Capítulo catorce.
Bella se volvió a sentar sola en la clase de biología. Jessica llevaba dos días ingnorándola, actuando extraño y no le prestaba atención. Esa semana había lucido unos zapatos que había comprado antes del verano y era la primera vez en usarlos. Ella apenas lo había notado.
-¿Está ocupado aquí?
Se tensó ante su voz. Cuando Edward se sentó a su lado, supo que había permanecido en silencio por demasiado tiempo. Se giró discretamente y miró el salón. Malditamente completo. Aquello tenía que ser una broma o una conspiración asesina que la quería en grandes problemas.
-¿Tienes la pregunta cinco? No logré redactarla.
Bella continuó mirando al frente. Edward suspiró para sus adentros. Sabía que romper el hielo que había en ella era como hacer que se olvidara de un enfado. Con mucha persuasión y suave tanteo. Al final ella cedería.
-¿Vas a ignorarme todo el rato?
-Eso es lo que tengo planeado.
Susurró. Las luces bajaron y sus manos se aferraron a los bordes de la silla de metal hasta que sus manos dolieron.
-Silencio, alumnos. La clase de hoy será didáctica. Verán el video y la tarea, será un trabajo final. De a dos. Con sus compañeros de asiento.
Bella fue la primera en enfrentar la idea.
-¿Qué? ¿Por qué no podemos elegirlos?
Tras el silencio que surgió, agradeció que alguien más apoyara su idea. Hasta que la clase estalló en quejas. Molina silbó para callar a todo el mundo.
-¿Rebeldes? Así será, no cambiaré de opinión.
Gruñó al tiempo que dejaba rodar el video. Edward acomodó su silla para poder ver el film, acercando su silla hacia la de Bella. Habían quedado bastante atrás como para ser siquiera notados. Se inclinó hacia su oído.
-¿Tienes un problema con eso? Yo creo que es bastante simple.
Se giró hacia él y le susurró por lo bajo.
-Tengo un problema contigo tratando de burlarte de mí.
-Has equivocado mis tácticas.
Ella rió con cinismo.
-Si, seguro. Sé que me odias pero... tiene que parar. Estoy hablando enserio.
Sintió la rigidez de su cuerpo, así como notó con facilidad el cambio de expresión en sus ojos. Se endureció y su sonrisa se congeló hasta desaparecer. Apartó su vista y se obligó a dejar de temblar como una hoja suelta al viento de otoño. Tenía que mantener su fuerza o él podría derribar sus defensas con sus constantes ataques. Y no podía darse el lujo de decaer. Aguantaría unos meses más y su vida estaría lejos de allí de nuevo.
-Tienes que dejar de torturarme, Edward.
Murmuró casi para ella misma. Edward estaba lejos de odiarla. Si la quería recuperara era porque no podía sentir rencor hacia ella. Por más que había intentando, solo odiaba la idea de no estar con ella a cada minuto que desperdiciaba.
Sin embargo, había llegado a conocer y sabía cuándo había cruzado el límite con ella. Su voz era apretada y dolida. Había algo que ella estaba ocultando. Él hubiera dejado cualquier cosa por volver a sus brazos de nuevo. Pero ¿por qué ella le había asegurado que sería suya si no iba a serlo jamás? No eran palabras vanas. Ella se estaba resistiendo a él.
¿Pero por qué?
Si Jacob no había estado a su altura. Mike ni siquiera era un obstáculo.
Se enderezó en su silla y se dedicó a mirarla. Sabía que tarde o temprano debería ver la película de nuevo, también sabía que haría el trabajo con ella. Bella seguía hermosa como la primera vez que la había visto. Donde ella caminaba dejaba un halo de algo especial.
Segía siendo Bella. Pero al mismo tiempo, no era ella. No su Bella. No la persona brillante y deslumbrante que lo había seducido hasta la locura.
Aquella chica amargada, sonreía por obligación y reía fingidamente. Su aire de ausencia parecía pasar desapercibido. Estaba más delgada, su piel se veía más pálida y los surcos morados bajo sus ojos no era fáciles de esconder por más maquillaje que usara. Su mirada lucía triste y distraída.
Algunas cosas nunca deberían salir de mi cabeza. Recordó. Desde un principio Bella había tenido secretos en su vida. Por más que había intentado mantenerlos a raya durante el verano, ahora parecían estar consumiéndola.
Por primera vez, se preguntó si realmente la conocía.
Cuando las luces se encendieron, Bella fue la primera en salir del salón. Recogió las indicaciones del proyecto y decidió seguir adelante. Si aquello comenzaba una guerra entre ambos, al menos estaría interactuando con ella.
Emmet lo esperaba a un lado de la camioneta.
-¿Qué quieres?
-Es mamá.
Su hermano no lucía especialmente bien. Se le detuvo el corazón por el tiempo que dura un latido.
-¿Qué?
Sus llantas chirriaron en la acera. Aceleró camino al hospital y corrió lo más rápido que dieron sus piernas por llegar a la sala de urgencia. Emmet solo iba detrás suyo como un muerto en vida. Temblando de pies a cabeza.
Se acercó al recibidor donde una enfermera atendía a los recién llegados.
-Hola. Mi madre ingresó hace unas horas, tuvo accidente de coche. Esme Cullen.
-Piso tres, urgencias.
Corrieron a carrera por las escaleras. Carlisle estaba sentado en la banca de espera, con la cabeza apoyada detrás suyo y los ojos cerrados. Sus manos juntas a modo de oración y su corazón se oprimió. Esme tenía que estar bien. Se lo debía.
-Papá.
Carlisle sonrió débilmente. Emmet se sentó a su derecha, totalmente inmóvil y silencioso. Cauteloso. Edward no podía sentirse tranquilo. Su hermano no sabía lo que era estar marcado por la pérdida. Era una una huella de dolor que quedaba para siempre. Intentas superarlo, pero nunca lo logras. Solo aprendes a sobrellevarlo. O conoces a alguien que pinta con acuarelas de colores las sombras más oscuras.
Las personas buenas no se merecían cosas atroces como esas. Esme no se merecía ésto. Ni Emmet, ni mucho menos su padre. Él tampoco podría manejar otra pérdida.
-¿Cómo está?
Su padre tragó pesado, apartando la vista.
-Chocó contra una vaya de concreto mientras intentaba esquivar un auto que se venía sobre ella. La bolsa de aire impactó en su rostro, pero su cuerpo estaba torcido por la curva y solo hizo que se diera contra el vidrio de la ventana.
Edward se sentó despacio mirando al frente.
-Perdió mucha sangre y algunos de sus órganos sufrieron el impacto.
Intentaban salvarla.
Él sabía como funcionaba eso. Imitó la postura de su padre y cerró los ojos. Ni Dios, ni los ángeles ni ningún otro santo apareció a quién pudiera rezarle. Sabía que por más que lo intentara, sería innecesario. Cuando era la hora de irse. Lo era enserio.
Sacó el móvil y marcó de memoria.
-¿Hola?
Su voz fue un bálsamo para el dolor. Su cuerpo pareció hecho de gelatina y su alma se redució a la nada. Solo pudo susurrar de forma lamentable.
.
Bella llevaba dos horas treinta ordenando las cajas en el sótano del departamento. Su madre había conseguido un empleo a una hora de la ciudad, por lo que pasaba el resto del día fuera. Comenzaban a llevar mejor la situación. Su madre iba recuperándose de apoco. Soltaba su cabello y cantaba en la ducha. Eso la hacía sonreír. René se merecía ser feliz de nuevo. Ella no se sentía apta para darle más cariño del que fuera necesario. Se sentía demasiado rota como para pretender que todo iba a salir bien si apenas conseguía luchar para seguir adelante.
Subió por una taza de café y alcanzó a coger su teléfono en una llamada entrante.
-¿Hola?
Un minuto de silencio después, oyó una respiración difícil.
-Te necesito.
Su cuerpo se le volvió aire. El susurro fue tan bajo que apenas lo oyó.
-¿Edward?
Murmuró mientras se dejaba caer en la silla de la cocina.
-Es Esme, está en el hospital. Tuvo un accidente...
Jadeó y se cubrió la boca.
-¿Cómo está? ¿Estás bien?
Edward se mantuvo callado todo un minuto de nuevo.
-No. Su vida pende de un hilo.
Se puso de pie y corrió a su habitación.
-¿Dónde estás?
-Hospital estatal, en el centro.
-Estaré allí en un minuto.
Colgó la llamada y se coló dentro de las zapatillas. Agradecía tener el coche ese día. Tomó las llaves y condujo como si no hubiera un tráfico desbordante de más de media tarde. Sentía que su corazón se había acelerado al máximo, no podía pensar en otra cosa que no fuera en Edward. Sabía cuánto le había costado entender y aceptar la muerte de su madre. Así como conocía del aprecio que le tenía ala esposa de su padre.
No podía dejar que pasara solo por aquello.
En menos de veinte minutos se encontró corriendo al piso tres. La sala de operaciones urgentes. Aquello debería de haber sido terrible.
-¿Bella?
Se giró hacia Emmet. Lo abrazó y palmeó su espalda.
-¿El te llamó?
Asintió suavemente.
-¿Cómo estás?
Se encogió de hombros y se apartó de ella. Bella presionó su mano con fuerza y le dio una sonrisa esperanzadora.
-Estará bien. Cree en eso. ¿Cómo está ella?
-Tres horas de operación, no saben cuándo saldrá. Su corazón late despacio y lento...
Su voz se quebró y le dio un nuevo apretón.
-Emmet, tienes que ser fuerte ¿de acuerdo? Sé el hombre que eres, cree en que ella saldrá de esta pequeña dificultad.
Asinitó con energía y le devolvió la sonrisa.
-Él está en la cafetería.
Presionó su mano. Pero Emmet la soltó.
-Ve con él. Te necesita más que yo.
Suspiró lentamente y se alejó hacia la cafetería. Caminó rápidamente por el pasillo y dobló en la derecha. La sala común tenía varias mesas redondas con sillas. A un costado había una hilera de sillones acolchonados donde algunos dormían. Otros compraban café o estaban comiendo algún tentempié.
Una corazonada la llevó a mirar hacia su izquierda. Y lo encontró. Perdiendo su mirada por un ventanal que daba a la alborotada ciudad. Pero allí dentro todo era tan silencioso que era casi aterrador. Como si él hubiera sentido su presencia, se giró directo hacia ella.
Sus pies se pusieron en funcionamiento y atravesó el salón hacia él. Edward acortó al distancia y al envolvió en sus brazos. Bella colisionó contra él pero apenas lo sintió. Lo único entrando en su cuerpo era el alivio de estar en sus brazos, tan cerca de él compartiendo su dolor.
Cerró los ojos y refugió su rostro en la curva de su cuello, respirando su perfume como si fuera un tranquilizante. Su cuerpo sentía la cercanía, se aferró a ella con necesidad y gimió. Siempre había sido fuerte. Pero esa vez, sus defensas estaban tan bajas que estuvo a punto de llorar por primera vez en su vida.
Bella lo apretó más fuerte contra sí misma. No tenía nada para decirle. Su deber solo estaba en quedarse allí para él.
Por cinco minutos que parecieron eternos, la sostuvo sobre su cuerpo. Cuando la dejó ir, un vacío se apoderó de él que le sostuvo la mano con fuerza para evitar que desapareciera de momento a momento. Lo acompañó hasta la sala de espera y se sentó a su lado. Edward la atrajo a su pecho y la abrazó. Todo lo que quería en ese momento era que Esme saliera ilesa de esa cama y Bella se quedara allí con él.
Bella le devolvió el abrazo y se acomodó. Serían largas horas de espera.
Pero estaban juntos.
