Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Kyoto Animation.
¡Al fin pude terminarlo! Me sentía re mal porque me había estancado en una parte y no podía avanzar.
Con respecto a esta parte, debo decirles que es la última. A medida que iba escribiendo, quería pegarle a Haru más y más. Así que en un momento me replanté cambiar el final, hacerlo más corto, más sencillo, sin tanto drama. Pero a la vez quería dejar todo esto al final terminé dejando. Levi, como siempre, fue la que lo leyó primero y me dio su opinión de no hacer ningún otro final.
Asi que, nuevamente, espero que lo disfruten, y que si es así, me lo hagan saber, y si no, díganme qué fue lo que no les gustó. Como dije anteriormente, este fanfic lo hice que todo mi amor.
Enjoy it!
ADVERTENCIA: Esta parte del fic contiene lemon.
** PARTE IV **
Enredaban sus lenguas y se saboreaban. Gemían en la boca del otro, transmitiendo el capricho y la necesidad que tenían de convertir sus cuerpos en uno solo, de unir sus almas sedientas de deseo.
Makoto se incorporó, haciendo que Haru se siente sobre él. Bajó sus manos hasta el pantalón de su compañero, y desabrochó los botones, metiendo su mano dentro del bóxer. Haru exhaló su nombre hundiendo su cara en el cuello de su amigo y los movimientos fueron más rápidos.
—Me gusta que estés tan duro, Haru— susurró con diversión.
Giró sus cuerpos para recostar a Haru boca arriba y quedar sobre él. Volvieron a besarse con urgencia. Las manos de cada uno recorrían con desesperación el cuerpo del otro, como si no les alcanzara el tiempo para conocerse por completo.
—Haru— gimió en su boca—, date la vuelta— el chico le hizo caso sin protestar, ambos querían esto—. Ponte así, apoya tus manos en la cama— Makoto lo acomodó a su antojo, Haru estaba entregado a su mejor amigo de lleno, podía hacer con él lo que le plazca, que no opondría resistencia alguna.
Makoto le sacó el pantalón y el bóxer. Haru no era un chico de sentir vergüenza por algo. Ni siquiera de estar desnudo, pero esta vez era diferente. Sentía la intimidante mirada verdosa recorrer cada rincón de su anatomía, observar cada mínimo detalle de su figura.
Su cuerpo se puso rígido cuando Makoto acarició su muslo con suavidad.
—Relájate— dijo y Haru exhaló tratando de liberar algo de tensión.
El chico de ojos azules sintió que lo atravesaba una corriente eléctrica cuando Makoto introdujo un dedo dentro suyo y lo movió lentamente en círculos. Dolía, y se sentía un poco extraño y engorroso, pero poco a poco el placer iba tomando protagonismo.
Makoto lamió su espalda, recorriendo toda su columna vertebral, excitándolo más de lo que ya estaba. Introdujo un segundo dedo a la vez que incrustaba sus colmillos en el omóplato de Haru. éste profirió un gemido incontenible. Nuevamente allí estaba aquel éxtasis que sentía cuando Makoto bebía de su sangre. Haru sólo se limitaba a contener todos los gemidos que pedían ser liberados con urgencia de sus labios.
—¿Estás listo, Haru? Comenzaré a meterlo— preguntó alejándose de su piel.
El cuerpo de Haru se tensó nuevamente cuando la idea de tener a Makoto dentro suyo pasó por su mente. Una parte de él tenía miedo. Miedo de no poder aguantarlo. Desasosiego de que no sea lo que esperaba. Y, principalmente, pavor de decepcionar a Makoto, de no satisfacerlo. Eso, sin dudas, sería lo peor. Pero, sin embargo, quería hacerlo, entregarse por completo al deseo de unirse a Makoto eternamente, sellando su amistad, el fuerte lazo que siempre los unió.
—Seré cuidadoso, lo prometo. Respira ondo.
Makoto separó los muslos de Haru, y éste sintió como el glande se abría paso dentro suyo muy lentamente. Era doloroso, algo incómodo, más sabía que Makoto estaba dando lo mejor de él para no lastimarlo.
Se quedó quieto, y Haru comprendió que lo había metido por completo en su interior y que se había detenido para que el chico de ojos azules se acostumbrase al miembro de su amigo.
—¿Te encuentras bien?— jadeó con preocupación. Haru sólo asintió, no quería decir palabra alguna que delate el estado de excitación en el que se encontraba— ¿Puedo moverme entonces?— Haru se limitó nuevamente a asentir— De acuerdo, pero si quieres que me detenga, sólo dímelo.
Makoto, procurando no lastimarlo, comenzó sus movimientos lentamente y el cuerpo de Haru tembló.
Seguía sintiendo aquella extrañeza por lo desconocido del nuevo acto, pero, por otra parte, se sentía tan bien. Por más que el dolor lo atormentara, escuchar a Makoto exclamar su nombre entre jadeos, mientras se aferraba aún más a sus caderas, le nublaba la vista de placer. Cerró sus ojos y, como pudo, tomó una almohada para ayudarse a tragar esos gemidos que desesperadamente pedían ser liberados de su garganta, porque no quería que Makoto lo escuchase así, tan vulnerable. Haru siempre mantuvo guardadas sus expresiones, aunque Makoto era capaz de derribar aquella barrera invisible. Sin embargo, Haru jamás se hubiese imaginado que su amigo también revelaría esa parte suya que ni él mismo conocía.
Una mano caliente recorrió toda su espalda y sintió el cuerpo de Makoto apoyarse levemente en ella.
—No hagas eso, Haru— lo tomó por el mentón, levantándolo apenas—. No te tapes, quiero escucharte.
—No— dijo el muchacho de ojos azules, volviendo a hundir su rostro en la suavidad de la almohada.
—Pero, Haru— alargó y el chico le respondió negando con su cabeza.
Haru exhaló al sentir que Makoto dejaba su cuerpo. ¿Por qué? ¿Se había enojado, acaso?
Makoto se separó de él, y tomándolo por las caderas, en un rápido movimiento, hizo que se volteara, dejando atrás aquella almohada que usaba para protegerse. Su amigo le abrió la piernas nuevamente, para adosarse a su cuerpo otra vez. Haru le correspondió rodeando su cuerpo con ellas.
—Quiero escucharte, Haru— ronroneó al sumergirse en su interior—. Ngh… Déjame… escucharte.
Sus movimientos ya no eran lentos, como hacía unos minutos atrás. Makoto sabía que el cuerpo de Haru se había acostumbrado a su miembro. Se movía más rápido, con más vehemencia, mientras el chico de orbes azules hacía su mayor esfuerzo por contenerse y no gritar, más era una tarea difícil, pues el modo en que Makoto entraba en él, llegando cada vez más a su fondo, descontrolaba su mente. Escuchaba como Makoto exhalaba y gemía. Ver el rostro del chico, en ese estado, era el paraíso. Con los ojos cerrados, su boca entreabierta diciendo su nombre. Haru mordiendo su labio, estiró una mano para alcanzar el rostro de su amigo. Éste, al sentir el roce, se acercó a su boca y lo besó, entrelazando sus lenguas y Haru se permitió gemir contra sus labios, halandosus cabellos castaños.
—Ngh… Mako… to… Más...— sus palabras salían de él como súplicas— Más fuerte… Makoto…
El chico cumplió con el deseo de su mejor amigo. Sus estocadas se volvieron más enérgicas, agresivas. Haru se dejó llevar por el vaivén de las caderas de Makoto y los gemidos escaparon de su boca. Estaba demasiado excitado como para poder seguir manteniendo el control.
—Haru…— dirigió su boca al cuello de su amigo y rasgó la tersa piel con sus colmillos.
—¡Agh! Mnh… Ma… koto…— el chico bebía de su sangre con necesidad— Así… No te detengas…— estaba llegando a su límite y los gemidos cada vez eran más fuertes. Mordió el hombro de Makoto para no gritar más de lo que ya lo estaba haciendo.
Makoto lo penetró súbito, brusco, haciendo que Haru alcanzara el clímax y lanzara un grito de absoluto placer. Su amigo se siguió moviendo en su profundidad, entrando y saliendo, cada vez más y más rápido, más agresivo.
El líquido caliente llenó su interior, haciéndolo gemir nuevamente. Makoto continuó sus movimientos, ahora pausados, suaves, mientras lamía la sangre que recorría el cuello de su amigo.
Makoto salió de su cuerpo y se recostó a su lado. La mente de Haru era una maraña de pensamientos. No se arrepentía de lo hecho, todo lo contrario. Sin embargo ¿qué pasaría ahora? Sus sentimientos para con Makoto ya no eran sólo de una fuerte amistad, había descubierto que le hacía sentir algo que nadie más ha podido. Pero ¿y él? ¿Makoto actuaría como si nada? Al pensar en eso, sintió una terrible opresión en su pecho. Tomó las sábanas, que estaban sueltas por los movimientos de ambos chicos, y cubriendo su cuerpo, se volteó, acomodándose en posición fetal, dándole la espalda al que esa noche fue su amante. Éste se movió, tapando su cuerpo también. Haru sintió como Makoto se apegaba a él, rozando su nariz en la piel de su nuca, provocando pequeñas pero deliciosas corrientes eléctricas en todo su cuerpo.
—¿Estás bien? ¿Duele mucho?— lo abrazó
—No importa.
—Claro que importa. Si te duele, perdóname.
—Que no me duele— mentía, pero ese dolor quedaba en segundo plano cuando se ponía a pensar en eso incierto que vendría después.
—Haru…— se incorporó para mirarlo, pero el aludido siquiera le dirigió la mirada— ¿Te arrepientes de esto?— pudo notar dolor en sus palabras. Makoto era una persona muy sensible en cuanto a sus seres queridos.
—No— dijo vehemente.
—Entonces, ¿qué sucede? Estás… distante.
—Puedes ser tú el que se arrepienta luego— terminó la frase en un susurro apenas audible.
—¿Qué? Haru, no. No me arrepiento, ni lo haré— afirmó—. Te dije que ansiaba desde hacía tiempo beber tu sangre— lo sintió sonreír con amabilidad.
—¡Desear beber mi sangre no me asegura que tú también me…!— se había volteado a verlo, sus palabras ya no eran un susurro, al contrario, eran muy claras; pero cuando se dio cuenta de lo que estaba por decir, se calló.
—¿Qué, Haru?— dijo para que continuara.
—Nada, no importa— volvió a recostarse en la misma posición.
—Entiendo, y lo siento— musitó mientras se alejaba de su cuerpo y se levantaba de la cama—. Quédate el tiempo que quieras, te dejaré descansar tranquilo. Voy a estar en el living, por si necesitas algo.
Lo escuchó tomar algo de ropa y alejarse hasta la puerta, cerrándola tras é. Haru extendió su cuerpo sobre la cama y se quedó mirando el techo de la habitación. Sentía una molesta pesadez en todo su cuerpo. Era tan irónico, momentos antes se había sentido ligero como una pluma, al alcanzar el clímax junto con Makoto. ¿Por qué no continuó con lo que iba a decirle? ¿Por qué no lo detuvo antes de cruzar el umbral? Cubrió su rostro con ambas manos y soltó un largo suspiro.
Se levantó despacio, tenía el cuerpo un poco entumecido. Tomó su bóxer que yacía en el suelo, y un poco más lejos, estaba su pantalón.
El pasillo se encontraba en completa oscuridad. Makoto no había encendido ninguna luz en toda la casa, porque, claro, no la necesitaba.
Frente a la gran ventana del living se encontraba aquel chico al que amaba, iluminado por el claro de luna. Estaba vestido con sus jeans y su remera, esa ropa que Haru había arrancado de su escultural cuerpo, con tal deseo que no lo creía posible. Caminó silenciosamente entre la tenue oscuridad. Llegó a él y apoyó su cabeza en la espalda de éste. Makoto no mostró sorpresa, Haru sabía que había notado su presencia; aunque si era por su aroma o por la desarrollada audición del muchacho, no lo sabía; aunque tampoco importaba.
Se quedaron en silencio un largo tiempo. Haru no encontraba las palabras adecuadas para expresarse. Eran escasas las circunstancias en donde era dominado por sus emociones, odiaba que eso le pasara, ya que los nervios se apoderaban de él y terminaba diciendo cosas que no quería, o de la manera equivocada.
—Makoto…— si antes su cabeza estaba abarrotada de palabras, en el instante en que dijo su nombre, todas ellas se esfumaron.
—Está bien, Haru— su voz era plana, vacía—. Sé que esto terminó de una manera que no esperábamos. Y… entiendo que te hayas arrepentido, lue-.
—Te dije que no me arrepiento— volvía a ser hostil. No quería serlo, pero se sentía muy presionado y comenzaba a perder el control.
Makoto se separó de él, girándose a verlo. Haru se mantenía inmóvil, con los brazos a los costados de su cuerpo y la cabeza gacha.
—Habla— pidió—. Haru, dime qué es lo que te está atormentando.
¿Por qué hacía eso? Haru nunca tuvo que expresar sus problemas con palabras, Makoto siempre lo leía como a un libro abierto, lo comprendía y lo ayudaba, sin cuestionarlo. Ahora su amigo le estaba pidiendo, forzando a que lo hable. Se sentía algo mareado y la falta de sangre tampoco ayudaba.
—Dime si te molesta que haga esto— la mano tibia de Makoto se posó en el costado desnudo de Haru. Éste cerró los ojos al disfrute del tacto y negó con la cabeza— ¿Y que me acerque… así?— susurró en su oído al pegar su cuerpo contra él.
—Tampoco.
—¿Acaso esto te molesta?— aproximó su boca a la del otro chico y depositó un suave y silencioso beso. Los labios de Makoto aún sabían a sangre, pero también sabían a él; a calor, a comprensión, a amistad. Cuando se alejó, Haru desvió su vista avergonzado, pero igualmente negó en respuesta a la pregunta de su amigo— ¿Entonces, Haru? Si ambos queremos lo mismo no ve-.
—Tú no quieres lo mismo que yo— su voz fue cortante, aunque intentara no sonar tan frío, no hubiese podido, Las palabras de Makoto hacía eco en su mente—. Lo dejaste muy en claro en la habitación.
—¿Y qué crees que es lo que yo quiero?— sentía su penetrante mirada sobre su rostro.
—Lo que hiciste esta noche— dijo con dolor—, beber mi sangre, sólo eso.
—Creo que hemos hecho algo más que "sólo eso", Haru— acarició con una mano la piel de su espalda baja.
—Puedes beber mi sangre cuando lo necesites— se alejó un poco—, pero el resto no quiero que lo hagamos si tú… no sientes lo mismo.
Makoto lo tomó nuevamente por las caderas, y lo apegó a él, hablándole al oído.
—Dime qué sientes por mí.
Haru descansó su frente en el hombro del más alto. Se sentía demasiado frustrado y lleno de rabia por sus limitaciones para expresarse. ¿Tan difícil era decirle que lo que ahora sentía por él?
—Siempre pude saber qué sucedía contigo, con tan sólo mirarte— continuó su amigo—. Pero, ahora, siendo honesto, no logro saber qué es lo que pasa por tu mente. Dímelo, por favor.
—Makoto… yo me…— dudó un poco, pero, aunque le costara, se lo diría— Me enamoré de tí— no fue un susurro, siquiera tampoco un murmullo, fue más bien una leve exhalación, un suave suspiro que tenía atorado en la garganta y no podía liberarlo por pura cobardía.
Al estar aterrado por la idea de ser rechazado, se sorprendió cuando su cuerpo fue rodeado por los brazos de su mejor amigo.
—Te amo, Haru— besó su cuello delicadamente—. Siempre te he amado, pero jamás imaginé que ese amor llegara a donde nos encontramos ahora— sus besos y caricias se tornaban calientes otra vez.
—Makoto…— se quejó con un jadeo al sentirlo succionar su piel— Detente, vas a dejarme una marca— lo sintió reír, una carcajada suave.
—¿Qué le hace una mancha más al tigre?— se alejó para mirarlo risueño mientras Haru lo miraba sin comprender— ¿Acaso no te has visto en el espejo que hay en mi habitación?— rió
.—¿De qué hablas?
Con paso ligero, se dirigió al dormitorio de su amigo.
Al verse en el espejo, dejó de lado que su cabello estaba alborotado, y se concentró en las marcas que había en su cuello y en su clavícula. No sólo se veía lo que los besos de Makoto le habían dejado, sino también manchas moradas producto de sus colmillos.
—También tienes una aquí— rió divertido posando un frío dedo en su omóplato.
—No es gracioso— dijo serio—. ¿Qué se supone que haga con esto?
—Creo que puedes agradecer que hoy es viernes— sonrió—. Probablemente para el lunes sean casi imperceptibles— se acercó a su cuerpo nuevamente, tomándolo por las caderas, acariciando la piel de su vientre.
—Ba-basta… Makoto, detente— cada roce en su piel hacía que su cuerpo se excitara.
—No suenas muy seguro, Haruka— lamió el lóbulo de su oreja y éste gimió de placer, retorciéndose en sus fornidos brazos.
—Ma… koto…
—No te preocupes, Haru— dijo con sus labios pegados a su oído—. No te morderé… Tanto.
