Buah, me retrasé un poco con la actualización, pero estoy muy orgullosa de haberlo conseguido sin alejarme mucho de las dos semanas/15 días. Este capítulo me ha costado un poco más al final, y aunque no lo creáis he cambiado muchas cosas y movido otras, pero estoy contenta con el cómo ha quedado al final con la tontería. Gracias a Cucuxumuxu, que me ha desatascado en el momento crucial, y gracias a Angeline por hacerme siempre de Breader y darme buenos consejos. Si no fuese por ella este cap hubiese durado como siglos y siglos xD

Sin más demora os dejo el capítulo.

Espero que os guste~


-¿Dean?

El susodicho sonrió de oreja a oreja sin despegar la vista del delicioso cuerpo del moreno que ahora se retorcía contra la madera de su jaula, desabrochándose la camisa.

El más bajito no pudo evitar rotar los ojos.

-Tienes 5 minutos. Si el capitán se entera te cortará la polla.

-Me sobran 4. –Inquirió, pasando a bajarse los pantalones para mostrar a unos aterrados ojos grises lo hinchada que estaba su polla.

Su compañero se limitó a hacer de tripas corazón para cerrar la puerta del calabozo y darle intimidad a su amigo para que pudiese disfrutar de la mercancía todo lo que desease.

Él no quería saber nada.

"El mundo de los humanos es horrible. No quiero estar aquí. ¡C…Cora-san…!"

Gritaría si pudiese para que alguien, quien fuese, le salvase.

Pero nadie podía escucharle.

¿Quién iba a salvar a un desertor como él? Había caído en las garras del destino, en el futuro negro que le esperaba a partir de ahora por haber sido un estúpido. Se sentía el ser más miserable del mundo. No creía merecer la sangre azul que corría por sus venas en ese preciso instante. Algo en su pie dolía horrores, el tobillo se le había hinchado de manera insana y había adquirido unas tonalidades extrañas. Tenía un esguince. Desconocía totalmente cualquier término fisiológico aplicado a aquellas piernas que tenía, por lo que no comprendía qué era lo que estaba mal en él. Lo único que sabía era que tenía a aquel hombre aterrador delante de él, y que aquello que mostraba frente a sus dos ojos grises temblorosos estaba muy duro. Demasiadas cosas extrañas en tan poco tiempo. Su cuerpo sensible a las hormonas del resto de seres vivos captó rápidamente la lujuria que desprendía el cabronazo que tenía delante. No sabía qué quería hacerle, pero supo al instante que no le iba a agradar.

-Ya es hora de que abras la boca, puta. –Se quejó Dean, viendo que el moreno, en lugar de lloriquear y chupársela para salvar la vida o al menos conservar la cara intacta, se quedó observando con pavor pero a la vez con curiosidad su polla.- ¿Es que no me oyes?

Un fuerte tirón en sus cabellos negros fue lo único que devolvió al cuerpo de Law a los temblores de antes. Estaba muy asustado. No tenía ni idea de lo que estaba pasando, sólo alcanzaba a pensar con claridad que quería irse de allí y volver a casa.

Pero ya nunca más podría volver a casa.

Ya no tenía un hogar.

Ahora sólo tenía aquello frente a sus pozos grises queriendo ser atendido.

Frunció el ceño en cuanto el dolor se pasó, pero eso sólo provocó más a su atacante.

-Ramera de mierda.

Una patada le golpeó tan fuerte en las costillas que sus ojos se dilataron hasta el punto de desaparecer de sus cuencas, con la boca tan abierta que, si tuviese sonido, seguramente hubiese sido un agudo grito de dolor. Algo en su cuerpo comenzó a mandarle mil descargas de alerta al cerebro, aterrado, dándose cuenta de que la impotencia iba a superarle.

No podía dejarse vencer así, tenía que luchar.

Pero no podía levantarse, no podía ponerse de pie.

Esta vez, el pie de su atacante aplastó con rabia aquel tobillo que se le hinchaba de sobremanera, haciendo que con eso el moreno se retorciese al instante como una rata a la que intentan prender con fuego. Nunca había experimentado algo así. Nunca había sentido dolor, nunca.

¿Desde cuándo había sido el niño mimado del que Doflamingo habló?

Él nunca se vio así, él nunca creyó sus palabras, pero allí estaba, pagando por sus errores colosales y experimentando por primera vez algo que deberían haberle dejado sentir en su infancia. La mente se le nublaba. Los gritos no salían de su mente, pero creyó que iba a comenzar a delirar de un momento a otro.

Apenas distinguió la figura de Dean agacharse con una mueca de satisfacción en su rostro para atarle las muñecas con unas pesadas y gruesas cadenas, con óxido debido a la sal marina y a la vejez de las mismas.

¿Por qué no podía alejar sus muñecas de la pared? ¿Qué era eso?

La única forma que había tenido de defenderse y que no había sido capaz de usar antes se desvaneció ante sus ojos. Muy alterado, y aterrado para no mentir, empezó a forcejear con las cadenas y a patalear contra el suelo.

No quería estar allí.

Quería morirse de verdad.

-Ahora vas a tener que portarte bien y te vas a comer mi polla, ¿Vale, zorra? –Tomó una vez más de los cabellos al moreno, que aunque le mirase de aquella forma parecía que no estaba viendo absolutamente nada de nada. Notó algo caliente contra su labio inferior. Algo duro.- Abre la boca.

Law estaba demasiado aterrado para obedecer. Nadie le daba órdenes, él era el príncipe de los siete mares, qué cojones. Nunca había soportado que le ninguneasen, no iba a ser esta vez menos.

Peor se vio obligado a hacerlo cuando le tomó otra vez del pelo para tirar y alzarle la cara.

Al abrir la boca para intentar gritar o al menos insultar a ese grandioso hijo de puta aquella polla le entró hasta la garganta. El tal Dean, complacido, pareció sisear de placer ante el dulce calor que la boca que aquel joven desprendía.

-Joder, qué húmedo…

No se cortó un pelo tampoco cuando en lugar de sacarla de su garganta para que pudiese respirar, comenzó a mover las caderas salvajemente, haciendo que su polla entrase y saliese y le golpease en la campanilla con rudeza casi asfixiándolo.

La sensación de degradación y de falta de oxígeno hizo que sus ojos se humedecieran hasta el punto que algunas lágrimas traidoras corrieran de sus mejillas, intentando saborear la libertad que él mismo no volvería a tener. Es más, estaba saboreando algo que nunca creyó que saborearía.

No sabría describir la sapidez de aquel enorme trozo de carne hacer presión contra su lengua y su paladar.

Lo único que por su mente pasaba era la palabra "asco".

Entrecerró los ojos en un momento desesperado porque su vida se acabase de golpe, porque su corazón dejase de latir al instante y, con suerte, poder morir y dejar de sentir aquello que le daba enormes punzadas en el estómago.

Quería vomitar, pero dudaba poder hacerlo con aquel miembro follándose su boca hasta dejarle sin aliento.

No podía moverse.

Quería escapar.

No tenía dónde ir.

Ese fue el último pensamiento que le golpeó en la cara de una patada antes de que otra cosa inundara sus papilas gustativas y, esta vez, poner auténtica cara de desagrado.

El sabor era amargo, y realmente vomitivo.

Y, como la punta de la polla del otro hombre se enterró en su garganta hasta casi atravesarla mientras el orgasmo le sacudía, pudo notar como casi todo su contenido se deslizaba hacia su estómago, mientras lo que no podía por presión manchó su cara y sus labios.

Por fin aquel enorme trozo de carne abandonó su boca, y Law no pudo dejar de toser asqueado y lleno de temblores.

Quería abrazarse a sí mismo, quería sentir el tacto de sus manos sobre su propia piel. Pero estaba totalmente inmóvil ante la mirada de aquel buitre que iba a disfrutar devorando su carne poco a poco. La sonrisa que Dean puso al ver su cara de miedo fue digna de un psicópata en una escena de una película de terror. Law no supo si temblar más o comenzar a llorar como niño que se sentía de golpe.

Su boca había sido ultrajada de la forma más sucia, pero parecía que el pirata frente a él no le parecía lo suficientemente bueno como para dejarlo así.

-Lo has hecho bien. –Le premió con una caricia en su vientre, mientras lamía los restos de semen que bajaban por la barbilla del joven príncipe.- Ya casi acabamos. ¿Quieres correrte tú también?

No sabía el significado de aquella palabra, pero no le costó nada asociarlo a lo que acababa de suceder. Aquella… cosa que había salido de la polla del otro. Por lo menos así la había llamado. Se miró a sí mismo, bajando sus asustados ojos grises a la polla más que flácida que tenía entre sus nuevas piernas.

-¿Eso es un sí? –El moreno negó rápidamente con la cabeza, intentando atravesar la pared de madera de aquella celda para largarse de allí y ahogarse entre las olas del mar. No habría mejor forma de perecer para él en un momento así.- Déjame ver cómo te co—

La puerta comenzó a ser aporreada de golpe.

Law creyó que en verdad era un emisario de Poseidón que había ido allí para salvarle a lomos de un hipocampo.

-Dean, hemos llegado a puerto. Si no sales ahora el capitán va a colgarte del palo de mesana. Así que súbete ya los pantalones, tenemos que ir a vender lo que no necesitemos.

El joven príncipe se dio cuenta en seguida de que él seguramente fuese una de aquellas cosas que "no necesitaban".

Exhausto, cerró los ojos y agachó la cabeza intentando no pensar, intentando dejar su cerebro en estado vegetativo para no imaginar el destino que le esperaba.

En cuanto aquel hombre le dejó solo en su asco, dejó que por fin su cuerpo se apoderase de las consiguientes arcadas, consiguiendo hacerse a un lado para poder vomitar todo lo que le habían obligado a tragar. En la boca tenía un desagradable sabor.

Y el olor que se acababa de acoplar en su celda no era mejor.

Su cuerpo olía a sexo, su boca parecía un pozo mugriento y su aspecto lleno de moratones no mejoraba para nada la situación. Ahora mismo hasta él se veía como un despojo.

Sus ojos grises apenas fueron capaces de alzarse para mirar a Bepo, que había contemplado toda la escena atado con gruesas cadenas dejándole totalmente inmóvil.

"Dios mío, Bepo, que te he hecho".

Apretó los labios con fuerza temiendo ahora mucho más por la vida de su amigo que por la suya.

Al fin y al cabo todo había sido culpa suya, no le importaba ya lo que le sucediese. Apenas sentía que respiraba ese aire tóxico del mundo de los humanos. Pero había arrastrado a Bepo al infierno en vida, y no podía permitirlo. Ni si quiera podía consolarle con sus palabras serenas o con su voz melodiosa al entonar una simple canción.

Las lágrimas fueron inevitables.

El animal, temblando y aterrado, soltó un lastimero gruñido al ver que su amigo se puso a llorar, y forcejeó todo lo que pudo contra las cadenas que le apresaban hasta hacerle daño, tanto que al intentar liberarse más sangre empezó a manchar su pelaje blanco.

"Bepo no, no lo hagas"

Los sollozos solo pudieron aumentar de intensidad, y aunque no pudiese hablar, aquel sonido sí que parecía reflejarse en su garganta. Al menos ese hijo de puta le había dejado escucharse en su agonía. Por muy mudo que el sonido fuese.

Se sentía la mayor bazofia del mundo.

Era tal la sensación de impotencia que estuvo a punto de comenzar él a forcejear más si podía con las cadenas que le aprisionaban, para que con suerte se le cortaran las manos del esfuerzo y se desangrase en su miseria.

La puerta volvió a abrirse, y de golpe sus piernas comenzaron a tiritar ante la posible visión de que aquel hombre volviese para terminar lo que había empezado. No sabía cómo hubiese seguido si no se hubiese marchado, pero estaba seguro que no le iba a gustar en absoluto.

Para su alivio, no era Dean quien cruzó el umbral de la puerta. Era un hombre corpulento, sin pelo en la cabeza pero con mucho en la cara, con una barba prominente. Entró en la celda de Bepo para atarle una enorme cadena al cuello, y tras eso comenzó a soltarle. Se le llevaban. Lejos de él. A su Bepo.

Los tirones en muestra de rebeldía contra las cadenas no tardaron en hacerse notar, con un histérico Law intentando en vano alcanzar a su amigo de la forma que fuese y como fuese. Pero no tardaron en ir a por él después.

La enorme cadena que acababan de atar a su cuello era muy pesada, y le costaba mucho respirar con ella puesta. La misma iba conectada a otras dos cadenas que ataban sus pies y sus manos. Tratado como una mera mercancía. Como un objeto de valor despreciable. Aunque seguro que aquellos piratas iban a venderle por una buena suma de dinero.

A pesar del peligro inminente, a pesar de las posibles desdichas que iban a sucederle y que deberían estar infundiendo un miedo sobrenatural en su mente, sus ojos grises no podían despegarse de los tratos que recibía su mejor amigo siendo arrastrado por el suelo entre fuertes tirones como un trapo. Alejándole de él. Separándole del único sustento que le mantenía en la cordura.

"¡Bepo!"

Quería alzar su voz ante los ruidos de los tripulantes sobre la cubierta, bajando todos por una rampa de madera hacia lo que parecía ser el puerto. El puerto de una bulliciosa ciudad, que tenía el aspecto pulcro que la vestía de lobo con piel de cordero. Aunque estaba lejos del rey marino, aún podía verle por delante de él, siendo arrastrado por varios hombres para bajar sobre la madera y caminar hacia el interior del pueblo pesquero.

Estaba muy alterado, muy sorprendido y sobretodo asustado por todas aquellas gentes que hablaban con fuertes gritos, lucían ropajes zarrapastrosos y mostraban unas sonrisas depravadas y sucias. Mujeres enseñaban con escueta ropa sus generosos pechos a todos los que pasaran por las esquinas, vendiendo su cuerpo por una razonable cantidad de dinero. Algunos llevaban miembros de madera donde debería haber un brazo o una pierna, mientras el eco de los pasos del bullicio resonaba entre los empapados baldosines de piedras graníticas. Siendo observador, pudo ver que entre otras cosas que ofertaban como su propio cuerpo, también vendían otro tipo de mercancía, como por ejemplo pescado a gritos mientras era limpiado en las mismas calles, pequeños puestos con hierbas medicinales y otros amuletos místicos para los navegantes que se adentraran en el mar, e incluso piezas de ganado que correteaban entre los pueblerinos y entre sus magullados andares en esos precisos instantes. Nunca había visto una bestia parecida, con aquella mirada profundamente oscura. El pequeño cordero salió corriendo en cuanto un hombre al que le faltaban muchos dientes y tenía la piel llena de suciedad la reclamó con un silbido.

A él le juntaron con un montón de hombres y mujeres que estaban igual de atados que él, con escasa ropa si es que tenían la suerte. Al menos a él le habían dejado conservar su túnica. La túnica que iba a llevar para su coronación. Si Doflamingo y Cora-san estuviesen viéndole ahora… llorarían de la vergüenza. Fueron conducidos entre azorados gritos para meterles prisa por escuetas callejuelas que parecían ir a parar a una gran plazoleta, rodeada en su conjunto por casas altas de pinturas vivas pero de paredes algo desconchadas, mostrando así el daño que había hecho el paso de los años sobre su piel, sin contar con la brisa salada del mar. Las ventanas parecían ser todas de la misma estructura a lo largo del pueblo: apenas había cristales en ellas, si es que se daba la suerte. La mayoría eran simples agujeros cuadrangulares en las paredes, con diminutas y desgastadas puertecitas que abrían las casas al exterior para airearlas por las mañanas. Las puertas de madera tenían más de un arañazo y un corte, probablemente causado por alguna botella rota de vino como indicaban las manchas de las paredes y de los suelos cercanos. En el centro, con un blanco roto y una presencia paupérrima, una diminuta fuente emanaba agua con jolgorio, como si sólo esa pequeña estructura pudiese alegrar la vista de los visitantes. Mirase por donde mirase, todo apestaba a micciones de animales, a agua salada y a sudor humano.

Sudor que su propio cuerpo había comenzado a crear. Sus ropajes pesaban por la cantidad de agua que agolpaban dentro, y le costaba mucho moverse con aquellas cadenas y ese doloroso esguince en su pie. Se sentía desfallecer con demasiada frecuencia para su gusto.

-¿Es tu primera vez? –Le preguntó un chico joven al príncipe, acercándose a él mientras los colocaban de dos en dos para ser montados en carros para su venta. Parecía que el plan era llevárselos lejos a todos para encontrar un comprador que los quisiese.

El moreno no podía responder aunque quisiese. Por eso se limitó a apretar los labios.

-No tengas miedo. Pueden olerlo. –Lanzó una mirada llena de significado a los negreros, entre ellos el capitán del barco en el que acababa de llegar, recibiendo una bolsa bastante pesada a cambio de su cuerpo. ¿Eran ganado? ¿Trozos de carne que podían ser tratados como escoria? ¿Qué era lo que estaba mal en el mundo de los humanos? – A mí ya me han revendido tres veces con esta.

La sonrisa enigmática que puso el joven a Law fue de lo más desconcertante. Parecía vacía, carente de cualquier emoción o atisbo de esperanza.

Ya podía verse a sí mismo de esa misma forma en unos días no muy lejanos.

La única prenda que él llevaba le hacía destacar enormemente entre el resto de esclavos que iban a ser montados en todos esos carros llena de gente casi en cueros. Aunque muy desaliñado, el eléctrico azul de su túnica llamaba la atención de todos los mirones que simplemente se "acercaban a curiosear" la nueva mercancía que probablemente traían de rincones muy lejanos del mundo. Pero Law, con aquellos ropajes engarzados en costuras grises y pequeñas piedras, era como un cartel de neón para todo el que se husmease por aquellos tugurios. Su suave lazo con el deseo de los reyes y el lema de su casa comenzaba a deslizarse hacia abajo, apenas sostenido en su sitio. Su color dorado había sido eclipsado por la suciedad de aquella celda en la que hace poco había sido encerrado.

La hinchazón que lucía uno de sus pies descalzos comenzaba a empeorar. Dar un simple paso le costaba realizar un esfuerzo sumamente grande. La cojera la podían notar hasta los vendedores que iban a traficar con él.

El negrero que trataba con el capitán del navío en el que había llegado clavó con saña y furia un puñal sobre la pequeña mesa donde llevaba todos los pagos y los nombres.

-Tu chico tiene un defecto. –Con la misma arma y el mismo ímpetu, usó el filo como guía para que sus miradas se clavasen en Law.- Cojea como si estuviera roto.

-Te aseguro que no lo está. –Intervino rápidamente el capitán. No le convenía perder el dinero que acababa de ganar.

-Más vale que no me mientas, o me encargaré de que me devuelvas cada doblón que te he pagado por el muchacho.

-No digas memeces. ¿Te he engañado yo alguna vez? –El vendedor, abiertamente confiado, exageró teatralmente todos los gestos que realizaba con las manos y su cara.- Si no sacas suficiente con el chico la bestia te hará mucho más rico.

A la par que hablaban, los rugidos de desesperanza de un rey marino quebraron los cielos y el alma de cualquier ser con corazón sobre el suelo de piedra de la ciudad. Law giró inmediatamente la cabeza ante el estridente sonido, para contemplar con sus propios ojos el sufrimiento de su amigo mientras intentaban subirle a una enorme jaula sobre un carro.

"¡Bepo! ¡No podéis llevaros a Bepo!"

De su garganta no salió ni un solo grito, ni una sola palabra, ni un solo gemido de frustración.

Su único impulso fue tirar de las cadenas hacia el rey marino, tropezando por ello a mitad de camino contra el frío suelo.

Una mujer de cabellos negros, delicados y largos hasta la cintura lanzó una rápida mirada hacia lo que acababa de acontecer.

Bepo, al ver al príncipe en el suelo y siendo gritado por sus captores, tiró con más fuerzas de las cadenas hasta que consiguió soltarse, armando un barullo de escándalo consiguiendo con ello alterar a todos los negreros que intentaban tomar sus cadenas para detenerle y calmarle de cualquier forma.

El oso polar rugía con fuerza ante cualquier humano que se le acercase, mostrando sus enormes dientes y lanzando zarpazos como loco mientras comenzaba a ser reducido.

"¡Bepo!"

El moreno estiró tembloroso, tirado como estaba, una de sus manos tatuadas hasta la figura de su mejor amigo siendo golpeado y azotado, mientras forcejeaba un poco más para intentar oler la libertad por unos segundos. Por estar con él. Por permanecer a su lado.

No sintió las fuerzas para volver a levantarse, notando de pronto un enorme pisotón sobre su espalda con la premeditada intención de hacerle mucho daño.

-¡Mira lo que has hecho, jodido mocoso! –Le gritó uno de los vendedores, alzando su espada contra el joven príncipe. Law no sabía si cerrar los ojos ante su inminente muerte o al menos sentirse liberado por fin de todo el dolor que estaba sufriendo por su puta culpa.

Nada de eso tendría que estar pasando.

Si hubiese tomado la decisión correcta en su momento…

El chico tan amable que había estado hablando con él hasta hace un minuto se agachó en pos de defenderle de su atacante.

-¡Sólo ha sido un tropiezo, perdónele! ¡Es nuevo, e inexperto, no entiende las…!

Por aquella infame osadía, el captor le golpeó con fuerza en la cabeza usando el mango de la espada para hacerle caer de bruces al suelo. Sobresaltado, Law se arrastró por el suelo para intentar reanimarle, o al menos intentar no sentirse tan horriblemente mal por todo lo que estaba sucediendo a su alrededor. Era como si dejase toda una estela de fatalidades y desgracias allá donde iba, infectando a todos los que pretendían ayudarle de un modo u otro.

El negrero perdió el interés rápidamente porque tenía otros asuntos más importantes que atender.

Como conseguir calmar a aquella bestia y meterla en la jaula antes de que tuviesen que matarla.

De pronto, el joven que había intercedido por él, con aquellos cabellos rubios escondiendo sus ojos, comenzó a sonreír con suavidad.

-No te preocupes. –Le comentó en susurros, para que no se alarmase y escuchase con atención.- ¿Crees tener fuerzas para correr?

Ante la negación del moreno con el movimiento de su cabeza, el chico simplemente se rió por lo bajo.

-Está bien.

Giró la cabeza ante la dama de cabellos negros y hermoso rostro para asentir.

La chica pareció entender al momento, porque no tardó en sonreír amenazante.

Para alguien como Law, inteligente y conciso, que aquella chica de golpe se "cayera" al suelo con un supuesto "dolor" entre los pechos solo le hacía alzar una ceja. ¿Tan repentino? ¿Tan de golpe? ¿Quién iba a creerse algo así?

Parecía que el objetivo de aquella treta no era que los captores creyesen que sentía dolor. Era que se quedasen hipnotizados ante la cuasi desnudez de sus dos enormes tetas, las cuales apretaba con fuerza contra su pecho para que tuvieran mucho más volumen y mucha más indecencia.

-Ahora. –Le murmuró el chico.

Tomándole con mucha rapidez entre sus brazos, como a una princesa.

Algo que debería enojar a Law si no fuese por la situación en la que se encontraba.

De bote pronto, dos enormes mujeres golpearon con sus cadenas a dos de los vendedores de esclavos que estaban controlando que montaran en los carros como ganado, haciéndoles caer con demasiada rapidez. La mujer de gran belleza y cabellos azabache tomó como arma una de las lanzas que estaban usando contra los pobres desgraciados que iban a ser vendidos para luchar por su libertad.

-¡Ahora, todos! –Chilló llena de fuerza y decisión, con aquellos bonitos ojos brillantes emanando porte y talante.

Nunca había visto una mirada así.

No en alguien de una baja cuna, por lo menos.

Los esclavos parecieron atender deliberadamente a aquel llamado hacia la libertad, y no dudaron un segundo en tomar sus propias ataduras como armas para intentar reducir a los hombres que, con armas afiladas y letales, intentaban reducirles hasta la muerte.

-¡Hancock, yo me llevo al primer grupo!

La mujer, con un movimiento de cabello más sensual que el de un anuncio de champú, se limitó a despedirle con molestia usando su mano izquierda, mientras que con la derecha ahogaba a un pobre malnacido que había intentado dispararla.

Law apenas daba crédito al giro de acontecimientos, pero decidió no preguntar demasiado y dejarse llevar por aquellos brazos que le alejaban de todo lo malo que había conocido en el mundo de los humanos. Incluso de su amigo Bepo.

El oso polar veía cómo se llevaban al príncipe entre lamentos y rugidos dolidos.

Eso no era lo que había querido.

Law tampoco, desde lo más profundo de su corazón lo que más ansiaba era estar de vuelta con el rey marino y poder huir juntos a cualquier rincón donde poder comenzar a lamentarse. Aunque en verdad no había dejado de hacerlo desde que le encerraron entre los barrotes de una celda y habían lastimado su cuerpo.

"No soy un niño mimado"

Se dijo a sí mismo, intentando recomponerse.

Miró por encima del hombro del rubio, viendo que otros tantos les seguían, asustados y muy desorientados.

-Siento haberte mentido antes. Soy Sabo. –Le dice con sinceridad, y con una enorme sonrisa decorando su rostro.- Espero que me perdones.

Law no podía hablar, pero sí podía mostrar sorpresa ante las palabras que le estaba dedicando.

¿De qué estaba hablando?

Los gritos de los negreros al ser ahorcados por aquella bella mujer le dejaba totalmente consternado, sin ser capaz de dejar de mirar por encima de su hombro otra vez.

-Ella es Hancock, la conocí en un barco de esclavos que venía hacia aquí, hacia Dinamarca. No tengo tiempo de explicarte ahora, así que me temo que tendremos que aplazar nuestra conversación hasta dentro de un rato.

Como un saco, notó su cuerpo ser lanzado al interior de un carro lleno de paja hasta las trancas, arrojado como una piedra dentro y perdiéndose entre aquella espesura dorada.

-Prométeme que me contarás de dónde has sacado esa ropa.

El moreno se asomó como pudo entre la paja, mientras el resto de esclavos se colaba dentro para esconderse y no ser vistos por la marina ni por ningún cuerpo de la ley que quisiese devolverles al infierno en vida. Estiró la mano hacia el rubio, lleno de preguntas, confusión, miedo, tensión y sobretodo aversión por el abandono de su mejor amigo.

Se abrazó a su túnica mientras miraba cómo aquel joven corría de nuevo a la escena de la batalla campal y para nada improvisada que parecía ser dirigida por ese chico y la mujer de enorme belleza que le había mirado con algo de recelo, tras ver que era imposible alcanzarle. Aquel trasto sobre el que estaba subido había comenzado a moverse sin explicación alguna para él, pero el resto de personas entre la paja parecía sonreír con tanta felicidad que pareciese que iban montados sobre una corriente marina llena de enormes criaturas fascinantes del océano. Como él solía hacer a modo de travesura cuando estaba en casa.

Aquel hogar al que no podía volver por su insensatez.

El sonido de las cadenas chocando contra espadas y de las balas acribillando el suelo de piedra cada vez era más lejano para él.

Con energía, Sabo tomó un revólver de uno de los vendedores de esclavos muerto para poder usarlo como arma mientras se colocaba a la espalda de Hancock. La mujer se limitó a pisotear con desprecio la cara de otro de los necios que se había creído superior a ella por el mero hecho de ser mujer.

-Tenemos que darnos prisa. –Comentó con soltura, robando un chaleco a uno de los cadáveres que acababa de asesinar, ridículamente pequeño para el tamaño de sus pechos. Pero bueno, algo más la tapaba que el diminuto pedazo de tela que le habían dado cuando la habían "tomado" en un navío al borde del abismo.- O vamos a tener problemas antes de terminar el plan.

-¿Tu querido príncipe vendrá a regañarte? –La pregunta, ganándose con ello un fuerte golpe en la espinilla por parte de la mujer.- ¡Au, joder!

-No es eso, imbécil. –Se atusó el pelo para dejárselo colocado, como acto reflejo en cuanto hablaron de aquel hombre con título honorífico.- Han llegado piratas a la ciudad.

-No encuentro el problema. –El rubio, disparando una vez más su arma, tomó entre sus brazos a una niña pequeña que iba a ser vendida para llevarla rápidamente junto con otro grupo que iban a esconder en carros para alejarles del peligro.

-El problema es que no es cualquier pirata. –La pelinegra aguardó unos pequeños segundos para seguir hablando de lo que realmente la preocupaba.- Es Eustass.

El rubio casi se queda blanco al escuchar el nombre.

Ahora sí estaban en problemas.

No tenía suficiente con salvar a unos esclavos de ser vendidos como perros de pelea.

Ahora iba a tener que salvar a un pueblo entero.

Pues era muy sabido por las gentes de los siete mares que, allá donde pisaran las botas de Eustass "Captain" Kid, no había semilla del mañana.


Bueno, adivináis por fin el por qué del título? jajajaja espero que sí. Era un juego de palabras, no quería nombrar directamente a Kid para que fuese una sorpresa. Ya estamos cerca! Por fin va a aparecer Kid. Seguro que os he dejado con muchas preguntas en este capítulo, pero con el tiempo se resolverán, paciencia paciencia.

Muchas gracias por leer, me gustará de paso pedir algún review para animarme :33

Un besote enorme a todos