Una historia de Navidad

Capítulo III

(Todos los derechos de autor pertenece a stephenie meyer. Esto es un fanfic de Crepúsculo)

Los pensamientos de Edward estaban tan revueltos como sus sentimientos, el amor, la esperanza y la ilusión dominaban su alma y sonreía como un tonto, mientras preparaba café para Alice, cuando la oyó bajando las escaleras diciendo

-madrugador!- Alice lo abrazó fuerte, lo que con su delgada y pequeña figura no era mucho decir- dormiste bien anoche?, porque ahora sí vas a tener que contarme que hacías con la Srta Isabella! Ya deja Eso - tomó las tazas y sirvió el café.

- Anoche cuando fui a recoger el colgante que me haz espiado dejar cada año escondido en el árbol de navidad...

- esperando que ella tenga espíritu de investigadora y lo encuentre, creo que lo haces como si tratarán de que ella encuentre de la misma manera tu amor escondido aquí en la cocina...- su hermana repetía lo que siempre le decia, a él no le agradaba escuchar esas cosas, Alice siempre daba en el clavo y a veces dolia.

- quieres que te cuente o vas a seguir interrumpiendome?- ella hizo un gesto de cerrar la boca y lo miro fijamente después de servirle el cafe.

- fue entonces que la Srta Isabella entró al salón, me asuste y deje caer la caja y la carta. - Alice no pudo contenerse y lo interrumpió - eso es nuevo, dime que le escribiste, sería acaso uno de los poemas un tienes en ese cuaderno secreto que escondes?, deben ser una maravilla...perdón por la interrupción es que esto es como un sueño.

- ella tomó la carta y la leyó, después abrió la caja, encontró el colgante, lo abrió y supo que el enamorado era yo. No vi su cara, no tuve el valor para ver el rechazo de ella. Para mi sorpresa ella me agradeció, se disculpó por haberme hecho sufrir, me besó en la mejilla y me abrazó. Escuchó ruidos en la escalera y me pidió que saliera de la sala, no dijo nada más. Aún no se por qué se disculpó, si nunca lo supo.

-Edward! - Alice estaba emocionada y lo abrazó fuerte - por fin se lo haz dicho!. Y creo que ella no será indiferente, eres muy guapo. Prometeme que lo intentarás, trata de ganarte su corazón! Esta vez no hay una Sra Denali que te lo impida.

- no se como hacerlo Alice - dijo mientras se deshacía del abrazo

- quisiera saber cómo ser merecedor de su amor - por primera vez en su voz había esperanza y su hermana lo notó.

-tu no necesitas cambiar, eres lo mejor para ella, estoy segura de que se enamorara de ti, sólo debes acercarte a ella, háblale y no te dejes intimidar por ningún otro pretendiente. Ve por tu felicidad. Ahora se sabe que la Srta Isabella puede elegir esposo por sí misma y no me vengas con lo del dinero y la posición, ni a ella ni al Sr Swan le importan ésas cosas. - Al parecer Alice tenía absolutamente claro el camino a seguir para su hermano y no lo dejaría claudicar, en esta, la tarea más importante de su vida.

- Te prometo que daré lo mejor de mi. Conquistarte su corazón - algo en él cambió profundamente, ya no era un sirviente a sus propios ojos, ahora era un hombre digno del amor de Bella y lucharía por su amada.

- Buenos días Alice, dónde está mi padre? - preguntó Isabella mientras se sentaba en la mesa del desayuno, había sólo un puesto y ya eran más de las nueve.

- Su padre salió temprano al pueblo para atender unos asuntos importantes - No sabía lo que era el Sr Swan sólo le pidió silencio al salir a las ocho al pueblo.

- Asuntos hoy? Que raro, ni en navidad deja de trabajar.- su ausencia la liberaba de miradas y preguntas sobre anoche y el regalo que llevaba colgado al cuello, en una larga cadena de plata para que quedara oculto en su escote. El corazón de madera oscura con una reveladora inscripción en el interior, que difícilmente podría explicar, si alguien más la viera. Debería haberlo dejado en su habitación, pero no podía separarse de él. Le incomodaba estar lejos de su colgante

Isabella había pensando en Edward hasta dormirse, nunca se había dado cuenta del cambio físico que había tenido en estos cinco años que llevaba casi sin saber de él a pesar de que vivían en la misma casa.

En muy pocas ocasiones habían coincidido. Recordaba hace un par de años, cuando intentaba escapar de las "lecciones para señoritas" de la Srta Denali y buscaba refugio en el ala oeste de la casa, donde sólo habían cuartos vacíos y polvorientos... desde el cuarto donde se había dejado el viejo piano, se oía una hermosa y desconocida melodía ejecutada con tal maestría, que la atraía, parecía haberse hecho para ella. Miró por la puerta semi cerrada y cuando acostumbró sus ojos a la penumbra del lugar, vió a Edward de espaldas a ella, sentado al viejo piano de estudio a medio cubrir con una sabana. Isabella perdió el equilibrio y se afirmó de la puerta la cual se abrió suavemente, Edward dejó de tocar, ella salió de ahí rápidamente siendo interceptada por sus deberes personificados en la Srta Denali en la escalera principal. Miró hacia atrás en busca de Edward, mientras era conducida hacia el salón de dibujo. No lo divisó, esperaba que él no la hubiera visto espiando, tenía la idea de que ella no era de su agrado, se sentía culpable por haber hecho algo que lo molestó hace tiempo, pero no lograba recordar que pudo haber sido. Ahora tenía conciencia de la razón de su actuar y cuándo y cómo comenzó, ese día a los pies del roble... Recordó su cara, su risa y sus ojos intensamente verdes...

Bella estaba callada, recordando y Alice la interrumpió haciéndola casi saltar de su silla.

- Ha de ser un asunto rápido porque no ha pedido compañía, ha ido en el auto solo. Edward está aquí- dijo Alice mirando el semblante de Bella quien al escuchar el nombre de quien tenía sus pensamientos, sintió el calor en sus mejillas y el corazón le dio un salto, para seguir con ritmo alocado. Por poco se le cae la tostada de la mano.

Alice notó todo y lo guardó fielmente en su memoria para contárselo a su hermano.

- Es posible que me alistes el vestido azul claro para el almuerzo Alice ? - Tenía que hablar, llenar el vacío de la conversación, temía que Alice adivinara su pensamiento, siempre había sido muy perceptiva, no eran muy cercanas pero se debía sólo a la influencia de la ex maestra Tanya Denali a quien su padre despidió hace un año por echar a correr el falso rumor de el compromiso de ellos. A Isabella le agradaba mucho Alice.

- Por supuesto Srta Isabella - dijo sonriendole

-Alice por favor dime Bella, al menos cuando estemos solas, no era idea mía mantener éstas diferencias infranqueables, fue idea de la Srta Denali y lo que más quiero es que se borre su recuerdo de esta casa, mucho tiempo me mantuvo lejos de mis amigos por sus concepciones sociales- dijo Bella con una fluidez que le asombró, nunca antes había expresado sus ideas tan claramente. Pensaba en Edward cuando lo dijo.

- Como usted diga Srta Bella. Creo que es mucho más lindo llamarla así- sonrió y se fue a la cocina, al abrir la puerta que comunicaba ésta con el comedor de diario, vió la silueta de Edward entrando a la cocina.

- Está en el comedor de diario y se ha puesto nerviosa cuando te he mencionado, está roja como un tomate. - Alice entregaba esta información mientras dejaba la bandeja en el mesón sin notar que Edward dejó de respirar por un momento.

- Se que habrán visitas hoy, pero no te preocupes, ya no te molestare, Leah y Zeth se han recuperado de la gripe y vuelven hoy. - lo miró con cara cómplice - si vas a ser el novio de Bella, no deberían verte sirviendo la mesa no crees? - le guiñó un ojo. - de acuerdo hermanito, ahora respira profundo y ve haciéndote a la idea de que no volverás a tener un minuto de tranquilidad en la tarea de conquistar a Bella - lo tomaba de los brazos y le enseñaba cómo inhalar profundo.

- Gracias Alice - la besó en la cabeza y se marchó al jardín del frente a paso rápido

- hoy regresa papá, no te vayas muy lejos! - sonrió mientras él se alejaba. Luego volvió a sus tareas.

Edward sentía la necesidad de salir, tomar aire y pensar en como iba a lidiar con esta nueva situación, Alice tenía razón, no volvería a tener un minuto de tranquilidad, sus sentimientos reprimidos por tanto tiempo se agolpaban en su pecho y agobiaba su pensamiento la imperiosa necesidad de tener cerca a Bella. Era como un magneto y ya no tenía la fuerza suficiente para mantenerse alejado de ella.

Si antes se limitaba a observarla de lejos y escuchar ansioso de boca de Alice las novedades diarias de la vida de Bella, ahora sentía una necesidad intensa de verla, hablarle, pero cómo se las arreglaría para que pareciera natural... Caminaba muy rápido, sin darse cuenta llegó al roble al inicio del bosque, donde no volvía desde ese fatídico día en que se auto impuso el castigo de ignorarla.

Miró el lugar donde hace tanto tiempo él se diera cuenta de su amor por ella, estaba cubierto por una delgada capa de nieve. Se sentó en el lugar que ocupara hace tiempo. Cerró sus ojos en busca de esa imagen de Bella, de los sentimientos tanto tiempo escondidos, la felicidad y la esperanza del primer amor. Sonrió, al fin estaba libre de sentir, se había permitido ser libre.

La navidad parecía sagrada para él, era el momento de estar cerca de ella, el ayudar en las decoraciones se lo permitía. Este año había sido particularmente afortunado, él había sido el único ayudante, la tuvo cerca todo el día y al caer el crepúsculo ella ella lo besó fugazmente en la mejilla y le preparó un chocolate caliente. Bella lo hizo feliz, pero él mantenía aun los pies en la tierra, porque sabía bien que sólo se debía al su entusiasmo por las decoraciones y su sincero agradecimiento, ella habría actuado igual hasta con el viejo jardinero Jarry Clearwater, de haberla podido ayudar.

Y era justo ahora, en el día de navidad cuando sus pies ya no tocaban la tierra, ahora caminaba entre nubes blancas y suaves como la nieve que tocaban sus manos en el suelo. Por fin ella lo sabía y él se había decidido a luchar por ella. Alice siempre le decía "se tu mismo, eso es todo lo que tienes que hacer". Apoyó la cabeza en el tronco del árbol y cerró los ojos dejando a los escasos y delicados copos de nieve caer sobre su cara. Se dejó llevar y creyó estar en el cielo. Tenía la oportunidad de ser feliz y la tomaría.

El corazón de Bella latía muy rápido después de haberlo divisado en la cocina, estaba ahí, a unos metros de ella. Tenia que salir, necesitaba aire, se levantó sigilosamente y se fue a su habitación, se abrigo bien porque debía llegar al roble, atravesando el extenso jardín delantero al árbol que marcaba el inicio del bosque. Ahí podría pensar al fin, tranquila y en conexión con los últimos recuerdos felices de ellos juntos. Aquel día en que él le dijo que la ayudaría siempre a huir... Fue ahí que ella se dio cuenta de algunos cambios en él, ese verano estaba más alto que ella, tenía más fuerza que antes y la miraba distinto, parecía que la veía más tiempo del necesario. A ella le pareció extraño en ese entonces, pero ahora lo entendía...

Edward se enamoró de ella ese verano... Había pasado tanto tiempo y ella no sabía nada. - "¿Cómo puede ser que él haya estado enamorado y no me diera cuenta?, ¿por qué no me dijo nada? La Srta Denali!, por ella y sus prejuicios, él debe haber sufrido mucho" - pensó mientras terminaba de ponerse la bufanda. Además podría haber sufrido, bueno solo si era celoso, eran conocidos los pretendientes de espíritu casi inquebrantable que tenía. Como también se conocía que ella no se interesaba en ninguno. Tal vez él creyera que sí se interesó en Jacob, era su amigo, conversaban bastante. - "Si ahora Edward tuviera una amiga con las intenciones de Jacob" - no - dijo mientras salia de su habitación, tropezado con sus propios pies, debido a la emoción que sintió imaginándolo con otra.

Ya bajando las escaleras, su conciencia le hizo una pregunta importante, Qué era lo que ella buscaba? no tenia ninguna explicación lógica. Se había sentido tan bien cerca de él anoche, abrazarlo había sido el mejor regalo de navidad. "Estoy siendo egoísta al querer que él me quiera, pero me siento tan bien, jamás me había sentido así".

Bella tomó el camino más directo hacia el jardín delantero, por la puerta principal que para su mala suerte estaba cerrada con llave, solo quedaba la cocina y al otro extremo, los ventanales de la biblioteca. Se decidió por esta última. Salió con cuidado había algo de nieve de ayer y para ella eso suponía un desafío, era torpe, solía tropezar con sus pies, daba la imagen de damisela en apuros.

Quería correr al árbol cómo si algo importante la esperara ahí. No lo hizo, se caería, sin duda, ya estaba suficientemente nerviosa como para forzar más la suerte. así que caminó a paso decidido.

Bella cruzaba el jardín delantero cuando se percató de la incipiente nieve que caía, pero no le importó, necesitaba llegar al roble de su infancia, desde hace mucho no lo visitaba, pero deseaba fervientemente estar ahí, era como si eso le permitiría retomar la historia. A escasos metros divisó una silueta sentada junto al árbol era Edward. Su corazón se aceleraba, se quedó pegada al suelo mientras él avanzaba hacia ella. Cuando estuvo a dos metros ella trató de moverse del lugar, hacia la casa hacia donde fuera, estaba nerviosa. Dio un paso y cayó al suelo cubierto de nieve bajo la atenta mirada de Edward, quien la auxilio de inmediato.

- Déjame ayudarte Bella - logró decir con dificultad, mientras la tomaba de un brazo y comenzaba a ponerla de pie. Él se estaba saliendo de los márgenes sociales imperantes. Tratarla con tanta confianza no estaba permitido, pero no podía seguir considerándose solo un sirviente, si es que quería estar con ella.

- Gracias - ella no pudo decir nada más. El la levantó del suelo, la dejó de pie mientras la sostenia por la cintura frente a él para comprobar que estuviera estable, ella era propensa a las caídas.

- Qué estás haciendo aquí afuera? Está nevando, a dónde ibas? - preguntó Edward soltando su cintura y mirando la falda mojada por la nieve que se derretia. Le habló con una naturalidad impresionante, parecía que su instinto de protección hacia Bella tomaba fácilmente el mando. Ella levantó la cabeza y lo miró a los ojos.

- Necesitaba un poco de aire y decidí salir, estoy preparada para el frío - dijo Bella mirando en los intensos ojos de Edward y quedó deslumbrada por la mirada y las facciones de él. Miró sus labios que estaban deliciosamente rojos por el frío, tuvo un intenso deseo de besarlo, por lo que se mordió levemente el labio inferior. - "qué me pasa, no soy así, no voy a besarlo " - pensó

- Ven conmigo a la casa, te ayudaré a caminar, vamos - dijo Edward, estaba tan cerca de ella que podía oler su esencia fresas y canela. Dolió dejar de mirarla para ofrecerle su brazo no porque ella lo necesitara sino porque él no estaba listo para separarse de ella.

- Gracias Edward - dijo Bella azorada y tomando el brazo de él. Edward al escuchar su nombre en los labios de su amada, creyó que se caería, porque parecía que las piernas no lo sostenían. Por un par de segundos le pareció que era un sueño y esta vez no quería despertar.

- Hace frío aquí afuera y no llevas puestas ropas de abrigo. Eres tu el que no debería haber salido!- espetó Bella al tomar el brazo de Edward y darse cuenta de que sólo usaba un suéter no muy grueso. Ella se preocupaba por él y además tenía que decir algo, estaba nerviosa, - "había caído al suelo y él, de todos tenía que haber sido él quien la levantara! Que vergüenza!" - Bella pensó mientras más se apoyaba en ese firme brazo del que parecía depender para no sólo para no caer al suelo otra vez sino para mantenerla dentro de la realidad. Él, le parecía irreal, quién era este hombre de 19 años alto de ojos verdes como esmeraldas, cabello cobrizo y despeinado que había llegado de la nada en la noche de navidad y había puesto su mundo al revés? No es justo!. Por un momento pensó que era su imaginación todo lo de anoche, por lo que buscó su colgante para asirse al presente

- Estoy acostumbrado, Bella - dijo su nombre como envuelto en una caricia, la miró y le sonrió tímidamente. Llamarla Bella era su acto rebelión contra las diferencias sociales que él había permitido que los separaran en el pasado. Las diferencias seguían estando, pero ahora no importaban. Comenzaron a caminar hacia la casa

- Mi colgante no está!- casi gritó Bella con expresión de pánico - se me cayó en la nieve ayúdame a buscarlo, se perderá, sigue nevando! Por favor Edward... Mi colgante... No puedo perderlo! - intento devolver el camino andado cuando él lo vio entre las ropas de ella.

- Te refieres a éste? - tomándolo de entre la bufanda de ella mientras apreciaba el rostro compungido de Bella por la pérdida de Su corazón.

- Gracias! - sonaba aliviada, intentó tomarlo de la mano que se lo ofrecía

- Dejame acomodar la cadena, no se ha soltado de ella, aún me tienes atado a ti - dijo él mirándola desde muy cerca, podía sentir el calor de su respiración , ver más cerca que nunca sus hermosos ojos color chocolate que parecieron brillar mientras arreglaba la cadena alrededor del cuello de ella con sus hábiles manos.

- Gracias por... - estaba muy nerviosa y no pudo decir nada más, un suspiro se escapó de su boca cuando Edward acomodó la cadena por detrás de su cuello, sin tocarlo, pero sintió el frío de sus manos que la hizo estremecer. No podía mirarlo a la cara, sabía bien que estaría roja y se sentía extrañamente feliz y ansiosa. Quería quedarse así para siempre y a la vez quería correr a su cuarto a esconderse de éstos extraños y dulces sentimientos. Mirarlo era ya más que un deseo, una necesidad.

-ya está listo, creo que será mejor que lo mantengas oculto. Lleva una inscripción dentro. - dijo mirándola él mientras ella tomaba el colgante de manos de Edward para esconderlo.

- Tus manos están frías - Bella sostenía las manos de Edward, eran muy blancas algo ásperas. Acarició el dorso de la mano derecha con sus dedos. Él cortó la caricia y le ofreció su brazo, así en silencio siguieron el camino casi hasta la puerta principal de la casa.

Bella pensó en lo que Edward le había dicho recién - me tienes atado a ti, o habrá querido decir el colgante atado a ti, no! Nadie hablaba así, debería haber dicho el colgante esta aquí no lo has perdido... Pero dijo atado a ti! El se considera atado a mi!

Y lo de ocultarlo! Qué romántico un amor secreto. Pero y si se equivocó y no quiso decir lo con la intención que creí?. Pero anoche me miraba tan... No sé tan enamorado que difícil!-" Él ruido de un motor la sacó de sus pensamientos y tuvo que hablarle

- Alguien viene escucho el auto, creo que será mejor que entremos, es casi medio día y debo preparme para el almuerzo - estaba muy nerviosa, en realidad no quería soltar el brazo de Edward, pero no había excusa para seguir apoyándose en el sí ya llegaban al destino. Entonces se escuchó el motor del auto entrando al jardín y ambos miraron en esa dirección aun tomada ella del brazo. Tuvo que soltarlo para evitar preguntas.

Es mi padre, pero no viene solo! - dijo entusiasmada mientras confirmaba lo que pensó - son mis primos Hale! Han vendido por fin! -