"Campanas de boda y una borrachera."
Mickey:
¿Qué en qué coño estaba pensando? ¿Qué cojones sabía? Joder, me iba a casar, en unos putos meses iba a tener un niño, con una zorra. Literalmente. Con una puta. No tenía problema con eso, podría hacerle cuantas pajas quisiera a quien quisiera siempre y cuando la pasta antes pasase por casa. ¿Pero qué coño estaba diciendo? ¿Por casa? Iba a tener que verle la cara todos los días a esa estúpida rusa con la que mi padre me obligó a follar para quitarme el "amariconamiento". Ni que fuese la puta cura del sida también…
Había evitado a ese gilipollas desde la paliza, sí, joder, incluso más aún que antes de que me viniese a buscar y me empezase a tocar las pelotas de esa manera con las jodidas preguntitas de "¿Y ya está, te casas? ¿Sin hablar? ¿Nada?" ¿Qué se creía? ¿Qué tenía que pedirle permiso? Joder, si me casaba era para que me dejase en paz de una puta vez, para que me dejase continuar. Que continuase, coño. Lo estaba haciendo por él, debería habérmelo agradecido en vez de haberme buscado las cosquillas para que le saltase los putos dientes de la boca ese puto día. ¿Qué si me sentí mejor? Claro que me sentí mejor, pero solo por unos putos segundos. Entonces toda la mierda volvió a saltarme encima.
Una boda. Una zorra. Un futuro bebé. Parecía el nombre de una puta película de terror de serie B.
Ian:
Ya le había contado todo a Lip, todo lo que había pasado. Me había sugerido mil y una veces lo mismo: "Es mejor que pases de ello, tío, no te metas en más putos problemas". Sabía que no me estaba haciendo ni puñetero caso… Estaba demasiado pendiente de que su gran obsesión, Karen Jackson, se recuperase. Quiero decir… No es que me alegrase porque la hubiese atropellado un coche y la hubiese dejado medio… tonta… Pero había hecho daño a mi hermano, había jugado con él, le había tratado como una auténtica mierda, le había mentido y le había dicho que el bebé que esperaba era suyo… ¿Sí? Cuando nació casi nació con los palillos chinos pegados a las manos… Si no fuese porque era retrasado, claro. De verdad. Además, Karen también había jodido a Mandy. No era de las personas a las que llevaría conmigo a una isla desierta… A menos de que la isla desierta estuviese llena de trampas mortales contra zorras. Entonces sí, la llevaría conmigo encantado.
No había insistido más con Mickey. Al menos había dejado de… joder, sí, de llorar… Me había quitado ese peso de encima en una noche y aunque seguía sin tener ganas de nada, al menos tenía los ojos secos. Aún así seguía doliendo.
- Colega. – Lip entró a nuestra habitación, me lanzó alguna mierda que me hizo removerme en la cama. No tenía ganas de nada. – Vas a tener que levantarte algún día. – Me recordó.
- Estoy perdiendo la cabeza, tío… Yo… No puedo dejar de pensar en esa boda.
- Está bien, es la última vez que te lo digo. – Se estaba cambiado, seguramente iba a ver a Karen de nuevo. Previsible. – Hazte un favor a ti mismo y aléjate lo máximo que puedas de esa ruina total. Lo antes posible. ¿Me oyes? No vale la pena.
- ¿Me puedes ayudar con los preparativos de la boda esta tarde? – Mandy entró después. Al parecer acababa de ducharse; estaba envuelta en una toalla blanca y tenía el pelo mojado. Estaba hablando con Lip, pero él se hizo el tonto como era habitual en esos días.
- Eh… Ah, no, acabo de acordarme de que le prometí a Sheila que iría a su casa. – Quéee raaro. Se pasaba la vida en casa de los Jackson… Lo extraño es que Mandy no le hubiese cantado ya las cuarenta. Estaba aguantando mucho, en serio, mucho. Mandy estaba teniendo mucha paciencia con Lip… Se notaba que le quería. – Karen va a volver a casa esta noche. Le han dado el alta en el hospital. Tengo que ayudarla a instalarse.
- Yo te ayudo. – Me ofrecí, levantándome de la cama sin muchas ganas. Obviamente no me refería a lo de Karen, hablaba con Mandy, sobre la boda. Ahora todo tenía mucho más sentido, ¿verdad?
- ¿Seguro? – Me preguntó Mandy.
- Claro. – Dije animado. Hasta pudo haberme quedado creíble. Eso pareció, Mandy aún no había sospechado nada sobre Mickey y yo… O… Lo que fuese eso.
- Eh, espera tío, ¿Tú no estabas enfermo? – Me preguntó Lip, obviamente para obligarme a que me pensase las cosas dos veces antes de hacerlas. Estaba siendo un masoca, lo sabía, ambos lo sabíamos, pero necesitaba hacer algo. Quedarme quieto me estaba consumiendo poco a poco. Le miré de tal forma que no necesité contestar en voz alta "Deja que me hunda en mi mierda yo solito, ¿Vale?" Lip optó por no decir nada más.
Allí estaba, en el cuartel de veteranos, donde la maravillosa boda entre Mickey y… ¿Cómo demonios se llamaba ella…? En fin. Donde la maravillosa boda entre Mickey y la puta sin nombre se celebraría. No había mucha gente, era un espacio bastante pequeño. El enorme cartel hecho a mano que me dio la bienvenida me ayudó a resolver mi gran duda "Mickey & Svetlana 4ever". Svetlana. Con lo sencillo que era mi nombre…
- Viniste. – Dijo Mandy haciéndome reaccionar. Fruncí el ceño y aún con las manos en los bolsillos me acerqué hasta ella. Estaba colocando las sillas delante de lo que supuse que era el altar. – Las sillas están aquí, y cuidado con las astillas… - Sabía que este momento llegaría, y no pudo contenerse mucho más. Sabía que necesitaba hablar - Mmmm… ¿Sabes? Lip todavía le lame el culo a Karen. – Comencé a colocar las sillas, tal y como ella lo hacía – Viejas costumbres pasadas de moda…
- Ajá… - Ahora me tocaba a mí – Entonces, Svetlana. Es como…
- Es callada. Y delgada, lo que es raro, porque a Mickey le suelen poner las gordas… ¡Le lavo la ropa! ¿Sabes? Le inscribo en malditas universidades y… ¿Y qué demonios hace Karen? Babear y tirarse pedos ahora mismo… - Alzó las cejas y siguió con las sillas. Yo me paré un segundo. ¿La verdad? No estaba escuchándola, estaba siendo el peor amigo del mundo, lo sabía, pero estaba… Estaba demasiado ido con el tema de la boda.
- ¿Crees que la quiere? – Musité, respirando por la boca, parándome a pensar en si eso sería siquiera una opción. ¿Mickey podría quererla? Aunque fuese… No sé, aunque fuese un poco…
- Tiene el cerebro frito.
- Me refiero a Mickey.
- Ah… No lo sé. Hay cientos de chicos que dejan embarazadas a sus novias y no se casan con ellas por eso, así que… ¿Sabes? Papá está muy emocionado. Él ha sido quien ha planeado todas las cosas. Ha invitado hasta a sus amigos del club de armas… Es casi bonito.
Mierda. Mierda. Y otra vez mierda.
Mickey:
¿A quién coño se le había ocurrido ponerle ese traje rosa con peineta a la tía Darla? Era una puta enana con las piernas separadas kilómetros entre ellas… Parecía la puta pantera rosa, solo que más gorda, más baja y escocida.
Vestir traje era una puta tortura. ¿Por qué no podía casarme con un maldito chándal, o con un puto vaquero? ¿Quién coño se iba a extrañar? Todo ya era jodidamente surrealista; mi padre aún no estaba borracho.
Tuve que escaparme a tomar el aire por la puerta de atrás. Joder, necesitaba despejarme, saber qué coño estaba haciendo, ¿Dónde coño estaría el pecoso? ¿Pero qué cojones…? ¿Por qué estaba pensando en ese gilipollas en ese momento? Por si acaso podía arrepentirme después, decidí quedarme en el interior, me encendí un cigarro y comencé a fumarlo nervioso, sin poder parar de caminar de un lado a otro, en círculos.
La puerta se abrió de golpe. ¿Qué cojones…? ¿Qué cojones estaba haciendo aquí él?
Ian:
No lo hagas. Ian. Joder. Abre los ojos. Se va a casar. Pasa página. Déjalo ir… ¿Déjalo ir? ¡A la mierda! ¡Todo a la mierda! ¡Necesitaba hablar con él antes de que lo hiciese! ¡Necesitaba que se diese cuenta de que me quería!
Allí estaba.
Estaba fumando, tenía la pajarita aflojada de tirar del cuello de la camisa seguramente por el agobio, o el calor. Cuando me miró bajó el cigarro. Me acerqué, me enfrenté a él, hablé seguro de mí mismo.
- Me llamas gilipollas por querer tener novio o lo que sea, ¿pero te casas con alguien que se acuesta con hombres para vivir?
- ¿A quién le importa? – Contestó sereno, estaba aguantando, se le notaba. - ¡Es un puto trozo de papel!
- No para mí. – No mentí, pero eso me confundió más. ¿Quería decir que no la quería…? ¿Qué era eso? ¡Jesucristo, me estaba matando! Me alejé un poco, necesitaba pensar, y estar tan cerca de él me lo impedía.
- Hey, oye, mira… - Habló. Me paré para escucharle – Solo porque me haya cogido no significa que no podamos follar, ¿vale?
¡Mucho mejor! ¡Sin duda! ¡Mucho mejor! ¡Claro! ¡Era lo único que quería de él, follar! ¿Cómo no lo había visto antes? ¿Cómo demonios no lo veía él? ¡Yo no quería solo eso! ¡Yo quería algo más que follar, le quería a él!
- Si te importa una mierda, Mickey…
- Eh, eh, eh… - Adelantó una mano para frenarme, al parecer temía tanto como yo nuestra proximidad. Incluso parecía que más – Me paré, con cara de gilipollas. Más aún, sí.
- Si te importa solo una mierda… No lo hagas. – Me rendí. Era un idiota por suavizarme, pero, ¿qué podía hacer? Le quería, y si tenía que arrastrarme un poco para tenerle… Lo iba a hacer... Me arrastraría.
Se quedó en silencio. Su mirada me sorprendió, pero no dije nada. Solo le observé, quería una respuesta, y… Mickey me la dio.
Mickey:
Me sentía tan jodidamente bien que no me importaba nada una mierda. Acababa de follar con el pelirrojo, sí, joder, justo antes de casarme. ¿Y qué? Quería hacerlo, desde hacía semanas que lo quería y llevaba aguantando. Me sentía jodidamente vivo y no me arrepentía de nada. Coño, había sido uno de los mejores polvos de mi vida. Ahí la tenía, tenía su respuesta. Yo le había besado a él.
- Joder, Gallagher… Tengo que hacer que te enfades más a menudo – Tenía un cigarro en los labios. Joder, si seguía con ese gesto de "soy un capullo" volvería a bajarme los pantalones.
- ¿Entonces qué vamos a hacer ahora? – Me ofreció el cigarro, y lo cogí con más ganas que nunca. No había entendido nada. - ¿Vamos a decirles a todos que se vayan?
- No. Voy a pasar por toda esta mierda, puedes esperarme aquí. No debería durar más de una hora, ¿no? Mejor que te vaya preparando para el segundo asalto.
- No dices en serio lo de… pasar por eso, ¿no? – Otra vez. ¿Es que no me escuchaba? ¿Es que no me escuchaba ese puto cabeza de tampón?
- ¿Porqué actúas como si tuviese elección? – Le pregunté, enarcando una ceja.
- Esto es una mierda. Escúchame, Mickey – Se volvió a acercar. No. Joder. No. Si se acercaba volvería a pasar. Joder con la puta carita de "pobrecito de mí, hazme caso por favor", ¿era gilipollas? – Tu padre es un puto psicópata y también un capullo… - Alzó la voz, estaba enfadado, ¿Y qué puta culpa tenía yo? - ¿Simplemente vas a dejar que te arruine la vida?
- Tienes que madurar de una puta vez. No hables como si supieses algo sobre mi puto padre, ¿me oyes?
- ¿Estás de coña?
- No todo el mundo puede mostrar… - Estaba hablando demasiado. Cerré la boca, le miré. Joder, ¿Por qué me ponía esa puta cara? ¿Por qué parecía querer sacarme las putas palabras con una maldita cucharilla? – No todo el mundo puede mostrar como se siente cada puto minuto.
Mandy abrió la puta puerta.
- Mick… Todo el mundo está buscándote.
- ¡Estaba fumando un puto cigarro! ¿Vale?
Y tras esto entré a enfrentarme a mi puto destino. O al de mi padre, ¿Qué coño importaba? Ya estaba hecho.
Ian:
Me senté al lado de Mandy, en una de las sillas que yo mismo había colocado. La música sonó, todo el mundo se puso en pie, todo el mundo se giró para mirar a la novia, a los novios, como llegaba la primera a ese… altar improvisado. Yo no lo hice, no tenía ganas de hacerlo. Vi a Mandy sonreír… Cuantas ganas tenía de contarle todo lo que estaba sucediendo, necesitaba hablar con alguien o me volvería completamente loco… Pero no era el momento. Aguanté la compostura y tragué saliva, alzando la cabeza todo lo que pude, como si aquello me fuese a ayudar a no derrumbarme.
La zorr… Svetlana llegó al altar, le dio la mano a Mickey que ya esperaba ante el cura. Vi a Terry Milkovich en la primera fila y tuve que apretar los dientes. Ese cabrón… Todo era culpa de ese cabrón.
Al menos noté la sonrisa forzada que Mickey trataba de mantener en los labios.
En ese momento agradecí formar parte del sur de Chicago; me moví y llegué hasta la barra que había al fondo de la sala. Cogí un vaso, la botella de vodka y bebí a palo seco. "¡Hasta que el cuerpo aguante!", me dije.
Perdí la noción del tiempo, siquiera escuché el "si quiero" por parte de ninguno, estaba demasiado ocupado ahogando toda mi mierda en ese alcohol barato que tanto me recordaba al sabor de la boca de Mickey.
Pasó mucho tiempo… O eso pensé. Todo daba vueltas, joder, tenía ganas hasta de vomitar… Creo que estaba algo borracho... ¿Qué coño? ¡Estaba muy borracho! Lip apareció, me aferré a su hombro y hablé.
- Lo ha hecho. –Me acerqué más, no dejaba de moverse. Mierda. Le agarré de la nuca para que dejase de tambalearse – Se ha casado. Con una mujer.
- Te dije que no vinieras, tío.
- Trata de quedarte de brazos cruzados cuando la persona que amas… No, lo siento… ¡El tío al que te follas, se casa con una zorra cualquiera! – Alcé la voz. No vi la cara de Mandy, aunque en ese momento me hubiese importado una auténtica mierda… Ya era hora, joder, se había enterado de todo, estaba harto de ocultarlo - ¡Maldita comunista! – Grité, cogí lo primero que mis manos tocaron y lo lancé contra el maldito altar.
Lip me sacó arrastras de ahí.
El aire fresco me sentó bien, pero que me moviese con tanta brusquedad…
- No voy a llegar.
- Vamos, Ian, estamos cerca de casa… ¡Joder!
- Tengo que pararme aunque sea un poco…
- Oye, para. ¡Ya estamos casi… no, no! Dios… - Me dejé caer boca arriba sobre unos setos cualquiera, agotado, borracho como una cuba. Ya habría tiempo de lamentarse.
- Voy a potar…
A la mierda. Me quedé dormido con el ruido de fondo de las sirenas del coche de policía que esperaba en la puerta de nuestra casa.
