"Abraham Lincoln en el sur de Chicago."

Por puto orgullo no me había parado a mirar en qué jodido mes estábamos, ni cuando tiempo había pasado desde que ese Gallagher capullo se largó al ejército. Pero era demasiado. Era mucho tiempo o me lo parecía a mí. Se me estaba haciendo jodidamente eterno… ¿Pero qué coño importaba? Ni que le estuviese esperando, joder. Ni que no fuese a estar como mínimo cinco años dándole por el culo a cualquiera de esos soldaditos de pantalones ajustados que prefieren coger con sus manos un buen arma hecho de carne, que de acero. Capullo… Estaría pasándoselo bien entre tanto tío. Estaría pasándoselo bien lejos de mí, mientras yo tenía que cargar con la puta farsa de familia que tenía en mi casa. Mi padre había vuelto, se había acoplado el nuevo novio de mi hermana, un negro de esos que solo se ven en la oscuridad si sonríen, la puta de mi mujer, y su gran bombo. Era vomitivo. Era lo mismo de siempre, seguía sintiéndome como me había sentido antes de… Joder. Antes de todo eso de la boda. Lo del puto Gallagher. Era como estar las veinticuatro horas del día cogido por los huevos, siendo alguien que en verdad no era… ¡No, joder, no es que fuese un maricón! Era… Tenía otros gustos, simplemente. ¿Quién podía culparme? Vale… La respuesta era muy clara: cualquier puta persona. Cualquier puta persona que conociese el apellido Milkovich y sobretodo si lo compartía.

Y además le quería de vuelta.

Mierda.

Sumando a toda la puta película de mi vida que mi mujer se mataba a hacer pajas y cobraba poco, y que de vez en cuando necesitaba hacerme una paja sacando la puta foto del jodido Ian y que mis hermanos eran unos putos burros y no sabían ni robar un puto banco… Mi vida era como siempre había soñado. No, coño. Mi vida era como mi padre siempre había soñado que fuese. Un puto asco. Y por eso, como cada noche desde que el cabrón del zanahorio se había largado, estaba tomándome la quinta copa de whisky en el Alibi, mientras Kevin se quejaba de un montón de mierdas sobre un tal Stan. O algo así.

- Quiero follarme a alguien con el pelo zanahoria, con putas pecas y de piel pálida… Joder, que parezca un puto alien.

- Bueno, pareces estar de suerte… - Dijo Kevin mientras alzaba las cejas en dirección a la puerta. Justo al lado de ésta, en la mesa más cercana, había una tía que cuadraba bastante con mi descripción. Sobre todo lo de "que se parezca a un puto alien", lo bordaba - ¿Por qué no le compras una bebida? – Todo el mundo sabía que lo que Svetlana y yo estábamos llevando a cabo era una maldita farsa, así que no había problema.

- No lo necesito. – Me levanté, me costó un poco por la cantidad de alcohol que tenía en las venas. Joder, de escupir en ese momento hubiese echado el puto whisky de poca calidad que Kev me había puesto, pero el mismo, sobre el sucio suelo del Alibi – Eh, tú, ¿Quieres echar un polvo?

- ¿Parezco ocupada? – Me sonrió, rodé los ojos y caminé hacia el baño. Me siguió.

Me la chupó, y menos mal que lo hizo, porque si no lo hubiese hecho y hubiese seguido viendo esas tetas moverse de un lado a otro un poco más, habría tenido que empezar a comprar viagra para las próximas veces. La zorra se corrió, yo me quedé a medias. Se giró para mirarme, se chupó los dedos y se rió. Mi puta cara era un cuadro.

- ¿Quieres acabar?

- Cambiemos posiciones.

- ¿Qué?

- Cállate y hazlo, coño. – Apoyé los brazos sobre el lavabo y bajé la cabeza para hablar sin tener que mirarla.

- ¿Pero qué hago? – Menos mal que estaba de crack hasta las cejas.

- Agarra mis caderas y golpea fuerte mi culo.

- ¿Con qué?

- Con los putos huesos de tus caderas. Dios…

No volví a hablar mientras lo hacía, mierda… me sentía un puto marica.

¿Encima de tener que vivir con la zorra, tenía que aguantarme con dos duros que la pagaban por paja? Estaba harto de la situación, joder ¡Mi mujer era una puta, no una esclava! Reclamé lo que merecía; ¿200 dólares por diez mamadas, cinco pajas y dos completos? ¿Qué coño estaba pasando? La tal Sasha sabría con quién cojones estaba jugando. Fui al puticlub e hice que todas las amigas putas de mi mujer me siguiesen ante las palabras de "Aquí nadie tiene puto sexo hasta que se las pague".

- ¡Hey! Prepara un trago para el Abraham Lincoln de las feladoras. He tranquilizado a mi mujer y a sus colegas la chupapollas, voy a hacer que esos rusos hagan lo que les estaban haciendo a mis chicas; ponerles de rodillas.

Los putos rusos no tenían otra opción que subirles el sueldo. Yo tenía las chicas, sin chicas no habría pajas.

- Sasha quierre una rrreunión – Dijo mi mujer con ese puto acento al que tanto asco estaba cogiendo.

- ¿Veis? Los rusos ya están ondeando la bandera blanca.

- ¿Sabes lo que le pasó a Lincoln al final, no? – Dijo Verónica.

- ¿Estás de coña? A penas pude pasar de los créditos del comienzo de la peli.

La puta rusa, la jefa, Sasha, joder, no mi mujer, me dio la patada en el culo. Le expliqué una buena oferta: "Un 20% de aumento por tirarse a feos, un 30 por las mamadas y… Lo que les pase en el culo es cosa suya."

Trajo un puto camión de nuevas putas de Chen… ¡Qué coño importa! ¡Trajo nuevas putas, me jodió la idea!

- Tus chicas están usadas y muy cansadas… Que te jodan.

- ¡DILES QUE CIERREN LA PUTA BOCA! – Grité. ¿Es que esas zorras aprovechaban el puto momento en el que no tenían una polla en la boca para abrirla y gritar… ¡EN RUSO!? ¡JODER! ¡No entendía una puta mierda con esa panda de malditas gallinas escocidas!

- ¡Nos has quitado el trrabajo! – Gritó Svetlana haciendo que se le escuchase entre el puto cacareo.

- ¡Sí, ya, ya lo sé, estoy pensando en algo, joder!

- ¡Dicen que erres un puto idiota!

- ¿QU-QUÉ? ¿Y qué coño les has dicho tú, eh?

- ¡Que además tienes la polla pequeña!

Rodé los ojos, agobiado, me giré para entrar a la cocina.

- Jesucristo… ¿Qué hay de eso de que la casa de un hombre es su puto santuario? – Cogí una cerveza. Mi padre habló.

- Tres cosas… Esta es mi casa, dos, sí tienes la polla pequeña, y tres, tú empezaste esto porque pensaste que tu mujer valía más de un par de dólares por polvo. Deja que te diga algo desde mi propia experiencia… No es así.

Una de las locas rusas entró y me empezó a gritar. Joder, me estaban poniendo jodidamente nervioso y no entendía una puta mierda de lo que decían.

- ¡NO TENGO NI PUTA IDEA DE LO QUE MIERDA ME ESTÁS DICIENDO! – Volví al salón, sin callarme - ¡Dios mío! ¡No sé qué coño dices…! ¡Escuchadme, escuchadme! ¡No os preocupéis, os conseguiré pollas en un par de días! …. ¡Mierda!

Y así es como me convertí el parte del Alibi; Kevin y yo nos hicimos compañeros de trabajo; el piso de arriba del Alibi sería el nuevo lugar de chupar pollas de mi mujer y sus putas amigas; las rusas putas.

Al parecer toda la mierda se había tranquilizado. Las putas tenían sus habitaciones, ya no las tenía correteando por el salón de mi casa hablando en jodido ruso. Y era ahora cuando volvía a acordarme del cabrón de Gallagher. ¿Dónde coño estaría? ¿Qué estaría haciendo? Era una puta tortura que no podía compartir con nadie, y nadie sabía lo jodido que era aguantar con toda esa mierda dentro todo el santo día. Sí, joder, le echaba de menos. O algo así.

Estaba bebiendo una cerveza y fumándome un cigarro en la puerta de mi casa, en el porche. Hacía un buen día pero no tenía ganas de verle la jodida cara a nadie.

- Hey. – Dijo alguien de pronto. Fruncí el ceño cuando vi al hermano de Ian, Lip, el que se había estado follando a mi hermana.

- Mandy no está aquí. – Dije sin ganas. No tenía ganas de relacionarme con ningún puto Gallagher que no tuviese el pelo de la entrepierna pelirrojo natural. Joder, y no me refería a la niña pequeña, esa a penas tenía tetas como para tener pelo ahí…

- Bien, porque vine a hablar contigo. – Le miré frunciendo el ceño, ¿qué coño decía? ¿Conmigo? ¿De qué? A penas había cruzado dos palabras con ese tío en mi vida, a menos… ¡Joder, Ian, hasta lejos me lo pones jodidamente difícil! - ¿Qué coño quieres?

- ¿Sabes algo sobre Ian? – "Ojalá". Me quedé en silencio unos segundos, desvíe la vista para responder con claridad y sin parecer que me hubiese gustado responder todo lo contrario a lo que dije.

- No.

- Es importante. - ¿Era imbécil o qué?

- ¿Piensas que ese tío me importa una mierda solo porque trabajé con él? – Le di una calada a mi cigarro, tranquilo, sin mirarle aún. Quería ver hasta donde sabía.

- ¿Vas a hacer que te lo diga? – Le miré. Joder, como mínimo sabía que habíamos estado follando. Le aguanté la mirada, pero mi cuerpo reaccionó rápido y separé la espalda de la pared para ponerme frente a él, con la única distancia que las escaleras del porche.

- ¿A dónde coño quieres llegar?

- A nada, solo… Estoy preocupado por él. Eso es todo.

- Bueno, pues no le he visto.

- Mmmm… vale. ¿Ha sido muy difícil decir eso? – Dijo casi sonriendo. Era otro puto Gallagher engreído…

- ¿Está en problemas? – Pregunté. Casi fue culpa de mi puta lengua, que se fue sola. El silencio que guardó dejó clara la respuesta - ¿Qué clase de problemas?

- Te lo diré cuando lo averigüe. – Y se largó.

¿Por qué coño estaba preocupado?