Disclaimer: Nada me pertenece. No lo hago con fines de lucro. Es una adaptación. Personajes: J. K. Rowling. Historia: Penny Jordan.
Capítulo 8
¿Más champán? Hermione ya había tomado dos copas, así que dominó el impulso de aceptar otra, sacudió la cabeza y dejó de juguetear con el dulce de chocolate.
Casi no tocó la cena... de hecho, no había comido casi nada en todo el día. A pesar de que había bebido con moderación, empezó a sentirse mareada. Lo más fácil, en parte, habría sido dejar que Harry le sirviera champán hasta dejarla indiferente a todo, excepto al placer del sexo, pero no quería que fuese así. El orgullo, el mismo orgullo que la obligó a abandonarlo la primera vez, se negaba a que actuase con la excusa del alcohol.
Se levantó con dificultad, y se puso tensa cuando Harry la ayudó retirándola la silla. James era un hombre anticuado que seguía teniendo pequeños detalles con las mujeres, y aunque dudaba de que Harry fuese tan caballeroso como su padre, sus modales eran impecables.
—Estoy cansada, creo que me voy a acostar.
Le costó mucho decir aquello, y procuró en todo momento no mirar a su marido a la cara. Cuando Harry se apartó para dejarla pasar, el fuego de la chimenea hizo brillar los gemelos, y Hermione tuvo que dominar un estremecimiento. Sabía que se los había puesto a propósito, pero, ¿por qué?
Subió la escalera sin volverse, pero fue consciente de que Harry seguía quieto en el piso de abajo, lleno de tensión. Sin duda disfrutaba con todo eso, pensó, pero no disfrutaría de nada más.
Si la tocaba. Si... ¿No sería mejor decir cuándo? ¿Y qué haría? ¿Luchar contra él? Harry era mucho más fuerte que ella. ¿Podría quedarse inmóvil debajo de él? Deseaba poder hacerlo.
No mintió cuando dijo que estaba cansada; la tensión de la boda, los traumas emocionales que había pasado las últimas semanas, el hecho de que casi no había probado bocado en los tres últimos días, todo eso la dejó sin energías.
En ese momento, el simple acto de moverse le suponía un gran esfuerzo. Le dolía el cuerpo del viaje y del recorrido en taxi hasta el hotel. Lo que quería era un baño caliente y meterse en la cama.
Recogió su camisón y las cosas de aseo y entró en el cuarto de baño. Se alegró al ver que, además del jacuzzi, había una bañera normal.
La puerta del baño no tenía cerrojo... estaba claro que era algo innecesario en una casa con una sola habitación.
¿Qué le estaba pasando? se preguntó mientras dejaba correr el agua y se desvestía. Harry no la interrumpiría. No, era demasiado sutil para hacer eso. Y además, sospechaba que disfrutaba mucho atormentándola.
Todo aquello era absurdo; cuando se enteró de que pretendía casarse con ella, lo que más temió fue el aspecto emocional de la relación. Después de todo, habían sido amantes y ya conocía su cuerpo. Era ridículo que estuviera tan nerviosa y perturbada, incluso más que cuando tenía dieciocho años y era una adolescente inexperta. La diferencia era que entonces había creído tener el amor de Harry; se había sentido segura y protegida, mientras que ahora... Se sentía indefensa y amenazada.
Había un frasco de sales de baño, y echó un poco en el agua. El delicado aroma que flotaba en el vapor era como una caricia para su piel. Suspiró y se relajó en la bañera; era delicioso, se habría quedado allí para siempre. Cerró los ojos y los abrió de pronto al oír que la puerta del dormitorio se abría.
Salió de la bañera disparada y se secó de prisa con una gruesa toalla; tenía el corazón a cien, pero la puerta del baño siguió cerrada.
Se puso el camisón de satén, recogió la ropa sucia y miró la puerta del baño; luego se encogió de hombros, abatida y se dispuso a salir. No podía quedarse allí toda la noche.
Harry estaba sentado frente a la chimenea, leyendo absorto un periódico. Cuando oyó la puerta del baño se volvió y la observó detenidamente. Sin duda estaría pensando que un camisón de satén azul oscuro era poco adecuado para una novia, pensó ella; pero si creía que iba a cubrirse de encajes y sedas... Harry se había quitado la chaqueta que llevaba durante la cena, y también se había soltado algunos botones de la camisa. Al mirarle, Hermione se dio cuenta de lo alto que era cuando ella no llevaba tacones. Su marido la estaba mirando de una forma bastante extraña, con una expresión casi ceñuda.
—Pareces una adolescente con esa cosa.
La provocación de su tono la enfureció; para meterse en la cama tenía que pasar a su lado, y lo hizo con paso decidido, mientras le contestó con frialdad.
—Pero no lo soy, ¿verdad?
Él sonrió y la dejó pasar, pero la sensación de sus ojos verdes mirándole la espalda la hizo estremecerse. Harry alargó una mano, la cogió por la muñeca y la obligó a volverse a mirarle. Aquel movimiento hizo que los gemelos volvieran a brillar, y la expresión de Hermione provocó la sonrisa de él.
—Aún no te he dado las gracias como es debido, ¿verdad?
Hermione se puso muy nerviosa; aunque no había dicho nada concreto, ella sabía muy bien a qué se refería.
—Ya te lo dije... es mi manera de pagar.
Hizo un esfuerzo y le miró a los ojos, pero su expresión de rabia la hizo palidecer.
—Eres demasiado generosa. Tan generosa que estoy en deuda contigo. Y las deudas, hay que pagarlas, ¿no te parece?
Quiso hablar, pero tenía un nudo en la garganta. Sin soltarle la muñeca, con la mano libre, Harry se quitó los gemelos. Y luego, sin dejar de mirarla, los puso en una mesita.
—Mírame.
Hermione, apartó la mirada de los gemelos y miró a su marido.
—Así está mejor —la sonrisa de Harry la hizo temblar, pero se mantuvo rígida intentando dominarse. No tenía que haberle regalado esos gemelos; debió pensar antes que nunca dejaría de echarle en cara el insulto que suponían para él. Sin que ella pudiera evitarlo, Harry la cogió con fuerza por los brazos desnudos. Al percibir el calor de su cuerpo, intentó apartarse y arqueó la espalda para evitar rozarle.
Quería llorar, suplicarle que no le hiciera eso, que no destruyese sus recuerdos. Sabía que sólo tenía que abrir la boca para detenerlo. Pero su terrible orgullo la hizo callarse una vez más. Harry quería someterla y humillarla, quería verla llorar y suplicar. Quería huir, pero sabía que aunque la soltara, no podría moverse. Por encima de la lógica y la realidad, primaba su deseo de estar entre sus brazos aunque sólo fuera una vez más.
Esa certeza la sobresaltó y su mirada se volvió sombría. Él le apretó los brazos con fuerza como si hubiera adivinado su pensamiento.
Él bajó la cabeza, y Hermione supo que iba a besarla. En ese momento la abandonó todo su valor. Arqueó el cuello, apartó la cabeza, y tembló al sentir su brazo rodeándole la cintura. Con el otro brazo le sujetaba la espalda hundiéndole los dedos con fuerza. Hermione contuvo el aliento cuando sintió el delicado contacto de los labios en su cuello, y sus sentidos se alteraron por el efecto de esa caricia. Tembló ante las sensaciones tan fuertes que sentía.
— ¡Suéltame, Harry!
Sus palabras fueron como un ronco gemido; le dolía la gar¬ganta por la tensión de los músculos contraídos.
—Hablas mucho, pero nada de lo que dices tiene sentido — se burló hablándole muy cerca de la oreja—. Tu cuerpo te pide que sea tu amante.
— ¡No! —gritó Hermione.
Lo único que consiguió con aquella negativa fue que Harry se pusiera más furioso todavía.
—Sí —replicó él. Empezó a acariciarle todo el cuerpo; primero los pechos, luego la cintura y las caderas... para terminar jugando con uno de sus pezones. Hermione se excitó, y aquella fue su perdición.
— ¡Basta, Harry!
—No —su áspera negativa la sobresaltó. Le miró con los ojos muy abiertos mientras sus sentidos registraban el sonido profundo y ronco de su voz. Tuvo que rendirse totalmente cuando Harry empezó a acariciarla de nuevo.
Eso era lo que quería en realidad, lo que había añorado todo ese tiempo; la pasión desenfrenada, la enloquecedora sensación de desear y ser deseada. En ese momento, Harry empezó a besarla con ardor borrando todo su amargo pasado. Hermione le rodeó el cuello con los brazos, y se dejó llevar. Harry empezó a besarla con tanta dulzura que ella supo que la estaba pidiendo una entrega total.
Perdió la noción del tiempo y el sentido de la realidad mientras él la estrechaba con fuerza contra su pecho. Cuando bajó las manos hasta sus caderas, Hermione notó la excitación de su marido y tembló ansiosa.
Harry parecía jugar con ella, reconoció aturdida cuando él empezó a besarla con delicadeza por el escote del camisón.
Soportó aquel tormento todo el tiempo que pudo. El nombre de su marido escapó de su garganta con un largo y profundo gemido de necesidad, y su cuerpo tembló como respuesta a la hábil seducción de aquella boca y aquellas manos. Harry la acarició sobre el camisón, y ella sintió de pronto deseos de que se lo quitara. El fuego de la chimenea les iluminaba; la mirada de Harry mientras la acariciaba la hizo retroceder en el tiempo.
— ¡Hermione!
Tembló al notar la necesidad en la ronca voz de él. Reprimió un grito de placer cuando él la acarició toda la piel hasta llegar a los pechos. Atormentada por la necesidad que acababa de estallar en su interior, se arqueó bajo aquellas caricias y se dejó llevar con una atrevida mezcla de desafío y súplica. Él lanzó un ronco gemido, y ella notó el calor de su piel cuando la cogió en brazos para llevarla hasta una silla donde la sentó en su regazo.
Habían estado así en otra ocasión, aunque entonces ella no estaba desnuda como lo estaba en ese momento. Habían coincidido en la biblioteca de la casa; Harry le había desabrochado la blusa... con dedos temblorosos, como lo hacía en ese momento...
Hermione gimió de placer cuando sintió una tímida caricia de la lengua de él contra su tersa piel. Pero, con el tormento de los recuerdos pasados, eso no era suficiente.
Harry la cogió un pecho con fuerza y, con los labios, empezó a chuparle el pezón, a tirar de él, a morderlo con un ritmo frenético que la hizo gritar de angustia.
En el pasado habían sentido pasión, pero nunca habían alcanzado ese grado delirante, febril. La necesidad que Harry tenía de ella tal vez no tuviese relación con el amor, pero era real, reconoció. En ese momento empezó a deslizarse de la misma manera como él lo hacía.
Harry empezó a jugar con su otro pecho, y Hermione tiró impaciente del broche de sus pantalones. Luego empezó a acariciarle el vientre.
—Por Dios, Hermione... —la voz de Harry temblaba y su pecho se movía agitado mientras luchaba por contenerse. Sujetó la mano de su mujer antes de que siguiera bajando—. Antes he podido contenerme, pero ahora... —le vio mover la cabeza; el fuego iluminaba el rubor de su cara—. ¡Me tienes tan excitado e impaciente como un chiquillo!
Aquellas palabras sonaron casi como un gruñido, y cuando ella movió la mano y arañó con delicadeza la piel cubierta de vello negro, el pecho de Harry se agrandó y suspiró profundamente. El cuerpo de Hermione tembló por la necesidad que él despertaba en ella y se movió un poco para acomodarse y tocarle mejor.
—Hermione —su voz sonó apagada porque hundió la cabeza entre sus pechos; su creciente y dolorosa tensión se hizo inconfundible. Eso brindó a Hermione una sensación de poder y libertad. Le siguió provocando con sutileza, saboreó el sudor salado que salía de su piel y dejó que su lengua se deslizara, provocativa, por uno de sus hombros.
De pronto se encontró tumbada sobre una alfombra frente a la chimenea, con Harry arqueado sobre ella mientras se quitaba el resto de la ropa. Su cuerpo era igual a como ella lo recordaba, muy masculino; pero la expresión de sus ojos era distinta. Antes, él siempre había tenido un cierto control, pero en ese momento ese control había desaparecido. Sus ojos lanzaban ardientes destellos y Hermione tembló al imaginar la tan deseada entrega. Lo que estaba pasando era algo que iba más allá de la razón y la lógica, algo elemental. Podría decirse incluso que era algo predestinado. Ya no quería resistirse; de hecho, dejó de hacerlo casi desde el primer momento en que él la tocó. Y no se sentía humillada al besarle y acariciarle todo el cuerpo con pasión.
La piel sudada y morena de Harry contrastaba con la pálida piel de ella. Él cogió sus manos y la obligó a sujetarle las caderas.
—No sigas, Hermione —le pidió angustiado por la excitación. Luego la besó en la boca y la apretó con su cuerpo contra el suelo—. ¿Cuántos hombres te han visto así? —Preguntó de repente al dejar de besarla—. ¿Te han tocado así, o así? —la había convertido en un montón de fuego, la sangre ardía en sus venas, sentía que sus huesos se derretían y un intenso dolor la recorría. Quería olvidarse de todo para entregarse a él con ansiedad.
Arrodillado sobre ella, Harry parecía un loco a la luz del fuego.
— ¿Cuántos, Hermione? ¿Cuántos te han hecho sentir lo mismo que yo?
La tocó en su parte más íntima, provocando una respuesta que la hizo estremecerse. Hermione cerró los ojos; no quería decir nada para concentrarse sólo en las sensaciones, pero las caricias, antes tan suaves, se convirtieron en una sensación casi insoportable.
Cuando abrió los ojos vio que la estaba mirando atentamente; estaba exigiendo, en silencio, una confesión, que dijese que sólo él podía nacerle eso, y se dio cuenta de que sus palabras eran casi una necesidad para él. La sorprendía que alguien tan arrogante y fuerte como su marido pudiese parecer tan vulnerable a veces. Sin pensarlo, le acarició la cara y le dijo con voz dulce:
—Nadie me hace disfrutar como tú lo haces, Harry; nadie.
Harry tembló ante aquella confesión. Se movió entre sus muslos, la levantó por las caderas y la sostuvo mientras susurraba:
—Y nadie me hace disfrutar como tú, Hermione.
Era lo último que esperaba oír de él, y el placer que sintió por ello quedó sepultado por la fuerte sensación que le provocó el lento movimiento de su cuerpo al entrar en ella. Los dedos de Harry se enredaron en su pelo y tiraron de él mientras la besaba con ardor. Hermione levantó las caderas para retenerle y enlazó sus piernas con las de él.
—Te deseo... te deseo...
Aquellas palabras fueron como un bálsamo para los oídos de Hermione. Al mismo tiempo, Harry la estaba haciendo el amor con el impulso de un delirante deseo.
Hermione sintió un momento de dolor cuando su carne, no acostumbrada a aquellos placeres, tuvo que ceder a la penetración. Pero la necesidad que tenía de él era tan intensa que no podía retrasarla por más tiempo. Su cuerpo imitó y compartió el apasionado ritmo del de él, para estallar al fin en una serie de espasmos que les hizo llegar más allá de los límites de la experiencia a un lugar donde no existía nada, excepto ellos dos.
Totalmente agotada, Hermione se dio cuenta de que Harry la llevaba a la cama. Sintió el tacto de la suave colcha, aunque eso debió ser sólo una ilusión. En cualquier caso, estaba muy cansada y satisfecha como para averiguarlo. Se acababa de entregar a Harry con amor y había compartido con él la experiencia más profunda que existía. Él quiso saber si había sentido algo así con otro hombre, y eso debía significar algo.
Por la noche, en algún momento, soñó que le perdía, y el dolor de esa pérdida la hizo gritar su nombre angustiada antes de despertarse. Estaba sola en la enorme cama y se puso a temblar.
— ¿Hermione, te encuentras bien?
Harry estaba junto al fuego añadiendo más leños.
—Yo... — ¿por qué diablos no podía dejar de mirar su cuerpo desnudo? Se humedeció los labios con la lengua y empezó a pensar—. He tenido una pesadilla —no iba a decirle cuál fue. Le vio volver a la cama para acostarse a su lado; y cuando la abrazó con fuerza su corazón dio un vuelco de sorpresa.
—Intenta dormirte otra vez —la tocó como alguien que quisiera tranquilizar a una niña. Sintió su aliento cálido en su piel mientras la hacía apoyar la cabeza en su hombro. Hermione sintió deseos de apartarse, y a la vez de quedarse así, absorta en la deliciosa sensación de estar con él. El cansancio volvió a invadirla y se durmió profundamente.
Pero la pesadilla no desapareció, y cuando volvió a gritar su nombre, el sonido de su voz se apagó contra la piel de Harry. Había sido un gemido de angustia y desesperación; la sensación de la carne en sus labios la despertó por completo.
Al principio creyó que dormía, pero entonces Harry dijo:
— ¿Hermione, qué ocurre?
¿Cómo iba a decirle que lloraba en sueños porque temía perderlo? La desesperación la asaltó. Después de unas horas en sus brazos, volvía a ser la adolescente de dieciocho años, vulnerable y atrapada en un amor que él no quería.
Se le saltaron las lágrimas hasta caer sobre la piel de él. Harry se movió, la sujetó la barbilla y la miró a los ojos.
— ¿Es por mí?
De pronto parecía tan humilde que Hermione le miró en silencio.
—No tiene por qué ser un mal matrimonio, Hermione — susurró—. Creo que esta noche ha quedado claro. Todavía nos deseamos —frunció el ceño, como si de pronto hubiese recordado algo—. Te pusiste tensa y gritaste cuando te hice el amor; esa fue una reacción extraña para una mujer experimentada como tú. Fue casi como la primera vez que hicimos el amor —añadió pensativo—, cuando todavía eras virgen —hizo una pausa y la observó un momento—. ¿Cuántos hombres has conocido después de mí, Hermione?
Volvió la cabeza desesperada y con el corazón a cien. Quizás había adivinado que él había sido el único. Angustiada, buscó alguna forma de defenderse.
— ¿Cuántos, Hermione?
—No me acuerdo.
—Mientes. No ha habido otros, ¿verdad?
Su perspicacia la dejó atónita por un momento, y la expresión de sus ojos hizo que se estremeciera. Él la compadecía, la tenía lástima.
—De acuerdo, no ha habido otros —reconoció furiosa—; pero no dejes que eso te hinche el «ego». No fue porque no soportara la idea de que otro te reemplazara. Fue porque no podía soportar la idea de que otro hombre me engañara como lo hiciste tú. Tú me quitaste las ganas de todo.
Hubo otro largo silencio y la tensión creció entre ellos. Luego él dijo despacio:
—Entonces tendrás que conformarte con lo que pueda darte, ¿o no?
En ese momento quiso abrazarla y ella se resistió, pero fue inútil. La sometió con sus besos y caricias. No necesitaba usar la fuerza con ella, ya que dominaba sus deseos.
La suavidad de sus besos y caricias, le provocó una deliciosa sensación de languidez; la lengua de Harry rozó sus pezones y una oleada de placer la recorrió. Su carne se volvió muy sensible y la oleada de placer se convirtió en una tormenta cuando los labios de Harry bajaron con delicadeza por su vientre. De pronto sintió que ardía; su piel la quemaba y estaba humedecida por un ligero sudor. La languidez desapareció y un fuerte deseo la hizo moverse con ansiedad bajo el contacto de Harry.
Él lanzó un ronco gemido de satisfacción; acarició con los dedos el vello sedoso que separaba sus muslos y ella tembló; los músculos de su vientre se contrajeron en un espasmo de deseo.
Quería tocarlo, pero no podía. El brillo de la piel de Harry estaba acentuado por el reflejo del fuego. Hermione se sintió presa de una instintiva necesidad, y sintió que aquel placer no tenía límite. Quería decirle lo que sentía, pero no podía articular palabra, Una parte de ella seguía teniendo las inhibiciones que tenía antes de que él le hiciera el amor; era una sensación extraña, algo que nunca había sentido con él. Pero antes era joven e inexperta; se dejaba guiar ciegamente por él. Ahora su carne tenía exigencias propias.
Quería que volviera a su lado, que la cogiera en sus brazos y llenara su cuerpo de placer, pero en vez de eso, Harry se quedó arrodillado en el pie de la cama, con una mano aferrada a su pie, mientras el pulgar le acariciaba los dedos. Hermione tembló sin querer y encogió los dedos; el cuerpo de Harry tapó la luz del fuego y su expresión quedó oculta.
Harry se había quedado muy complacido con la confesión de Hermione de que no había tenido otros amantes, pero lo que no le gustó tanto fue que le dijera que le había quitado las ganas de todo. De todo menos de él, reconoció ella en silencio.
Harry la acarició la rodilla con la lengua y los músculos de Hermione se contrajeron. En ese momento sintió la necesidad de aspirar profundamente mientras él acariciaba el interior de su muslo. Sintió que se quemaba por dentro.
Sin poderse contener, emitió un débil gemido que pudo ser de placer o de angustia. Quería que Harry se parara, que luego continuara. Él la había acariciado así otras veces, pero siempre mientras ella también lo hacía.
Harry empezó a tocarle el vientre para sentir sus contracciones. Hermione estaba fuera de sí y movía la cabeza con ansiedad. Gimió el nombre de su marido y éste le dijo:
—Dime que me deseas.
La voz de Harry sonto muy dura y tensa, lo cual hizo notar a Hermione que él también estaba muy excitado. La mano que seguía en su vientre se puso rígida. Por un momento se sintió tentada a negarlo, pero, por una vez, la pasión fue más fuerte que el orgullo. Daba igual lo que dijera, porque su cuerpo la había delatado.
—Te deseo.
Aquellas palabras parecieron arrancadas de un sitio oculto en su interior. La dolió tanto reconocerlo que se la saltaron las lágrimas. Volvió a la realidad y una profunda depresión desplazó al deseo. Tembló y sintió asco de sí misma y de Harry. Quiso apartarse de él, pero Harry la apresó con fuerza contra la cama y murmuró:
—Pero no me deseas tanto como yo a ti.
Luego su lengua se movió despacio por la sensible piel, para acariciarla con mucho cuidado. Hermione se quedó sin aliento y abrió la boca para recuperarlo. Su intento de protestar quedó ahogado por el sollozo de placer que escapó de su garganta.
Quería que se parara; quería escapar del calor que la envolvía; evadir el ritmo palpitante que emitía a su carne, la boca de Harry. Pero, sobre todo, quería que siguiese provocando el fuerte deseo que la envolvía.
Movió las caderas y se retorció entre las manos de Harry. Los intensos gemidos de placer que escapaban de sus labios eran tan nuevos para ella como la intimidad de las caricias de su marido.
Levantó el cuerpo lo arqueó anhelante hacia el de Harry. De pronto quedaron envueltos bajo un ritmo trepidante y pareció que el mundo iba a estallar en oleadas de placer.
Tenía el cuerpo debilitado, relajado por completo, la piel húmeda y la mente aturdida todavía por la excitación; Harry se movió y ella sintió el áspero contacto de su lengua en el vientre. Parecía como si un gato gigante la estuviera lamiendo, pensó cansada, sintiendo que su piel se ponía tibia y relajada. Él lanzó un gruñido; algo parecido a un ronroneo; un sensual y masculino sonido de satisfacción y placer. Hermione se dio cuenta de que Harry había disfrutado tanto como ella. Le gustó la sensación de su cuerpo abandonado a él; la lengua acarició su piel y las manos se deslizaron con firmeza por su cuerpo.
Harry le acarició los pechos despacio, absorto en su deliciosa tarea hasta que, de manera increíble, Hermione sintió que el deseo volvía a crecer en su interior.
Como si fuese eso lo que esperaba, Harry la besó el cuello con pasión. El cuerpo de Hermione, sensible a cualquier contacto con él, se movió como invitándole a actuar. Al mismo tiempo empezó a besarle en el hombro saboreando cada centímetro de su piel.
Él lanzó un gemido de placer y levantó la cabeza para mirarla a los ojos. El mundo se detuvo un momento, mientras él se movía despacio contra ella sin dejar de mirarla.
Hermione se sorprendió al notar que estaba húmeda y ansiosa por hacer el amor de nuevo. Su carne se aferró, caliente, a la de él, como si estuviese obsesionada con la necesidad de que la llenase.
—Siempre nos pasa lo mismo —murmuró ronco—. Y esta vez no permitiré que nada lo estropee.
Su cuello se movió y Hermione notó su tensión, el enorme control que estaba ejerciendo sobre sus sentidos. Ella empezó a excitarlo con sus besos y movimientos. Harry perdió el control y la besó con violencia. Mordió sus labios y empezó a moverse siguiendo el ritmo de ella. Siguieron así hasta que Harry susurró enloquecido el nombre de ella. Luego llegaron juntos al límite de la pasión.
Hermione tardó varios segundos en darse cuenta de que el extraño sonido que estaba oyendo era la agitada respiración de Harry.
Su enorme peso la aplastaba, la dejaba sin aliento, pero no quería que se levantase. Sólo quería abrazarlo con fuerza y estrecharlo contra sí para siempre, y no sólo porque su cuerpo le daba placer, un placer que casi le daba miedo, reconoció en silencio.
Harry se movió y estuvo a punto de decir algo, pero ella se lo impidió. Luego él buscó la colcha y tapó sus cuerpos; la abrazó y la hizo poner la cara en su cuello. Ella le mordisqueó con delicadeza disfrutando de su sabor.
— ¿Sabes cuánto tiempo hace que nadie me ponía así? —sus palabras roncas hicieron que Hermione se pusiera tensa; no quería que la comparase con otras, que la alabara por su comportamiento en la cama. Se apartó de él y se tumbó de lado dándole la espalda.
— ¿Hermione?
Le acarició la nuca; ella se puso rígida y se apartó más.
—Estoy cansada y quiero dormir. Ya has demostrado lo que querías demostrar, Harry —añadió con acritud—, pero no tengo por qué escuchar cómo te burlas de mí.
Notó cómo él se volvía. Había conseguido vengarse, pero eso no le proporcionó la satisfacción que esperaba; al contrario, deseaba volver a abrazarlo y creer que la quería.
Bueno este es el penúltimo capítulo.
Angely04: Gracias por tu comentario :D si tu lo disfrutaste leyendo imagina mi sentimiento al saber que te ha gustado :D Gracias por tu apoyo.
