Fuck u-up.
Muchos jodidos julandras, tíos de todas las putas edades, con dientes, sin dientes, con pelo, sin pelo, con pluma sin… con pluma. Joder… Era una puta discoteca de reinonas, un puto horno de maricas. Y yo estaba dentro de él. Si mi padre se enteraba de eso me partiría las piernas y se las daría de comer a los putos nazis del club de armas. ¿Qué coño? Las expondrían como un puto trofeo, junto a mi cabeza. ¿Qué coño estaba haciendo conmigo este tío? Joder… Y encima él estaba sobre una puta barra, "la reinona con mejor culo de todo el puto garito".
Todos vestían el mismo "uniforme" que él; esos pantalones ajustados de brillantes plateados y un intento de corbata que le llegaba a penas por los pezones… Era la primera vez que veía el tatuaje en el costado y, joder, me ponía mucho. No solo el puto tatuaje. Él. ¿Dónde coño había aprendido a moverse así? ¿Lo enseñaban en el puto ejército o qué? Estaba concentrado y disfrutando de ser el maldito centro de todas las putas miradas. Dios, las babas de esos que estaban bajo sus pies se iban a convertir en jodidos charcos de puta sangre… De no estar más pendiente de que nadie le tocase o se pasase de la puta raya, hubiese tenido una erección de tres pares de caballos. Puto Ian…
El alcohol y el tabaco era lo único que me ayudaba a no levantar el culo de la barra y liarme a hostias con cualquiera que le mirase. Encima el capullo me provocaba; se entretenía a mirar a los tíos que se le acercaban como si les dedicase el puto movimiento de pelvis que hacía… Era un cabrón, y yo demasiado fácil de pinchar.
Ya me daba igual, me importaba una mierda; sí, estaba celoso, ¿Y qué? ¿Cómo coño no iba a estarlo mientras exponía su culo a todo aquel que tuviese veinticinco putos dólares en el bolsillo?
Me lancé sobre el tío que había estirado la mano en dirección al paquete del pelirrojo,como un puto perro rabioso. Me faltó partirle el brazo cuando le aparté, obligándole a mirarme. Quería sacarle los putos sesos con mis dedos, por los agujeros de la puta nariz…
– Si estos dedos se acercan a esa polla, voy a romperte cada una de las falanges de la mano, las quince. – Dije mientras golpeaba su hombro con el índice, advirtiéndole. Me estaba lanzando a su cuello y no precisamente de la forma que él querría. Me mordí los labios, hice un movimiento con las cejas preguntando en silencio si había logrado entenderme y contestó.
– Relájate, mariquita. De todas formas una mano solo tiene catorce falanges… – Dijo el puto viejo con chulería mientras alzaba una de sus manos y movía los dedos. Sí. Esos dedos que le iba a arrancar uno a uno con los putos dientes.
– Joder, ¿Quieres morir o qué? – Dije arrastrando las palabras. Me acerqué más, pero él retrocedió con el puto rabo entre las piernas, desapareciendo entre la multitud. No aparté la vista de ese lugar hasta que la curiosidad me pudo… ¿Catorce…?
– Nos han invitado a un after en el loft de uno de mis clientes habituales. – Ian había bajado de la puta plataforma para informarme. "Maravilloso", pensé irónico, sin mirarle, con las cejas enarcadas. No me hacía ni puta gracia y pudo verlo en mi gesto – ¡Es divertido! – Se quejó. Trató de llamar mi atención agitando un poco los brazos - ¿Qué hay de malo con divertirse un poco?
– Nada, a menos que incluya a un gordo maricón metiéndose las manos bajo… – Pude notar sus labios sobre los míos un maldito segundo. ¿Qué coño estaba haciendo? Le retiré, empujándole, mirando a mi alrededor en seguida comprobando que nadie nos había visto – ¿Qué coño haces? – Me quedé en silencio, apretando los labios unos segundos hasta que desvié la vista hacia el resto del lugar.
"Move like you stole it…"
Tíos se besaban entre ellos. A nadie le importaba una mierda sobre que tuviesen lo mismo entre las malditas piernas.
"Move, hurry."
¿Quién iba a juzgarme en este maldito sitio? ¿Quién iba a decirme algo? ¿Qué importaba si…?
"Move like you stole it… "
Miré a Ian, sonreía ampliamente. Parecía que estaba leyéndome los malditos pensamientos. Su sonrisa… Joder, cuanto había echado de menos esa maldita sonrisa. Incluso aunque fuese jodidamente arrogante… "Te lo dije", tenía dibujado sobre sus labios. Capullo.
"Make your move on me."
¡A la mierda! Le besé, apoyando mi mano en entre el hueco de su cuello y su mandíbula, subiéndola hasta su nuca cuando él hizo lo mismo con la suya. ¡Me rendía, joder, me rendía! Noté sus grandes y calientes manos en mi nuca, su pulgar tocaba mi oreja. Estaba ardiendo. Joder… Sabía a placer. Su puta boca sabía a placer, a orgullo pisoteado, a triunfo, a libertad. Sus putos labios se movían tratando de quedar por encima de los míos, pero no se lo permitiría. Profundicé el beso, mordiendo su labio superior durante un segundo, noté sus dedos encogerse en su cuello, acaricie sin querer la zona baja de su nuca, me pegó a él, acaricié su maldita cabeza naranja mientras disfrutaba del maldito sabor a libertad que solo Ian podía mostrarme.
Sin pensar en las consecuencias.
Era lo que quería hacer.
Le quería a él.
Joder.
Le quería.
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Ya que estaba, que pisoteara mi orgullo de una vez. Fuimos a esa puta fiesta para pijos. Todos iban con traje, muy arreglados, olían a vieja que colecciona abanicos. Era una casa jodidamente enorme, la luz no estaba demasiado alta, pero seguro que era porque el mamón del sitio le quería dar ese toque chill… chill… chill-como-pollas-se-diga, al piso.
– Wooow… Mira esta casa. – Eso hacía, era cinco veces toda mi casa junta – Mira estas vistas. – Dijo Ian señalando las grandes cristaleras que dejaban ver todo la maldita ciudad de Chicago. Quizás… Quizás tenía que hablar con mis hermanos para pasarnos por un lugar como este alguna vez. Sacaríamos bastante pasta.
– ¿Qué hace el payaso este?
– Es ingeniero y fotógrafo a tiempo parcial. La verdad es que creo que hizo alguna de estas fotos. – Dijo señalando la pared. Oh, coño… ¿Cómo no? Todo eran fotos de maricas, de tíos tocándose los pezones, en bolas. Qué artístico…
– Ah, ¿Sí? – Dije irónico. Entonces caí en algo – Claro, ¿Para qué sino te iba a invitar aquí, eh?
– Vamos… No todo el mundo quiere algo de mí, Mick. – ¿Mick? Joder si sonaba hasta bien de su boca…
– ¡Iaaaaaaan! – Un buen dueto de palomas cojas me hizo alzar las cejas. Solo uno de los tipos se acercó y abrazó a Ian.
– ¡Hola! – Dijo correspondiendo al abrazo.
– ¡Qué alegría de que estés aquí!
– ¡Ryan! Encantado de estar aquí… – Alzó la vista y me miró. Sí, joder… Estaba jodidamente tieso, manteniendo las distancias, mirándole sin tratar de parecer amable ni simpático, ¿Para qué? – Oh, este es Mickey… – Se separaron al fin, antes de que me diese la vena asesina, y me miró.
– Encantado de conocerte. – Prácticamente se autosaludó; su mano y mi mano muerta. Me quedé en silencio sin decir nada. Pude ver de reojo como Ian trataba de no reírse de mí, en mi maldita cara – ¿Os traigo un cóctel? – Joder, sí, necesitaba alcohol.
– Eh, sí, ¿Tienes cerveza?
– Tengo Craft Brews… Stout, IPA, Winter wheat…
– ¿Qué tal cerveza? – ¿De qué coño estaba hablando? Una puta cerveza. Normal y corriente. De toda la puta vida. ¿Era tan complicado? No me jodas… Putos remilgados, putos repipis…
– Oh… Claro, claro. ¿Podría ser más marica…? Una cerveza marchando. – Rodé los ojos y miré de reojo a Ian –¿Ian?
– Vamos a ver qué tienes. – Y se largó con él, dejándome solo en la puta boca del lobo.
Me quedé quieto, mirando de reojo el lugar, sin saber qué coño hacer en ese sitio. No pegaba ni de coña, ni poniéndome un puto lazo rosa en la cabeza pegaría en un lugar así jamás. En la puta vida.
– Tú eres nuevo… ¡Hola! – Un tipo de camisa azul oscura, con gafas… Un negrata como el novio de mi hermana trató de hablarme. Le miré en silencio durante largos segundos, hasta que acepté casi con rabia hablar con ese tipo. Nadie podría decir que no lo había intentado.
– Hey. – Me moví en el sitio, nervioso.
– ¿Estás aquí con Ian? – Joder, ¿Este también le conocía? ¿Qué era, puto famoso? ¿Les había firmado a todos en las pollas o qué?
– Sí. – Dije con rapidez, muy seguro. ¿Qué? ¿Y qué pasaba si estaba con él?
– Es genial… – Asentí un par de veces, desviando la vista, no quería mirarle. – Entonces… ¿A qué te dedicas?
– Tengo un negocio. – Empezaría con eso. Además, no quería seguir la puta conversación.
– ¿Y qué tipo de negocio? – ¿Quería también mi puto DNI, o qué?
– ¿Hospitalidad? – Dije con las cejas aún enarcadas.
– Oh, qué bien, ¿En qué campo? – Vale, este tío hacía demasiadas preguntas… Le miré con cierta arrogancia y hablé.
– Soy un puto chulo. – El tío se rió al principio, pero al parecer mi santa cara de "No estoy de coña, gilipollas" le hizo entrar en razón – Espera… ¿En serio? – Asentí una sola vez – Eso es increíble. Mi tesis habla sobre el trabajo sexual de los transexuales y la interacción simbólica en la infraestructura de las relaciones "estafador-cliente". – ¿De qué… cojones… me estaba hablando este tío…? ¿Infraestructura de qué…? ¡Infraestructura de mis pelotas! – ¿Quieres una tarjeta?
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Alguien me tocó el hombro, mi reacción fue la habitual; me moví con brusquedad, girándome hacia mi agresor y estuve a punto de darle un puñetazo en la nuez, hasta que ví de quién se trataba. Normalmente tenía muy mal despertar, todo el puto mundo lo sabía.
– Wow, wow, tranquilo, asesino. – Dijo con cierta diversión, apoyando las manos a los pies de la cama. Le miré desde mi postura, aún confuso. ¿Dónde coño…? Joder… El loft del marica pijo. Nos habíamos quedado dormidos – Estoy apuntando lo que quiere la gente para desayunar; ¿Huevos revueltos, pancakes o tostadas? – Suspiré con fuerza, llevándome los dedos a los ojos, dejando ver casi en forma de indirecta el tatuaje de "Fuck U-Up" de mis nudillos, tratando de espabilar de alguna forma.
– Huevos. – Dije sin muchas ganas. Solo quería que se largase.
– ¿Y qué crees que quiere él? – Fue entonces cuando me di cuenta de que Ian seguía durmiendo a mi lado. Fruncí el ceño y miré al tipo-mariposa – ¿Cómo coño voy a saberlo? No soy su puta niñera.
– Vaaale... No es lo que quería decir… Mmm… Entonces, ¿Vosotros dos os conocisteis anoche, o estáis juntos? – Había logrado sentarme en la cama. La verdad es que la puta preguntita me dio ganas de echar la pota. Le miré, mordiéndome en labio inferior, bajé la mirada para contestar, sin querer pensar mucho en lo que estaba a punto de decir.
– Juntos.
– Genial. Eres un tío afortunado. – Y se largó.
Fue entonces cuando me paré a mirarle. Joder… ¿Era eso cierto? ¿Estábamos juntos?
