Capítulo dieciséis.
Sabía que estaba en su cama, sus almohadones tenían ese aroma cítrico que tanto le encantaba en la ropa de cama. También estaba despierta, pero no iba a moverse hasta que su mente librara una a una las batallas. Encontrar la solución a su vida. A eso iba a dedicarse de ahora en adelante. Deseó reír. Como si no tuviera suficiente ya con todo el drama que había en ella. Tenía que enfrentarse a nuevas cosas.
Estableció una lista de prioridad.
Su padre. Su madre. Mike. Jessica. Y por último, Edward.
Su padre. Había intentado entender el por qué de su ida. Lo había hecho, a medias. Solo de su boca podía conocer la verdadera razón. Pero había conjeturado a base de lo que ya conocía de él, Charlie Swan era un hombre orgulloso y amaba a su familia. No podía soportar el hecho de haber arruinado a su economía, y la confianza que tenían en él. Había decidido irse para permitir que ellas pidieran ayuda y pudieran salir adelante. Sabía que René lo haría. Pero no estaba en sus planes quedarse para ver la humillación de su nombre ante el viejo amor de su madre. Eso, lo había llevado a fallar como padre, a perder a su familia. Y era la parte de que Bella no podía perdonar abiertamente.
Su solución era dejar ir el pasado. No sabía si volvería a verlo y para cuando lo hiciera, no quería ninguna excusa. Solo tomaría lo que el presente le diera y continuaría con él.
Su madre. La relación que había llevado con su madre había sido escasa, pero últimamente se había visto obligada a depender más de ella. Era la única familia que tenía ahora. Y más allá de todo, era su madre. Sus intentos de acercarse eran mayores, también había visto que ella volvía a reír y eso era maravilloso. Pasaban pocas horas juntas pero ya no eran dos fantasmas conviviendo. Todo su esfuerzo de poder hacerla feliz era solo para ella, pero había entendido que no era sano sentirse desolada y vacía. Tendría que encontrar un balance.
La solución iba explícita.
Mike. Solo podía desear golpearlo duro cuando pensaba en él. La traición se había calado hondo en ella. Eso era algo que definitivamente no iba a perdonar. Separaba un antes y un después. Antes su relación había sido de amigos, casi hermanos hasta que él la había besado y lentamente los había llevado a pasar más tiempo juntos y compartir momentos de otra forma. Pero Después, había entendido que eso no había significado nada. No era lo que ella creía. Amar era algo más complicado y se hace con todo el cuerpo. Lo que sentía por Mike había sido una amistad con máscara de noviazgo. Ahora, podía olvidarse de eso.
Una solución única, era dejarlo. Aquello no iba a ningún lado y definitivamente no estaba dispuesta a casarse. No estaba dispuesta a ser una mártir. Si los Newton estaban afectados, bien podrían devolverles el dinero y despedirse de la antigua amistad. Su madre la detestaría por un tiempo, pero podía vivir con eso. No podía mentirse a sí misma.
Jessica y Lauren. A ellas simplemente iba a hundirlas. Su vena sensible no era tan fuerte como para hacerla sentir piedad.
Edward...
Suspiró y se dio la vuelta en la cama. Enterrando la cara en la almohada, suspiró hondo y aflojó el cuerpo.
Alguien carraspeó. Se tensó por completo.
-¿Sabes...? llevas treinta minutos despierta.
Levantó la vista hacia el otro extremo de su cama. Edward estaba sentado en el asiento junto a la ventana que ella utilizaba para leer más tranquila con la mirada hacia un parque interno de la casa del vecino. La habitación estaba a media iluminación por una lámpara lateral de su mesa de estudio. Tan tenue y amarilla que había zonas a completa oscuridad.
-¿Qué estás haciendo ahí?
Edward se puso de pie y se acercó despacio al pie de su cama.
-Te desmayaste, Bella. ¿Te acuerdas de eso?
Bella se enderezó en la cama y quedó sentada. Ahora que le se lo recordaban, sí, se acordaba. Había colapsado mentalmente y sus ataques de de pánico eran algo con lo que pocas veces podía lidiar.
-¿Me trajiste aquí?
Susurró. Si estaban saliendo de la práctica, Mike también podría haberla visto. Lo pensó por un minuto. Podría haber sido un escándalo. Edward bordeó la cama y tomó asiento a su lado. Ella se apartó, tenía memorias de lo último que había pasado cuando había estado en esa situación. Tal vez su madre ya estuviera en la casa.
-No. Te llevé adentro, a la enfermería. Llamaron a tu mamá, alguien te trajo aquí. Te habían dado algunas medicinas para estabilizar tu cuerpo, pero es cosa común de los ataques de pánico. Apenas estuviste despierta, no estabas grabe como para el hospital pero no podías quedarte en la escuela.
Bella asintió, repasando en detalle su respuesta. Alguien te trajo. Desconocía de quién podía tratarse. Así como se preguntaba dónde estaba su madre en ese momento.
-Me di cuenta de que tenías razón.
Habló tan bajo y sin dejar de mirarla que se sentía hipnotizada. Cortó el hilo de sus pensamientos y la miró.
-¿Qué cosa?
-Que no te conozco.
Edward se inclinó cerca de ella.
-Creí que lo hacía, Bella. Pero no. Ni siquiera sé que dónde vives, con quién. Si tenías hermanos o...
Enmudeció y apartó la vista. Bella bajó el rostro a sus manos.
-Te dije que no me conocías. No sabías nada de mí.
-Exacto. A ésta Bella...
-La real.
Edward la miraba fijamente, la furia y el fuego podían confundirse ahí. Luchando una pelea interna que se veía aún más fuerte que la suya. El dolor. Ese también era visible y también palpable. Hacía que el estómago se le revolviera y se le encogiera el cuerpo, el corazón.
-No. La que creaste para los demás. Esa que miente, que oculta y que finge.
Tragó aire, sin poder responder a eso.
-¿En quién te convertiste? ¿Por qué haces esto?
Tenía una motivación. Había sido hacer lo que creía que era correcto. Algo totalmente distorsionado de lo que en realidad debería haber hecho. Además de que se sentía humillada y rota, estaba desilusionada. De sí misma. De no haber abierto los ojos a tiempo y haber actuado acorde a eso. Siempre sacrificando todo por los demás sin ver lo que estaba haciendo y sin ser capaz de ver hasta dónde podía llegar.
-Es el segundo ataque que tienes, si es que no has sufrido otros. ¿Qué está pasando contigo, Bella?
Bella sabía que no podía decírselo a Edward, y no estaba segura de qué hacer con él ahora. Solo tenía algo claro y por ahora se trataba de Mike y Jessica. Apenas podía pensar en él ahora.
-Gracias por lo que hiciste hoy. Quiero que te vayas.
-¿De verdad? Mírame cunado dices eso.
Ella le devolvió la mirada. Tan neutral y poco transparente que Edward retrocedió de su lugar. Ella estaba decidida a que él se fuera de allí.
-Déjame sola.
Podía mirarlo mientras se lo decía, pero si realmente le dejaba entre ver lo que realmente sentía por dentro, aquello no tendría escapatoria. No podía darle pie a juzgarla sin antes saber las razones por las cuáles ella había actuado de esa forma con él. Pero estaba poco dispuesta a explicarlas.
Asintió despacio. Tomó su chaqueta y salió por la puerta sin hacer ruido al cerrarla. El corazón se le volvió de piedra y el cuerpo de acero. No sentía ganas de llorar, pero también estaba segura de que serían innecesarias. Necesitaba un plan y rápido.
.
Edward estaba a un paso de resignarse.
Había regresado con el alma en las manos. Se sentía estúpido. ¿Qué había esperado? ¿Que Bella saltara sobre sus brazos, le implorara perdón y le hiciera prometer un futuro juntos? Que soltara cada uno de sus secretos, esos que estaban destruyéndola por dentro. En simples palabras, había esperado que se cumplieran sus anhelos. Pero no. Ella le había mirado fríamente y le había pedido que la deje sola.
Mientras la veía dormir había pensado en los argumentos que le quedaban para seguir luchando por su corazón. Muy pocos a los que ella pudiera reaccionar. Lo estaba alejando y cada vez más. No podía manejar eso. No podía soportar la idea de verla con otro sujeto y le era imposible aceptar la idea de que Bella, le había advertido que así sería.
Pero entonces, ella se negaba a mostrar sus sentimientos.
Podía aferrarse a ello, pero estaba seguro de que inútil. Bella se resistía a él, pero todavía sentía esa conexión. Esa que no podía soltar. Pero que cada vez estaba más floja de su lado.
Lanzó la bola con el brazo izquierdo y dio justo en la zona que se esperaba que lo hiciera. Hasta ahora era el único que lo había logrado. Tenía la mente tan ocupada que apenas lo había notado.
-¿Creés que alguna vez fallas?
Edward rió con cinismo.
-Demasiadas veces.
Jasper sonrió y lanzó su mejor tiro. Casi a los pies de su compañero.
-No te he visto fallar en un lanzamiento desde que entrenas con el equipo. Mike te odia por eso.
Había pasado por alto el hecho de que era el primero en tener a consideración si querían suplantar al capitán del equipo. Se volvió hacia Jasper y sonrió. Hasta ahora, nunca lo había utilizado realmente. Simplemente lo había dejado quejarse por lo bajo.
-Quiero ser quién lo remplace en el juego del viernes.
-¿De verdad? Creía que no te importaba.
-Hasta ahora.
Edward siguió su línea de perfección hasta que fue el turno de cambiar de equipo y ponerse en receptor. Aquél no era su fuerte, pero si quería estar a la altura y superar a Mike, tenía que ser malditamente bueno en todo. Así como dominar la técnicas de juego al pie de la letra. Su mente era capaz de recordar las jugadas y le era fácil ver una donde no la había. Su antigua escuela lo había impulsado a buscar un futuro con aquél don.
Aceptando, había solicitado la beca deportiva. Su antiguo profesor lo había recomendado y lo habían llamado a los dos días. Prácticamente, le habían rogado que asistiera. Su padre había estado de acuerdo con el cambio y Emmet no le importaba seguir siendo un genio para adaptar el cambio a una nueva escuela.
Todo eso había sido su motor. Su motivación.
Antes de conocer a Bella.
Antes de eso había sido escoria. Era un deportista por naturaleza, si su padre no se hubiera lesionado duramente en la rodilla, aún tendría presente en el deporte. Llevaba en la sangre la pasión por el fútbol americano. Su madre siempre lo había apoyado para ello si era lo que realmente quería. Había terminado por descubrir que sí, era todo en su vida.
Hasta que conoció a Bella.
Perdió el enfoque en el deporte, aunque nunca dejó de ser bueno. Pero no estaba allí la misma motivación. Sentía que ese fuego se había perdido.
-¿Qué ha cambiado?
Edward se encogió de hombros. Por Bella se había perdido a sí mismo. Su enfoque personal para con su vida, había dejado de girar en torno a él a hacerlo en torno a ella. Había aceptado volver a lo de antes. A llevar las riendas de su caballo a lo que realmente lo había llevado a esa escuela.
-Supongo que si no me dedico al fútbol entonces no tendré nada.
Lanzó la última pelota, que derribó a su receptor. Corrió para ayudarlo a ponerse de pie y tomó su lugar. Jasper corrió por detrás de él a colocarse a su lado.
-Tienes un don. Todos podemos verlo.
Asintió en agradecimiento. Su compañero lanzó y corrió a buscar la bola. Jasper siguió hablando a su lado.
-Habrá representantes en el juego. Es una gran oportunidad. Solo consigue jugar al menos la mitad del tiempo y muestra lo que sabes hacer. Los tendrás rogando por tu trasero.
-¿Crees que lo lograré?
Jasper rió fuerte, su compañero lo golpeó en el estómago y se dobló por delante. Volvió a reír.
-¿Lograrlo? Mike está aterrado, sabe que jamás serás material de oponente.
-¿Entonces por qué nunca me han dado lugar? Estoy en la banca la mayoría del tiempo.
-Porque luces como si no te importara cuán bueno eres.
Edward apartó la vista. ¿De verdad estaba tan jodido que no había notado que estaba afectando todos los aspectos de su vida? El deporte era su puerto seguro, y aún así lo había descuidado.
-Quiero cambiar eso.
-Está hecho.
Frunció el ceño y Jasper sonrió mientras devolvía el balón.
-Es la primera vez que participas abiertamente de una práctica sin verte como si estuvieras sufriendo. Paul lleva tiempo viéndote tirar, no le devuelvas la mirada. Solo muéstrate como realmente quieres verte.
-Me importa.
-Sabes que tienes que hacer.
El silbato cortó la plática. Edward se paró detrás del grupo reunido en círculo por delante del entrenador. El juego era en una semana y estaba realmente ansioso. Por primera vez en meses, se dejaba sentir otra cosa que no fuera desdicha.
Si Jasper podía ver que él estaba abstraído, todos podrían haberlo hecho. Incluso en la casa. Pero estaba en el punto de aceptación. Aún así ya tuviera poco material para pelear por Bella. Quería darse una oportunidad de sacarla de su mente para tomar un respiro y aclarar su mente.
El fútbol era un juego duro que no podía ser llevado a la ligera. Si realmente quería ganarlo, tenía que enfocarse en los objetivos.
-Solo quiero ver compromiso. Al final de la práctica, les diré quiénes entran y quiénes quedan en la banca.
Se apartó al extremo norte del campo y continuó una práctica física con Jasper. Se detuvo a tomar agua y paseó su vista por la tribuna. Algunos estudiantes se detenían a mirar la práctica. Pero hasta ahora, Bella jamás lo había hecho.
-¿Listo?
Negó. Pidió un minuto a Jasper.
Solo le bastaba con verla para que todos sus ideales se fueran al demonio y sus decisiones de alejarla lo hicieran querer mutilarse por idiota. Solo tenía que verla para olvidar que era la misma mujer que le había hecho vivir en el cielo y el infierno en menos de lo que podía recordar.
Bella estaba de pie sobre la barra de metal en lo alto de la vista, viendo la práctica. Pero no hacia él, sus miradas jamás se cruzaron y ella no fue capaz de buscarlo con la mirada. Solo le bastaba prestarle atención para saber que algo no iba bien. Tenía sus ojos puestos sobre Mike. Lejos de sentir celos le hizo fruncir el ceño. No era una mirada típica de alguna novia enamorada. Ella lo estaba analizando. Con su ceño levemente fruncido, la mirada vacía y el semblante rígido.
-Aquí viene Paul, muévete a las gradas.
Edward caminó detrás de Jasper de vuelta al campo.
-Cullen.
Paul palmeó su hombro. Se giró de inmediato y asintió. El viejo entrenador le sonreía de costado, con sabiduría.
-Me alegro verte despierto.
-Lo siento, señor.
Paul rió fuerte.
-¿Por qué? Lo estás haciendo como siempre esperé que lo harías. Ya era hora de que sacaras tu cabeza del trasero.
Edward hizo una mueca, Jasper tosió y se dio la vuelta. Estaba seguro de que se habría reído fuerte.
-Yo también, señor. Lo haré mejor.
-Ya lo creo, por eso eres el primero en la lista de juego.
El grupo cercano enmudeció. Jasper agrandó sus ojos con sorpresa. Mike estaría intratable.
-¿Qué? ¿Por qué?
Paul se acercó para susurrarle.
-Era cuestión de tiempo. Me alegra saber que me evitará hacerlo yo mismo.
Se alejó a paso decidido. Jasper palmeó su espalda y rió.
-El primero... ¡te lo dije!
Edward rió y corrió hacia las yardas para dar los últimos ejercicios.
.
Bella bajó las escaleras de la tribuna y se detuvo a un costado esperando que Mike se detuviera frente a ella. Le sonrió como solo él podía hacerlo, de esa forma en que la había atrapado. Pero ahora, no pudo devolvérsela.
-Nena, que sorpresa verte aquí.
-Si...
Bajó el tono de su voz para que sus amigos no la oyeran.
-...necesitamos hablar.
Mike colocó una mano en su cintura.
-Puede esperar.
Lo apartó y lo miró fríamente.
-No. Ahora.
Mike asintió.
-Voy por mis cosas.
Contó sus respiraciones para no caer en un ataque de nervios, o uno peor como el pánico. Había estado planeando eso, detallando su discurso. Mike se lo haría fácil, lo conocía.
-¿Vamos?
Bella lo siguió camino al coche. Tenía el corazón latiendo en su garganta. Si respirar fuera un acto a voluntad, ahora mismo estaría teniendo problemas con eso.
Edward la vio alejarse con él. Había leído el cuerpo de Bella, podía saber que estaba tensa o nerviosa. Mike no lucía de mejor forma. Cargó al mochila a su hombro a la espera de Jasper. Sentía que el cuerpo le hormigueaba de una forma incómoda y se sentía entrando en desesperación. Muy parecida a la sensación que había tenido recorriendo su cuerpo cuando había visto a Bella caer duro en medio del aparcamiento.
-¿Terminamos el proyecto de física en mi casa?
Maldijo para sus adentros. Expulsó violentamente el aire de sus pulmones.
-Lo siento, hombre. Tengo algo que hacer antes.
