Capítulo cuatro.
¿La fiesta estaba siendo un éxito o ella estaba disfrutando demasiado? Estar con Edward le proporcionaba seguridad y cierta libertad. Nunca había disfrutado plenamente de un evento sin ningún temor. Porque sabía que si alguien se propasaba él lo detendría. Sentía que él podría con cualquiera que osara si quiera respirar cerca de ella. La libertad de estar con sus amigos sin que lo demás importara. Porque cuando se daba la vuelta, allí estaba él mirándola.
Una lenta canción asaltó los alto parlantes y ella se quedó tiesa en medio de la pista. Con una sonrisa en sus labios y una señal suave de su mano, le indicó que se acercara a ella. Las parejas comenzaron a moverse lento al rededor de la pista. Edward se acercó a ella y la tomó en sus brazos. La forma agradable a la que Bella pertenecía a ellos era sorprendente. Nunca quería tenerla alejada de ese lugar. Ella envolvía sus manos por detrás de su cuello y él la acercaba más de la cintura.
Su mirada se sentía como el fuego en su piel. El aspecto aleonado de sus ojos lo detenía por completo. Su boca sensual y el cuerpo de infarto que estaba dejándolo con un problema de bolas azules. No pudo resistirse a solo mirarla tenía que sentirla. Bajó su boca hasta la suya y la besó despacio, con calma y sin prisa. Como debería de haber hecho la primera vez. Pero el deseo pegaba tan fuerte que lo desconcertaba. Besar sus labios era como encender la mecha de un explosivo y si no lo detenía a tiempo, no estaba seguro de si se atrevería a arrepentirse.
Ella se separó de él y la sonrisa traviesa atravesó su cuerpo. La música se volvió salvaje y ella lo igualó en movimientos. Edward solo pudo deleitarse con ese baile tan personal. Bella notó que él la miraba con cierta sorpresa. Estaba más que claro que no se arriesgaría a bailar de esa forma atrevida con alguien más, ni siquiera sus amigos. Pero él, era su chico y quería que él la deseara fuerte.
Era sensual y escandaloso. Y la gustaba. No es que bailar como una perra fuera de su agrado. Pero todo cobra sentido cuando es para alguien en particular. Ni siquiera fue consciente de los demás mientras Edward la sostenía de las caderas y ella las meneaba alrededor de la suya. Él soltó una carcajada de desesperación. Ella podría montarlo allí mismo que ni se molestaría en detenerla.
Bella cambió de posición y la música latina la obligaron a tomar un ritmo diferente. Se alejó unos centímetros y se dio la vuelta. No podía detenerla ni tampoco quería hacerlo. ¡Demonios, si nunca le habían bailado de esa forma! No es que una chica nunca hubiera meneado su trasero frente a él, pero Bella... danzaba con toda su feminidad y pureza que lo drogaba como un kilogramo de crack.
-Estás dejándome justo en al borde, cariño.
Trató de ser menos rudo, menos evidente. Pero no podía dejar de sentirse abrumado por su presencia y excitado en el mismo momento en el que ella le sonreía. Ella giró entre sus brazos y se puso en puntillas para besar su mejilla. Se movió hacia su oído y suspiró.
-Estamos juntos allí.
Cerró los ojos y rogó para enfocarse. Necesitaba aire frío y bebida.
-Vamos por algo más fresco.
Bella tomó dos cervezas a la pasada y lo siguió hasta las bancas fuera de la carpa. La noche era bien entrada y las estrellas se veían con claridad. Estaba más que sorprendida. Nunca se veían en donde ella vivía y era una pena, eran un espectáculo precioso junto a la luna casi llena.
Se sentía cansada, le dolían las piernas y la cabeza iba a estallar si no tomaba un analgésico, pero no podía evitar sentirse tan feliz. Edward estaba algo distante y era su "momento". Él se lo recordaba cada vez que comenzaban a besarse y debían detenerse un momento. Ese momento pertenecía más a él que a ella.
Distrajo su mente paseando por el perímetro. La música todavía sonaba fuerte desde donde estaban, las personas buscaban aire fresco de la noche abierta y algunas comenzaban a irse tomadas de la mano. Enarcó una ceja con ingenio, tal vez ella y Edward pudieran hacer lo mismo. Pero eso...
Se detuvo en seco. Ese chico le era conocido... y no iba de la mano de tremenda morena. Frunció el ceño al tiempo que la rubia se abalanzaba sobre él. Eric no la detuvo precisamente.
Abrió su boca y sus ojos de par en par.
-No puede ser...
Se enderezó en su asiento. No podía creerlo. Una pareja tan sólida se rompía frente a sus ojos.
-¿Qué sucede?
Se levantó rápidamente y cambió de lugar con Edward. Ella lo volteó hacia ella y lo besó. Él no opuso resistencia y prosiguió a besarla lentamente, pero ella estaba distraída. Apenas seguía sus movimientos. Abrió un ojo y se encontró con los de ella, pero miraban lejos de él. Se separó lo suficiente como para notarlo de nuevo. Se giró para ver qué llamaba su atención y ella lo regresó. Escudándose con su cuerpo.
-¿Por qué estás mirando una pareja... besarse?
Claramente ese beso se estaba saliendo de control pero a pesar de su propia excitación que Bella estuviera viendo justo en esa dirección no le sentaba bien a sus pelotas.
-No son cualquier pareja.
Ambos se giraron.
-Él es Eric...
-¿El novio de Ángela?
La sorpresa no parecía hacer eco en su pregunta.
-Si, pero ella...
La había visto de forma esporádica por ahí cuando había estado en la playa pero no...
-Lauren Mallory. Una perra.
Murmuró. Bella salía de sus cabales pero se encontró con que no sabía qué demonios hacer. Interferir en medio de una relación era terrible. La misma Ángela incluso podría odiarla por arruinar la situación que ya estaba acabada desde el momento en el que él había decidido mirar a otra chica que no fuera su amiga. Se detuvo mentalmente. Su amiga. Ella estaba dentro bailando despreocupada mientras Eric se besaba con alguien más en frente de sus narices y en las de cualquiera.
Como si supiera que alguien estaba mirándolo. Se separó de Lauren y se volteó justo hacia ellos en la banca. Bella clavó su fría mirada en él. Con furia y asco.
-Vamos, no tenemos nada que hacer aquí.
Edward la arrastró hacia la camioneta y condujo sin prisa hasta el puente para mirar el lago de pesca. Era un verdadero espectáculo si no fuera porque su cabeza daba vueltas en el engaño y en qué demonios debería hacer o si debería callarse. Pero su lealtad le indicaba que Ángela no podía quedarse más tiempo en la ignorancia ni sufrir por un idiota que no lo valía.
Su cuerpo se había enfriado tanto que ni la caricia de Edward sobre su muslo le llamó la atención.
-¿Qué hago?
-Nada.
Bella se giró para verlo.
-Ella es mi amiga y... si fuera al revés, tal vez me gustaría que me lo dijera y no quedar como una tonta.
Él sabía que ella tenía razón pero eran situaciones complicadas y ella recién llegaba. Conocía a Eric tanto como a Lauren como para saber que no era la primera vez que engañaba a su novia ni ésa era la única mujer con la que lo había hecho.
-¿Qué hay de cuando ella se entere y me lo cuente? Voy a verme obligada a mentirle de que no sabía nada o decirle que lo sabía. Va a odiarme...
-Tranquila. Son cosas que pasan en pueblos pequeños.
-Sucede en todos lados. ¿Por qué la gente hace eso?
Él tenía una perspectiva masculina que lo entendía a la perfección pero imposible que una mujer lo entendiera. Además, que lo entendiera no quería decir que lo apoyaba ni lo fomentara. Cuando se está con una persona, se está realmente. Si ya no la quieres, se lo dices y lo dejas. No lo hechas a perder. No se jode a los sentimientos equivocados.
-No lo sé, Bella...
Susurró. Ella volvió a la realidad y miró lo que tenía en frente.
-Me gusta este lugar...
Edward sonrió ampliamente ante el evidente cambio de tema.
-Es muy popular.
Bella notó los demás autos a su alrededor. No eran muchos pero estaban bien camuflados. Rió y se giró hacia Edward. Estaba relajado sobre el asiento y sus piernas estiradas. La miraba con suavidad y sonreía lento. Su mano estaba simplemente posada sobre el muslo de ella.
Bueno... ¿Quién dijo que la fiesta estaba acabada?
Ella se acercó a él y lo besó, sin darle tiempo a pensar en lo que hacía. Sin detenerse en medir las posibles consecuencias. Algo que su cuerpo no podía evitar hacer era sentirse débil en presencia de Edward. Como si cada fibra sensible reclamara por todo él.
El calor se expandió como una llamarada. Él la dejó hacer. Ella lo besaba con ímpetu y una leve prisa. Algo de rudeza que había contenido hasta el momento. Su lengua se movía a la par de la suya y la enredaba a su parecer. Se estaba perdiendo en la perfección de su boca. Bella sabía cómo besar y volverlo loco. Primero era todo prisa y su respiración comenzaba a fallar, luego se detenía hasta hacerse casi imperceptible y recuperar parte de la coherencia de sus pensamientos. Esos que se iban al demonio cuando ella volvía al ataque.
Le incomodaba la posición y pensó que sería mejor sorprenderlo con un nuevo movimiento. Pasó una pierna por encima de él y se sentó a horcajadas de sus piernas. Ella no apartó sus labios ni le permitió a él que lo hiciera. Él cedió. Cerró los ojos con más fuerza y ya no pudo quedarse quieto. Deslizó sus manos por sus muslos y se detuvo justo ante el borde del vestido.
Bella acarició su pecho hacia abajo y coló sus suaves manos por debajo de la camiseta. Allí había encontrado su nueva perdición. Su trabajado cuerpo la seducía de forma abrasadora. Nadie había hecho bullir su sangre y generar tanto calor que no pudiera ni soportarse. Se acomodó sobre su regazo y se ajustó a la sobresaliente erección de él.
Edward contuvo el aliento al tiempo que ella gemía en sus labios. Sus manos fueron arrasando con la piel de sus piernas y llegó al trasero bien formado, lo contorneó con sus manos y se acomodó para sentirla mejor sobre él. El jodido deseo estaba tan punzante que no podría quedarse solo con el juego. Ella volvió a gemir y gruñó cuando sus uñas rasparon su abdomen.
Separó sus labios de su boca y los deslizó por su mandíbula hacia su cuello. Bella sabía que si tocaba su punto sensible, su pequeña fortaleza se vendría abajo.
-Espera...
Lo apartó de los hombros y reposó su frente sobre la suya. Respiraba entre cortado al igual que él. No podía hablar sin decirle lo que quería hacer en ese asiento. Pero si ella lo detenía, esperaría a que fuera la primera en hablar.
-... lo siento, es solo...
Ella cerró los ojos y soltó una maldición, tan bajito que casi no la oyó. Apartó las manos del crimen y acarició sus mejillas. Levantó su rostro y ella abrió sus ojos. No supo definir de qué se trataba.
-¿Qué va mal?
Si ella quería detenerse justo allí, él lo aceptaría. Quería estar con ella. Se moría por ello. Pero no la forzaría ni menos lo haría cuando ella no estaba dispuesta a tomarlo.
-Quiero hacerlo, contigo. Pero... no quiero que mi primera vez sea un coche.
Él sonrió con dulzura. Tan arrebatadora que ella se desarmó.
-De acuerdo.
Sin hacer preguntas lo aceptó y la abrazó. Su mente se iba aclarando poco a poco mientras ella controlaba su respiración. Su respiración daba justo en su cuello y no era algo que lo ayudara. Mantuvo su firmeza y envolvió su pequeña figura.
El momento no había dejado de ser perfecto. Él no lo había permitido. No es que fuera menos hombres en pensar en sexo, porque tampoco había dejado de hacerlo. Pero ante nada, le interesaba el bien estar de Bella y el simple hecho de que lo hubiera elegido a él para ser el primero que estuviera en su cama, lo completaba. Le daba cierta hombría y orgullo. Conocía a la perfección el detalle de su situación. Ella pertenecería solo a este verano y lo harían jodidamente especial.
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El resto de las dos semanas siguientes habían sido un borrón. Bella y Edward apenas pasaban tiempo separados. Cuando él no estaba ocupado ayudando a su padre y ella estaba colaborando con su abuela, estaban juntos. Iban a las fiestas, a las cenas de la familia de colaboración del centro, a las reuniones de tardes de playa y juegos en la arena. Habían nadado, conocido el lago de pesca de día incluso presenciado el campeonato de la actividad. Habían visto una película en el cine local y recorrido la noche tomados de la mano tomando helado y café congelado.
El verano quemaba en sus manos.
Seguían besándose con igual intensidad, pero la situación no se había descontrolado como la noche de la fiesta.
Tampoco se había vuelto a cruzar con Eric o Ángela rehuía su presencia. Hasta que decidió que aquello era demasiado.
El día anterior le había comunicado a Edward que no estaría disponible. Iría a ver a Ángela y terminar con aquella farsa. Su abuela le había enseñado cómo hacer para llegar y estuvo segura de que algo pasaba. De estar todo el tiempo juntas y rodeada de amigos pasaron a apenas ser conocidas. Ángela casi ni se aparecía ya por las fiestas.
Llamó a la puerta y esperó. Didime, su madre le indicó que la esperara en el salón. Tomó asiento en un sillón individual y se puso de pie al verla entrar. Estaba peor que las últimas veces que la había visto. Su aspecto consumido y triste era terrible.
Sin pensar en una posible reacción se acercó y la abrazó. Su madre las dejó a solas. La pequeña Ánela se deshizo en un profundo llanto mientras le devolvía el abrazo. Dejó que ella se desahogara y acarició su cabello lentamente.
-¿Estás mejor?
Asintió. Limpió sus lágrimas y apartó la mirada.
-¿Quieres contarme?
Susurró. Ella la miró con cierta dureza.
-¿Algo que ya sabes?
La hostilidad era producto de su tristeza, pero eso no quitaba el hecho de que había optado por callarlo por un tiempo. Bajó su mirada y se arrepintió.
-Lo siento, no tenía idea de qué hacer.
Ella suspiró y sus lágrimas volvieron.
-Me lo dijo al día siguiente. Quería que lo supiera por él y no por ti.
Bella asintió y esperó. Estaba detestando con todas sus fuerzas a ese idiota.
-Sospechaba de esto, desde hacía tiempo pero nadie lo había notado y comencé a sentir que yo era la paranoica. Dejé de preguntar y lo dejé pasar, hasta que evidentemente quedé como una tonta.
Logró controlar su llanto y presionó la mano de Bella.
-Eric sabía que tú no eras como los demás y no te quedarías callada. Sé que intentaste hablar conmigo pero no podía enfrentarte. ¿Qué deberías pensar de mí? He sido una estúpida todo este tiempo y mis "verdaderos" amigos no me dijeron lo que sucedía a mis espaldas.
-Ángie... yo solo pienso que has desperdiciado tu tiempo con ese idiota y no vale la pena que sea así. Somos amigas y voy a estar ahí para ti.
-Pero tú tienes a Edward. No pierdas tu tiempo conmigo.
-¿Qué cosas dices? Él sabe darme mi espacio cuando lo necesito. Tendremos otros momentos y tú me necesitas realmente. Vamos a ir a la fiesta de blanco del viernes en la playa y quiero que le demuestres a Eric la mujer que ha perdido. ¿De acuerdo?
-De acuerdo.
Bella logró sacar a Ángela de la tristeza y regresó a casa con un logro personal. No le gustaba ver sufrir a alguien y menos a una persona que se había vuelto tan importante en tan poco tiempo. Solo lamentaba que Eric fuera un idiota y haber arruinado su autoestima. ¿Pero es que acaso no notaba como los demás la miraban? Estaba segura de que Embry estaba perdidamente enamorado de ella y ahora no perdería su tiempo en admirarla, sino que no la dejaría pasar. Creía conocerlo y apostaba a que él le haría mejor. Mientras al menos, la hiciera sonreír y reír.
-¡Ey!
Edward la esperaba en la escalinata de la entrada. Se puso de pie y la tomó en sus brazos para hacerla girar y luego dejarla en el suelo. Le besó la punta de la nariz y luego los labios.
-Te extrañé.
Él sonrió.
-¿Cómo te fue?
-Hemos solucionado las cuentas, estamos mejor ahora. Iremos a la fiesta de la playa el viernes.
Él hizo una mueca. Bella frunció el ceño.
-¿Qué ocurre?
-Estaré fuera tres días, volveré el sábado en la mañana.
Bella se apartó para verlo mejor.
-¿Por qué?
-Mi padre tiene un largo viaje que hacer para llevar el último cargamento del tren antes de dejarlo todo. Tengo que acompañarlo y luego volvemos.
Apartó la vista unos minutos. Se volvió y le sonrió.
-De acuerdo. Acabo de recuperar una amiga que no podrá suplantarte pero que me compensará.
Se estiró para besar sus labios y demorarse su tiempo necesario.
-¿Cuándo te vas?
-En la mañana.
-De modo que vamos a aprovechar este tiempo.
Edward le resumió la tarea de su padre como algo que hacía temporalmente. Que lo suyo en realidad eran los números. Era contador y llevaría un nuevo consultorio donde iban a mudarse luego del verano. Pero tampoco fue muy entusiasta al hablar de esa parte. La acompañó hasta el salón y Marie les llevó una pizza.
-Tengo la noche de bingo hoy.
Bella la había olvidado por completo.
-Oh, genial.
Marie se mantuvo unos minutos en el umbral sin decir nada.
-No hace falta que aclares nada, lo tengo todo en cuenta. Casi puedo oír tus pensamientos gritarme.
La anciana rió y les lanzó la última mirada de advertencia.
-Eso fue incómodo.
Edward besó su mejilla y masticó un trozo de pizza.
-Te cuida.
-Hablar del tema abiertamente, no es lo mío. No con ella.
Bella propuso ver la película en su habitación. Ambos estaban muy agotados como para intentar algo. El film era de una adolescente americana que viajaba por todo Hawaii en búsqueda de la ola perfecta siguiendo el recorrido que había hecho su madre tiempo atrás.
-¿Qué eso?
Edward agudizó el oído. Ella lo identificó de inmediato. Se puso de pie y abrió el mueble a un lado de la cama. Cuando se había marchado se había enfurecido tanto con sus padres que había escondido su teléfono hasta casi olvidar que lo tenía. Atendió la llamada y se llevó el auricular al oído.
-¿Diga?
-Oh, nena. Al fin te encuentro. Te extraño.
Palideció, se quedó petrificada en su lugar. Edward se enderezó en su lugar mientras fruncía el ceño y fijaba su mirada en ella.
-Oh... eres tú.
Tragó pesado. La risa rugosa le dañó los oídos y cerró los ojos.
-Sí, cariño. Mike Newton ¿quién más?
