Capitulo 6

Katerina es Katherine. Damon dio media vuelta en la cama, desnudo. Era invierno, pero no hacía frio. Elena ya había colocado un par de mantas en la cama matrimonial. Además, habían pasado una de sus noches de pasión… cada y una de las cuales quedan grabadas en su memoria… al igual que los gemidos de ella, de sus jadeantes suspiros envueltos en un 'Damon' ahogado, esos ruidos que tanto adoraba mientras se fundía en sus entrañas haciéndola gozar hasta correrse. No podía dormir. Y eso que se había levantado pronto, dentro de lo que cabe. Cuando dio media vuelta más, y volvió a quedar de perfil, pero ahora de cara a Elena, se encontró con la mirada de ella.

- ¿No duermes? – pregunto Damon.

- ¿Y tú? – le respondió ella. – yo estaba durmiendo, pero no paras de dar vueltas.

Le acarició una de las mejillas, y le sonrió tiernamente. Las tres de la mañana.

- Lo siento…

- ¿Por qué? Eres tonto. – se rió. – basta de pedir disculpas hoy ¿no?

Damon sonrió y la besó en los labios.

- Elena...

- Dime.

- Hay algo que quiero decirte hace tiempo… - él suspiró, y se hundió en el color miel de sus ojos, ahora despejados.

- Lo que quieras, te escucho.

- ¿Recuerdas que te hablé de Katherine?

- Ajá. - Elena entristeció al recordar quién era esa mujer. Y quien era su hermana, Andie, a la que mató ella misma…

- ¿Recuerdas que te dije que estaba muerta?

- Si, y te sentías culpable por ello, pero ya hablamos de esto Damon, tu no tuviste la culpa, ella era de los contrarios, y alguno de tus compañeros la mató a las órdenes de Alaric.

- Ese no es el caso… - suspiró. – Cuando Stefan y yo… bueno, cuando tu mataste al último hombre de Mikealson. – Damon sonrió – mi niña cínica, quien iba a decir que una simple masajista podría tener el valor de hacer estallar en mil pedazos a un hombre el triple de corpulento que ella.

- Quien lo iba a decir… - repitió Elena devolviéndole la sonrisa. – Eras tú o ese cabrón, y no dudé ni un segundo… - se puso seria de nuevo. – Bueno, ¿prosigues con lo de Katherine?

- Si… - agachó la mirada y abrazó a Elena por la cintura, acercándola a él. – Aquel día la vi… tu y Stefan estabais de espaldas, pero ella apareció allí, como un fantasma… entre todo el ajetreo… fue sorprendente… - miró de nuevo a los ojos de Elena, buscando alguna respuesta. Lo que vio en sus pupilas no le gustó, para nada.

- ¿De qué te ríes? – dijo Damon, dejándola de abrazar, enfadándose.

- Porque me parece una locura que digas esto ahora. – se inclinó, dejando ver sus pechos desnudos. Damon desvió su vista unos instantes hacia su torso. Intentó no tener una erección en ese momento.

- Pero es la verdad… ¿no me crees? – bufó. – Será posible que tú misma no me creas…

- No es eso, Damon, ya sabes que te apoyo y te apoyaré en todo. – besó suavemente sus labios. – pero en esos momentos estabas aturdido, no sabías bien donde ni como te encontrabas.

- Si lo sabía. Además, si no fuera prueba suficiente, Katherine, es una de tus clientas.

Elena empalideció. De repente se le apareció la imagen de Katerina en la cabeza. Cuando en la habitación de Damon vio la foto de Katherine, se le quedó gravada en la cara, ese rostro, esos ojos marrones y esa melena, casi lo único que la distinguía de Andie. Quizás fuera castaña. La verdad, es que, Katerina, su clienta, era rubio oscuro. Casi castaño. El resto, se parecía a Katherine. Incluido el nombre. Los hoyuelos tan marcados al sonreír, el profundo marrón de sus ojos, las finas cejas, el cuerpo desmádrante… Elena no quiso alterarse. Suspiró hondo.

- ¿Ves? Tú también lo piensas. – dijo Damon frunciendo el ceño.

- No, no es eso. – se frotó los ojos. – Es que no es que lo piense, es que no sé muy bien que pensar, Damon… - volvió a mirarlo – es cierto que Katerina se parece mucho a Katherine, al menos en las fotos que me vi en tu habitación de la casa de tu cala privada.

- ¡Por que es ella!

- Shh, no grites. - Elena puso un dedo encima de sus labios. – No lo sé Damon, no estoy segura, además ¿Qué querría? Quizás haya rehecho su vida, al fin y al cabo, si no la matasteis, tendrá que seguir viviendo…

- Lo sé… pero podría haber empezado a rehacer su vida lejos de Los Ángeles… ¿Por qué tenía que volver al mismo estado que el mío? Ella es proveniente de Bulgaria, sus padres son de allí, su hermana era de allí.

Elena lo miró. Damon no sabía muy bien lo que encerraban sus ojos.

- No te preocupes más, quizás al morir su hermana no quería volver a Bulgaria, le traería malos recuerdos… - se acurrucó contra Damon, acarició su pecho. – Ella sabrá lo que haces, tú no te preocupes, mi amor. – cruzó una de sus piernas, por encima de la marcada cadera de Damon. Él la aceptó gratamente y acarició su muslo, mientras la besaba en los labios. La cogió del culo, y la apretó más contra él. El sexo de Elena rozó su pelvis descaradamente.

- Tienes razón. – sonrió, en su propia boca.– Bésame, anda, haz a este hombre feliz.

- Pensé que ya lo eras… - dijo Elena, intentando parecer triste.

- Y lo soy, mi vida tú has hecho que sea completamente feliz. – cogió su cara entre las manos y beso sus labios, con pequeños besitos. Mordió su labio inferior. – Pero ahora quiero que me des lo que necesito… - movió un poco las caderas, rozando ya la humedad de Elena contra su abdomen. El pene de Damon se clavó en una de las nalgas de Elena. Ella jadeó al sentirlo duro. - ¿Lo sientes? – ella asintió, semi aturdida. Damon la colocó encima suyo - ¿sabes lo cachondo que me pone el simple hecho de verte desnuda? Joder, Elena... – observó como su propio miembro yacía, palpitante a lo largo del bajo vientre de Elena. – Tócame, necesito alivio…