Disclaimer: Nada me pertenece. No lo hago con fines de lucro. Es una adaptación. Personajes: J. K. Rowling. Historia: Penny Jordan.
Capítulo 9
Cuando Hermione se despertó por la mañana estaba sola. Abrió los ojos y se dio media vuelta en la cama mientras que mil imágenes más elocuentes que las palabras se cruzaban por su cabeza. Había dejado que Harry le hiciera el amor. Mejor dicho, deseó que Harry le hiciera el amor. Lo deseó y le demostró ese deseo. Gimió y hundió la cara en la almohada. Se puso tensa al percibir el tenue aroma de él que todavía impregnaba las sábanas. Estaba apoyada en la almohada de Harry, ocupando el lugar que él había dejado. Se sintió muy estúpida. ¿Dónde estaría él, su marido, que le había demostrado la noche anterior cuánto le deseaba?
Harry había conseguido engañar a los demás con mucha facilidad; Ginny, James, su madre, todos pensaban que era maravilloso. Su madre siempre le describía como un hombre honrado y de elevados principios. Pero, ¿qué principios podía tener un hombre que seducía a una mujer deliberadamente, sólo para castigarla?
Se volvió de nuevo y se quedó tumbada boca arriba con las manos detrás de la cabeza. La casita estaba en silencio, lo cual significaba que Harry se había marchado; intentó no sentirse deprimida y abandonada.
La noche anterior... Cerró los ojos y se esforzó por respirar despacio. La noche anterior hubo deseo en las caricias de Harry, y también habilidad. Se movió inquieta bajo la colcha; ¿por qué intentaba disculparle? Harry la había deseado, era cierto, pero eso no disculpaba el que le hubiera obligado a actuar como lo hizo. ¿Obligado? Se burló una voz dentro de ella; pero intentó ignorarla y se concentró en sus ideas. La intimidad a la que habían llegado era algo propio de amantes, algo precioso que sólo dos personas que se quieren podían compartir.
Se burló de sí misma por su cursilería, saltó de la cama y tembló por el frío que hacía. El fuego de la chimenea estaba apagado; después de ducharse, ponerse unos pantalones de pana y un grueso jersey, fue a la cocina. Harry había dejado una nota apoyada en la cafetera sobre el mostrador.
Vino la mujer de la limpieza... le dije que no te molestara. Las cosas del desayuno están en la nevera. Te veré a la hora de la comida en el bar del hotel.
Era una nota muy fría, pensó Hermione irritada y se sirvió un poco de café. Miró la hora; eran más de las once.
Con la luz del día, las pistas de esquí y el pequeño pueblo que había en el valle, se veían muy bien. Fue al salón y abrió la puerta, agradecida al ver que desde allí podía divisar el hotel; debía estar a un kilómetro de distancia más o menos... no sería una caminata demasiado larga.
Después de tomarse el café; se puso las botas y empezó a andar hacia el hotel.
El camino serpenteaba entre árboles y casitas que aparecían en pequeños grupos. Al otro lado del valle estaban las pistas de esquí para principiantes.
Una chica morena y muy guapa condujo a Hermione hasta la recepción del hotel, y también le dio un mapa de la zona que incluía todas las pistas de esquí, clasificadas según el grado de dificultad.
Eran casi las doce y media y el bar estaba lleno; Hermione se pidió una copa y tuvo suerte de encontrar una mesa que acababan de dejar. La mayoría de la gente parecía estar reunida en grupos de cuatro o seis, y las palabras que podía escuchar de las conversaciones, confirmaban lo que Harry le había dicho de aquel lugar. Era principalmente para esquiadores y la gente tendía a reunirse allí año tras año.
Desde donde estaba, veía bien la puerta, y vio a Harry antes que él notase su presencia. EL traje de esquí negro le quedaba muy bien, y Hermione sintió que su corazón se agitaba. Él volvió la cabeza. Tenía la cara bronceada por el sol, Hermione estuvo a punto de llamarlo, cuando vio que estaba acompañado por una mujer.
Se quedó helada, y sintió pánico de que se volviera a mirarla. ¿Qué hacía con Romilda? ¿Y qué hacía Romilda allí? Hablaban con la familiaridad de unos viejos amigos... viejos amantes, pensó herida. En ese momento Harry volvió la cabeza y la vio. Ya no podía irse sin ser vista.
Se acercó a ella seguido de Romilda. Cuando llegó a la mesa, Harry inclinó la cabeza y la dio un beso corto, mientras sus dedos tibios le tocaban la nuca.
Cuando levantó la cabeza, Hermione se dio cuenta de que estaba sonriendo divertido.
—Saluda a mi perezosa novia, Romilda.
Su absoluta falta de vergüenza o culpa le dolió más que el hecho de que estuviese con otra... no, no era una mujer cualquiera, sino la mujer que una vez le dijo que Harry no la quería. ¿Tendrían por costumbres reunirse en Suiza cada año, o habría sido una simple coincidencia?
La otra mujer se adelantó y Hermione notó que parecía mayor y que sonreía con tensión. Ya no tenía la fría confianza en sí misma que Hermione recordaba tan bien.
—Hermione.
—Me encontré con Romilda en las pistas esta mañana y la he invitado a comer con nosotros —le explicó Harry y ofreció una silla a la recién llegada. Luego preguntó a las dos qué querían beber.
Hermione negó con la cabeza; su copa estaba casi llena.
—Yo tampoco quiero nada —Romilda se tocó el vientre con una sonrisa de complicidad—. Al bebé no le gusta el alcohol — movió la mano y Hermione vio que llevaba un anillo de casada.
Tal vez el encuentro no fue tan accidental, o quizá Romilda intentaba apagar sus sospechas con aquellos trucos. Hacía seis años, aquella mujer no tuvo reparo alguno en decirle a Hermione que Harry no la quería y que, de hecho, ella era su amante.
—Bien, si no queréis tomar nada, será mejor que vayamos a comer —dijo Harry.
Se apartó para dejarlas pasar delante, y Hermione aprovechó ese momento para decirle algo a Romilda:
— ¿Ha venido tu marido contigo?
—Oh, Dennis se tuvo que ir a Innsbruck esta mañana — contestó sonriente—. Anoche recibió un e-mail urgente de su jefe, y ha tenido que ir a recoger unos papeles. Es abogado en el departamento legal de una compañía multinacional, y las crisis nunca dejan de aparecer. Estas son nuestras primeras vacaciones en los tres años que llevamos casados, y sólo aceptó venir porque yo le presioné. No es muy aficionado a esquiar —arrugó la nariz y se volvió para sonreír a Harry—. No como Harry. ¿Te acuerdas de aquellas fabulosas pistas de Corbière, donde estuvimos hace cinco años?
Lo dijo de una forma tan natural, que si Hermione no hubiese sabido la verdad, casi se habría creído que no eran más que buenos amigos. En vez de eso, empezó a sentir unos fuertes celos y sus labios se estiraron en una mueca que no tenía nada que ver con las sonrisas de Harry y Romilda.
Durante la comida, Romilda se hizo dueña de la conversación, aunque eso a Hermione no le importó. Lo que hacía que no hablara eran más los celos y el resentimiento. La amargura que la embargaba era demasiado profunda como para que pudiese participar en aquella alegre charla con Harry y Romilda.
¿Sabría el marido de aquella mujer que su esposa y Harry habían sido amantes? ¿O que quizá aún lo eran? Hermione miró a Romilda, y vio su expresión y su sonrisa de satisfacción. ¿Lamentaría Harry no haberse casado con ella cuando tuvo la oportunidad? Ella ya estaba embarazada... ese hijo podría ser el nieto que James deseaba tanto.
Cuando casi no quedaban más que ellos en el comedor, Romilda miró el reloj y protestó:
—Cielos, no puede ser tan tarde. Tengo que irme; le prometí a Dennis que le vería en el pueblo a las tres. Escuchadme, ¿por qué no cenamos los cuatro esta noche? —sugirió cuando Harry se levantó para retirarle la silla.
—Me parece muy bien —Harry miró a Hermione interrogante. Ella hizo un esfuerzo y sonrió.
—Entonces, nos veremos en el bar sobre las ocho —dijo Romilda—. Hasta pronto.
Harry se bebió su café y, cuando terminó, le preguntó con frialdad:
— ¿Qué te pasa?
—Nada — ¿por qué diablos se comportaba como una niña enfurruñada? se preguntó Hermione con amargura.
—Si no querías cenar con Romilda y su marido, debiste decirlo.
—Pensé que como estamos de luna de miel, ella no lo propondría siquiera —contestó Hermione con desdén—. Claro que quizá se compadeció de ti pensando que estarías aburrido.
Le vio arquear una ceja y lamentó su irónico comentario. Si no tenía cuidado, adivinaría que estaba celosa... y tal vez el porqué de aquellos celos.
—Si hubiese sabido que te apetecía estar a solas conmigo, no habría aceptado —le dijo Harry sonriendo con ironía—. De verdad. Sólo creí que tal vez te gustaría tener un poco de compañía.
— ¿La compañía de tu "ex amiga"?
«Cuidado, Hermione», se dijo al ver que Harry volvía a arquear las cejas.
—Romilda y yo nunca nos hemos conocido —dijo enseguida para intentar arreglar la situación—. Podría ser bastante aburrido para su marido y para mí, tener que sentarnos a escuchar cómo recordáis el pasado. Espero que no sea un hombre celoso.
—No tiene por qué ponerse celoso —dijo Harry sereno—. A pesar de lo que has insinuado, Romilda y yo nunca fuimos más que amigos.
Hermione apretó los dientes para no llamarle mentiroso.
— ¿Quieres que dejemos un mensaje en la recepción cancelando la cita? —sugirió él finalmente.
Eso era lo que quería, pero no se lo diría. En vez de eso, se encogió de hombros y dijo cortante:
—No, no te molestes; supongo que será mejor ir con ellos que quedarnos a solas en la casita.
Harry la miró con una expresión dura y fría. Si se hubiera tratado de otro hombre, habría pensado que estaba herido, pero Hermione conocía muy bien a Harry.
—Como quieras —contestó él con voz metálica—. No me gustaría que te aburrieses. Claro que también podríamos...
En cualquier momento iba a recordarle que había estado muy poco aburrida entre sus brazos la noche anterior, pensó Hermione angustiada, y se ruborizó. Luego dijo en voz baja:
—No podemos pasarnos todo el tiempo en la cama.
—Estoy de acuerdo —dijo él cortante—. Eso sí que sería aburrido. Sólo iba a sugerir que podríamos separarnos durante el día si mi compañía te resulta tan molesta.
—Creo que sería una buena idea — ¿qué estaba diciendo? Eso era lo último que quería, pero era evidente que a Harry le gustaba la idea—. Después de todo, nunca me ha gustado esquiar, y tal vez sería un estorbo para ti. Te divertirás mucho más si esquías con Romilda.
¿Por qué tuvo que hacer ese último comentario? Se levantó de prisa y casi tiró la silla. Harry se puso de pie para ayudarla, y la sujetó el brazo con una mano. Su voz sonó dulce y fría a su oído cuando le dijo con ironía:
—Eres demasiado modesta, Hermione... y te subestimas.
Aquello era más de lo que podía soportar; se apartó de él y le dejó ocupado pagando la cuenta mientras iba hacia la recepción. Harry la alcanzó justo cuando salía y la preguntó ceñudo:
— ¿A dónde diablos crees que vas?
—Al pueblo, a comprar un libro —estalló ella—. Y no necesito tu compañía para hacer eso; así que, por favor, no dudes en hacer lo que quieras.
Se volvió a apartar de él enfadada, y vio que su expresión ceñuda se convertía en un gesto de rabia. Luego Harry se fue hacia los ascensores y a ella le invadió una fuerte sensación de tristeza.
Al final no fue al pueblo; estaba demasiado abatida. En vez de eso volvió a la casita y se acurrucó en un sillón frente al fuego.
Cuando sonó el timbre corrió a abrir con la esperanza de que fuera Harry. Pero no fue así, se trataba de Romilda, la cual parecía estar algo indecisa e insegura.
—Harry me dijo que habías ido al pueblo, pero vi que estaba encendida la luz y pensé acercarme para ver si habías vuelto. ¿Puedo hablar contigo, Hermione?
— ¿Sobre qué? —preguntó seca—. ¿Sobre tu relación con mi marido? ¿Qué ocurre, tienes miedo de que le cuente la verdad a Dennis?
Se sorprendió al ver el rubor de Romilda y notar que su mirada era evasiva.
—Escucha, Hermione —dijo nerviosa—, eso es algo de lo que quiero hablar contigo —se mordió el labio inferior y la miró de reojo, con incertidumbre. Había empezado a nevar, y Hermione sintió frío, parada allí junto a la puerta abierta.
—Será mejor que entres —aceptó de mala gana.
—Gracias —Romilda la siguió al salón y se sentó en el sofá—. Durante la comida pude notar que no estabas complacida de verme.
— ¡Qué lista eres!
Romilda se volvió a ruborizar.
—Hermione, sé que no tienes motivos para apreciarme, pero considero que tengo que disculparme por todas las mentiras que te dije. Bueno, ya me he dado cuenta de que Harry y tú habéis aclarado las cosas, y que por lo tanto, sabes que te mentí... También me he dado cuenta de que no le has dicho nada a Harry, de lo contrario, dudo que me hubiese dirigido la palabra. Quería darte las gracias por eso. Supongo que sabes que lo hice porque estaba muy celosa de ti. Yo creía que estaba enamorada de Harry desde hacía muchos meses, incluso llegué a convencerme de que tenía posibilidades con él; pero, por supuesto, para Harry yo no fui más que una amiga. Cuando le vi contigo y me di cuenta de lo que sentía por ti, pasé por uno de los peores momentos de mi vida.
Suspiró con amargura y se encogió de hombros.
—Eso no disculpa lo que hice, lo sé; creó que me volví un poco loca. Cuando se lo conté a Dennis, me dijo que aquello fue sólo un enamoramiento de adolescente, aunque un poco tardío. Supongo que reaccioné con tanta violencia porque sabía que no tenía ninguna posibilidad de conquistar a Harry, pero no podía quedarme allí y ver cómo tú disfrutabas de la felicidad que consideraba mía por derecho. En ese momento no me importó que Harry te quisiera a ti y no a mí. Pensé que si tú no estabas, Harry volvería sus atenciones hacia mí. Y pareció que el destino estaba de mi parte cuando entraste en el apartamento y me encontraste besándole. La verdad es que me entregué de manera descarada ese día... fue un último intento por ganarme su interés. Tuve suerte de salir ilesa, Harry es todo un caballero —hizo una mueca de disgusto—. Es increíble lo que puede hacer la arrogancia de la juventud.
Sacudió la cabeza avergonzada y siguió:
—Al ver lo mal que lo pasó Harry cuando te fuiste, reaccioné y me sentí culpable, pero fui demasiado cobarde para confesar lo que hice, y luego me convencí de que si tú le hubieses querido de verdad, nunca me habrías creído. Me fui dos meses a Estados Unidos y... allí fue donde conocí a Dennis, que en ese momento estaba mezclado en un litigio con una compañía americana. Esta es la primera vez que veo a Harry desde que lo dejaste. Cuando me dijo que os habíais casado, no me lo podía creer. Me sentí muy aliviada, pero consideré que debía venir a verte para disculparme por mis mentiras y mis celos. Harry me dijo hoy que nunca ha habido otra mujer para él. Me confesó que tal vea fue mejor que no os hubierais casado hace seis años, que reconocía que todavía eras muy joven y que quizá te habrías arrepentido de que te ataran tan pronto. Se avergonzó un poco al hablar de eso... ya sabes cómo son los hombres. Pero, a fin de cuentas, yo había visto su reacción justo después de que te marcharas. Estaba casi destruido.
Hizo una pausa y añadió:
—Escucha, si prefieres cancelar nuestra cita de esta noche...
Hermione la miraba como si no pudiese creer lo que oía.
— ¿Cancelar? Oh, no —balbuceó distraída—. Los dos estamos deseando cenar con vosotros...
—Entonces, ¿me perdonas por lo que hice? —Preguntó Romilda—, Siempre tuve ganas de hablar contigo para decirte la verdad. Sobre todo desde que conocí a Dennis. Pero no tenía tu dirección, y, para ser sincera, no me atrevía demasiado a dar la cara —sonrió con ironía—. No es fácil aceptar que uno tiene aspectos nefastos en su carácter; sólo espero haberlos controlado ya —se levantó y Hermione la siguió hasta la puerta.
—No te preocupes —dijo en voz baja—. Y... gracias por venir a verme.
Cuando cerró la puerta. Hermione volvió al sillón, se dejó caer en él y cerró los ojos.
Romilda había mentido; era inconfundible la profunda sinceridad de lo que dijo. «Romilda es una amiga, nada más», le había asegurado Harry, y ella pensó que mentía. Harry la quería; imposible. Era imposible que la quisiera tanto como dijo Romilda, y que no hubiera hecho nada para conquistarla de nuevo. Pero, ¿de qué estaba hablando? Se había casado con ella.
Pero si la quería, ¿por qué no intentó hablar con ella para decírselo?
Porque ella no se lo permitió, reconoció con tristeza. Desde el día en que le abandonó, se mantuvo alejada de manera deliberada. ¿Harry enamorado de ella? ¿La querría con la misma intensidad que ella a él? Parecía increíble. Se levantó y recorrió la habitación mientras intentaba poner en orden a sus pensamientos.
¿Por qué iba a ser imposible? se preguntó. Ella creyó una vez que él la quería; sin embargo, Harry nunca hizo un intento por perseguirla, por recuperarla.
Romilda dijo que él pensaba que era demasiado joven para quererla. ¿Sería por eso? No, si Harry la quisiera estaría con ella en ese momento en vez de estar esquiando solo y, al parecer, muy contento sin ella. Recorrió el salón inquieta, debatiéndose entre la esperanza y el temor, demasiado asombrada por las revelaciones de Romilda como para poder darles su justo significado. Después de todo, Harry no era un niño. Si hubiese querido, habría encontrado una manera de confesar lo que sentía.
Pero se lo había dicho una vez y ella le había rechazado su amor diciéndole que quería marcharse a Londres para empezar su carrera.
De repente sonó el teléfono y se sobresaltó. Miró el aparato sin moverse, y luego levantó el auricular. Se puso tensa esperando oír la voz de Harry.
Cuando oyó la voz de su madre, su primera reacción fue de miedo.
—James —gimió angustiada, pero la alegría de su madre disipó sus temores.
—Sí, llamo por James, pero son buenas noticias. Tuvo que someterse a unas pruebas antes de la boda, pero no dijimos nada para no preocuparos. Los resultados ya han llegado, y los médicos están seguros de que con la nueva medicina que saldrá al mercado este año, tendrá posibilidades de hacer una vida casi normal. ¿Dónde está Harry? —preguntó su madre después. —Eh... se ha ido a esquiar —contestó evasiva. — ¿De verdad? Entonces, James ha perdido su apuesta —se rió divertida—. Antes de que os fuerais, apostó con Harry que después de esperarte tantos años no se separaría de tu lado más de seis minutos al día. Pobre Harry, ha tenido que soportar muchas bromas de James durante estos años por sus sentimientos hacia ti. No sé lo que pasó entre vosotros hace años, y nunca te lo había preguntado porque siempre dejaste muy claro que era un tema prohibido, pero me alegro de que por fin estéis juntos.
— ¿Sabías... lo de Harry y yo hace tiempo? —Preguntó Hermione, incrédula—. ¿Cómo?
Su madre contestó con cierta ironía. —Bien, nunca lograste ocultar tu enamoramiento, y Harry nos confesó que estaba preocupado porque tenía miedo de que lo que sentía por ti le hiciera aprovecharse de la situación... y forzarte a una relación más fuerte de lo que tal vez deseabas. Cuando nos llamó para decir que esperaba que volviéramos de nuestras vacaciones para poder comprometeros, confieso que James y yo nos preocupamos mucho. Eras muy joven, no tenías experiencia en la vida, pero Harry estaba convencido de que lo querías tanto como él a ti.
Su madre suspiró y siguió más despacio:
—Cuando volvimos a casa y vimos que te habías marchado, adivinamos que te habías arrepentido. Pobre Harry, durante un tiempo pensamos que nunca se recuperaría. Hace poco, James empezó a imaginar que nunca se casaría.
— ¿Quieres decir, hasta que Harry anunció que iría a visitaros con su prometida en Navidad? —la interrumpió Hermione.
—Bueno, no, no fue entonces. Después de todo, esa era una vieja broma entre Harry y su padre. Él llevaba prometiéndonos lo mismo desde hacía años; creo que así nos hacía saber que sus sentimientos no habían cambiado. No, James empezó a tener esperanzas cuando Harry nos llamó para decirnos que volvías con él en Navidad. Tú le habías evitado con tanta insistencia durante tanto tiempo, que James tuvo la certeza de que volvíais a casa como algo más que simples hermanastros.
—Bien, pues no lo demostró —murmuró Hermione.
—Porque no quería avergonzar a Harry. Cariño, no olvides que para un hombre tan arrogante como Harry, es muy difícil confesar que está locamente enamorado de una mujer que no le desea, y Harry dejó muy claro lo que sentía por ti. Creo que sólo tenías dieciséis años cuando nos dijo la verdad por primera vez. Los dos estábamos muy preocupados. Después de todo, él ya tenía más de veinte años y mucha experiencia en la vida, y James y yo nos preocupábamos porque temíamos que Harry pudiera utilizar su relación familiar contigo para meterte en un compromiso antes de que estuvieses lo bastante madura para eso. El también era consciente de esa tentación; fue muy abierto y sincero con nosotros, y lo pasé muy mal por él cuando te marchaste.
—Creí que se casaba conmigo porque James iba a dividir la herencia entre los dos en su testamento.
Hubo un momento de silencio. Luego su madre contestó horrorizada:
—Hermione, amor, ¿cómo rayos pudiste pensar eso? Y además, como sin duda ya sabes, Harry heredó una enorme cantidad de dinero de la familia de su madre... mucho más de lo que James podría dejarle. Sin embargo, eso ya pasó, y me alegro. Los dos estamos muy contentos por cómo ha sido todo. La verdad, considero que estáis mejor preparados para el matrimonio ahora que hace seis años. Tú has tenido la oportunidad de conocer la vida, así que podrás ser una buena pareja para Harry. Además, al perderte, el aspecto arrogante de la personalidad de Harry ha disminuido. Aunque a veces esa arrogancia resulta encantadora, la verdad. Cada vez que James me pone furiosa con sus actitudes antifeministas, pienso que es un hombre muy protector y tierno, y que jamás antepondría sus deseos a los de su mujer y su familia. Nadie puede cambiar su personalidad por completo, sólo dominarla, y Harry es un digno hijo de su padre, criado en la creencia de que su deber y responsabilidad es proteger a las mujeres de su vida. Aunque tengo la impresión de que Harry ya ha aprendido que las mujeres también necesitan un poco de independencia. Hablaron unos minutos más; su madre le dijo lo agradecidos que estaban todos los invitados de la boda. Cuando colgaron, ya casi era de noche.
Hermione se acercó a la ventana pensativa para contemplar la creciente oscuridad; tenía que ser verdad, su madre nunca le mentía. Y no podía ver un motivo por el cual Harry engañara a sus padres, y menos durante tanto tiempo.
Harry la quería. Se repitió mil veces aquellas palabras, las repitió en silencio y pensó en todo lo que implicaban, sintiendo que florecían y crecían y le devolvían la vida.
El teléfono volvió a sonar; lo levantó sin pensar. —Hermione, soy Romilda. Creo que, después de todo, tendremos que cancelar la cita de esta noche. Dennis ha tenido que quedarse en Innsbruck y yo pasaré la noche allí con él. Pero espero que podamos reunimos antes de que se vayan.
Hermione sintió que ya no le guardaba rencor a Romilda. Colgó el teléfono y se dio cuenta de que, en realidad, ya no tenía lugar para el odio en su corazón. Estaba borracha de alegría, y eso la hizo olvidar todo lo demás; Harry la quería. De pronto su vida cambiaba, y si lo pensaba detenidamente se daba cuenta de que muchas de las reacciones de Harry habían sido provocadas por los celos. Antes, la posibilidad de que Harry la quisiera le parecía tan remota, que consideró que todo lo que él hacía era por malicia y crueldad; pero en ese momento se dio cuenta de que, al igual que ella, eso fue sólo una máscara para protegerse.
¿Qué diría cuando...? Frunció el ceño al darse cuenta de que no podía decirle, de repente, que sabía toda la verdad sobre sus sentimientos hacia ella, lo negaría... eso fue lo que ella misma hizo en esa situación. Incluso podría negarse a creerla si ella le decía que le quería. Estaban casados, pero en lo que a él se refería, ese era un matrimonio al que la había forzado... hecho que ella no dejó de recordarle desde el día en que Harry anunció su compromiso. Estaba muy nerviosa, preguntándose qué diablos haría, cuando se abrió la puerta y entró Harry.
—Siento llegar tan tarde —dijo tenso—. Me puse a charlar con un instructor de esquí. Me habló de un nuevo recorrido que acaban de abrir; pero como tardaríamos todo el día en hacerlo, va a intentar reunir un grupo para que valga la pena contratar a un guía.
—Supongo que es demasiado difícil para mí —comentó Hermione emocionada, olvidando la manera como se habían separado. Deseaba acercarse a él, abrazarle, suplicarle que perdonase lo pasado; pero de pronto, al ver su expresión, volvió a la realidad.
—Exageras un poco, ¿no te parece? —se burló—. No tienes que jugar a la mujer enamorada conmigo, Hermione, yo ya sé lo que sientes... lo dejaste muy claro. Será mejor que suba a cambiarme, si es que vamos a salir a cenar.
—La cita está cancelada —contestó Hermione deprimida—. Romilda telefoneó; su marido ha tenido que quedarse en Innsbruck y ella va a ir a reunirse con él. Dijo que ya nos veríamos cuando vuelvan. Es una coincidencia que te encontraras con ella aquí después de tanto tiempo.
Él se volvió a mirarla, esperando encontrar en ella una expresión sarcástica, pero al ver su tranquilidad asintió sereno:
—Supongo que sí; los dos vinimos a este sitio con un grupo hace seis años. Acababan de construir el hotel. No la había visto desde entonces.
—Ya lo sé. Me dijo que habían venido aquí por los negocios de su marido. Al parecer, su trabajo está relacionado con compañías americanas.
— ¿Cuándo te dijo eso?
Él la miró atentamente y Hermione se ruborizó.
—Vino a verme esta tarde; y estuvimos hablando mucho rato.
Había llegado el momento de la verdad; contuvo el aliento y rezó para que él le preguntase de qué habían hablado; pero en vez de eso, Harry se encogió de hombros y subió la escalera diciendo:
— ¿Te importa que me bañe yo primero?
Desconsolada, Hermione contestó que no.
Mientras Harry estaba en la ducha, sonó el teléfono y la recepcionista le preguntó a Hermione si pensaban cenar en el hotel esa noche, o si querían pedir que les llevaran la cena a la casa.
Hermione decidió que tendría más oportunidades de hablar con Harry si se quedaban a solas, y entonces recordó que la nevera estaba llena de comida preparada Sería muy fácil organizar una cena para los dos.
Rechazó los dos ofrecimientos, dio las gracias a la recepcionista y luego colgó.
Empezó a pensar en todo lo sucedido y se dio cuenta de que él sólo hablaba de sus sentimientos cuando hacían el amor. Entonces se le ocurrió una idea; se fue a la cocina y vio lo que había en la cocina. Cuando volvió al salón oyó que se abría la puerta del baño. Cuando le llamó, Harry se asomó a la escalera; tenía el pelo mojado y brillante, y la bata abierta por el cuello. Todavía tenía le piel ligeramente húmeda y el corazón de Hermione dio un vuelco. Durante muchos años luchó contra el deseo que él despertaba en sus entrañas, y en ese momento volvía a renacer con una intensidad incontenible. La necesidad de tocarlo era tan fuerte que tuvo que apartar la mirada de él.
—Bueno... pensé que podríamos cenar aquí esta noche... Estoy. .. Un poco cansada —le vio fruncir el ceño y, de manera ridícula, cruzó los dedos detrás de la espalda.
—Como quieras —contestó él. Se volvió y se metió en el dormitorio.
Hermione subió por la escalera y abrió la puerta de la habitación. En ese momento él la miró sorprendido y arqueó las cejas.
—Vengo a ducharme y a cambiarme de ropa —le dijo con calma; pasó junto a Harry para buscar ropa interior limpia y coger su bata—. Me gustaría tomar algo, ¿te importaría prepararme una copa? —dijo mientras abría la puerta del baño; rezó para que no le preguntase por qué no se la había subido ella misma; pero, para su alivio, él sólo comentó:
—Creo que con lo que tenemos no puedo preparar nada exótico. ¿Qué te apetece?
—Oh, un poco de ginebra con tónica, por favor. Harry seguía en la habitación cuando ella entró en el baño; el aroma de su colonia flotaba en el ambiente.
Miró pensativa el jacuzzi, se acercó a él, y estudió las instrucciones que estaban pegadas a un lado. Parecía muy fácil.
Le había resultado muy fácil poner en marcha su plan, porque de momento le tenía ocupado, pero cuando se apartó para ver cómo se llenaba la bañera, la asaltaron mil dudas. ¿Y si fallaba? ¿Qué pasaría si Harry no la quería, si...?
¿Y si estropeaba el resto de su vida por no tener el valor suficiente? se preguntó con desdén. Tenía que dar un primer paso, arriesgarse. Si no lo hacía podría perder la oportunidad de ser feliz el resto de su vida.
Apartó sus dudas y puso en marcha el jacuzzi. ¡Cielos, parecía el caldero de una bruja! Observó fascinada el movimiento del agua hasta que oyó a Harry subiendo por la escalera.
Se quitó la ropa, se sujetó el pelo en lo alto de la cabeza y se acercó a la bañera. La iluminación del baño estaba en el techo y era bastante intensa, pero la zona que rodeaba el jacuzzi tenía una luz más débil apaciguada además por una serie de plantas que habían colocado allí. Apagó las luces más fuertes y sonrió al notar el sensual efecto de la tenue iluminación.
El jacuzzi era octogonal. Se sentó en un borde, desde donde podía ver la puerta de frente. Al oír que Harry se acercaba, su tensión aumentó y su corazón dio un vuelco.
Él abrió la puerta y dijo cortante:
—Aquí tienes tu copa. ¿Dónde...?
Hermione nunca había visto a Harry perder la compostura como en ese momento; durante varios segundos se quedó inmóvil contemplándola.
—Vaya, me la has traído. ¡Qué bien! ¿Podrías dejarla aquí, por favor?
Esperaba que él no adivinase lo nerviosa que estaba. Al acercarse a ella, Hermione se incorporó un poco y dejó parte de sus pechos al descubierto.
Harry alargó la mano y ella cogió el vaso; tenía los nervios a flor de piel. Hermione aspiró para tranquilizarse, y luego dijo con calma.
—Decidí usar el jacuzzi ya que lo tenemos —le miró con los ojos entornados y notó que él la miraba con detenimiento—. Es muy agradable —añadió—. ¿Por qué no me acompañas?
Sus piernas flotaban en la superficie por la presión del aguay, de forma deliberada, se miró los dedos de los pies. Si él la rechazaba no sabía qué haría. Nunca había intentado seducir a un hombre, y hacerlo con su marido era algo tan extraño que no podía creer lo que estaba pasando.
Harry no dijo nada, y mientras ella bebía su copa, le miraba con disimulo.
El pecho de Harry empezó a agitarse como si tuviese problemas para respirar, estaba ligeramente ruborizado. Los dedos de Harry sujetaron su muñeca y ella pensó horrorizada que la sacaría del agua. Entonces preguntó ronco:
— ¿Estás segura de que sabes lo que haces?
Su tensión empezó a desaparecer.
—Muy segura —contestó con suavidad y le miró a los ojos.
Sin dejar de contemplarla, Harry se desvistió y se metió en el agua, por el otro lado de la bañera.
—Ven aquí —la ordenó con voz profunda.
Hermione se dejó llevar por el instinto y la emoción y se acercó a él. Se arrodilló enfrente de Harry y puso las manos en sus rodillas mientras el agua le mojaba los hombros.
—Hermione —los ojos de su marido parecían sombríos. Ella, para evitar que le hiciese preguntas, le suplicó con ansiedad:
—Bésame, Harry.
Se inclinó hacia él, le rodeó el cuello con los brazos y se apretó contra su cuerpo para sentir el roce de su piel y que sus pechos quedasen comprimidos contra su pecho. Sin darle tiempo a moverse, empezó a besarle por todo el cuerpo y le dio un mordisco.
—Hermione.
Notó la sorpresa en su tono y sintió el tímido contacto de sus dedos en la piel, haciéndola prolongar su beso a lo largo del cuello.
Le besaba con cariño, explorando su oreja, su firme mandíbula... la curva de sus labios.
Le oyó gemir y lo sintió temblar cuando intentó cogerla entre sus brazos. Pero ella se escurrió riéndose y le acarició despacio todo el cuerpo. Él volvió a temblar y se ruborizó. Su enorme cuerpo estaba totalmente excitado cuando, por fin, consiguió cogerla y abrazarla con fuerza.
—Hermione —su voz era ronca y entrecortada—. ¿Por Dios, qué...? Se movió despacio contra él y frotó sus carnes contra su cuerpo extasiada con el gemido de excitación que escapó de la garganta de Harry, orgullosa del sensual efecto de sus caricias.
—Llévame a la cama, Harry —murmuró contra sus labios. Empezó a salir del jacuzzi, dominando sus temores y la tensión. Harry se levantó y la cogió en brazos.
Estaban mojados, pero no importaba, y además, había cosas que quería hacerle a Harry; quería entregarse de muchas maneras para demostrarle su amor e impaciencia.
Había tomado la iniciativa y estaba decidida a continuar hasta el final, o al menos hasta rendirle lo suficiente como para que pudiera escucharla con calma.
Cuando la tumbó en la cama, Hermione alargó las manos y le besó; deslizó la lengua por el interior de sus labios y acarició su piel.
—Hermione.
Él la apretó un pecho y Hermione quiso gemir; pero para no hacerlo le besó con fuerza y empezó a acariciarle. La piel de Harry ardía, y ella tuvo deseos de entregarse apasionadamente. Sentía un delicioso calor y una creciente debilidad; pero no debía permitir que el deseo la dominara... todavía no.
Cuando Harry dejó de besarla un momento, le obligó a tumbarse en la cama, le besó en el pecho y luego bajó con la boca, muy despacio besándole con sensualidad.
Cuando él se dio cuenta de sus intenciones, intentó resistirse y alargó las manos para sujetarle las muñecas y apartarla de sí. Pero ella le mordió suavemente un muslo, y dejó que su lengua dibujara provocativos círculos de fuego en su piel, hasta que él no pudo soportar más el placer y se vio forzado, como ella lo había estado también en otra ocasión, a abandonarse a su deseo y a la intimidad de aquellas caricias.
Igual que le pasó a Hermione, su cuerpo se arqueó suplicante.
Lo que empezó siendo un medio de demostrarle su amor, terminó por excitarla tanto corrió a él, y cuando Harry la sujetó para colocarla debajo de sí, para hundirse en su húmedo calor, Hermione gimió de placer y se abrazó a él para recibir la ardiente necesidad de su beso.
Llegaron juntos al éxtasis, aunque todavía no eran conscientes de su igualdad de sentimientos. Cuando el torbellino del deseo se apaciguó, Hermione se quedó abrazada a su marido sintiendo el latir de su corazón.
Satisfecha, tocó su pecho, enredó sus dedos en el vello negro y se rió con suavidad cuando él gimió.
— ¡Por Dios, me has dejado exhausto, Hermione! ¿Qué te ha pasado?
— ¿Quieres decir que no lo sabes? —abrió mucho los ojos y levantó la cabeza para mirarle a la cara.
La ironía había desaparecido de sus ojos, y ahora le miraba con intensidad.
— ¿Puedo preguntarte por qué has hecho todo esto? —dijo él con voz ronca.
Ella aprovechó la oportunidad que Harry le acababa de brin¬dar; después de todo, era eso lo que quería... la intimidad y el calor de sus brazos; su cuerpo y mente relajados después del amor; la guardia baja, para poder conquistarle definitivamente.
—Oh, sólo ha sido mi forma de demostrarte cuánto te quiero.
Como ya había imaginado, Harry se puso tenso y la apartó de sí con los brazos. Su mirada era fría como el hielo:
—No sé a qué estás jugando, Hermione —dijo con amargura.
— ¿Por qué iba a jugar?
— ¿Por qué? —Respiraba agitado y sus ojos brillaban de ira—. ¿Te atreves a preguntarme eso? Hace seis años me dijiste que me querías, y luego te marchaste asegurando que habías decidido que lo que querías era hacer una carrera. Desde entonces me has evitado como a la peste. Incluso hoy...
—Te mentí, Harry —la magnitud de su confesión destruyó su valor. No podía mirarle—. Siempre te he querido, pero... huí porque creí que tú no me querías, que querías casarte conmigo sólo... por el testamento de tu padre.
—¿Qué?
Harry se incorporó, la obligó a arrodillarse y la sacudió, furioso:
— ¿Pensaste...? ¿Cómo pudiste llegar a pensar una cosa así?
—Fue alguien —le corrigió con calma—. Harry... fue Romilda. Luego le contó lo que la otra mujer le había dicho, y cómo se había enterado esa misma tarde de la verdad.
— ¿Por qué diablos no me dijiste nada? ¿Por qué te resultó más fácil creer a Romilda que a mí... al hombre que supuestamente querías?
—Harry, tenía dieciocho años y era muy inocente. Supongo que una parte de mí nunca pudo aceptar que me querías, que ese magnífico ser a quien yo adoraba podía desearme tanto como yo le deseaba.
Vio cómo la rabia desaparecía de sus ojos y palidecía un poco.
—Debería romperte el cuello —murmuró ronco—. Cuando pienso en lo que nos has hecho pasar, sin mencionar los años perdidos... Debería matarte —gimió—, pero en este momento sólo puedo pensar en hacer esto.
La besó y luego dijo con dolor y cierta ironía:
—Esperé muchos años a que cambiaras de opinión y te cansaras de Londres y de tu carrera. Al principio no me atreví a seguirte, tenía miedo de que te dominase el pánico y volvieras a escapar. Mis sentimientos por ti me han tenido obsesionado durante seis años; me decía a mí mismo que debía buscar otra mujer, pero sabía que era imposible, ni siquiera podía hacerle el amor a otra. Mis sentimientos por ti me volvieron loco, y ahora me dices que todo eso fue innecesario, que todo fue producto de las mentiras de otra persona.
Sabía lo que sentía, y le dijo con cariño:
—Harry, quizás haya sido lo mejor; yo era muy inocente e inmadura a los dieciocho años. Nunca habría podido igualarte entonces, y estoy segura de que muy pronto te habrías aburrido de mí.
— ¿Intentas convencerme de que Romilda nos hizo un favor? —preguntó ceñudo.
— ¿Qué me dices de Cho? —le recordó con ironía—. Parecías muy decidido a casarte con ella.
—Fuiste tú quien sacó esa conclusión; yo sólo seguí el juego para ponerte celosa.
—Pero Cho...
Harry sonrió divertido.
—Su padre no dejaba de hacerme insinuaciones acerca de que me quería como yerno, y decidí que la forma más sencilla y menos dolorosa para terminar con eso, era horrorizar a Cho hasta convencerla de que debía hablar con su padre para decirle que yo no era el hombre a quien quería como marido. Lo que no imaginé fue que ella recurriría a ti en busca de ayuda, o que creerías de verdad que deseaba a otra mujer que no fueras tú — añadió.
Inclinó la cabeza hacia Hermione, pero ella le apartó con firmeza.
—Eso no explica por qué me tendiste la trampa para que nos casáramos —le recordó.
—Oh, eso —volvió a sonreír—. Tú fuiste la única que decidió que iba a casarme con Cho; yo sólo alargué un poco las cosas y decidí que, como estabas tan dispuesta a verme casado, sería mejor que lo hiciera con la novia de mi elección. Confieso que me sorprendió la facilidad con que conseguí que siguieras mi juego. Anoche creí haber descubierto el motivo —dijo ceñudo. Luego, al notar su inquietud, añadió—: Tu respuesta sexual hacía mí y el hecho de que no habías tenido otros amantes. Pensé que sólo me usabas como un medio de desahogo físico.
Hermione movió la cabeza.
—Me dabas miedo, me hacías parecer tan vulnerable. No podía desearte así, no podía quererte si tú no me correspondías.
— ¿Cómo no iba a quererte? —protestó él—. Cada vez que te tocaba traicionaba mis sentimientos. Debiste estar ciega para no darte cuenta. Tengo treinta y dos años, y tú eres la única mujer que puede encenderme de esa manera. No pretendo que renuncies a todo lo que has logrado con tu trabajo, Hermione —añadió de pronto—. Ya te has labrado una carrera y...
Ella negó con la cabeza y le interrumpió:
—Draco estará encantado de comprar mi parte en la sociedad. Yo puedo conformarme con un trabajo más modesto... algo que pueda compaginarse con la vida familiar —añadió con una sonrisa—. Un montón de vida familiar. ¡Cielos! —de pronto recordó que no le había dado la noticia de su padre. También le dijo que en parte, se había convencido de que la quería, por lo que le había contado su madre.
—Es increíble la cantidad de coincidencias que han tenido que darse para que podamos ser felices por fin —murmuró muy serio, y añadió con una mueca—: Desde luego, si hubieses seguido respondiendo como lo hiciste anoche, dudo de que hubiera pasado mucho tiempo antes de decirte lo que sentía por ti. Anoche me contuve de hacerlo sólo porque tenía miedo de asustarte. Y para terminar, sólo una pregunta más.
— ¿Qué?
—Me preguntaba dónde aprendiste a seducir tan bien.
Hermione se rió.
—Ah, bueno —bromeó—. Te lo diré. Siempre procuro tomar ejemplo de los demás, y tengo un marido... —bajó la cabeza y le susurró algo al oído, hasta que él la cogió en brazos y murmuró malicioso:
—Bien, en ese caso...
Mucho, mucho después, Hermione recordó de pronto que no habían comido nada. Mientras iban juntos hacia la cocina, donde prepararon la cena, pensó que aunque aquello distaba mucho de ser romántico, en ese momento se sentía más feliz que nunca.
Harry dejó de cortar el pan que iban a comer con los huevos revueltos y sonrió:
— ¿En qué piensas? —preguntó Hermione emocionada y esperando una ardiente respuesta.
Pero en vez de eso, Harry sonrió y la provocó:
—Me preguntaba qué dirán nuestros hijos cuando les cuente que su madre me sedujo en un jacuzzi.
— ¡No te atrevas a decirle eso a nadie! —amenazó Hermione ruborizada, y olvidó su indignación cuando Harry la abrazó y le susurró con amor:
—No lo haré si me prometes que volverás a seducirme... ahora mismo.
FIN
Gracias por compartir conmigo el amor por la pareja, por los que leyeron espero que les haya gustado mucho; por los que me pusieron en favoritos y le dieron follow a la historia, les estoy eternamente agradecida.
