Que te jodan, Mandy de mierda.
La puerta del baño se abrió de golpe.
- ¡Eh, coño! ¿Puedo cagar en privado? ¿Por favor? – Dije irónico con el cigarro entre los labios. Coño, llevaba sin cagar tranquilo desde el día anterior; la puta de mi mujer estaba enferma y al parecer, por tener unas cuantas décimas de fiebre, no podía hacer unas cuantas pajas. ¿Qué tendría qué ver? ¿Y porqué me estaba tocando tanto las pelotas? Estaba estresado, joder. Había tratado de chupármela tres veces desde entonces, a lo que yo respondía con un "Eh, eh, ¿Qué quieres? ¿Pegarme alguna puta enfermedad venérea o qué?"
- ¿Quieres ir de una vez a buscar a tu novio, gilipollas? – Eso me hice; el gilipollas cuando Mandy habló.
- ¿Quieres cerrar la puta puerta o qué?
- Ayer estuve buscándolo todo el día y ya no responde a mis mensajes.
- ¿De qué coño me estás hablando?
- No juegues conmigo. – Dios, su tono de voz me hizo callarme la boca. Parecía enfadada, mucho. Coño que si lo parecía… Y no me gustaba enfrentarme a mi hermana cuando estaba enfadada, era una puta Milkovich rabiosa – Ian. – Aparté el cigarro de entre mis labios y dejé que el humo llenase el cuarto de baño. No la miraba – Ya sabes que se fue por tu culpa, así que encuéntralo. – Una calada y solté el aire por la nariz, jodido por culpa de esas palabras. La miré cuando siguió hablando – Tengo que ir al trabajo.
- No es mi puto problema. – Lo intenté una vez más pero mi jodido tono de voz me traicionó.
- ¿Sabes qué? – Se acercó, me quitó el cigarro de las manos, y continuó tocándome las pelotas – Nunca nada es tu problema. – No hice nada, dejé que se girase con mi maldito cigarro ya en sus manos. No lo iba a recuperar y lo sabía. Se alejó por el pasillo, pero no, ¿Cómo se iba a callar? Si podía tocarme las narices un poco más; lo haría, claro, joder. - ¡Por una vez haz que algo sea tu problema!
Se largó al puto trabajo, dejándome con la puerta abierta… ¿Pero qué coño…?
- ¿Qué mierda tiene que ver una ardilla con hacer gofres? - ¿Qué? Me dejó sin palabras la muy… ¡Y con la jodida puerta abierta! – Coño… ¡MANDY! – Grité por si estaba a tiempo, pero era tarde. Cabrona…
Mi jodida hermana me había convencido. Bien. Iría. Iría a ver a ese gilipollas a donde coño quisiera que estuviese… Tendría que buscarle, ¡Joder! ¡Ni que fuese su puta niñera!
Me estaba vistiendo, me había puesto buena ropa, ya sabéis, mi buena ropa… Me puse hasta una puta camisa negra. Y unos vaqueros. Pero de los aceptables, no los roídos y viejos de siempre… Y entonces llamaron a la puerta. Mis hermanos, los inútiles, abrirían, pero sabía que nadie les estaría buscando, así que salí al pasillo a recibir a quien coño fuese. Era Kevin.
- Hey, ¿Qué demonios haces tú aquí?
- Necesito un arma. - ¡Coño! ¿Kevin pidiéndome un arma? Eso era divertido. Me reí al imaginarle tratando de apretar el gatillo. No tenía pelotas…
- ¿A quién vas a matar? – Me giré y caminé hacia mi habitación, indicando que me siguiera.
- ¿Te has puesto colonia? – Joder… Era gilipollas. ¿Cómo coño se había dado cuenta? Me había puesto dos puñeteras gotas…
- No. Es… la mierda del jabón perfumado de Kennyata. – Mentí. Ah, Kennyata era el nuevo novio negro de mi hermana. El que conoció en mi boda.
- ¿Usas el jabón de otro tío?
- ¿Y qué?
- Tiene vello púbico.
- No, no lo tiene.
- Sí lo tiene. – Parecía jodidamente afectado… Estaba loco, en serio. A este tío se le iba la puta cabeza a veces… ¿Qué coño le importaba, igualmente? Ni que lo hubiese usado él, joder. - ¿Quién no tiene vello púbico en su jabón, a ver?
- Mi jabón no tiene vello púbico.
- Bueno, pues evidentemente no te estás lavando los huevos bien.
- Vale, tío, ¿Has venido aquí para hablar de mis pelotas?
- …. Solo dame una pistola. – Coño, se había rendido. Rodé los ojos y cogí una de las tantas que guardaba en el cajón que acababa de abrir.
- Joder, tienes un bar en el sur de Chicago, ¿Cómo coño no tienes un arma?
- No todos somos criminales, ¿sabes?
- Lo que tú digas. ¿Para qué la necesitas?
- Han robado el dinero del barril del Alibi.
- Espera, espera… ¿El dinero de las pajas?
- Considerando que es el único dinero que he conseguido en estos días… sí, el dinero de las pajas.
- ¿Y lo guardas en un puto barril?
- No confío en los bancos, ¿sabes?
- Tío, Kev, ese es mi dinero.
- No. Es mi dinero, y un treinta es para ti.
- ¿Treint…? ¿Quién coño ha decidido eso?
Nos tiramos un jodido rato discutiendo, hasta que Svetlana se levantó. Jodida pesada… ¿Tenía que controlarme? Ella tenía que controlarse… Menuda cara de momia tenía por las mañanas, parecía… La Santa Cleopatra una vez metida en el sarcófago.
Puto sitio de maricas. Estaba lleno de pierdeaceites y tíos magreándose en la puta barra del bar, y sobre ella. Joder… ¿Qué coño estaba haciendo? Como alguien me viese…
Pregunté a unos cuantos tíos, les enseñé la foto con la que me había pajeado unas cuantas veces desde que Ian se largó. Nada. Hasta que llegué al puto encargado.
- ¿Has visto a este chico? Se llama Ian.
- Nunca lo había visto. – Pero si no había mirado la puta fotografía siquiera… Entre que el jodido ambiente me daba asco, y que estaba muy nervioso… Coño, me estaba tocando las pelotas.
- ¿Por qué no echas un vistazo otra vez? Trabajó aquí, así que estoy seguro de que le has visto.
- No puedo acordarme de todos los mariquitas que entran y salen de este lugar, ¿está bien?
- Bien… - Me mordí el labio inferior, no iba a aguantar mucho. Lo estaba intentando, joder que si lo estaba intentando… Estaba intentando no pegarle una puñetera paliza a ese gilipollas – Este "mariquita" se ha ido de aquí hace un par de días, después de que uno de tus matones tirara a su hermano y su hermana a la calle, ¿recuerdas eso?
- Mira, idiota. ¿Te crees que eres el primero que viene aquí lloriqueando por algún camarero que te la chupó en el baño mientras te decía que eras el amor de su vida, y de pronto desapareció? Créeme, no lo eres… Así que, ¿Por qué no pides una copa y te enamoras de otro?
Bien. Se acabó. Asentí repetidas veces, me pasé una mano por la boca, abriendo esta, tratando de no reaccionar con brusquedad, alzando las cejas.
- ¿Me estás llamando gay? – Pregunté, aún con las cejas alzadas.
- Oh, por favor, cariño… Haces que Justin Bieber parezca hetero… - No iba a aguantar una puta mierda más, le enseñaría a ese cabrón las putas reglas del sur de Chicago. Agarré su cabeza y sin pensarlo dos veces la estampé contra la barra. Seguramente le partí la nariz, ¿Quién sabía?
- Vale, ahora… Sé que sabes donde está, chupapollas. – Dije en voz baja, obligándole a quedarse quieto de esa forma, en esta postura, mientras trataba de tocarse la nariz seguramente por el dolor. Que se jodiese, ¿Quién coño se atrevía a llamarme maricón? A mí, a un puto Milkovich. – Así que… vas a decírmelo, o voy a cerrar este puto sitio al acusarte de posesión y prostitución… ¿Qué te parece?
- Está en otro de nuestros locales - ¡Coño, hablaba! – Cuento de Hadas, en Boystown - ¿Boyst…? Joder. Más sitios de maricas…
- Gracias. – Palmeé su cabeza un par de veces y aproveché para tirar de su mejilla con fuerza - ¿Tan difícil era? ¿Eh? – Dicho esto me largué.
Joder, este sitio era peor que el anterior. Estaba más oscuro, las luces eran más bajas, azules, de puto neón, la música era… Joder, era música porno-gay… ¡Coño, eran tías gimiendo! Y… Lo puto peor de todo es que estaba lleno de gente. Joder. De gente no, de tíos, de maricas. El puto karma estaba jugando conmigo, ahora me daba cuenta. Procuré no mirar a nadie fijamente, no quería partirle la cara a nadie por el momento, no. Al menos no hasta que le encontrase… Y finalmente lo hice.
Joder… ¿En serio? ¿Era Ian? Sí, era él. El gilipollas estaba bailando sobre un puto viejo, ¿Le iban los viejos? Mierda, como se movía el puto pelirrojo… ¿Qué coño estaba haciendo con ese maldito carcamal con dos pelos en la calva? Parecía diferente… No pude aguantarlo más, cuando vi como la momia le colocaba una pastilla sobre la lengua, rozando ésta con sus asquerosos dedos, avancé hasta él, apartando a todo marica de mi camino. Le di una palmada al viejales que estaba sentado sobre un sillón de terciopelo, o algo así... para llamar su atención.
- Se acabó el tiempo, tortolitos. – Me negué a mirarle de momento, pero podía notar como él clavaba su puta mirada sobre mí. Estaría orgulloso, estaría jodidamente orgulloso y riéndose en ese maldito instante. – Levántate. – Le ordené. Por un segundo miré a Ian, que me miraba entre confundido y complacido. Maldito bastardo… Llevaba unos pantalones cortos, negros, muy ajustados, y una camiseta de tirantes también negra, con algunas zonas que dejaban ver su puta piel de alien – Esto significa que te vayas a la mierda, ¿Me oyes? Es mi puto turno. – Obligué al tío a levantarse, alzándole con mis propias manos. Estaba sordo, joder… Se quedó de pie unos segundos frente a nosotros, le miraba. Quería reventarle la puta cabeza contra el suelo, saltarle los putos dientes de la boca…
- Te buscaré más tarde, Kurtis. – Al fin me giré para mirarle, con el ceño fruncido.
- ¿Kurtis? ¿Es tu puto nombre artístico? – Estaba nervioso, no paraba de moverse, incluso parecía no querer mirarme a la cara… Pero finalmente lo hizo. Tenía los ojos pintados de negro y probablemente muy drogado, tanto que se encaró a mí.
- 25 dólares por un baile. – Dijo jodidamente serio.
- ¿Perdona?
- ¿No quieres un baile? Entonces muévete. – Cada vez estaba más lejos, estaba huyendo de mí. No entendía una puta mierda, tendría que estar riéndose de mí, no escapando… Estaba en ese puto sitio de maricas por y para él. Le estaba buscando, joder, llevábamos meses sin vernos la puta cara.
- Está bien, joder, de acuerdo. – Dije con tal de que no se largase. Bastante tiempo había estado lejos, y me había pasado todo el santo día buscándole – 25 dólares por tu culo, ¿no? Nunca antes había tenido que pagar por esta mierda… - Saqué la pasta y se la ofrecí. Puto chulo… Puto engreído… Se alzó un poco la camiseta para que metiese el dinero en el hueco de sus pantalones. Así lo hice, cagándome en toda su puta familia dentro de mi cabeza.
No me dio a penas tiempo de hacer nada más; me agarró de la camisa y me empujó al sillón, haciendo que me sentase como el anterior tío. Parecía enfadado, parecía irritando, jodidamente molesto. Abrió las piernas y prácticamente se sentó sobre mí, apoyando una de sus manos en mi pecho y la otra en mi espalda. Se movía contra mí, joder, me estaba poniendo cachondo… Si el puto contexto no fuese tan jodidamente retorcido… Le hubiese obligado a follarme en ese momento. Y si no estuviese en ese puto sitio de maricones, claro…
Traté de evitar su puta mirada, su boca, pero entonces acercó sus labios hasta mi oreja para hablar cerca de ella. Noté su aliento cerca, tuve que coger aire por la nariz.
- ¿Qué tal tu día hasta hora…? – Preguntó con cierta diversión pero sin reírse. Se enderezó un poco para mirarme, cosa que agradecí, tenerle tan cerca me estaba… Pfff… Me estaba. Pero no paraba de moverse, y eso iba a pasar factura.
- ¿Cómo está yendo mi puto día?
- ¿Te lo estás pasando bien? – Volvió a acercarse a mi oído. Estaba disfrutando haciendo eso, joder, sabía que lo estaba pasando en grande… Dios, mi entrepierna también lo estaba pasando en grande.
- No, no lo estoy pasando bien. Me he pasado todo el puto día buscando tu puto culo encocado. – Porque estaba jodidamente drogado, o eso parecía. No había otra explicación para su maldito comportamiento. – Tu familia está preocupada por ti. – Eso no pareció hacerle especial ilusión, se puso de pie y me dio la espalda. No, joder, no se fue. Se sentó sobre mí, pegó su puta espalda contra mi pecho. Ahora sí que le notaba cerca, su mano derecha estaba sobre mi cuello, notaba sus dedos acariciar mi piel - ¿Hey? No puedo hablar así contigo, venga, vámonos fuera. Esos putos asaltacunas te han drogado demasiado. – Y cuando más me quejaba, más se frotaba contra mí. Puto Ian. ¡Puto Ian! No me dejaba pensar, al menos no con la cabeza... – Joder, te estás moviendo como una putita.
- 25 dólares solo dan para un baile. – Repitió.
- Está bien, entonces vámonos a mi casa. – Apoyó su cabeza contra la mía, aunque sin mirarme en ningún momento. Tenía una puta erección de caballo, y estaba seguro de que él también se había dado cuenta – Ponerte al día o… alguna mierda de esas. Cuéntame donde has estado todo este tiempo. – Se levantó, no sabía donde poner las manos, me miró.
- ¿Te lo has pasado bien? Búscame si quieres otro.
- ¿Estás de coña o qué? – Me levanté de inmediato. Dios, le iba a arrancar los dientes… Le golpeé en el hombro haciendo que se girase y me mirase – Eh, eh, mira… Si no quieres salir de aquí conmigo, está bien… Pero tienes que llamar a tu familia. – Quizás no era el puto mejor momento, pero nada parecía hacerle reaccionar – Tu padre se está muriendo, Ian. Fiona casi mata a Liam. Llámalos.
Un gran marica negro se acercó a nosotros.
- ¿Todo bien por aquí, Kurtis?
- Sí, todo bien, Roger.
- Bien. Ese tipo de ahí parece que quiere un baile.
- … Voy a ello. – Y desapareció entre la maldita multitud.
- Gracias. – Dijo el tío con chulería.
- ¡Vaale! ¡No te atragantes con el vello púbico canoso! – Dije con asco. El armario marica se acercó a mí, advirtiéndome. No tenía ganas de meterme en ningún puto lío más esa noche – Relájate, amigo, ya me voy.
Y eso hice.
No. No lo hice. Me quedé en la puta puerta, fumando, esperando a que el gilipollas de Gallagher saliese de una jodida vez. Y ahí estaba. Acompañado por un viejo de pelo gris… ¿Qué coño le pasaba con los viejos, eh? Encima el puto viejo le estaba tocando más de la cuenta. ¿Qué coño? Le había metido la mano en los putos pantalones… Y, ¡Joder! ¡Le estaba chupando la maldita cara! Le agarré de la puta chaqueta y le separé de un golpe seco mientras le escuchaba quejarse.
- ¿Por qué no molestas a alguien de tu edad, puto viejo? – Iba a desfogarme contra él; le di un buen puñetazo en el estómago que le hizo doblarse por la mitad. Le incorporé a la fuerza, para que me mirase.
- ¡Eres un animal! – Se quejó entredientes.
- No soy yo el que manosea y chupa menores, ¿eh?
- Solo nos lo estábamos pasando bien…
- ¡Cierra la puta boca! – Grité, me hizo caso – Ahora dale a Kurtis algo de pasta antes de que llame a la policía.
- Está bien, está bien… - Jadeaba. Ese sonido era casi placentero… Que diese putas gracias porque no le había arrancando la puta dentadura de la boca de una patada – Toma, ten… - Me dejó la pasta sobre los brazos como pudo.
- Está bien, vete de una puta vez – Le empujé y aproveché; le di una buena patada en el culo y al fin salió corriendo, como el marica cobarde que era - ¡Que te vayas de aquí! – Miré como se alejaba… ¿Pero qué coño…? Parecía una puta gallina estreñida… - ¡Y aprende a correr como un hombre! – Rodé los ojos y me agaché a coger todo el dinero que se había caído al suelo.
Entonces le vi… Estaba tirado sobre la nieve, desmayado, no sé qué cojones… Tenía una puñetera camiseta de tirantes verde, debía de estar muerto de frío, joder. Maldito pecoso…
- Jesucristo, Ian… - Dije molesto, aunque en voz baja. Me acerqué hasta él y traté de hacerle reaccionar – Hey… Hey… - Nada. Estaba inconsciente… o mareado… o yo qué coño sabía… Como pude le cogí, le cargué sobre un hombro y por putas casualidades de la vida encontré un coche que nos llevó a casa.
Y allí estaba, mirándole como un puto gilipollas. Me tocaba los nudillos sin soltar el cigarro, no sabía qué coño pensar, qué coño hacer… Solo podía mirarle, y mirarle, y seguir mirándole. Estaba tumbado sobre mi cama, seguía desmayado pero al menos ahora no tendría frío.
Joder… Estaba otra vez aquí. Estaba aquí, le había tocado, le había sentido después de todo.
Por una puta vez había dado a Mandy con un canto en los dientes y…
Mierda, ¿Qué coño me estaba pasando? ¿A qué coño iba a llegar todo esto?
Alcé la mirada, Svetlana estaba en la puerta de la habitación envuelta en una toalla, acababa de darse un baño.
Miró a Ian, me miró, y yo la miré a ella.
No hice nada, solo no aparté la vista hasta que decidió largarse, notablemente molesta.
Me pasé las manos por la boca, por la cara, por la frente, tratando de entender porqué todo esto estaba pasando…
Joder. Como le había echado de menos.
¡Que te jodan, Mandy de mierda!
