Tacháaaaaaaan… ~
Aquí os traigo el segundo capítulo, que me ha costado lo suyo porque me he atascado bastante en determinadas escenas… sabéis que soy muy perfeccionista y me gusta mucho detallar las cosas y que quede bien, y eso es complicado.
Espero que os guste, no voy a daros mucho la plasta porque sé que queréis leer ^^
¡Dentro cap!
Los pobres rayos de luz plateados que se atrevían a entrar por aquel gran ventanal no estaban lo suficientemente cuerdos como para saber lo que estaban haciendo. Irrumpiendo de esa manera en aquel gran salón, donde iluminaba con paciencia a todos aquellos seres que, alocadamente, nadaban de una parte a otra del gran palacio.
El salón de actos debía quedar perfectamente preparado para mañana.
El día de la coronación.
Todo el mundo decía que la gran ciudad hoy tenía un aspecto diferente. Las mujeres cuchicheaban entre ellas, donde las más ancianas intentaban prever el futuro de su reino en manos tan jóvenes y las más zagalas suspiraban por aquella perfección en forma de tritón. Sus cabellos negros, sus ojos exóticos, el color oscuro de su piel.
El futuro rey, aparte de genio, inspiraba en las doncellas otro tipo de sentimientos lejanos al respeto y la admiración.
¿Quién no suspiraría por alguien así? Encima siendo de la más alta cuna. Todas las damas de la nobleza esperaban el gran momento para que, durante el baile, pudiesen tener su momento estelar y tener la oportunidad de agarrarse al joven tritón para bailar y hablar de forma más íntima de lo que solían hacer en las reuniones formales.
Reuniones a las que, misteriosamente, dejó de ir el día que se anunció que la ceremonia de los 18 estaba por llegar.
A muchos hombres y mujeres de la aristocracia se les hacía la mar de extraño que alguien con aspecto tan responsable como Trafalgar Law desatendiese sus obligaciones de aquella forma.
Fue por eso por lo que corrió el rumor de que el príncipe había caído ante una grave enfermedad y que posiblemente apenas se podía levantar de sus jergones. Algunos se atrevían a decir que estaba incluso muerto, pero rápidamente se desmentía el bulo por parte del rey Doflamingo.
Era la única persona que era conocedora del verdadero estado del joven príncipe, pero siempre que se le preguntaba no soltaba prenda alguna.
Demasiado misterio alrededor de palacio.
Fue por eso que, al ser notificado en todos los barrios del reino, desde las grandes y lujosas mansiones hasta los barrios más humildes que por fin había llegado el gran día, todos se alegraron de sobremanera. Si eso era cierto, significaba que el príncipe se encontraba perfectamente y que por fin la verdadera sangre azul volvería a llevar entre sus dedos el destino de los ciudadanos.
Aunque algunos estaban muy contentos con el rey actual, sabían perfectamente que esa relación no iba a durar para siempre, y que tarde o temprano tendría que ser relevado por alguien que tuviese la sangre real, proveniente ni más ni menos que del mismo Dios Neptuno.
A pesar de parecer una auténtica estupidez como realmente pensaba Trafalgar Law en lo hondo de su corazón, parecía que tener aquella estúpida sangre coloreada hacía creer a los habitantes de su reino que les iría mucho mejor. Él mismo había comprobado varias veces que su sangre era tan roja como la de los demás, pues como todo adolescente había tenido heridas y pequeños incidentes.
Si no tuviese aquellos estúpidos tatuajes por todo el cuerpo, pensó más de una vez.
Era una auténtica pena que los sirvientes de palacio estuviesen tan contentos vistiendo las ventanas y los suelos de la sala del trono. Porque él no pisaría mañana aquel lugar.
El animal a su lado notó una creciente inquietud en la persona que estaba tumbada sobre él, absorta con lo que el ventanal tenía para ofrecerle. Como respuesta, el moreno sólo le acarició el lomo para hacerle entender que estaba bien.
Una vez que el infierno de mañana se pasase, todo volvería a la normalidad.
-Mmh… ~
Una triste melodía sin letra alguna salió con un delicioso tintineo de la garganta del príncipe, mientras miraba hacia el gran azul y mataba el tiempo.
Quizás la canción y la música consiguiesen llevarse su espíritu lejos de allí para no volver, y que se agitase de manera tan dulce como lo hacían las olas del mar…
Quería ser mecido por las olas en plena libertad…
Y que sus notas formasen pequeñas burbujas de jabón y ascendiesen por el agua hasta alcanzar el mismísimo cielo. Estiró incluso una mano hacia el cristal…
Pero supo entonces de su odiosa situación de reclusión y dio un fuerte aleteo contra uno de los muebles, tirando al suelo una pequeña caja de música.
Suspirando, tuvo que incorporarse para recogerla y dejarla en su bendito sitio, donde debería quedarse para mirarle crecer para siempre.
Él no sabía con certeza aquella historia, pero Cora-san siempre le contó que aquella caja musical fue un obsequio que la reina hizo a su hijo heredero el mismo día en que nació.
A veces, en sus momentos de más absoluta soledad, abría la caja para escuchar la melodía y mirar como aquella pequeña muñeca danzaba en círculos sin parar, siendo reflejada en un pequeño espejo. Esperando para poder ver a su madre y, con suerte, poder sentirla unos segundos al menos.
Cuando sus dedos destaparon la caja, sin embargo, nada sucedió. Probablemente no tendría cuerda. Cuando estuvo a punto de ponerla en marcha de nuevo, un extraño reflejo amarillo le hizo girarse de manera muy brusca hacia el intruso en su cuarto.
Hasta Bepo se asustó cuando el moreno hizo tal muestra de agilidad.
-¿Se puede? –Preguntó amablemente el rubio, con aquella sonrisa cariñosa que siempre tenía nada más que para él.
-Vete. –Le espetó el príncipe, no queriendo verle ahora. No quería. Después de la discusión de la última vez no habían vuelto a cruzar palabra, y más valía que siguiese todo así hasta el día después de su coronación. No podía soportar más regaños y reprimendas por parte ni de él ni del rey.- Estoy ocupado.
-Ya veo… -Musitó Corazón, mirando atentamente aquello en lo que el príncipe estaba ocupando todo su tiempo: nada. Sin embargo esa vez no quería reprocharle ni mucho menos criticarle. Quería arreglarlo de una vez por todas. No podía más con aquella situación. Law debería estar entre sus brazos, joder, no matándole con la mirada mientras se dejaba caer sobre el rey marino. La situación ya era hasta insoportable.
Por eso no pensaba rendirse jamás.
Por mucho que le odiase el menor, él siempre le querría.
Pero no parecía haber empezado bien del todo.
-Estaba escuchándote desde el otro lado de la puerta. ¿Te molesta?
El joven moreno, sin embargo, alzó el rostro de su mullido amigo para clavarle aquellas afiladas dagas grises en el corazón y volver a ignorarle.
Nada de rendirse.
Inspiró hondo.
-Hacía mucho que no te escuchaba… aunque he de reconocer que antes cantabas cosas más alegres.
-Quizá porque antes era feliz.
"Y ahora no", pudo leer entre líneas perfectamente el rubio.
Aquello sólo le causaba más dolor del que nuevamente podía sobrellevar, pero no se quejaría. Sabía que no podía volver a sonreír sin Law.
-Escúchame… -Con todo su valor, el hermano menor del rey se agachó lo justo para flotar al lado de la morena figura que le rehuía constantemente al tacto.- Law, yo te quiero. –Dijo con la voz algo rota, pero sin embargo intentando mantenerse firme. Acercó en un intento de contacto la mano hacia sus cabellos negros, y sorprendentemente lo consiguió a pesar de la gran tensión que había mostrado el cuerpo del joven, en inicio completamente reacio.- Y no quiero que te enfades conmigo. Sólo quiero ayudarte a que las cosas sean más fáciles.
A pesar de que la conversación iba por sitios que no le gustaban, Law se decidió a alzar el rostro para mirarle. Ahora, sus dos perlas metálicas parecían brillar con algo de añoranza. El rubio no pudo más que sonreír en una tierna expresión. En el fondo, ese chico seguiría siendo un niño.
Su niño.
-No dejes que me hagan esto. –Dijo entonces el menor, aferrándose al torso del mayor buscando en el ruego de su voz su ayuda. Una esperanza. Un rayo de luz clarividente al menos. Cualquier cosa. Pero por favor, tenía que impedir aquello fuese como fuese. Como un reo al que están a punto de matar en la silla eléctrica.
-Estúpido niño… -Le susurró todo lo amable que pudo.- no puedo hacer magia con mi hermano. Yo sólo quiero que seas feliz, y sabes que por ti haría cualquier cosa. Pero es tu deber… y no puedo hacer nada para ayudarte.
Aquella mirada vivaz se empezó a apagar como la llama de una vela que se queda sin oxígeno. La dulce estela marcada en su párpado inferior le hizo ver que sus ojos no sólo brillaban porque fuesen de lo más hermoso del reino. No pudo más que abrazarle con fuerza contra su pecho, acariciando con insistencia sus cabellos azabaches y colocando su oreja perforada por dos pendientes dorados contra su corazón.
De niño siempre le relajaban los latidos de ese potente músculo, pero misteriosamente sólo funcionaba cuando era el corazón de Cora-san el que escuchaba.
Sí, así…
-Deja que todo salga, Law. –Le pidió el mayor, intentando que el joven príncipe encontrara en él una manera de desahogarse. Aunque sabía de buena mano que Law jamás lloraría, no delante de nadie. Porque prefería refugiarse en lo más profundo de la coraza gélida de su corazón a mostrar cómo se siente en realidad. Pero al menos, al hablarle, sabía que apaciguaba el riachuelo de emociones que querían arrebatarle la ilusión y la esperanza.
Poco a poco, la respiración del moreno pareció calmarse, y lentamente volvió a alzar la cabeza para buscar aquellos ojos irisados y le repitiese una vez más que todo iba a salir bien.
Hasta que, callando su intento de hablar una vez más, el príncipe definitivamente se sentó en el regazo del mayor.
-¿Puedo pedir mi último deseo?
A Cora-san le entristeció súbitamente que el chico entonase una frase así. No es como si mañana fuese a morir. Al contrario, tendría más poderes que nadie sobre el reino, tendría la libertad de hacer lo que desease cuando desease. Estaba dispuesto incluso a acompañarle en su primer viaje oficial hacia la superficie para que la vieran juntos. Pero para Law, ponerle una corona en la cabeza era como decapitarle.
-No puedo poner un explosivo en el salón del trono.
Eso hizo que el moreno esbozase una sonrisa ladeada ante la ingeniosa idea del rubio. Pero negó con la cabeza.
-No, no es eso. –Sus tatuadas manos se posaron sobre los hombros de Cora-san a la par que se acercaba a su oído para poder bajar la voz y que quedase entre el mayor y él.- Quiero… poder dar un paseo esta noche en los jardines. Sólo una hora. –Pidió poniendo casi cara de cachorro marino. El rey marino con aspecto de oso polar pareció ver divertida aquella expresión, y no dudó en imitarla.
-¿Estás loco? –Dijo en el mismo tono que el príncipe.- Doflamingo te tiene prohibido salir de aquí. Si se entera nos matará.
-No tiene por qué enterarse…. –Musitó el joven, mirando hacia otra parte como si aquel asunto no fuese con él.
-Se me puede caer el pelo, Law.
-Será solo una hora. Nadie se enterará.
El animal al lado del moreno dio un fuerte lametón a la mejilla del rubio.
Maldito cabroncete.
Tenía por seguro que su hermano les iba a decapitar al momento o a fulminar con aquel enorme tridente si se enteraba de lo que había consentido hacer, pero por otra parte…
Law se merecía una última hora de libertad.
Cuando el joven príncipe vio claramente en los ojos del rubio que le iba a consentir una vez más, estalló en ánimo y júbilo y rápidamente tiró de los brazos del que consideraba un padre para dar vueltas en la habitación agitando la cola con fuerza para crear burbujas. Burbujas que Bepo intentaba comerse, pensando que podría cazarlas todas con su potente mandíbula.
-¡Pero…!
Entonces todo el jolgorio se detuvo unos segundos, durante los cuales tanto Law como su amigo el rey marino se le quedaron mirando totalmente hipnotizados.
-Tienes que prometerme a cambio que mañana te comportarás e irás a la coronación.
-Sí, lo prometo. Iré.
-Law, te lo estoy diciendo en serio. Nada de mentiras.
-Ya te he dicho que sí. –Insistió el moreno, sonriendo con algo de suavidad a Cora-san, el cual tenía las cejas caídas en preocupación.- ¿Por dónde será? ¿Por la ventana? ¿Por las cocinas? –Preguntó ansioso de saber cómo harían la jugarreta y burlarían toda la seguridad de palacio.
-Tengo una idea mucho mejor.
Una enorme mano se cernió sobre la capucha que cubría la bulliciosa cabeza del futuro rey. Capucha que, obviamente, cubría casi por completo su rostro para que nadie pudiese ser capaz de reconocerlo. El menor iba completamente abrazado al rubio, quien llevaba también una larga capa que cubría casi al completo los brillos de su cola, así como los de Law.
Debían pasar desapercibidos hasta los jardines como fuese.
Esconder a dos tritones había sido sencillo. Sin embargo, que Bepo estuviese nadando tras ellos como un violador persigue a su próxima víctima no era para nada algo común. Llamaba mucho la atención, pero con suerte todo el mundo lo pasaría por alto y seguiría a sus cosas.
Se quedaron congelados cuando por delante pasó una sirvienta con una enorme pompa que portaba en su interior cantidad de ropajes sucios que debían ser lavados antes de mañana.
Por poco, pensó el mayor, volviendo a tirar del moreno hacia la salida.
Ambos hicieron una educada reverencia a los soldados que vigilaban la entrada y, cuando estuvieron lo suficientemente lejos de las puertas de palacio, el moreno hizo amago de quitarse la capucha.
-No, aquí no. Si alguien te reconoce estamos perdidos. –Detuvo al menor sosteniéndole las manos. – Nos costará acceder a los jardines. Desde aquí deberíamos nadar para dar la vuelta y…
-Cora-san. –Llamó la atención del mayor para que le escuchase.- Con cualquier sitio me conformo.
-Pero tú querías…
-Lo sé. –Le detuvo antes de que se lamentase si quiera por un segundo. Ya estaba haciendo demasiado por él, no era momento ahora que habían hecho la mitad del trabajo de arriesgarse a perder su hora de libertad y estar encerrado hasta la coronación.- Pero prefiero un lugar donde podamos estar solos.
Corazón pareció entender al momento sus intenciones, y simplemente sonrió con efusividad y asintió.
-Entonces vamos por aquí.
De esa forma, los dos cuerpos de los tritones se desvanecieron entre los callejones de la enorme ciudad en la que se adentraban. Con un extrañamente amigable rey marino siguiéndoles contento mientras movía su peludo rabo.
No hacía falta nadar mucho para llegar a donde quería, y eso era bueno. De esa manera podrían aprovechar más el tiempo y estar lejos de las miradas indiscretas de los ciudadanos.
Allí, en ese enorme campo de coral, nadie advertiría su presencia. Apenas una sirena o dos al día pasaban a recoger el preciado material para hacer abalorios, si es que pasaban. Cuando él y su hermano Doffy eran niños, les encantaba ir allí a matar las horas jugando, cuando sólo eran dos niños pobres de un barrio muy humilde.
Había muchos recuerdos por todas partes.
La verdad es que siempre quiso llevar allí a Law, pero con lo estirados que eran el resto de consejeros del palacio, le resultaba casi imposible sacarle más allá de los jardines, por miedo a que el "joven príncipe cogiese cualquier enfermedad de los plebeyos". Eran todos unos sinvergüenzas. El mismo Doflamingo estaba deseando más que nadie que se muriesen de una vez esos vejestorios para poder elegir él mismo a otros más certeros y menos arrogantes.
Pero en fin, como dice el refrán: más vale tarde que nunca.
-¿Te gusta? –Preguntó con una sonrisa el mayor, quitándose ahora sí la capucha. Estaban a salvo allí.
Law no tenía palabras para describir la belleza que interceptaba con la vista. Extensiones kilométricas de hermoso coral se extendía hasta donde se perdía la vista. No comprendía cómo nadie le había llevado allí antes. Era muy hermoso, y parecía ser que Bepo opinaba exactamente lo mismo, porque el rey marino no dudó en nadar por encima del campo en círculos esperando a los juegos y mimos.
El moreno, por última vez, alzó la vista con duda hacia Corazón, el cual le regaló un asentimiento junto con una sonrisa.
No necesitó más.
Se quitó a toda prisa la capa para poder nadar a toda prisa hacia su amigo, el cual ya le esperaba con sus potentes colmillos fuera.
De verdad, no comprendía cómo Law podía ser tan serio y frío para unas cosas pero para otras como jugar con un oso polar ser como un crío.
Bueno, por lo menos era feliz así.
Y la verdad, quería que esa sonrisa le perdurase en el rostro eternamente.
Si pudiese, congelaría el tiempo y enmarcaría aquello que sus ojos grababan a fuego en el interior de sus recuerdos. Pero no quiso participar. Por el contrario, se quedó sentado encima de una gran roca recubierta con algas y coral y se limitó a velar por su bienestar desde la lejanía.
No le hizo falta decirle que no se alejase mucho porque, a fin de cuentas, era un chico muy responsable.
-Grrr… -Gruñó el oso polar al príncipe, queriendo jugar y divertirse como tanto le gusta. Empezó a mover las patas de manera amenazante, buscando provocar al tritón para que se tirase encima e hiciese de nuevo el primer movimiento.
Por el contrario, Law prefirió dejarse llevar más por su astucia, y negó con la cabeza a la par que se lanzó a la inmensidad del campo de coral para echar una carrera. La adrenalina corría por todo su cuerpo, liberando de una vez por todas el estrés que le había agarrotado los músculos y la sensación de asfixia.
El agua le acariciaba las mejillas a medida que aumentaba la velocidad, mientras el rey marino le seguía sin esfuerzo alguno.
Llegaron entonces a un brusco cambio de altura, un enorme accidente geográfico que les hacía caer grácilmente hacia el fondo como si de una pluma se tratase en el aire. Sólo era una pequeña grieta.
Nada que no pudiesen solventar nadando como han estado haciendo.
Pero era divertido dejarse llevar, sentir otra vez con fuerza el bombeo rápido del corazón ante la emoción y la felicidad momentánea de la que gozaba ahora.
Los problemas no se habían ido de su cubo de basura, pero al menos ahora la mierda no le daba en cara, ni si quiera podía olerla.
Lentamente, la gravedad les hundía a más y más profundidad, tirando de ellos hacia las oscuras profundidades desde donde unos extraños ojos amarillentos les observaban con recelo.
Ojos indiscretos.
Ojos que, al parecer, el joven príncipe ni si quiera había advertido. Ni el mismo Bepo, que tenía siempre sus agudizados sentidos pendientes de todo, había sido capaz de darse cuenta de que algo o alguien los miraba desde el espesor de la negrura.
Anhelando su momento de debilidad para estrujar y destruir la poca paz que albergaba su agitado corazón.
-Bepo. –Le pidió el moreno al animal, el cual le miraba desde su lado derecho volviendo a nadar a su alrededor.- Volvamos arriba.
Se lo estaba pasando bien, pero era consciente de que no era prudente alejarse demasiado. No es que no se pudiese defender solo, pero prefería ser precavido y conservar todas las escamas en su sitio. Aunque la ciudad pareciese hermosa desde fuera, también tenía una oscura ponzoña entre los baldosines de coral de las callejuelas.
No podía permitirse preocupar a Cora-san.
Agitó la cola para nadar hacia arriba y volver a su campo de visión, queriendo que viera que el voto de confianza que le había otorgado fue con un buen motivo y que se lo había ganado.
Pero algo se enredó en un extremo.
Bajó la cabeza alarmado, pero suspiró al ver que sólo era un alga rebelde que se le había enredado en la aleta caudal.
Se llamó tonto a sí mismo y se inclinó para liberar su miembro y volver ahora sí a la superficie.
O eso al menos le hubiese gustado.
Porque algo de grandes proporciones atrapó su cuerpo con demasiada rapidez. Y ni si quiera tuvo tiempo de alzar la voz cuando otra gran extremidad le cubrió la boca para que no lo hiciese.
¡Hmm…! –Intentó pronunciar palabra, mientras su cuerpo era arrastrado a los rincones más oscuros de la grieta.
Bepo, alertado por aquellos sonidos, estiró sus peludas orejas hacia el sonido que emitía el príncipe y emitió un potente rugido, dispuesto a atacar con tal de liberar a su amigo.
Cargó de manera furiosa contra aquellos tentáculos que apresaban el delgado cuerpo de Law, y ciertamente alcanzó a arañar y morder una de las extremidades. Sin embargo, aquel Kraken contaba con una ventaja numérica muy superior y zarandeó al pequeño rey marino y no paró hasta estrangularlo y golpearlo contra el duro muro de roca.
"¡Bepo!" es lo que quiso gritar el moreno, pero él mismo sentía la opresión brutal sobre sus huesos y poco a poco, su cuerpo empezó a perder su fuerza vital como si se escapara de una regadera. Estiró la única mano libre hacia su amigo blanco, el cual quedó flotando de mala manera contra una enorme roca, casi a la deriva.
"Bepo…"
Pero por mucho que intentase hablar, no lo iba a conseguir.
Si solo hubiese estado atento, si hubiese visto venir el peligro, no estaría sucediendo aquello. Si Bepo salía mal parado de esa no se lo perdonaría jamás. ¿Qué clase de futuro rey consiente tales vergüenzas como esas sobre su persona? Ser cazado por una bestia marina con tanta facilidad debería ser motivo suficiente como para quitarle la corona que le pretendían colocar en la cabeza.
A medida que el Kraken le alejaba y le arrastraba hacia el fondo, más negro se volvía todo para sus ojos. Apenas veía por culpa de la ausencia de luz, e incluso le costaba respirar. Apenas podía distinguir formas a su alrededor, y algunos peces de extraños ojos y formas empezaban a verse de forma borrosa. Pero, contrariado, algo parecía iluminarse al fondo del todo. Algo como una extraña calavera gigante de ballena. No pudo más que asombrarse a pesar de encontrarse en ese estado tan deplorable.
Sin ser liberado como un sucio preso, la bestia con tentáculos entró en aquel extraño habitáculo y lanzó al joven príncipe al interior.
El golpe contra el hueso que conformaba el suelo era duro, y por tanto doloroso.
Se frotó la barbilla demasiadas veces para su gusto, y tuvo que parpadear algo mareado por la falta de oxígeno. Apenas distinguía las siluetas que parecían moverse a su alrededor.
Se levantó como haría un borracho que acaba de caerse: a trompicones y de un lado a otro. Se frotó los ojos varias veces y se giró rápidamente para intentar salir y volver con su amigo. Ya que el Kraken no le había matado, tenía que ayudar a Bepo. Y tras eso cogería a Cora-san y volverían a palacio.
En cuando su cola se agitó para nadar hacia la puerta la bestia le rugió enfadada y le cerró el paso.
¿Estaba atrapado?
Ahora que podía atender más a su alrededor, se pudo percatar de cientos de cosas nuevas que sus ojos jamás habrían imaginado ver.
Estanterías repletas de tarros de cristal con extraños… objetos dentro. Algunos parecían órganos de seres vivos, como un corazón de pez pulmonado, unos ojos en otro, e incluso vio a través del cristal una vejiga natatoria intacta. Fascinante.
Aunque le resultaría más interesante y curioso si no fuese porque una horrible bestia no le dejaba salir y le había obligado a entrar.
-Shurororo… ¿Te has perdido, joven Law?
La voz le alertó enseguida de que alguien más estaba en aquella extraña habitación.
Y la imagen no tenía desperdicio. Hacía mucho que sus ojos grises no captaban la imagen de una medusa. Quedaban pocas de su especie en el reino, e incluso se decía que tenían muy mala fama. Aquel extraño ser nadó grácilmente de un lado a otro entre sus estanterías. Parecía buscar algo.
-¿Qué es lo que quieres de mí? –Bramó valientemente el moreno. No tendría ahí su fiel espada, pero con los puños se manejaba de lo lindo. Si tenía que arrancarle la cabeza al variopinto secuestrador no tenía reparos.
-¡Calma, calma! –Alzó las manos en son de paz, poniendo una asquerosa pero amable sonrisa entre sus mejillas.- ¡No os alarméis, alteza! –Hizo entonces una exagerada reverencia en la que una serie de connotaciones inapropiadas le sugerían a la mente de Law que no debería estar allí.- Perdonad los modales de mi Kraken, no sabe tratar a gente de vuestro estatus social… shurorororo…
El menor buscó con la mirada rápidamente algo con lo que atacar a la medusa, y en cuanto un largo bastón entró en su campo de visión lo entalló velozmente y con elegancia. Tal y como le habían enseñado en palacio.
El extraño ser puso cara de circunstancia y se alejó un poco por si al príncipe le daban malas ideas y le golpeaba hasta morir. Por no decir que tenía los cojones de corbata.
-¡Por favor, no toméis conclusiones precipitadas, eso sería una incorrección por vuestra parte! –Apartó con los dedos la punta del bastón de su cara, y se acercó glotonamente hacia el tritón con una sonrisa.- No os da reparo intentar herirme, a mí, que soy quien intenta ayudaros tan encarecidamente…
-¿Ayudarme? –A pesar de la confusión de aquellas palabras, no dejó de amenazar a la medusa por ello con el garrote.
-Así es. –Y el pececillo mordió el anzuelo como un tonto.- ¡Qué aburrida y solitaria es mi vida aquí, aislado del mundo…! –Dramáticamente se dejó caer sobre una acolchada superficie que hacía seguramente de cama para aquella medusa.- Seguro que vos sois capaz de hacer lo que os plazca cuando os plazca...
El joven príncipe fue a responder con serenidad como le habían educado, pero ante la resonancia de aquellas palabras en su cabeza le producía un martilleo irritante. Bajó al guardia y a su vez bajó su arma improvisada.
Bingo.
-¿Sucede algo, príncipe?
Law fue a contestar, pero fue cortado inmediatamente por la medusa.
-Shuroro…~ no hace falta que respondáis, era una pregunta trampa. Conozco perfectamente lo que tanto os aflige. Anheláis con todas vuestras fuerzas ser libre, ¿no es cierto?
-Tú no sabes nada. –Espetó el moreno frunciendo el ceño.
-¡Al contrario, sé mucho! Desde aquí me entero de muchas cosas… como que os obligan a aceptar la corona. Cuánta crueldad… -Hace una pausa dramática, pero enseguida retoma aquella pérfida sonrisa de rata de alcantarilla.- ¡Aun así, yo no puedo reteneros! ¡Marchaos si tanto deseáis volver a palacio!
No.
Él no quería volver a palacio.
Él quería… no.
Anhelaba ser libre de elegir su futuro.
Y cuanto más pensaba en lo que le esperaba el día de mañana, más se le encogía el estómago.
Como un cordero caminando hacia el matadero, formuló la pregunta cuya curiosidad le obligaba a formular.
-¿Y qué crees que puedes hacer tu?
Ya estaba en el cepo.
-Muchas cosas, su majestad. –Realizó otra vomitiva reverencia al chico.- Podría, no sé, por ejemplo… -Fingió meditar hasta soltar su bomba.- daros un ticket de ida hacia la superficie.
¿¡La superficie!?
¿Pero qué clase de plancton se había comido aquella medusa?
-No digas sandeces. Me voy.
Intentó salir una vez más por la puerta, e incluso el Kraken ahora parecía querer dejarle salir.
-¿Acaso no deseáis salir del mar? Shurororo…~ desde luego, seguro que allí Doflamingo no podría obligarte a hacer lo que él quisiese. Serías totalmente libre. ¿No suena idílico?
-Los tritones no podemos vivir en la superficie.
-Error, querido. –Nadó con diversión alrededor del delgado cuerpo del príncipe, quizá con cierta sorna.- Soy el mejor científico que encontrarás jamás en millones de kilómetros a la redonda… Pero no quiero presionaros.
Se alejó entonces del moreno y fingió que estaba demasiado ocupado mirando alguno de sus tarros mientras esperaba a que el corderito colocase él solo la cabeza en la guillotina.
-Pero no es posible… -Entrecerró los ojos, sintiéndose confuso por momentos.
-Error otra vez, shurorororo~
No podía irse a la superficie y abandonar toda forma de vida conocida bajo el mar. No podía dejar atrás a todos sus amigos y a su familia.
Pero, a pesar de todo, el peso de la corona invisible sobre su cabeza era muy pesado…
Y no podía dejar de pensar en que la oferta era muy suculenta.
-¿Qué quieres a cambio? –Preguntó desconfiando de aquel desconocido. Nadie hacía favores tan grandes a nadie gratis.
-Bueno, eso ya lo hablaremos mañana… si es lo que deseas, claro. A la hora de la coronación, ven y te haré completamente libre de tooodas tus obligaciones…~ te estaré esperando con ansias…
No tenía claro que fuese a aceptar. No, de hecho, no iba a aceptar algo tan burdo como eso.
No iba a cambiar a sus seres queridos por nada del mundo.
Por lo que cerrando los ojos con fuerza Law salió nadando a toda velocidad de aquel habitáculo y se marchó todo lo rápido que pudo hacia arriba.
No quería escuchar más palabrería.
Tenía claras sus prioridades.
O… eso pensaba.
Pues aquí acaba el capítulo segundo, toma cliffhanger que os he dejado. Parece que lo hago aposta a veces eh? xDDDD
Espero que os haya gustado y que hayáis disfrutado de la lectura tanto como he disfrutado yo escribiendo. Sé que todos estaréis recordando la escena de la película… dulces e inocentes criaturas… jejeje…
Os aseguro que no es como os lo esperáis. O puede que sí, quien sabe (¿)
¿Me merezco un review? ^^
