Aquí poniendo el primer capítulo, espero lo disfruten, seguiré actualizando pronto, hasta quedarme sin reservas xD.

El fanfic está basado en el fanfic "Juntos- Una Historia de Transformación y Tragedia" su autor es "Rowan Seven" y su traductor al español es "Albreyck".

Ranma 1/2 No me pertenece, le pertenece a Rumiko Takahashi. Yo sólo uso sus personajes con fines de ocio y sin lucro. De paso para mejorar mis habilidades narrativas y divertirlos (espero) un poco a ustedes, amigos lectores y escritores.

"Cursiva" pensamientos, diálogos internos y recuerdos."Entre comillas" realzo alguna palabra, título, etc.

Cursiva, palabras en otros idiomas, que no serán tantas xD. Negrita Cambios de lugar (países o sitios) y uno que otro diálogo en otro idioma.

A leer.


Capítulo 1. Volviendo a casa

Sevilla, España.

Cerró la puerta de lo que había sido su casa en los últimos meses. Admiró la casa un momento, incluso más que cuando la compró. Era demasiado grande para una sola persona como ella, sin contar que muy pocas veces llegó a disfrutarla realmente. El trabajo la había absorbido todos esos años. ¿El trabajo? Pareció pensarlo un poco más y negó para sí misma. Se había apasionado buscando una vía de escape, y aunque no le fue nada mal, no era realmente algo que la satisficiera. Sí, tenía una bonita casa moderna en Sevilla, y no cualquier colonia, era de lujo, al igual que su mustang negro. Nunca en su vida había gozado de tantos lujos como en ese tiempo, y aún así no estaba satisfecha.

Se dirigió por fin a su auto, y condujo directamente a su destino final, el aeropuerto internacional. Estacionó su auto, tomó su equipaje y se dirigió a comprar su boleto. Ya irían más tarde a recoger su auto.

Pidió el primer vuelo que la llevara a su ciudad de origen, riéndose mentalmente porque, hace algún tiempo había huido de su país, y ahora volvería a casa.


Núremberg, Alemania.

Se despidió de su familia, tenía que ir a trabajar. Su esposa lo despidió con una gran sonrisa como siempre, y sin perder la costumbre de despedirlo como en su lugar de origen.

Vivían en el extranjero desde hace algunos años, a él le habían ofrecido trabajo de maestro de artes marciales en Alemania. Bueno, en realidad él había buscado trabajos en el extranjero. Si bien no le había ido mal escribiendo novelas, sobre todo con "Las pozas malditas de Jusenkyo" su primera obra, y con la cual había ganado fama en su país y luego de publicarla en otros idiomas, comenzaba a ser famoso en el extranjero; había decidido buscar por bien propio y de su familia, trabajar en el extranjero, donde fuera, pero lejos de Nerima.

Para empezar, todavía le costaba aceptar que estaba casado, con tres hijos producto de ése matrimonio, de los cuales uno se encontraba viviendo lejos de ellos, con los padres de su esposa. Había sido lo mejor, estaba convencido de ello.

Sí, era lo mejor, porque todavía le era difícil aceptar su nueva vida. Más bien el con quien compartía su nueva vida. Su esposa era maravillosa, muy dedicada a su hogar, a los niños, a él. Todo el que los conocía, le felicitaban y envidiaban su suerte. ¿Qué más podía pedir? Sólo el hecho de que ella siempre hubiese sido ella, y no dejado de ser él.

Si tan sólo Ranma dejara de existir en su mente, y pudiera ver sólo a Ranko como tal, como su esposa y madre de sus hijos. Pero no, pues todavía lograba ver al guerrero, a su rival de lucha y de amores, todavía le veía, pero ya no tanto como antes.

Él era afortunado, había encontrado la cura para dejar de convertirse en cerdo, y aunque quiso ayudar a su rival, compartiendo el agua de la poza del hombre ahogado, para que dejara de ser mujer, se encontró con el hecho de que Ranma había sido hechizado, que se estaba convirtiendo en Ranko sin que nadie pudiera advertirlo, y se había enamorado de él: Hibiki Ryoga. Ya nada podía hacerse, Ranma era ahora Ranko. Ni siquiera Cologne con su sabiduría ancestral pudo remediarlo. Y él… bueno, él no pudo destrozar el corazón de Ranko. Así que, ahí estaba, trabajando como todo hombre normal, haciéndose cargo de su familia.

Entró al salón, y sus veinte alumnos le saludaron respetuosamente, comenzó la rutina de cada día. Evaluando los avances y fallas de sus alumnos. En eso estaba, hasta que Emil, el director de la escuela le mandó a llamar.


Nerima, Tokio, Japón.

Estaba satisfecho, la casa estaba limpia, el dojo también, había encerado el piso y pintado la fachada y cuartos haciéndola ver más limpia, fresca y nueva. Incluso él mismo se arregló tiñéndose el cabello y bigote. Enterarse de que su hija Akane regresaba a casa con él, lo llenaba de alegría y energía. Y quería que su pequeña viera que todo estaría tal y como ella lo debía recordar. La había extrañado tanto, e incluso avisó a sus otras dos hijas de su llegada, así que Kasumi y Nabiki le habían ayudado en esos días a arreglarlo todo.

Era feliz en ése momento. Había despertado con el aroma del desayuno que Kasumi preparaba, y sí, Kasumi había decidido quedarse por esa noche en casa, para recibir a su hermana. Claro ahora Kasumi no estaba sola, luego de haberse graduado en medicina y mantener una relación con el doctor Tofu, se habían casado. Tenían dos hijas: Akari y Kaori, quienes dormían en lo que era la habitación de Nabiki.

Nabiki le había dicho que llegaría a tiempo para recibir a su hermana, y así fue, llegó un poco después acompañada de sus hijos: Rentaro y Akemi.

Todavía le sorprendía ver a sus dos hijas mayores realizadas y con sus familias. Nabiki se había recibido en finanzas y se había casado con Kuno, con el cual había fundado el Banco Nacional de Nerima, y nos les iba mal. Tampoco a Kasumi le iba mal, ella y su esposo habían creado un hospital. Entonces se preguntó ¿cómo llegaría Akane a verlos? ¿Vendría con su familia?

Se emocionó de pensarlo, pero no podía saberlo, Akane sólo se había disculpado y avisado que iría a visitarlo, si él la recibía. Al final, había marcado el número que le dejó para contactarla y fue como se pusieron de acuerdo.

— ¡El desayuno está listo!—anunció Kasumi.

Se sentaron todos a desayunar, mientras conversaban sobre la repentina llegada de Akane, aunque no sabían bien a qué hora llegaría.

— ¿Hay alguien en casa?—se escuchó la voz de una mujer en la entrada.

— ¡Tenemos visitas!—gritó Kaori que salió corriendo a recibir a la visita, seguida de Soun que tardó un poco en reaccionar.

— ¡Akane!—gritaron emocionadas sus hermanas, corriendo tras su padre.

Poco a poco fueron viendo a una mujer elegante, vistiendo un saco y falda de color azul marino, aretes, blusa y zapatillas en color blanco. De piel clara, sus ojos marrones, maquillada levemente, su cabello corto llegándole apenas a los hombros, teniendo todavía ese color azulado que tanto la caracteriza. Sólo que ahora, se le veía con facciones más maduras, ya no era la jovencilla de veinte años que vieron la última vez.

La vieron saludando animadamente con Kaori, que la miraba con esa curiosidad infantil de sus apenas ocho años de edad. Akane volteó a ver a su familia y lloró emocionada, no esperaba encontrar a sus hermanas, ni tampoco conocer a sus sobrinos.

— ¡Akane volviste!—exclamó su padre corriendo a abrazarla efusivamente.

Ambos lloraban. Kasumi y Nabiki se acercaron a saludar a su hermana, uniéndose al abrazo de Soun y Akane, la familia lloraba conmovida, aunque los más jóvenes poco entendían.


Núremberg, Alemania.

Se dirigió a la oficina de su jefe. Tocó la puerta.

— Pase—se escuchó del otro lado de la puerta.

Abrió la puerta viendo a su jefe en el escritorio, revisando papeles. Emil Fritz, un hombre de cincuenta años, cabello rubio, ojos verdes, con la piel rosada, vistiendo un impecable traje color negro y corbata gris.

— ¿Me ha mandado a llamar profesor Fritz?—preguntó al entrar.

— Toma asiento por favor—le invitó.

— Gracias profesor.

— Llevas siete años en la escuela y todavía me saludas con tanta formalidad Hibiki—mencionó el hombre sonriendo—en fin, no ha sido para esto que te he mandado a llamar.

— ¿Hay algún problema con los muchachos?—preguntó un poco preocupado.

— No, eres un gran maestro, están contentos contigo—le calmó.

Ryoga quedó esperando la respuesta de su jefe, le ponía ansioso el verlo tan pensativo, como si buscara la forma de decirle algo.

— No sabría cómo decírtelo, pero la escuela sufrirá algunos cambios, empezando por la administración—comenzó—Yo no seré más el director del colegio, y la nueva directiva ha decidido suprimir algunos programas educativos, y cambiarlos por otros más modernos, encaminados a la tecnología.

— Comprendo.

— Lo siento—se disculpó—intenté salvarte a ti y a varios de tus compañeros—explicó—en verdad lo siento.

— Descuide profesor.

— Podrás recoger tu cheque al finalizar tus clases con Diana.

— Gracias.

— A ti, Hibiki—despidió el hombre.

Salió de la oficina un tanto preocupado, acaba de quedarse sin empleo. Contaba con las regalías de sus libros, pero no sería lo mismo. Ya intuía que algo así sucedería, el director había recibido a unos inversionistas unos meses atrás, que venían con nuevas ideas para mejorar el prestigio de la institución. La tecnología invadía la vida cotidiana, sobre todo en occidente. Poca gente tenía tiempo para dedicarse a las actividades de "ocio" como solían llamarle. ¡Ja! ¿Ocio era saber defenderse?

Conforme se acercaba de nuevo a su salón, vio como otros de sus compañeros daban la nueva noticia, Jenell la profesora de artes, se despedía de sus alumnos con semblante triste. Escuchó a Manfred el profesor de música cantando una canción de despedida con sus alumnos.

En verdad no había sido el único. Entró a su salón y sus alumnos le miraban ansiosos.

— Sensei—le llamó un chico como de dieciséis años, de piel clara y cabellos azabaches, seguramente intuyendo lo que sucedería.

— Bueno chicos, quiero que me den una pelea digna—anunció— ¿Quién me reta?

Los chicos estaban sorprendidos, sin comprender la actitud de su maestro. Se acercó el mismo chico que lo había llamado cuando entró.

— Yo acepto tu reto sensei—se puso frente a él.

— Bien Leonard, veamos qué tanto has aprendido—sonrió.

Se dirigieron al centro del salón, mientras los demás alumnos se sentaban formando un círculo que rodearía el lugar de la pelea.

— Comencemos—anunció Ryoga poniéndose en guardia, esperando el ataque de su alumno, el cual le propinó una patada que Ryoga bloqueó al instante—algunas personas consideran que aprender a defenderse es una pérdida de tiempo—dijo al lanzar al suelo a su alumno con un ataque de su brazo izquierdo—prefieren darle mayor atención a la vida tecnológica—otra patada bloqueada— después de todo, tenemos a la policía para que nos defienda.

Leonard volvió a ponerse de pie, y ahora esperaba el ataque de su maestro.

— Ustedes toman esto como un deporte o un juego—mencionó con cierto enojo— ¡Pero un ataque de un ladrón o vándalo, no será un juego!—atacó a su alumno dándole puñetazos y patadas que el chico apenas esquivaba con cierta dificultad— ¿así te defenderás de un ladrón, así defenderás a tu familia de un ataque?—espetó aumentando la velocidad de sus golpes, hasta que finalmente Leonard una vez más era vencido—tomen esto en serio—dijo parando la pelea.

Leonard estaba en el suelo, y su maestro le tendía la mano para ayudarle a levantarse.

— Sé que ustedes no llevan tantos años practicando como yo, y han mejorado, teniendo en cuenta que las clases han sido sólo cinco horas por semana—reconoció—les falta un poco más, pero tendrán que aprenderlo por su cuenta—comentó—la escuela tendrá algunos cambios, y les enseñarán más sobre tecnología.

— ¡Pero sensei! ¿Qué pasará con nosotros?—preguntó preocupado Adolph.

— Practiquen lo que ya les enseñé, y busquen alguna escuela de artes marciales—dijo.

— ¿Y por qué usted no abre una?—sugirió Nevin, un chico de cabellos castaños.

— ¡Sí es verdad!—exclamó alegre Leonard—nosotros lo seguiríamos maestro.

Ryoga rió levemente, cuánto optimismo en la juventud se decía. Pero él ya tenía otros planes, y se los haría saber a sus alumnos, era lo menos que se merecían.


Nerima, Tokio, Japón.

Las presentaciones se habían terminado, incluso Tofu y Kuno le habían ido a dar la bienvenida un poco después de que se reencontrara con sus hermanas y su padre. Había escuchado con asombro las hazañas de sus sobrinos, y algunas aventuras ocurridas en la familia durante su ausencia. También había hablado de su recorrido por el mundo, de su éxito en Europa, y su deseo de establecerse una vez más en su hogar. Al inicio había dicho que conseguiría un departamento, incluso le había pedido a Nabiki que le ayudara con ello, pero su padre se negó, ofreciéndole una vez más su casa, diciéndole que ése era su hogar, y ahí podría estar si ella así lo quería. Y aceptó. Porque sabía que su padre se sentía solo, y aunque se tiñera el cabello haciéndolo ver de nuevo como el hombre fuerte que tanto recordaba, sabía que ambos se necesitaban.

Y ahora estaban solos. Nabiki y Kasumi se habían ido hacia unas horas junto con sus familias. Tenían que regresar a sus labores cotidianas, y los chicos a prepararse para el colegio.

— Son adorables—mencionó haciendo referencia a sus sobrinos.

— Si, lo son—concedió su padre—creo que le caerás bastante bien a Kaori.

— Supongo.

— No, en verdad Kaori se parece mucho a ti en tu carácter.

— Espero que no—rió Akane.

— Akane, espero no te moleste pero…—dudoso— yo pensaba que tú vendrías con…

— Me acabo de divorciar papá—interrumpió sabiendo a lo que quería llegar su padre.

— ¡Te habías casado!—sorprendido.

— Sí, fue hace cuatro años, él es un empresario holandés—explicó.

— ¡Un extranjero!—exclamó y Akane asintió— ¿Pero entonces?

— No funcionó, es todo—cortó.

— Debiste casarte con un japonés—mencionó su padre.

— Tal vez, pero ya pasó—despreocupada.

— ¿Y… no tuvieron hijos Akane?—preguntó con cierto miedo.

La vio sorprenderse, se le ensombreció la mirada, no debió haber preguntado, pero la había visto tan afectiva con los niños que…

— ¿Te separó de tus hijos?—preguntó recordando la alta tasa de divorcios que mencionaban en occidente a diferencia de su país.

— Si hubiera habido niños—endureció sus facciones—no me habría separado papá—comentó recuperando la compostura.

— Lo siento hija.

— Ya, no importa—se levantó de la mesa—quiero descansar, fue un viaje pesado.

— Tu habitación te está esperando—le sonrió su padre.

— Gracias.

La vio subir las escaleras, dirigiéndose a su antigua habitación con la maleta que traía de su viaje. Estaba contento de tener a su hija de nuevo con él, pero preocupado por lo que acababa de escuchar. Ya ni siquiera le reclamó el hecho de que no hubiera dado aviso de su boda, de que él ni siquiera sabría quién fue el desgraciado que no pudo ser capaz de llevar un matrimonio como Kami manda.

— Extranjeros—se dijo para sí mismo. Ya pensaría en buscarle un buen hombre a su hija para que su fuera su marido. Uno de su misma tierra, y que no fuera tan complicado. Sí, eso haría.


Núremberg, Alemania.

Llegó a su hogar luego de haber concluido su jornada laboral. Estaba llegando un poco más tarde, se había despedido de sus alumnos y también de sus compañeros. Ahora debía dar la noticia a su familia. Vendría un nuevo cambio.

Entró y fue recibido por su esposa, sonriéndole como siempre. Su hijo Renji, un muchacho de apenas quince años, de cabellos azabaches y piel clara tan parecido a él, pero con los ojos azules de su esposa; se encontraba sentado en la sala leyendo un libro. Y seguramente su pequeña estaría ya durmiendo en su habitación.

— Bienvenido querido—le recibió una pelirroja con el cabello lacio y suelto, sus ojos azules lucían alegres, la verdad los años le habían favorecido mucho, quién iba a decirlo, era su mujer.

Colgó su chamarra en el perchero del recibidor.

— Necesito hablar con ustedes—se dirigió a su esposa e hijo, quien interrumpió su lectura.

Hizo pasar a su esposa a la sala, y se sentaron, su esposa a lado de su hijo, y él prefirió estar de pie para hablarles.

— Acaba de haber recorte en mi trabajo—comenzó—Y al igual que otros de mis compañeros he quedado desempleado—pausó esperando algún comentario.

— Bueno, no te preocupes querido—dijo su esposa—yo puedo buscar trabajo.

— Podrías abrir una escuela vati—interrumpió Renji.

— Sí he pensado en abrir una escuela—comentó—y no es necesario que busques trabajo querida—se dirigió a su mujer—pero quiero saber ¿Qué pensarían de que volviéramos a Japón? Allá quiero reabrir la escuela de mis padres.

Renji estaba sorprendido, hacía años que se habían mudado con la clara idea de no regresar y ahora, podrían volver, y quería volver a ver a sus abuelos, a su hermano.

— ¿Estás seguro Ryoga?—preguntó Ranko.

— Sólo quiero saber si ustedes están de acuerdo—comentó.

— Por mí no hay problema—dijo Renji—volveremos a casa, y veré de nuevo a los abuelos y a mi hermano.

— Bien, ¿tú qué dices querida?

— Yo te apoyo Ryoga—sonrió Ranko. A ella también le hacía ilusión ver a su familia, especialmente a su hijo.

— Bien, estando todos de acuerdo, será mejor que empecemos a empacar, porque estaremos volviendo a casa en una semana—anunció Ryoga—Renji hablaremos con tus maestros para que puedas matricularte en algún instituto de Japón cuanto antes. Espero tengas tus materias en orden.

— ¡Claro!

— Ok chicos, pero no olviden llevarse su GPS—añadió Ranko, pues no quería retrasar el viaje por andar buscando a su esposo, a su hijo, o a ambos. Pues hasta ahora el GPS había sido su salvación para evitar que Ryoga se perdiera de camino en el trabajo y fuera despedido por ello, o Renji expulsado por faltar a clase.

— Está bien mamá—dijo Renji mostrando su aparato. Que no era más que su celular, de lo contrario sería un fastidio andarlo cargando.

— Y no olviden configurarlo cuando lleguemos a Japón.

— No, no lo olvidaremos—dijo Ryoga.

— Bueno, si no hay otro anuncio, pasemos al comedor, la cena está lista—anunció Ranko.


Como dije, agregué algunos detalles, en ése caso el despido de Ryoga (no lo había planeado antes) no sé si en los países menosprecien las artes culturales, pero he puesto que le dan más interés a las cosas tecnológicas vale, es un fanfic al fin y al cabo xD.

Y también agregué el recibimiento de las hermanas Tendo, que en el primero ni las menciono casi x.x... Y por lo que recuerdo la familia era muy unida y Soun estaría como loco con el regreso de su hija, diciéndolo a medio mundo xD.

Ok espero les agrade, lo había escrito hace meses pero le hice algunas correcciones. Y como fuente de inspiración, me he escuchado como 3 versiones de "El lago de los cisnes" y "The phantom of the opera" xD.

Ahora sí, gracias por leer, y espero me dejen algún comentario, besos!