.:*Transiciones*:.

Capítulo 23/55

¿Me pongo una falda y un sweater, o un vestido? ¿Pantalones? ¿Me recojo el cabello o lo dejo suelto? ¿Zapatos de tacón? ¿O bajitos? Intentó todas las combinaciones posibles antes de decidirse por un conjunto de falta y blusa. Los zapatos bajos a juego. Como no sabía que tan alto era, lo hizo por precaución...

Su voz sonaba tan juvenil. Si no hubiera visto su fecha de nacimiento en la resonancia, jamás hubiera creído que tenía más de treinta. Pero era tan sabio como un anciano. Tal vez por todo lo que le ha tocado ver. O lo que vivió cuando niño.

Él había compartido eso con ella, su infancia. Para Reid, eso había sido como una catarsis y un desafío. Nunca le había contado a nadie toda la historia de un solo tirón. Ni al equipo, ni a JJ, siempre les dio sólo algunos pedazos. Pero en cierto modo él quería que Maeve lo supiera todo. Sentía como si estuviera confesándole lo peor de él mismo, aún a sabiendas que eso no era lo más censurable. Esa conversación había llegado mucho después. Le contó lo más horrible. Lo de las drogas y la adicción.

Necesitaba probarme. Para ver si huiría de él, incluso antes de encontrarnos. Pero no he huido, ¿verdad, Spencer? Tienes miedo que te lastime. Y no lo he hecho. Ahora tengo que rezar porque tú no me lastimes tampoco.

Ella también tenía un pasado a cuestas. La relación con Bobby y un acosador que la había traumatizado. Con pasos muy pequeños estaba intentando reconstruir su vida hasta la normalidad. Pero aún faltaba mucho.

La conversación interna llevó a Maeve a pensar en su propio desarrollo. Sus padres eran científicos, como ella. No eran ricos y famosos, pero sí respetados en su campo. Y ella había seguido los pasos de su madre, en el área de la genética. Se sentía frustrada porque ahora, cuando su madre la necesitaba más, tenía que quedarse a un lado, sin posibilidad alguna de participar en la investigación de la cura de esa enfermedad.

"Se trata de genética, Maeve. Todo es genética ", mamá siempre lo decía. Y Maeve estaba de acuerdo con eso. Y justo ahora, cuando debía encontrarse usando sus habilidades intelectuales en la búsqueda de la cura del cáncer, estaba escondida en un apartamentito que le alquilaron sus padres.

Pero esto está a punto de terminar, puedo sentirlo. Veré a Spencer esta noche, y voy a estar bien. Y eso significa que podré volver al laboratorio. Se habrá acabado, sea quien sea, y estaré segura otra vez.

Al principio pensó que podría ser Bobby. A pesar que las primeras fotos del acosador incluyeron imágenes de él, entonces pensó que se trataba de una artimaña. Se había convencido que él quería hacerle pensar a ella que lo necesitaba. El hombre con quien ella pensaba que quería casarse. Él, obviamente necesitaba ser necesitado. Pero ella era una mujer valiente, decidida y madura. Sabía que las cosas ya no estaban funcionando: No importaba cuánto lo amara, Maeve se había dado cuenta que no eran compatibles. Quiere a alguien para proteger, y no necesito ser protegida. Quiero poder tomar mis propias decisiones.

Y así, tomó la decisión de dejarlo. "si dejamos que siga, sólo va a doler más y más ", le había dicho. Él había discutido, llorado y gritado, mientras ella permaneció impasible. Finalmente, se dio por vencido y se fue.

Casi inmediatamente después de la ruptura, conoció a Spencer. Había leído su artículo y le escribió. Él le había respondido, con cierta curiosidad por su profesión y a causa de sus dolores de cabeza. Él la había necesitado a ella. A medida que su relación se estrechó, carta a carta, llamada a llamada, habían notado que la dependencia era mutua y sus fuerzas se combinaban. Ella había llegado a conocerlo y respetarlo profundamente. Con el tiempo, empezó a sentir que lo quería. Y a ella se les escaparon esas palabras en más de una ocasión. Pero él no las había correspondido.

¿Y si no le gusto? ¿Y si no soy lo que se imaginaba? ¿Quién piensa él que soy?

Por favor, por favor, que esto salga bien. Cogió el regalo que le había comprado. La narrativa de John Smith. El primer trabajo, y largamente olvidado, de Sir Arthur Conan Doyle. Había pasado mucho tiempo pensando en la dedicatoria. Al final, le resultó fácil. Otro ser humano más sabio que ella había dicho las palabras justas que describían sus sentimientos por Spencer y su relación. Había tomada prestadas sus palabras, para decirle cómo se sentía por él y como los veía a ellos mismos.

Maeve se miró en el espejo una vez más. Tomando una respiración profunda, se dirigió hacia el taxi que la esperaba. Spencer, voy de camino.


Mientras conducía al restaurante, Reid recordó la conversación que había tenido con Maeve esa tarde. Después de haber sido liberado de las limitantes de una llamada por semana, Reid había empezado a llamarla a diario. Incluso había utilizado su móvil durante las dos últimas conversaciones. Maeve estaba convencida que su acosador se había cansado y la había dejado en paz.

"Estoy muy entusiasmado con esto, Maeve."

"Oh, Spencer, no tienes ni idea de cuánto tiempo he estado esperando por esto. He deseado mucho poder quedar contigo en persona."

Esto era lo que los diferenciaba. Reid podría haber continuado indefinidamente con la exploración de la mente fascinante de su alma gemela. Pero Maeve estaba acostumbrada a una relación, algo más convencional, eso era lo que ella deseaba. Reid sabía lo que suponía que se conocieran en persona, pero en él no existía el mismo deseo ardiente que ella expresaba.

Espero que estés en lo cierto, JJ. Espero que ella me guste tanto en persona como me gusta cuando hablamos.

Ahora empezó a obsesionarse sobre cómo manejar el contacto físico. Tocar a alguien era algo muy difícil para él. Le había costado mucho tiempo, caricias casuales, dejar que le desordenaran el cabello, abrazos cortos y fraternos, hasta que JJ había logrado penetrar en él. Era algo normal con ella. Incluso se había convertido en algo que podía hacer con Emily. Y con García, lo cual era inevitable, pero que logró acostumbrarse a eso. Sin embargo Maeve era alguien nuevo, y había mucho que perder.

¿Debo darle la mano? ¿O le doy un abrazo? ¿Tengo que besarla?

De repente se le ocurrió que él sólo había estado anticipándose al inicio de la cita, y no a su final. Sería una cosa como darle a Maeve un rápido beso en la mejilla cuando se conozcan. Pero ¿qué puedo hacer al final? ¿Tengo realmente que besarla? ¿Podrá estar esperando eso?

Él no era totalmente inexperto en estas cosas, después de haber besado en la piscina a la joven actriz Lila Archer. Pero esa era, literalmente, toda su historia amorosa. Por un momento Reid se preguntó si debía haber pedido consejo a JJ en esa área. De alguna manera él no pensaba que hubiera salido tan bien si le preguntaba a su mejor amiga. Casi podía oír que ella le decía: "Hay límites, Reid."

Había llegado. Agradecido por haber encontrado un lugar donde aparcar, a sólo una cuadra, sacó el regalo de Maeve de su bolsa de mensajero y le ató una cinta alrededor . La narrativa de John Smith. Le va a encantar. A ella le encantará sobre todo la dedicatoria que le he puesto.

Él había usado uno de sus citas favoritas conjuntos, Rainer Maria Rilke. La frase decía: "El amor consiste en esto, dos soledades que se protegen, se tocan y se saludan."

No se lo he dicho. No le he dicho que la amo. Tal vez el poeta lo dice por mí, pero yo no se lo he dicho.

Estaba contento, y esperaba que saliera bien. Sabía que podía pasar mucho tiempo antes que esas palabras salieran de sus labios.


Reid se acercó a la anfitriona y le dio su nombre. Al parecer, era el primero en llegar. La azafata lo guió a su mesa, él se sentó y se acomodó. Tomó nuevamente el libro desde su mochila y lo acomodó para que se viera bien.

Cuando miró de nuevo, y empezó a notar los clientes en el restaurante, Reid sintió unos ojos sobre él. Se sintió atraído hacia su izquierda, donde había una hilera de mesas privadas. Un hombre lo miraba, la cabeza en su dirección, observándolo por encima del hombro. A Reid se le crisparon los vellos del cuello. Algo no le gustaba. Tuvo un presentimiento. Percibió el peligro. Tenía que mantener a Maeve fuera de ese sitio. Tenía que protegerla.

Reid tomó su teléfono y marcó su número. El que le autorizó a usar hacía tan poco tiempo.

"¿Hola?"

"Maeve, soy yo. No vengas al restaurante."

¿Qué? "Pero estoy justo fuera, ya estoy aquí."

Eso lo estaba matando, pero tenía que hacer que se fuera. "No entres. Creo que tu acosador está aquí."

Sólo escuchar esas palabras la hizo palidecer. ¡No!

"Spencer, te dije que no he sabido nada de él en semanas. Se ha ido."

Reid sabía que estaba escuchando una simple corazonada. Era algo a lo que rara vez obedecía, él estaba tan enamorado de sus hechos y estadísticas. Pero los instintos estaban ahí, de hecho.

"¡Maeve, está aquí. Lo sé. No entres, vuelve a casa!"

Quería llorar. Finalmente sintió que aquella situación le había robado su vida, eso le recordaba el poder que el acosador mantenía sobre ella.

"¡Spencer, vente. Vámonos juntos!"

Él ya lo había considerado. Pero ahora, al estar tan cerca de su acosador, era su oportunidad de poner fin a su sufrimiento. Necesitaba asegurarse que estaría a salvo, que la dejaría tranquila.

"No, Maeve, voy a acabar con esto, ahora mismo. Por favor vete. Te llamaré más tarde."

"Spencer..."

"¡Maeve, vete!" Rompió la conexión.

Lágrimas de miedo cubrieron su rostro cuando regresó al taxi del que acababa de salir. Esta vez no tenía miedo por ella sino por él. Estaba preocupada por lo que pudiera pasarle. Por si no tuviese nunca la oportunidad de decirle lo que realmente sentía por él. Antes que el taxi se alejara, ella le pidió al conductor que esperara, sólo un momento. Tenía algo que hacer.

En el interior, Reid mantuvo la mirada en el hombre que había estado observándolo, quién le había vuelto la cara. Se levantó y empezó a cruzar el restaurante para ir donde él. Un movimiento en la periferia de su línea visual le llamó la atención. Vio que un segundo hombre se acercó al primero. Los dos se saludaron, y le quedó claro que aquello sólo era un amigo esperando por otro.

¿Me habré equivocado? Pero definitivamente estaba observándome… Con insistencia. Pero...

Ahora Reid estaba molesto con él mismo. Había enviado a Maeve a su casa ¿sin ningún motivo? ¿La había asustado innecesariamente? Ahora que por fin se sentía libre de su acosador, ¿se lo había recordado sin necesidad?¿Sin motivo? ¿La habré lastimado?

En pocas palabras, él pensó en llamarla otra vez, y pedirle que regresara. Pero la noche ya se había arruinado. Estaba enfadado consigo mismo, demasiado enojado para mostrar ese lado de él. Tal vez no soy lo suficientemente bueno para ella, de todos modos.

Cuando empezó a recoger sus cosas para irse, la anfitriona se acercó con una bolsa.

"Disculpe, señor. Pero una mujer dejó este paquete para usted."

Estaba confundido. ¿Estaba todavía aquí? ¿Podría estar fuera? Miró dentro de la bolsa y sacó lo que contenía. Un libro. Los labios de Reid formaron una sonrisa triste mientras leía el título. La narrativa de John Smith. Si había necesitado algún tipo de confirmación acerca de la conexión entre ellos, ahí estaba. Se habían comprado el mismo regalo.

Reid abrió la tapa frontal y vio lo que había inscrito. Una cita de otro de sus favoritos, Thomas Merton. "El amor es nuestro verdadero destino. No encontramos el sentido de la vida solos. Lo encontramos junto a alguien más."

Si alguien lo hubiese estado observando en ese instante a Reid habría notado el contraste entre su la sonrisa en sus labios y las lágrimas en los ojos. Rápidamente, recogió sus cosas y salió del restaurante a toda prisa, para ver si la encontraba. Pero la acera estaba vacía. No había nadie esperándolo.

Él le dijo que se fuera, y ella se había ido.