Capítulo veintiuno.

Despertó con la lenta caricia que recorría su espina dorsal de arriba hacia abajo. Se removió en sus brazos y se ajustó a su cuerpo de nuevo. Edward sonrió. Bella acarició su abdomen y luego dejó la mano sobre su corazón. La punta de sus dedos acarició la gruesa cadena que siempre colgaba de su cuello.

-¿Dormí demasiado?

-No, la lluvia no ha cesado tampoco.

Devolvió el murmullo. El sonido de la lluvia a lo lejos le daba el aire de perfección al momento.

-¿Cómo está Esme?

-Recuperada. En casa, lentamente va retomando sus actividades. Gracias por preguntar.

-Me importa.

-Lo sé, cariño.

Besó su mejilla y entonces ya no pudo apartarse, buscó sus labios y la besó. Bella hacía que con cada nuevo beso se le olvidara el anterior y se convirtiera en el primero. Sentirla contra su cuerpo desnudo era una de las maravillas mundiales, de las que solo quería disfrutar para sí mismo. Bella le devolvió el beso, llevando sus manos por su pecho hacia detrás de su cuello, enredando sus pequeños dedos en su cabello. Era la cosa más sensual, volvía su cuerpo gelatina y desmoronaba murallas de concreto.

Se movió para no aplastarla y aguantó el peso sobre su costado. Paseando su mano por su cuerpo, la fina cintura era algo que lo fascinaba, así como sus caderas y la forma en la que el hueso de esa zona sobresalía con belleza. Detuvo sus caricias sobre una textura diferente. Bella abrió los ojos en un jadeo y detuvo su mano desde la muñeca.

-Lo siento...

Bajó la vista hacia su cadera y apartó la mano unos centímetros para ver su piel. El aire que contenían sus pulmones se atoró allí, se mareó levemente y parpadeó con velocidad. Volvió a pasear con delicadeza su pulgar por la piel tatuada. Bella tenía un jodido tatuaje. Uno que no había estado allí antes, pero ahora llevaba dos pájaros en pleno vuelo sobre la palabra "libertad".

-¿Cuándo lo hiciste?

Bella tragó saliva, Edward seguía mirando su tatuaje.

-Al día siguiente de llegar aquí.

Susurró. Edward la miró.

-¿Por qué?

Se tomó un largo minuto antes de responder.

-Porque recordé que dijiste que solo sentíamos libertad con las personas a las que amábamos. Eso era lo que sentía cuando estaba contigo.

Edward estaba en estado catatónico.

-Me recordaba a ti. Como lo prometiste Edward, te grabaste en mi piel y no podía soportar que alguien más me tocara. Si no podía tenerte...

Edward ajustó la mano sobre su cadera.

-...tendría algo que me recordara a ti.

Se inclinó sobre ella, atrajo su cabeza y la besó con fogosidad. Entrelazó sus manos y las llevó por encima de su cabeza. Se apartó un centímetro suficiente, jadeando sobre sus labios.

-Prométeme que nada va a separarnos ahora.

Bella se estiró para besarlo.

-Lo prometo.

.

-No creo que nadie venga en nuestro rescate.

-La lluvia a cedido, pero apenas recuerdo el camino, no es buena idea ir hacia la residencia.

Bella se envolvió dentro de la manta. Su ropa se había escurrido, pero no estaba seca. Había encontrado una camisa de hombre y unos pantalones de dormir, todo en talle extra grande. De quién fuera el cajón de ropa, parecía haber vivido allí. Edward usaba un overol marrón de trabajo. Se volvió hacia ella y la atrajo a su cuerpo. Sonrió sin despegar su rostro de su cuello.

-¿De qué te ríes?

-El olor a establo te sienta.

Ella lloriqueó.

-Quiero darme una ducha y volver.

Un todo terreno se acercó a toda velocidad por el camino al establo y pasó por la puerta doble. Estacionando junto a ellos. Cayo bajó del acompañante.

-Al fin los encontramos. ¿Están bien?

Su pregunta podría haber sido en plural pero miraba directo hacia Bella. Edward la ayudó a levantarse y la atrajo a su cuerpo.

-Ella está bien.

Bella tomó la manta de Cayo y trepó a la parte trasera mientras Edward tomaba sus ropas mojadas. El profesor se giró en su asiento y sonrió con malicia.

-Tienes suerte de que no hayan sido los únicos en perderse con la tormenta.

Le guiñó un ojo. Edward regresó y la atrajo para darle calor.

Una lluvia de agua caliente, eso era lo que había estado esperando. Aunque no se arrepentía de la forma en la que se habían dado los acontecimientos. Se metió en un pijama y se abrazó a su cuerpo bajo la manta. Estaba sola en la habitación de las chicas. Las demás estarían probablemente paseando por la estancia o en la sala didáctica que se utilizaba principalmente cuando llovía.

Dos golpeas a su puerta le hicieron voltear la cabeza.

-¿Puedo pasar?

Le sonrió a Cayo y asintió. Se dejó caer frente a ella y acarició su mano.

-¿Estás bien?

-Muy bien. El frío ha pasado, no creo que vaya a enfermarme.

Cayo sonrió y asintió suavemente.

-No me refería a eso...

Suspiró y mordió su labio inferior.

-Lo sé. Me siento bien también.

-Oí los rumores.

-Todos ciertos.

Cayo soltó una carcajada.

-Amé la parte "para Jessica, y para la cuna de tú hijo.."

Bella sonrió con tristeza.

-Lo siento, ser engañado es la peor cosa del mundo cuando es alguien en quien depositarías toda tu confianza. Pero realmente quiero decirte, que gracias a eso, estás donde realmente quieres estar.

Edward apresuró el paso hacia la habitación de Bella, quería asegurarse de que estaba bien. Jasper prometió cubrirlo mientras él iba hacia donde las chicas dormían.

-Todavía no puedo verlo de esa forma.

-Vamos, Bella ¿en serio? Ese chico daría su vida por ti y tú estás ahí, dudando de si deberías o no deberías. ¿Tan difícil fue caer por él la primera vez?

-No...

-Entonces no dudes ahora. Ve por él.

Ella sonrió suavemente.

-Eso es lo que quiero.

-¿Lo ves?

Cayo se puso de pie y teatralmente se llevó una mano al pecho.

-Eres de mis alumnas preferidas, eres mi preferida. Pero déjame decirte que debes saber cuándo te comportas como una tonta.

-¿Por qué?

-No te atrevas a perderlo. Ese chico es afortunado, Bella. Yo también daría mi vida por una mujer como tú.

Ella enarcó una ceja.

-¿Es una propuesta?

Cayo sonrió a medias.

-¿Estarías dispuesta a cambiar a tú caballero?

-Ni un millón de años.

Chasqueó su lengua e hizo una mueca con la boca.

-Lo sabía. Además... sabes que yo prefiero una cosa que las damas no tienen...

Bella rió y lanzó el cojín a su rostro.

-Oh, largo de aquí.

Cayo le devolvió el cojín con una sonrisa y se acercó a la puerta. Edward se hizo a un lado para no ser descubierto.

-Se feliz, Bella.

.

Bella corrió al vestuario, golpeando con su mochila a todo el que cruzaba.

-¡Lo siento!

Había despertado en una maraña de ropa de cama y Edward. Era malditamente tarde. Golpeó su trasero y saltó de la cama a darse una ducha o no llegaría para la última práctica. Para cuando había estado lista, Edward la esperaba en la camioneta.

-¡Bella!

-¡Emmet!

Se colgó de su cuello y la levantó para dar una vuelta en el aire.

-¿Has venido a ver la práctica?

-Si, mi padre está en la práctica de Edward.

-Genial ¿está Esme?

Emmet sonrió.

-Si, quiere conocerte.

-Seguro. Peor podría ser luego, tengo que entrar en dos minu...

-¡Bella Swan, tu trasero aquí ahora mismo!

Rosalie llegó a ella antes de que pudiera reaccionar.

-Dos minutos tarde.

-Lo siento, esoty en camino. Oh... Emmet, ésta es Rosalie. Mi bailarina principal. Rose, él es Emmet, el hermano de Edward.

Rosalie dejó de lado su furia y procedió a sonreír como solo ella podía hacerlo para ganarse a alguien. Emmet se tomó unos segundos para apartar su mano.

-Un placer conocerte.

Rose sonrió.

-El placer es mío.

-Todo encantados, pero tenemos que irnos. Vamos a salir luego del juego, Emmet. Tendrás tiempo de conocer a Rose. ¡Adiós! ¡Saludos a tus padres!

Rose levantó la mano en alto para despedirse antes de correr tras Bella.

-Eso, fue grosero.

-¿Qué? Si hubiera estado con cualquier otra persona no hubieras estado tan contenta por conocerla.

-Claro que no ¿qué clase es Emmet?

Bella sonrió. Dejó el bolso dentro del closet de metal y amarró su cabello.

-Pre Junior. ¿Interesada?

-Posiblemente.

Demostró poco interés, mal disimulado. Bella rió fuerte.

-Si, seguro.

La llevó fuera y le dedicó una larga mirada. Tenían la formación completa, la coreografía perfectamente medida y la música sonaba en sus oídos mientras volvían a ensayar la primera parte. Bella corrió al final del grupo y subió a los hombros del soporte para su truco. Con astucia, voló, hizo una pirueta y volvió a tierra con los pies firmes.

-¿Estás bien?

Se enderezó.

-Seguro. ¿Salió bien?

-Genial. Las mejoras no fueron grandes pero marcan la diferencia.

-Lo sé.

Edward regresó al vista al reloj sobre el campo. Disponían de quince minutos para el comienzo del partido. Llevaba tiempo observando a Bella practicar, si dejaba de pensar en ella, sus nervios por el partido iba a consumirlo.

Paul golpeó su brazo y él volvió la vista.

-¿Ves la última fila de las gradas?

La primera fila que se había llenado. Mientras que el resto de la gente recién comenzaba a aparecer en el campo. Asintió. Eran los representantes de las universidades con becas deportivas. Ésa era su oportunidad.

-Bien. No estás haciendo un buen trabajo. No solo quieren verte jugar, quieren saber cómo te desenvuelves. Por ahora, deja tu mente en el juego. Enfócate.

-De acuerdo.

Corrió hacia donde estaba Jasper y practicó los pases. Si quería sorprenderlos tenía que ser con su habilidad más destacada, además de la asombrosa rapidez con la que corría y saltaba los obstáculos en el suelo para llegar a la meta.

-Dos minutos.

Bella vio a los visitantes entrar en el campo.

-Un minuto.

Cuando se acomodaron, la música salió por los altos parlantes. Llevó a las animadoras al centro del campo y comenzó la rutina. Desde su lugar podía ver a cada bailarina y ellas sabían que si perdían un paso, ella se los indicaría. Pero salió cronometrado. La sonrisa principal era de Rosalie, y definitivamente, quién se llevaba todas las miradas. Supo que quería dejarle su legado a ella.

La posición final organizó una ovación por el público. Las animadoras elevaron los pompones amarillos y violetas para sacudirlos. Regresó a la línea lateral a la que pertenecían y buscó con la mirada a Edward.

Edward trabó su mirada en ella. Le sonrió, y Bella le devolvió el gesto con fuerza y entusiasmo. Golpeando su corazón de forma violenta, mantuvo su mirada y luego la apartó para entrar en el campo.

-¿Nerviosa?

Bella asintió.

-Solo quiero la victoria. Edward podría conseguir una universidad.

-Lo hará.

-Confío en eso.

Tomó la mano de Rose y tomaron asiento para ver el inicio del partido.

.

Bella miró el reloj del campo. Más de medio juego hecho. Visita y locales, treinta puntos de igualdad. Sus nervios estaban en un tópico máximo.

-Están en un horrible empate.

Rosalie se inclinó para ver a Alice.

-¿Y quién eres tú?

-Alice. Amiga de Bella, compañera de trabajo... ¿tú, de dónde saliste?

Rose sonrió.

-Primera bailarina de las animadoras.

Alice enarcó una ceja en dirección a Bella.

-¿Una rubia sin cerebro? ¿Bromeas?

Rose jadeó y la fulminó con su mirada. Bella no apartó la vista del juego.

-Es todo lo contrario. Solo tienes que conocerla.

-¿Me llamaste deserebrada?

Alice chilló un pase de Jasper.

-¡Eso es, nene!

Bella se giró hacia ella. Con la ceja en alto.

-¿Algo que quieras decirme?

La aludida se envió un puñado de pochoclos dentro de su boca.

-¿Recuerdas el chico que estaba mirándote en el bar?

-Si...

-Solo te había reconocido. Me estaba mirando a mí.

Bella sonrió y volvió al juego. Rose le envió una mirada airosa.

-¿Pasó de eso a llamarse "nene"?

-Bueno...

Bella contuvo el aliento y presionó ambas manos de sus amigas.

-Oh Dios.

Edward miró el tiempo y esquivó un jugador. Se aferró al balón. Estaba a cuatro yardas de la meta. Jasper estaba en la línea de anotación, pero dos de los jugadores más altos lo acechaban. Sería fácil interceptar el balón si iba en esa dirección. Miró la meta. Tenía que confiar en que ese tiro llegaría por sí solo.

-El tiempo corre.

Murmuró Rosalie. Bella presionó su mano.

-Allí voy.

Murmuró para sí mismo. Edward besó el balón y se preparó para lanzar.

-Por Bella.

Susurró. El tiro lanzó el balón junto con los últimos segundos del juego. Tenía que definir con esa jugada. Un rival saltó sobre su altura e intentó tomarlo pero pasó veloz entre sus manos, cayó duro al suelo. Edward contuvo el aliento, Jasper siguió con la mirada el recorrido.

El silencio inundó el campo.

-¡Y...Anotación para Twilight High School! ¡Arriba esas animadoras, tenemos un equipo ganador!

El reloj volvió a cero. Habían ganado.

Bella corrió escaleras abajo hacia el campo y lo atravesó. Edward la atrapó en sus brazos y la hizo girar con él.

-¡Lo lograste!

Edward sonrió.

-Por ti.