Capítulo 2: Permítanos presentarnos.
Sábado, Septiembre 24 del año 30.
Ciclo XC
9:16 de la mañana. La academia es un desastre.
1.
Reno Sinclair rodea la esquina como suele hacer cada año, seguido por su leal y fiel compañero, Rude. No presta atención a sus pasos pues se encuentra ocupado intentando descifrar los garabatos que él mismo ha hecho horas antes en un mapa: lo gira, lo dobla, lo tuerce delante de su cara y aunque cubre el paisaje con su cuadrada forma, sabe que algo anda mal… puede olerlo en el aire.
Casi que mecánicamente sus pasos disminuyen el ritmo que los moviliza y, lánguido, levanta la mirada. Reno frena en seco ante la terrible imagen y su amigo Rude debe empinarse, arqueando su cuerpo hacia atrás, para evitar estrellarse con él. Cosas así le pasan a menudo junto al pelirrojo, pero no se acostumbra. Rude se aproxima a darle un zape, que detiene en el aire, porque también se queda boquiabierto. Parpadea varias veces.
La entrada asemeja una torre de azúcar; mocosos aspirantes jugando a ser hormigas hambrientas la atiborran desde la puerta hasta la boca del bosque que los circunda. Funcionarios y guardias se acercan dando órdenes a los gritos en vano, como si arrearan ganado, apenas controlando una parte de la multitud.
—¿Qué es esto? —dice Reno aventando dramáticamente el mapa.
A su lado, su amigo Rude se aclara la garganta con respeto. —Preludio al infierno —explica—. Mejor conocido como… inicio de ciclo.
—Ya… —Reno deja ver una mueca desdeñosa— te das vuelta y montan un parvulario.
—Es por la nueva política…
—¡Al cuerno la política! El presidente y los directores tienen la cabeza llena de aire. Mira nada más lo que ocasionan, parece una invasión extraterrestre —un niño intenta trepar por la tapia para poder escudriñar dentro pero resbala y cae al suelo. Al instante se pone de pie como si nada—. Y son inmortales, joder.
—Recuerdo nuestro día de inducción como si hubiera sido ayer.
Reno se ríe.
—Tú y yo, atravesando el bosque con las piernas en la mano. No había ferri en aquellos tiempos, ¡qué buenas remembranzas!
2.
Adentro, los dirigentes sin excepción, se arrancan el pelo preguntándose de dónde han salido tantos postulantes. Mientras, la secretaria les grita por ayuda, pues algunos chicos han logrado colarse a la recepción y ahora la llenan de preguntas e insultos para que los inscriba o los deje pasar.
3.
Génesis llega corriendo al taller de mecánica donde está Cid reparando un automóvil antiguo.
—¡Están por todos lados! —grita—. ¿No nos vas a ayudar?
El rubio sale de debajo del coche, deslizándose sobre la plataforma en que está recostado y le dirige una mirada de obviedad.
—Autoríceme usted su alteza y con gusto les paso el carro tanque por encima. Fácil, sencillo, sin problemas… será como jugar a los bolos… —una sonrisa—. ¿Génesis?
Cid ve la puerta moverse por la ráfaga de viento que crea el pelirrojo al salir. Era natural después de lo que había oído, creer que había perdido la cabeza.
4.
Aerith espera pacientemente en enfermería a que llegue el primer moribundo. No era una sorpresa en el primer día, siempre acababa complicándose todo.
5.
Yuffie y Vincent están reunidos en una de las salas cuando Sephiroth ingresa a toda velocidad.
—¿Y cómo te va con las criaturitas? —inquiere la pelinegra.
—¿Criaturitas? —salta Sephirot mandándose las manos a los bolsillos—. ¡Me han robado la cartera!
6.
Squall viene pateando niños desde la esquina.
—¡Quítense! —masculla con furia, intentando apartarlos con la sombrilla que carga, pero ellos sólo le envían una mueca reprobatoria y se le siguen pegando a las piernas hasta dejarlo sepultado en algún lugar de la multitud.
7.
Al salir a la amplia brecha frente a su casa, la luz del sol le inundó el rostro. Avanzaba a una velocidad inimaginable por los senderos cubiertos de flores otoñales. Olía a pradera, a canela fresca, los caminos ensombrecidos por las montañas levantadas a pocos metros sobre el horizonte. Hundía las botas en los charcos, distorsionando los paisajes reflejados en el agua. Pasaba dejando el fantasma de su esencia con que perturbaba la sagrada calma de la vegetación imparcita. Vio por encima de los arbustos, las colinas tan cercanas ahora y sin querer aceleró la marcha. La inmensidad del sitio le dejó ligeramente ciego, como a quien no ha visto la luz en siglos. Saltó la valla sin ninguna dificultad…
—¡Aquí estoy, aquí estoy! —gritó Zack provocando que el pelotón entero levantara la mirada. La visión de aquellos hombrecitos en uniforme sólo logró desequilibrarlo momentáneamente. Debió fijarse más en la iracunda mirada de su mentor. Se dirigía hacia él como el mismísimo diablo—. ¡Angeal, he descubierto algo asombroso!
El mencionado hizo un esfuerzo por mesurar su tono de voz.
—¿Dónde estabas? ¡Llevo horas buscándote!
—Pues me he distraído con la almohada y…
—Olvídalo. Necesito que me hagas un favor —Angeal aferró a su estudiante por el brazo y lo hizo girar con él para evitar las miradas curiosas de los demás—. Como supongo sabrás, hoy empezamos un nuevo ciclo —a Zack le costaba trabajo concentrarse por lo que se ganó un golpe en la cabeza.
—¡Ahh! ¿por qué…?
—Escúchame cuando te hablo —el mayor parecía estresado—. Tenemos toda la entrada principal llena de reclutas y postulantes… no hay más tiempo y debemos empezar con nuestras labores.
—¿Qué puedo hacer yo?
—El auditorio está repleto también de mocosos. Si el presidente se entera de que seguimos aquí nos muele a todos, subdirigentes y estudiantes ¿me oyes? Tienes que arreglártelas para conseguir a Sephiroth sin que se entere apenas nadie. Dile que consiga apoyo y venga a ayudar mientras yo evacuo a los novatos a los campos B del sector oriente. ¿Estás oyendo?
—Sí.
—Necesitamos toda la ayuda posible, anda, ah y antes entrega esto en recepción también…
—¡De acuerdo!
Tan pronto como Angeal le entregó el paquete, Zack salió disparado hacia su destino, enloquecido.
...
Zack se movió hábilmente entre los estudiantes que lucían una sonrisa, absortos en sus conversaciones inaportantes. Recién acababa de entregar los paquetes a la recepcionista y habiendo visto el caos con sus propios ojos, decidió tomar el atajo del comedor para evadirlo. Alcanzaba ya las escaleras hacia la oficina de Sephiroth, cuando unos gritos que se acercaban por el pasillo de abajo le tomaron por sorpresa.
—¡Ven aquí, no huyas! —Zack se asomó por la bordilla justo en el momento en que un chico rubio que corría, caía al suelo, acorralado por la multitud curiosa—. ¿No vas a responderme? —gritó Squall, apareciendo en su campo de visión—. A ver a cuántos puños comienzas a hablar.
La pesadilla cobraba vida cada seis meses con los inicios del ciclo. Los estudiantes más antiguos se aprovechaban de los novatos, provocando disputas y aislamientos. Parecía ser que el paso del tiempo no sólo los fortalecía sino que también les arrebataba la paciencia. Chicos como Squall Leonhart, gente buena de malas costumbres, perdurarían por siempre en la eternidad.
Tal vez inmiscuirse en aquel embrollo no fue lo más inteligente, pero Zack se quedaba corto de reflexiones cuando se trataba de una injusticia, por lo que, antes de que Squall lograra poner un pie más cerca del muchacho, se lanzó por encima de la baranda, aterrizando justo en medio. El castaño retrocedió perplejo al igual que todo su grupo.
—¿Tú otra vez? —refunfuñó Squall—. Saca tu trasero de en medio, Fair. Esto no es asunto tuyo.
—Calma —respondió Zack con mesura, se llevó una mano a la cadera y con la otra señaló el letrero sobre la puerta—. Recuerda la regla dorada de este lugar…
El letrero ponía al final, en caligrafía técnica, la leyenda: No pelearse.
Squall frunció el ceño un rato, pero finalmente cedió. Arremetió a lo largo del corredor, embistiendo sin querer a Loz que venía.
—¡Ehh fíjate, animal!
En otras circunstancias, Squall hubiera sido fiel a su naturaleza indiferente; pero dado el caso, aún iracundo, se volvió: —¿Qué has dicho?
Loz levantó una ceja, complacido por la reacción del castaño. —Nada, algo así como que te fijes, animal.
Squall lo miró de arriba abajo. —Pobre diablo —escupió, dándole la espalda.
El gesto disgustó a Yazoo, que apareció para avivar el fuego. —No le tendrás miedo a Loz, ¿O sí, Leonhart?
El mencionado levantó el dedo medio a modo de burla. Loz, irritado, le lanzó súbitamente una habichuela a la cabeza.
Las personas allí confinadas vieron tras unos ojos de absurda expectación la forma como Squall erguía el cuello lúgubremente, antes de encarar a los hermanos, sin otra expresión en el rostro más que la de un aura negra levantándose. Tomó con la más inaudita de las calmas un vaso metálico y lo arrojó brutalmente a Yazoo, pero éste se agachó y el vaso terminó dándole a Kadaj. Al ser el menos paciente de los tres, respondió de inmediato lanzando un huevo frito con todo y plato.
Squall se movió y nuevamente la acción hizo víctima a otro espectador inocente.
Reno, presagiando una batalla campal, intervino:
—Wow, wow… tranquilos chicos —su pos de pacificador no duró demasiado. Otro plato voló por los aires y le impactó en la cara. Alguien rió al fondo al verlo con el brazo petrificado en lo alto. Mientras el mazacote caía, Reno gritó desatando el caos—: ¡ESTO ES GUERRA!
Un tenedor salió disparado y por poco hiere en el ojo a una chica. —¿¡Cómo te atreves!?
Cloud intentó escabullirse fuera, pero Rude le pilló a tiempo. —Alto ahí, recluta. No hemos terminado contigo.
El chico rubio se tambaleó y Reno aprovechó para agarrarlo de los brazos. —Tiene razón —dijo escupiendo arroz—. ¿Qué deberíamos hacer con él? —un plato de sopa se quebró cerca de su zapato—. ¡Hijos de puta! —exclamó demasiado fuerte y unos tipos malos volcaron sus miradas asesinas sobre él.
—¿A quién le llamas hijo de puta, hijo de puta?
El pelirrojo descompuso el semblante. Se dio cuenta de que si no escapaba, sería el blanco de todo el menjurje que llevaban en las bandejas esos hombres. Tan pronto el primero comenzó a dispararle cosas, Reno usó a Cloud como escudo. Éste gemía indefenso. Un recipiente hondo que contenía algo viscoso golpeó a Cloud, volteándole la cara como una gran bofetada. Reno se rió. —Bien hecho, solecito.
Vincent acababa de entrar. Zack por su parte intentaba lidiar con las masas enloquecidas, recibiendo bombazos de papa y chorros de jugo en respuesta.
Nadie pudo prever lo que pasaría porque nadie se detuvo a pensar en las consecuencias. Unos pasos pacientes resonaron en medio del desastre, eran secos y aletargados y poco a poco fueron aplacando el bullicio. Cuando todos se enteraron de lo que pasaba, se mordieron los labios, arrepentidos.
—¿Qué pasa aquí? —exclamó Sephiroth. Su voz era tan fuerte que no tuvo necesidad de levantarla para hacer el silencio.
Una bandeja metálica cayendo…
Todos se petrificaron de repente viendo a Sephiroth en lo alto del segundo piso, de pie como una estatua alta e imperiosa. Un dios que vino a llevárselos a todos al infierno.
Cada instructor buscó en derredor a sus estudiantes. Tseng ubicó a Reno, que abrazaba a un chico rubio. En cuanto sus miradas hicieron contacto, lo apartó de un empujón, tirándolo. Rude agachó el pescuezo, avergonzado. Angeal entró con sigilo y desde la puerta observó a Zack menear la cabeza. Barret trató de contener a Squall que sólo hizo un gesto irreverente.
Por tanto, Sephiroth bajaba las escaleras pausadamente. A su paso encontró la pared embadurnada de jugo de tomate, la recorrió con su dedo dibujando una línea macabra. Pasó su mirada por aquellas jóvenes caras desgraciadas. La gente se apartaba con respeto en lo que él esquivaba con elegancia los restos de comida esparcidos por el suelo. Se detuvo cuando se topó con Cloud a sus pies. Su sombra le cayó encima, éste levantó la mirada y eso bastó para que Sephiroth se diera cuenta de que se trataba de un postulante infortunado.
—¿Y bien? —indagó Sephiroth—. ¿Alguien me dirá el nombre del responsable… —nadie musitó palabra— o debo pensar cómo castigarlos a todos? —todos señalaron desde diferentes direcciones a los integrantes del grupo de Zack —Sephiroth sonrió—. ¿Por qué no me sorprende? —Vincent se palmeó la cara—. ¿Señores? —dijo levantando a Cloud del brazo—. Les presento a su nuevo compañero.
Reno que balbuceaba palabras ofendidas, calló al oír la noticia. —¿Qué qué? —saltó.
—Me ha escuchado bien, Sinclair. Éste jovencito hará parte de su pelotón a partir de este preciso momento.
—¡Ya somos cinco en la habitación! —volvió a chillar el pelirrojo.
—Pues hagan que quepa el sexto.
—Ni de broma —masculló Squall sin una pizca de humor en su voz.
—Oh no —continuó el albino—, si es que lo digo muy en serio.
Para ese entonces las miradas iracundas habían ido a parar en el pequeño.
—Bien jugado, amarillo —siguió Rude cruzado de brazos, refiriéndose a Cloud.
—A desempolvar el traje de limosnero, muchachos, se nos fue a la mierda el título —Reno bromeó haciendo una serie de aspavientos y gesticulaciones extraños.
Zack intervino:
—Esperen un momento, tropa. Me parece que estamos siendo un poco injustos. Nos viene bien una incorporación al equipo, yo…
Sephiroth lució una sonrisa traviesa. Tocó el hombro de Zack, interrumpiendo su parloteo. —Pues qué bueno que te agrade el chico, Fair. Porque tú lo vas a entrenar.
Zack se quedó de piedra, Reno se le acercó. —Ahora sí hay que ser amables con el nuevo.
Rude fue más allá. —Más te vale aprender a cambiar pañales o te terminan de cagar la carrera.
Los otros miembros del equipo intercambiaron miradas, intentaban contener la risa.
—Vaya hombre —dijo Zack—. No los recordaba tan simpáticos.
Sephiroth ya se alejaba. Al oír el sarcasmo del pelinegro ensanchó su sonrisa.
Cloud se puso de pie dispuesto a correr, pero Squall le hizo zancadilla y lo devolvió al suelo.
—Habrá que rifar las camas —musitó Vincent uniéndose al drama—. Otra vez…
Reno cruzó las manos detrás de su nuca despreocupadamente. —Que duerma afuera.
—No seas animal —le reprendió Rude—. Puede dormir en la alfombra.
Cloud seguía intentando huir pero Squall lo sujetaba con firmeza.
Antes de desaparecer, Sephiroth hizo señas a los otros instructores, quienes captaron el mensaje de inmediato. Comenzaron a evacuar a los estudiantes del comedor. Squall soltó a Cloud y este, humillado, se acurrucó en el suelo. La multitud empezó a movilizarse.
Mientras le pasaban indiferentes por el lado, Zack se fijó en el chico rubio: contenía sus piernas con los brazos y entre las rodillas tenía metida la cara. Llevaba una mascarilla de puré de papas muy original. Zack se acuclilló frente a él para buscarle los ojos.
—Hey —susurró Zack gentil. No hubo respuesta, sólo un trozo de verdura resbalándole por la mejilla—. ¿Cómo te encuentras?
Cloud hubiera querido darle una patada al pelinegro para demostrarle lo que sentía. ¿¡En serio era necesario preguntar!?
Hubo un pequeño ajetreo ajeno al campo de visión de Cloud, pero después llegó la calma y con ella, la curiosidad. Creyó que lo habían dejado a solas así que inclinó un poco la cabeza hacia arriba. Al ver que se había equivocado volvió a bajarla.
—No… —oyó la risa de Zack— casi lo conseguía.
—¿Quién es, Zack? —murmuró Angeal.
—Mi nuevo pupilo.
—Mentira.
—Verdad. Sephiroth me lo encargó para que lo cuidara. Estabas aquí, tuviste que verlo.
Angeal se echó a reír. —¿En que estaría pensando? Tú no puedes cuidar ni de una roca.
—Harás que pierda la confianza en mí.
—No se puede perder lo que nunca se tuvo. Mira nada más cómo le han dejado.
Cloud gimió, debía tener un aspecto horrible. Se agazapó aún más cuando de pronto, tiraron de sus muñecas para ponerlo en pie. Viendo su protección vulnerada, Cloud mantuvo los ojos instintivamente apretados durante un rato. Después tuvo que abrirlos. Alzó lentamente la mirada y vio a Zack sostenerle. A pesar de que él también se hallaba cubierto de comida, sonreía. El desastre que los envolvía pasó a segundo plano cuando Cloud reparó en el bonito color de los iris del otro.
—Hola —saludó Zack. Cloud apartó la mirada—. Soy Zack, llámame Zack —Angeal rodó los ojos—. Quiero ofrecer disculpas en nombre de todo mi equipo. Eres un postulante, ¿no? Lo que tienes que hacer ahora es presentarte con los instructores en el campo B, sector oriente. Si rodeas el edificio encontrarás unos baños, ahí puedes lavarte… —iba a decir algo más, pero su mentor le indicó la salida—. Debo irme, pero te deseo suerte —miró el gafete prendido en la camisa del rubio—, Cloud.
Zack sonrió una vez más antes de soltarlo y alejarse. Cloud sintió las muñecas, donde antes habían estado las manos ajenas, arder. Vio a Zack partir. En medio del comedor desolado, se repetía la historia del callejón.
Este capítulo me costó un montón, pero ha sido gratificante hacerlo. Espero que las personalidades de los personajes se parezcan al menos un poco a las originales, por cierto, no odien a Reno... ¡Yo lo amo, aunque sea un descarado sin consciencia!
Gracias por leer.
