Capítulo 2

Había acordado que Ángela pasaría por ella esa tarde para ir a la playa. Con la prometedora promesa de que sería una tarde inolvidable. Para ello se había puesto su mejor bikini. Uno azul que envolvía su pecho y lo levantaba de forma agradable. La parte inferior era un mini short que dejaba al aire su trasero. Estaba segura de que Jessica estaría orgullosa de ella. Tenía su toalla, su bronceador y sus lentes de sol. Un libro y su Ipad con música. ¿Necesitaría algo mas?

-¿Algo para comer?

Sonrió.

-Eres un genio.

Besó la mejilla de Marie. Empacó los potes con sándwiches que le ofrecía. Tal vez podría hacer de ese verano algo mejor o algo diferente a lo que había planeado. No serían sus amigos de siempre pero eran otros y también podía disfrutar. Al menos, eso esperaba. Aceptaría eso de tomar cada día como viniese junto a quien quisiese.

-¡Ángela está aquí!

Al coche de la madre de Ángela le gustaba rozar los límites de la velocidad estipulada. Algo que jamás hubiera imaginado, a la chica conduciendo un descapotable rojo. Ángela era divertida y sonreía con facilidad, escapaba de la frívola actitud de Jessica. Bella se sentía en un universo paralelo, algo difícil de asimilar todavía. Desperdiciando su tiempo en comparaciones adoró el cabello lacio natural y castaño de Ángela, sus ojos dulces y la forma de en que reía sin cinismo. Difiriendo totalmente de su vieja amiga y sus formas de ser una auténtica perra. Polos opuesto.

-¿Dónde estamos?

-En el lugar más conocido de la playa. Es como una iniciación del verano, los que están completamente libres estarán aquí... y los de último año. Voy a presentarte a unos amigos.

Asintió lentamente, considerando la idea.

-¿Eres amiga de Jacob?

Ángela se detuvo a medio camino y la enfrentó. Enarcaba una ceja con poco desconcierto.

-¿Estás interesada en él?

Aquello sonó como si fuera la verdad más obvia y conocida sobre la tierra. Rodó los ojos.

-¡Claro que no! Pero si puedo evitarlo, mejor...

La morena rió mientras retomaba el camino.

-El estará aquí... pero déjame decirte que habrá alguien más interesante.

Subió y bajó sus cejas de forma sugestiva. Bella la miró con confusión. Podía vanagloriarse de ser experta en fingir desorientación y pasar del tema. Pero la pequeña, no lo dejaría pasar. Cambiando el tumbo de sus pensamientos, notó sin sorpresa que había una marcada diferencia de altura entre ellas. Desde siempre había sido una de las más altas de su grupo de amigas y del resto de las niñas. Pero para sus novios eso nunca había supuesto un problema.

-¿Quién?

Deseosa de comentar acerca del clima.

-¿Realmente preguntas quién?

La risa estaba en su voz y no pudo evitar el tema central. Bella no encontró una escapatoria a tiempo. Por lo que comenzó a pretender admirar la playa, claro mensaje de desinterés.

-¿Tristan?

Se aventuró a preguntar. Ángela asintió enérgicamente. Mordió su mejilla interna.

-Todos conocemos su forma de operar con las chicas. Ya ha marcado territorio.

-No soy un maldito árbol.

Se quejó.

-Claro que no, pero te ha prestado atención. No dejará que alguien más pueda robarle lo que él cree que le pertenece.

Así que así era como Edward Cullen se manejaba. Sus movimientos calculados serían para asegurarse de que quedara claro que ella era objeto de su atención. Gruñó internamente. Juguete de nadie, pensó.

-¿Qué pasa si yo no decido seguir con sus juegos?

-Antes de que pienses en la negativa, estarás en un camino sin salida.

Casi temió que ella tuviera razón. Ángela no la miró directamente, extrañamente presintió que posiblemente Edward hubiera jugado con ella en el pasado. No quiso preguntar pero tenía la necesidad de sacarse la duda de encima.

-Mira Ang... eres mi nueva amiga y por nada me gustaría arruinar tu amistad. Si te molesta que tal vez pueda fijarse en mí, simplemente miraré para otro lado.

Bella sacó a relucir su honestidad, siempre sincera y dejando los puntos en claro. La amistad, venía ante todo y ninguna se arruinaba por un chico. Ninguno. Menos, por uno que antes de conocer ya se había considerado como una aventura.

-No, claro que no. Salgo con Eric desde hace dos años. Edward no es nada para mí y nunca lo será. Descuida, pero sabe que vendré y es claro que te traeré conmigo. El estará aquí...

-¿Quién estará aquí?

Ambas giraron.

-Totalmente tú.

Ella se colgó del cuello de un chico. No perdió un ápice de momento en admirarlo rápidamente. Definitivamente no su tipo. De tez clara y rasgos asiáticos. Cabello oscuro, ojos cafés y sonrisa clara. La besó brevemente antes de que ella se apartara a un lado para presentarla.

-Ella es Bella, de quién te hablé. Bells, él es Eric.

Eric le sonrió abiertamente mientras abrazaba a la pequeña chica de la cintura.

-Un placer conocerte al fín.

-Lo mismo digo.

Un grupo de personas los esperaba cerca de la costa. Sentirse fuera de lugar no era lo suyo, de repente se vio atascada en medio de desconocidos que parecían conocerla de toda la vida. Habían preparado una red de juego playero. Había grandes latones repletos de agua fría con hielos y latas de cerveza nadando por allí. La música salía con potencia de uno de los parlantes de un coche bien equipado. El sol era magnífico y pleno. Ángela insistió en que se quitara la camiseta para evitar las molestas marcas indeseadas del sol. Dedujo que tarde o temprano debería de hacerlo. Así como también quitarse el pantalón corto para meterse en el agua de mar. Siempre fría.

Las risas sueltas y los festejos de alegría la atraparon al instante. Todo se veía natural, sencillo y divertido. Escapando de la ridiculez conservadora a la que asistía desde que tenía uso de memoria. Le hubiera agradado haber pertenecido a ese lugar donde los veranos parecían ser el mejor respiro de la juventud.

El grupo comenzó a crecer con el paso de las horas y no solo estaban los amigos o compañeros de Ángela. Había otros grupos de más edad, de universitarios. Se sintió cada vez más acogida. Su nueva amiga no se apartó de su lado y le había presentado a todos sus conocidos. Uno por uno había tratado de recordar los nombres, pero era casi imposible. Le habían sonreído y la habían invitado a entablar conversaciones poco profundas.

Estaba encantada.

-¿Juegas, Bella?

-No lo creo. Apesto.

Las risas hicieron que sus mejillas se tiñeran rápidamente. Tyler, amigo de Eric se ofreció a instruír a la desconocida. Y la ayuda, era algo que jamás se negaba. Sumando a la ecuación que se trataba de un alto moreno que le sonreía con calor.

Realmente quería jugar, pero el voleibol de playa no era lo suyo. Ni de playa ni sobre ningún otro concreto. Era mala en deportes y punto. Las clases habían sido breves y concisas. Casi lo lamentó, hubiera deseado ser además de mala jugador, una mala aprendiz.

Logró unirse con éxito, no lo hizo tan mal para ser la primera vez que jugaba con atención especializada. Ella solo podía animar. Lo que era prácticamente bailar, coordinación y nada parecido a lo que había hecho. Todo lo que involucrara un balón significaba desastre en su vida.

Se tomó un respiro para tomar una de las cervezas. No sabía que aquello era tan fantástico y tan refrescante luego de agitarse con asiduidad. No era una gran bebedora, pero algo frío paseando por su acalorado cuerpo no venía mal.

-Lo haz hecho realmente bien.

Desconocía completamente aquella voz. Pero su aspecto físico la confundió al extremo. Se vio tentada de hacer preguntas, pero se abstuvo a ser cortés.

-Gracias, suerte de principiante, creo.

Apartó la vista hacia la caída del sol. Un atardecer eclipsado por una gran contextura que opacó su vista. Se volvió hacia el extraño y volvió su vista hacia el recién llegado. Con claridad vio de quién se trataba. Creía haberlo visto llegar hacía un par de horas pero no lo había vuelto a cruzar. Rodó los ojos al caer en la cuenta de cada palabra de Ángela. Faltaba que se quedara a solas con un chico para que él hiciera acopio de valor para aparecer.

¿Hora de jugar también?

-Creo que lo mismo.

Edward sonreía de lado y alzaba una ceja de forma sexy. Bella se llevó la botella a la boca y apartó su vista de él, uno de sus tantos trucos para apartar a alguien indeseado. Él volvió a intentarlo.

-Veo que conociste a mi hermano. Emmet.

Se giró hacia el chico que seguía a su lado y lo miró con nuevos ojos. El parecido ahora parecía tener sentido. Supuso que se trataba del menor, se notaba en lo intimidado que se sentía de repente. Decidió trasladar su atención hacia él. Le sonrió ampliamente.

-¡Qué nombre! Me gusta.

Por más que no se tratara de algo tan fuera de lo común. El chico rió, se aventuró a mirarla y le devolvió la sonrisa. Una de familia, pensó. Tenue y cautivadora.

-Gracias, hasta ahora creía que era normal.

-Absolutamente, pero genial.

Edward pasó a la acción. Colocó una mano en el hombro de su hermano y lo miró con hostilidad. Sin fingir.

-Creo que tus amigos te llaman.

Bella se giró hacia él con fiereza.

-No oí que lo nombraran. ¿Acaso se puede pasar por alto su nombre?

Estaba cansándose del tema del nombre, deseoso de quitar a su hermano del medio, le dedicó una mirada dura. Como si estuviera conteniéndose. ¿De qué? Eso era bueno querer saberlo. Emmet cedió de clara mala gana.

-Creo que si me llamaron, nos veremos por ahí Bella.

-¡Seguro!

Le devolvió la sonrisa y atinó a darse la vuelta. Edward la retuvo de la cintura y le impidió girarse. Bella se quedó quieta, casi petrificada. Ante su contacto directo y ante su actitud recelosa. Él se acercó a la atura de su oído.

-Estoy dispuesto a tachar cada nombre de tu lista.

Bufó. Él lo interpretó como molestia, aunque no esperaba que ella reaccionara de una forma feliz ante su evidente marca personal. Pero demonios que iba a hacerlo con cualquiera que se atreviera a acercarse a la castaña. Menos si se trataba de su hermano. No la había perdido de vista ni un segundo mientras se divertía a lo grande. Él se había ido consumiendo lentamente en un negro humor con dos de sus amigos. Con gracia la había descubierto solo una vez mirando alrededor de la playa, una sonrisa había aparecido en su rostro. Estando más que seguro de que lo buscaba.

Verdaderamente, Bella se había quejado de la ridiculez de sus palabras. ¿Acaso no podía ver que cualquier chico de esa insípida playa quedaba opacado cuando él hacía su aparición?

Sin embargo, decidió darle pelea. Un puñetazo a su orgullo no vendría de más.

-Vas a tener que esforzarte.

Antes de que pudiera escapar de nuevo él la tenía acorralada entre sus brazos y el coche de alguien. Mantuvo distancia mientras dejaba su cuerpo sobre el costado del coche.

-¿Así que crees que vas a provocarme y luego huir?

Bella se cruzó de brazos. Escondiendo el hecho de que acaba de hacerla temblar de pies a cabeza con su voz sedosa y lenta.

-¿Huir? No huyo de mis problemas.

Edward se mordió el labio inferior con fuerza y sus manos se volvieron un puño. No había nada más seductor que una sexy chica lo llamara problemas. Sus problemas. Por que él tendría uno muy pronto entre sus pantalones.

-¿Los enfrentas?

-Absolutamente...

Reunió el coraje necesario para terminar de dejarle en claro a ese chico cuáles eran sus intensiones. Lo que realmente quería.

Despegó su cuerpo del coche. Eso no significó que Edward se moviera, por lo que se pegó a su torso y casi a su rostro. Desplegó esa sonrisa sensual, esa misma que casi lo había puesto de rodillas en la cocina del asilo. Causando el mismo efecto ahora mismo, deseando estar sentado.

-...cuando creo un problema, me ocupo de él.

El doble filo de sus palabras golpearon en el centro. Sus defensas bajaron tan cerca del suelo que si ella hubiera dictado la orden tenderse en el asiento trasero del auto de un desconocido él hubiera cedido tan fácil que no hubiera tenido marcha atrás. Estaba endemoniadamente seguro de que estaban pensando en el mismo problema.

-Nos vamos a la fiesta de Lauren ¿vienes Bella?

Sus brazos cayeron laxos a su costado y no apartó la vista de ella. Bella le sonrió a su amiga.

-Seguro.

Tercer intento de escapar y él la retuvo.

-Yo la llevo, Ángela.

Bella intercambió la mirada entre su amiga y Edward. No estaba segura de con quién quedarse. Ángela apenas se fijó en él, la miró fijamente y simuló con sus labios un "te lo dije".

-¿Segura de eso?

-Si, te veré allí.

Y se metió a la boca del lobo con un enorme moño sobre su cabeza y un cartel verde neón en su frente con una gran flecha señalándola como disponible. Lo había llevado al borde y la haría saltar con él.

-Vamos, esas cosas suelen empezar temprano.

Edward debió obligarse a no mirarla o estaría impulsado a llevarla a otro sitio y solucionar ese problema que ella decía crear. Por que estaba claro que lo provocaba.

-¿Dónde es la fiesta de Lauren?

Cuestionó mientras lo seguía de cerca hacia la hilera de coches.

-Al final de la tercera calle del centro, dudo que conozcas esa zona. Pero sus fiestas son buenas, los veranos son la buena ausencia de sus padres y un gran permisivo para hacer lo que desea en esa mansión.

-¿Mansión?

Edward sonrió con todo su esplendor y esa curva particular.

-Oh, si. Lauren tiene una jodida mansión que sabe cómo usar.

Un todo terreno negro los llevó en un suspirar. No sabía por qué impresionarse más, si la bestia automovilística en la que iba o quién la conducía como si estuviera al mando de un escarabajo. Edward resaltaba dentro de la oscuridad de la cabina, sus manos se movían con viejo conocimiento y práctica. Sus ojos apenas se apartaban de la carretera y su ceño se fruncía en concentración. Le había ordenado que se pusiera el cinturón y había conducido como alma que corre el diablo.

-Es un gran... auto.

Edward rió mientras esperaba de pie a que ella bajara.

-Es una camioneta y sí, es impresionante. Es mi vida.

-¿Trabajaste por ella?

-Lo suficiente como para obtenerla.

Era una respuesta reservada pero ella no necesitaba los detalles sórdidos de su vida, ni de los tantos trabajos que había tenido su padre para mantenerlos durante la dura enfermedad de su madre ni de la gran decepción de éste cuando ella falleció. Arrancándoles la poca realidad que les quedaba en sus vidas.

-Wow...

-Te lo dije.

Él la miró. Se encontró admirando su cuerpo de nuevo. Era alta y esbelta, deportista. Eso lo volvía loco. Su elasticidad había sido notoria cuando jugaba en la playa y se había percatado al instante de que era tan inocente como valiente para jugar de aquella forma encantadora con él y su casi nula voluntad.

Llevaba una camiseta trasparente que enseñaba su oscuro traje de baño y pequeño short que debería ser ilegal. Había notado como le miraban el trasero con apremio. Y eso no iba a suceder de nuevo. Acercó su mano a la suya y entrelazó los dedos. Que todos se fueran al demonios. Bella iba con él esa noche.

-¿Bella, cierto?

Una morena se acercó con dos bebidas en la mano y le echó un vistazo de deseo a Edward. Celos arrebatadores la atravesaron. Se compuso demasiado pronto. Que él quisiera entrar con ella de la mano quería decir algo ¿no?

-Si ¿Tú eres...?

Entendió al instante que era la única que recién llegaba, por que todo el mundo parecía interesarse por ella y entablar una conversación. Además, tener al chico malo de camiseta negra y jeans ajustados, con un despeinado sexy... llamaba la atención.

-Oh, genial. Soy Irina. Ángela estaba buscándote.

Antes de que ella la arrastrara, Edward se mantuvo firme. Sin soltarla le dedicó una mirada significativa.

-Creo que ella se va a quedar conmigo un rato más.

Irina se encogió de hombros y se despidió. Bella se apartó de Edward y levantó la mano para saludar a Ángela. Ésta le sonrió con alivio y la llamó para que se acercara. Edward se acercó a su oído.

-No te preocupes por ella, te llevaré a casa.

Al darse la vuelta, encontró a Edward muy cerca de ella. Rió fuerte y palmeó su hombro con gracia. Como si se tratara del chiste más gracioso. Lo vio fruncir el ceño.

-Gracias, caballero. Pero prefiero que me lo ofrezcan, no que me lo impongan.

Bella se apartó al tiempo que alguien llamaba su atención. Perdiéndola de vista por el resto de la noche.

No es que no le agradara Edward, pero su machismo extremo y patriarcal la enloquecía. La sacaba de sus casillas. No era de las novias dominadas que estaban todo el tiempo con la correa tirando de su cuello. Jamás sería de esa forma. Ni siquiera Mike lo había logrado con intentos continuos y había terminado por desistir. Ella era una chica libre, divertida, tenía amigos y hacía sociales con el resto de la población. Eso de los celos no iba con ella.

Momento ¿había dicho novia?

-¡Aquí estas, pensé que no llegarías!

Rió despreocupada. Tomó la mano de Ángela y la llevó hacia la pista.

¿Cómo podía detenerse una vez que había comenzado? Adoraba beber cerveza y escuchar música muy fuerte. Detestaba con pasión que su pueblo se hubiera limitado a ser un jodido ejemplo religioso y los mantuvieran sobre la línea todo el tiempo. Sentía que sus topes ahora no existían y sentía libertad. Las cadenas que habían marcado su duro camino durante todo el tiempo ahora estaban rotas y muy lejos.

La música cambió y dos chicas que reconoció de la playa, se unieron a ellas. Cerró los ojos y meneó la cadera con la melodía. La cabeza le burbujeaba y reía con más facilidad que antes. Cualquiera que fuera la pesada carga sobre sus hombros, había desaparecido con imperiosa rapidez.

Ángela fue apartada por Eric. De modo que las dos chicas optaron por irse también con alguien. Momento de abandonar la pista. Se giró para ir a refrescarse y chocó de lleno con un amplio pecho. Sus brazos la atrajeron a su cuerpo para evitar que cayera de espalda.

-No es tan fácil correr de mí.

Jane enmudeció. ¿Acaso siempre iba a reaccionar de esa forma cuando él se acercaba con sigilo y susurraba en su oído? Si, posiblemente... si. Aunque siempre era de las que tenía argumentos para todo. Así el tema fuera insulso y nefasto, ella siempre tenía una línea con la que refutar cualquier idea. Pero no cuando estaba con Edward. Él silenciaba cualquier intento de excusa. Convertía la furia en deseo y calentaba su sangre con una mirada. Todo se volvía sexual en su presencia.

-Debería hacerlo.

Amenazó mientras regresaba su cuerpo a la realidad y comenzaba a bailar. Edward la acompañó con movimientos perezosos, sin apartar sus manos de su espalda.

-¿Quieres hacerlo?

Sonrió de lado y se acercó más a ella. Bella elevó sus manos y las enredó detrás de su cuello. Él la acercó de su cintura a su cuerpo. Ella sabía como moverse jodidamente bien para ponerlo a punto. Pronto sus pantalones serían demasiado pequeños para su incomodidad.

-Tal vez...

Él negó lentamente.

-Apuesto a lo seguro. Es un sí o un no.

-¿Qué esperas obtener para apostar a lo seguro desde ya?

Edwrad bajó su cabeza más cerca de sus labios que de su oído.

-A ti, pero solo para mí.

Bella sabía que él no mentía. Él no era de los que jugaba con toda una lista de opciones. Barajaba sus opciones, desde luego, pero siempre tenía que darse con una sola. No prometía cosas que no podía cumplir ni mucho menos nada a largo plazo. Cuando algo le interesaba iba por ello. Esa castaña entre sus brazos se había vuelto rápidamente algo de su interés y supo de inmediato que la quería para él sin importar el costo. No permitiría que ella jugara con él mientras pasaba su tiempo con otro. Tenía que dejarle eso claro.

-Descuida, haz hecho un buen trabajo.

Frunció el ceño.

-¿Con qué?

La sonrisa de Bella se volvió enigmática.

-Con tachar cada nombre de mi lista.