CAPÍTULO 22
Cuando Beetee recibió la noticia, no pudo ocultar su sorpresa. Desvió su vista hacia Haymitch que se encontraba de pie cerca de uno de los ventanales de la biblioteca, como buscando un afianzamiento en esas palabras, asintiendo Haymitch.
-Ya está decidido –le reiteró a su vez Peeta, sentado en el mullido butacón. –En un par de días regreso a Francia. Tú puedes venir conmigo o, si lo prefieres, permanecer aquí.
-Ya soy viejo, mi joven Señor –se excusó. –Si es posible quisiera quedarme aquí.
-En ese caso recibirás una pensión vitalicia –declaró Peeta. –Sé cuánto te estimaba mi madre y no habría querido que te faltase nada. Además has dedicado tu vida a nosotros y es lo menos que mereces.
-Eso es demasiado –se negó él. Le bastaba con poder permanecer allí, al lado de su Señora, poder llevar flores a su tumba y velar por sus secretos y su sueño eterno. –La devoción por vuestra familia es la que me ha llevado a dedicaros mi vida, no la obligación –dijo en cambio.
-Insisto, Beetee –habló con rotundidad.
-Sois muy generoso, mi joven Señor –se inclinó levemente.
-Por favor, ordena a los criados que vayan preparando mi equipaje –le pidió.
-Así será –respondió. –Con permiso –agregó retirándose.
-Entonces, finalmente, huyes –ironizó Haymitch cuando Beetee hubo cerrado la puerta.
-Haymitch… -pronunció Peeta con tono de advertencia, no queriendo continuar con esa conversación.
-Es muy propio de un "espíritu luchador" como el tuyo –prosiguió ignorándolo. –Si quieres te traigo tu máscara de "Gavilán" a ver si te infunde un poco de valor.
-¡Basta! –espetó Peeta. –Te digo lo mismo que le he dicho a Beetee, puedes venir conmigo o quedarte, lo dejo a tu elección.
-No puedes rendirte así…
-Y por lo que se refiere al Gavilán –lo atajó duramente, -avisa a los hombres. Habrá una reunión mañana.
-Los abandonas –negó con la cabeza, disgustada.
-El tiempo del guerrero ha pasado –respondió con la cabeza gacha. –Haz lo que te pido, por favor.
Haymitch resopló contrariado pero asintió. En cualquier caso había decido ya ir a visitar a Effie ese mismo día y, ahora, con más motivos; debían encontrar una solución. Al pasar por el jardín, yendo a por su caballo, vio en la lejanía a Beetee, arrodillado frente a la tumba de la Marquesa… su comportamiento de esos días le parecía muy extraño, ya no era simple curiosidad. La idea de que él sabía algo sobre las intenciones de Enobaria para matar a Katniss le rondaba insistentemente, aunque bien sabía que conseguir alguna información por parte de Beetee era imposible. Si sus sospechas eran ciertas, sería traicionar a su patrona y él no lo haría jamás.
Al llegar a la finca, se preguntó dónde debería buscar a Effie e imaginó que, con todo el asunto del matrimonio, estaría muy ocupada. Sabía dónde guardaba una copia de la llave de su casa, así que la esperaría allí. De camino se cruzó con Annie y le hizo una seña para saludarla.
-¡Annie! –tuvo finalmente que llamarla para llamar su atención.
-Discúlpame, estaba distraída –se excusó la muchacha.
-¿Estás bien? –le preguntó al ver su semblante apagado.
-Sí, sólo un poco cansado –argumentó ella.
-¿Seguro? –insistió él sin terminar de creerle. –Te puedo recomendar unas tisanas.
-No hace falta –negó ella con una leve sonrisa.
-Está bien –se dio por vencido. –Escucha, ¿puedes hacerme un favor?
-Sí, claro.
-Necesito que le digas a Effie que la espero en su casa –comenzó a explicarle. –Sé dónde tiene una llave así que estaré bien, no quiero que se apure. Supongo que deberéis estar ocupadas con la boda.
-Ni te lo imaginas –hizo una mueca de disgusto. –Y lo peor es que la única que está feliz con la idea es Clove.
-¿Y Katniss? –frunció el ceño.
-Se pasa las horas encerrada en su habitación, ni siquiera me permite que le haga compañía. Pero desde el otro lado de la puerta la escucho llorar –se lamentó. -Marvel tampoco sale apenas de su recámara, estando como está tan disgustado con este matrimonio.
Haymitch trató de asimilar sus palabras, pensativo.
-Debo marcharme ya –interrumpió sus cavilaciones la muchacha. –Clove se pondrá furiosa si nota mi ausencia. Le daré tu mensaje a Effie –le dijo ya alejándose de él.
Con paso meditabundo, Haymitch se dirigió a casa de Effie, lleno de confusión. Sabiendo el amor que Katniss sentía por Peeta, era muy lógico su comportamiento, pero el que no lo parecía tanto era el de Marvel. Si le había concedido la mano de su hermana a Seneca para pagar su libertad, ¿por qué se mostraba ahora en contra? La idea del chantaje volvió a su mente, aunque acompañada de otra más… ¿y si todo había sido una mentira, una trampa? Y Peeta había caído como un ingenuo, cegado como estaba por el dolor, provocando que la situación desembocara en todo aquello.
-Haymitch –escuchó la voz de Effie en el umbral.
Con premura, Haymitch acudió a su encuentro mientras ella cerraba la puerta.
-Espero que no te importe que me haya tomado la libertad de entrar –se disculpó él. –Supuse que tardarías más en venir y no quería que nadie me viera aquí y pudiera perjudicarte con tus patrones –agregó en tanto le ofrecía la llave.
-Prefiero que la conserves tú –alegó sonriente, acercándose a él para besarlo.
Haymitch la estrechó con fuerza contra su cuerpo, disfrutando de la caricia femenina y feliz por lo que aquel pequeño objeto en su mano significaba.
-Necesito hablarte –le dijo sin apenas soltarla.
-¿Sobre qué? –murmuró ella aún cerca de sus labios.
-Sobre algo que afecta a Peeta y Katniss y también a nosotros.
Aquello captó toda la atención de Effie, percatándose de la seriedad en las facciones de Haymitch.
-Sentémonos –le pidió. -¿Qué ha sucedido?
-En primer lugar quiero preguntarte algo –hizo una pausa. -¿Conoces los motivos de Katniss para casarse con James?
-La verdad, no –repuso contundente. –Y sinceramente, me resulta todo muy extraño. Me contó Annie que la otra mañana, Katniss había salido dispuesta a hablar con Peeta para desmentirle lo de su matrimonio con Seneca pero cuando volvió, lo hizo anunciándole a Marvel que finalmente sí había decidido aceptarlo.
-Un poco más despacio, por favor –agitó él las manos. –El día que excarcelaron a Marvel, Seneca vino a informarle de ello a Peeta, aunque su verdadera intención era regodearse de que Katniss lo había aceptado a cambio de la libertad de su hermano…
-¡Eso es mentira! –exclamó ella. –Marvel jamás habría permitido eso. Seneca lo liberó porque…
-Porque quería tenderle una trampa a Peeta –concluyó Haymitch. –Pretendía provocarlo y lo consiguió, haciendo que desconfiara más de Katniss.
-La que no comprende ahora soy yo –repuso Effie. -¿Por qué Katniss decidió casarse con Seneca cuando fue a explicarle a Peeta la verdad? ¿Acaso la rechazó?
-No llegó a hablar con él –se lamentó Carlisle. –Aquella mañana, Peeta no estaba solo, Delly lo acompañaba. Ella siempre ha estado enamorada de él y quiso aprovecharse de su momento de debilidad y lo besó, con tan mala fortuna que Katniss los vio.
-¿Y no era que Peeta la amaba tanto? –se molestó Effie.
-Te aseguro que él no tomó la iniciativa –la calmó. – Peeta es un caballero y jamás difamaría a una mujer. Si él dice que la muchacha lo besó, yo le creo.
-Entonces ahora todo tiene sentido –entendió Effie.
-Sí, pero tenemos que hacer algo –espetó él, mortificado. –Estoy empezando a arrepentirme de no haberle contado la verdad a Peeta sobre su madre, pero ahora es tarde. No serviría para desenredar esta maraña de mentiras.
-Tienes razón –asintió ella. -¿Qué has pensado?
-A Peeta no le puedo contar la verdad, pero tal vez a Peeta, sí –le sugirió. –Si le explico, quizá entre en razón y desista de esta idea absurda de casarse con Seneca.
-Espera un minuto –dijo de repente, saliendo con premura de su casa y regresando al cabo de un momento.
Haymitch la miró confuso.
-He mandado a Annie en su busca –le explicó. –Creo que hablar con ella es la única opción que nos queda.
-Gracias –tomó sus manos aliviado. –Hablando de Annie, acabo de verla y no tenía buen semblante, ¿está enferma? Le he ofrecido una tisana pero se ha negado.
-¿Tienes algún remedio para el mal de amores? –sonrió ella con tristeza.
-No me digas que la pequeña Annie está enamorada –comentó divertido. -¿Conozco al afortunado?
-Nada más y nada menos que el Teniente Finnick –le informó, evaporándose toda la diversión del rostro de Haymitch.
-No quiero ni pensar en la reacción de Cinna si se entera.
-Pues si no se lo quitan de encima los muchachos Finnick habría resultado con algo más roto aparte del labio.
-Ahora entiendo por qué Annie está así –concluyó él.
-Cinna apenas le quita la vista de encima –apuntó Effie. –No quiere arriesgarse a que vaya a buscarlo.
-Parece que en esta época el amor no resulta fácil para nadie –lamentó él.
-¿Y para nosotros? –preguntó ella. –Hace un momento me has dicho que debías contarme algo de Peeta que también nos afectaba a nosotros.
- Peeta ha decidido marcharse –dijo sin rodeos.
-Y tú te vas con él –supuso entristecida.
-Eso depende de ti –acarició él su mejilla sonriente. –Creo que Francia te gustaría, pero entendería que no te quieras separar de Katniss en estos momentos, aunque reconozco que extrañaría a Peeta.
-Haymitch… -murmuró Effie, -¿lo dejarías solo por mí?
-Entiendo que pueda necesitarme –respondió con pesar, -pero yo te necesito a ti. En Francia o aquí no me importa, con tal de que estemos juntos… si es lo que quieres, claro.
Effie lanzó sus brazos alrededor de su cuello para besarlo con efusividad, correspondiendo Haymitch a su arrebato.
-Eso quiere decir que…
-No lo sé –respondió ella con entusiasmo.
-Pero –frunció él el ceño sin comprender absolutamente nada.
-Depende de si conseguimos que el par de tórtolos vuelvan a estar juntos –rió ella. –Aunque no me importa vivir aquí, en Francia o en la lejana China con tal de estar contigo.
Ahora fue Haymitch quien rió y la atrajo hacia sí para besarla. Por un segundo había temido estar equivocado pero la respuesta de Effie no podría haberlo hecho más feliz.
-Effie –escucharon a Katniss al otro lado de la puerta, apresurándose ella en acudir a abrirle.
Cuando la joven entró y vio a Haymitch allí, se mostró más que sorprendida.
-¿Qué significa esto? –miró a Effie contrariada.
-Por favor, tienes que escucharlo –le pidió ella.
- Peeta no sabe que estoy aquí si es lo que te preocupa –se adelantó él.
-No entiendo –titubeó ella, dejándose guiar por Effie, que la acompañaba hasta una de las sillas.
-Primero quiero pedirte perdón –comenzó Haymitch. –Soy poseedor de una verdad que no quise revelar a Peeta y que, tal vez, de haberlo hecho, habría evitado esta situación.
-Te lo ruego, Haymitch, habla claro –se exasperó Katniss. –Tengo demasiado en la cabeza como para jugar a los acertijos.
-Tranquila, Katniss –posó Effie su mano en su hombro mientras le ofrecía una tisana. –Toma esto, te hará bien.
La joven inspiró lentamente y asintió, dispuesta a escuchar a Haymitch.
- Katniss, puede que te resulte difícil de creer, pero no conocíamos el pasado de Enobaria, ni sus crímenes. Yo mismo vine a enterarme hace unos días.
-Eso es imposible –negó ella con rotundidad.
-Te lo juro –le reiteró él. –Si no, ¿cómo crees posible que Peeta no haya sido capaz de justificar a tu hermano? La única razón sería que él fuera un villano y tú bien sabes que no es cierto. Por eso nunca entendimos el odio de Marvel hacia Enobaria, porque no sabíamos el daño que había causado.
-¿Y de qué me sirve a mí que me digas ahora todo esto? –preguntó llena de confusión. – ¿Por qué no se lo dices a él? Peeta es quien me ha apartado de su lado, el que mintió al decirme que me amaba. Apeló a un dolor inmenso para alejarse de mí cuando en realidad estaba con Delly.
-Eso no es cierto –la interrumpió Haymitch. –Fue ella quien se aprovechó de la situación al verlo tan hundido.
-Sí, por supuesto –espetó con sarcasmo. –Muy apropiado.
-Peeta te ama y está tan desesperado por tu inminente matrimonio con Seneca que ha decidido marcharse a Francia.
Katniss guardó silencio durante un segundo tras lo que lanzó una leve carcajada, llena de ironía.
-No creí que fuera tan cobarde –masculló.
- Katniss …
-Él es quien me ha puesto en esta situación –exclamó dolida. –Y debería quedarse para ver culminada su obra.
-Fue cuando lo viste con Delly que decidiste casarte con Seneca ¿verdad? –quiso saber él.
-Llegué al palacio con la intención de aclararle todo –dijo con las lágrimas recorriendo sus mejillas. –No sabía de dónde había sacado la absurda idea de que mi hermano le había concedido mi mano a Seneca a cambio de su libertad, pero estaba dispuesta a asegurarle que era mentira. En cierto modo me alegra haberlo hecho; así descubrí la verdad sobre Peeta.
-Estás equivocada, Katniss –negó Haymitch con rotundidad. –Te repito que no hay nada entre Peeta y Delly. Y sobre esa absurda idea, fue el propio Seneca quien se lo aseguró a Peeta.
-¿Qué estás diciendo? –inquirió ella.
-El mismo día que liberó a tu hermano, fue a buscarlo, a jactarse de su triunfo, asegurándole que Marvel había estado de acuerdo en vuestro matrimonio –le explicó.
-Pues entonces es peor de lo que creía –murmuró enjugándose las lágrimas casi con brusquedad.
-¡Katniss! –intervino Effie por primera vez.
-¿Cómo pudo creer eso de mí? –se dio por ofendida. -¿En tan bajo concepto me tiene, creyéndome capaz de venderme así?
-Yo mismo creí que era un chantaje –lo defendió Haymitch.
-¿Y así es como me defiende, como me protege? –escupió Katniss. –No fue a buscarme aquella noche para pedirme una explicación por lo ocurrido. Si así hubiera sido tal vez habríamos aclarado todo. Pero no, simplemente me dejó en evidencia delante de todo el mundo, dando a entender que yo era una…
-Él nunca pensaría eso de ti y lo sabes –la cortó.
-Yo ya no sé nada –musitó resignada, casi destruida.
-Tenéis que hablar –tomó Effie su mano cariñosamente. –No puedes casarte con Seneca y tampoco puedes dejar que él se vaya así.
-Nunca ha querido escucharme –negó ella. -¿Por qué va a hacerlo ahora?
-Porque lo necesita –le respondió Haymitch. –Está tan desesperado que por eso está huyendo de aquí. No soporta la idea de haberte perdido.
-Yo ya no puedo hacer nada por impedirlo –repuso vencida. –Me he comprometido con Seneca y no puedo echarme atrás ahora.
-¿Tu palabra para con él es más importante que tu amor por Peeta? –le reprochó Haymitch.
-Mi amor por Peeta es una causa perdida –alzó su voz. –Y no voy a sacrificar la seguridad de mi hermano por algo que no vale la pena.
-Temes que Seneca tome represalias –supuso él.
-Estoy convencida de ello –sentenció ella. –Y no voy a arriesgarme y poner la vida de Marvel en peligro por una fantasía.
-Peeta te quiere –le repitió Effie.
-Y yo a él –respondió Katniss con firmeza. –Pero nuestro amor no ha sido lo suficientemente grande y fuerte para soportar todas estas mentiras.
-Tal vez si le hablaras…
-No insistas, Haymitch –se puso ella en pie. –Ya no queda nada por hacer. Ahora, sí me disculpáis, me retiro.
Haymitch hizo el ademán de detenerla pero Effie tomó su brazo, evitándolo.
-Necesita tiempo –le dijo una vez que Katniss se hubo marchado. –Le has revelado demasiadas cosas, más de las que puede asimilar. Imagínate como habría reaccionado Peeta.
-Está tan ciego que no me habría creído ni una sola palabra. Ella al menos parece que sí, aunque está demasiado resentida –suspiró hondamente, cabizbajo. –Me siento tan culpable e impotente.
-Confía en mí –tomó ella su rostro entre sus manos para que la mirara. –Hasta pasado mañana tiene mucho tiempo para recapacitar.
-Ojalá tengas razón –esperó él. –Por lo pronto hay que avisar a los demás. El Gavilán quiere despedirse de ellos.
-…..-
Por primera vez en ese día, Marvel salió de su recámara. No quería toparse con Clove y que le pidiera explicaciones de donde iba aunque, aun sabiendo que ella estaría en contra, Marvel no cambiaría de opinión. Se le echaba el tiempo encima, apenas quedaban dos días para que Katniss se uniese a ese bellaco de Seneca y él tenía que impedirlo como fuera, así que le pidió a Cinna que ensillaran su caballo y puso rumbo hacia el Fuerte San Bartolomeo. Con suerte, antes de la cena, su hermana volvería a ser feliz.
Cuando llegó allí, inmediatamente lo condujeron al despacho de Seneca, a quien encontró alimentando a un ave que tenía cautivo en una jaula.
-Conde, -lo saludó al verlo. –No esperaba vuestra visita –dijo mientras continuaba con su tarea.
-No hace mucho vi un pájaro como ese en el bosque, libre –comenzó a narrarle Marvel, -y habría jurado que su plumaje era más vistoso y brillante. -Una criatura que está en una jaula, poco a poco se viene abajo, pierde su belleza.
-Si lo decís por vuestra hermana, no es mi intención tenerla en una jaula –captó Seneca al instante la finalidad de aquella metáfora.
-No se requiere necesariamente de barrotes para construir una jaula –apuntó igualmente Marvel.
-Sabéis muy bien que ella decidió casarse conmigo –dejó su quehacer para sentarse en su escritorio, invitando a Marvel con un gesto a hacer lo propio.
-Y vos sabéis muy bien por qué lo hizo –quedó de pie frente a él.
-Por supuesto –asintió Seneca. – Katniss ha decidido elegir y me ha elegido a mí.
-Sabéis que es lo que la ha impulsado a elegir –apoyó ambas manos sobre la mesa, inclinándose. –Capitán, apresadme, encerradme en prisión y extraviad la llave.
-¿Con qué cargos? –preguntó Seneca irónico.
-Maté a Enobaria Mellark porque la odiaba, cumpliendo con la amenaza que lancé contra ella delante de todos, incluso de vos –recitó con toda la seriedad de pudo, pero sin producir el efecto que deseaba, riéndose Seneca en cuanto terminó.
-¡Por Dios, Conde! Un hombre con vuestra inteligencia –lo miró con desdén. ¿Cómo podéis pensar que voy a arrestaros un par de días antes de mi matrimonio?
-No pretendáis no entender -rebatió Marvel con apasionamiento. -Os estoy ofreciendo mi vida a cambio de la de mi hermana.
-No os ofendo si os confieso que estoy más interesado en la vida de Katniss que en la vuestra ¿verdad? –apuntó mordaz. -Hoy no os arrestaría ni aunque confesarais que sois El Gavilán.
-Vos no tenéis honor ni lo conoceréis jamás –masculló Marvel.
-Basta de ofensas –espetó Seneca poniéndose en pie. - Sois el único que se opone a este matrimonio. Vuestra mujer es feliz, vuestra hermana ha elegido con total libertad y todo Vilastagno gozará con esta boda. Lo habéis intentado todo así que dormid esta noche con la conciencia tranquila, porque esto termina aquí. Rendíos de una vez.
Sin más que poder decir, Marvel se retiró, aunque no rendido, sino vencido; ya no sabía cómo evitar aquella monstruosidad. Por un segundo, pensó en acudir a Peeta, pero desechó la idea al instante, sabiendo que era muy probable que ni siquiera lo recibiera. Sólo restaba hablar con Katniss. La había estado evitando desde que había aceptado la propuesta de matrimonio de Seneca para demostrarle cuan en contra estaba de aquello, pero eso no la había hecho recapacitar. Tal vez un último intento con ella sirviera para algo y, en cuanto llegó a la finca se dirigió sin demora a su cuarto, aunque esta vez no pudo impedir encontrarse con Clove, que parecía haber estado buscándolo.
-¿Se puede saber dónde te habías metido? –se cruzó de brazos frente a él.
-He ido a hablar con Seneca –le informó.
-¿Y para qué? –preguntó con cautela.
-Para disuadirlo de casarse con Katniss –no le ocultó sus intenciones para que ella no dudase de su postura frente a esa boda.
-¿Te has vuelto loco? –se escandalizó. –Marvel, deberías ser más sensato. Tu hermana va a casarse con un hombre brillante, que nos hará llegar muy lejos con la situación política actual. Será la esposa de un hombre poderoso e incluso puede que vuelva con él a París recibiendo todos los honores.
-¿Es eso lo único que te importa? –la miró con hastío. Hay cosas más valiosas que la riqueza y el poder. ¿No importa para nada el amor?
-Hablas como si tuviéramos alternativa, Marvel y no la tenemos –negó ella con firmeza. -Unámonos a Seneca o sufriremos las consecuencias, su venganza. Por una vez en la vida, tu hermana está haciendo lo correcto.
Marvel la observó durante un momento, asqueado, negando con la cabeza como si le costara creer que había escuchado semejante improperio y volvió a arrepentirse por enésima vez de haberse casado con ella. Sin mediar más palabra, giró sobre sus talones y continuó hacia la habitación de Katniss.
Vista la frialdad que le había mostrado en esos días, no sabía si querría verlo, pero Katniss no tardó abrirle en cuanto le dijo que era él.
-Pensé que no querías verme –le dijo ella con tristeza al hacerlo pasar.
-Perdóname –besó su frente, -pero es que ya no sé cómo hacerte entender que no quiero que te cases con Seneca.
-Marvel…
-Ven –tomó su mano y la hizo sentarse en la cama, a su lado. –Creo que no sabes la cantidad de veces que he jurado que te protegería frente a la tumba de nuestro padre y de Portia. Ella me encomendó tu cuidado antes de morir, y no creo estar otorgándole ningún honor a mi palabra permitiendo que sacrifiques toda tu vida uniéndote a un hombre que desprecias.
-He sido yo quien ha escogido, nadie me obliga a hacerlo –se excusó ella.
-¿No te obligas tú misma? –demandó él.
Katniss lo miró confusa, sin entender.
-Aún recuerdo como aquella mañana te marchaste de la biblioteca con la firme intención de hablar con Peeta –le apuntó. –Sin embargo, apenas había pasado una hora cuando volviste bañada en lágrimas y asegurándome que querías casarte con Seneca.
Katniss bajó el rostro mordiéndose el labio, sabiendo por donde se iba a dirigir esa conversación, y no estando muy segura de querer continuar con ella.
-¿Por qué te casas con Seneca?
-Para protegerte –quiso argumentar ella.
-Ahora dime algo que realmente pueda creer –insistió él.
-Marvel, de verdad temo sus represalias si no me caso con él –se excusó ella, alzando su rostro.
-Puede que ahora existan dichas represalias una vez lo has aceptado, aunque yo no las temo en absoluto –sentenció él. –Pero, aquel día, esa mañana, tú misma me dijiste que me habías escuchado enfrentarme a él, no había peligro posible y por eso acudiste a hablar con Peeta. ¿Qué sucedió?
Katniss volvió a bajar la mirada sin responder.
-¿Te rechazó? –insistió Marvel. -¿O es que ni siquiera te recibió? ¿Qué pasó? –inquirió con firmeza tomándola por la barbilla para que lo mirara.
-Lo vi besando a la Condesa Delly –le confesó finalmente.
-¿Qué? –se mostró atónito.
-Haymitch me ha asegurado que fue ella quien lo besó a él pero yo…
-Haymitch –hizo una mueca llena de confusión.
-Hace un rato me he encontrado con él en casa de Effie –le contó. –Quería interceder por él, convencerme de que entre ellos no ha pasado nada y que Peeta me sigue queriendo.
-¿Y por qué no lo hace él mismo? –se molestó Marvel.
-Se marcha a Francia –le informó ella con pesar en sus ojos. –Eso prueba que no me ama tanto ¿verdad? –agregó con triste ironía.
-Eso prueba que está desesperado –negó Marvel.
-No entiendo por qué –se mostró ella escéptica.
-Pues porque cree haber hecho tal daño que piensa que es irreparable –le razonó. –No ve salida posible a este abismo que os separa y que se ha ido haciendo cada vez más insondable. No debería haber sido así pero, todo este odio y rencor que se alzaba alrededor de vuestro amor ha sido más fuerte.
-¿Sabes? Haymitch asegura que Peeta no sabía nada de los crímenes que su madre cometió contra nuestra familia en el pasado –le dijo.
-¿Cómo es eso posible? –se asombró él.
-De hecho, él se enteró hace muy poco y por mediación de Effie –le reiteró.
-Ahora lo entiendo todo –meditó un segundo. –Me costaba mucho creer que la excusase tanto a pesar del hecho de ser su madre. Hay que tener muy poco honor para negar algo así, pero ahora veo era lo lógico; él la creía inocente y Enobaria supo jugar muy bien sus cartas, manipularlo.
-No lo justifiques así –le rebatió Katniss. –Debía haber creído en mi palabra.
-¿Tú le habrías creído, conociéndome tan bien como me conoces, si él te hubiera dicho que yo había intentado matarlo, sin razón alguna?
-Tú eres noble, Marvel, -le refutó ella. –Nunca levantarías tu arma contra nadie a sangre fría.
-Peeta también creía en la nobleza de su madre, Katniss ¿no lo ves? No puedes culparle por defenderla porque tú habrías hecho lo mismo por mí. Todo esto no es más que un desafortunado malentendido que se ha ido…
-Marvel, por favor, no sigas –le rogó.
-Es que quiero que desistas de tu idea de casarte con Seneca –insistió él. –Que seas feliz.
-Entiende que ya es tarde para dar marcha atrás –negó ella con rotundidad. –Tú lo has dicho antes. Ahora si pueden existir represalias por parte de Seneca si rompo nuestro compromiso y no estoy dispuesta a eso. No podría vivir con la culpa si algo te pasara por haberlo hecho.
-¿Y sí vas a poder vivir sabiendo que os has lanzado a ti y a Peeta a la desdicha sin hacer nada por remediarlo?
-Es que no puedo hacer nada –exclamó con ojos llorosos. –Seneca no me lo perdonaría jamás y tú pagarías las consecuencias.
-Katniss…
-Peeta se marchará lejos de aquí –lo cortó, -y con el tiempo me olvidará, rehará su vida y todo quedará como un mal sueño.
-¿Y tú?
-A veces, la decisión más apropiada es la más dura –citó ella. –Y yo ya la he tomado.
Marvel suspiró hondamente, derrotado.
-Aún tienes tiempo hasta pasado mañana –le dijo sin embargo, a lo que Katniss no respondió, así que, el muchacho volvió a besar su frente de modo cariñoso antes de marcharse.
Katniss se dejó caer sobre la cama con las lágrimas recorriendo, por fin libremente, su rostro, maldiciendo aquella verdad que Haymitch le había revelado, no pudiendo hacer nada con ella. Tal vez si Peeta lo hubiera sabido antes… pero no, él debía haber creído en ella, era por eso que todo se había dado así. Aunque, bien mirado, Marvel tenía parte de razón y dudó de que habría hecho ella en su situación.
Tapó sus ojos con sus manos y comenzó a negar con fuerza con la cabeza. No valía la pena preguntarse, aventurar qué podría haber sucedido de haber salido mucho antes la verdad a relucir. Ya era tarde ¿no? Tenía que serlo…
Como guiada por un poderoso impulso, como un estímulo nervioso imposible de ignorar, se levantó de la cama y se sentó en su cómoda. Tomó papel y pluma y comenzó a escribir…
Continuara…
