Disclaimer: Nada me pertenece. No lo hago con fines de lucro. Es una adaptación. Personajes: J. . Historia: Penny Jordan.

Capítulo 2

—Hermione, eres un cielo —exclamó Ginny cuando vio el centro de flores que su prima acababa de poner en la mesa del comedor. Hermione apretó los labios concentrada en las flores. —Con los cuidados de Molly nunca tengo tiempo para ocuparme de pequeños detalles como las flores —añadió Ginny con ironía—. Neville se llevará una enorme sorpresa cuando sepa lo que vamos a comer; yo nunca tengo tiempo de preparar algo especial. Te agradezco mucho todo lo que has hecho, pero se supone que estás aquí para descansar.

—Ha sido un placer —contestó Hermione sincera—. Hacía mucho tiempo que no me metía en la cocina.

—Claro, me olvidaba de que tu madre te enseñó a cocinar. No me extraña que seas una magnífica cocinera.

—Soy buena, pero no estupenda —contestó Hermione y se encogió de hombros con indiferencia.

El comedor de la nueva casa de Ginny y Neville era agradable y amplio, pero los dueños anteriores no habían tenido gusto para decorarlo.

—Este comedor es un poco lúgubre —comentó Ginny arrugando la nariz—. Toda la casa necesita una nueva decoración, pero no sé por dónde empezar.

—Mañana nos sentaremos a discutirlo —se ofreció Hermione.

—Ya está aquí Neville —dijo Ginny al oír el ruido de la puerta de entrada.

—Será mejor que suba a arreglarme —dijo Hermione después de sonreír amablemente al marido de su prima. Este tenía el aspecto de un tierno oso de peluche. Le caía bien Neville. Tenía un agudo sentido para los negocios y adoraba a su mujer y a su hijita.

Les dejó solos y corrió escaleras arriba; Harry llegaría en una hora y media. El corazón empezó a latirle con fuerza.

Cuando abrió la puerta del dormitorio notó que le temblaban los dedos. Aun así debía conseguir actuar con frialdad e indiferencia.

— ¡Menudo vestido! —exclamó Ginny abriendo mucho los ojos. Miró detenidamente a su prima y sintió envidia al ver cómo la seda se pegaba a su bonito cuerpo—. ¿Cómo consigues tener ese tipo? —se quejó—. Yo tengo dos kilos de más.

—Pues si es así, me gustas más con esos kilos de más — comentó Neville cuando entró en la cocina después de Hermione—. Mmm. Aquí huele muy bien.

—Pues dale las gracias a Hermione. Ella se ha encargado de la cena de hoy —le dijo Ginny.

Hermione sabía que serían ocho a la mesa: Harry y su novia, el médico del pueblo y su mujer, el hermano de ésta, quien al parecer vivía con ellos después de haber sufrido un accidente de coche y, finalmente, Ginny, Neville y ella.

Ginny no le dio demasiada información sobre Ian Parsons. Sólo le explicó que era geólogo, que trabajaba en el extranjero y que había tenido un accidente de coche en el que murió su mujer.

—Ian quedó muy mal herido, pero ya se ha recuperado. El accidente ocurrió hace más de dieciocho meses, y desde entonces vive con Sue y Chris. Es un hombre callado y retraído —advirtió Ginny—. Sue dice que se siente culpable de la muerte de su mujer. Estaban a punto de separarse cuando ocurrió el accidente, y él piensa que si no hubiesen estado discutiendo, su mujer no habría perdido el control del coche.

Estando Hermione en la cocina sonó el timbre.

La puerta de la cocina estaba abierta y oyó que Ginny abría la puerta de entrada para recibir a los invitados. Sintió un fuerte escalofrío cuando reconoció cierta voz que contestó al saludo de su prima. Era Harry.

Se alegraba de estar en la cocina, pues así no tendría que recibirlos. Probablemente fue ésa la razón por la que se ofreció a preparar la cena. Podía engañar a los demás, pero no a sí misma.

—Huele muy bien —fue el comentario de Harry que Hermione pudo oír desde la cocina. Había olvidado aquella voz aterciopelada y seductora. Su cuerpo tembló de dolor y sintió la tentación de abrir la puerta trasera y huir.

Como si Ginny hubiese adivinado sus intenciones, la puerta de la cocina se abrió y Hermione se puso tensa. Ya le quedaban muy pocos minutos para reunir sus defensas.

Entraron los cuatro. Ella les daba la espalda mientras fingía estar concentrada en lo que cocinaba, pero era totalmente consciente de la presencia de Harry. Casi podía oler el aroma de su cuerpo, pensó con angustia, pues un sexto sentido le decía que era el que estaba más cerca de ella. Tenía que volverse y enfrentarse a él.

—Harry —dijo con una sonrisa de compromiso—. Creí reconocer tu voz.

No le tendió la mano y desesperada, apretó con fuerza la cuchara que tenía sujeta.

Hermione se dio cuenta del magnetismo que tenía Harry cuando se vio obligada a ver su expresión de cinismo; era como si la robara toda la energía y resistencias.

En ese momento estaba muy acalorada y nerviosa; los ojos verdes de él se entrecerraron. Con la mirada recorrió despacio y atentamente la sedosa tela que marcaba sus pechos y caderas.

— ¿No te parece que Hermione está preciosa?

Incluso Ginny se sintió violenta por la tensión que reinaba en la cocina; su voz sonó aguda y nerviosa.

—Está demasiado delgada —contestó Harry con frialdad.

Hablaba de ella como de alguien que no tuviera sentimientos, y eso la afectó como si le hubieran arrancado el corazón.

Pero no estaba dispuesta a sufrir de nuevo. Harry siempre había disfrutado de dominarla y de imponer su voluntad sólo por el placer de humillarla. Pero no volvería a pasar. Aspiró profundamente, dejó la cuchara y se volvió hacia la asiática que estaba entre Harry y Ginny.

—Parece que nadie va a presentarnos —dijo con una sonrisa—. Yo soy Hermione, y tú debes ser Cho.

La niña de piel pálida y cara redondeada le devolvió la sonrisa sin reservas.

_Me alegro de conocerte; tu madre y el padre de Harry me han hablado mucho de ti.

En ese momento Hermione sintió un dolor inesperado y devastador. Cuando Ginny le dijo que Harry pensaba sentar cabeza no se lo creyó, pero era evidente que su hermanastro había llevado a Cho a Queensmeade.

—Los dos están muy orgullosos de ti —continuó la chica emocionada. Luego dijo con voz firme—: Te envidio; me encantaría hacer algo tan emocionante como lo que haces tú. Mi padre ni siquiera me deja ir a la universidad; dice que quitaría la plaza a otra persona, y que yo no tendré nunca necesidad de trabajar —Cho suspiró y sus ojos azules se ensombrecieron. A pesar de todo, Hermione se sintió conmovida.

El timbre volvió a sonar. Hermione se concentró de nuevo en la comida y Ginny condujo a sus invitados al salón.

A pesar de que ya había pasado el mal rato, no conseguía relajarse. Estaba muy nerviosa.

Volvió a oír el ruido de la puerta de la cocina y dijo con voz trémula:

—Ginny, me duele un poco la cabeza, ¿te importaría vigilar las verduras mientras subo a buscar una aspirina?

—Ginny está ocupada sirviendo bebidas a los demás —la frialdad de sus palabras era lo de menos; lo increíble era que Harry estaba en la cocina con ella. Hermione se quedó un momento paralizada; sabía que aquello era peligroso, pero estaba demasiado angustiada para saber por dónde la atacaría—. Me ha dicho que te pregunte qué quieres beber.

Por su tono de voz se notaba que esta irritado.

—Creo que piensa que debemos llevarnos bien por ser los padrinos de Molly.

Él ignoró aquel comentario y dijo sin emoción:

—James está preocupado por ti. ¿Sabes que está enfermo?

—Sí —dijo con voz temblorosa—. Ginny me lo dijo anoche. ¿Es muy grave, Harry?

En ese momento tuvo que volverse a mirarlo, y se asustó al ver la ira y el desprecio en sus ojos.

—No creo que te importe —dijo él—. ¿Cuánto tiempo hace que no los visitas, Hermione? ¿Un año, dieciocho meses?

—He estado muy ocupada...

— ¡Tonterías! —le hundió los dedos en el brazo al sujetarla—. No has ido a casa porque no quieres verme, ¿no es así?

Pensó que se moriría de humillación al descubrir que él sabía lo que sentía, pero al mirarlo a los ojos vio en ellos un destello de rabia, no de desprecio o ironía.

—No seas ridículo, Harry —contestó con calma.

— ¿Lo soy? Demuéstramelo —la desafió—. Ven a pasar la Navidad a casa.

Estuvo a punto de rechazar la propuesta, pero no pudo hacerlo. Hacía seis años que no pasaba las Navidades en su hogar; seis años. Y siempre había sido muy feliz con su familia en esas fechas.

—Por una vez en tu vida deja de ser tan egoísta y piensa en alguien más —le exigió Harry—. Mi padre está enfermo, Hermione, y te echa mucho de menos.

Estudió la expresión de su cara. Tenía los labios apretados, los ojos sombríos. Su pelo, que era abundante y muy negro, necesitaba un buen corte. Hermione pensó que parecía cansado, y le vio por primera vez como un ser vulnerable, sin el magnetismo que la había hechizado en otros tiempos. En ese momento él la soltó. Ella, de manera impulsiva, sintió la necesidad de tocarlo, de aliviar la tensión de su cara; pero la amargura pudo más que la compasión. Para él era muy fácil condenarla y criticarla. Harry no tendría que soportar la tortura que supondría para ella pasar una temporada bajo el mismo techo que él.

—Yo...

—Debes ir, Hermione —la previno—. No es a mí a quien castigas con tu ausencia ¿sabes? —Sus ojos verdes brillaron con rabia—. Tal vez parezcas una gran mujer de negocios —añadió cortante—, pero por dentro eres la misma chiquilla malcriada y engreída.

Con lágrimas en los ojos lo vio salir de la cocina. ¿Cómo se atrevía a hablarle así, a acusarla? Parecía ignorar la crueldad de lo que le había hecho, como si no tuviese importancia. Harry sabía que se mantenía alejada porque no podía volver al lugar donde una vez había sido muy feliz. Pero se comportaba como si ella actuara movida por un simple capricho infantil. ¿Castigarle? Hiciera lo que hiciese no lo conseguiría; lo sabía perfectamente.

Cuando terminaron de cenar y los otros invitados se marcharon, Harry dijo con naturalidad:

—Por cierto, ¿os ha dicho ya Hermione que este año vendrá a pasar la Navidad con nosotros a Queensmade?

Hermione se dio cuenta de que la estaba retando a contradecirle. Ginny parecía estar muy contenta y emocionada mientras les observaba.

—La tía Jane se volverá loca de alegría. ¡Oh, Hermione! Te ha añorado muchísimo. Nosotros también iremos, por supuesto. Puedes venir en nuestro coche si no quieres llevar el tuyo.

—Hermione irá conmigo. De todas formas tengo que ir a Londres a buscar a Cho.

Eso significaba que no tendría la oportunidad de escapar en el último momento, pensó Hermione con amargura y evitó mirar a Harry.

Cho estaba sentada junto a ella y sonrió de placer al escuchar a Harry.

—Me alegro mucho de que tú también vengas —le susurró al oído a Hermione—. Harry es muy severo a veces —hizo una mueca de disgusto y luego se ruborizó al ver la expresión de Hermione—. Mi padre es un hombre rico que no cree que las mujeres puedan llevar asuntos de negocios... es muy anticuado. Quiere que me case, y parece que ha decidido que Harry es el candidato ideal. Creo que no debería decirte esto.

Hermione notó la mirada de inquietud que Cho le lanzó a Harry. Éste estaba hablando con Neville—. A veces siento que ni siquiera se da cuenta de que estoy con él. Y no me quiere.

—Entonces no debes preocuparte, ¿verdad? —comentó Hermione con ironía. Se sentía víctima de una broma de mal gusto. ¿Por qué diablos aquella chica se tenía que confiar precisamente a ella?

—Creo que Harry quiere casarse, tener un hijo, un nieto para su padre, y... En fin, es sólo que resulta muy difícil discutir con él, ¿verdad?

Vaya que sí, él era todo eso, no había duda, pensó Hermione en silencio. Harry era testarudo y muy decidido cuando alguien se oponía a sus deseos, y podía ver con cuánta facilidad lograba dominar a aquella chica joven e inocente.

—Creo que no tengo la madurez suficiente para casarme — le confesó a Hermione—. Quiero hacer algo con mi vida; aún no sé qué, pero sé que no es casarme. La verdad es que al principio me sentí halagada de que Harry se interesase por mí, pero la verdad es que no me quiere. La semana que viene iré con mamá a Londres. ¿Puedo ir a verte? No tengo a nadie con quien hablar, y tú eres la hermanastra de Harry. Debes conocerlo muy bien.

Lo suficiente como para saber que esa chiquilla jamás podría enfrentarse a Harry si él decidía aplastarla con la fuerza de su voluntad y personalidad. El sentido común le decía que no se mezclara en aquello, que el resultado sería más doloroso todavía para ella; no quería compartir las confidencias de Cho, pero al ver la angustiada expresión de los ojos de la joven, su determinación se vino abajo y al final se encontró escribiendo su dirección y número de teléfono en un papel mientras se preguntaba qué demonios estaba haciendo.

—Parece que Cho y tú os entendéis muy bien. ¿Qué opinas de ella?

Hermione no tuvo que darse la vuelta para saber que Harry estaba detrás de ella. Su fina intuición empezaba a funcionar cuando él se acercaba. Era una advertencia.

Miró hacia donde estaba Cho hablando con Ginny. Luego contestó:

—Creo que es encantadora —contestó cortante.

—Supongo que quieres decir que es demasiado encantadora para mí.

Aunque no le estaba mirando podía adivinar que sonreía con desdén.

—Demasiado encantadora; demasiado inocente, y excesivamente vulnerable, Harry —dijo con toda frialdad posible—. Aunque estoy segura de que no necesitas que te lo diga. Lo que me preocupa un poco es que también es inteligente. ¿Qué harás cuando ella lo descubra?

—Bruja —dijo él. Fue un insulto carente de toda emoción o agresividad—. Aún vives sola, ¿verdad?

Aquella pregunta sonó fría e indiferente. Se sintió dolida al recordar la soledad de su existencia. —Lo prefiero así —contestó.

—Sigues siendo una ambiciosa mujer de carrera. Creí que eso ya habría cambiado. Es extraño que nunca me diera cuenta mientras crecías que tenías una gran ambición.

— ¿Por qué te extrañas? Yo tampoco reconocí muchos rasgos evidentes en ti.

Harry la estaba mirando de frente y frunció el ceño al notar el desprecio de su voz.

— ¿Cómo cuáles? —preguntó con suavidad. Aquello era el colmo; ya había tolerado demasiadas cosas, así que ¿por qué quería que lo dijera? ¿Le gustaba atormentarla? —No quiero hablar ahora —se levantó de prisa, agobiada por su cercanía. En su pánico, intentó pasar junto a él y notó que él le impedía el paso con su enorme cuerpo. Cerró los ojos por el terrible dolor de cabeza que tenía. Estuvo a punto de perder el equilibrio y alargó una mano para buscar apoyo. Todo giraba a su alrededor, lo único que podía reconocer era el firme sonido de la voz de Harry. Se aferró a eso como a un salvavidas al mismo tiempo que se dejaba caer contra su cuerpo. Él la abrazó con fuerza y ella perdió el sentido por completo.

Aturdida todavía se dio cuenta de que la levantaban, de que la movían, y del acelerado latir del corazón de Harry. Pudo oír las ansiosas preguntas de Ginny y las serenas respuestas de Harry. —No te preocupes, es sólo que no ha descansado lo suficiente. Probablemente sea la fatiga del viaje. ¿Cuál es su habitación, Ginny?

Segura en sus brazos cerró los ojos. Harry habló de nuevo:

—No, está bien, no tienes que subir; de hecho creo que no se ha desmayado, sino que sólo está mareada. Se repondrá.

Mientras subían la escalera Harry se movía con rapidez. Una vez la había llevado así, en brazos. Fue la primera vez que le hizo el amor, su vientre se contrajo en un espasmo de dolor. No quería recordar el momento... lo emocionada y atemorizada qué estuvo, el amable y tierno ardor de Harry. Era inútil recordar, sólo había sido una ilusión, algo creado de manera deliberada para engañarla, y su orgullo y autoestima no se habían recuperado todavía de aquella mentira en la que cayó tan fácilmente.

Si no hubiese sido por Romilda nunca habría descubierto la verdad. En ese momento llevaría cinco años casada con Harry, y tal vez tendría el mismo número de hijos. Entonces ¿por qué se sentía aliviada en vez de triste? ¿Hubiese preferido no saberlo, casarse con él de todas formas? Se indignó por su propia debilidad, e intentó apartar los recuerdos. Cuando entraron en su habitación Hermione abrió los ojos despacio y los cerró enseguida al ver que todo le daba vueltas.

El pasado y el presente empezaron a mezclarse y la apartaron de la realidad. Se encontraba tan aturdida que no estaba segura de nada, excepto de que seguía en los brazos de Harry. Notó cómo la dejaba con cuidado en la cama, abrió los ojos y parpadeó al encontrarse con los ojos verdes de él.

—Harry.

Tuvo que hacer un esfuerzo para pronunciar aquel nombre. Estaba muy confusa. Volvía a tener dieciocho años y estaba locamente enamorada. Alargó las manos implorante y lanzó un ronco gemido cuando Harry retrocedió y la apartó con tal violencia que temió que la hubiera roto algo.

— ¿Qué quieres de mí, Hermione?

Su voz tenía una nostalgia desconocida. Hermione se humedeció los labios con la lengua y su corazón dio un vuelco. Estaba mareada y no podía decir nada coherente. Algo dentro de ella le advertía que estaba haciendo una tontería, pero no quería escucharlo. Sólo podía pensar en cuánto deseaba a aquel hombre que estaba a su lado y que la miraba con odio.

Hermione estaba confundida, atrapada en el pasado. Miró a Harry suplicante.

—Hermione, por Dios —le soltó las muñecas como si se hubiese quemado—. ¿A qué diablos juegas ahora?

Se iba a marchar y Hermione no quería que lo hiciera. De pronto sintió pánico y angustia. Se encontraba tan vacía que gimió su nombre.

Por un momento las sombras se disiparon y sintió el calor del cuerpo de Harry junto al suyo. Harry la besó en los labios como respuesta a sus súplicas. Sin pensarlo, Hermione se entregó por completo al placer de tocarlo y besarlo. Con la lengua recorrió los labios conocidos de él, mientras su corazón latía con fuerza.

— ¿Hermione?

La vacilante voz de Ginny la despertó. Aturdida, miró a su alrededor, y se sorprendió al ver que era de día.

— ¿Cómo te encuentras? —su prima se acercó a la cama nerviosa—. Anoche quise llamar al médico, pero Harry dijo que no era necesario. Nos aseguró que ya habías sufrido desmayos otras veces.

—Sí, es cierto —contestó distraída mientras su mente intentaba asimilar la confusión de imágenes y recuerdos que la asaltaban. La noche anterior, Harry la había subido en brazos; parecía enfadado con ella, discutieron; se ruborizó al recordar algo más. No era posible que de verdad la hubiera besado... Cerró los ojos y tembló.

—Hermione.

—Estoy bien, un poco débil nada más.

—Harry dijo que estabas dormida cuando te dejó; me pidió que no te molestara. Me alegro mucho de que estuviera aquí; no tenía ni idea de que te daban esos ataques.

Hermione estuvo a punto de decirle que se equivocaba, que se había desmayado por la jaqueca y la tensión que había soportado con la presencia de Harry. Pero se contuvo. Estaba muy nerviosa y se sentía atormentada al pensar en la boca de Harry besándola. No podía creer que realmente le hubiera hecho eso.

Empezó a recordar otras cosas; Harry la había tendido otra trampa para obligarla a pasar la Navidad en casa. Pero, ¿por qué? Él deseaba su compañía tanto como ella; dijo que James y su madre la echaban de menos. Apretó los labios. ¿Era por eso por lo que quería que fuese, o sólo quería atormentarla más?

— ¿Qué te ha parecido Cho? —le preguntó Ginny con interés. Luego se sentó en la cama mientras Hermione intentaba incorporarse—. Es encantadora, ¿verdad?

—Demasiado agradable para Harry —contestó Hermione. Cuando vio la cara de sorpresa de su prima se arrepintió de haber utilizado aquel tono tan cortante—. Anoche me dijo que no está todavía demasiado emocionada con la idea de casarse; con nadie —explicó—. Me dio la impresión de que tiene mucho miedo de que entre su padre y Harry la obliguen a casarse.

—Oh, no, eso es imposible. Harry nunca haría una cosa así. Vamos, si quisiera casarse podría elegir entre un montón de mujeres.

— ¿Quieres decir, ex amantes? —dijo Hermione sarcástica—. Harry es demasiado orgulloso para eso, Ginny. Él quiere a una mujer a la que pueda moldear y dominar; una chica inocente y virgen tanto física como mentalmente. Estoy segura de que, en su opinión, Cho sería una esposa magnífica. Es sólo una chiquilla y su padre es muy rico.

—Sé que tú y Harry no os lleváis muy bien, pero no le ves así realmente, ¿verdad? —Ginny parecía muy preocupada—. Sé que es voluntarioso y arrogante, pero...

—No hay pero, Ginny —le dijo Hermione aburrida—. Harry tiene la suficiente sangre fría como para decidir lo que quiere de la vida y salir a buscarlo. Si consigue lo que se propone no se para a pensar en detalles insignificantes como las emociones o los sentimientos.

Perpleja por lo que estaba oyendo, Ginny se levantó.

—Sólo había, venido a ver si estabas despierta; iré a prepararte una taza de té. ¿Seguro que te encuentras bien?

Hermione asintió y hundió la cabeza en la almohada; no estaba nada bien. A pesar de todo, nadie pudo librarla de la violenta realidad de ver a Harry otra vez. Siempre ocurría lo mismo, y cada vez era peor. Tembló al intentar olvidar el horrible recuerdo de encontrarse entre sus brazos, de apretarse con deseo a su cuerpo, de traicionarse ante él de la manera más humillante. «Por favor, Dios mío, que no sea cierto, que sólo sea un triste recuerdo producto de la imaginación». No podía, no quería soportar el tormento de que Harry supiera que la fría indiferencia hacia él no era más que una delicada barrera detrás de la cual ocultaba su amor.

Angely04 Gracias por tu comentario, que bueno que te guste :D