Capítulo cinco.
-Te ves hermosa en ese vestido.
Bella sonrió a su propia imagen el espejo pero no subió hasta sus ojos. Ese brillo particular había ido desapareciendo lentamente. Ángela se posó a su lado y admiró la elegante figura de su amiga con aquel vestido blanco. La sencillez y la pureza era algo innato en ella.
-Te ves como si necesitaras una amiga.
Susurró, dispuesta a devolverle el favor de una amiga. Le dedicó una sonrisa nueva y se giró hacia ella.
-No te preocupes, no es nada. Es solo… añoranza. Voy a extrañar todo esto cuando tenga que marcharme.
Apenas cuatro semanas y todo aquello habría terminado. Sonaba como si fuera una dura condena que cumplir. Más bien, así había comenzado, pero estaba claro que no terminaba de la misma forma.
Le dolía el corazón de saber que tendría que dejar a una amiga con la cual se había sentido mucho más unida que a la mismísima Jessica, la cual había estado junto a ella desde el kinder y ni siquiera se había dignado a dejarle un mensaje en el tiempo que llevaban separadas. Junto a aquella angustia se había sumado Edward. Su chico probemas.
Había sabido desde un principio que enamorarse de él, estaba sobrevalorado. Era una aventura de verano. Ambos habían sabido aquello desde el comienzo. Pero eso no significaba que fuera fácil de evitar. La última noche que habían estado juntos, la tensión casi terminó con ellos hasta que él anunció que debí irse. Edward no había preguntado por la llamada que ella contestado brevemente, no tenía necesidad de ponerlo al corriente de su pasado y de su próximo futuro. Le importaba muy poco lo que opinara su madre al respecto, pero su relación con Mike se terminaría el mismo día que lo viera.
Incluso, ya a daba por terminada.
La música era ensordecedora y la bebida corría de mano en mano como agua de canilla abierta. Aquello le gustó, planeaba desprender su cabeza del resto cuerpo y olvidarse de su antigua seriedad. Había estado muy rígida durante los últimos días y tan solo deseaba que fuera sábado para ver a Edward. Suspiró con evidente agonía. Ningún chico había significado lo suficiente como para hacerla perder la cabeza y el control de su propio cuerpo. Lo extrañaba horrores y lo necesitaba aún más.
Demasiados litros de alcohol después, se encontraba tomando aire en el patio trasero de la casa de Sophie Ellen. No es que la conociera pero sabía que era la anfitriona y compañera de clase de Ángela. Hablando de ella, miró a su alrededor de la pista de baile y no la vio. Solo rogaba que estuviera bien, ella había conducido hacia la fiesta y era justamente con ella con quién iba a regresar.
-Miren quién ha salido sin su perro guardián.
Con un suspiro de resignación, se giró hacia Jacob. Tan galán como podía serlo. Rozando lo repulsivo, le recordó a Mike. Siempre exigiendo la atención ¿acaso aquello no era agotador? Podían ser como Edward. Merecedores de atención. Pero no. Se esmeraban en ser tan arrogantes como pudiera traspasar una cuota diaria.
-No necesito uno, puedo manejar a los idiotas por mi cuenta.
Sonrió con delicadeza. Tan propio de ella, embellecer cualquier insulto que salía de su boca.
-Oh, vamos… ¿qué hice mal para merecer tu odio?
-No te odio, solo… no te quiero a mi alrededor.
Jacob apenas tocaba su coherencia, estaba segura de que había sacudido su sistema en alcohol y ella quería encontrarse lo más lejos de su alcance posible.
-Dejame demostrarte que soy mejor que ese… Cullen.
La forma en la que arrastró su apellido con asco y sus ojos llamearon fuegos de odio la hizo tensarse. Aquella rivalidad era más de la que podía comprender y estaba claro que ella misma se había convertido en un objeto de pelea entre ambos. Pero el chico malo la había conquistado. Maneja eso Jacob, pensó con pesadez. Su cabeza también pendía de algunos hilos, pero creía estar más lúcida. Al menos, lo suficiente como para alejar su detestable personalidad fuera de ella.
-Puedes hacerlo con otra chica, Jacob. Dejame despedirme para que entiendas que no le llegas ni a los talones a Edward.
Su paciencia había tocado el límite. Antes de que pudiera apartarse y perderlo de vista, Jacob la acorraló con brusquedad contra una pared. Su cabeza rebotó contra el concreto y se mareó con severidad. El cuerpo le tembló y su debilidad fue aprovechada. El bastardo gruñó sobre su cuello.
-Respuesta equivocada, gatita. Ahora voy a llevarte a mi casa y vamos a arreglar esto de una vez. Alguien tendría que enseñarte buenas lecciones.
Jadeó sorprendida y luchó por apartarlo. Las rudas manos se ajustaron en sus muñecas y sintió todo el peso de su cuerpo sobre ella. Casi aplastándola. Su cabeza dio una nueva ronda de mareos y estuvo a punto de vomitar.
-Déjame ir o gritaré.
Gruñó. Rió de forma desagradable. Su aliento a cerveza le repugnó. Sus ojos estaban inyectados en sangre. ¿Acaso estaba drogado? Tendría que haber sido más astuta a la hora de manejar la situación con alguien fuera de sus cinco sentidos.
-¿Crees que alguien va a oírte?
La pelota estaba de su lado. Si gritaba, nadie la oiría y no había nadie alrededor, tampoco la verían. Demonios, susurró para sus adentros. Dejó de luchar. Hora de sacar ventaja, de donde pudiera encontrarla.
-De acuerdo ¿dónde está tu auto?
Jacob se sorprendió y lo compuso con una sonrisa diabólica. Ni lenta ni perezosa, Bella aprovechó la distracción, había dejado de ejercer presión sobre ella aunque no la había soltado.
-Una calle abajo.
Forzó una sonrisa.
-Bueno… ¿qué esperas?
Jacob se tomó un segundo antes de soltarla. Bella golpeó en medio de sus piernas y corrió antes de verlo retorcerse del dolor. Una vez dentro de la fiesta, la atravesó en una búsqueda desesperada de su amiga. Había desaparecido. Frunció el ceño, incapaz de creer que la hubiera dejado sola en aquella casa desconocida. Tenía el corazón en su garganta y la temible sensación de que Jacob la encontraría para vengarse.
-¿Buscando un taxi?
Se giró hacia un moreno que le sonreía mientras se acercaba a su lado.
-Bella… ¿cierto?
Asintió, lo recordaba. Era uno de los amigos del ex novio de Eric. Tyler, si su memoria no fallaba en ese estado de catarsis.
-¿Y bien?
Rió a pesar de su mala suerte. Lanzó sus manos al aire con resignación.
-Eso creo...
Tyler miró el cielo.
-Está a punto de llover ¿quieres que te alcance a casa?
-Eso sería genial.
Bella le echó una mirada apreciativa. Él no estaba nada mal. Era alto y musculoso, sus ojos marrones eran cálidos y era agradable. Poseía un buen carro descapotable apto para la playa. Era un buen conversador y divertido. Le gustaba tener un amigo. Tyler se había mostrado más que comprensible y educado. Jamás haciendo proposiciones, y oyendo con total cuidado la historia del ataque de Jacob.
-Sin duda es un idiota. Me alegra que hayas podido huir a tiempo, aunque me hubiera gustado encontrarlo en ese momento. A veces pienso que merece que alguien lo ponga en su lugar.
-Deberías hacerlo.
Tyler sonrió.
-Nunca se ha metido conmigo. Pero eso no lo hace menos idiota.
Bella suspiró. Edward hubiera estado más que furioso y aquello podría haber sido un desastre. Así descubrió que Edward jamás había salido de sus pensamientos. Cuando la casa de su abuela se divisó, pensó que el tiempo le había pasado volando.
-Agradezco haberte sacado de esa fiesta. Sin duda ese idiota te habría buscado.
-Lo sé, y gracias.
Tyler rodeó el coche para abrirle la portezuela del coche.
-Así que… ¿comenzarás este año aquí?
-No, solo estoy de paso por el verano. Aunque me gustaría quedarme.
-Es una pena.
Ella rió suavemente y sintió su cabeza dar vueltas. Una mano voló a su cabeza antes de que su vista diera una vuelta más. Gimió. No iba a vomitar allí, no en ese hermoso auto.
-Demasiada diversión.
Él rió y se ofreció a llevarla hasta la puerta. El sol estaba apenas apareciendo y su vista se resintió. La ajustó de la cintura y la condujo camino hacia la casa.
-Deberías probar con caminar en línea recta.
Rió estúpidamente pero apenas lo notó. Le dio una mirada larga.
-¿Crees que sería capaz?
Tyler la sostenía junto a su fuerte cuerpo y era justo lo que necesitaba, pero eran otros brazos los que extrañaba. Otros brazos que deberían estar sosteniéndola así.
-Saca las manos de mi novia.
Ambos dejaron de reír levantando sus cabezas. Edward caminaba hacia ellos con paso firme y mirada asesina, directo sobre el chico. Apenas había reparado en el estado de Bella.
-Si la dejo, tal vez caiga...
-Dije que…
-Si, ya todos sabemos lo que dijiste.
Edward fijó su cruel mirada sobre ella. Bella se enderezó con mayor esfuerzo en su postura y se fue apartando del cuerpo cálido. Le dedicó una mirada de disculpa y agradecida.
-Gracias, Tyler. Estaré bien.
Mientras él se aseguraba de ello, asintió y le sonrió con calidez. Jamás había sido de los tipos con miedo, y menos a un niño furioso como Edward. Pero uno da lo que obtiene. No le gustarían que se metan con su chica, dejaba a la de otro en paz.
-Seguro, te veo por ahí Bella.
Se dio la vuelta hacia su coche sin despedirse de un embravecido Edward. Olvidada a su suerte rogó por mantener el equilibrio sobre sus tacones, caminó directo hacia la casa. Pero él tenía otros planes. Se interpuso en su camino y ella frenó de golpe. El mundo dio un giro vertiginoso que se esforzó por simular, presionando sus manos en puños. Enfrentó su dura mirada de escrutinio.
-Esta no es la forma en la que esperaba ser recibido.
-Bueno… no sé que estás haciendo aquí a esta hora.
De pie, insegura de dar un paso igualó su mirada con calma. Una que no tenía por cierto.
-¿O sino qué?
Ella rodó los ojos y decidió pasarlo. No estaba lista para una pelea en ese momento. El cuerpo le temblaba horrorosamente y comenzaba a pensar que la bebida que había ingerido en el último vaso plástico debería de tener algo pesado. Su cuerpo se sentía inmanejable.
-No dije eso.
-No, pero lo insinuaste. Si no hubiera estado aquí ¿lo hubieras dejado subir hasta tu habitación? ¿Pasó algo más esta noche de lo que deba enterarme o...?
-¡Oh… solo detente!
Gritó. Su propia voz retumbó en su cerebro y detuvo un gemido de dolor. Había logrado subir la escalinata y el aire escaseaba en sus pulmones. Dudaba que fuera capaz de llegar a su habitación.
-¿Qué ocurre contigo? ¿Novia? ¿De qué hablas?
Demasiado tarde para poder contenerse, su lengua se había soltado. Le agradeció al alcohol. Edward enmudeció. Respiró pesado y enfrentó una mirada confusa. De acuerdo, él tampoco había pensado decirlo de esa forma, pero su arranque descontrolado de celos lo había impulsado a soltar la palabra más protectora que fuera posible para alejarlo de ella.
-¿Qué ocurre conmigo? Me prometiste que solo era yo. ¿Cómo puedo confiar en ti si me voy un par de días y sales con tu amiga? ¿Para qué? ¿Para verte llegar en brazos de alguien más? ¿Qué tan lejos puedes llegar? ¿Tengo que enterarme por mi mejor amigo que te fuiste en un carro en el que no llegaste?
EL calor del momento había avivado las llamas de la furia. Una que se desató rápidamente dentro de ella. Él le gritaba como nunca lo habían hecho con ella y menos, un "novio" celoso. Ya que nunca había dado motivos para ello. Pero para ser sinceros, tampoco estaban dándole a ella una oportunidad de aclararse.
-No voy a tolerar esto.
Se giró para tomar el pomo de la puerta. Edward detuvo su perezoso movimiento.
-Esto no ha terminado.
Y aquella, fue la gota que rebalsó su vaso del control emosional.
-¡Solo estaba tomado aire. Jacob me atacó en un lugar donde no había nadie y huí antes de algo peor, alguien puso algo en mi bebida y apenas puedo mantenerme en pie, aunque tú seas muy egoísta y no puedas verlo. Ángela se fue sin mí y un amigo se ofreció a traerme de vuelta! ¿Cómo puedo confiar yo en ti si cuando no estás aquí decides poner a alguien con sus ojos sobre mí, esperando el momento en el que pueda romper mi promesa? ¿Qué clase de "novio" hace eso? Porque déjame decirte algo, yo mantengo mi palabra hasta el final. Pero es otra cosa que no puedes ver.
Sus palabras fueron como un balde de agua fría, duras y directas. Bella se sostenía con fuerza al pomo de la puerta, sus nudillos estaban blancos y sus piernas fallarían en cualquier momento. Preocupado e ignorando el hecho de que era la primera vez en su vida que montaba una escena de celos a una chica a la que había llamado novia sin darse cuenta, se acercó hacia ella.
-Bella…
Pero ella lo detuvo con una seca mirada y una mano en alto.
-Demasiado tarde para arrepentirse. No es momento para hablar. Déjame en paz.
Sin esperar una respuesta se adentró a la casa de un portazo y se arrastró hacia el sofá. Su cuerpo se desmoronó sobre él y cayó en la inconsciencia.
.
Furioso consigo mismo se dio la vuelta y entró en su camioneta. Su puerta sufrió una sacudida y dejó su cabeza sobre el volante. Había regresado a media noche, sus nulas ganas le hicieron conducir hasta la casa de Bella para esperarla cuando regresaba. Camino a su casa, el mensaje de Alex había sido "se fue con Tyler". Si bien le había pedido a su amigo que mantuviera un ojo en ella, la idea de que Jacob la había acorralado lo dejaba de piedra. ¿Su amigo no había estado allí para comprobarlo pero sí para verla irse con otro? Aquello era una maldita mierda que tenía que solucionar.
El sol dio de lleno en sus ojos y se giró para evitar el contacto directo. En el intento, su trasero y espalda quedaron pegados al suelo de la sala. Gimió ante el impacto. Suspiró mientras se tendía, no era capaz de moverse aún. Vagamente recordó haberse dejado caer en el sofá. Sentía su boca pastosa y un dolor de cabeza demoledor. Le tomó diez minutos espabilar y ponerse de pie. Tambaleante se condujo escaleras arriba y se dio un largo baño de agua fría. Sus sentidos comenzaron a despertar lentamente.
-Alguien no luce especialmente bella esta mañana.
Una mirada fue suficiente para silenciar a su abuela, pero no para borrar la mueca de burla. Era cerca de medio día y sentía que habían sido solo cinco minutos los que había dormido.
-Te dejé un analgésico, café y bollos dulces. Aliméntate y descansa, cariño. Volveré en la noche.
Besó su frente antes de irse y la dejó sentada en la cocina. Devoró los panecillos en cuestión de segundos, pero el café se deslizaba por su garganta acentuando su dolor de cabeza. Lo apartó con un gesto de asco y tomó un vaso de zumo de naranja. Asimilar el alimento iba a ser tarea difícil, todo parecía querer revolverse allí dentro.
Se detuvo ante la imagen de perfección que lo invadió. Bella mantenía los ojos cerrados, apoyando su cabeza sobre sus manos. La vio suspirar lentamente y él contuvo el aliento. Ella era perfecta. Con esa ropa de cama tan malditamente sexy lo tenia al borde. Olvidando el ensayado discurso de disculpa que había elaborado.
Lentamente abrió los ojos y soltó un respingo cuando lo encontró allí de pie. Frunció el ceño casi tan rápido, no lo había oído entrar.
-¿Cuánto tiempo llevas ahí?
Se aclaró la garganta y se adelantó un par de pasos.
-No mucho.
Su voz salió ronca, pero apenas fue consciente. Bella enarcó una ceja, esperando que el individuo hablara.
-Yo… vine a pedirte disculpas. Me comporté como un grandísimo idiota y lo siento, Bella. No quiero perderte.
Eso no era lo que había esperado oír de él, pero puso su mundo de cabeza. Para evitar que se notara el nuevo temblor de su cuerpo, muy diferente al de la otra noche, se puso de pie y llevó su taza hacia la encimera.
Edward tragó pesado.
Bella le devolvió la mirada desde su lugar.
-No sé qué decir.
Murmuró. Ciertamente no lo sabía. No tenía idea de cómo debería reaccionar, porque desde luego tampoco estaba dispuesta a perderlo o a alejarlo de sí misma. Pero sentía que no debería perdonarlo tan rápido. Él comenzó a acercarse hacia ella y sintió que se encogía en su lugar. Una larga mirada por su cuerpo le recordó lo que llevaba puesto y sus mejillas ardieron. Apartó la mirada hacia el otro extremo de la habitación, era demasiado tarde para cubrirse.
Él sí que había visto todo. El minishort de un extraño material se ajustaba a su trasero y dejaba a la vista sus largas y cremosas piernas. La camiseta de tirantes enseñana una línea de su piel de la cadera y sus senos parecían verse más llenos.
Edward colocó ambas manos sobre la encimera a cada lado de ella y acercó su rostro hasta la línea de su cuello, muy cerca de su oído.
-Estoy muriendo aquí, Bella. Por favor, perdóname. No fue mi intención comportarme como un cerdo egoísta, pero no puedo soportar la idea de verte con alguien más. No jugaba cuando dije que solo te quiero para mí.
Su cálido aliento rozando su piel sensible hizo su cuerpo temblar y a su sangre volverse espesa. Giró su rostro hacia él, demasiado cerca como para no tentarse.
-Dudaste de mí.
Susurró con dolor.
-No fue por ti, soy un maldito inseguro. Eres demasiado buena como para ser real, siento la necesidad de mantenerte alejada de todos, solo para mí. De verdad lo lamento… ¿puedes perdonarme?
El verde profundo de su mirada nadaba en un mar de lamento. De verdad creía cada una de sus palabras y terminó por ceder. Asintió lentamente. Edward no desaprovechó el momento para besarla.
Sus labios lo llamaban con creciente necesidad, así como la de tocar su piel. Profundizó el beso al tiempo que llevaba sus manos a su cadera y acariciaba esa porción de piel disponible. Podía volverse loco justo allí. Bella enlazó sus brazos a su cuello y deslizó su lengua sobre la suya. Sus delicadas manos acariciaron su cuello y lo atrajeron más cerca de su boca. Demonios, no quería volver a alejarse nunca de ella.
-Te extrañé.
Ella susurró contra sus labios. Eran dos jodidas palabras que había deseado oído escuchar.
-Yo también.
Tomándose el tiempo necesario, la besó con calma. Disfrutando de sus labios carnosos, su lengua traviesa y el recorrido que sus manos comenzaban por su pecho hacia abajo. Aventurándose, Bella tomó el borde de su camiseta e introdujo sus manos. Paseando sus palmas por el duro abdomen. No recordaba haberlo visto sin camiseta, pero presentía que no faltaba mucho para eso.
Detuvo sus muñecas sobre su cadera, respiró hondo y pesado.
-Bella, nena… no creo que…
El teléfono eligió ese momento para sonar. Edward se apartó aliviado. No porque no quisiera lo mismo que ella, sino por que no le parecía el momento apropiado. Pero demonios que sí deseaba lo mismo.
Acalorada y desorientada descolgó el tubo.
-¿Diga?
La neutralidad y el control de su voz la asustó más que si se hubiera encontrado toda jadeante como se sentía.
-Bella, querida. Nuestro carro se averió camino de regreso, lo están reparando y posiblemente llegue a Maine en la mañana.
Frunció el ceño.
-¿Dónde estás? ¿Estás bien?
-Si, estoy bien. Camino a Connecticut. Aún debemos llegar y solucionar los problemas legales de la vieja Sonia, pero debemos quedarnos hasta mañana. ¿Estarás bien?
Edward se acercó a su lado y besó su hombro suavemente.
-Seguro...
-De acuerdo, dejé comida en el refrigerador. Dale mis saludos a Edward, adiós. Te llamaré en la mañana.
Era un implícito de que la vieja Mary sabía que él estaba en la casa.
-Bien, adiós.
-¿Qué ocurre?
Se mordió el interior de la mejilla, no estaba muy segura de cómo tomar aquello.
-Bueno… mi abuela se atascó en el camino, llegará en la mañana.
Edward asintió. Hablando de oportunidades… tendrían toda la noche para ellos dos.
