No he podido evitar retrasarme en mi cita diaria con Katniss y ahora no estoy seguro de si ella ha acudido.
-¿Crees que tiene motivos para no hacerlo? -le preguntó.
-No lo sé -resopló angustiado. -Su hermano puede coaccionarla en contra mía o impedirle que se reúna conmigo. Y yo no sé cómo hacer para que Marvel Everdeen deje de verme con ese odio tan desmedido.
-Debe haber algo más detrás de todo eso -sugirió Haymitch, recordando las palabras de Effie.
-Mi madre asegura que sólo prejuicios acérrimos -negó con la cabeza.
-Pues deberás buscar una solución -posó su mano sobre su hombro. -Pero, por lo pronto, te traigo otra inquietud más -le anunció. -De hecho, por eso estoy aquí.
-¿Qué ha sucedido? -quiso saber Peeta.
-Tenías razón, Peeta. El canalla de Seneca se comió sus palabras.
-¿A qué te refieres? -se alarmó Peeta.
-Después de que tú abandonaras la boda ayer, Cato tuvo la genialidad de dejar caer a los pies de Seneca el bicornio de aquel desdichado soldado que asesinó James.
-¡Idiota! -refunfuñó Peeta.
-Durante toda la mañana, los franceses están yendo casa por casa requisando todo el grano.
-Entonces avisa a Cato y dile que agrupe a los hombres -se puso en pié. -El Gavilán debe intervenir.
-¿Vos no podéis intervenir? -le pedía Cinna a Marvel mientras lo acompañaba a las caballerizas. -Quitar el grano significa quitar el pan, Señor Conde.
-Cinna, ya te dije que ahora no hay nada que se pueda hacer -le repitió Marvel. -Será mejor que vayamos al pueblo a controlar lo que hace Seneca.
-Nosotras vamos también -les alcanzaron Katniss y Annie.
-Sí -se giró Marvel hacia su hermana. -Ven también y así podrás disculparte personalmente con el Capitán por haberlo dejado plantado ayer.
-Si lo crees necesario lo haré -accedió a regañadientes.
-No sólo es necesario, es un deber -le aclaró Marvel mientras la ayudaba a montar. -Y es tu deber también el disculparte conmigo por tu comportamiento ¿no te parece?
-Siento lo que sucedió -se excusó, -pero eres tú quien está equivocado -apostilló rápidamente. -Peeta ha venido a pedir paz.
-No tengo ninguna intención de hacer la paz con el hijo de Enobaria, Katniss -sentenció con firmeza. -Será mejor que nos apuremos en llegar al pueblo -les dijo antes de azuzar a su caballo.
Cuando llegaron a la plaza, la encontraron llena de soldados franceses que apilaban los sacos de grano en algunas carretas mientras los campesinos los observaban lamentándose.
-Hemos terminado, Capitán -anunciaba Finnick. -Esos sacos son los últimos.
-Bien -concordó Seneca. -Sargento Chaff -le hizo un gesto con la cabeza, que él pareció entender a la perfección.
Bajo la mirada estupefacta de todos, Chaff arrebató a dos niños de los brazos de sus madres y los colocó en una de las carretas, encima de los sacos.
-¡Son sólo niños! -corrió Annie hacia ellos, impidiéndoselo Katniss.
-¡Malditos franceses! -farfulló Cinna.
-¿Qué significa esto, Capitán? -inquirió Finnick que se posicionaba frente a Seneca, enfrentándolo, mostrando abiertamente su total desacuerdo a su proceder.
-¿Tienes algún problema, Teniente? -preguntó lleno de sarcasmo y seguridad, la que le daba el poseer un rango superior a él.
Finnick dirigió mortificado sus ojos hacia Annie y los bajó al instante, avergonzado.
-Ya veo que no. -Lo apartó con desdén y caminó hacia Chaff. -Listos para volver al Fuerte -le indicó.
-¡Dejad ir a esos niños! -le exigió Marvel.
-Es una cobardía escudarse tras unos niños -lo acusó Katniss. -Es algo indigno de un militar.
-Es una simple garantía para la vida de mis soldados -se defendió él lleno de ironía.
-Si el Gavilán es el asesino que decís ¿por qué se detendría ante ellos? -espetó Marvel.
-No le conviene hacerlo -razonó Seneca. -Se enfrentaría con todo el pueblo.
-Esto es una monstruosidad –exclamó Katniss.
-Si tratarais de tranquilizaros, podríais uniros a mí y seguir el convoy -la invitó Seneca. -Así podré teneros a mi lado, lo contrario de lo que aconteció durante la fiesta -añadió con tono mordaz. -Luego si queréis, Condesita, podréis traer de vuelta vos misma a los niños a sus madres. ¿O es que teméis que El Gavilán no tenga la misma clemencia con vos que la primera vez?
Katniss le lanzó una mirada de desprecio y volvió a montar su caballo para situarse a su lado mientras que Marvel se colocaba detrás.
-¡Vamos! -gritó Chaff a los soldados, iniciando así la marcha.
Tal y como Seneca sospechaba, el gavilán y sus hombres aguardaban en el bosque el cargamento de grano.
-Cato, te has comportado como un estúpido -le reprochaba Peeta, -y tú no lo eres.
-Seneca no puede salirse con la suya -refunfuñó.
-Sí, pero no es con estos actos con lo que lo detendremos -le contradijo. -Lanzar aquel gorro ha sido una verdadera idiotez y tú lo sabes bien.
-Así también el Conde Everdeen entenderá -apretó la mandíbula.
-¿Y qué entenderá? -atajó Peeta. -¿Que El Gavilán o los campesinos estaban en posesión del bicornio de aquel pobre soldado? -agregó -¿No entiendes que eso podría ser una prueba de nuestra culpabilidad?
-Están llegando -le cortó Haymitch, -pero hay un problema -le dijo a Peeta pasándole el catalejo.
-Marvel y Katniss flanquean el cargamento -les informó Peeta. -Y hay un par de niños dentro de la carreta.
-¡Maldito perro! -escupió Cato.
-Tendremos ese grano a toda costa, pero deberemos esperar otra ocasión -decidió Peeta. -Effie -se volteó hacia la mujer. -Necesitaré tu ayuda.
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-Querido yerno, escuché el desafortunado episodio ocurrido esta mañana en Vilastagno -se congraciaba con Marvel el padre de Clove mientras le servía una copa de brandy. A pesar del bajo ánimo que le había producido aquel incidente, Clove se esforzó por convencer a Marvel a hacer una visita a sus padres y Katniss, Glimmer y su esposo aceptaron, para gozo de Marvel, a acompañarlos.
-Por desgracia temo que nosotros los piamonteses debemos acceder a crear ciertas alianzas con los franceses -se lamentó el joven.
-¿También con un francés que sólo sabe cometer injusticias como quitarle el grano a los campesinos? -preguntó Katniss con sagacidad.
-Y pensar que Seneca siente tanta admiración por ti -suspiró pesadamente Clove.
-Sí, pero no es recíproca -le hizo una mueca de disgusto -y creo poder elegir por mí misma sobre mi propia vida.
-Katniss tiene razón -intervino Rue. -Creo que una se debe casar sólo cuando está verdaderamente enamorada -afirmó lanzándole una sutil mirada a Thresh, que la observaba absorto. -No debería existir ninguna conveniencia en el amor.
-Querida ¿has oído? -le decía el Marqués a su esposa. -Nuestra pequeña ha crecido y ahora no sólo expresa sus opiniones sino que habla sobre el amor -bromeó su padre.
-El amor, de todas las pasiones, es la más fuerte -intervino Gloss, para asombro de Glimmer, -porque ataca al mismo tiempo, el corazón, la mente y el cuerpo -prosiguió. -No son palabras mías sino de Voltaire -aclaró ante el rostro de admiración de la madre de Rue.
-Se dice de vos que sois un pintor extraordinario -le alabó la Marquesa. -Desveladme el misterio... ¿Cómo nace la inspiración para un artista?
-La inspiración viene muchas veces invocada por un recuerdo o un pensamiento -recitó con tono interesante. -Por ejemplo, la Marquesita Rue tiene un rostro diferente, hermoso -agasajó a la joven. -Un rostro estimulante para un pintor -añadió -y que yo pintaría muy gustoso, si ella me concediera ese honor.
-Por supuesto que sí -accedió entusiasmada su madre por ella.
-Intentaré retrataros con todo el arte del que sea capaz -insistió el artista.
-Está bien -aceptó finalmente Rue que con cierta incomodidad miró a Thresh. El muchacho se apresuró a sonreír tratando de ocultar su desconfianza.
-Pero temo que deberéis empezar vuestra labor otro día -puntualizó Marvel. -Se está haciendo tarde y nos esperan en Vilastagno.
-Effie, ¿estás segura de que no iban a hacer noche en Turín, en el palacio de los Marqueses? -preguntó impaciente Peeta mientras esperaban ocultos en el bosque.
-Marvel me ha asegurado que sí -le informó. -Y, para terminar de persuadirle, le he asegurado que en ese caso Octavia les prepararía un platillo especial para la cena.
-¿Y eso es motivo suficiente? -se sorprendió él.
-El Conde adora la cocina de Octavia -sonrió ella divertida.
-Ojalá estés en lo cierto -masculló Peeta por lo bajo.
-¿Y vos no deberíais estar en Vilastagno? -acercó Haymitch su caballo al de Effie.
-Lo dejé todo listo antes de marcharme y aquí soy más útil -le espetó ella molesta.
-No me refiero a eso, sino a que es peligroso -respondió él con suavidad a su tono hiriente.
-Cualquiera diría que os preocupáis por mí -dijo con ironía.
-¿No es evidente? -susurró él clavando su mirada en ella. Effie, a pesar de querer evitarlo, quedó irremediablemente prendada de aquel par de luceros que iluminaban la noche.
-Preparaos, ahí vienen -les avisó Cato.
-A vuestros puestos -les pidió Peeta.
Efectivamente, la carroza de los Everdeen se adentraba en esa parte del bosque y los hombres de Peeta se apostaron a sendos lados del camino.
-Estaba pensando en cambiar el color de mi habitación -decía Clove con frivolidad, -quizás a un color más cálido.
Marvel se limitó a asentir con la cabeza mientras Katniss se reclinaba con gesto tedioso y de fastidio sobre la pared del coche. De repente, escucharon relinchar a los caballos nerviosamente tras lo que se detuvieron.
-Cinna, ¿qué está sucediendo? -abrió Marvel la portezuela.
Pero el joven se fue a encontrar con el cañón de una pistola. Alzó las manos rápidamente mientras Cato, agitando su arma le ordenaba salir del carruaje. Haymitch hizo lo propio con Cinna, que soltó las riendas y descendió de la calesa con los brazos en alto, sin que dejaran de apuntarlo, indicándole que subiera a un caballo. El resto de los hombres mantenían sus armas dirigidas hacia el coche.
-¿Cómo te atreves? -le inquirió Marvel revolviéndose.
-¡De rodillas! -le exigió Cato. -¡Quieto! No te muevas o te mato -le advirtió con frialdad acercando el arma a su cabeza.
Entonces El Gavilán hizo su aparición. Peeta bajó de su caballo y caminó hacia ellos sin vacilar, con los ojos fijos en su objetivo. Se asomó al interior del vehículo y tiró del brazo de Katniss que, atemorizada, no trató de luchar. Después, el muchacho volvió a montar colocándola a ella en su regazo, rodeándola con sus brazos, impidiéndole así cualquier intento de escapar. Marvel no pudo más que observar la escena con impotencia y maldecir a aquel bandido que lo desafiaba con su fría mirada y que le arrebataba a su hermana en sus propias narices.
Perdonadme por dejar el capítulo así muajaja. Soy un poquito mala. En fin hubo de todo en este capítulo boda, robo, y secuestro ya veremos en el próximo capítulo sobre qué es lo que Enobaria tiene que hablar con Clove. Que Dios nos libre de la alianza entre estas dos mujeres. ¡Que miedo! Como también veremos en el próximo capítulo cual fue el plan del Gavilán para recuperar el grano, hagan sus apuestas chicas. Sera que el Gavilán revelara su identidad ante Katniss. No os perdáis el próximo capítulo.
Besos a todas :*
Agradecimientos.
VivisWeasley: si todo es muy complicado, pero ya sabéis que nada en cuanto al amor se refiere es fácil. Y si también odio a Seneca y Clove pero son personajes claves para esta historia ya que no todo puede ser color de rosa.
Everllarkglee4ever: Me alegro que te haya gustado la historia. Espero seguir recibiendo tus reviews más adelante.
