Capitulo 7
Elena estaba tan atrasada con los papeles y la organización en su oficina, que el estrés no cabía en su cuerpo. Damon dio otro sorbo de cerveza, estirando uno de los brazos en el respaldo del sofá.
- ¿Quieres relajarte? – dijo dejando la Xibeca de 200ml en la mesita de delante el sofá y levantándose. Le masajeó los hombros a Elena. – ya adelantarás faena mujer, solo te atrasaste unos días.
- ¡Solo! – dijo Elena apartándose de Damon. – tengo que ponerme al día como sea.
- Bueno… - Damon la volvió a agarrar por la cintura – ya te pondrás al día como sea, pero ahora, que tal si te relajo…
Ella se rió, arqueando el cuello.
- No Damon, estos días estoy demasiado ocupada… - se zafó de sus brazos y siguió tecleando algo en el portátil.
- ¿Tanto como para no hacer el amor conmigo?
- Hacemos el amor tres veces o cuatro o cinco a la semana, ¿Qué más te da estarte una semana sin follar?
Damon bufó.
- Eso es culpa tuya, me tienes mal acostumbrado. – Se volvió a sentar en el sofá y encendió la tele de nuevo. Otro trago de birra. Largo, ligero en la garganta. Elena siguió con lo suyo. - ¿No lo haremos en toda la semana?
Elena rió y negó con la cabeza. No había nada que hacer con este hombre.
- Ya veremos. – le dijo como si fuera una madre a su hijo. – pero ahora déjame, tengo que terminar esta ficha…
- Bien, Kat… - Elena entró en la habitación. Katerina o quizás Katherine, se encontraba ya en sujetador y bragas. Un conjunto negro muy seductor, hasta Elena tuvo que admitir, de mala gana, que tenía muy buen cuerpo. Mejor que el suyo, dentro de lo que cabía. – Ya tengo tu ficha nueva del mes, vamos a empezar con una nueva sesión, ¿te parece?
- Vale, fantástico. – ella sonrió, dos hoyuelos muy atractivos aparecieron en su preciosa cara. - ¿Cuál es la nueva rutina?
- Pues empezamos con la terapia de sauna, luego el masaje de aceite de coco y como cambié un poco el horario de la gente joven, les añadí un cuarto de hora de afrodisiacos naturales, ya sabes. – sonrió y le guiñó un ojo. Katerina rió.
- Me parece muy buena idea ¿pero seguiré con los masajes de espalda?
- Si, claro, todo lo que quieras añadir, lo apunto a la lista ¿sí?
- Vale, pues solo añádele eso ¿Qué días serán?
- Como antes, el lunes y miércoles, de cuatro a seis.
- Vale, está bien. – sonrió y se levantó, cogiendo una toalla. - ¿Empiezo ya con la sauna de eucalipto?
- Y tanto, ya puedes entrar.
- Elena. – se giró, antes de entrar en la ducha.
- Dime.
- Ya sé porque Damon está tan bien contigo. – Sonrió – eres una tía estupenda.
Se metió para dentro de la sauna, cerrando la puerta. Elena se quedó con la boca abierta mirando la puerta de madera cerrada. Si esa era realmente Katherine no podía tener nada en contra de ella, era una chica buena. Demasiado buena.
No pasó una semana, pasaron tres. Y Elena al fin, había terminado con toda la faena de papeles, facturas y más papeles. Y renovado los currículos de sus trabajadores. Al fin. Se levantó de su escritorio y se fue a la ducha. Estuvo pensando por unos momentos… El otro día había rechazado a Damon, de nuevo, porque había llegado tarde, y muy, muy cansada. Pobre mío, tres semanas sin mojar después de tener la pasión que tenemos nosotros en la cama, debe de ser jodido. Sonrió. Hoy le daré lo que se merece… Terminó de enjuagarse el pelo y salió de la ducha, cogiendo una toalla.
- Dios, como se nota que llega el invierno. – Se acercó a la estufa y puso las manos, hasta que sintió que la piel de las rodillas le ardía. Se apartó y se frotó el pelo con fuerza con otra toalla.
Sintió la puerta como se cerraba.
- ¡Damon! – exclamó, abriendo la puerta del baño.
Damon le sonrió, dejando la chaqueta en el perchero.
- ¿Cómo estás? – dijo dándole un suave beso en los labios.
- Bien, ya terminé toooooda la faena y una ducha relajante me ha ido de maravilla. – metió su mano por dentro de la camisa y le acarició el pecho. – así que ¿Qué te parece si recuperamos estas tres semanas de rutina?
Damon la miró, burleta.
- Ahora no, cariño, estoy cansado. – la esquivó, quitándose el jersey y hiendo hacia el cuarto.
Elena lo siguió. ¿Damon pasaba de ella? No podía ser. Le fue detrás, y vio como él se ponía el jersey del pijama.
- Damon… - tiró la toalla al suelo, aun iba con el pelo empapado, y se veía realmente sexy. - ¿De verdad no quieres?...
Damon la miró de arriba abajo. Le dio un beso en la frente, como si se compadeciera de ella.
- De verdad. Dejémoslo para otro día. Ahora, vístete y sécate el pelo, si no cojeras un catarro.
Elena se giró. Sintió una cachetada suave en su culo. No hizo caso y fue hasta el baño, de morros. Algo extraño le pasaba a Damon, algo muy, muy extraño.
Elena deslizó la bata de satén blanco por su cuerpo. La fina tela la hizo estremecer, la piel se le puso de gallina. Se secó el pelo con el secador, después de peinárselo y desenredarlo cuidadosamente. Colocó la ropa que había llevado por la mañana en el cesto de las prendas sucias, cuando vio algo en el fondo, cubierto por uno de los pantalones de Damon. Apartó el resto de la ropa y cogió el objeto. Una revista. Más concretamente: Playboy.
- Oh, Damon. Eh aquí porque estás tan harto de sexo ¿no? A base pajas acompañadas de imágenes porno…– ojeó la revista, llena de mujeres desnudas. – Te vas a cagar…
Elena vio que una de las páginas estaba doblada. Una sesión fotográfica completa de Kelly Brook. Así que esta es tu favorita…
Elena sintió un recelo impresionante en su interior. Había un número en la esquina de una de las páginas. 'Quieres comprar la misma lencería que lleva puesta la modelo más caliente de PlayBoy? Llama ahora a…' Elena cogió su móvil.
Quieres jugar a devolver la pelota, pues vamos a jugar. A ver a quien le queda mejor ese conjuntito…
Se metió en la cama sin hacer ruido, dándole la espalda a Damon. Damon la abrazó por detrás y besó su hombro.
- ¿Estás enfadada?
- No, no. Tú verás, yo te respeto. – se giró y le sonrió. – Fue culpa mía, no tendría que haberte prestado tan poca atención y tendría que haber buscado un huequecito para pasar tiempo contigo…
- No, no te preocupes, tampoco ha sido para tanto. – besó sus labios. Elena intentó evitar apartarse. Tendría que esperar para darle su merecido – Puedo aguantar un mes sin acostarme contigo.
Elena sonrió y se dio la vuelta de nuevo. ¿Con que si, eh? Que mentiroso estás hecho y pensabas que no iba a notar que algo extraño pasaba… Sopló.
- Estás cabreada. – Dijo Damon riendo – te conozco más que a mí mismo, te pasa algo.
- No, enserio, da igual. Es que quizás sea yo la que necesite un buen polvo ahora. – Dijo Elena sin girarse. – pero no lo tengas en cuenta supongo que, si tu quieres, mañana, todo volverá a la normalidad.
- Tienes razón. – Damon se inclinó y la besó en la mejilla. – Buenas noches mi vida.
Elena sintió como la cama se movía. Damon se había tumbado, de espaldas a ella también.
- Buenas noches Damon.
