Capítulo diecinueve.

-No te vi en la escuela.

Bella continuó con la limpieza para mantener sus manos quietas y la vista en otro lado. Sentía que parte de la confianza que se habían tenido alguna vez, se había perdido.

-No fui. Me lo salté.

-¿Estás bien?

-Si, solo tenía... dolor de cabeza.

Era más bello que decir que sentía una terrible resaca que la había hecho ver doble hasta media mañana. Tres litros de agua, dos analgésicos y un café doble después, apenas había mejorado.

-Cierto...

Edward seguía sin sentirse cómodo con aquella situación. Le estaba costando demasiado recuperar lo que habían perdido, sin nada con que amarrar las piezas disueltas.

-¿Cómo fue tú día?

Aquello se sentía ridículo.

-Bien, supongo. Los chicos están tristes. No verán a las animadoras entrenar.

Edward dibujó media sonrisa.

-Supongo que yo también podría decir lo mismo.

-Oh, si. Cambié los horarios.

Apagó las luces grandes y dejó los pequeños veladores de la estancia. Tendría un aspecto lúgubre si no fuera por el aire familiar que ya sentía en ese espacio.

-¿Tú lo hiciste?

-Si, soy la capitana. Tenía que hacer modificaciones, así que lo hice.

Edward al miró por un minuto.

-¿Qué tipo de modificaciones?

Bella le daba la espalda, pero sabía que su pregunta había tocado un área sensible. La forma rígida de su cuerpo era algo claro.

-Algunas...

-Bella, mírame.

Edward la tomó suavemente del brazo y la giró hacia él. Ella huyó de su mirada.

-Hice un abuso de autoridad y me aproveché de mis influencias. No me siento orgullosa de ello. Pero no podía quedarme cerca de Jessica. Quería vengarme, quitarle al menos algo que sabía que le dolería.

Jessica era una aficionada al deporte y al culto de la estética. Ser animadora había estado en sus ambiciones desde antes de desarrollar su cuerpo y sus habilidades, dos cosas que la ayudaron a escalar rápidamente hacia la cima. Pero no tanto como para superar la naturalidad de Isabella. Ser la segunda siempre había hecho estallar sus celos.

-Es comprensible.

-Es horrible.

Susurró. Edward atrajo su rostro hacia él, Bella no pudo mirarlo y cerró sus ojos. Sintió la lenta caricia de su mano en su mejilla.

-Esa no soy yo. No sé quién soy, o lo que estoy haciendo... Me perdí.

Tomó su rostro con ambas manos y las presionó con suavidad. La acercó a él hasta que pudo oler con claridad su perfume tan característico.

-Mírame.

Bella abrió los ojos, inundados en lágrimas.

-Te hirieron, de una manera muy dura. Es comprensible sentir dolor, furia y hacer cosas locas. Yo hubiera terminado con su cara bonita. Pero tú eres más inteligente, atacaste por un lado totalmente legal. No sientas que todo esto es tú culpa. Por que no lo es. Ella está embarazada, tarde o temprano, tendría que haber salido de allí.

Edward acarició sus mejillas.

-Bella... eres una persona increíble. Mira lo que hiciste por proteger a quién te importa, luchaste por lo que era correcto ¿y todavía dudas de ti misma?

Bella se quedó en blanco. Colocó sus manos alrededor de sus muñecas y saltó un suave suspiro.

-¿Qué hace que puedas leerme tan fácilmente?

-Lo dijiste. Eres auténtica cuando estás conmigo.

Cerró los ojos y dejó que su cabeza descansara sobre su pecho. Edward era todo lo que se sentía bien. No importaba cuán destrozada estaba, cuánto le dolía el corazón por la traición y el engaño. Él seguía firme dentro de ella, en ese lugar que había adoptado como propio en su corazón. Sabía que ella se lo había regalado, no solo ese espacio, sino todo. Antes de que pienses en la negativa, estarás en un camino sin salida. Las palabras de Ángela resonaron en su cabeza como el eco. Así se sentía amar a Edward.

-¿Qué haremos ahora?

Edward acarició su cabello y besó su frente.

-Te voy a llevarte a casa.

Bella se acurrucó en su costado mientras lo veía conducir. Hacía frío y la calefacción estaba en su punto medio. Le alcanzaba con estar cerca de él.

-¿Estás listo para viaje?

-Depende ¿Irás?

Rodó los ojos. Cuántas personas más iban a dar esa misma respuesta.

-Si, iré.

Edward le devolvió una sonrisa brillante.

-Entonces, iré también.

El camino fue corto, demasiado corto como para estar listo para decir adiós. Bella se apartó, pero Edward la retuvo. Se entretuvo mirando sus manos unidas, entrelazadas. No quería romper eso de nuevo, nunca más.

-Te dije que iba a luchar por ti, Bella. Pero... necesito saber que también quieres esto.

No quería presionarla, pero tenía que saberlo. Sentía la necesidad de Bella clamando por él, de la misma forma en la que él deseaba hacerlo. Frente al que fuera. Si ella accedía, eso lo colocaba por delante de Mike. Edward haría lo propio para bajarlo del podio. Bella merecía eso.

Bella presionó su mano, se tomó un minuto antes de mirarla.

-Lo quiero.

Edward asintió. Bella le sonrió brevemente y se despidió. No podía explicar la forma en la que adoraba esa camioneta. Le traía recuerdos que ya no eran dolorosos. Se permitía recibirlos y sonreír.

La casa estaba vacía y la cena en el refrigerador. Apagó las luces de la casa y fue hacia la ducha. Algo de agua caliente bien podría relajar su cabeza y su cuerpo. El invierno no hacía más que entumecer sus extremidades. Pero ahí estaba Edward para sacudirlas cuando era necesario.

Se encontró pensando en él. De repente, todo giraba entorno a él. Pero ya no de la forma espantosa como hacía unos meses. Sino, de la misma forma que se había sentido con la mirada profunda y directa que le había dado la primera vez. Entre ansiosa, curiosa e intrigada.

Se dejó caer dentro de la cama y se envolvió en las mantas, pero el extraño frío seguía allí.

Creía que estaba soñando. Edward volvía a abrazarla por encima de las mantas y aferrarla a su cuerpo. Se acercó a al fuente de calor y supo que era real.

-Olvidé despedirme.

Bella aferró su camiseta y acomodó la cabeza al nivel de su cuello.

-No necesitas hacerlo nunca más.

.

Aún recordaba el primer día de instituto secundario. Ese verano se había esforzado por perder la grasa de bebé acumulada en su cuerpo, sus pechos tenían una postura respetable y su madre la había guiado en el centro comercial para adquirir cosméticos para rostro. Había dejado que el peluquero de su madre cortara su cabello más corto y sus ondas naturales se formaran al rededor de su rostro con cierta gracia. Había usado la tarjeta de su padre para adquirir ropa de diseñador y un consejero la había ayudado a vestirse con clase. Justa para una adolescente.

Recordaba esa mirada recelosa de las chicas, y la admirativa de los chicos. Jessica le había sonreído con falsedad y la había convertido en su nueva amiga. Mike le había tomado la mano y junto con eso, muerto cualquier esperanza masculina.

Pero por nada del mundo, aquello se comparaba a ésto.

Bajó del coche con movimientos medidos, para ser temprano, había más alumnos de lo común. Todos ansiosos, podía notarlo en el murmullo constante. Casi esperando a que ella llegara. Miró hacia todos lados, si definitivamente estaban mirándola a ella. Encontró solo una mirada que le interesaba, fija sobre ella. Edward también estaba allí. Sin poder identificar algún tipo de emoción en él. Casi sintió terror.

-Disculpa ¿puedo hablar contigo?

Se giró hacia la rubia enfrente de ella.

-Seguro...

La chica sonrió. Era apenas unos centímetros más alta, más esbelta y hermosa. El cabello rubio era tan natural que se notaba en sus cejas, sus ojos eran de un azul oscuro y su sonrisa clara. No la reconocía de la escuela.

-Soy Rosalie, acabo de entrar en la escuela, hace un par de días. Algo fuera de lo normal entrar a mitad del semestre pero algo largo de explicar. Solía ser animadora, oí hablar de ti y los dos puestos vacantes ¿crees que podría audicionar?

Bella parpadeó en desconcierto. Tanta atención sobre ella misma la estaba poniendo nerviosa.

-¿Por qué no terminamos esta conversación dentro?

-Seguro...

-Bella. Soy Bella.

.

Para la mitad del día, Rosalie era su nueva aliada. A pesar de ser arrebatadora y sensual, era agresiva y tenía un carácter pesado. Lo había notado de inmediato cuando el vendedor de comida le había pedido su número. No se preocupaba constantemente por su imagen, simplemente sabía que lucía bien, y lo que los demás dijeran no era su prioridad número uno. Estaba adorando ese lado. Bella conectó con ella de inmediato.

-¿Así que... crees que podrías venir hoy a las siete?

Rose había resumido las actividades que solía practicar. Solo un paseo por su cuerpo podía decirle que se esforzaba por entrenarse y no era una holgazana.

-Estaría genial. Claro que sí. No pensé que fueras a dejarme entrenar tan rápido.

Bella sonrió.

-Lo haré, pero estás a prueba. Quiero saber qué sabes hacer. Me hace falta una dancer para las filas principales.

Rosalie dejó de masticar.

-¿Qué? ¿Vas a tenerme en cuenta a mí? ¿Para ser la principal?

-¿A quién más? Si en mi equipo ya tuviera a esa chica, no estaría proponiéndote para el puesto.

-Eres genial.

-No lo soy. Solo... demuestra que tienes madera para ello.

-Definitivamente, lo tengo. Lo juro.

-De acuerdo, querré verlo todo. Si logras superar a la anterior, puedes quedarte en el equipo. El juego es el miércoles. Luego del viaje de los de último año.

Rosalie asintió.

-Creo que sé a quién te refieres.

Bella frunció el ceño.

-¿Disculpa?

Rosalie se mordió la mejilla interna. Bella enarcó una ceja, presionando para que hablara.

-Lo siento, no tengo por qué meterme en ese terreno.

Bella estaba cansada de las evasivas. Se cruzó de brazos y torció levemente la cabeza.

-De verdad, quiero oír lo que tengas para decir. Al menos me darías una idea de lo que está pasando por la cabeza de los demás que no dejan de mirarme pero no se atreven a cruzar palabra conmigo.

-Todo el mundo está hablando de ti, Mike y Jessica.

-¿Qué exactamente?

Las mesas del comedor estaban repletas y llenas de bullicio. Pero ella solo quería centrarse en Rosalie. Todo el mundo pareció callar cuando ella abrió su boca.

-Lo que hizo Mike con Jessica, su bebé y... tú.

Bella sintió un escalofrío.

-¿Cómo una víctima?

Rosalie sonrió abiertamente.

-En mí opinión, como maldita heroína. Descubriste a Jessica en sus mentiras y la expusiste, era lo que esa perra merecía. Mike es solo un idiota, lo dejaste en su lugar aunque él todavía afirma que siguen juntos, que esto se trata de solo "una pelea pasajera" y Jessica miente.

Bella enmudeció. Aquello era menos que una pelea pasajera. Había creído que Miker escaseaba de jugadores en su cancha. Pero con tanta certeza. Suspiró y empujó la bandeja de comida.

-Voy a terminar por romper la cara de ese idiota.

Rose rió.

-Eso es la razón por la que me agradas.

-Entonces... voy a necesitar un plan.

Bella se puso de pie y tomó su bolso. Rosalie fue por detrás de ella hacia la parte trasera de la cocina. La mujer, Penny, quién llevaba años completos trabajando para las cocinas del instituto le dio una mirada acusadora.

-No deberían estar aquí.

-Solo quería pedir una de esas cajas en las que reciben los enlatadas ¿sería mucho pedir?

Parpadeó como cual niña dulce. Penny rodó los ojos con impaciencia, pero logró el cometido.

-Estoy muriendo por saber qué es lo que tienes en mente.

Bella hizo media sonrisa.

-Solo dime dónde esta Mike. Voy a hacer esta cosa malditamente formal.

.

Edward corrió a través del campo, saltó y tomó el balón en sus manos. El entrenador sonrió para sus adentros mientras asentía al pase. Indicó el cambio de actividad y lo envió a recoger sus cosas.

-¿Qué?

Paul palmeó su hombro.

-No necesitas estar aquí hasta tan tarde, hijo. Prepárate para el viaje.

Edward lo detuvo antes de que se fuera.

-¿Me está dejando fuera del equipo?

-Todo lo contrario. Serás el capitán el miércoles. Estoy dándote la oportunidad.

Mike salió de su casco y enfrentó a Paul.

-Tiene que estar bromeando... ¿Él?

Rió fuera de gracia y con cierta agitación. Edward retrocedió pero no iba a darse con la retirada tan fácilmente. Quería festejar frente a su nariz haber tomado su puesto. Había usado su mejor empeño en lograr ganarse un lugar en la competencia. Ahora no iba a dejar que ese idiota hiciera un berrinche de niño pequeño.

-¿Tienes un problema, Newton?

Mike se giró con furia hacia él.

-Contigo. Siempre en mi camino.

Edward sonrió de lado.

-No tienes idea...

Paul separó a ambos con las manos en cada pecho y rostro furioso.

-Si van a pelear, que sea fuera de mi campo. Mike, a las duchas. Cullen, fuera del campo.

Antes de que pudiera moverse de su sitio, la vio entrar al campo. Sus tacones se hundían en el césped pero lo disimuló con elegancia. La rubia que iba por detrás cargaba una caja que no era tan grande como la que Bella llevaba.

Los jugadores les dieron paso al centro del campo. Edward se apartó hacia un costado, sabía que ella no se dirigía a él.

En cambio, la vio dejar las dos cajas frente a Mike. Completas de osos de peluches, ropa, bolsos y hasta rollos de cartulina, lo que suponía que eran panfletos. Cajas de perfumes, cremas y maquillaje.

-Cariño ¿qué es todo esto?

Edward presionó las manos en puños. Bella sonrió.

-¿"Una pelea pasajera"?

Él había oído la misma versión. Pero no había esperado que ella montara un espectáculo a lo grande.

-¿Qué? Vamos, Isabella, sabes que...

Lo detuvo con la mano en alto. Dejó su cabello hacia atrás y lo miró con airosa superioridad.

-Lo único que sé, Michael. Es que recuerdo perfectamente haberte dicho que lo nuestro terminó.

Mike enfurecía rápidamente. El entrenador estaba divirtiéndose a lo grande.

-Isabella...

-No más amenazas, Michael Newton. No queda nada más entre nosotros. No hay un "nosotros". ¿Entiendes? Espero que con testigos presentes, dejes de actuar como si esto fuera alguna riña que pasará. Por que definitivamente, pasará. Pero no nos hará volver. Nunca. Más.

Dejó su mano la pequeña caja negra que tenía le anillo de diamantes.

-Para Jessica.

Empujó las cajas con sus manos y retrocedió.

-Todo tuyo. Tal vez puedas usar los peluches para la cuna de tu futuro hijo...

La ponzoña resbalaba de cada parte de sus palabras. Su mirada convertida en fuego de odio era solo para él. Mike tragó pesado y apartó la vista. Ella bajó la voz.

-Eso imaginaba, ni siquiera eres capaz de desmentirlo.

Bella deseó poseer la fuerza de un hombre para derribarlo de un golpe.

-Un error, se paga con otro error, Michael.

Bella se apartó de él, le dio una mirada cargada de aborrecimiento y se alejó. Antes de irse, se detuvo y se dio una vuelta. Le dirigió media sonrisa a Edward mientras paseaba su lenta mirada por su cuerpo y señaló su camiseta. No pudo evitar sonreír a medias.

-Mi número de al suerte, te vigilaré en el partido.

Le guiñó el ojo y se volteó, contoneando su trasero fuera del campo. Y listo. Ella lo había hecho. Lo que fuera que eso significara, ahora todos estaban mirando a Edward. Él solo sonreía. La valentía y el coraje de esa pequeña mujer lo tenía en el cielo.

Mike gruñó de furia y pateó una caja. Se giró hacia Edward y lo señaló.

-Ni se te ocurra acercarte a ella, Cullen.

Lo vio salir antes de poder darle su merecida respuesta. Aunque agradecía, porque no era el momento adecuado.

Jasper caminó a su lado con una sonrisa en el rostro.

-Esa chica, acaba de señalarte como un blanco.

Exactamente lo mismo que él había hecho en la playa. Sonrió.

-¿Recuerdas esa chica de la que me enamoré en el verano, rompió mi corazón, luego nos reencontramos y estamos luchando por recuperar eso?

Jasper rió.

-Lo recuerdo, Romeo.

-Es ella.

Jasper tosió el agua que esquivó el camino correcto por su garganta, su rostro se volvió rojo y sus ojos estaban desorbitados.

-¿Bromeas?

Edward sonrió.

-No.

Su amigo estaba espantado.

-Mike va a matarte.

No había tenido oportunidad de poner sus manos sobre Jacob. Mike era su segunda opción.

-Que lo intente, estaré esperando.