¡Nadie jode a los Gallaghers!

Habían pasado muchas cosas desde acción de gracias. No solo que Mónica, aquella que se hacía llamar nuestra madre, había tratado de cortarse las venas delante de todos nosotros. Cuando traté de darle un voto de confianza tras enterarse (de manera inexplicable) de mi sexualidad, conocí a Ned. Creo que por un tiempo pensé que era la único bueno que Mónica me había dejado. Conocer a este tipo en esa discoteca de ambiente homosexual y habérmelo tirado un par de veces. Un par de veces que se hicieron en algo prácticamente habitual… Y que se había convertido en algo parecido a un hobby. Por parte de ambos, es así. Era una forma de alejarme de toda la mierda que me rodeaba; de la forma rara de actuar de Carl antes de irse a ese campamento de verano al que Frank le había pagado (sospechoso, muy sospechoso), de las movidas de Lip con Mandy… Mientras Debbie, mi hermana pequeña, se preparaba en la piscina del jardín trasero para darle la bienvenida al verano, practicando para poder aguantar las aguadillas, yo me tiraba a Ned en un lujoso hotel del centro de Chicago. Era divertido hacerlo y al acabar fumar un cigarro, y poder ver la ciudad desde lo alto de un rascacielos. Fue extraño cuando me enteré de que Ned era el padre de Steve… Jimmy, cuando nos invitó a todos a comer a un caro restaurante… bueno, eso es otra historia. El caso es que hubo tensión al principio, pero después decidimos continuar. Seguimos haciéndolo, a escondidas, como siempre… Hasta que Mickey se enteró. Se enteró y le dio una paliza. Joder… Aún no sé qué coño pensar. Cuando lo tuve delante, cuando vi como Mickey le daba una patada tras otra a un Ned que no podía ni mover los dedos de los pies desde el suelo, me quedé completamente congelado. ¿Porqué coño había hecho aquello? Y así, de pronto. Joder… Mickey se follaba a Angie… Y a saber a quién más. No. No quería saber a quien demonios se follaba Mickey. Pero… ¿Acaso yo no tenía yo el mismo derecho? ¿No podía follar con Ned mientras él se tiraba a medio sector femenino de Canaryville? Al parecer no. O sí, pero no le hizo mucha gracia. O sí, pero le apeteció darle una paliza, o sí y… Joder. Me encantaría poder comprender a Mickey Milkovich de vez en cuando. Me encantaría saber lo que se le pasa por la cabeza a ese… Capullo.

El reencuentro con Ned no fue en absoluto algo normal. Al parecer, y por lo que había podido enterarme hacía poco, su mujer le pidió el divorcio. ¿Qué puede causar esto en una persona de… avanzada edad (joder, Ned tiene ya sus años por mucho de que aún se le levante…), acostumbrada a una vida cómoda, sin sacrificios, rica, y con todo ya resuelto? Alcohol. No me preguntéis como, pero Ned acabó en mi casa de la mano de Jimmy. Jimmy hizo de buen hijo y le dejó que se quedase a dormir en el sofá. Hasta ahí todo normal. ¿Qué podría hacer? Padre e hijo, su padre había pasado por un mal momento… Era totalmente comprensible. Siempre y cuando no colocásemos el nombre de "Frank" y traspasemos todo eso a la familia Gallagher. Eso sería una puñetera locura. A lo que quiero realmente llegar es que, con unas copas de más y una erección entre las piernas, subió a mi habitación y trató de que nos… liásemos. Graso error. Se metió en la cama de Lip, Lip por poco le pega una segunda paliza, prácticamente al mismo nivel que la de Mickey, y… os lo juro, si veis a Lip gritar "¡Cuando sientes una polla empujándote por detrás, la intención está muy clara!" os aseguro que lo mínimo que os hubiese podido pasar es que os hubieseis meado encima. No sé como mantuve la calma y acabé soltando que la verdadera intención de Ned era meterse en mi cama, no en la de él, y que quería follar conmigo, no con él.

En fin… No ha habido efectos secundarios de la escenita. Tan solo terminamos con un Jimmy que no cada vez que me ve, no puede dejar de mirarme el paquete por las mañanas pensando, seguramente, que mi polla ha estado dentro del culo de su padre… No quisiera ni imaginarme qué más cosas se le han podido pasar por la cabeza.

Volví a ver a Ned. Vino al Kash and Grab para pedirme perdón por lo que pasó. Tras alabar un par de veces mi trasero mientras yo trataba de colocar las cosas en los estantes, hizo lo que más me temía; añadir una petición más. Si no fuese un Gallagher y esto no fuese el sur de Chicago, todo hubiese sido demasiado extraño. Pero soy un Gallagher, y por supuesto, sí, esto es y será siempre el sur de Chicago. A su manera. Ned tuvo narices de pedirme que robase en su casa. Su mujer no le iba a dejar volver a pisarla y quería recuperar un par de cosas… Yo ya le había perdonado, así que no pude negarme. Además, me prometió una parte de todo esto. Y la verdad… Es que viene muy bien.

"Vas durante el día y te haces pasar por los de la mudanza. No te preocupes, se queda despierta hasta las tres de la mañana bebiendo Stoli de vainilla y viendo la teletienda. Estará inconsciente hasta entrada la media tarde… Además, esto será muy lucrativo para ti. Puedes quedarte cualquier cosa que quieras, todo lo que yo quiero son los dos trajes de Armani, mi Lucien Freud, y mi botella de Chateau Latour Pauillac de 1990."

Y mientras pensaba en todo esto, realmente tenía una preocupación mayor. ¿Cómo coño le podía pedir ayuda a Mickey para colaborar con Ned después de lo que pasó en mitad de la calle…?

El ruido de la pistola no pasó desapercibido. Aunque parezca que no, había estado bastante pendiente por si se le cruzaban los cables y… No sé. ¿Sería Mickey capaz de matarme? No. Pero no creo que tuviese tampoco ningún pelo en la lengua a la hora de dispararme a una pierna, y la idea no es demasiado atractiva. El circuito no es muy extenso, pero es suficiente para entrenar. Unos cuantos neumáticos para saltar de un lado a otro y mover las piernas, una red para pasar por debajo, y un rifle entre las manos. El mismo que hasta entonces había llevado a la Escuela Armada de ROTC. No iba a alargarlo más… Ya había extendido el circuito tres vueltas. Tenía que parecer seguro.

– ¡Eh, Mickey! ¿Recuerdas al tipo al que casi matas a patadas en la entrada de ese club? Quiere que me meta en su mansión y robe sus cosas.

– ¿De verdad? – Sonó con tan poco interés que pensé en callarme la boca de inmediato y no seguir con la propuesta… Estaba fumando, el sol le daba en la cara y volvía a alzar la pistola en mi dirección – Qué gracioso. – Disparó. No me moví, al contrario, recuperé el ritmo y volví a la zona de los neumáticos para retomar mi entrenamiento.

– Él no puede hacerlo. Divorcio. Dice que puedo coger todo lo que quiera. Está forrado. ¿Te apuntas? – Recuperé el ritmo, casi se me había olvidado que Mickey estaba jugando a disparar al aire, y en mi dirección. Me tiré al suelo para pasar esa red, sin soltar el arma. De pronto tuve que cubrirme con las manos. Los disparos sonaron muy cerca, cuatro demasiado peligrosos, tanto que me encogí un poco, por inercia, tratando de algún modo de protegerme. Dos disparos más que me pusieron realmente nervioso. Alcé la voz, había soltado el rifle - ¡Dios santo! ¡¿Esas balas son de salva, no?! – Me arrastré como pude, con el sol en la cara, y me puse en pie, agarrando de nuevo mí arma - ¡Mierda! – Corrí hacia el fin del circuito, pero sin saltármelo. Tenía que acabarlo. Tenía que acabar el entrenamiento.

– ¿Puedo llevarme a mis hermanos? – Dijo con el cigarro en los labios. No tardé mucho en pararme, finalizando el entrenamiento jadeante, apoyando las manos sobre mis rodillas para descansar.

– Claro.

– Ajá. Entonces vale. Me apunto. – Un nuevo disparo, esta vez no iba en mi dirección. Me incorporé cuando le escuché hablar, aún jadeante, tratando de coger aire por la boca. Estaba sudando. – No sé qué coño le ves a esa viagra andante recién salida del puto geriátrico.

Era mi momento. La verdad es que no pensé mucho en lo que decía, ni en las consecuencias que tendría al hacerlo… Pero siempre había sido así. Primero actuar, luego pensar. La impulsividad.

– Me compra cosas, me pide servicio de habitaciones. – Dos nuevos disparos seguidos, ¿Era su forma de decirme algo? Joder, tenía boca para hablar… Tan solo fumaba del cigarro, de esa manera suya, ruda, pero sexy. De esa manera Milkovich. Únicamente ladeé la cabeza rechazando el ruido, pero no tardé en volver a mirarle, con los ojos ligeramente entrecerrados por el sol que me daba de cara. Soltó el humo por la nariz, mirándome pero sin querer mirarme de verdad. Tuve que añadirlo, si no lo hacía no me quedaba realmente a gusto. – Y ya lo sabes, él no tiene miedo a besarme. – Necesité mirarle, necesitaba ver su reacción. Vi como, con muchísima sutileza, Mickey bajaba la cabeza. Lo ocultó al despojarse de las cenizas de su cigarro, pero yo sabía que aquellas palabras, de alguna manera, le habían molestado. Quizás estaba esperando una respuesta por su parte, pero… ¿Qué coño esperaba de Mickey Milkovich? Al ver que no iba a decir nada, retomé mi camino, con el objetivo de volver a casa pronto y darme una buena ducha de agua fría.

Antes de salir de casa tenía que hablar con Lip. Mandy me llamó, parecía encontrarse realmente mal… Ya sabéis… Al estilo Milkovich, pero se le notaba. Joder, soy su mejor amigo, ¿Cómo no iba a notarlo? Al parecer Lip había empezado a tener ese miedo al estilo gen Gallagher que todos tienen menos yo. El llamado gen "te-quiero-pero-soy-libre-y-prefiero-joderte-y-joderme-a-atarme". Creo que soy la única persona en esa casa de locos que piensa que el tener una relación con alguien no es tan malo… Y también que soy la única persona en esa casa que no tiene la suerte de encontrar a alguien decidido a aceptar algo así. "Te trata bien, no entiendo porqué te comportas como un auténtico capullo con ella. ¿Quieres terminar? Acábalo. ¿No quieres? Deja de tratarla como una basura. Solo porque Karen se limpió el culo contigo no te da el derecho de joder a Mandy."

Tras eso cogí la puerta y me largué, había quedado con Mickey y sus hermanos para eso de robar en la casa de Ned. Conduje, propuse quedarme en la furgoneta puesto que yo… Vale, no tengo ni puñetera idea de cómo seguir un asalto. Nunca había robado algo así. Lo máximo que había hecho había sido robar pizzas, o no sé, helados… ¿Pero una casa? Jesucristo…

No hubo problema por parte de los Milkovich, que al parecer, preferirían trabajar en grupo, entre los tres, que meterme como ayudante.

–Oye. Chicos… ¡Chicos! – ¿Qué estaban haciendo? ¿Estaban sacando pistolas? Lo que me faltaba, que se cargasen a alguien… Pobre mujer. – Nada de putas armas, ¿Vale? Es solo una señora borracha… - Fue Mickey quien pareció aceptar mi proposición. Todos dejaron las armas mientras escuchaba como se quejaba en voz baja "Mierda." Rodé los ojos, ¿En qué estaban pensando estos…? En fin, debía continuar con ello. Se alejaron, supuse que era el momento en el que ellos entraban, vaciaban la casa, y yo tan solo ayudaba de vez en cuando a subir alguna que otra cosa a la furgoneta. Me encendí un cigarro, le di la primera calada y solté el humo cuando de pronto alguien subió a la furgoneta por la puerta abierta. Sus labios chocaron contra los míos con fuerza, con bastante brusquedad. Estaba acostumbrado a esos besos, pero no a… No, de acuerdo. Realmente no estaba acostumbrado a que Mickey me besase así como así. Me quedé con cara de completo gilipollas mientras él se daba la vuelta y bajaba de la camioneta para retomar su camino. Y entonces, el "Al menos él no tiene miedo a besarme" retumbó en mi cabeza. Joder. ¿Qué quería demostrarme con aquello? Me estaba volviendo loco.

La cosa se torció. Se escuchó un ruido fortísimo que me hizo estremecer. Mierda. Mierda. Mierda. Y mil veces mierda. Y de pronto sonó el ruido de un disparo. Joder, como se cargasen a alguien por mi culpa… Como se cargasen a Mickey… Uno de los hermanos Milkovich, Iggy (creo que ese es su nombre) apareció, y justo detrás Mickey. Corriendo subieron a la furgoneta… ¿El problema? Joder, habían disparado a Mickey.

Como alma que lleva al diablo llegamos a mi casa. Siquiera pensé en buscar otro lugar para hacer algo. Ned llegó, le había escrito por el camino aprovechando que sabía que era médico y que nos debía una muy grande después de hacerle el favor, además, siquiera nos había avisado de que su chiflada mujer tenía una escopeta escondida en el cajón de la ropa interior.

– ¿Solo una maldita abuela, no? – Dijo Mickey mientras trataba de no gritar. Le había dado en el trasero, en el cachete izquierdo. Estaba sangrando. Escuché a un niño llorar… Pensé que era Liam, siquiera me di cuenta de que teníamos una guardería clandestina montada en casa.

– Vaya… ¿No es este el malote pega maricas más duro de Chicago?

– Que te den. – Respondió Mickey, mostrándole el dedo corazón.

Mierda. No sé cuanto tiempo pasó. Ned trataba de sacarle la bala con esa… con esas pinzas. Mickey trataba de no cagarse en la existencia de cualquiera de los presentes, pero obviamente no lo lograba. Había demasiada sangre. No sabía qué demonios hacer.

– Casi hemos acabado, Mickey. – Traté de tranquilizarle.

Cuando la mujer de los servicios sociales entró, también fue el momento estrella de Debbie, que acababa de anunciar a gritos y emocionadísima que había estado a punto de ahogar a una niña de su clase en la piscina municipal al grito de "¡No te metas con Debbie Gallagher!".