Me toqué la cara y puse la mano sobre el espejo.

"¿Qué han hecho?"

Sonó la puerta y salí del trance en el que estaba. Estaba en shock, pero tuve que acercarme a la puerta, y al abrirla me quedé de piedra. ¡Era Gandalf! Pero no era blanco, si no que llevaba esas ropas grises y raídas con las que le conocí.

Al ver que estaba mirándole, Gandalf habló.

"Bilbo Baggins… no has cambiado una pizca desde que corrías debajo de las faldas de tu madre."

Sonreí y cerré la boca, sin dejar de mirarle.

"Gandalf…"

Gandalf sonrió y asintió levemente.

"Veo que me recuerdas, hijo de Belladona Took, sabía que no me equivocaría contigo." Cuando vio que no me movía carraspeó. "Creía que un Baggins tendría mejores modales y invitaría a pasar a un viejo mago desvalido a sentarse junto al fuego."

Recordé la última vez que estuvo allí y como no fui muy buen anfitrión con él, y me eché a un lado para dejarle pasar.

"Claro, Gandalf… pero debes recordar que además de Baggins también soy Took"

Gandalf se dirigió al salón sonriendo y yo le seguí tras cerrar la puerta.

"Nunca lo olvidaría, querido Bilbo"

Nos sentamos en dos sillas junto al fuego, y no dejaba de mirarle.

"Te echaba de menos Gandalf"

Gandalf alzó una ceja pero no dijo nada.

"¿No recuerdas nada, no?"

"Mi querido Bilbo, no se a que te refieres"

Asentí y nos quedamos en silencio y miré por la ventana. Sonreí al recordar de nuevo nuestra primera conversación y le miré. "Que mal educado soy, Gandalf, no te he dado los buenos días."

"¿Qué quieres decir? ¿Me deseas un buen día o quieres decir qué hoy es un buen día lo quiera o no? ¿O tal vez te refieres a que te encuentras bien esta mañana en particular? ¿O simplemente afirmas que es una mañana en la que hay que sentirse bien?"

Solté una carcajada como hacía años que no lo hacía.

"¡Todo a la vez, supongo!" Él empezó a reírse también y asintió. "De verdad que te he echado de menos, Gandalf El Gris"

"¿Tanto te gustaban mis fuegos artificiales?"

Le miré confundido, y entonces recordé los fuegos artificiales de mi niñez, las risas, mis padres… Me mordí el labio intentando no llorar. Hacía ya 90 años que mis padres habían muerto.

"Querido Bilbo, ¿estás bien?"

Volví de mis recuerdos y sonreí triste.

"Solo… recordaba a mis padres"

"Buenas personas ellos…" Asentí y me recompuse. Era hora de preguntarle una pregunta cuya respuesta ya sabía.

"¿Por qué estás aquí, Gandalf?"

"Estoy buscando a alguien con quien compartir una aventura"

Recordé lo sufrido y perdido en el viaje. Cuando volví del viaje ya no era el mismo, pero recordé las risas con Ori y Bofur, los lios en los que me metían Fili y Kili, los comentarios sobre Erebor de Balin y sus ojos brillantes cuando la recordaba, los cuentos que me contaba Nori y perseguirle tras ver que me había robado algo, tomar el té con Dori, las historias sobre Gimli de Gloin, las diferentes comidas que hacía con Bombur y las numerosas recetas que me dio, las medicinas que Oin me enseñó a preparar, y Thorin… todo de Thorin lo echaba de menos. Verle una última vez valía la pena aguantar sus miradas gélidas y sus actos de desprecio. Pasaría por todo eso por verle sonreír de nuevo. No debería de haber muerto así… a las puertas de Erebor. Un escalofrío me recorrió el cuerpo al pensar en cómo se murió abrazado a mí mientras llegaban las águilas.

"Cuenta conmigo, pero con una condición."

Gandalf asintió.

"Lo que quieras, Bilbo."

"Debes prometerme que no cuestionarás lo que haga, al final sabrás porqué hago lo que hago, pero por favor, por favor, tienes que confiar en mí."

Gandalf me miró sin entender.

"Querido Bilbo, ni si quiera te he dicho cual será nuestra aventura…"

"Iremos a recuperar Erebor."

Gandalf se puso muy serio, mirándome fijamente.

"¿Cómo sabes eso, Bilbo?"

"P-Porque tengo mis contactos, Gandalf… y… creo que es una gran idea."

"No sé cómo sabes eso, ni quienes son tus contactos, Bilbo Baggins, pero me arriesgaré, porque creo que vendrá muy bien. Mañana vendrán el resto de la Compañía, espero que encajes bien"

Se levantó para irse, y le seguí de cerca para abrir la puerta.

"Eso espero, Gandalf."

Al abrir la puerta, Gandalf hizo una marca en la puerta, y yo ni me inmuté.

"No eres como pensé que serías tras todos estos años, Bilbo."

Asentí y suspiré.

"Algo pasó, Gandalf… algo me cambió y ya no soy el mismo Hobbit que fui una vez. Ya no me importan las simples posesiones, ni el aguar de mi madre, solo quiero ayudar a la gente."

"No sé qué te ha pasado, pero parece que eres más un Took que un Baggins. Quizás este viaje ahuyentará el dolor que veo en tus ojos, Bilbo."

Negué con la cabeza.

"Eso espero, Gandalf, porque no sé si podré pasar por algo como lo que pasé…"

Gandalf asintió y se marchó, preocupado. Cerré la puerta y me apoyé contra ella. ¿Cómo iba a enfrentarme a mis enanos sabiendo que no me iban a reconocer? ¿Cómo iba a mirar a Fili y a Kili sin recordar sus cuerpos sin vida? ¿Cómo podría evitar recordar al ver a Thorin cuando casi me mata presa de la enfermedad, y cómo me suplicó antes de morir que le perdonara? Tendría que ganármelos de nuevo, y Thorin será el más complicado de todos. ¡Tendría que defenderle de nuevo de Azog! Me mordí el labio, porque intenté no pensar en ello, no pensar en el dolor que había pasado, y solo en que ahora podía hacer para que nadie muriera. En evitar que Frodo fuera a Mordor…

Me di por vencido y empecé a llorar contra la puerta, sigueindo el luto que llevaba desde hacía más de 80 años.