¡Vaya que me tomo un tiempo el poder terminar este primer capitulo!
La verdad lo que más me estaba afectando aqui es que no queria que se desarrollaran muchas cosas, pero tampoco queria que no ocurriera nada. Espero haber logrado algo parecido.
¡Recien estamos comenzando, compañeros! ¡Espero que disfruten del primer capitulo de Entre el Destino y el Tiempo! Si tienen preguntas, dudas o comentarios, ¡no duden en escribirlas! ¡Aunque no esperen que conteste claramente si se trata de un spoiler!
El reino de Hyrule, tierra de leyendas.
Cuenta una de ellas, relatada dentro de la Familia Real, de un niño; un pequeño joven que aventurándose fuera de lo que él conoció como su hogar, viajo por las montañas, bajo el agua, e incluso a través del tiempo.
Todo con el fin de salvar al reino de las manos del terrible rey de la maldad, quien habiéndose adentrado en el Reino Sagrado, se había apoderado de una parte de la divina Trifuerza, obteniendo el fragmento del Poder.
Los esfuerzos del joven héroe dieron resultado, y la maldad fue desterrada de Hyrule; logrando que recuperara su paz y esplendor.
La historia cuenta que la líder de los Sabios le dio al héroe la posibilidad de vivir su vida, libre de la misión que las diosas le habían designado.
Diez años han pasado ya, y la paz ha perdurado gloriosamente. Tal vez no ha sido una utopía perfecta; la malicia no es algo que se pueda erradicar de todos los habitantes o seres vivos que hay en el reino. Pero sin duda es mucho mejor que aquel oscuro futuro que solo unas cuantas personas recuerdan.
La gente nunca sabrá de la destrucción de la que fueron salvados, del como una persona arriesgo su vida incontables veces para que ellos pudieran vivir la suya en paz y tranquilidad. No, eso es algo que nunca sabrán, porque se ha borrado de sus memorias; aquellos siete años de penas y sufrimientos jamás existieron para ellos.
Pero hay una persona que no ha olvidado, y usara todo en su poder para que la gente no vuelva a pasar por algo como eso.
La actual monarca del reino: La reina Zelda Nohansen deHyrule.
A pesar de los años, los eventos que ocurrieron cuando tan solo tenía once años quedaron completamente grabados en su mente; incluso los que tuvo que vivir en aquel tiempo alterno a merced de la temible encarnación del mal, tiempo que fue reescrito con su poder, permitiéndole así a todos poder vivir como debió haber sido.
Especialmente a aquel joven héroe, que tuvo que cargar con los designios de las diosas desde tan corta edad, y perder varios años de su vida que, al menos ahora, esta vez sí habrá sido capaz de vivir.
Una verdadera lástima que no haya oído nada de él desde que se fue unos meses después de que Hyrule estuviera a salvo.
No podría evitar soltar un suspiro mientras se encontraba en su escritorio, revisando varios documentos referentes al estado en el que se encuentra actualmente el reino según los reportes.
— ¿Por qué estoy pensando en estas cosas ahora? Puede que nunca lo haya olvidado realmente, pero aun así…
Empujaría suavemente los papeles usando solo sus dedos, alejándolos de ella un poco al no poder concentrarse en su totalidad. Y tomando un profundo respiro, se llevaría ambas manos a la cabeza, empezando a frotarse las sienes con dos dedos de cada lado, manteniendo sus ojos cerrados.
— Respira, relájate, no te dejes derrotar por esto. Si ya has podido asimilarlo antes.
— ¿Debería preocuparme de que Su Majestad se encuentre hablando sola?
Internamente, Zelda casi podía sentir algo muy cercano a un paro cardiaco por la enorme sorpresa de la repentina voz; pero en el exterior, con tantos años de educación y enseñanzas respecto a poder mantener sus emociones relajadas ante cualquier situación, le permitieron conservar una imagen calmada ante la recién llegada.
— No tiene nada de malo que lo haga, Impa, me ayuda a pensar mejor las cosas en muchas situaciones.
La joven reina abriría sus ojos para ver a su fiel acompañante y protectora, Impa, la imponente Sheikah que ha estado a su lado desde que tiene memoria. Como era habitual en ella, se la encontraría cruzada de brazos, portando su usual atuendo y su confiable kodachi amarrada detrás de su cintura.
Impa tendría una pequeña sonrisa al dirigirse a su protegida.
— ¿Estas segura que eso no es una excusa solo para justificar tus inusuales hábitos?
Dejando la madurez que adquirió desde muy temprana edad de lado, Zelda se cruzaría de brazos e inflaría sus mejillas desviando la mirada, teniendo un pequeño rubor en sus mejillas.
— Por supuesto que no, realmente me resulta más cómodo el decir mis ideas en voz alta cuando estoy en privado. Además… —la expresión de su rostro cambiaria a una más melancólica, llevando ahora su vista hacia una pintura que se encontraba colgada en la pared que está a su derecha — es algo que mi padre hacia también, por el mismo motivo.
La Sheikah miraría de reojo en la misma dirección, identificando sin problemas el cuadro en donde se hallaba retratado el anterior monarca de Hyrule y padre de Zelda, el rey Daphness Nohansen.
Sabiendo lo que aún podría afectarle a la actual reina el tema de su padre, Impa decidiría meterse en otro asunto.
— ¿Vas a decirme que es lo que te está perturbando entonces?
Eso conseguiría recuperar la atención de la monarca, quien regresaría su vista hacia la otra mujer. Aunque se quedaría pensativa por su pregunta, o por la respuesta que iba a darle.
— No lo sé con certeza, Impa. Hace dos días tuve un extraño sueño, uno que realmente no puedo explicar con exactitud.
Se pondría de pie y caminaría alrededor de su escritorio hasta colocarse delante de este, quedando frente a frente a Impa, siguiendo entonces con su relato.
— En mi sueño era todo oscuridad, no podía sentir nada, ni siquiera sabía si podía moverme, o incluso ver. Pero entonces un destello azul brillo a lo lejos, y como un cometa, viajo a gran velocidad pasando cerca de mí —se llevaría su mano derecha a su mentón, con el dedo índice cerca de sus labios —. Fue ahí que note otro destello, pero este estaba inmóvil y además era de un color verde. Además de que no parecía poseer una gran luz…entonces vi que el cometa azul iba en dirección al destello verde, y cuando llego, todo se ilumino al punto de ya no poder ver nada…el sueño termino entonces, y desperté abruptamente.
La mujer mayor había estado prestando total atención ante lo que Zelda estaba contándole, teniendo una expresión seria en su rostro, tratando de analizar cada detalle.
— Ciertamente suena bastante preocupante. Especialmente con la posibilidad de que se trate de otro de tus sueños proféticos.
Los ojos de la rubia se entrecerrarían, bajando un poco la mirada y demostrando una clara preocupación en su expresión.
— Eso es lo que más me temo, porque realmente no puedo identificar a nada que me dé la sensación de que se trata de esa oscuridad que lo cubre todo. Y por ello es que me cuesta comprender el significado de este sueño, ya que a diferencia de la última vez…al menos ahí podía ver que unas Nubes Negras cubrían el reino.
Impa se quedaría silenciada unos momentos, mirando de forma más mas fija a la reina, como si quisiera descifrar algo.
—…Hay algo más, ¿no es verdad?
Desviando la mirada una vez más, se quedaría silenciada ante la pregunta de la Sheikah. Por lo que esta continuaría hablando.
— Es el destello verde, ¿cierto? Seguramente es el significado que más te preocupa.
— ¿Qué se supone que debo pensar de ello? —ahora si respondería al instante la joven, pero con sus ojos cerrados, escondiendo lo que fuera que reflejara su mirada — Hay tantas posibilidades que puede haber en lo que se me ha mostrado.
— Eso es verdad, por desgracia no podemos llegar a una conclusión concreta con algo como eso. Pero a lo que me refiero-
Abriendo sus ojos, con una mirada mucho más calmada de lo que uno esperaría, Zelda interrumpiría a su guardiana.
— No importa. Lo importante ahora es que hay una gran posibilidad de que el reino sea amenazado por algo, o por alguien, y mi prioridad es garantizar el bienestar de toda mi gente.
Mirándola con una combinación de admiración y cierta pena, Impa asentiría con su cabeza, decidiendo cesar con su curiosidad.
— Puedes estar segura de que pase lo que pase, sabes que estoy a tus ordenes, Su Majestad.
La rubia la observaría con una pequeña sonrisa, aunque había una especie de reclamo en sus ojos casi imperceptible.
— Impa…
Dicha mujer volvería a sonreírle tenuemente, siendo lo más acostumbrado para ella.
— Y tienes todo mi apoyo, Zelda.
Ahora si la sonrisa de la reina se haría más amplia, así como su mirada más dulce y suave.
— Te lo agradezco. De verdad.
Dejarían que el pacifico silencio se mantuviera en la habitación unos momentos, hasta que Impa lo rompería, teniendo una ligeramente burlona sonrisa en su boca.
— Bien, creo que ya te has distraído lo suficiente, aun tienes varios deberes de los que encargarte el día de hoy.
Sorprendida ante el recordatorio, Zelda no podría hacer más que parpadear un par de veces, tratando de asimilar el cambio de rumbo que tomo la conversación; pocos segundos después cerraría sus ojos y negaría con su cabeza, dejando escapar una suave risa mientras sonríe.
— No hace falta que me lo recuerdes como si pensara escaparme de mis obligaciones.
— Eso está bien, ¡entonces andando!
Aun manteniendo la sonrisa, la joven monarca asentiría con su cabeza, aunque no podía evitar meditar un poco en las indagaciones que Impa quería hacerle. No quería hablar de ello, pero el destello de luz verde y su posible significado también la estaba perturbando bastante…
— Su Majestad, los reportes indican un avance satisfactorio en las expansiones de la Villa Kakariko.
— Ha sido de gran ayuda el que la Tribu Goron se ofrecieran a ayudar a las construcciones de las casas.
— Si todo marcha a la perfección, seguramente en unos cuantos meses las construcciones estarán terminadas.
Zelda había estado redirigiendo su vista constantemente al ponerle atención a cada persona que hablaba, una después de la otra.
En este momento se encontraba en la sala de juntas de su grupo de consejeros, siendo la mayoría hombres que claramente la sobrepasaban en edad por mucho. Cosa bastante normal, considerando que eran también los consejeros de su padre.
La reina no podía negar que le complacía el saber que las cosas estaban marchando tan satisfactoriamente y que fueran los mismos miembros del consejo quienes se lo hicieran saber de esa manera tan positiva.
Después de todo, algunos de ellos no estaban de acuerdo en coronarla como reina en sus condiciones.
— Es realmente un gusto saber eso, caballeros —respondería luego de unos momentos, observando a todos los presentes en la gran mesa—. ¿Qué me dice de la seguridad del reino, General Galen?
Desviando su mirada hacia la izquierda, se fijaría en el único hombre que no estaba usando un elegante traje de fina tela, sino una armadura digna del líder de la armada del reino; cuyo color plateado podría cegar a alguien por los reflejos de la luz del sol en el campo de batalla. O al menos eso es lo que piensa secretamente ella.
Galen era de hecho uno de los hombres más jóvenes entre los presentes. Si bien era sin duda mayor que Zelda, con sus rasgos endurecidos y la barba por todo su mentón, en realidad apenas estaba entrando en sus treinta años. Y tampoco tiene tanto tiempo sirviendo como General, hace solo un par de años que había sido ascendido al puesto.
Claro que nada de eso indicaba que las capacidades de Galen fueran puestas en duda, dado que se había ganado el ascenso por sus habilidades como guerrero y como líder.
— Su Majestad —saludaría de forma respetuosa el general con un asentimiento de la cabeza antes de proceder a responder la pregunta— Desafortunadamente, actualmente un grupo de soldados se encuentra investigando las denuncias de algunos ciudadanos que afirman haber sido víctimas de vandalismos.
La complacida sonrisa de la rubia se borraría apenas escucha esas palabras, adquiriendo un gesto mucho más serio.
— ¿Vandalismos? Explíquese con claridad.
Aclarándose la garganta, Galen se dispondría de comenzar su relato.
— Esta mañana algunos habitantes de la ciudadela y de la villa reportaron intentos de robo. Algunos aseguran haber visto por lo menos la figura del asaltante, pero nadie parece ser capaz de identificarlo más allá de parecer tratarse de un hombre por la complexión robusta que dicen haber podido observar.
— ¿Es la primera vez que se reporta algo como esto? —Zelda tenía el ceño fruncido, mirando de reojo a todos los presentes pero centrándose un poco más en el líder del ejercito— ¿Ha habido algún daño grave en estos "intentos de robo"?
— Afortunadamente no, Su Majestad —respondería Galen sin dudarlo—. Nadie ha salido herido, pero temen que ese bandido pueda volver o empezar a hacer cosas peores.
— No es la primera vez que lidiamos con algo como esto. Por desgracia los crímenes como los robos es algo que no se pueden erradicar por más que uno lo quiera. No te alteres, Zelda, esto es perfectamente normal; inaceptable, pero normal.
Tratando de no perderse en sus propios pensamientos, dirigiría su atención hacia el miembro del consejo que tenía como especialidad el manejo de los medios de comercio de Hyrule.
— Lord Rutherford, ¿Qué tal se ha manejado la nueva vía de comercio marítimo?
El lord era un hombre de edad avanzada, alcanzando los cincuenta años, y su, en ocasiones, jovial actitud daban la impresión de que podría ser del tipo de hombre que trata a los más pequeños como si fueran sus adorables nietos. Especialmente porque de hecho se le ha visto consentir a sus verdaderos nietos.
— Majestad, por el momento no ha habido reportes respecto al navío encargado de llevar mercancía. No ha regresado al puerto aun.
— Tenía entendido que su regreso estaba previsto para el amanecer del día de hoy.
Hace poco más de un año, Zelda, entonces aun princesa pero miembro activo del consejo, había sugerido la idea de expandir los medios de transporte y comercio del reino. Luego de haber leído información respecto a las ventajas del medio marítimo, explico esto a los demás consejeros, así como a su padre.
No fue sencillo que aceptaran su idea, pero si algo había aprendido bien, era a tener el don de la palabra, y su discurso logro convencerlos de empezar el proyecto.
Tras haberlo dialogado con el Rey Zora, se aceptó completamente la idea de crear dicha vía de comercio a partir del Lago Hylia. La "cosecha especial Goron" fue de mucha ayuda para poder derribar una gran parte del muro de piedra que cerraba el lago del resto del mar, y a partir de eso fue un esfuerzo combinado no solo para construir el puerto, sino también los barcos.
Requirió mucho tiempo, pero el proyecto logro finalizarse, e Hyrule por fin era capaz de empezar a hacer viajes marítimos con fines de transporte o comercio.
— Desgraciadamente las aguas pueden ser muy engañosas, Su Majestad. No sabemos cuándo el mar puede ponerse en nuestra contra.
Un escalofrió recorrería la espalda de la reina de solo pensar en que una tormenta pudiera haber causado una desgracia a la gente que iba en el barco.
— ¿Cuánto tiempo podemos esperar antes de considerar lo peor?
Notando la perturbación de la monarca, Rutherford sonreiría de una manera paternal, demostrando una vez más esa imagen de padre/abuelo cariñoso o comprensivo.
— No se preocupe, Majestad. Estoy seguro de que regresaran sanos y salvos. Es solo un pequeño contratiempo.
Tomando un respiro, Zelda asentiría con su cabeza, aceptando las palabras del lord.
— De acuerdo, confiemos en que volverán sanos y salvos a casa —manteniéndose unos momentos silenciada, se aclararía después la garganta con suavidad antes de proseguir hablando—. Bueno, caballeros, creo que eso cubre todo por el momento. General Galen —observaría al guerrero, quien mostraría su atención con un movimiento afirmativo de la cabeza—, quiero que se me reporte cualquier avance en la situación de este desconocido asaltante; no podemos permitir que la situación continúe, ni mucho menos que empeore.
— Descuide, le aseguro que me encargare que este hombre sea detenido, y le mantendré informada al respecto.
Afirmando con su cabeza a sus palabras, la joven miraría hacia todos los presentes, para dirigirse a ellos ahora.
— Eso será todo por ahora, caballeros, les agradezco mucho por sus servicios. Creo que es momento de retirarnos.
Y después de haber dicho eso, Zelda empujaría suavemente su silla hacia atrás para poder levantarse con la elegancia digna de su linaje, no tardando en ser seguida por los miembros del consejo, quienes se pondrían la mano derecha en el pecho y harían una respetuosa reverencia que ella respondería con un movimiento de su cabeza.
Con la reunión concluida, la rubia sujetaría con delicadeza la tela de su falda con los dedos, levantándola solo un poco para que no le estorbara al momento de caminar, avanzando a un paso calmado hacia la salida, donde uno de los guardias que vigilaba desde la puerta, le abriría el paso, cosa que ella agradecería con una sonrisa.
Sin embargo, no avanzaría tanto por el corredor, ya que al poco tiempo escucharía no solo unos pasos viniendo desde atrás, sino también la voz de un hombre llamándole.
— ¡Su Majestad!
Deteniendo su caminar, se giraría para observar a la persona, habiendo identificado desde que escucho su voz que se trataba de Lord Frederick, otro de los miembros del consejo de mayor edad, pero no parecía que ese detalle le afectara en su condición física, caminando con la espalda recta sin ningún problema. Su cabello, bien peinado y atado en una coleta larga en su nuca, era la más notoria marca de su edad, no pudiendo hacer nada de que se tornara de ese color grisáceo.
— ¿Lord Frederick? ¿Qué es lo que necesita?
El hombre se detendría a una respetable distancia de ella, mirando con discreción a los alrededores, pudiendo notar Zelda que estaba viendo a algunos de los guardias que cumplían su deber estando en su puesto. Por lo que ya se imaginaba cuáles serían sus siguientes palabras.
— Me gustaría hablar en privado con usted.
Si, definitivamente ya se esperaba que dijera ello, y sabiendo que no tenía una razón válida para negarse, asentiría.
— De acuerdo, Lord Frederick, vamos a mi oficina, ahí podemos hablar.
Después de que el Lord afirmara con un gesto, ella volvería a girarse para proseguir con su camino, solo que esta vez con Frederick siguiéndole unos cuantos pasos detrás. Continuando todo el camino en silencio, el cual Zelda aprovecharía para tratar de pensar en lo que le diría al hombre, temiendo que fuera a hablarle de un tema en particular.
Luego de unos momentos, ya se encontrarían en la entrada a su oficina, en donde el guardia de turno le abriría la puerta al tiempo que se inclinaba en una reverencia, dejándola pasar a ella y a su acompañante, con la puerta cerrándose con suavidad detrás de este último.
Avanzaría hacia su escritorio, rodeando este para poder tomar su silla y así sentarse con gracia en ella, acomodándose discretamente antes de apoyar los brazos en la mesa del escritorio, una mano encimada a la otra.
— Por favor, tome asiento.
— Con las horas pasadas, creo que preferiría mantenerme de pie, si no le molesta.
Haciendo un gesto con la cabeza, le indicaría con un movimiento de su mano que prosiguiera con lo que quisiera comunicarle.
— Su Majestad, con el debido respeto, creo que esta reunión nos ha hecho ver que el reino puede entrar en una situación complicada.
— Mi Lord, no creo que haya razón para definirlo de esa manera. Es cierto que la situación de la ciudadela y la villa es algo que debe ser detenido, y las Diosas saben que quiero que los marineros lleguen a casa, sanos y salvos; pero no llamaría a esto la entrada a una situación complicada.
— Puede que tenga razón, pero además de ello debemos tomar en consideración la creciente aparición de criaturas salvajes. Varios mercantes de carreta han sufrido ataques de monstruos en sus transportes.
Zelda no podría evitar fruncir un poco el ceño, pero trataría de que su voz se mantuviera en calma, aunque no con falta de demanda en su tono.
— ¿Por qué no se reportó esto en la junta?
— Es algo que quería hablar en privado con usted.
— De acuerdo —concedería la reina luego de un corto momento de tensión, manteniendo la vista fija en el hombre presente—. Sea tan amable de explicarme su punto.
Frederick se aclararía la garganta antes de hablar.
— Majestad, temo que las responsabilidades puedan resultar demasiado con los eventos que acontecen actualmente en el reino.
La mano que se esconde debajo de su otra palma se empuñaría muy ligeramente, no siendo perceptible para la otra persona.
— ¿Está diciendo que no me cree capaz de manejar y mantener el bienestar de Hyrule?
— No ha sido mi intensión ofenderla, Su Majestad, simplemente…quería comunicarle que creo que tal vez hubiera sido mejor que aceptara la solicitud del consejo de contraer matrimonio y gobernar al lado de un Rey.
Con la mirada inevitablemente endureciéndose, Zelda apretaría su mano izquierda oculta por la derecha, haciendo un especial énfasis en sentir su dedo anular, en el cual no había ni anillo de compromiso, ni mucho menos de matrimonio.
Eso es algo que la actual monarca todavía tiene muy presente; la lucha que tuvo que tener con ese mismo consejo con el que momentos atrás dialogaba sobre el estado del reino.
El consejo que no la quería en el trono si no era casada con un príncipe o alguien de noble cuna que heredaría la corona del rey.
No queriendo actuar como una princesa mimada, se abstuvo de hacer una queja al respecto o de negarse a ver a los pretendientes que vinieron con la intensión de cortejarla y poder ganarse su mano en matrimonio.
Pero eso no significó que dejó que el consejo moviera los hilos de su vida.
Aunque recibió a los príncipes y nobles, realmente no encontró a ninguno apto para poder seguir el legado de su padre y hacer que Hyrule prospere como ella sabe que puede hacerlo.
Y personalmente…tampoco gusto de ninguno de ellos.
No es que todos fueran precisamente malos, y no fue completamente culpa de ellos. Fue más que nada que Zelda nunca ha sido del tipo de joven de quedarse suspirando por algún muchacho u hombre. Y nada de lo que dijeran pudo impresionarla o atraerla.
Después de lo que llego a vivir, es difícil que se sienta impresionada o embelesada por algo.
Así que, uno a uno, los pretendientes fueron siendo rechazados, algunos reaccionando de forma razonable, otros siendo un tanto más imprudentes o agresivos por la negativa a su propuesta.
— ¡¿M-me estas despreciando?!
Ocultando su emociones tras una máscara inexpresiva, Zelda mentalmente soltaría un resoplido de fastidio ante la reacción del príncipe Nasir, del reino de Meinqua. El cual, según recordaba, era un reino desarrollado principalmente entre aguas.
— Lo lamento, príncipe, pero realmente no creo que una unión entre nosotros sea lo más apropiado.
No lograba entender por qué el joven reaccionaba como si lo hubiera abofeteado e insultado cuando solo le había dicho, después de unos días de haberlo tenido como huésped en su castillo y haber aceptado a pasar el tiempo reglamentario con él para considerar su proposición, que esta era rechazada.
Era una ventaja que estuvieran en uno de los jardines del castillo, con algunos soldados vigilando a la distancia. Seguramente eso era lo que principalmente evitaba que el príncipe hiciera una mayor escena, como tirar lo que había sobre la pequeña y decorativa mesa de metal que los separa.
—Pero, princesa Zelda, ¡estoy seguro de que esto será lo mejor para nuestros reinos, y personalmente pienso que podríamos convivir perfectamente bien juntos!
Ella negaría con su cabeza con calma, intentando no perturbarlo más de lo que ya lo parecía.
— Realmente lo siento, pero mi decisión es definitiva.
— ¡Eso no puede ser posible! Sé que estas obligada a casarte para ascender al trono, ¡y te aseguro que no encontraras mejor candidato que yo!
Nuevamente haría lo posible por esconder una mueca de fastidio. Justo lo que necesitaba, alguien con el ego por encima de su cabeza. Definitivamente él no es lo que Hyrule necesita.
— Eso es algo que me corresponde decidir a mí. Por favor trata de entenderlo. Si me disculpas, debo atender otros asuntos.
No queriendo discutir más una decisión que no tenía pensado cambiar por ninguna razón, la princesa se levantaría de su silla, apoyándose con sus manos de la mesita que tiene delante. Pero mientras lo hace sentiría como su acompañante le sujetaría una de sus muñecas con firmeza.
— ¡No hemos terminado de hablar aun!
Observando de reojo la mano que está sujetándole, haría un casi imperceptible movimiento de negación con la cabeza, indicándole a los guardias, que habían dado un paso hacia adelante, el que se detuvieran. Al saber que lo hacen, se dirigiría hacia el príncipe, con voz tranquila.
— ¿Serias tan amable de soltarme?
— ¡No puedes rechazarme así nada más!
— Príncipe, creo recordar que no está establecido que en cuanto pisaras el castillo significaría que nos comprometeríamos. Además, no fue "así nada más", ya que pasamos el tiempo juntos aceptado, y yo he tomado la decisión de no aceptar tu cortejo o tu proposición.
Él no parecía muy feliz de que volviera a mencionar su negativa, se notaba fácilmente en la manera en que apretaba la mandíbula.
— ¿Y qué rayos piensas hacer entonces? ¿Qué hay de tu reino?
— No te preocupes por eso, te aseguro que tengo pensado velar por el bienestar de mi reino.
— ¡Entonces tienes que...!
— Es suficiente —jalando un poco su brazo, se liberaría del agarre del príncipe, quien parecía iba a seguir protestando, pero ella le detendría— Impa, por favor escolta al príncipe de vuelta a sus aposentos, su estadía en el castillo ha concluido.
Vería la expresión de sorpresa del muchacho ante la repentina aparición de la Sheikah, quien le sujetaba del hombro en una pequeña pero clara señal de advertencia, lo que provocó que Nasir solo pudiera verle con clara molestia; hablando mientras apretaba los dientes.
— No puedes hacerme esto…
— Adiós, Príncipe Nasir.
Aunque era ella quien iba a retirarse en primer lugar, esta vez se quedaría observando como su guardiana escolta al molesto príncipe, como se le había pedido.
No hace falta decir que al poco tiempo después, el príncipe de Meinqua abandono Hyrule en su carruaje, completamente disgustado.
Por eso y por una decisión que ella misma había tomado desde el principio, es que al mismo tiempo que cumplía con las peticiones de atender a posibles pretendientes, buscaba entre las leyes de Hyrule cualquier manera de evitar que tuviera que arriesgar la seguridad del reino ante otro posible monarca que subiría al trono como rey.
Afortunadamente, tuvo éxito; pero no por una ley que existiera, sino precisamente por las leyes que no existen.
No existe ningún motivo por el cual ella no pueda heredar el trono y la corona. Teniendo una cultura y religión que venera a tres diosas, las leyes no estipulan nada en contra de que el único gobernante sea una mujer.
Sin embargo, eso fue solo la mitad del trabajo. Aún tuvo que lograr ganarse el voto a favor de más de la mitad del consejo para poder lograr su objetivo.
Así que, explicando de forma concisa el por qué todos los pretendientes que se presentaron no le parecieron aptos para heredar el trono, y la manera en que ella tenía pensado manejar las cosas; consiguió ganarse la aprobación de once de los quince miembros del consejo.
Naturalmente, Lord Frederick fue uno de los cuatro restantes que no aprobó la idea de que Zelda fuera coronada reina sin la necesidad de contraer matrimonio.
Pero en su caso, la rubia sabía que había otra razón particular para entrar en este asunto.
— Lord Frederick, creo que este es un tema que ya había quedado resuelto. No me parece que este siendo razonable, insinuando que no puedo controlar la situación al primer instante en que algo ocurre en el reino. Especialmente cuando es algo en lo que no me ha dado siquiera oportunidad de sobrellevar.
— Su Majestad —se dirigiría a ella de un modo en que parecía querer apaciguarla, aun si ella seguía aparentado una actitud serena—, por favor, no me malentienda, no es que no la crea capaz de manejar la situación. Es solo que creo que tal vez las cosas le resultarían más sencillas si reconsiderara la proposición.
La joven reina cerraría momentáneamente sus ojos, inhalando aire con suavidad, antes de volver a mirarle y dirigirse a él.
— Ya lo hemos hablado, mi Lord. Su hijo no tiene las cualidades para gobernar el reino. Especialmente porque él mismo no desea hacerlo.
Una de las principales razones, si no es que la principal, por las que el lord no estaba de acuerdo en que ella heredara la corona permaneciendo soltera, es que él había hecho que su hijo, Ethan, fuera uno de sus pretendientes.
Sin embargo, el hombre no conto con que el muchacho fuera uno de los que más rápido entendería su deseo de no casarse, y no intentar convencerla de lo contrario de ninguna manera.
Sorprendida, la princesa ni trataría de evitar parpadear un par de veces con sus ojos un poco más abiertos, viendo al hijo de Lord Frederick frente a ella.
— ¿De verdad?
Que se apareciera como posible pretendiente no le sorprendía del todo. No, lo que la tiene sorprendida es la respuesta de él; o mejor dicho, lo rápida que fue.
— Si usted dice que no desea casarse princesa, entonces está bien. La verdad es que fue idea de mi padre el que sugirió que hiciera esto.
Debió haberlo imaginado. Era una suerte que el hijo no estaba tan deseoso de cumplir las indicaciones del padre.
Aunque no es precisamente cercana, naturalmente conoce un poco al joven lord, y no creía desde un principio que pudiera ser apto para el cargo. Además de que nunca ha captado su interés en ningún sentido. El hecho de que el tan tranquilamente aceptara la negativa le facilitaba mucho las cosas.
— Bueno —sonreiría ligeramente, feliz de que esta situación se resolviera a su favor sin mucho problema—, te agradezco tu comprensión en mi decisión.
— Ethan solo estaba algo nervioso por la idea de intentar cortejarle, Su Majestad.
— Y esa es una de las razones por las que no creo que sea un buen candidato a rey.
— Majestad, no creo que le haya dado la apropiada oportunidad…
— Pero se le dio, Lord Frederick —no tardaría en interrumpirle lo que iba a decir, manteniendo la expresión serena pero la mirada firme—, como a todos los demás, y su hijo no mostro las aptitudes necesarias. La forma en que no tuvo problemas en aceptar mi rechazo solo me demostró que realmente no hubiera sido un rey apropiado. No digo que debió haberme discutido mi decisión, pero su falta de asertividad fue una prueba de ello.
El hombre mayor sabía que lo que la reina decía era cierto, y le frustraba el hecho de que no tuviera como refutar ello.
Zelda, por otro lado, ya había tenido suficiente de esa conversación.
— Con su permiso, mi Lord, pero creo que el tema ya está zanjado. Le aseguro que me encargare apropiadamente de las cuestiones que acontecen en esta tierra, sin la necesidad de que tengamos que coronar a un rey —a pesar de todo, sonreiría un poco ante el lord—. Después de todo, para eso tiene un monarca a sus consejeros. Yo quiero lo mejor para Hyrule, pero también sé que no estoy sola en ello.
La joven estaba consciente de que sería una pésima idea hacerle pensar a un consejero que busca encargarse de todo eso ella sola, sin importar lo que ellos pudieran opinar. Además, lo que dijo es cierto, puede que realmente no quisiera enemistarse con alguno de ellos por hacerle creer algo así, pero realmente sabe que todos quieren la misma causa, el bienestar del reino.
Frederick, no viendo modo de seguir la conversación de la manera que él quería, tomaría un respiro y afirmaría con la cabeza.
— De acuerdo, Su Majestad. Le agradezco que me haya atendido —con la mano derecha en el pecho, haría una pequeña pero respetuosa reverencia, alzándose poco después—. Con su permiso, me retiro.
Asintiendo, la rubia vería al hombre darse media vuelta y caminar hasta llegar a la puerta, no tardando en abrirla para salir de la habitación, cerrándola detrás de él.
Una vez que se queda sola en su oficina, Zelda descansaría su cuerpo contra el respaldo de su silla, dejando escapar un suave suspiro.
Espera no tener lidiar siempre con algo parecido. No está segura de como soportaría el hecho de que cada vez que pudiera ocurrir algo en el reino, algún miembro del consejo se cuestione si acaso puede realmente gobernar por su cuenta.
Girando un poco su cabeza a la derecha, observaría la pintura que colgaba en la pared, el retrato de su padre.
— Te lo prometí, papá, que protegería y velaría por este reino. No pienso defraudarte, ya lo veras…
Era la situación que más le pesaba respecto a ser la nueva reina sin importar si había logrado permanecer soltera, sin ligar su vida a la de otro hombre; lo que ello significaba en otro sentido personal.
El hecho de que haber heredado la corona y el trono, significaba que había perdido a su padre; quien hace medio año había fallecido, víctima de una enfermedad que ningún médico o curandero de este reino o de los reinos vecinos pudo tratar.
Inhalando aire profundamente, la joven trataría de no pensar en aquel fatídico día, sabiendo que eso solo la afectaría todavía más. Por lo que se pondría de pie y caminaría en dirección a la ventana opuesta, en donde se encontraba su única ventana, por donde podía ver parte de la extensión de su reino.
— Tenga algo que ver o no con mi sueño, no pienso dejar mi hogar sea amenazado por un vándalo.
Apretaría su puño derecho, no pudiendo negar la preocupación que tenia de que ambas cosas, o incluso la situación con el transporte marítimo, tuvieran una conexión.
Esperaba estar equivocada.
