Capítulo quince.

Tras dos horas más de espera, vieron al primer médico salir de la sala de operaciones. Bella se puso de pie junto a Edward. Carlisle fue el primero en enfrentarlo.

-¿Cómo está mi esposa?

Edward presionó inconscientemente la mano de Bella. Ella le devolvió el gesto y se acercó más a él.

-Estable. La pasaremos a la sala común hasta que se recupere.

Edward se dio la vuelta y la atrajo a su cuerpo con fuerza. Cerró los ojos y sonrió. Esme estaba estable, y Bella estaba con él. La rigidez abandonó su cuerpo y le dio paso al alivio. Nada le oprimía le pecho con angustia interminable.

Solo por ahora.

-Te lo dije. Ella iba a salir de ésta.

Edward se negó a soltarla todavía.

-Lo sé. Gracias por esto, Bella.

Ella solo sentía que debía estar allí para él, pero tan pronto como se detenía a pensarlo, aquello era un error. Cerró los ojos y suspiró.

-Lo siento.

Susurró desde el centro de su corazón. Él asintió.

-Lo sé.

Por esa razón. Tenía que luchar por ella. Porque se lo debía a Esme. Y así mismo. A no perder lo único que lo sostenía en pie tras los duros momentos. Solo no hubiera podido soportar aquello.

Bella se apartó para abrazar a Emmet brevemente y éste le sonrió.

-Gracias por estar aquí, y quedarte.

-Seguro no es nada.

Le devolvió la sonrisa. Edward volvió a tomarle la mano y ella entrelazó sus dedos. Sintiendo el momento de alejarse, muy cercano. Lo siguió hasta la sala común en la que explicaron los detalles de la operación y el delicado estado de Esme. Pasaría un tiempo en el hospital, pero lo importante. Era que estaba fuera de peligro. Su familia podía respirar tranquila y velar por su seguridad mientras se recuperaba a paso lento. Carlisle tomó asiento a su lado y Emmet se unió frente a él.

-Debería irme...

Susurró. Edward la jaló hacia afuera.

-Quédate.

Negó despacio y sonrió débilmente.

-No puedo hacerlo por más tiempo, Edward. Debes quedarte con tu familia, ellos te necesitan.

-Yo te necesito.

Se cruzó con su mirada y se atrevió a soltar su mano. Volvió a negar.

-Estarás bien.

Susurró. Ambos sabían que era una mentira. Edward la acompañó fuera hasta el coche en pleno silencio, peleando con su mente y el deseo de tenerla de nuevo. Lo que debería hacer, y lo que no. No podía olvidar todo lo que sentía por ella. Ni siquiera por un instante.

La detuvo justo antes de subir.

-Bella...

Edward estaba muy cerca de ella. Cerró los ojos y dejó sus manos en su pecho. No había olvidado lo que era sentirlo bajo sus manos, pero se veía tan lejano que casi lo había separado de su mente. Casi. Cada recuerdo compartido golpeaba su mente hasta debilitarla y hacer flaquear sus rodillas. Recordándole cuán infeliz era sin él. Marcando el esfuerzo y el sacrificio inhumano que hacía día tras días al tratar de olvidarse de él.

-Edward, no...

Tan poco convincente como sonó, Edward detuvo sus palabras con su boca. Deslizó su mano hacia su cuello y la acercó más a él. La empujó a abrir su boca y recibirlo. Había ansiado tanto por ella que besarla se sentía como el cielo. Se acercó más a ella y presionó con más fuerza. No podía negarse, su traicionero cuerpo no le permitía ser tan insensata como alejarse.

Le devolvió el beso con urgencia.

Pero la realidad cayó tan fría encima suyo que se apartó, solo logró separar sus labios. Edward la mantuvo allí, con su frente pegada a la suya.

-¿Me mentiste?

Deseó llorar. Implorar su perdón. Rogar por su amor.

-Nunca.

Antes de que él pudiera decir más. Ella tomó carrera.

-Pero no puedo, Edward. Lo siento. No miento cuando digo que las cosas son así ahora. No. Puedo.

Sentenció en un susurro de voz quebrada.

-No quiero perderte. No me alejes, Bella.

Afirmó su voz y retuvo las lágrimas dentro de ella.

-Se acabó.

Lo separó de ella suavemente y cada centímetro de distancia se sentía como cuchillos en su corazón. Le dio la última mirada y Edward lo supo.

Detuvo la puerta antes de que pudiera cerrarla. Mantuvo su mirada fija en ella.

-Solo quiero que sepas una cosa.

Bella le devolvió la mirada.

-No voy a renunciar a ti.

No quiero que lo hagas. Bella cerró la puerta del coche.

-Tienes que hacerlo.

Mientras la veía partir sentía que no todo estaba perdido. Lo sabía. Pudo verlo en sus ojos. La conocía como si fuera la mitad de su ser. Si ella realmente hubiera querido dejarlo ir, no estaría sufriendo. No lo miraría con dolor ni le costaría pedirle que la dejara. Pero ella tenía exactamente la misma mirada que cuando le había asegurado que aquello era especial, y exactamente la misma pérdida desoladora que cuando le había dicho adiós en Maine.

No había terminado allí. Edward iba a por esa chance.

.

No vio a los Cullen en una semana y media. La bola del accidente había corrido tan rápido como respirar. Emmet le había pasado diariamente el estado de mejoría de su madre. El día anterior había logrado despertar durante varias horas seguidas, hablar y dejar en claro que no habían quedado secuelas en su cuerpo. Estaba en perfecta forma.

Excepto ella. Tenía el corazón pulverizado en la mano, el viento amenazaba con volver y soplarlo como polvo. Los labios le ardían en las noches y el cuerpo le picaba. Tenía la mente desenfocada y se esforzaba por no perder el hilo de la realidad. Mike había sido menos insistente y menos apegado a ella, lo cual había agradecido. Había notado que mientras más tiempo pasaba en compañía de sus amigas, él desaparecía de su radar.

-¿Sabes que luego del juego final tendremos el viaje anual, cierto?

-Seguro. A Toneland.

Un parque que había inaugurado hacía un año. La propuesta estaba en disfrutar de la vida natura y congeniar dentro de los valores. Además de otras basuras reglamentadas por el estado.

-Si ¿vas a ir?

-No podría perdérmelo. ¿Qué hay de ti?

No podría dejar de desear ir a ese viaje de fin de semana. Mike tenía un compromiso con sus abuelos y no iba a ir. Ella definitivamente quería estar lejos de él y su familia.

-¿Jess?

-Todavía no lo sé.

Frunció el ceño.

-¿De qué depende?

-¿Estás muy segura de que irás?

Bella asintió y volvió a masticar la manzana. El rostro de Jessica pareció iluminarse.

-No lo sé todavía, pero tal vez no.

-¿Entonces para qué quieres saber si iré?

Jessica le envió una mirada meditabunda.

-Para que estés al tanto de lo que ocurre, claro. Sin Lauren ahí serás como la espía para los chismes.

Se metió un trozo de manzana para evitar contestar a eso. Tan bien como conocía a Jessica, sabía que aquello era una mentira. Además, había olvidado que Lauren estaba en su tercera cirugía reconstructiva de nariz. Justo ese fin de semana estaría de cráneo vendado. No iba a ir en esa condición. Con respecto a los chismes, Jessica tenía que conocerla muy poco como para esperar que ella desperdiciara su tiempo en eso.

Bella paseó la vista por el estacionamiento y se detuvo bruscamente en un todo terreno negro.

-¿Hay práctica del equipo?

-Seguro. Es la semana entrante ¿en qué mundo estás, Isabella?

-En ninguno.

Susurró.

No había hecho preguntas acerca de Edward, Emmet solo le había dado un par de indicios de que estaba taciturno y receloso. Pero no había deseado ahondar en el tema y había evitado que sea el tópico de la conversación. No iba a la escuela, pero si su beca deportiva se veía afectada, él estaría fuera de la escuela en lo que cantaba un gallo.

-¿Crees que les irá bien?

Jessica la llevó dentro hasta su última clase de ciencias. Lauren se unió a ellas justo a tiempo para comentar.

-Seguro que si. Está Mike en el equipo ¿cierto?

Bella apartó la vista hacia el frente.

-Iré por unos libros y luego voy a clase. Las veo luego.

Desvió su camino hacia el baño y se refugió en un cubículo. Le dolía la cabeza desde que Edward la había besado en el hospital. Sabía que estaba mal, pésimo. Pero no había podido dejar de fantasear con ello. Cada vez que veía a Mike era como mirar un árbol inanimado. En cambio, cada vez que pensaba en Edward... todo su mundo se desvanecía y las rodillas le fallaban.

Apenas registró los tacones furiosos en el suelo de mármol. Hasta que las voces fueron muy claras.

-No se suponía que debía ser así. Todo está saliendo mal.

Jessica estaba furiosa. Bella se centró en no perder la línea de la conversación.

-Tienes que ser paciente.

La morena rió con ironía.

-Paciencia es la que ya tuve esperando que ese idiota hiciera la parte que le tocaba. Me engañó.

-Sabes que está presionado.

-Y un demonio. Él quiere casarse con Isabella.

Refunfuñó como una niña y gruñó.

-¡La odio! Ella me lo robó ¡Se suponía que debía terminar con él luego del verano! Pero no, la señorita perfección no lo hizo. Entonces Mike sí que estuvo en un aprieto.

-Él también podría haberla dejado.

-Oh, vamos, Lau. Pensé que eras más astuta. Si él fuera quién terminaba esa relación, su padre lo colgaría de las pelotas.

-Isabella no tiene idea.

-Claro que no. Mientras esa ingenua sufría en un pueblo perdido en la nada, yo tenía a Mike a mí merced. A mí disposición, en mí cama obteniendo lo que ella jamás tendrá. Su pasión.

-¿Qué harás ahora?

Jessica se mantuvo en silencio. Bella se dejó caer en el retrete sin hacer ruido. Ya respiraba rápidamente, casi jadeaba.

-Solo espera a que se vaya el fin de semana.

-Sabes que van a casarse. Mike lo dejó claro. Él hizo una apuesta.

La oyó reír con gracia, mientras su garganta se apretaba.

-Esa absurda apuesta fue hace un par de años. Juró que la llevaría virgen al matrimonio. La creo tan estúpida como para haberlo logrado.

-¿Cómo vas a enfrentarte a eso?

-Sí, pero tengo un plan de resguardo.

Bella contuvo el aliento. Su mejor amiga conspirando en su contra por quedarse con su novio. Engañándola a sus espaldas. ¡Su novio! ¿Qué clase de perra reprimida era?

-Mi regla no viene desde hace dos semanas.

Dos semanas. Eso era malditamente reciente. Dedujo que ellos habían estado juntos aún cuando ella había vuelto. Ese era el motivo por el cual Michael jamás se había visto interesado en el sexo con ella. Hasta ahora había pasado por alto el tema, pero si lo pensaba una segunda vez.

Había sido una estúpida.

-¿Bromeas cierto?

Bella la conocía demasiado bien a Jessica como para saber la respuesta de ante mano.

-Él será mío.

Sintió que el aire le faltaba, sus pulmones comenzaron a fallar. Esperó unos minutos después de que se fueran y salió del baño. Corrió hacia su coche pero sus piernas no respondían como deberían.

Se sentía en una nebulosa. Sus oídos pitaban de forma extraña y su vista iba disminuyendo. Llegó al auto y se sostuvo, pero su cuerpo se negó a responder.

Mentiras.

Era todo una red de mentiras. Desde sus padres, pasando por sus amigas y su maldito novio. Ella había sacrificado todo lo que tenía, su felicidad y su futuro por arriesgarse a lo seguro. Para darle una pequeña felicidad a su madre y verla sonreír. Pero no podía lidiar con aquello. Mike engañándola. Usándola.

Jadeó cuando el aire se negó a entrar y cerró los ojos.

Su padre. Él había comenzado aquello, sabía que no debería culparlo pero en parte si lo hacía. Sus desgracias se debían a él. Ella lo había aceptado y tolerado. Se había propuesto a enmendar sus errores y a dejar ir el pasado. A intentar perdonarlo. Esa misma ingenuidad que la obligaba a hacer lo correcto, era la misma que la había llevado al precipicio. ¿Estaba dispuesta a saltar? ¿O ya había saltado? Porque si de algo estaba segura. Era de que ella no tenía salvación.

Lo último que oyó fue su nombre a lo lejos. Antes de caer en la oscuridad completa.