"Cuento de Hadas."

La música, los tíos, nadie que pudiese darme órdenes… Joder, ¿Cómo había aguantado tanto en el ejército? En ese sitio en el que hasta para ir al baño te ponían horarios. ¡No quería escucharles más! ¡No quería seguir sus normas! ¿Sabéis que también me apetecía hacer? Darme una vuelta en helicóptero. ¿Qué coño? ¿Qué iba a pasar porque dejase que mis manos fuesen solas y pilotasen un chisme que ya tenía más que controlado durante un rato de nada? ¡Vamos! ¡Ni que fuese a irme a Canadá! ¡Solo quería dar una vuelta… y sentir el aire en mi rostro… y despejarme y…! Lo hice. Oh, claro que lo hice. ¿Por qué no iba a hacerlo? Ahora era libre, siquiera tenía ganas de que un capullo con unas cuantas medallas más que yo me prohibiese hacer algo que siempre había querido hacer, ¡Dios, siempre había querido formar parte del ejército de aire, y había tenido que aguantarme con formar parte del de tierra! Lo más rápido y lo más sencillo para olvidarme de Mic… Ah, sí, me escapé antes de que pudiesen pillarme. Bueno, no sabía donde ir al principio, pero, ¿Qué más daba? Me había criado en el maldito Sur de Chicago, ¿Quién iba a pararme? ¿Un par de pijos de traje y cuello vuelto? ¡Claaro! ¡Sino la santa inquisición!

Me acordé de Ned de inmediato, y llegué hasta sus garras. Sí, cuando digo garras digo… sexo. Follamos un par de veces, no veáis como le ponía mi traje del ejército, aunque llevase sin darme una buena ducha dos días seguidos. Me lo arrancó prácticamente con los dientes… Incluso hicimos un trío con otro pelirrojo muy parecido a mí. ¿Por qué había dejado de follar con él? Ah, sí… Porque era el padre del novio de mi hermana mayor y porque Mic… ¿Y mis hermanos? ¿Cómo estarían? Cada vez que me acordaba de ellos me entraban ganas de volver a cas… ¿Eso era una invitación para un garito de ambiente gay? ¡Ned sabía como ganarme!

No fue necesario más que un par de días para unirme a una panda de chicos de más o menos mi edad y montar una fiesta en el apartamento de Ned. Maldita bacanal… El problema vino cuando la mesa de cristal del salón y su adorada botella de "añada un nombre pijo" se rompió. Ned se enfadó y me pidió que me fuese. Bueno, había estado bien el tiempo que había podido estar… ¿Dos semanas, quizás? Tenía que buscarme una nueva forma de sobrevivir.

Mónica. Os preguntaréis porqué llamé a esa zorra. Bueno, ¿Quién sabe? Me veía con las fuerzas suficientes como para aceptar un "perdón" de su boca y que me llevase a vivir la vida. Al fin y al cabo, eso era lo que ella había estado haciendo durante todo el tiempo, ¿no? Se había limpiado las manos de nosotros, se había ido por ahí, había incluso, tratado de hacerse lesbiana… Bah, ¿Qué más daba? No podía odiarla para siempre, ¿no? O al menos, no mientras me tuviese entretenido. No me apetecía estar solo, tenía demasiadas ganas de vivir. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan extasiado.

Nos instalamos en una casa medio abandonada, digo medio porque no lo estaba realmente, por mucho que estuviese mal cuidada; vivía una tía de unos cincuenta años que empezó a tirarse a Mónica como forma de pago de nuestra estancia. Mientras tanto conseguí algo de pasta; me ofrecieron un curro en un local llamado "Cuento de Hadas". Bueno, antes me uní a otro con un nombre bastante más porno que incluía la palabra "leche" en el letrero, pero finalmente me hice hueco en el Cuento de Hadas.

Era una garito de ambiente gay… Ya sabéis… Luces fluorescentes, pantalones apretados, mucha purpurina y raya negra (para más morbo) en los ojos. Empecé sirviendo copas, seguí tirándome al jefe, y terminé como bailarín. ¡Ah! ¡Me hice un tatuaje! A la semana de entrar al Cuento de Hadas a currar, con ya dinero en mis manos, me hice un águila en el costado derecho. Bastante sexy, la verdad. Incluso con la pasta que ganaba y las propinas (no obligatorias) me dio para apuntarme a un gimnasio, al cual acudía cuando salía a las cuatro o cinco de la mañana para desfogarme. Y es que tenía una energía… realmente placentera.

Atendía a un par de chicos que me habían ofrecido ir a dar una vuelta con ellos a los servicios, cosa a la que me había negado rápidamente porque uno de ellos dejaba un rastro de aceite que olía a kilómetros, y eso no me ponía nada. Iban en pack, o algo así había escuchado entre la música tan alta. Al otro no me hubiese importado…

¿Qué coño…?

¿En serio?

No, era imposible.

Dejé de servir la copa para centrarme en las dos personas que me miraban a unos cuantos pasos de la barra. ¡Dios, eran ellos! ¡El chico me saludó y eso lo dejó todo claro!

- ¡EH! ¿Qué pasa? – Grité entusiasmado. ¡Eran mis hermanos; Lip y Debbie. Lip seguía igual, seguía jodidamente igual, pero ¿Debbie? ¡Dios mío, como había crecido! ¡Y cómo había madurado! Dejé todo sobre la barra para acercarme a saludar, dando zancadas. El éxtasis era enorme, ¡Cuánto me alegraba de verles!

- ¡Eh, tío! – Alcé los brazos y choqué los cinco contra mi hermano, me reí, emocionado, y besé a mi hermana en la mejilla con fuerza. Estaban aquí. Eran de verdad.

- ¡Debbie! ¡Oh dios mío, estás genial!

- … Gracias… eh… ¡Tú también!

Necesitaba compartir mi emoción con alguien. Patrick, un compañero del curro exageradamente musculado pasó por mi lado. Le agarré del brazo para llamar su atención.

- ¡Son mi hermano y mi hermana! ¡Son familia! – Me reí, siquiera me paré a mirar ni escuchar la respuesta de Patrick, volví a mirarles, con una sonrisa imborrable.

- Eh, oye, ¿Hace cuanto que trabajas aquí? – Me preguntó Lip. Parecía preocupado, ¿Por qué demonios estaba preocupado? ¡La vida era jodidamente maravillosa!

- Ah… Hace un par de semanas.

- Ah, ¿Sí?

- Sí, tío, este lugar es… a-som-broooo-so. Es, es… Muy conveniente. – Me apoyé en la barra. Mierda, me estaba dando cuenta del roce que me estaba haciendo la camiseta de lentejuelas grises en la piel. Me moví un poco, pero sin dejar de mirarles. Entonces me acordé de algo – Eh, oye, ¿Queréis algo de beber? Invita la casa, por supuesto.

- No, no, estoy bien.

- Appletini, Appletin… Dos…

- No…

- ¡Dos appletinis!

Escuché a mi hermana aceptar y me giré para hacer su bebida.

Dos hielos… Los vasos… ¿Qué demonios? Eran mis hermanos… De cristal. Sí. Dos vasos de cristal… Dos hielos… ¡Estaban aquí! Oh, díos, esta canción… ¡Esta canción! ¡Appletin! Un poco más… ¿Tres… cuatro…? ¿Qué demonios? ¡Eran mis hermanos! ¡El estribillo! Oh, sí, cinco. Cinco dedos de alcohol estaban bien.

- Eh, Ian, oye… ¿Hay algún lugar en el que podamos hablar? – Dijo Lip. Se habían acercado hasta mí, pero… habían subido la música.

- Agh… ¡Me encanta esta canción! – Comencé a moverme en el sitio, bailando, siguiendo el ritmo.

Realmente no escuchaba lo que Lip me decía, no era importante seguramente, estaría diciendo cuanto me había echado de menos, y yo a ellos… ¡Más alta, dios, más alta!

- Oye, eh, unos tíos del ejército vinieron a buscarte. Quieren arrestarte por irte sin permiso, y por robar propiedad del gobierno.

- En serio, esto es de la mejor calidad. – Tenían que saber que no podía servirles cualquier mierda a ellos, eran mis hermanos.

- No, Ian, ¿Me estás escuchando? – Me acerqué un poco, aún pendiente de la bebida que estaba preparando. – Dicen que robaste un helicóptero.

Me entró la risa. Me zarandeé divertido, sin borrar la sonrisa. Qué pronto habían llegado las noticias… ¡Jesucristo!

- Ahhhh… Eso es gracioso.

- ¿Ah, sí?

- Sí, sí, a ver… Yo no robé nada. Quiero decir… Yo solo… Arranqué el motor. – Agité la bebida. Ya estaba terminando. Creo que estaba haciendo la mejor bebida que había preparado en todo el tiempo que llevaba trabajando en el garito. – Oye, ¿Vais a poderos quedar un rato más? Mi turno termina a las dos, pero siempre intento salir un poco antes, o voy al gimnasio de aquí, dependiendo de las ganas que tenga. Pero al veros ahora me siento… me siento… me siento genial, ¿sabéis?

- Vale, está bien, ¿Sabes qué? Salgamos a fuera para poder charlar sin tener que gritar, ¿Vale?

- Prueba tu bebida. – Vamos, tenía que estar deliciosa… Me entraban ganas de tomármela a mí.

- No, venga, a fuera. Vamos, ven aquí.

Mierda. Tenía las manos empapadas del hielo, y pringosas. Me separé de ellos para limpiarme. Qué asco, era asqueroso, era como… Dios, un momento ¿Era esa? ¿Era esa la canción que el fin de semana pasado quise saber como se llamaba pero nadie conocía su nom…? Ah, un tipo me pidió una copa. Pobrecito, tenía la camiseta llena de alcohol, alguien le habría tirado su vaso encima. Le invité a esta ronda. Yo creo que se hizo ilusiones y… Oye, ¿Y mis hermanos? Cuando me giré habían desaparecido.

Me encogí de hombro.

"Mmmm… Bueno, ¡Ya volverán!"