Capítulo diecisiete.

Mike señaló el costado lateral de la escuela, era una preciosa zona donde los árboles verdes daban paso al recibimiento del otoño, perdiendo amarillentas hojas al suelo. El sonido al pisarlos era agradable.

-Acortemos camino, estacioné fuera de la escuela.

Bella asinitó.

-¿Así que... qué querías decirme?

Su mente se volvió blanca. Se detuvo, Mike giró hacia ella con una ceja en alto.

-¿Qué estamos haciendo, Mike?

-¿Qué? ¿Qué quieres decir?

-Quiero decir... con nuestras vidas.

Mike ajustó su mochila.

-Explícate, Bella. No entiendo qué quieres decir.

-¿Crees que estamos listos para casarnos?

-Eso no será ahora, no hasta después de la escuela. Entonces lo estaremos.

-¿Quieres encadenarme a tu vida de para siempre? ¿No aspiras a nada más?

Mike se acercó un paso hacia ella. Bella se enderezó, mirando a sus azules ojos. Tan fríos y tan siniestros como nunca los había visto. Cómo había podido ser tan tonta y ensimismada de no haber notado que Mike, hacía tiempo no era la misma persona.

-No quiero casarme, Mike. No ahora ni nunca. Ni siquiera quiero seguir con esto. No puedo ver un futuro contigo.

-¿Qué? ¿Fue Jessica, verdad? Esa perra, lo sabía. Sabía que intentaría llenarte la cabeza en contra de mí.

Bella enarcó una ceja.

-¿"Esa perra"? Increíble, no sabía que la odiabas ya que estuviste acostándote con ella en mis narices.

Los ojos de Mike se volvieron fuego.

-¿Qué? ¿No esperabas que fuera tan idiota, verdad?

Bella rió amargamente.

-En realidad, sí lo soy. Me doy pena a mí misma, así que no te gastes en sentirlo tú mismo. Pero hay algo que sé. No voy a seguir siendo tu plan de escape. Lo nuestro, termina aquí.

Mike dejó caer la mochila con violencia. Bella apenas parpadeó de sorpresa. La agresión era algo que había esperado y estar allí a solas, tal vez era una mala idea.

-¿Termina? ¡Jessica solo miente! ¿Cómo puedes creerle? ¡Yo soy tu novio, me conoces desde siempre! Debes confiar en mí, nunca pasó nada entre nosotros.

-Ella no me dijo nada.

Bella se tomó un respiro antes de seguir.

-Me engañaste. Me mentiste, y aún así... pretendes que me case contigo. No me importa la fiesta de "propuesta" que montaste. Mi respuesta es no. No quiero tener nada más que ver contigo. Me repugnas.

Mike la tomó del brazo. Bella detuvo el avance con la mano libre en su pecho, haciendo fuerza. Los dedos de él se clavaban más profundo pero se negó a que la viera sufrir.

-Nada puede separarnos, Bella. No hagas esto. No me obligues a esto.

-Lo hubieras pensado antes de dejar embarazada a Jessica.

Mike palideció. Al momento siguiente se recompuso y ajustó su mano al rededor de su brazo. Bella gimió.

-Me lo debes. A mi padre. Vas a quedarte conmigo. ¿Olvidas el dinero que mi padre les dio a ti y a tú madre para cubrir a Charlie? ¿Lo olvidas?

Ella negó.

-Te lo devolveré.

-No. No lo harás. Tu forma de pagarme, será quedarte conmigo. Vas a actuar como la mejor novia del instituto, y casarte conmigo cuando sea el momento ¿entiendes?

Bella lo vería todo negro dentro de minutos.

Una risa casi graciosa se oyó a su espalda. Ella podría haber creído que se oía como graciosa, si no conociera al dueño de esa risa. Que en realidad estaba tenso y contenido.

-Muy poco caballeroso forzar a una mujer a quedarse contigo a costa de extorsiones.

Bella se quedó de piedra. Mike lo miró con fiereza.

-Aléjate Cullen, esto entre mi novia y yo.

Muy pronto, tu ex novia. Bella removió el brazo pero él no aflojó. Edward presionó los puños.

-Déjala ir.

Casi gruñó. Mike rió.

-Obligame.

Bella oyó los pasos acercarse y cerró los ojos para que aquello terminara de una maldita vez. Su plan se había ido al demonio. Porque antes había sido incapaz de ver que Mike era diferente. Era como su padre. Posesivo y agresivo. Y no le gustaba perder o que le dieran órdenes.

-Lo haré si no la dejas ir, Michael. No bromeo.

Mike la soltó con fuerza y retrocedió para apartarse de su camino. Instantáneamente llevó la mano a su brazo. Él la miró fríamente.

-No hemos terminado.

Tomó la mochila y se alejó.

El rugir suave del viento se oyó el aire por un par de minutos. Bella se había convertido en una de esas frágiles hojas de otoño. Edward estaba detrás de ella, sin poder abrir su boca. El silencio era la mejor opción. Hasta que se formulan tantas preguntas que las no respuestas desesperan a la mente.

Edward se acercó un poco más.

-¿Te hizo daño?

Ella negó. Aunque sí le había hecho más daño del físico. Su brazo tendría moratones, pero no se irían con el tiempo. La traición en su corazón, no desaparecería jamás. Bella quería irse, pero sus pies no se movían. Su cuerpo no le hacía caso.

-¿Así que era eso?

Susurró con voz cargada de dolor. Edward había sido un real idiota. Juzgándola, presionándola y obligándola a ceder. Cuando ella había estado bajo presión todo el tiempo. Deseando que él se alejara para no verse afectada. Si Edward hubiera conocido la situación, no hubiera dejado de insistir. Hubiera destrozado el rostro de Mike en segundos. Trataría de ponerle fin. Pero había oído lo suficiente como para saber por qué lo había finalizado ella misma.

En ninguna de las razones había entrado él.

-No lo entenderías...

Susurró.

-Nunca intentaste explicármelo.

Bella se dio la vuelta, sus ojos contenían las lágrimas que hacía días luchaba por no liberar. Picando su rabia con vehemencia.

-Tienes razón, no lo hice. Porque no podía. No podía explicarte toda la desgracia de mi vida, tú no tenías la solución que Mike representaba. Tenía que elegir. Y lo hice. Elegí lo que era correcto y entonces apareciste tú. Era demasiado tarde.

Edward presionó las mandíbulas.

-No me diste la oportunidad.

-No me la dí a mi misma. No es acerca de ti, Edward. Es sobre mí.

Bella limpió la solitaria lágrima que cayó por su rostro.

-Si dejaba que ganaras, iba a arruinar todo por lo que había luchado. Te empujé lejos porque lo que quedaba de mi familia no se merecía pasar por esto. Si podía aportar un mínimo para agrandar la felicidad de mi madre, entonces iba a hacerlo.

Pero todo aquello había terminado. Entonces se había dado cuenta de que no podía pasar por encima de sus sentimientos y sus deseos. Su madre era la única cosa que tenía y le seguía importando protegerla, pero ya no de la misma forma. No podía ignorarse a sí misma.

-Regresé aquí decidida a olvidarte porque eras demasiado imposible. Me dolía recordarte, la distancia era algo que no podía soportar y no había nada que pudiera hacer para evitarlo. Tú estabas en otro lugar, ni siquiera en la playa. Te advertí, sería una aventura de verano. Pero no pude limitarme y no enamorarme de tí, te entregué todo. Cada parte de mí.

Edward contuvo la respiración. Bella tomó aire.

-Pero cuando regresé. Mi padre ya no estaba. Se había ido y a su paso, mucho dinero que pagar, una estúpida carta de despedida y muchas cosas que areglar. Me había dejado, y a mi madre. Tuvimos que acortar nuestros gastos económicos, vender un coche, mudarnos a un apartamento en el centro y conseguir un empleo. Cambiar totalmente a lo que no teníamos costumbre. La única solución para salir del apuro era pedir el dinero prestado. Los únicos capaces eran los Newton. Mi relación con Mike había muerto hacía tiempo, iba a dejarlo ir luego del verano. Pero entonces... hizo una fiesta en mi honor y dijo que haría todo lo que fuera por la mujer que amaba. Era una mentira. Él dormía con mi mejor amiga mientras yo hacía el papel de perfección frente a sus padres. Los Newton sabían que Mike era un descarriado y la única forma de mantenerlo en línea sería con alguien seguro. Yo. Me convertí en un medio.

Bella continuó mirando sus ojos. Edward apenas podía respirar.

-Era algo justo. Mi madre siempre había sentido eterna admiración por ellos, especialmente por Maurice Newton. Su viejo amor antes de quedar embarazada de mi padre. Entonces, ella por primera vez mostraba alguna emoción y se sentía demasiado contenta con nuestra unión que no pude quitarle eso. Además, les debía eso a ellos. Parecía fácil.

Edward iba comprendiendo. A mayor comprensión, más desconcertado estaba. Bella realmente había luchado por hacer lo correcto y él, como niño caprichoso la había empujado al borde.

-Pero apareciste tú. Aquí. Ese era el destino odiándome. ¿Qué podía hacer? Había elegido seguir con Mike y hacer lo que debía. Hacer feliz a mi madre, continuar con mi viejo novio desde la escuela primaria y ser agradecida por lo que había hecho por nosotras. Pero se volvió una tortura. Tener que verte, todos los días y recordar lo que me había esforzado por guardar en una caja de oro en mi cabeza, estaba haciéndome daño.

Ella realmente sufría y él había sido incapaz de verlo de esa forma.

-Podría seguir adelante pero la traición es algo que me toca muy de cerca. No podía pasar por alto la de Mike, ni la de que creía mi mejor amiga. Pensé que podía seguir con esto.

Susurró apenas audible, derramando las últimas lágrimas.

-Pensé que sería capaz de olvidar pero con cada intento, te hiciste más fuerte en mí, Edward. Yo tampoco puedo luchar contra lo que siento por ti. Pero estoy demasiado destruida como para volver a ser lo que fui. Tienes razón, fui auténtica y yo misma contigo, eres la persona con al que entendí muchas cosas...

Como lo que significaba amar.

-...esa es al razón por la que decidí terminar con esta farsa. Porque no podía pretender, ni siquiera imaginar tener con alguien más lo que tuve contigo.

Bella pasó por su lado y caminó fuera del instituto. Finalmente se lo había dicho todo, Edward tenía toda la verdad en sus manos. Una a una las razones que la había llevado a alejarlo de ella. Pero había fracasado.

No había podido hacer feliz a su madre. Estaba segura de que no le gustaría oír que ella había roto con Mike, deshecho el matrimonio y dejado que su vida se volviera un desastre.

Sin embargo, se sentía más ligera. Aunque no más contenta.

.

-Te ves como el demonio.

Bella le sonrió y luego apartó la vista hacia el libro. Tenían muy poco trabajo que hacer, por ende no había perdido el tiempo y se había puesto a leer. Si se permitía pensar, iba a volverse loca.

-¿Vas a decírmelo o tendré que forzarte para sacarlo afuera?

Alice se estiró en el sofá y posó su cabeza sobre sus piernas.

-Terminé todo.

La morena enarcó una ceja.

-¿Qué significa eso?

Le contó de Jessica, su plan y cada una de sus crueldades. Cuando había enfrentado a Mike, y por último, haber soltado toda la verdad a Edward. So obligó a ser neutra, porque si agregaba lo que sentía en ese momento, terminaría por afirmar lo que Alice decía ver.

-Eso suena demasiado por un día, ni siquiera me dejaste prepararte un chocolate cargado.

-No lo quiero, estoy bien.

-Si, claro. Eso se llama a estar como la mierda, y se ve exactamente igual.

Bella apartó el libro con rostro exhausto.

-Lo sé. Pero al menos se siente bien no tener que ocultar más nada. Me ocuparé de Jessica, he terminado con Mike y su familia muy pronto va a saberlo. Tendré que lidiar con mi madre. Solo espero que Edward mantenga su distancia.

-Le diste suficiente material como para que siga adelante contigo.

-Espero que no. Le di mis motivos, le dije lo que sentía. Pero lo que quiero es encontrar estabilidad y paz mental. Él no es nada de eso.

Ponía su mundo de cabeza, así como todo lo que había en su vida. LA hizo a un lado y se puso de pie. Llegó hasta la puerta y giró el cartel a "cerrado"

-Es muy pronto para hacer eso...

Bella le sonrió.

-¿Sabes qué? Necesito un trago más que un chocolate cargado.

Alice chilló y se puso de pie.

-¡Entonces vamos por él!

Cuando se trataba de levanta el ánimo, Alice era la indicada. La llevó corriendo calle abajo hacia su casa.

-¿Que hacemos aquí?

Alice la silenció y le indicó una puerta del pasillo. Entrar a la habitación de Alice era una de las cosas que jamás había imaginado, pero encontrarse con aquello, era lo que menos imaginaba.

-Sé que todos creen que me veo demasiado masculina, pero en realidad, soy ésto.

Miró a su alrededor. La cama doble tenía un edredón chillón de color rosa. Las paredes parecían piel de cebra y los almohadones de la cama iban a juego. Las alfombras eran rosa oscuro al igual que los adornos de las pequeñas mesas de noche.

-Estoy impresionada.

La morena rió y caminó hasta el clóset de puertas blancas. Sonrió como quién esconde un secreto.

-Prepárate para ver esto.

Desplegó las puertas frente a ella. Bella jadeó y luego rió.

-En mi vida te imaginaría usando uno de esos conjuntos.

Alice se enocgió de hombros mientras lo cerraba.

-Todos tenemos nuestros fantasmas.

-Empieza a contarlos porque no voy a irme de aquí hasta conocer a la verdadera Alice Brandon.

Alice era una niña rica de sociedad. Al menos, lo era. Hasta que sus padres se fueron a París. Se encaprichó con gastar toda su mensualidad, hacer fiestas costosas y desobedecer a su nana. Estaba fuera de control. La medida de seguridad que tomaron sus padres fue despojarla de todo lo que tenía y enviarla a Seattle con su tía. Una mujer entrada en edad que tenía espíritu de soldado.

-No solo espíritu. Ropa y zapatos.

Bella se acomodó en el sofá mientras Alice seguía dando vueltas sumida en su historia personal.

-¿Qué podía hacer? Dormía en una habitación minúscula, tenía ropa de varón tallas más grandes, sin maquillaje ni tenazas para el cabello. Era excéntrica y tuve que forzarme a renacer.

La morena cayó teatralmente a su lado.

-Adivina qué.

-¿Qué?

Frunció el ceño.

-Eso no es adivinar.

-Solo dilo, muero de la intriga.

-Tomé toda la ropa de la tía Melinda y la remodelé a una adolescente rebelde. Enfrenté el mundo sin maquillaje el cabello lacio, lo corté por encima de los hombros y adopté una nueva identidad.

-Te sienta bien. ¿Cuántos años tenías?

-Catorce.

Bella silbó. Alice rió.

-Lo sé. Cuando entendí que mis padres lo habían hecho por mi bien, me sentía mejor conmigo misma. Más humana y no tan artificial. Me permitieron volver, pero tras tres años y medio, me gustaba aquí. Entonces me quedé, pero recuperé mi cuarto. Eso es lo único que extrañaba realmente.

-Increíble.

Una niña de tenerlo todo, a tener lo necesario. Aprendió a vivir. Se había transformado. Pero nada de eso había afectado a la verdadera esencia de Alice. Bella señaló un maniquí y enarcó una ceja. Su amiga sonrió con orgullo.

-Lo diseñé cuando tenía doce. Es lindo ¿cierto?

-Precioso.

Se puso de pie y admiró de cerca el vestido. Era de un azul noche en la parte anudada del pecho, espalda descubierta y escote bajo, pequeñas pinzas lo mantenían en su lugar sin necesidad de tiras. La falda caía en capas de una tela tornasol azul con celeste. No llegaba al suelo, más bien apenas pasaba las rodillas por la parte delantera y la trasera rozaba las pantorrillas.

-Lo es.

Tenía un dejo mágico, delicado y con cierto aire celestial.

Se alejó del modelo y se volvió hacia ella.

-¿Qué hacemos ahora?

Alice le prestó un ajustado pantalón negro y una chaqueta de cuero con decoraciones en metal. Soltando su cabello y resaltando sus ojos. Era perfecto para ir al bar que frecuentaba con sus amigos. Le había presentado alguno de sus amigos. Dimitri y Alec eran las mejores personas del mundo. Eran dos de sus compañeros de clase técnica. La morena asistía a la escuela para hombres desde que tenía quince años. Llevando botas negras de trabajo y overol marrón, había entrado en la primera clase de reconstrucción automotriz. Había hecho tiempo récord en armar un motor diésel del año '95 y se había ganado respeto.

-Porque si hay algo que esa chica sí sabe, es acerca de autos.

Alice empinó su cerveza con una sonrisa.

-Además de zapatos y ropa de diseño, pero creo que eso no iba a ser de mucha utilidad.

Dimitri rodó los ojos.

-Te hubieran respetado de igual forma si les hubieras hablado de ropa interior o paredes decoradas con papel de peluche.

-Lo sé, pero quería impresionar. Eso hacen los Brandon.

Alec rió fuerte y levantó la botella.

-¡Y lo hiciste!

La había llevado a un bar y le había dejado en claro que pedía en su nombre. Su cuenta corriente era costumbre para ella. Solía hacerlo los viernes, pero reunir a sus amigos jamás costaba trabajo si se trataba de un par de tragos para pasar un día malo. Bella se había soltado tras la primera impresión y había permitido que Dimitri se encargara del resto de la noche, haciéndola reír y olvidarse de sus problemas.

-¿Entonces por qué dices que bebes?

Bella apartó la botella vacía.

-Para olvidar.

-¿Para olvidar qué cosa?

Ella le sonrió suavemente.

-Lo siento, ya he bebido lo suficiente. Ha hecho su trabajo.

Dimitri sonrió a gusto. Le gustaba Bella y su sentido del humor. Alice codeó su costado y se giró hacia ella.

-¿Qué sucede?

-Eso chico lleva tiempo viéndote, junto al otro.

Bella levantó la vista hacia la mesa de pool. Jasper la miraba directamente desde su posición separada de la mesa, con el palo de madera bajo su barbilla y el ceño fruncido.

-¿Lo conoces?

Apartó al vista.

-Es Jasper Withlock, alguien de la escuela.

-SI está molestándote, puedo cruzar unas palabras con él.

-No, no lo hace. Pero... ¿qieres cruzar esas palabras de todas formas?

Enarcó una ceja. Alice se puso de pie.

-¡Definitivamente quiero eso!

Bella rió y relajó su espalda mientras la veía caminar hacia la mesa, era bastante más baja que Jasper, ni siquiera sus altas plataformas servían para cambiar aquello. Apartó su vista y se acercó a Dimitri.

-¿Te importaría llevarme a casa? Creo que Alice se ha entretenido.

Dimitri estacionó frente a la casa y le dio una mirada larga.

-¿Estarás bien?

Bella sonrió y levantó su pulgar. El amigo de Alice era alguien que ella catalogaría como "sexy" o "muy sexy". Ese aire de chico malo, ropa oscura, perforaciones metálicas y tatuajes no completaban la imagen como verlo beber y fumar. Era de un extraño color rubio y tenía los ojos más oscuros que alguna vez hubiera visto. Era enigmático.

-Totalmente. Gracias de nuevo, Dimitri.

El chico rió fuerte y se bajó tras ella.

-Ya quisieras. Voy a llevarte hasta adentro, no quiero enterarme de que te quedaste dormida afuera.

La siguió hasta las escaleras y ella se detuvo, su vista giró y se aferró a la baranda.

-Juro... que nunca antes había bebido tanto que fuera alarmante.

Dimitri rió quedo.

-Lo creo. Para ser amiga de Alice, deja bastante que decir. Esa mujer bebe como una cuba.

-Ella es especial.

Cargó con ella hasta llegar a al entrada. Bella acertó al cerrojo y abrió despacio. Su madre no estaría hasta en la mañana siguiente. Por lo que su desliz quedaría cubierto hasta entonces. Le dolía la cabeza y se sentía ligera. Su mente parecía flotar en una agradable sensación.

Sonrió y se giró hacia dos Dimitris detrás de ella.

-Gracias. Recuérdame no volver a hacerlo tan rápido la próxima vez.

-¿Crees que habrá segunda vez? Alice va a morir cuando sepa de esto.

Bella le restó importancia con un gesto.

-O... podría quedar entre nosotros ¿qué dices?

Dimitri la miró por unos segundos y luego asintió con una sonrisa.

-Como sea. De acuerdo. Creo que deberías dormir.

-Eso mismo.

Ella suspiró y le regaló una sonrisa.

-Gracias por todo.

-Sin problemas.

Lo saludó con la mano y volvió dentro. Dejó su frente contra la madera y respiró lento. Estaba ebria. Se sentía demasiado contenta como para ser cierto. Al menos en esa casa no tenía escaleras como la anterior.

Soltó la chaqueta en el suelo de la habitación y se quitó los zapatos. Había decidido que si mañana se daba una ducha de agua fría iba a reducir la efectiva jaqueca que tendría antes de ir a la escuela. Solo tenía en mente dormir lo que quedaba de la noche.

Quitó las cobijas de la cama y creyó ver movimientos en su habitación. Estaba algo confusa por la bebida, pero el pánico subía la adrenalina de cualquiera. Se movió despacio hacia la lámpara y la encendió. Un chillido involuntario se escapó de sus labios. Se llevó una mano al pecho y retrocedió.

-¿Qué demonios haces aquí?