CAPÍTULO 20
El cuerpo desnudo de Clove reposaba lánguido sobre el de Seneca. Delineaba con despreocupación las líneas de la musculatura de su pecho tratando de no pensar en que pronto debería marcharse. Inspiró profundamente queriendo captar su aroma para llevarlo con ella.
– ¿Quién hubiera pensado que en un momento tan terrible podría encontrar un momento de paz? –pronunció casi inconscientemente.
–La paz, como la llamáis vos, debe lograrse –rió él calladamente.
–En ese caso adoro el modo que tenéis de lograr las cosas –alzó ella su rostro para mirarlo con picardía.
Seneca lanzó una sonora carcajada de aceptación sabiendo a qué se refería.
–Querida Condesa, sin duda mi admiración por vos va mucho más allá de vuestra belleza –quiso alabar su elocuencia. –Pero para vuestro marido, tengo otros planes.
–Imagino que liberareis a Marvel únicamente después de haber conseguido a Katniss –no supuso, lo afirmó.
–Vos y yo somos como dos gotas de agua –acarició con uno de sus dedos su mejilla. – ¿Sabéis? Cuando vuestro marido está lejos de vuestra piel, tiene un sabor más exquisito, así que tendré que tenerlo en la cárcel, por mucho, mucho tiempo.
Clove sonrió halagada, besando las yemas de sus dedos que se aproximaban a su boca.
–En vez de eso, debéis liberarlo pronto –dijo en tono sugerente.
–No – respondió él en cambio con rotundidad. –Si lográis vuestra meta, no os veré más por aquí.
–Eso depende de vos –le insinuó ella.
Seneca la tomó por la nuca entregándole un ardiente beso por respuesta.
– ¿De verdad queréis a Katniss? –preguntó ella sobre sus labios.
– ¿De verdad queréis que os devuelva a Marvel? –se separó un poco de ella.
–Mi patrimonio es el suyo, Capitán y temo no sacar adelante la finca sola –le confesó. –Yo no soy mujer de campo.
–No vendría mal para mi carrera el desposar a una muchacha de buena familia –compartió él a su vez sus intenciones.
–Bien –asintió ella. – ¿Sabéis cuál es la única cosa que puede separar a dos enamorados?
–No –la miró con curiosidad. –Decídmelo.
–Haciendo que crean que su amor se terminó –se dibujó una sonrisa ladina en su rostro. –Liberad a Marvel y dad a entender que lo habéis hecho gracias a que por fin contáis con los favores de Katniss. Vos ya sabéis quien es el más interesado en creerlo ¿verdad?
Seneca la tomó entre sus brazos y la hizo rodar sobre su espalda, besándola con pasión.
–Vos sois maravillosa y ese hombre no os merece –respiró en su boca mientras volvía a hundirse en el fuego de su cuerpo.
* ~ § ~ *
El sonido de los tambores llegó hasta a ellos a través de la ventana de la celda, despertándolos. Apenas estaba amaneciendo. En un principio, compartieron una mirada de confusión, tornándose en desesperanza al continuar aquel repiqueteo que resonaba en los muros de piedra. Sin duda anunciaban una ejecución y ambos corrieron hacia la ventana para cerciorarse. Una fila de tamborileros con el Sargento Chaff al mando flanqueaba aquella máquina infernal que, situada justo frente a ellos parecía sonreírles con mortal brillo.
–Ciudadano Vincent Sampietro –irrumpieron dos brigadas en la celda sobresaltándolos –preparaos para la ejecución.
– ¿Pero cómo? –quiso rebatir Marvel. –Este hombre ni siquiera ha tenido un juicio justo.
Vincent lo tomó por un brazo, negando con la cabeza y se colocó frente a él, dándole la espalda a los soldados.
–El ritmo de los tambores de los condenados imita a un corazón que late tranquilo, ¿lo sabíais? –murmuró lleno de resignación con aquel sonido incesante ilustrando su máxima. De forma cuidadosa, revolvió entre sus ropas y extrajo la bandera doblada, observándola por última vez.
–Tenedla –le pidió entregándosela. –Guardadla vos por mí.
–Por supuesto –aceptó Marvel aquella reliquia por la que un hombre era capaz de perder la vida.
–Suerte –le deseó el muchacho y antes de que Marvel pudiera dedicarle una última palabra de aliento, los dos guardias lo tomaron por los brazos, llevándoselo de allí.
Marvel se asomó por la ventana y pronto lo vio aparecer escoltado por ellos, caminando hacia su destino.
– ¡Firmes! –le escuchó gritar a Chaff, al hacer su aparición Seneca, obedeciendo los soldados y cesando los tamborileros su tarea, excepto uno, cuyo redoble se hizo más intenso, anunciando así el inmediato final.
Vincent fue llevado hasta el patíbulo posicionándolo frente a la guillotina, viendo Marvel su rostro por última vez. Rápidamente extrajo la bandera que le había entregado sacándola entre los barrotes y desplegándola como pudo, y Vincent le sonrió, henchido su pecho con orgullo, dispuesto a recibir su muerte con honor.
– ¡Da la orden, Seneca! –exclamó el joven con su sonrisa aún en sus labios mientras Marvel estiraba aún más sus brazos para que aquella bandera se convirtiera en su guía.
Seneca le hizo una señal a Chaff quien levantó su sable, dando permiso así al verdugo para proceder. Tomó a Vincent de los hombros y lo hizo arrodillarse, colocando su cuello sobre una tabla con una hendidura. Le hizo agachar la cabeza para colocar sobre su nuca otra tabla que lo apresase pero Vincent la irguió seguidamente, sin querer separar sus ojos jamás de aquel símbolo que había conducido los pasos de su destino y de su muerte. Quedó fija su mirada en aquella bandera hasta que el sable de Chaff bajó cortando el aire, bajando también aquella cuchilla que con frío destello sesgó aquel vínculo entre ellos, arrebatándole con un golpe seco y monótono la vida.
Marvel lanzó un suspiro lleno de pesadumbre apoyando su frente en los barrotes, sin apenas creer en aquella injusticia que acababa de presenciar. Retiró la bandera y la plegó cuidadosamente, para guardarla en su casaca, sobrecogido y lleno de impotencia. Casi no había acabado de hacerlo cuando alguien volvió a irrumpir en la celda, con la misma brusquedad que antes.
–Espero que la ejecución no os haya importunado –vio entrar a Seneca tras dos soldados.
– ¿Qué pruebas había contra ese hombre? –preguntó sin apenas poder ocultar su rabia y frustración.
–Menos de las que hay contra vos, Conde –repuso con sonrisa maliciosa. –La Ley Marcial me da poder absoluto sobre la vida y la muerte.
Marvel no se dejó amedrentar por su insinuación y alzó su barbilla lleno de seguridad.
–Pero vos no debéis de preocuparos –rió Seneca sin embargo. –La investigación ha finalizado y gracias a vuestra esposa y su insistencia he decidido liberaros. Al menos por ahora.
Marvel no pudo menos que mirarlo lleno de sorpresa e incredulidad.
–Volved a Vilastagno –le reiteró. –Estoy seguro de que, de ahora en adelante, todos los obstáculos a nuestra amistad se resolverán.
Marvel se obligó a asentir y a callar todo lo que le hubiera gritado lleno de satisfacción a ese bellaco. No podía llevarse a engaño; deseaba fervientemente salir de allí, pero Seneca se equivocaba si pensaba cobrarle su libertad a tan alto precio. Antes muerto, y aquella bandera pegada a su piel se lo recordaba con cada paso que daba hacia la salida del fuerte.
Al cruzar el portón, el Cabo de Guardia se le acercó con sigilo.
–Un caballo os aguarda al principio del camino, en el bosque –le susurró. –Alguien acudirá a vuestra finca a por él. Indicaciones del Teniente Finnick –le aclaró el guardia al mirarlo Marvel confuso.
–Dadle las gracias en mi nombre –le pidió, acelerando el paso para abandonar cuanto antes aquel lugar.
Al encontrar el caballo, agradeció de nuevo para sus adentros la iniciativa de Finnick, ahorrándole así una larga caminata y no pudo evitar apiadarse del Teniente. Sin duda alguna, no compartía los ideales de su Capitán, siendo también prisionero de sus caprichos y antojos, y con una libertad mucho más difícil de obtener que la suya.
Sacudió la cabeza con indignación y montó, tirando con brío de las riendas, aunque no se dirigió hacia Vilastagno. Necesitaba hacer una parada antes, aunque fuera arriesgada, así que puso rumbo hacia Turín.
No tardó en apostarte frente a la puerta del palacio de Delly y respiró hondamente, tranquilizándose, diciéndose a sí mismo que su presencia allí no era para nada descabellada, siendo familiar de quien allí se hospedaba.
–Conde Marvel –exclamó sorprendido el lacayo que le abrió. –Me alegra saber que os han liberado.
–Sí –asintió él con cierta impaciencia, aceptando el gesto del sirviente que lo invitaba a pasar.
–La Condesa Delly ha ido a visitar al Marqués Peeta el Señor Dante se encuentra en el Palacio Di Monti retratando a la joven Rue –le explicó el sirviente.
– ¿En ese caso podría ver a la Marquesa Glimmer? –preguntó con seguridad.
–Permitidme que os acompañe –le pidió.
Simulando una serenidad que casi no poseía, se dejó guiar e incluso anunciar al llegar a los aposentos de Glimmer.
–Puedes retirarte –le ordenó ella con envidiable calma, calma que desapareció en cuanto él criado cerró la puerta. Ninguno de los dos pudo evitar correr hacia los brazos del otro.
–No puedo creer que ya seas libre –declaró Glimmer abrazándose a Marvel con desesperación.
–Discúlpame que me presente así, sucio y…
–No digas tonterías –objetó ella tomándolo por la nuca para dirigirlo hasta sus labios. Marvel no se hizo de rogar y la rodeó con fuerza mientras la besaba lleno de necesidad.
–Glimmer, esto no ha acabado –le dijo separándose de sus labios, aunque sin soltarla. –Algo hay más detrás de mí liberación, sé que Seneca trama algo.
– ¿En qué piensas? –quiso saber ella.
–No lo sé pero está muy equivocado si piensa que me voy a dejar vencer tan fácilmente. ¿Qué? –inquirió de repente al ver el semblante iluminado de Glimmer.
–Nada, es sólo que no te reconozco –le sonrió.
– ¿Te desagrada? –preguntó con un ápice de vanidad.
–Sabes que no –lo besó ella brevemente. –Hace que te admire y te amé aún más.
–Repítelo –le pidió Marvel con seriedad ahora.
–Te amo, Marvel –le aseguró ella. –No lo dudes. Nunca te he pedido nada.
–No lo pongo en duda –negó él. –Y sé que nunca me exigirías nada, pero yo sí debo pedirte algo a ti.
– ¿El qué? –le cuestionó ella.
–Glimmer, ¿dejarías a tu marido por mí?
–Pero… ¿y Clove? –alcanzó a preguntar, atónita.
–Olvídate del mundo entero y dime si estarías dispuesta a vivir conmigo, afrontando todo lo que venga, incluso las críticas y malos juicios de la gente.
–Marvel, yo…
–Necesito saber que mi lucha no será absurda, que tú estarás a mi lado a pesar de todo…
– ¡Marvel! –tomó Glimmer su rostro para que la mirara, silenciándolo. –Marvel, sería capaz de salir contigo por esa puerta ahora mismo si me lo pidieras.
El muchacho la agarró de los hombros y la atrajo hacia él para besarla con intensidad. Aquellas palabras eran lo único que necesitaba para seguir adelante.
–Entonces, espera por mí –murmuró rodeándola entre sus brazos. –Tal vez te pido demasiado pero necesito solucionar primero este asunto de Seneca y su capricho por Katniss. Lo siento, pero no puedo anteponer mi felicidad a la suya.
–Marvel, ¿todo esto es verdad?
– ¿Acaso lo dudas? –se separó un poco de ella para ver su expresión.
–No –le sonrió ella. –Es sólo que estar contigo es lo que más deseo y no puedo evitar temer que sea un sueño cruel del que tendré que despertar.
–Bésame –le pidió casi suplicante.
Y Glimmer cumplió con aquel deseo como si la vida le fuera en ello. Le ofreció sus labios bebiendo a su vez de los suyos con afán, como un náufrago sediento en busca de su salvación y entregándose todo con la simple unión de sus bocas.
–Dime si te parecen un sueño nuestros besos –le susurró él, negando ella con la cabeza. –Llegará el día en que podamos estar juntos, frente a todos.
–A mí me basta con esto –le aseguró Glimmer.
–A mí ya no –discrepó él. –Estos días me han hecho pensar en lo que es realmente valioso –recitó con la mirada ausente –y que hay que luchar por lo que uno quiere, hasta morir si es necesario.
–Me asustas, Marvel –lo miró con temor.
–No es mi intención –sonrió él tranquilizándola. –Es sólo que merecemos ser felices, como lo merece cualquiera, y no voy a quedarme de brazos cruzados lamentándome por lo que hice o dejé de hacer en el pasado y que ahora nos tiene en esta situación.
–Yo también me equivoqué –admitió ella con pesar.
–Pero eso no es lo importante ahora –negó él. –Lo importante es que nos amamos y nuestro deseo es estar juntos, aunque debamos esperar un poco y ser cuidadosos hasta entonces.
–En ese caso deberías marcharte ya –sugirió Glimmer. –No tardará en llegar a oídos de Clove que ya eres libre y se extrañará por tu tardanza.
–Está bien –accedió él. –Pero antes dame otro beso, no sé cuánto tiempo pasará hasta que podamos volver a vernos.
–Será más pronto de lo que imaginas –alegó ella con coquetería. –He oído por Gloss que Rue y Thresh quieren hacer una fiesta para anunciar su compromiso, pero que están aguardando a que se aclare tu situación. Él te aprecia demasiado como para andar festejando.
–El bueno de Thresh –sonrió él. –Pero eso no quita que puedas besarme ahora ¿no? –le hizo un mohín casi infantil.
Glimmer rió complacida antes de volver a besarlo. Aunque no se lo dijera, siempre le dejaba un sabor agridulce el beso de despedida, ante esa incertidumbre de no saber cuándo podría volver a sentirlo cerca. Pero las palabras de Marvel abrían ante ella un mundo lleno de ilusión, la de una vida nueva para los dos y eso haría más llevadera su separación. En ella quedó esa esperanza y él se marchó lleno de la fortaleza que precisaba para enfrentar todo lo que se antepusiera a su felicidad aunque, de momento, debiera esperar.
Atravesó las puertas de su finca haciendo acopio de todo su temple y seguridad. Debía guardar las apariencias frente a Clove, aunque no iba a fingir ante ella un amor que no sentía. Ahora que lo pensaba, nunca se habían profesado ese tipo de afecto, y con menos razón lo haría entonces. Se preguntaba, si era cierto lo que le había dicho Seneca, porqué tanto esfuerzo para conseguir su libertad y la respuesta no tardó en acudir a su mente. Primero, ella sola no era capaz de sacar adelante la finca y segundo, seguramente le había prometido al Capitán que lo ayudaría en su empeño por conseguir a Katniss. Si de él dependía, no le entregaría a su hermana jamás.
Comenzó a recorrer el sendero hacia el palacio y que atravesaba el jardín. Todo seguía igual, al fin y al cabo sólo había estado fuera unos cuantos días, aunque a él le habían parecido siglos. No hubo caminado unos pasos cuando salieron a su encuentro Effie y Annie.
–Marvel –corrió Annie hacia él.
–Señor Conde –lo saludó en cambio Effie lanzando una mirada de advertencia a la joven.
–Effie, no la regañes –repuso él abrazándola. –Sabes que cuando estamos solos prefiero que no me tratéis con trato protocolo.
–Me alegro tanto de que ya seas libre –continuó Annie.
–Veremos que se trae el Capitán Seneca entre manos –contestó sin embargo.
–Katniss está muy afectada –le confirmó Effie. –Hubo momentos en los que temí que flaqueara y aceptase la propuesta del Capitán.
–No si yo puedo remediarlo –negó Marvel con rotundidad. – ¿Dónde está?
–Apenas sale de su habitación –le informó Annie.
–Tu mujer, sin embargo, parece radiante –alegó Effie con fastidio.
Marvel la miró lleno de comprensión y, a pesar de ser consciente de que le acababa de pedir cautela y paciencia a Glimmer, no pudo reprimir el deseo de contarles sobre su amor y la decisión que acababan de tomar.
– ¿Qué sucede? –preguntó la mujer al observar la sonrisa que se acababa de dibujar en el rostro del joven.
–Sé que puede pareceros incorrecto e inmoral y entiendo que nos juzguéis mal –las tomó a ambas de la mano –pero Glimmer y yo…
– ¿Por fin estáis juntos? –lo interrumpió Annie emocionada.
–Bueno… –titubeó Marvel azorado por la inesperada reacción por parte de las dos mujeres que lo miraban sonrientes.
–Obviamente los dos estáis casados –prosiguió Effie. –Pero os amáis ¿no? Tú ya entiendes a lo que nos referimos –agregó con cierta impaciencia.
–Ahora vengo de verla –admitió él completamente encandilado provocando una sonrisa de complicidad entre Annie y Effie. –Esto es serio –habló con formalidad ahora. –No quiero otorgarle a Glimmer el papel de amante, no sé cómo pero no pararé hasta que pueda hacerla mi esposa.
–En Francia existe algo llamado divorcio que hace que los matrimonios se disuelvan ante la ley –comentó Annie. –Ahora que estamos bajo el dominio de los franceses, tal vez esa ley también se pueda aplicar aquí.
–Ese Teniente Finnick te tiene muy informada de todo –la miró Effie con falsa censura.
–Hablando de él –la cortó Marvel. –Me ha prestado este caballo y alguno de sus hombres vendrá a por él –lo señaló. –Parece que lo ha hecho a espaldas del Capitán.
–Cualquiera diría que es un rebelde –asintió Effie con aprobación.
–Pues casi –susurró Annie cabizbaja.
–En cualquier caso, sería bueno que no se enterara Cinna –repuso Marvel. –Y también sería bueno que yo me diera un baño, apesto –agregó gesticulando exageradamente. –Nos vemos luego –les dijo despidiéndose mientras ellas lo veían marcharse sonrientes.
Con largas zancadas subió la escalinata de la entrada y decidió que ese baño debía esperar un poco más. Tenía que hablar con Katniss.
–Veo que el Capitán Seneca ha cumplido con su palabra –se encontró con Clove de frente, muy a su pesar.
–Sí, parece que has sido muy persuasiva con él –apenas se acercó a ella. –Alega que te debo mi libertad.
–Sólo le enumeré los motivos que cualquier esposa tiene para querer a su marido libre –le dijo ella. –Y han sido más que suficientes por lo que puedes comprobar. ¿Ves que no hay que tenerlo en tan baja estima? Si tan solo pudieras convencer a Katniss para que se case con él, toda esta enemistad llegaría a su fin.
–No quiero volver a oír algo semejante en mi presencia –dio un paso al frente con mirada desafiante. –En aquella cárcel he comprendido que no debo ceder ante Seneca a ningún precio. Katniss no está en venta, Clove, que te quede claro.
Con los puños fuertemente apretados contra sus muslos continuó hacia la habitación de su hermana, importándole muy poco lo que Clove pudiera pensar. Ahora más que nunca estaba convencido de que Katniss debía buscar la felicidad, aunque fuera al lado de Peeta Mellark. Su madre había sido una asesina, sí, pero no podía culparlo a él por sus delitos.
– ¿Katniss? –golpeó en su puerta. Enseguida escuchó como unos rápidos pasos se aproximaban a la puerta.
– ¡Marvel! –se lanzó ella a sus brazos en cuanto la hubo abierto.
– ¿Has visto como no tenías que preocuparte? –caminó con ella hacia el interior de la habitación. –Seneca ha decidido liberarme.
–No creo que sea así de fácil –desconfió ella. –Sabes bien lo que quiere y yo…
–Jamás debe tenerlo, Katniss –atajó él. –Si hay que luchar contra él lo haremos. Por mí, por ti y por Vilastagno. Nuestra gente que no tiene la culpa de lo sucede.
–Pero es un hombre poderoso –discrepó ella.
–Llevamos un nombre honesto, Katniss y no se lo venderé a Seneca.
–Marvel…
– ¡No, Katniss! Estoy cansado de apoyar sus porquerías.
Su hermana lo miró llena de extrañeza, le sorprendía tanto escucharlo hablar así…
–Sí, Katniss, he cambiado, y mucho –le leyó el pensamiento. – ¿No eras tú la que decía que el amor era lo más importante?
– ¿Lo dices por ti o por mí? –tanteó ella.
–Lo digo por los dos –dijo con más suavidad ahora.
– ¿Entonces… tú y Glimmer? –preguntó abrazándolo. –No sabes cuánto me alegro.
–Lo sé –la rodeó él aliviado, habiendo comprobado que contaba con el apoyo de todos los que le importaban. –Y sé que finalmente conseguiremos estar juntos, pero no puedo anteponer mi felicidad a la tuya.
–Tú nada puedes hacer –murmuró ella con resignación.
–Tal vez si yo hablara con Peeta…
– ¿Tú? –se sorprendió ella.
–Al fin y al cabo maté a su madre, Katniss –se lamentó él.
–Y ella a los padres de Glimmer e indirectamente provocó la muerte de los nuestros –discrepó ella. –Yo jamás lo he juzgado a él por los crímenes de su madre. En cambio él…
– ¿Te culpa a ti de su muerte? –frunció el ceño.
–No, pero no termina de creer en mis palabras y en tu intención de defenderme –respondió con pesadumbre.
–Puede que sólo necesite algo de tiempo –sugirió él. –Por muy asesina que fuera, era su madre. Tal vez lo ciegue el dolor de su perdida.
–Casi lo justificas más que yo –lo miró su hermana con suspicacia.
–Sólo quiero que seas feliz, Bella –le explicó. –Si quieres estar con él, no me opondré.
–Quizás sea él quien no quiere estar conmigo –susurró con mirada acuosa.
–Si te ama, volverá –la abrazó de nuevo, consolándola y Katniss lo dejó hacer. Rogó porque su hermano tuviera razón y clamó a ese amor que Peeta le había asegurado que sentía por ella deseando que fuera lo suficientemente fuerte para resistir aquello. Si tiempo era lo que precisaba, Katniss tenía todo el del mundo para entregárselo si hacía falta.
* ~ § ~ *
Peeta cerró con apatía el libro, lanzándolo sobre el escritorio con un golpe sonoro. Se levantó del mullido butacón y comenzó un deambular errático por la biblioteca, con las manos unidas atrás, en su espalda, en gesto meditabundo.
Aquel maldito dolor en su pecho no le daba descanso ni un solo instante; ni concentrarse en una lectura ligera le permitía. Era cierto que aquella desolación sentida con la muerte de su madre había amenazado con destruirlo, pero con el paso de los días, aquel pesar, al menos, ya le dejaba respirar. Sin embargo, el hueco que se iba liberando en su interior se iba llenando al instante de un dolor mucho más profundo y que, para su desgracia, no iba disminuyendo con el tiempo. Al contrario, con cada minuto que pasaba, la necesidad que tenía de Katniss era más difícil de soportar. Extrañarla era decir poco, se sentía incompleto, vacío sabiéndola lejos de él. Y lo que más dolía era que él la había apartado de su lado. ¿Pero qué otra cosa podía hacer? Marvel había matado a su madre y, aunque Katniss se empeñara en alegar que había sido defendiéndola ¿cómo era eso posible? Aquello significaría que su madre era una asesina y era algo inconcebible, pero la contrapartida suponía que Katniss era una embustera y eso le rompía el alma.
Se apretó las sienes, preso de la exasperación. Tanto cavilar le iba a llevar a la locura y mucho se temía que no le entregaría solución alguna. A pesar de todo, quería estar con Katniss ¿era eso tal pecado? A fin de cuentas no había disparado ella contra su madre, no podía juzgarla por lo que había hecho su hermano. Pero… ¿y si le había mentido para protegerlo?
– ¡Al diablo con todo! –exclamó en voz alta llevado por la desesperación. La quería, la amaba, y necesitaba tenerla cerca, aún a pesar de su hermano y de todo lo ocurrido, y si ella lo aceptaba, jamás volvería a apartarse de su lado.
Con rotunda decisión abandonó la biblioteca en busca de su caballo cuando, llegando al corredor, se encontró con Haymitch.
–Iba en tu busca –le dijo con tono grave. –El Capitán Seneca y ese Sargento, Chaff, están en la entrada esperando por ti.
– ¿Qué es lo que quiere? –le preguntó caminando ya los dos hacia la salida.
–No lo sé.
–Pues averigüémoslo –repuso acelerando el paso. –Capitán Seneca, ¿a qué debo vuestra visita? –dijo sin rodeos.
–Necesitamos inspeccionar de nuevo la escena del crimen –le hizo una seña a Chaff para que se adelantara.
Peeta miró a Haymitch indicándole así que le acompañara.
–Creí que estaba todo más que claro –espetó el joven sin embargo.
–Faltan algunos datos para concluir la investigación y cerrar así el sumario –le explicó Seneca con simulada indiferencia.
– ¿Cerrar el sumario? –lo miró extrañado. Seneca tuvo que morderse la lengua para evitar reír; tan manejable que parecía un títere en sus manos. – ¿Ya habéis dictado sentencia? No he escuchado nada acerca del juicio.
–Por supuesto que no habéis oído de él; jamás se ha realizado –respondió esforzándose en mantener su seriedad.
– ¿Qué queréis decir? –se sorprendió.
–El Conde Marvel Everdeen ha sido liberado esta mañana –le informó con tono solemne. –Ya sabéis que sostiene que actuó en legítima defensa, por lo que su responsabilidad no es clara. Aunque, a decir verdad, tampoco he sido capaz de rechazar el trato que me ha ofrecido.
– ¿Trato? –Preguntó contrariado – ¿Qué tipo de trato?
–Su libertad, a cambio de la mano de su hermana Katniss. La propia Condesa se ha ofrecido –añadió saboreando la satisfacción de aquella estocada. El semblante pálido de Peeta daba claras muestras de que había conseguido su cometido. Debería agradecérselo a Clove como era debido.
–Mentís –le escuchó mascullar entre dientes.
– Katniss está feliz de ser mi esposa, Marqués –apostilló, sabiendo que el detalle de llamarla así se le clavaría como un puñal. –Podéis preguntarle a ella si queréis. Chaff, ¿ya has terminado? –preguntó mirando por detrás de Peeta.
–Sí, Capitán –respondió caminando el sargento hacia él.
–En ese caso nos retiramos –se dirigió a Peeta ahora con malsana suficiencia. –Gracias por vuestro tiempo.
Peeta los observó marcharse impávido, paralizado, incapaz de reaccionar ante aquello.
– ¿Qué pasa, Peeta? –escuchó a Haymitch a sus espaldas.
–Ha venido a restregarme en la cara que ha liberado a Marvel a cambio de entregarle a Katniss en matrimonio –le narró con la mandíbula tensa por la ira.
– ¿Y tú vas a creer tal barbaridad?
– ¿Y por qué no? –lo encaró. –Si Katniss es capaz de mentirme a mí, diciendo que mi madre quería matarla para así poder salvar a su hermano puede que también lo sea de venderse para sacarlo de la cárcel.
–No digas cosas de las que te puedes arrepentir, Peeta –le advirtió.
–De lo que me arrepiento es de haber estado a un paso de flaquear –farfulló apretando los puños.
– ¿A dónde vas? –tomó su mano viendo su ademán de marcharse.
–Déjame –se soltó de su agarre con brusquedad saliendo de allí.
Corrió hacia las caballerizas y ensilló el primer caballo que encontró. Katniss no se iba a burlar de él, al menos que tuviera la valentía de decírselo de frente, que todo había sido un engaño en el que él había caído como un imberbe. Espoleó con saña al animal llevándolo al galope. Y pensar que sólo instantes atrás había decidido correr un tupido velo sobre todo lo sucedido, deseando comenzar de cero y compartir su vida con ella. ¿Cómo había sido tan ingenuo? Y si Marvel había tenido la suficiente sangre fría como para matar a su madre, menos escrúpulos hacían falta para sacrificar a su hermana por su libertad.
Al llegar a la finca, se dirigió sin dilación hacia el patio de servicio, confiando en hallar a Effie y que le ayudase a encontrarse con Katniss.
–Peeta ¿qué haces aquí? –exclamó la mujer sorprendida de verlo allí.
–No tengo tiempo para explicaciones –atajó sin desmontar siquiera. –Necesito hablar con Katniss. Es urgente.
–No está aquí –respondió ella.
–Effie, por favor –dijo con tono de advertencia. –No me la niegues.
–No te la estoy negando –se defendió ella molesta. –Se ha marchado con Marvel y Clove a casa de sus padres. El Conde Thresh y la Marquesa Rue se comprometen esta noche.
El joven tironeó de las riendas del caballo y, sin apenas mirarla, dirigió el caballo hacia la salida.
– ¡Peeta! –escuchó a Effie llamarle. Pero él no tenía interés alguno en darle respuestas. Necesitaba llegar a Turín cuanto antes mejor, antes de que aquella rabia que sentía lo cegase por completo.
Ya oscurecía cuando llegó al Palacio Di Monti. Desmontó entregándole las riendas del caballo a un mozo y no tuvo ningún problema para entrar, dada su condición de noble. Lo primero que hizo fue acudir a la pequeña salita donde los caballeros depositaban sus armas. Se suponía que iban a festejar, no a pelear. Tomó un florete cualquiera y se dirigió hacia el salón principal.
Oteó entre los asistentes y no tardó en encontrar a Marvel que brindaba con Thresh y a Katniss que conversaba animadamente con Rue. Muy oportuno, seguramente pidiéndole consejos para la celebración de su próximo compromiso. Se abrió paso entre la gente y se colocó frente a Marvel, sorprendiendo a todos los presentes.
– ¡Peeta! –exclamó Katniss mientras Clove la tomaba de un brazo para impedirle que se acercara a él.
Sonriendo entre dientes observó complacida como su plan estaba dando frutos. En ese momento, Peeta le lanzaba un florete a Marvel y que éste tomó de la empuñadura al vuelo, dejando caer la copa.
– ¿Qué hacéis? –preguntó el joven atónito.
–Felicidades por vuestra excarcelación –escupió Peeta lleno de ironía. –Veo que no hay justicia en esta tierra si ese es el veredicto para un asesino.
– ¿Qué pretendéis? –inquirió Marvel al verlo colocarse en posición de guardia con su florete en alto.
–Reclamar la justicia que las leyes parecen querer negarme –repuso con agravio, haciéndole una seña con la espada para que izase la suya.
Y Marvel la alzó, pero para golpear con fuerza sobre la de Peeta sin preaviso, arrancándosela de las manos.
–No pienso luchar con vos –espetó soltando también la suya. –Escuchadme…
–No quiero escuchar palabra alguna que venga de un cobarde como vos –lo miró con desprecio. –Sólo un hombre sin honor entregaría a su hermana a un ser tan ruin como Seneca a cambio de su libertad.
–No sabéis lo que decís –bramó Marvel ofendido.
Pero Peeta no se dio por aludido. Caminó lentamente hacia Katniss, con una expresión en su rostro que la joven no era capaz de descifrar, una mezcla entre odio y repulsión que le comprimía el corazón. Aquello no era un simple malentendido; aquello era el abono en forma de putrefacto estiércol que había hecho crecer en Peeta la maldita semilla de la duda y que ella había estado rogando porque no brotara. Lo vio detenerse frente a ella y aguardó expectante, conteniendo el aliento, mientras sentía su mirada de zafiro gélida como el hielo.
–Permitidme que os de la enhorabuena por vuestro próximo matrimonio con el Capitán Seneca –pronunció con intencionada y dolorosa indiferencia, la misma con la que tomó su mano y se inclinó sobre ella para besarla. El hielo de su mirada se tradujo en el tacto de sus dedos y sus labios y aquella caricia que no mucho tiempo atrás fue dulce, se tornaba ahora en lacerante y frío estigma sobre su piel.
Quedó atónita y profundamente desconcertada por su afirmación y su forma de actuar mientras aquel beso de hielo recorría sus venas hasta su corazón, llenándose de desesperanza y sintiendo con cada paso que Peeta daba para salir de la estancia como se alejaba de su vida y, ésta vez, quizá, sin remedio.
Continuara….
Siento la demora pero en el lugar donde me encontraba no había señal de Internet, así que tuve que esperar hasta regresar a mi casa para poder enviar les el capítulo. Sin más demoras
Creo que hoy es un día de luto por la muerte de Vincent, aunque no fue un personaje muy importante fue muy significativo para la estancia de Marvel en la cárcel y ese capitán Seneca que se vaya a la M*****
Seneca y Clove son tal para cual los dos con sus planes malévolos han hecho que Peeta pierda el control y con ello la confianza del amor de Katniss.
Agradecimientos:
