Capítulo trece.
Iv la había pasado por toda clase de tortura femenina. Habían estado tomando el té por una hora, junto a dos de sus mejores amigas mientras ella sonreía y oía comentarios acerca de la moda o de personas no presentes. Ella solo quería una ducha eterna. Que había llegado después de eso pero no tan larga como hubiera querido. Había encontrado un vestido color crema en la cama de la habitación de invitados.
Era de un corte precioso pero le iba algo suelto. Hombros y espalda al descubierto mientras se ataba a su cuello. Un escote poco amenazador y suelto hasta medio muslo. Se veía... clásico. Unos tacones blancos y un collar de perlas. Aquello era más de lo que había tenido que soportar otras veces. La madre de Mike nunca había sido tan ostentosa.
-Te ves hermosa, Isabella. Realmente hermosa. Déjame que recoja tu cabello.
La dejó hacer mientras tomaba asiento frente al tocador. Un alto moño prolijo con un tocado delantero. La hacía ver dos veces mayor. Su mirada perdida y su rostro lánguido no le daban el mejor aspecto.
-Te ves algo pálida, deberíamos de maquillarte.
Como una muñeca dejó que Ivannett acomodara su presencia acorde al evento de esa noche.
Mike la recibió en la sala diez minutos antes de la cena. Su madre todavía no había llegado. Él presionó su mano y le sonrió.
-Te ves hermosa.
Besó su mejilla. Le dio una media sonrisa y caminó a su lado hacia el salón comedor. Saludó a los parientes y no se separó de su lado. Estaba brevemente intimidada e incómoda. Aquello parecía ser una fiesta y presentía que algo se le estaba escapando.
-Hija mía, estás hermosa.
Había escuchado esa palabra y podía asegurar que no se sentía de esa forma. La miraban con sonrisas y miradas ocultas. Estaba comenzando a sospechar.
Luego del almuerzo se mantuvo con su madre, necesitaba un aire familiar. Aunque ella estaba tan abstraída que no había sido de mucha ayuda.
Mike se acercó a su lado y presionó su mano. Sonreía a menudo y la había tratado como si estuviera rodeada de algodones. Comenzaba a sentir la molestia bullir en su cuerpo. Le devolvió la sonrisa.
-¿Todo en orden?
-Si ¿por qué preguntas?
Mike le tendió una champaña y fruncó el ceño. Aquello no podía significar nada bueno. La arrastró hasta el medio del salón y todos se silenciaron de repente.
-Oh Dios...
Murmuró para sí misma. Le envió una mirada intensa a Mike.
-Disculpen que interrumpa la velada, damas y caballeros. Quisiera decir unas palabras...
Bella respiró con dificultad y su corazón comenzó a latir en serio. Todos se centraron en ellos dos.
-Bella...
Ella comenzó a hiper ventilar.
-...han sido largos años a tu lado. Cada uno de ellos lleno de amistad, lealtad, confianza y lo más importante. Amor.
Se le revolvió el estómago.
-Eres lo más hermoso que hay en mi vida. Gracias por estar a mi lado y apoyarme siempre que sea necesario. Eres la mujer de mi vida, Bella. Te amo. Estoy agradecido por tenerte a mi lado y... me encantaría que eso fuera eterno.
Mike sacó una pequeña caja negra de su bolsillo y se arrodilló frente a ella. Bella lo miró con sorpresa.
-¿Quieres casarte conmigo?
El silencio retumbó en sus oídos. Todo el mundo conteniendo el aliento. Miró a su madre. René sonreía con lágrimas en los ojos, respiró aceleradamente. Volvió a mirar a Mike. Tenía la oportunidad frente a sus ojos. Aquello era lo que había esperado que pasara desde que salía con Mike. Aquél había sido su sueño, por ello había anhelado y suspirado por las noches.
Pero nada de eso tenía sentido ahora que entendía qué era el verdadero amor.
Y eso estaba lejos de ser Michael Newton. Se sentía irreal ahora. Cerró los ojos un minuto.
-Si...
Susurró y asintió mientras sus lágrimas comenzaban a caer por sus mejillas.
.
-¿Así que es cierto?
Parpadeó mientras apartaba la vista del libre que tenía en las manos.
-¿Qué?
Jessica se dejó caer a su lado en la banca del patio. No lucía especialmente feliz.
-¿Que vas a casarte con Mike? Eso es loco.
-Lo es ¿de dónde oíste eso?
Bella había rogado por que aquello se mantuviera en secreto. No era algo con lo que quería lidiar ahora ni hasta que terminara la escuela. Su madre no lo había mencionado, solo había tomado su felicitación y eso fue todo. Al igual que del resto de las personas que habían presenciado el acto. Según ella, totalmente falso y montado. Mike no diría esas palabras naturalmente a menos que lo hubiera practicado.
-Lo hice y punto ¿es cierto?
Exigió.
-¿A tí por qué te altera?
Gruñó. Jessica se hirguió.
-Solo quisiera que mi mejor amiga no me ocultara las cosas.
-No lo hago. No vuelvas a preguntar por eso.
La dejó sentada sola en la banca y caminó hacia su clase. Cayo estaba escribiendo en la pizarra cuando entró. Sonrió al identificar el ejercicio, era uno de los primeros temas que habían visto. La había puesto a prueba resolviéndolos en media hora. Ella lo había logrado con eficiencia
-¿Dudas de mi capacidad para resolver ese ejercicio? Supéralo, los hice mejor que tú.
Cayo la silenció con la mirada. Ella se quedó tiesa.
-No, Isabella. Estaba explicando el ejercicio a Cullen. Ha solicitado la tutoría para pasar la clase.
Su cuerpo se volvió de gelatina. Podía sentir su mirada clavada en su espalda. Se esforzó por no entrar en pánico.
-Seguro, lo siento. Me iré de inmediato.
-No, espera.
Cayo juntó una carpeta y dejó la tiza a un lado.
-Tengo una reunión de personal. Quiero que te ocupes de ésto.
Bella agrandó sus ojos y se negó de inmediato. Se acercó más a él.
-¿Qué? No... tienes que estar bromeando, Cayo.
Susurró lo suficientemente bajo como para que Edward no la oyera. El profesor le sonrió abiertamente.
-Hazlo. Es una orden.
Miró más allá de sus hombros.
-¿No te importa, cierto Cullen?
-Claro que no.
Su voz sonó apretada y casi divertida. Cayo salió y se quedó a solas. Edward estaba más cerca ahora, podía sentirlo.
-¿A ti te importa?
.
Bella caminó hacia la mesa del profesor y tomó la hoja de ejercicios. Los soltó con brusquedad y enarcó una ceja en dirección a Edward.
-¿De verdad?
Edward se encogió de hombros. Ella podía ver a través de su falsa imitación.
-¿Qué? De verdad no los comprendo...
Bella torció el gesto.
-¿Entonces por qué los pasaste con promedio de nueve punto siete en el examen de admisión?
Él se acercó a la mesa, justo en frente de ella.
-¿Cómo sabes eso?
Muy simple, el beneficio de trabajar sus horas extras con un profesor era que tenía libre acceso a los ficheros personales de cada alumno. En un momento de debilidad, había obtenido el suyo. Era un alumno destacado y brillante. De esa misma forma había analizado el examen de admisión y solo había tenido errores menores. Pero los ejercicios de logaritmos no habían sido los que había fallado.
-Es de dominio público.
Edward esbozó media sonrisa, colocó ambas palmas en la mesa y se inclinó hacia adelante. Ella siguió imperturbable.
-Las calificaciones. No el contenido.
Ella sonrió con sorna.
-Ambos. Cuando eres un alumno destacado, dentro del ámbito privado esa información vuela.
Enarcó una ceja en su dirección.
-¿Entonces por qué te importa?
Se obligó a morderse la lengua. Escondió cada una de sus emociones detrás de una capa de neutralidad. Edward detestaba eso, y ella aún lo recordaba.
Así como a otras cosas.
-¿A qué estás jugando?
-Llegamos al punto ¿cierto?
Bella se inclinó un poco más cerca.
-No lo hagas, Edward. No es bueno.
Si se inclinaba un poco más podría terminar demasiado cerca de ella y todavía, no estaba listo para jugar esa carta.
-Voy a hacerlo.
-¿Por qué quieres hacerme esto?
-¿Recuerdas lo que prometí?
Ella deseó preguntar qué parte, pero se mantuvo callada. Edward mantuvo su preciosa mirada sobre ella, sus ojos eran del mismo verde que había memorizado y había anhelado verlos de nuevo. Eso hizo temblar su interior, casi flaqueó.
-Haría que recordaras lo que pasamos juntos...
Edward se inclinó solo un poco más.
-...cada vez que me vieras.
Susurró. Retrocedió hasta su mesa sin dejar de mirarla y sonrió casi cruelmente.
-Harías bien en recordarlo de nuevo... Bella.
Cargó la mochila sobre su hombre y le dio una última mirada antes de irse. Bella se dejó caer en la silla afelpada de Cayo. Le temblaba el cuerpo y no podía mantener quietas sus manos. Las afirmó en puños y soltó el aire que contenía en sus pulmones. Edward estaba jugando con ella. Sabía que su cuerpo no sería capaz de albergar odio ni sed de venganza. Pero desconocía cuánto lo había dañado con sus decisiones.
Nadie más que ella sabía por qué hacía lo que hacía y no pretendía dar explicaciones que no se merecía. Pero todavía se clavaba como puñal en su corazón el último adiós, todavía en la cama de la casa de Marie y su promesa volvía a ella como recuerdo de fuego.
Apartó las lágrimas y tomó las carpetas de Cayo para devolverlas más tarde. Tenía trabajo que cumplir y no iba a quedarse en ese lugar a ahogar penas y dolor. Tenía una vida que llevar adelante fuera difícil como fuera.
-Te ves pensativa.
Alice la miraba desde detrás de su taza de café con chocolate a un costado de la estantería que acomodaba. La biblioteca era demasiado grande como poder organizar los libres de un día para el otro. Una medida sería reforzar el control de la devolución pero últimamente el trabajo había aumentado. Más alumnos hacían uso de sus mesas y sus libros para estudiar.
-Todo lo contrario a lo que estoy haciendo.
Devolvió cuatro libros en orden.
-Estoy en blanco.
-No te ves precisamente como un robot.
-¿Sabes cómo hacer para serlo?
-En realidad no. Pero conozco un método que funciona.
Bella sonrió a medias.
-Puedes contarme tu secreto.
-Es contarle a una amiga qué demonios te pasa.
Se detuvo y se volteó a verla. Alice fruncía el ceño con muy poca frecuencia y ahora no le ofrecía su mejor sonrisa.
-Sí, tú amante de los libros. Llevas toda esa hilera confudiéndola con la hilera del otro pasillo.
-¿Qué?
Bella revisó su trabajo y maldijo.
-Necesito un respiro.
Salió fuera de la tienda por le frente con Alice pisando sus talones. Caía la tarde y el invierno otoño ofrecía su mejor vista del cielo coloreado en tonos térreos. Cerró los ojos y apoyó sus codos en la baranda de madera.
-Habla.
Le tendió su café.
-¿Sabes qué? Voy a soltarlo todo de una maldita vez. Estoy harta de tener que soltar solo partes a las personas. Detesto ver sus caras de pena, pero en realidad. Estoy bien. Al menos estoy tratando de salir de mi pozo negro.
Alice silbó.
-Sí, chica. Todo ésto necesita quedar fuera.
Bella perdió su mente en el pasado. En las buenas memorias de la playa y el verano dorado que había pasado. Lejos de tanta bestialidad de ciudad.
-Mis padres llevaban tiempo peleando todo el tiempo, no era lo mismo de antes. Solíamos ser bastante pacíficos. Pero la situación fue en picada. La mejor decisión que tomaron fue enviarme lejos, a pasar el verano con mi abuela para que ellos pudieran... encontrar una solución a sus problemas.
Alice se acercó a ella y la animó a seguir.
-Lo hice. Terminé en la playa al oeste. Arruiné mi vida en esos dos meses.
-Eso suena a que vendiste tu alma al demonio.
-Cerca. Me enamoré.
-Auch.
Bella mojó sus labios con café y sonrió.
-Nunca creí que me pasaría. Comenzó como una conquista, un juego pero se volvió demasiado serio. Me entregué a lo incierto como jamás hubiera pensado que lo haría. Dolió como el infierno cuando tuve que decir adiós y perderlo de vista. Entonces prometí que él sería el único de mi vida y sigue siendo así. Pero no puede saberlo.
-¿Por qué no?
-Volví a mi vida. Aquí. Mi padre nos abandonó y nos dejó deudas impagables. Mi madre recurrió a su antiguo amor, el padre del que sería mi ex novio. Mike. Entonces se volvió algo justo que me quedara con él en forma de agradecimiento.
Alice bufó.
-Eso es absurdo. Ese hombre bien podría haber ayudado tu situación y mantenerse al margen sin pedir nada a cambio.
-No lo hizo. Me sentía terriblemente afectada y tan solo... no pude dejar a Mike.
-¿Qué hiciste?
-Me quedé con él.
Bella rió y la miró.
-¿Quieres saber la parte más graciosa de ésto? ¿La parte en la que llevo el karma grabado en la frente?
Alice frunció el ceño.
-Él. Mi aventura de verano. Está aquí, en mi escuela, en mi clase y recordándome el pasado y pensando que mentí en cada cosa que le dije. Que no había nadie que me importara más que él y solo él. Ahora me odia y ha decidido tomar partido. Tiene que verme cada día con mi novio...
Apartó la vista.
-...y pronto se enterará de mi compromiso.
Jadeó de sorpresa.
-¿Bromeas?
-No. Asistí a una cena formal que terminó por ser mi fiesta de proposición.
Alice la giró hacia ella.
-Dime que no aceptaste.
Bella clavó la mirada en ella. Con profundo dolor.
-¿Que se suponía que haría?
-¡Decir que no, Bella! Luchar por lo que quieres y el hombre que amas.
Apartó al vista de ella y clavó la vista en el auto que acaba de llegar.
-No puedo creer que te des por vencida.
-Necesito a alguien de mi lado ¿podría ser eso posible? Solo trata de entender.
No podía. Como amiga de Bella se había cargado al hombro la responsabilidad de hacerla ver sus errores. Como romántica consumada, se negaba a ver a su amiga caer en la sumisión sin pelear por el chico en cuestión.
Bella miró fijamente al chico que la miraba desde la acera.
-¿Es él?
-No. Su hermano.
-¿Qué quiere?
-Redimirme.
Saludó a Emmet y le indicó que subiera las escaleras. Hizo las presentaciones y Alice los dejó solos en el oscuro.
-¿Qué haces aquí?
-¿Pensabas que ibas a deshacerte de mí tan fácilmente?
-No, esperaba que una vez que superas la verdad dejaras de hostigarme.
Emmet hizo una mueca.
-No lo hago con esa intensión, Bella. Todavía eres mi amiga.
Bella se fijó por primera vez en el golpe de su mandíbula.
-¿Qué te pasó allí?
Él apartó su mano suavemente y se encogió de hombros.
-Soy algo torpe.
-¿Tanto como para chocar con el puño de alguien?
Emmet rodó los ojos.
-Edward me siguió hasta aquí.
Bella supo que tarde o temprano eso iba a pasar. La actitud de Edward esa tarde había sido demasiado sospechosa. Bajó la mirada a sus pies.
-No hay nada que pueda hacer, Emmet ¿tan difícil es de entender?
Susurró. Él la envolvió con sus brazos y ella logró sonreír.
-No por eso vas a dejar de ser mi amiga. Te quiero, Bella. Ese verano no va salirse de mi cabeza como por arte de magia.
Ella rió despacio.
-Gracias.
-Vas a tener que hacer algo realmente importante como para alejarte de mí ¿de acuerdo?
