Disclaimer: Nada me pertenece. No lo hago con fines de lucro. Es una adaptación. Personajes: J. K. Rowling. Historia: Penny Jordan.

Capítulo 4

¿Qué diablos te ha pasado esta semana? —Se quejó Draco—. Has trabajado como una loca. —Es un repentino ataque de energía —contestó Hermione con la cabeza inclinada sobre los programas de trabajo que tenía encima de la mesa—. Ya sabes cómo es esto, la gente quiere sus contratos terminados para Navidad.

—Ya sé cómo es esto —asintió Draco—, pero nunca te había visto así. Estás demasiado nerviosa y empiezas a preocuparme. Necesitas relajarte, Hermione, si no... —movió la cabeza y la miró detenidamente—. Creo adivinar que tienes problemas con un hombre.

—No te metas en mis asuntos.

Él aceptó la respuesta y sonrió divertido.

— ¡Ah, tenía razón! Bienvenida al mundo, mi amor. Empezaba a pensar que no eras humana. ¿Quién es? ¿Le conozco?

—Si juntamos estos dos contratos, podríamos atender a los Black la semana...

—Ah, ya veo; así que no piensas decírmelo, ¿verdad? Mmm, entonces debe ser algo serio —miró la hora—. Espero que te acuerdes de la fiesta en casa de los Diggorys de esta noche. Les prometimos que iríamos.

Hermione frunció el ceño; lo había olvidado, aunque Draco tenía razón. Habían aceptado asistir a la fiesta de inauguración de la casa de una joven pareja que les había contratado para decorarla en Chelsea. Los dos se quedaron fascinados con el trabajo que hicieron Hermione y Draco y Hermione sabía que la velada podría conseguirles nuevos trabajos. De todas formas iba a sugerirle a Draco que fuera solo.

—Oh, no, olvídalo —le dijo él como si le hubiera leído el pensamiento—. Esto es negocio, mi amor, y los negocios son lo primero, ¿recuerdas? Fuiste tú quien lo dijo. Escucha —dijo ya en serio— tenemos que ir los dos, de lo contrario se ofenderán.

—Mmm, quieren presentarnos como su nuevo hallazgo.

Draco se encogió de hombros al oír el tono irónico de su voz. Luego la miró pensativo.

—Bien, así son los negocios amor, ya lo sabes. Y eso nunca te había molestado.

—Ya lo sé, y siento estar tan agresiva, pero es que me encuentro un poco cansada.

— ¿Y pretendes descansar trabajando? —dijo él irónico. Aunque estaba seguro de que había un hombre en su vida, no veía señales de ilusión en su cara; Al contrario, Hermione parecía agotada y tensa; incluso había adelgazado. Algo andaba mal, pero conocía a Hermione lo suficiente como para saber que no confiaría en él; ella no era sí.

Si se había enamorado de alguien, estaba claro que no le hacía feliz. Quizás era un hombre casado. No, ese no era el estilo de Hermione. De pronto, Draco se dio cuenta de lo poco que sabía de su vida privada a pesar de los años que llevaban trabajando juntos.

— ¿Quieres que te recoja esta noche? —sugirió—. Para que no tengas que conducir.

—Me harías un favor; confieso que no estoy de humor para enfrentarme al tráfico de Londres.

—Por algo somos socios —contestó sonriente—. ¿Qué tal a las siete y media? —Volvió a mirar la hora—. Escucha, son las cuatro y media. ¿Por qué no te vas a casa ahora y descansas un rato? Aquí ya no hay nada que hacer; hemos cumplido con el programa y...

—Iba a escribir a los Zabinis y a los Parkinsons para confirmar las fechas en que empezaremos sus trabajos.

—Yo lo haré —dijo Draco—. Tú vete a casa. El negocio podría resentirse si te presentas en casa de los Black con el aspecto que tienes ahora.

Draco tenía razón; los periodistas que formaban el mundo en que se movían los Black, se fijaban mucho en la imagen, y aunque la compañía iba muy bien, no podían permitirse el lujo de perder posibles negocios.

En vez de ir directamente al apartamento, se fue primero a la peluquería de Mayfair, donde se cortaba el pelo cada seis semanas.

Tuvo suerte y la atendieron enseguida. Cuando Hermione dijo que quería un cambio, su peluquero apretó los labios y estudió sus rasgos detenidamente.

—No demasiado corto —dijo-—, pero sí algo más juvenil, más libre.

Una hora después, cuando salió de la peluquería, empezó a dudar de lo que había hecho. Le habían cortado el pelo hasta los hombros, pero en la parte de arriba estaba muy corto y con un peinado que le daba un aspecto informal y juvenil. Cuando preguntó inquieta si no era demasiado juvenil para ella, el peluquero se rió y le dijo que el peinado anterior era demasiado serio.

Cuando decidió labrarse una carrera independiente para librarse de la humillación de aceptar un matrimonio con Harry sólo porque no podía hacer otra cosa, tuvo que madurar de prisa. Durante los primeros años del negocio no tuvo tiempo para divertirse; después de todo sólo tenía veinticuatro años, pensó mientras iba a su apartamento, así que, ¿por qué se sentía tan vieja? ¿Por qué notaba aquel cansancio y vacío? ¿Por qué no podía liberarse del ansia de estar con Harry? No se arrepentía de su decisión de no casarse con él, pero una parte de su ser no dejaba de recordarle que su vida habría sido muy diferente si no se hubiese enterado de los verdaderos motivos de Harry para casarse con ella. Pero se había enterado, insistió en silencio al entrar en el apartamento. Había descubierto la verdad y tomado la única decisión posible en aquellas circunstancias. Y al hacerlo salvó su honor, aunque destrozó su corazón.

Draco se presentó a las siete y media. Sus ojos se agrandaron con admiración al ver el peinado y el elegante traje que llevaba ella. La tela era de seda y se pegaba mucho al cuerpo.

— ¿Qué ha sido de la cansada jovencita que salió de la oficina?

— ¿Te gusta? —se tocó el pelo nerviosa.

—Te demostraría cuánto, pero llegaríamos tarde a la fiesta —contestó él con una divertida sonrisa.

Siempre habían sido buenos amigos, sin ninguna clase de insinuación. Cuando Hermione lo miró censurándolo, él levantó las manos y dijo:

—Está bien, de acuerdo, sé que soy el hermano que nunca tuviste, pero esta noche estás muy guapa y sensual; y seguro que no seré el único que piense así.

—Un peinado nuevo y un vestido elegante me convierten de pronto en una bomba sexual, ¿es eso lo que quieres decir? — preguntó secamente.

—No exactamente; digamos que siempre has tenido el potencial y que esta noche es la primera vez que te he visto resaltarlo. Últimamente te ha pasado algo; no sé qué o quién es, pero te diré algo: esta noche, cuando te pidan el número de teléfono, no será sólo porque quieren que les pintes las paredes.

—Tengo veinticuatro años, Draco, no dieciséis —contestó fría—, y soy capaz de defenderme sola.

—Eso es lo que tú te crees —comentó divertido, pero se calló al ver la severa mirada de Hermione.

Al abrirle la puerta del coche lanzó un pequeño suspiro. Hermione significaba mucho para él; cuando se conocieron hubo un tiempo en que él esperaba algo más de la relación, pero con los años empezó a considerarla como a una amiga y socia, olvidando su faceta de mujer. Pero esa noche, de forma inesperada, aquel antiguo deseo volvió a renacer en él, y sintió cierto resentimiento hacia ella por su indiferencia. Ella estaba fuera de su alcance, siempre lo había estado y siempre lo estaría, pero era obvio que alguien había conseguido conquistarla. ¿Quién sería?

Cuando llegaron la fiesta estaba en su apogeo y en cuanto Hermione vio lo elegantes que iban las otras invitadas, se dio cuenta de que su peluquero tenía razón. Las mujeres mucho mayores que ella llevaban peinados muy juveniles.

Sirius Black les había abierto la puerta y les había acompañado al bar.

—Os traeré algo de beber antes de presentaros a los demás. Aquí casi todos se conocen. ¡Elena! —Llamó a su mujer—, Hermione y Draco están aquí.

Elena Black interrumpió su charla para acercarse. Besó a Hermione con exageración en la mejilla y a Draco le dio un beso más cálido de lo normal.

Al ver que Draco respondía con entusiasmo, Hermione se preguntó si todos los hombres serían iguales: oportunistas y egoístas.

Sirius le dio una copa de champán y la separó de Draco para llevarla hacia el grupo que él acababa de dejar.

Las presentaciones fueron tan rápidas que Hermione sólo pudo entender dos o tres nombres; sonó el timbre y Sirius se alejó. La conversación estaba orientada a los medios de información y la estaba dejando aturdida. Bebió un sorbo de champán y se conformó con estar callada observando lo que iba pasando.

— ¿Estás preparada para irnos? —la voz de Draco que estaba a su lado fue una agradable interrupción al monólogo que había soportado hasta entonces. Su acompañante no había hecho más que criticar todo el tiempo al diseñador de interiores que había contratado para decorar su habitación.

—Gracias por rescatarme —le dijo a Draco mientras iban en busca de los anfitriones.

—Sí, empezaba a ver una expresión ausente en tu mirada — la rodeó con un brazo, protegiéndola, para que otro invitado pudiera pasar. En ese momento notó el cuerpo sólido y tibio de él, aunque el contacto de los dedos en su piel no la afectaba; pero si Harry la tocase así... ¿Por qué insistía siempre en pensar en él atormentándose? Hacía seis años había tomado una decisión y ya debería haberle olvidado.

Hasta que le vio en el bautizo creyó que lo había conseguido, y otra vez dudó el fin de semana en casa de su prima.

— ¿En qué piensas cuando miras de esa manera? —le preguntó Draco cuando salían.

Al verla negar con la cabeza se encogió de hombros.

—De acuerdo, guarda el secreto si quieres, pero no puedes engañarme, Hermione. Algo o alguien te preocupa.

Mientras iban hacia su casa, él habló de la velada y de la gente que había conocido. Cuando Draco paró el coche frente a su casa, Hermione notó que había otro coche aparcado a varios metros de allí.

—Mmm, muy bonito —comentó Draco al verlo—. Es un BMW nuevo.

En vez de bajarse del coche, se volvió un poco hacia ella; la cogió por sorpresa, la abrazó y la besó suavemente en los labios antes de que pudiera reaccionar.

Draco era un hombre atractivo, y Hermione notó que más de una mujer le había mirado con interés en la fiesta. Pero ella no sentía nada con su contacto; ni excitación, ni deseo... nada.

Cuando él vio que no reaccionaba, la soltó enseguida y frunció el ceño. Luego se miraron en silencio.

—No ha sido una buena idea —comentó con tristeza—. Supongo que debí imaginármelo.

—Por supuesto —confirmó Hermione secamente, y se preguntó por qué no podía olvidar a Harry. Draco era un hombre interesante y muy atractivo, un hombre que cualquier mujer querría como amante, pero no conseguía despertar sensaciones en ella; era como si una vez tocada por Harry este la hubiera hechizado impidiéndola disfrutar con cualquier otro hombre.

—Voy a entrar en casa —se bajó del coche y permitió que Draco la acompañara hasta la puerta.

—Seguimos siendo amigos, ¿verdad? —preguntó tímido.

—Amigos —accedió Hermione. Le dio un beso en la mejilla y abrió la puerta.

Al entrar y encender la luz, el espejo del recibidor le devolvió su imagen, y aquella visión la sobresaltó. Se tocó el pelo, ceñuda, y su imagen en el espejo fue desplazada por la clara figura de Harry acariciándola el pelo mientras hacían el amor. El horror de aquel recuerdo fue tremendo, y empezó a temblar como si reaccionara con febril ansiedad a la memoria de lo que sentía cuando él la tocaba.

Siempre que pensaba en el tiempo en que fueron amantes, se avergonzaba de su incapacidad para mantenerse indiferente a los recuerdos. Era una tonta; tenía que haber buscado enseguida un amante que ocupase el lugar de Harry, y de esa manera no estaría sufriendo tanto. El problema era que nadie podía compararse con él, nadie podía ofrecerle ni la décima parte del placer que él le había dado. Y ya era muy tarde. Creyó que se había sobrepuesto a la necesidad de sexo, que estaba libre del fuego del deseo; pero la verdad quedó clara el día del bautizo, cuando sólo con verle sintió la agonía de la necesidad.

Sonó el timbre y sin pensar, se volvió para abrir la puerta.

—Draco, ¿qué...? —Las palabras se le ahogaron en la garganta y miró boquiabierta al hombre que tenía frente a ella—. ¡Harry!

— ¿Así que recuerdas mi nombre? —Sonrió con ironía al entrar en la casa—. Hace tanto tiempo que no te oía pronunciarlo que empezaba a tener mis dudas.

— ¿Qué... qué haces aquí?

Observó cómo arqueaba las cejas y su corazón dio un vuelco al ver que la miraba con frialdad. Había estado tan absorta pensando en el pasado, que se había olvidado del presente.

—Cho —murmuró contestando a su propia pregunta.

—Exactamente —Harry cerró la puerta y ella fue a la salita consciente de que la seguía.

—Has tenido suerte de encontrarme —comentó mientras intentaba recuperarse de la sorpresa—. He estado fuera toda la noche.

—Ya lo sé —contestó seco, pero en su tono había algo más. Probablemente sería rabia; a Harry nunca le había gustado esperar por nadie—. Te vi llegar. No es muy apasionado, ¿verdad?

Hermione se volvió y sus ojos se agrandaron por la implicación de su tono. Él pensaba que Draco era su amante. ¿Y qué?

—Ya no somos unos niños, Harry —dijo con frivolidad, irritada por su tono y tratando de defenderse—. Cuando Draco y yo nos apasionamos no lo hacemos en el asiento delantero de un coche.

—Tal vez no; pero no ha entrado contigo. No va a pasar la noche aquí.

—Quizás sea mejor así —contestó Hermione cortante—. ¿Para qué has venido esta noche, Harry? —preguntó—. No puedes culparme de que Cho no quiera casarse contigo —levantó la cabeza y le miró con desdén—. No es una tonta, ¿sabes?; sabía que no la querías, que sólo la estabas utilizando. Como hiciste una vez conmigo.

Harry avanzó hacia ella con la expresión deformada de rabia. Hermione no pudo retroceder por la impresión, y él la cogió con fuerza de los brazos.

—No me provoques demasiado, Hermione —la amenazó ronco—. A veces, tú...

Aquella rabia de Harry la excitó de una forma increíble, y trató de calmar las sensaciones que salían de su cuerpo.

—Deja de provocarme —susurró. La sacudió con suavidad cuando ella abrió la boca para negar su acusación—. Oh, sí, eso es lo que haces, y lo sabes muy bien, maldita. Un día de estos vas a provocarme más de lo debido y no sabrás qué hacer. ¿Gritarás diciendo que te están violando? —preguntó con un tono brutal y la vio palidecer—. No sería una violación, ¿verdad Hermione? Me deseas, no importa cuánto te disguste reconocerlo. Podría llevarte ahora mismo a tu habitación y hacerte el amor, y sabes muy bien que...

—No.

Su voz sonó aguda y cortante, tenía las mejillas encendidas y estaba llena de rabia. ¿Cómo sabía el poder que tenía sobre ella?

— ¿Qué te dijo Cho?

Su repentino cambio de tema la sobresaltó. Cho... Era para lo que había ido a verla.

—Que la presionabas para que se casara contigo —contestó sin emoción. De pronto él la soltó y ella se frotó los doloridos brazos. Luego la miró atentamente—. Que entre su padre y tú la estabais poniendo en una situación en la cual no tenía otra alternativa que casarse contigo.

— ¿Su padre?

Hermione empezó a sentir que pisaba terreno firme.

—Oh, vamos —comentó irónica—. No me digas que no sabías que el padre de Cho quería que te casaras con ella.

—Me hizo algunas insinuaciones —aceptó Harry indiferente.

—Y de pronto te diste cuenta de que era la ocasión perfecta para darle un nieto a James y asegurar tu herencia.

— ¿Es eso lo que piensas? Cho es una chica muy atractiva. Tal vez sólo la deseara por eso.

Hermione sintió un intenso dolor al oír aquello, pero consiguió dominarse.

—Eso pensaba Cho —contestó cortante—. Estaba segura de que no sentías nada por ella...

—Y vino corriendo a ti —sonrió con sarcasmo—. ¡Cómo te habrá gustado eso, Hermione! Me pregunto si le dijiste cuáles eran tus motivos para disuadirla.

—No le dije nada —contestó—. Y tampoco la disuadí, como dices.

—No, pero apuesto a que tampoco le diste buenas referencias sobre mí, ¿o sí? —Preguntó con suavidad—. Eres una mujer muy astuta, Hermione; incluso has conseguido dominar a su padre. Me dijo que Cho es demasiado joven para pensar en casarse; es la segunda vez que me privas de una novia, Hermione — había un brillo en su mirada que la inquietaba.

—Te podías haber casado si hubieras querido —contestó angustiada—. Con alguien como Romilda.

—Creo que no; Romilda no habría sido una buena esposa.

—Porque no pudiste dominarla como a una adolescente inexperta, ¿no es eso? Tienes un problema muy grande con tu «ego», Harry —añadió desdeñosa—. Piénsalo bien; ningún hombre de verdad necesita demostrar su hombría dominando a una niña.

—Cuidado Hermione —su voz era serena y fría, pero ella pudo percibir cierta ira en su tono. Sintió un enorme placer al ver que por fin había roto su coraza de arrogante seguridad.

—No me amenaces, Harry —dijo con desprecio—. Ya no tengo dieciocho años.

—Eso parece. ¿Es muy seria tu relación con...?

— ¿Draco? —dijo ella con un tono dulzón—. ¿Qué pasa, Harry? — De pronto sintió deseos de vengarse por todo lo que la había hecho; sin embargo, al mismo tiempo, deseaba borrar el pasado y el dolor para convertirse de nuevo en la chica que ella pensó que él quería—. ¿Tienes miedo de que sea yo la primera en darle un nieto a James?

La cara de Harry se contrajo en una expresión de rabia y se hizo un tenso silencio. Lo que en principio había sido sólo un medio para provocarle, se estaba convirtiendo en una poderosa arma que tenía miedo de dejar.

—Vas a casarte con él —le costó pronunciar aquellas palabras.

— ¿Hay alguna ley que me lo prohíba?

Tanta frivolidad era una locura, pero no podía contenerse.

— ¿Quieres quedarte con todo, verdad Hermione? Preguntó tenso—. Pero yo no voy a permitirlo.

— ¿Por qué te enfurezco tanto?

Harry se acercó y ella bajó la mirada de manera instintiva, pero él la sujetó con fuerza la barbilla y la obligó a levantar la cabeza para mirarle a los ojos.

—Todos piensan que eres una dama muy elegante y controlada, ¿verdad? —se burló tranquilamente—. Deberían verte ahora o, mejor aún, justo después de hacer el amor.

— ¿Amor? ¿No querrás decir sexo? —dijo Hermione desesperada por escapar de aquel control. Cada fibra de su cuerpo era consciente de la presencia de él. Aquella discusión la estaba excitando peligrosamente.

—Llámalo como quieras —dijo Harry secamente—. No importa la palabra que uses, la realidad es la misma. ¿Sigues sintiendo el mismo placer que cuando lo hacías conmigo? —dijo con un susurro sin dejar de mirarla.

No podía respirar, todo su cuerpo estaba en tensión y no conseguía moverse.

Harry la estudiaba, esperaba un error suyo. Intentó relajarse y buscó una respuesta maliciosa.

— ¿Quieres decir que todavía te acuerdas? —Preguntó al fin—. Me sorprendes, creí que lo habías olvidado hacía tiempo, que lo habían enterrado las otras.

—Eres demasiado modesta —sonrió con ironía—. Demasiado modesta —la miró el cuerpo detenidamente y Hermione no pudo evitar que sus pezones se pusieran duros bajo aquella mirada.

—Quiero que te marches, Harry.

—No me extraña —sonrió con crueldad pero la soltó—. Muy bien, me iré, pero no olvides que los planes de Navidad ya están hechos.

— ¡Navidad! —se apartó de él abriendo mucho los ojos—. No puedo ir contigo ahora.

— ¿Porque no va a venir Cho? No seas ridícula. ¿O es que quieres llevar a casa a tu novio para que los padres te den su aprobación?

— ¿A Draco? ¡Claro que no! —enseguida se dio cuenta de que acababa de cometer un error. Harry le había ofrecido la excusa perfecta para no viajar con él, y la había desperdiciado.

Harry la miró triunfal, y ella se dio cuenta de que la tenía atrapada.

—Y por supuesto, nunca pensarías en desilusionar a tu madre y a James, ¿o sí? —la provocó—. Están deseando tenerte en casa, Hermione. Por su bien, debemos intentar aparentar que estamos unidos, ¿no te parece?

Abrió la boca para decirle lo que pensaba y la volvió a cerrar. ¿Cómo había sido tan tonta para permitir que le tendiera aquella trampa? Ahora tendría que ir con él.

— ¿Sabes?, a veces me olvido de que ya no tienes dieciocho años —le dijo con suavidad al separarse de ella.

—Te acompañaré a la puerta —le dijo Hermione cortante.

Él la siguió y se paró un momento antes de que ella abriera la puerta.

—Sólo algo más.

—¿Qué?

—Esto —la abrazó antes de que pudiera reaccionar; la atrapó contra el calor de su cuerpo de forma que cualquier movimiento hubiera servido para aumentar más el contacto con él. Mientras tanto empezó a besarla con pasión.

Hermione intentó no responder, se negaba a ceder ante los sentidos, ante la embriagadora pasión de su sangre. No quería dejarse llevar.

Hacía seis años que habían estado así por última vez. Seis años y, sin embargo, su cuerpo recordaba la sensación y el sabor de Harry como si sólo hubiese pasado un día.

Finalmente se abandonó al placer y se relajó. En ese momento él la soltó y se separó de ella.

Al principio, Hermione se sintió rechazada, pero luego, al verle sonreír y tan seguro de su poder, empezó a invadirle la rabia.

—O él es un pésimo amante, o mi actuación es mucho mejor de lo que creía —se burló con un susurro—. Si no fuera porque tengo que irme por un asunto importante, me quedaría a averiguarlo.

Estuvo a punto de pegarle, pero Harry la sujetó y le dijo en tono amenazador:

—No lo hagas; no te gustaría mi reacción. Ódiame cuanto quieras —dijo al salir—, pero no puedes negar que sexualmente todavía te excito.

Hermione cerró la puerta de golpe y luego se apoyó en la madera mientras intentaba tranquilizarse. No tenía que haberle demostrado tantas cosas. ¿Cómo había podido ser tan estúpida? Debió haberse imaginado lo que iba a pasar. Era evidente que él estaba furioso, rabioso porque Cho le había dejado, y que había ido a verla decidido a vengarse de ella. Y tenía que admitir que lo había conseguido.

HGHP95 Gracias por pasarte a comentar :D