Capítulo 8: Factor sorpresa.
Domingo, veinte de Noviembre.
1.
Se daban la espalda en la cama. Todas las luces, incluidas las que iluminaban los senderos de afuera, habían sido apagadas. Pero alguien, a saber quién esta vez, había dejado la cortina entreabierta olvidándose de acomodarla, y por eso el brillo de la luna que se filtraba aplacaba un poco la inmensa oscuridad de adentro. Vincent siempre se quejaba por eso, nadie le hacía caso. Desfallecían en sus camas simplemente en el acto sin importarles el ruido, la luz o lo demás. O por lo menos eso le habría gustado a Cloud.
Descansaba una mejilla sobre su mano. Procuraba estarse quieto con tal de que quien yacía a su lado no se percatara de su insomnio. De cuando en cuando miraba hacia arriba, tratando de atisbar la imagen del cielo nocturno. Sin decir nada, sintiendo de todo. Ya estaba acostumbrado a callarse lo que sentía, pero curiosamente a diferencia del pasado ahora le dolía más que nunca pretender. Nunca fue un buen actor. Y para recordárselo, de repente la cama se movió bruscamente.
—¿Vas a seguir? —preguntó la voz de Zack a sus espaldas. Se había sentado de un tirón, pateando las mantas, manteniendo el equilibrio en sus dos manos abiertas que apoyaba en el colchón.
Cloud dirigió sus pupilas al borde de sus ojos un instante pero, y alarmado porque el otro hablara en voz alta a pesar de ser tarde, siguió sin musitar palabra.
—¿Seguirás? —siguió insistiendo Zack.
Era la tercera noche que dormían así. En la misma cama, casi espalda contra espalda, aunque sin tocarse, ni mirarse, ni hablarse, ni determinarse, tan solo ignorarse. Siendo que los dos ya estaban medio enamorados… y ninguno de los dos lo sabía. El problema es que ninguno de los dos lo sabía. ¿De qué se trataba ese juego? Perseguir y buscar, insistir y correr, huir y escapar. Cloud suspiró, de nuevo volviendo a posar sus ojos arriba en el cielo.
Nadie lo entendía cuando los veían pasar uno al lado del otro y obviamente notarse porque cada uno se estremecía a su manera, siendo Zack el que volvía para mirar quizás a la espera de que Cloud se decidiera a hacer lo mismo. Mas eso nunca pasaba y tenía que continuar adelante. Después de haberse mostrado tan juntos, el repentino y brusco cambió dejaba a los demás miembros desconcertados. Angeal volvió a indagar: "¿Algo que confesar, Zack?" Pero por primera vez nadie se entrometió demasiado. Se dedicaban a especular en silencio, a mirarse en silencio, a permanecer en silencio. Como rindiéndole culto a alguien (algo) que acababa de morir. O nacer.
2.
Jueves, veinticuatro de Noviembre.
El día de la competencia, esa de la que Reno se había válido tanto para fastidiar a Squall, les tenía los nervios de punta. Los equipos se ubicaban en torno a la pista de obstáculos en esa mañana fría de invierno. Zack estaba a la cabeza del suyo sosteniendo la bandera que los representaba. Estaba en juego algo importante y se notaba en sus semblantes oscuros su preocupación. Pero hacía un frío de los cojones y nadie había querido desprenderse de sus pañoletas para afrontar el problema de raíz, clima incluido. A excepción de Zack, el líder, que mantenía su pañoleta al cuello pero abajo. El vaho brotaba de su boca al respirar por ende.
—No se ve tan mal —comentó con las manos en la cadera en lo que echaba un vistazo a la pista, ganándose de inmediato los bufidos de oposición de los demás. Ninguno había podido dormir bien porque la alarma del despertador de Reno se disparó a las 2 a.m. y no encontraron el dichoso artefacto envuelto en la ropa interior sucia del dueño, hasta bien pasadas las tres. Horas en que tenían que empezar a despedirse de sus camas. Todos se recordaban buscando a tientas por los cobertores, bajo los muebles, la voz de alguien maldiciendo, la risa de alguien a falta de lágrimas.
Mientras Vincent y Rude miraban mal a Reno con sus ojeras, Squall permanecía indiferente a un lado y Cloud solo se fijaba en el rocío de la hierba bajo sus botas. Sus poderes seguían siendo torpes pero al menos le proporcionaban más confianza que su antigua forma indefensa.
—Les deseo la mejor de las suertes —habló Sephiroth que llegaba con las manos ocultas tras la espalda.
Fue Zack quien lo recibió. Hizo una venia un tanto exagerada y le apretó la mano con las dos suyas después. Era un chico hiperactivo. Siguieron hablando. Sephiroth de vez en cuando examinaba el perfil del menor, asentía y luego se volvía hacia la pista.
Reno por su parte se rascaba la cabeza. Sintió a Rude moverse tras él con lentitud y elegancia y le dijo sin girarse:
—Debimos fumar uno antes de venir, ¿no, colega?
—En otras circunstancias… —empezó Rude y no pudo seguir—. Sí. Se me congela el trasero aquí fuera —sacudió la cabeza como un perro, haciendo sonar sus mofletes.
Cloud oyó que Génesis se paseaba por ahí con su andar despreocupado y su aire galante recitando una poesía que hablaba sobre lo hermoso de la muerte y el inevitable fin del mundo. Aunque la gente bajaba la mirada frente a él en señal de respeto, a su paso, a sus espaldas dejaba sembrada la discordia. No le importaba ser inoportuno.
De pronto, un rugido cortó el aire, los murmullos y por poco los tímpanos de sus oyentes:
—¡Espero que hayan traído sus trajes de baño, señoritas!
Era Barret. Estaba gritando como siempre, valiéndose de un megáfono. Reno le enseñó el dedo medio articulando con sus labios un insulto. Quienes lo vieron se rieron. Y él pareció muy satisfecho hasta que se dio cuenta de que tenía la mirada de Sephiroth encima.
—Buena suerte a usted también, Sinclair —le dijo sin denotar el más mínimo trazo de indignación. Pero igual la amenaza implícita no le pasó por alto al pelirrojo. Reno asintió mansamente—. Aunque no creo que la necesite.
—Tiene razón. Quien es bueno, es bueno. Los malos con suerte no existen.
Sephiroth rió recatadamente.
—¿Ah, no? Entonces no me explico cómo es que usted ha llegado tan lejos —Reno iba a rematar pero sintió el pellizco de Vincent en su antebrazo y se resignó a dejarlo pasar—. Quizás un abrigo acuático le sea de utilidad —siguió el instructor sin embargo. Sonrió y se despidió asintiendo. Siempre tan formal, tan temible. A Cloud le dieron escalofríos.
—Tsk —maldijo Reno. Oía las risitas ahogadas de sus compañeros—. Habla igual a Rufus, mierda. ¿Y a qué se refería con "abrigo acuático"?
La respuesta llegó pronto cuando le señalaron la piscina.
—Ay, no…
No, no, no.
Era evidente ahora. La prueba sería en el agua. A pesar del frío, del peligro.
—Este es un trabajo para los fuertes. Solo los fuertes podrán. Y ya saben cuál es el castigo de los débiles —habló Cid esta vez y señaló las llaves dispuestas sobre la mesa. Quien llegase de último tendría las peores tareas del ciclo. Como por arte de magia todo el mundo espabiló. Nadie quería lavar letrinas, ni hacer las guardias de la noche, ni prestar servicio social. Pero era lo que había.
—Soldados, ¡a sus posiciones!
Aunque Cloud se había mantenido sereno… al estar de pie ante la meta no fue consciente de que estuvo conteniendo la respiración hasta que sintió la mano de Zack sobre su hombro. El chico de cabellos negros no lo miraba a él sino al horizonte. Asintió infundiéndole ánimos sin necesidad de musitar palabras. Cloud lo siguió con la vista cuando avanzó para dar la orden de salida. Previamente habían creado una estrategia para recorrer el circuito. Cada equipo portaba una caja con distintos materiales entre los cuales se encontraba una materia. Era lo único aparte de sus fuerzas que podían utilizar. Por decisión unánime, fue Zack el elegido para portar y hacer uso de la materia, y Reno quien llevaba la caja a la espalda.
3.
Fue una carrera larga en la que tuvieron que dejarse hasta la última gota de sudor en el campo. Al final les parecía que el invierno era verano con un sol que picaba y los hacía querer arrancarse la piel. Entraron al estanque de agua helada arruinándose los trajes. Estaban rendidos luego de recorrer una pista enorme con obstáculos y desafíos más y más difíciles cada vez. El grupo de Zack iba a la cabeza. La última prueba, a la que llegaron cuando ya descendía el sol por detrás de las montañas, consistía de recorrer un circuito bajo el agua, evitando a los enemigos. Los seis iban amarrados de la cadera por una soga y era difícil mantenerse en el fondo sin flotar. Los equipos conformados solo por chicas curiosamente parecieron a punto de tomar la ventaja en esa parte, sus pasos eran más equilibrados y eran más ordenadas y fuertes que los chicos, que no estaban acostumbrados a los terrenos inestables.
Sin embargo se las apañaron, hasta que en el último momento… Había unos anillos de piedra bajo el agua. Tenían que atravesarlos salvo que se encontraban bloqueados por rocas. Salieron a flote tras la insistencia de Reno que hizo señas como de que se ahogaba mientras tiraba a Vincent del cabello.
—Puta madre —exclamó el pelirrojo con una gran exhalación tan pronto subió a la superficie—. Si les digo que arriba, es arriba, zopencos. Pude haber muerto.
—A nadie le importa —dijo Squall.
—Lo que sea, lo que sea —lo imitó Reno haciendo una voz ridícula.
—Ya basta —pisó el freno Zack—. Tenemos que deshacernos de las rocas que cubren el paso —echaba una mirada atrás, las chicas y otros tres grupos estaban cerca pero de resto no se atisbaba amenaza—. ¿Alguna idea?
Un artefacto peligroso emergió del agua. Una bomba. Rude la recogió y la estuvo observando.
—Eso es…
—Es…
—No puede…
—Imposible…
Varios objetos más surgieron tras ese. Reno entonces se miró la espalda. La caja de proviciones estaba abierta. Zack se había quitado la materia rayo antes de entrar en el agua por seguridad y la misma flotaba junto a Cloud, pero los otros ocupados en discutir las posibilidades de mandar a volar los anillos de piedra con la bomba no se percataron. Entonces Cloud estiró la mano y la tomó. Fue demasiado tarde cuando Vincent lo vio y gritó: —¡No!
Acto seguido la materia hizo reacción contra la piel del rubio, se fundió con él y sintió una calidez muy extraña. Luego como que le daban ganas de vomitar y también una rabia intensa.
Desde la roca de salvavidas, donde estaba Angeal, se vieron los rayos chispear entorno al chico rubio primero y luego extenderse como una gran masa amarilla cubriendo todo el estanque. Quienes estaban dentro del agua solo pudieron experimentar la corriente consumiendo sus extremidades, el dolor, la angustia por unos instantes pues lo vieron todo negro.
Debieron pasar cinco segundos, más ellos creyeron que fueron al menos dos horas. Seguían dentro del agua. Utilizando una materia robar Angeal había logrado quitarle la materia de tipo eléctrico a Cloud antes de que los chicos terminaran rostizados. Pero el chico igual se desmayó. Sentían un hormigueo inusual. Y aunque Cid alzó la bandera roja de pausa, los estudiantes de la academia luego de mirarse las caras y asentir, continuaron. Era un alivio comprobar que nada había pasado.
El grupo de Zack sintió el peso de Cloud tirándolos hacia abajo solo durante los segundos en que la cuerda que lo unía a ellos se reventó. Reno se hundió para poner la bomba y acabar con todo de una vez. Zack fue al rescate de su amigo. Sin embargo, al estar atados y no coincidir en sus trayectorias, se quedaron en las mismas. Zack señaló a Cloud con gestos alarmados, conteniendo la respiración y los demás le mostraron el anillo de piedra y la bomba en cambio. Ante eso el líder no pudo más que enfurecerse. Especialmente en el momento en que Reno empezó a tirar de la cuerda. Los demás se le unieron a medias. Estaban confundidos sobre qué hacer a continuación. Ver a Cloud sumergirse en las profundidades lentamente… no es que les agradase el chico. Era un intruso. Pero dejarlo morir por no querer lavar los platos…
Cuando Zack Fair cortó su propia cuerda valiéndose del cuchillo que guardaba en su bolsillo, cuando Reno finalmente fue capaz de avanzar, se detuvo y se giró. Su líder nadaba en dirección opuesta para rescatar a Cloud. Y Reno se acordó de todo lo que ese chico de cabello negro había sacrificado por ellos. Miró a los demás, apenado. Por primera vez se sintió de veras avergonzado. No había querido ser motivo de burlas de Rufus. Ellos siempre perdían, siempre. Pero…
Ni siquiera después de volver a la superficie a tomar aire y escuchar la trompeta afuera, Reno pudo reemplazar su desazón con rabia. Las chicas habían logrado pasar los anillos de piedra por una abertura escondida y eran las ganadoras.
—¡Zack! —exclamó de pronto Vincent—. ¡Sigue en el fondo!
Solo ahí espabiló Reno. Las chicas celebraron más al presentir que algo grave ocurría se inquietaron. Aerith se levantó de su asiento juntando las manos a la altura de su pecho como si rezara.
—¡Zack! —chilló.
Un corrillo de murmullos sacudió el espacio. Angeal quiso echarse al agua pero fue detenido por Génesis quien solo negó apaciblemente con la cabeza. Sephiroth se posicionó a su lado. Mandó a llamar a los rescatistas en lo que él descendía a toda velocidad seguido por los otros.
Reno, Squall y Rude para ese entonces ya se habían hundido de nuevo. Buscaban a su líder. Nadie supo cómo había logrado contener tanto la respiración. Rude lo obligó a desprenderse del cuerpo de Cloud sujetándolo. Forcejearon. Primero fueron sus manos luego varias otras. Descubrió la cara de Angeal. Él lo sacó, y fue consciente de que se había quedado sin aire hacía tiempos.
A Cloud el pie se le había atascado en el fondo del estanque. Sephiroth con toda su gracia había ido a socorrerlo. Obligó a los demás a marcharse. Afuera se hizo el silencio. Solo luego de medio minuto de expectativa, aparecieron sus cabellos grises con Cloud a cuestas. Lo acarreó hasta la orilla. Aerith le practicó un masaje cardíaco. Zack le dio respiración boca a boca. Cloud se sentó de un golpe y escupió toda el agua. Vio que Zack lloraba. Aerith también. Squall estaba pálido y respiraba rápido. Reno lo abrazó. Vincent suspiró aliviado. Toda la conmoción a su alrededor lo dejó perplejo. Lo había arruinado, lo había arruinado de veras. POR VEZ INFINITA SIEMPRE TRAÍA PROBLEMAS.
Solamente recordaba el episodio previo a la descarga eléctrica. Cloud se miró la mano y vio que no había rastro de cicatriz aunque le dolía por dentro.
—Algo me pasa —murmuró—. Algo le pasa a mi…
—Shhhh —lo silenció Angeal.
Lo siguiente fueron los paramédicos llevándoselo. Estiró la mano en dirección a Zack pero este no pudo tomársela porque estaba lejos. Más y más lejos. Cada vez. Se arrepintió de estar enemistados. Demonios si quería su consuelo, como antes.
Yuugiri Hola a ti también, un gusto en conocerte. No te disculpes por esas cosas, por favor. Pase lo que pase yo sigo escribiendo porque plz... no hay casi historias de amor entre estos dos. Por ahora es lento y sin tanto romance pero espero poder destacar esos matices bonitos más adelante. Ellos están algo confundidos. Gracias por leer y por tomarte el tiempo de escribirme... ¡muchos abrazos! :D
