Capitulo 8

El estomago le gruñó. Domingo por la mañana. Echó en falta a algo. Damon no estaba a su lado, sentía frio por el lado derecho de la cama. Se levantó. Sintió como volvía a tener el pelo demasiado enredado. Cogió el albornoz y se lo envolvió alrededor del cuerpo, la bata era demasiado fina para andar por casa a medianos de invierno con tan solo eso.

- ¿Damon? – dijo, frotándose los ojos, mientras se ponía las zapatillas y se dirigía a la cocina. - ¿Damon?

Vio una nota pegada a la nevera.

'Fui a por el desayuno, vengo dentro de media hora, no quise despertarte.
Te quiero;

Damon.'
Sonrió y dejó la nota encima de la encimera de la cocina. Buscó un vaso y vertió un poco de zumo. Desayunaría con él, pero tenía que beber algo, tenía la boca sequísima. Alguien llamó a la puerta. Damon tenía llaves, así que no podía ser él.

- Voooy. – dijo relamiéndose por el resto de zumo de melocotón que quedaba en su labio superior y hiendo hacia la entrada. Bajó el peldaño y abrió la puerta. Un chico joven esperaba en frente, con una gorra Nike, una chupa de cuero negro, un casco de moto en un brazo y una caja en las manos.

- Pedido para… - miró el papel - ¿Elena Gilbert?

Elena se acordó de lo que había pedido a la noche anterior. Damon era bueno, muy bueno con ella… pero esta se la devolvería. Estaba cabreada, celosa, enrabiada.

- Sí, soy yo… ¿Cuánto te debo, chico?

Él la miró de arriba abajo. Sabía perfectamente lo que contenía el pedido, y dios sabe lo que pasaba por su mente en esos instantes.

- Setenta y dos dólares con noventa y cinco centavos.

- Joder, salió caro el conjunto de las narices… - Elena cogió la cartera del mueble de la entrada y le dio ochenta dólares.

- Quédate con el cambio, habrás tenido que correr mucho para entregar eso en tan poco tiempo.

- Gracias, guapa. – le sonrió y se dio la vuelta para irse de la casa de Damon y Elena.

Damon entró con un par de bolsas.

- Ya estoy aquí. – dijo bajito por si Elena aun dormía.

Ella no contestó.

- Aun estará durmiendo… - Damon sonrió y dejó las dos bolsas de comida en la encimera, junto a la nota. Vio una caja abierta en la mesa del comedor, pero no hizo mucho caso.

Pasó directamente a la habitación. Vio a Elena, aun dentro de la cama, tapada.
Levantó un poco la persiana.

- Venga dormilona. Son ya las doce. – dijo Damon, girándose hacia a ella. - Vaya…

Se quedó mirando perplejo a una Elena despampanante. Con unos buenos rizos bien definidos que enmarcaban su pequeño rostro, y lo hacían más angelical, dentro de lo que cabía, un collar amarrado al cuello con un cascabel en el medio, Damon deseó lamer alrededor de la cinta azul eléctrico. La cual hacía juego con el azul de ese fantástico conjunto de sujetador y tanga con detalles negros que hacía que sus curvas fueran aún más despampanantes y que por desgracia, se le hacía jodidamente conocido. Unas sandalias de tacón que afeminaban aún más sus piernas, un maquillaje oscuro en sus ojos y algo más rojizo en sus labios. Damon tuvo una erección instantánea.

- Dios estás… - se abrió de brazos – me dejas sin palabras…

- ¿Entonces? ¿Ya tienes ganas hoy? - Elena se levantó y lo cogió del cuello de la camisa, girando sobre ellos y tumbándolo en la cama. Ella se colocó encima de él y sobó su erección por fuera del pantalón. – Esto me lo confirma…

Besó a Damon, tan ansiosamente, que hasta a él le sorprendió. Pero le gustaba. Ella estaba enfadada, si, mucho, pero eso no quitaba el que Damon siguiera siendo su hombre, su chico, al que tanto amaba y al que tanto deseaba. Y las tres semanas de sexo fueron escasas tanto para Damon como para ella. Estaban empate. Bueno, empate no. Ella no había utilizado sus manos para saciarse.

Damon la cogió de los muslos, apretándola contra su pene. Alzó las caderas, tan territorial que la quería hacer sentir su máxima excitación. Intentó girar sobre ambos, pero Elena no lo dejó.

- Ah, ah. Hoy llevo yo el mando.

- Eso me gusta… - dijo Damon sonriendo pícaramente.

Elena le desabrochó los dos botones del jersey color vino y se lo quitó de una revolada. Bajó hacia los pantalones. No tardó en deshacerse también de la hebilla y de estos mismos. Besó la dura polla de Damon por encima del bóxer. Eso hizo que él gimiera, quería más. Metió la mano por dentro del pantalón y jugueteó con él. Damon suspiró.

- ¿Me quieres ya? – dijo Elena mostrando una sonrisa cómplice. -¿Ahora?

- Si… - sintió como la pequeña mano de Elena se ceñía con fuerza alrededor de su erección. – Oh, Jesús, ¡Sí!

Elena se apartó un poco el tanga para dejar paso al pene de Damon. Él sintió de inmediato el calor del cuerpo de ella, la humedad y su propia estrechez, que tanto adoraba, que tanto lo hacía gozar, a su manera. Elena se movió encima de él.

- ¿Te gusta? – le dijo al oído a Damon. - ¿Te gusta, mi amor?

- Si… dios… no pares…

Elena sonrió y aumentó su velocidad.

- ¿Y el conjunto? ¿Te gusta?

- Muchísimo… - dijo Damon, entreabriendo los ojos – Te queda de lujo…

- ¿A si? - Elena sacó algo de entre las sabanas. – Y ¿A quién le queda mejor? ¿A mí o a tu Kelly Brook? - Elena paró de moverse. Damon abrió los ojos completamente. – Te pille, guarro. – se levantó de golpe y le dio una bofetada a Damon con la revista, aun que no muy fuerte. – Ahora, vamos a ver cómo te las apañas para terminar, vuelve a usar las fotos de la puta de PlayBoy.

- Nena… - Damon se subió los bóxers, aun que su polla ya mojada por Elena y totalmente empalmada luchaba por salir. – No… no te cabrees… tu eres mucho mejor que cualquier modelo de PlayBoy.

Elena lo observaba. No estaba enfadada, intentaba aparentarlo, pero por dentro se reía a carcajadas. Damon no podía aguantar las ganas de tumbarla allí, encima de la encimera de la cocina y embestir su dulce sexo con fuerza, estaba tan excitado. Y verla así aun lo ponía más cachondo.

- Dime algo… - murmuró Damon acercándose. Le acarició una mejilla. Elena no lo rechazó esta vez.

- ¿Qué quieres que te diga?

- Todos hacemos eso, y más si me tienes con abstinencia todo el mes…

- ¿Todo el mes?

- Tres semanas. Da igual, con una novia como tu ¿Quién puede aguantar sin tener sexo durante tres jodidas semanas?

- ¿Y por eso tenías que usar la revista?

- Será que tú no te has puesto calentita con alguna peli porno o algo por el estilo. – dijo Damon alzando la barbilla y sonriendo pícaro. Elena se sonrojó - ¿ves?

- Yo no hago eso.

- Lo que tú digas. – Damon alzó los brazos. – ahora ¿me perdonas?

Elena se rió, sin decir nada, y corrió hasta la habitación de invitados. Damon negó con la cabeza, sonriendo. Parecía una niña. Pero así la amaba. Se dirigió hacia esa habitación y apagó la luz, cerrando la puerta. Seguido, sintió las manos de Elena abrazándolo por detrás y recorriendo con sus finos dedos sus abdominales. Damon se estremeció.

- Un poco más abajo… - dijo entrelazando sus dedos con la mano de ella. – Tengo muchas ganas de ti, mi amor… - se giró y buscó su boca, deleitándose en su sabor único. – Vamos…

La cogió y la tumbó a la cama. Una carcajada se escapó de la boca de Elena. Él se colocó encima de ella, bajó por su cuerpo y le mordió una nalga.

- Mmh pero que culo… - Damon bajó el pequeño tanga y sintió lo humedad de Elena. No pudo evitar hundir su boca en ella. Un gemido de sorpresa y ahogado se escapó de la boca de ella. Damon aceleró los movimientos de su lengua. Dios, sabía tan bien. Sentía como las caderas de Elena se movían incitándolo a que siguiera, que le gustaba. Y su humedad se expandía, junto con su delicioso olor que lo ponía más duro que una piedra. Se separó un poco. - ¿Te gusta, gatita?