CAPÍTULO 29

-Sigo pensando que todo esto es una locura –refunfuñaba Johana mientras caminaba junto a Cato. El muchacho por su parte bajó un poco más la capucha de su capa para ocultar mejor su rostro.

-Nada va a suceder.

-Pero tú aún estás débil –insistió ella. –Si alguien te reconociese y tuviésemos que huir, tú no estás en condiciones de hacerlo.

-Necesito saber qué está sucediendo –se volteó para mirarla con decisión. –No creo que ese maldito Capitán se haya quedado tan tranquilo tras mi rescate.

Johana hizo una mueca de desaprobación pero siguió caminando, echando una rápida ojeada a sus espaldas. Habían dejado los caballos en la entrada del pueblo. Al ser día de mercado, les sería más fácil entremezclarse con la gente si iban a pie pero les restaba ventaja para una posible huida que ella no era capaz de ahuyentar de su mente.

Sin embargo, sus pensamientos quedaron totalmente mitigados al llegar a la plaza del pueblo… estaba desierta. En realidad todo el pueblo lo estaba, inmerso en un silencio casi mortal.

-¿Qué ha pasado aquí? –preguntó Cato en voz alta por los dos.

Ambos jóvenes comenzaron a girar sobre sí mismos, mirando a su alrededor con completa incredulidad, incluso Cato apartó la capucha dejándola caer sobre sus hombros como si despejar su vista pudiera despejar aquella insólita visión. Ya no sólo no había nadie por las calles, sino que también las casas parecían deshabitadas, era como si todo el pueblo hubiera desaparecido en un abrir y cerrar de ojos. El ruido de una puerta al abrirse al otro lado de la plaza, en iglesia, alertó a ambos.

-Padre Mitchell –exclamó el joven con alivio.

- Cato, muchacho insensato –recitó el cura con dureza mientras caminaba con premura hacia ellos. -¿Qué estáis haciendo los dos aquí con lo que está ocurriendo?

-Pues nos gustaría saber precisamente eso, Padre, qué ocurre –demandó el chico mientras eran guiados por el párroco hacia el interior de la iglesia.

-¿Dónde están todos? –intervino Johana.

-En el Palacio Everdeen –respondió el cura, cerrando la puerta a cal y canto. –Tras tu rescate, Seneca se propuso averiguar el paradero de El Gavilán a como diera lugar, incluso interrogando a la gente del pueblo a punta de bayoneta si era necesario.

-Ese bastardo –farfulló Cato.

-El propio Marvel vino al pueblo y le pidió a la gente que lo siguieran para darles asilo en su Palacio, apenas se llevaron lo puesto y, por lo que he podido saber, Seneca y sus hombres están apostados en las puertas. Tomad –dijo entonces, entregándoles sendas jarras con agua para calmaran su sed y su desconcierto.

-Están bajo asedio –murmuró Johana.

-Esperando a que acaben con todas las reservas del Palacio y obligándolos así a salir –continuó Cato.

-O en espera de que El Gavilán se entregué por sí mismo -concluyó el Padre, compartiendo con el joven una mirada llena de significado.

De repente, el ruido de cascos en el exterior hizo que los tres acudiesen a la ventana más próxima para comprobar que ocurría. Vieron un caballo con herrajes y vestiduras francesas que se acercaba a la puerta de lo que era el almacén del pueblo pero no fue hasta que desmontó que no vieron el rostro de su dueño, Chaff. Johana se apartó de la ventana dejando caer la jarra de sus manos, mientras apoyaba su espalda contra la pared, palideciendo.

-Johana… -se alarmó Cato.

-Id a la sacristía, rápido –les ordenó el Padre con urgencia. –Chaff no puede encontraros aquí –agregó mientras los instaba casi a empujones a que se ocultaran.

-Pero Padre…

-A mí no me pasará nada, vamos –volvió a insistirle al joven. –Y no salgáis bajo ningún concepto hasta que yo venga a buscaros –añadió cerrando ya la puerta.

Cato apreció como Johana corría a sentarse en una de las sillas que rodeaban una pequeña mesa situada cerca de uno de los muros, claramente afectada.

-¿Estás bien? –preguntó él con cierto recelo. –Pareces atemorizaba.

-Bueno… -titubeó ella ocultando sus manos en su regazo y rehuyéndole la mirada. –Como bien ha dicho el Padre, sería peligroso que te encontrara aquí. Quién sabe lo que podrían hacerte si ese desalmado te captura.

-También podría ser peligroso para ti –agregó él con oculta intención.

-¿Por qué dices eso? –alzó entonces ella la mirada con alarma.

-Podría querer interrogarte –se explicó tratando de parecer convincente.

-Ya… -pareció sentirse aliviada. –En cualquier caso yo nunca te delataría.

-Lo sé –asintió él con seguridad. –Y no es eso lo que me preocupa sino los métodos que podría utilizar ese bellaco para intentar arrancarte la verdad.

Cato observó como la muchacha volvía a bajar la mirada, más pálida incluso que cuando había visto el rostro de aquel malnacido francés. Ahora no tenía duda alguna de que Chaff tenía algo que ver con los conatos de tristeza que de repente ensombrecían sus ojos.-

-Johana…

-¡Deprisa! –irrumpió el sacerdote de pronto. –Tenéis que ayudarme.

-¿Qué sucede? –quiso saber Cato.

-Chaff le ha prendido fuego al almacén –les explicó agitando los brazos con desesperación.

Sin dar más razones, el cura salió corriendo y los jóvenes lo siguieron. Cuando salieron al exterior, el edificio que conformaba el almacén era pasto de las llamas y, aunque tomaron agua de un pozo cercano, sus intentos por sofocar el fuego fueron infructuosos. Al menos habían conseguido que no se extendiera a otros edificios pero, todas las provisiones almacenadas en su interior se perdieron, quedando todo reducido a cenizas y a una gran columna de humo que se alzaba frente a ellos.

-§-

Marvel deambulaba pensativo por la biblioteca en busca de una solución que no acudía a su mente. De seguir así, las provisiones del Palacio no tardarían en acabarse y no tendrían más remedio que enfrentarse a Seneca. Tal vez ésa era la solución, enfrentarse directamente al ejército francés, tratando de hacer valer sus derechos y, en ese preciso instante, fue consciente por primera vez de cuánto había cambiado su forma de pensar en todo aquel tiempo.

Siempre había estado en contra de la forma de actuar de El Gavilán. Todos, él fue el primero, lo habían tachado en más de una ocasión de bandolero y ahora, en esa situación en la que se veía acorralado, no dudaba en tomar las armas y defender su libertad con sus propias manos, como había estado haciendo El Gavilán y su gente. Tal vez algún episodio desafortunado había manchado la honorabilidad de sus intenciones, como los soldados muertos en aquel robo, pero algo le decía que en realidad era una causa noble lo que lo hacía luchar contra Seneca.

Por eso mismo, se extrañaba en cierto modo de que no hubiera dado señales de vida en esos días. Tras el oportuno rescate de Cato, no habían vuelto a tener noticias de él y le resultaba incomprensible que, declarándose siempre un defensor de los derechos del pueblo, no hubiera hecho algo ya para acabar con aquella última tropelía por parte de Seneca.

Desde luego, poco tiempo más podían permitirse el lujo de esperar. No es que creyese que El Gavilán fuera a resolver todos sus problemas, en realidad había confiado en que Seneca desistiese al ver su resistencia, pero el tiempo se agotaba y los alimentos también y, por el contrario, más crecía la confianza de Seneca en verlo doblegado, abriendo las puertas del Palacio y dejando al pueblo a su merced. No, definitivamente iban a tener que luchar, no podían dejarse vencer así como así y, seguramente, los campesinos pensarían como él.

-¡Conde!

Marvel dio un respingo al ver a Cinna irrumpir en la biblioteca.

-Disculpadme pero es que hay algo que deberíais ver –se excusó el muchacho. –Venid –lo instó a seguirle hasta uno de los ventanales.

Desde él podía verse en la lejanía el pueblo y como una ancha columna de humo ennegrecía el cielo.

-Ese malnacido –golpeó Marvel con sus puños contra el alféizar.

-Creo que es el almacén –supuso Cinna.

-Posiblemente –afirmó el otro joven. –Nos está acorralando. Si bien no podíamos hacer uso de esos víveres ahora al no poder salir del Palacio, a los campesinos les habría venido bien cuando todo esto acabe.

-Y no es sólo eso –dijo Cinna con pesar. –Hoy ha sido el almacén pero tal vez mañana el Capitán Seneca amanezca con la idea de quemar sus casas o arrasar sus campos.

-Hay que hacer algo –apretó Marvel las mandíbulas con rabia. –No podremos mantener esta situación por mucho más tiempo pero, ahora que hemos llegado hasta aquí, no podemos rendirnos.

-¿Creéis que El Gavilán tiene la culpa? –tanteó Cinna.

-No –dijo con rotundidad. –Aunque no puedo evitar preguntarme dónde está ahora. Después de todo lo ocurrido, de toda su lucha contra Seneca, no puedo creer que esté viendo esto impasible, sin hacer absolutamente nada.

-En vuestra opinión, ¿debería entregarse a Seneca?

-Eso tampoco –negó de nuevo. –Él no puede cargar con todas nuestras culpas. De hecho, el mayor culpable de todo es Seneca, empujado por su caciquismo y sus ansias de poder, escudado tras su uniforme. En su camino a la gloria, El Gavilán se ha convertido en una piedra en su zapato y quiere eliminarlo a como dé lugar. Si ese hombre se entregara, Seneca es capaz de matarlo en el acto, sin juicio alguno, y sin embargo…

-¿Qué?

-Pues que siempre ha salido triunfal en todos sus enfrentamientos –Marvel dirigió ahora la mirada al campamento apostado cerca de sus muros. –Tiene el valor y los medios suficientes para plantarle cara.

-El pueblo también es capaz de luchar –se envalentonó Cinna.

-Sí, pero ¿con qué? ¿Con rastrillos y azadas?

-Con las manos desnudas si es necesario –apretó el joven los puños.

-Pues eso espero –palmeó Marvel su hombro. –Porque, como esto siga así, tendremos que elegir. O rendirnos y vivir al antojo de Seneca, o morir luchando.

-§-

Katniss retomó cabizbaja el camino hacia la recámara donde descansaba Peeta. Aún revoloteaba en su cabeza aquellos comentarios escuchados a algunos campesinos cuando acudía a la cocina en busca de Effie para prepararle algo de comer a Peeta y, aunque ella había tratado de alentarla, el desasosiego era inevitable. Todos se preguntaban dónde estaba El Gavilán, algunos en forma de esperanza, de salvación contra Seneca y otros en forma de reproche, pensando que sus desdichas eran por su causa. Effie la había instado a ponerse en su lugar, en el lugar de alguien que se veía desprovisto de todo, de la noche a la mañana y sin ser culpable directo, simplemente por la lucha encarnizada entre Seneca y El Gavilán y Katniss podía intentar hacer eso, pero le resultaba imposible al ser Peeta ese hombre sobre cuyos hombros debía recaer todo ese peso. Al fin y al cabo, la lucha de Peeta iba mucho más allá de un objetivo personal, era por su fe en la justicia, ya no para él, sino para todos, para el pueblo y era injusto que no se le diese aprecio a su valor sino que únicamente se le reprochara la respuesta abusiva por parte de Seneca, que había tomado aquello como un ataque directo a su propio orgullo. En ese sentido, Katniss era incapaz de no sentir temor por él, por lo que sucedería si alguien descubría quién era Peeta en realidad. Siempre había tenido detractores entre la gente del pueblo, pero ahora, en esa situación en la que se sentían más acorralados que nunca por Seneca, pocos defensores iba a encontrar. Por eso, tal vez lo mejor era escapar de allí juntos, en cuanto pudieran, pensó Katniss con decisión y con tal firmeza entró en la habitación, dispuesta a proponérselo a Peeta, aunque quedó paralizada al verlo de pie, cerca de la ventana, mirando hacia el exterior.

- Peeta –susurró ella mientras dejaba la bandeja con comida en la cómoda para cerrar la puerta. –No deberías estar levantado –trató de lanzar un tema al aire a modo de impedir lo que bien sabía estaba por venir.

-¿Qué está pasando? –preguntó Peeta con calma, señalando con un movimiento de cabeza hacia el ventanal, hacia los jardines donde todos los campesinos se resguardaban tras los muros del Palacio.

- Peeta…

-Seneca y sus hombres aguardan en aquellas tiendas, ¿verdad? –preguntó ahora directamente.

Katniss se limitó a asentir.

-¿Y por qué no me lo habías dicho? –le reprochó.

-No creo que eso beneficie en nada a tu recuperación –se defendió Katniss.

-¿Mi recuperación? –dijo con cierta confusión comenzando a caminar hacia ella. -¿En qué se compara eso con lo que ocurre ahí fuera? Katniss, parece que todo el pueblo está viviendo en los jardines ¿por qué?

Katniss tomó aire y se sentó en la cama, haciéndolo Peeta frente a ella.

-¿Qué está ocurriendo? –insistió.

-Por mediación de Finnick, supimos que Seneca pretendía interrogar a todo el pueblo para obtener información sobre El Gavilán, sobre ti –recalcó con énfasis. –La única solución que se le ocurrió a Marvel fue traer a los campesinos aquí y protegerlos bajo nuestra condición de nobles.

-Una idea bien intencionada pero poco práctica –sentenció Peeta.

Katniss lo miró, instándolo a que se explicase.

-¿Durante cuánto tiempo puede mantenerse esta situación? –dijo él entonces. –Los recursos de este Palacio no son ilimitados y, bajo asedio, no creo que Seneca permita salir a nadie de aquí a ir en busca de alimentos.

-¿Qué quieres decir con eso? –preguntó Katniss, temiendo la respuesta.

-Lo sabes muy bien –resopló Peeta pesaroso.

Katniss lo observó durante unos segundos.

-¡No! –exclamó entonces. –No puedes estar pensando…

-¿Y qué otro camino hay? –inquirió él. -¿Abrir las puertas y dejar a toda esa gente bajo la voluntad enfermiza de James? Ya me lo estoy imaginando –dijo con aflicción, -Seneca es capaz de ajusticiar a alguien simplemente porque no le guste su declaración.

-¿Prefieres que te ajusticie a ti? –exclamó Katniss con los ojos llorosos. Peeta trató de alcanzar su mano pero ella la apartó. -¡No! –volvió a negar ella.

- Peeta, por favor…

-Por favor ¿qué? –sollozó ella. – ¿Pretendes que lo acepte como si nada?

-¿Y tú quieres que vea impasible cómo toda esa gente muere de hambre mientras Seneca espera fuera como un buitre carroñero?

-Alguna otra solución debe haber –dijo ella casi con desesperación.

-Por lo pronto, quiero que avises a Marvel –le pidió. –Debo hablar con él.

-¿Vas a confesarle que eres El Gavilán? –se alarmó ella.

-Es el primer paso que debo dar. ¿Te preocupa su reacción?

-Mi hermano sería incapaz de entregarte a Seneca –lo defendió ella.

-Lo sé –asintió. –Con más motivo debo hablarle. Tiene derecho a saberlo y tal vez juntos podamos encontrar esa solución que tú clamas.

-Está bien –respondió ella un tanto insegura, pero finalmente se levantó de la cama dispuesta a cumplir con el encargo.

Peeta dejó caer entonces su frente sobre sus manos. Ese maldito bellaco había jugado muy bien sus cartas; sabía que El Gavilán no sería capaz de ver como el pueblo moría y menos por su causa. Lo tenía acorralado y no veía forma alguna de salir victorioso de aquello. En realidad, aunque Katniss no lo aceptase, solución sólo había una, muy a su pesar.

No pasó mucho tiempo hasta Katniss volvió a la recámara, esta vez acompañada no sólo por Marvel, sino también por Haymitch. En cuanto el doctor vio el semblante del muchacho, el suyo se tornó serio, como si presintiera la lucha interna del joven.

-Me alegra verte más recuperado –comentó Marvel.

-Gracias –respondió Peeta removiéndose un tanto tenso al no saber muy bien cómo enfocar aquella conversación.

-Katniss dice que querías hablarme –agregó el joven con cierta curiosidad.

-Yo venía de camino a curar tu herida pero puedo volver más tarde –se excusó Haymitch.

-No –lo detuvo Peeta. –Dadas las circunstancias, creo que deberías quedarte.

La gravedad en su tono de voz llamó la atención de Marvel.

-¿Hay algo por lo que debería inquietarme? –preguntó con cierta suspicacia.

-¿Además del caos de ahí fuera? –sonrió Peeta con tristeza. –En cualquier caso quería que supieras que no he sabido nada hasta este momento.

Marvel lo miró con extrañeza.

-Lo dices como si tú tuvieras algo que ver con lo que está sucediendo.

Peeta tomó aire profundamente.

-En cierto modo es así –sentenció.

-¿Cómo…?

-Por favor, toma asiento –señaló el butacón.

El joven obedeció, aunque confuso, mientras Katniss se acercaba a Haymitch, en busca de su seguridad.

-Tanto misterio está empezando a preocuparme…

-Estoy tratando de encontrar las palabras adecuadas a lo que te tengo que decir –admitió Peeta.

-Tal vez la forma más sencilla sería la más directa –propuso Marvel.

-Yo soy El Gavilán –declaró entonces el Marqués y vio como Marvel palidecía.

-Es una broma ¿no? –titubeó éste asiendo con fuerza ambos brazos de la butaca.

-Me temo que no –suspiró Peeta sonoramente.

-Y por lo que veo, tú lo sabías –le reclamó a su hermana.

-No la culpes –le pidió el joven. –Sólo quería protegerme, teniendo en cuenta que no tenías a El Gavilán en gran estima.

-Dada tu trayectoria es comprensible –se defendió Marvel.

-No todo lo que se dice sobre mí es cierto –puntualizó. –Sí, he asaltado a los soldados franceses siempre que ha existido la ocasión pero ni yo ni ninguno de mis hombres ha atentado jamás contra sus vidas.

-Pero, ¿y aquel robo donde murió un destacamento de franceses? –frunció el ceño.

-Eso fue obra de Seneca –intervino Haymitch con firmeza.

-¿Cómo puedes afirmar eso? –quiso saber Marvel.

-Yo mismo atendí a uno de aquellos infelices que cayeron bajo su hierro –alzó el doctor la barbilla con seguridad. –No pude salvar su vida pero nos confesó el nombre de su asesino, su propio Capitán.

Marvel guardó silencio unos segundos sopesando sus palabras.

-¿Y por qué estabas tú allí? –leyó entre líneas entonces. -¿Significa que tú…?

-Sí, yo pertenezco a la banda, al igual que Effie, Cinna, Cato y tantos otros que se niegan a cruzarse de brazos a esperar una justicia que jamás llegará por sí sola –se defendió con pasión.

Marvel apartó su mirada de él quedando ésta hacia el suelo, ausente y sin mediar palabra.

-Seneca no es más que un maldito asesino –añadió ahora Peeta. –Y puede que en este caso el fin no justifique mis medios pero, al menos, mis manos no están manchadas de sangre como las…

Marvel alzó una de sus manos interrumpiendo su discurso.

-No te estoy juzgando –le dijo. –Pero creo que, dada la situación, mi sorpresa está más que justificada… jamás lo hubiera imaginado.

-Ni yo que te lo tomaras de esta forma –admitió Katniss.

-Ciertamente, esperaba algo más que tu sorpresa –repuso Peeta confuso.

-¿Esperabas mi condena? –preguntó Marvel. –Tú mismo estás viendo los métodos de Seneca, para nada comparables a los tuyos. Y…

El joven sonrió tristemente.

-Y yo mismo me preguntaba hace sólo unos momentos por qué El Gavilán no había reaccionado frente a esto.

-Pues esa es mi intención –le aclaró Peeta. –Seneca no se apartará jamás de la entrada de este Palacio y tú lo sabes muy bien.

-Por eso creo que la solución es luchar –repuso Marvel.

-¿Contra los soldados? –respondió el joven con gran incredulidad. –Azadas contra bayonetas, ¿verdad? Eso es un suicidio y tú bien lo sabes.

-¿Y entregarte a Seneca no lo es también? –intervino ahora Katniss.

-Soy un noble y además francés –le recordó. –Por mucho que Seneca me odie tengo derecho a un juicio justo y va a tener que probar todos los crímenes de los que pretende acusarme, como esas muertes.

-Si es que llegas vivo a ese juicio –dijo ella en un arrebato, haciéndose el silencio en la habitación.

-Recuerda que acaba de atentar contra tu vida –alegó Haymitch.

-¿Entonces qué solución hay según vosotros? –comenzó Peeta a exasperarse. -¿Que toda esta gente comience a enfermar por falta de alimentos? ¿Que terminen saliendo de entre estos muros y caigan en manos de Seneca? ¿Que ellos mueran por mí? –alzó la voz. –Eso es algo que no puedo permitir, ninguno de vosotros lo permitiríais si estuvierais en mi lugar.

-Como tampoco te alentaríamos a que caminases hacia tu propia muerte –dijo Katniss con el llanto en la garganta.

-Mira, Peeta, aún tenemos tiempo –trató Marvel de apaciguar los ánimos. –Aún quedan víveres para mantener a los campesinos así que no nos precipitemos. Dejemos que pase la noche y tal vez mañana veamos todo esto desde otra perspectiva.

-No olvides que aún estás herido –le recordó Haymitch.

-Veremos qué pasa mañana, ¿de acuerdo? –quiso asegurarse Marvel.

-Está bien -accedió Peeta con su mirada dirigida hacia Katniss, quien se volvía de espaldas sumida en un llanto silencioso.

Tanto Marvel como Haymitch se hicieron cargo de la situación y, compartiendo con la mirada una callada conversación, salieron de la recámara. Peeta entonces caminó hacia Katniss colocándose frente a ella y la joven dejó caer su rostro sobre su pecho mientras él la abrazaba con ternura.

-No puedes hacerlo –recitó entre sollozos. –No puedes dejarme.

Peeta la estrechó con fuerza sintiendo cómo se le desgarraba el corazón con sus palabras y sus lágrimas, comenzando a asomar las suyas a sus ojos.

-No tengo opción.

Continuará…

Bueno creo que Marvel se ha tomado muy bien la noticia de que Peeta sea El Gavilán, ahora esperemos que el plan de Finnick funcione, antes de que Peeta se entregue a Seneca y que tanto esfuerzo y lucha hayan sido en vano, por culpa de un miserable como Seneca. Bueno no nos queda más que esperar.

Quiero confesarles que he estado muy contenta al ver que cada día hay más seguidoras de esta historia, tanto las que siguen esta historia, como a mi otra adaptación, me alegro lo mucho que les gusta porque las hice pensando en ustedes.

También me gustaría ver más de reviews, no es que los exija, porque cada una es libre de hacer un review o no, pero por ese medio puedo saber sus opiniones, expectativas, dudas y preguntas de su parte. Si les gusto o no el capi, en fin cosas así. Pero cada vez que veo mi bandeja de entrada de mi correo y veo que otra lectora ha escogido esta historia como favorita, o que la pone en alerta me llena de mucha ilusión y con eso me vasta. Ya que así sé que ha muchas lectoras les ha llegado esta historia.

AGRADECIMIENTOS:

Vivis Weasley: Mi más que fiel lectora, me emociona mucho leer tus reviews, cada vez que los leo me dan ganas de publicar el siguiente capítulo. Debo confesar que he publicado los capítulos un poco más seguidos por tus reviews, para que no tengas que esperar tanto para saber lo que sigue. Creo que Fanfiction debería tener una aplicación para saber cuántas personas ya han leído el capitulo sin necesidad de que dejen un review jejeje. Estoy de acuerdo contigo de que Cinna debe aprobar a Finnick. Bueno creo que tus sospechas eran mas que ciertas respecto a Johana y si, ella y Cato también tendrán su propio romance, pero no adelanto más. En cuanto Snow. Bueno creo que seré un poco mala y dejare que lo descubras mientras vayas leyendo el fic.

.313: Gracias por seguir esta historia. :D

Valeria Luis: Gracias por seguir esta historia: D

Mavindel: Gracias por seguir esta historia: D