Capitulo 4
Elena se giró totalmente ruborizada. Su primera reacción fue subirle los bóxers y los pantalones a Damon, de un tirón. Luego se levantó de un salto de la mesa, bajando su bata, lo máximo que pudo. Damon se frotó el pelo.
- ¡La madre que me parió!
- Es… es…
- Un sueño…
- No me importaría que me secuestrara a mí también.
Elena empujó a ambos chicas hacia a fuera.
- ¿Qué hacéis aquí?
- Sentimos interrumpir. – se rió Caroline.
- No interrumpíais nada…
- ¿A no? – dijo Bonnie. – Entonces dime porque tu chico está tan caliente.
Sus ojos recorrieron a Damon, completa y descaradamente. Él deambulaba por el despacho de Elena, intentando que se le bajara la erección, y haciéndose el desentendido.
- Serás guarra. – dijo Elena, cerrando la puerta. – No vuelvas a mirarlo así. – dijo ella, con un rubor en las mejillas. Quién sabe, si sería de vergüenza o de rabia y celos.
- Hay… que la gata maula se nos pone celosilla. – dijo Caroline pellizcándole la mejilla.
Las dos amigas rieron.
- Venimos a hacerte una visita. ¿Esta tarde al final, como quedamos? – sonrió Bonnie.
- No lo sé. – Elena aun estaba enfadada. ¿Y cómo no? Damon era suyo.
- ¿Cómo que no lo sabes? – masculló Caroline. – Tienes que divertirte un poco, ese nuevo centro comercial tiene una pinta…
- Digamos que ya me divertí bastante. Os recuerdo que llevaba unos meses de vacaciones con Damon.
- Y no me extraña que te divirtieras tanto… con un hombre semejante. – Dijo Bonnie.
Caroline codeó a Bonnie, esbozando una sonrisa falsa en su boca.
- Me estás hartando, Bon. –dijo Elena, entrecerrando los ojos.
- Lo dice en broma, mujer. – dijo Caroline frotando el brazo de Elena.
- ¿En broma? Pero si Damon está buenísimo. Apuesto a que debe ser una maquina en la cama.
Elena abrió la puerta del despacho y se metió adentro, de nuevo, enfadada.
Caroline miró mal a Bonnie.
- ¿Qué? No dije nada malo…
- Sabes lo celosa que es Elena.
Caroline abrió la puerta del despacho. Para entonces Damon ya le había preguntado si pasaba algo. Él analizó a la rubia. Pero rápidamente volvió a mirar a Elena, desinteresado en aquella otra mujer.
- Elena, vamos, no te enfades.
Damon volvió a girarse. Esta vez, analizó a Bonnie. Le llamó algo más la atención. Un corte de pelo por los hombros, escalado, que sinceramente, le quedaba de maravilla. Flequillo desfilado, y le a favorecía. Ojos verdes, y un cuerpo generoso. Y a no ser que Damon estuviera enamorado, hubiera agradecido las vistas que le ofrecía Bonnie. Porque para nada, era discreta. Y para nada, iba vestida como para pasar desapercibida. Sabía que tenía buen tipo y lo usaba de manera que cualquier hombre se la quedaría mirando.
- Eso, ahora tú cómetela con los ojos. - Elena cogió alguna otra cosa y se marchó del despacho.
Damon miró interrogativo a ambas chicas. Caroline se encogió de hombros, mientras
que Bonnie, le sonrió coquetamente, frunciendo el ceño.
Damon izo caso omiso a ese gesto y se dirigió hacia recepción.
- ¿Dónde ha ido Elena?
Anna miró el reloj. Luego puso la cabeza encima de las dos manos, entrelazadas.
- ¿Dónde crees tú que habrá ido? Son las dos. El turno de Elena termina ahora. Y por lo que a mí me parece, está algo enfadada, novio. –
La morocha siguió organizando algunos papeles, mientras que Damon, bufando, se dirigió a paso ligero hasta su precioso Lamborghini.
Nada. Ni rastro de Elena. ¿Dónde se habrá metido? Damon adoraba que se pusiera celosa, eso lo ponía sobradamente… pero cuando pillaba estos cabreos, lo irritaba. Y lo irritaba más no encontrarla. La preocupación no disminuía, el estado de California era suficientemente peligroso como para que una mujer como Elena andará sola por ahí. Ya eran las cuatro. En casa no estaría, y seguramente ya hubiera terminado de comer. Volvió hasta el centro de fisioterapia para ver si había vuelto allí. Cuando atravesó la puerta, quitándose las ray-bans, produjo algún que otro suspiro de alguna de las chicas que estaban allí. Pero Damon no tenía tiempo– no quería – de mirar a ninguna de ellas. Abrió la puerta del despacho de Elena. Nada. Bueno, si, algo…
- ¡Damon! – dijo ella cuando Damon se acercó.
Él negó con la cabeza. Se sintió mareado.
- Pero qué coño… - dijo mirándola.
- Mi vida… - Katherine le acarició la mejilla.
- No. – le apartó la mano, de golpe. – Ni mi vida ni mierdas. – la miró, más enfadado que nunca. – ¿Por qué has vuelto?
- Pensé que te haría ilusión saber que no estoy muerta.
- ¿Sabes? Me da lo mismo, si estas viva o muerta.
- ¿Con que esas tenemos? – Ella sonrió, tan maliciosamente como solo ella sabía hacerlo – No me mientas, estuvimos tanto tiempo juntos… - se acercó a él, casi rozando su boca. Ese contacto, ese perfume, ese color tan rojo de los labios… y tantos… – Que no me creo que me hayas olvidado. Me amas… te amo… –…tantos… recuerdos.
Pero Damon tuvo el valor de rechazar el beso de Katherine.
- ¿Qué te crees que estás haciendo? – masculló, levantando una ceja. – Te repito que ahora mismo estoy de puta madre sin ti. He conocido a una mujer a la que tú no le llegas ni a la suela del zapato.
Una risa aguda salió de la garganta de ella.
- ¿Eso piensas? Después de pasar tantas noches junto a mí, repitiéndome que me amabas más que a nadie…
- Eso creía, pero acabo de descubrir que es el amor de verdad y… y es lo que siento por Elena.
- Cuando te canses de ella, vendrás a buscarme, como siempre. Tú no has cambiado, ni cambiaras, siempre has sido mujeriego.
Damon sonrió.
- Que te den, zorra. Y ni se te ocurra juzgar a Elena.
- Cuidado. – Dijo Katherine haciendo una mueca – Mira como tiemblo…
- Tu hermana decía lo mismo. Y mira lo que le pasó.
Katherine puso expresión pensativa.
- Aún estoy intentando averiguar quién fue la persona que la mató. – Sonrió de nuevo – se que tu no fuiste, nunca haces daño a una mujer si no es en autodefensa. Y menos la matas. – entrecerró los ojos. – Estoy en la duda de si es tu estúpida novia. – Luego negó con la cabeza – No, no puede ser, es tan mosquita muerta. ¿Qué sabrá ella sobre armas y guerras? Completa cursi. De veras, no pegáis, para nada.
Damon agarró a Katherine del cuello, sin aguantar más de la rabia.
- No vuelvas a nombrarla. – la estriñó fuerte contra su puño. – Ni se te ocurra volver a insultarla. Te mato. – la levantó aun más, por encima de su cabeza.
Katherine golpeó con las piernas el pecho de Damon. Pero a él le dio igual. La soltó. Ella cayó al suelo.
- No sabes de lo que soy capaz, Katherine. No me subestimes.
- Nunca lo… hice. – dijo ella tosiendo, a la vez que sonreía.
- Estás loca.
Katherine hizo caso omiso al comentario de Damon y siguió con lo que estaba, hacía unos minutos.
- Hey, deja eso. – dijo Damon, acercándose a ella, ya que estaba ojeando folios del escritorio de Elena.
- Tranquilo, solo quiero saber con quién estás. – dijo, volteando una de las hojas que tenía en mano. – Y la verdad es que no es muy interesante… - Damon la miró mal. – es cierto cariño, te repito, no sé qué haces con esta mujer…
Katherine se rió, descaradamente, de nuevo.
- Y pensar que me la podría cargar ahora mismo. – cogió una pistola que llevaba en el liguero, subiéndose un poco la falda negra, mostrando con desinterés aquel par de muslos generosos que Damon había acariciado tantas veces. – Dejarle las cosas claras… quien manda aquí… y a quien le perteneces. – a mí.
