Capitulo 9

Ella se giró, para facilitar la faena a Damon. Él la observó desde su altura. Elena tenía la boca entreabierta, cruzaron miradas.

- Si… sigue… - consiguió articular.

- Ahora me tendría que ir yo… - dijo Damon, besando su pubis totalmente rasurado. Como amaba ese cuerpo…

- ¡No! – gimió Elena, cogiendo a Damon por la espalda por si acaso.

- Tranquila. – sonrió Damon. – necesito esto más que tu. – y volvió a hundirse en su sexo.

Elena jadeó.

- No lo creo… - musitó entre gemidos. Damon paseó su lengua a lo largo de su rajita húmeda. Elena enredó sus dedos entre sus cabellos.

Arqueó las caderas. Damon abrió la boca para aceptarlo todo, mientras la bombeaba con
la lengua sin cesar. Mordisqueó uno de los labios genitales. Elena se mordió los suyos, de la boca. Como le gustaba… Damon hundió el dedo pulgar en ella, aprovechándose de su grosor. Elena volvió a arquearse.

- Dios, si. – cerró los ojos disfrutando de las sensaciones. Damon gimió. Ella se inclinó y lo miró interrogativa. Los seductivos y pequeños ojos de él se alzaron hacia los de ella. Sonrió y se separó un poco. Damon metió el dedo índice y corazón, reemplazando el pulgar.

- Mierda, como me gusta esto… - se quejó Damon volviendo la vista hacia el coño de Elena, húmedo y brillante. – Como me gusta tu sabor… - volvió a pasar la lengua, tan intensamente que a Elena le recorrió un escalofrío por todo el cuerpo.

- Oh… - gimoteó, sonriendo.

Damon la mordió. Elena gritó suave. Dolor que pronto fue substituido por un orgasmo descomunal. Arqueó la espalda, levantó las caderas, ni el mismo Damon sabía que ella era tan flexible, aun que no paró de comérsela, llevándola al límite de buen gusto, sorbiéndola hasta vaciar el pote de su propia miel.

La respiración de Elena era entrecortada. Yacía quieta, con los ojos cerrados, intentando descansar. Sintió los besos húmedos de Damon, como empezaban a subir por su cuerpo.

- Mmh… bonita… - murmuró como un niño, contra su barriga. – hermosa, preciosa, mi princesa… - acarició la curva que unía la cadera con el culo. - ¿todo bien?

- Perfecto. – dijo Elena sonriendo, y abriendo los ojos de nuevo. – Pero… uf… que bien. – Damon llegó a su altura y besó la punta de la nariz. Elena abajó los ojos y sus manos resbalaron por el cuerpo de Damon, buscando algo.

- ¿Qué no encuentras?- se rió Damon, besando su frente. Sintió como Elena le bajaba los bóxers.

- Joder… - exclamó ella en ver la erección.

- Mmhh… ¿no te gusta?

- Me encanta. – sonrió ella, y alzó la vista hacia los ojos de Damon. – Está enorme…

- Tócala…

Elena hizo caso a Damon y acarició su polla. Palpitaba.

- Estoy caliente… - murmuró él, mordiendo el cuello de Elena. – Más que nunca… - ahora subió hasta la oreja y lamió su lóbulo - quiero follarte bien duro…

Elena gimió al sentir como Damon se metía de golpe en su cuerpo. Madre mía, que sensación. Arqueó la espalda, y su vientre rozó el duro abdomen de Damon.

- ¿Lo sientes? – dijo Damon moviéndose encima suyo.

- Si… - jadeó Elena. Damon observó su cara de placer.

- Te amo. – murmuró, besando su boca. La embistió fuerte. – Ah… dios…

- Estás muy duro… - gimoteó ella.

- Por tu culpa.

- Damon… - Elena clavó sus uñas en la espalda de Damon.

- Dime mi amor… - Damon siguió moviendo sus caderas, adelante, atrás… era un vaivén erótico que hipnotizaría hasta a la más santa.

- Más… - jadeó, rodeando la cintura de Damon con sus piernas, y apretándolo más contra ella – Más, quiero más.

- Entonces te daré más…

Damon salió de ella. Elena se quejó.

- Te dije más, no que pararas… - hizo puchero – O aún peor, que salieras. – Se levantó. - ¿Se puede saber que haces ahí? – Dijo viendo a Damon, tan gracioso, de pie, en frente a ella y la cama. Y excitado.

- Quieres dejar de quejarte y venir aquí. – dijo Damon palmeando delante suyo. – Así me es más fácil embestirte más deprisa.

Sonrió. Elena se movió hasta donde le indicó él. Damon la besó en la boca. Elena acarició su erección. Lo apartó unos momentos y se inclinó hacia adelante.

- No… - dijo Damon apartándola. – Si me la chupas ahora, terminaré ya.

- ¿No quieres?

- Quiero que te corras tres veces más antes que yo.

- Será difícil. – Sonrió Elena, y volvió a tumbarse, aguantándose por el antebrazo.

- Eso lo dirás tu… - Damon se acarició la polla, acercándose a su entrada. - ¿A caso no lo deseas tanto? – volvió a meterse en su cuerpo.

- Si… - Elena acarició en su pecho.

Damon le cogió los muslos. La sacó casi entera y la volvió a embestir con fuerza, hasta el fondo. Sintió como Elena se contraía, lo apretaba, se ajustaba tanto a su total longitud. Gimió. La volvió a dar, fuerte.
Elena se lo agradeció con otro par de espasmos. Y más y más y más. Y Elena se corría. Y quizás no aguantaría dos más, pero este sí que lo disfrutaría. Y la adoraba, a toda ella. Pero ahora mismo, se deleitaba por una cosa en concreto. Elena, semi aturdida, con el pelo empegado al cuerpo, bañado en sudor, igual que el cuerpo de Damon, respiraba dificultosamente. Damon salió de ella. Un gracioso 'plop' se escuchó en el silencio de la habitación. Él mismo la giró sobre ella, la puso boca abajo. Frotó su pene en su totalidad contra una de las nalgas. Elena agarró las sabanas, aun estremeciéndose por el fuerte orgasmo.

- ¿Qué haces? – murmuró ella, suave, bajito. Damon estaba colapsado por la lujuria, por todas las sensaciones que le hacía vivir Elena.

- Quiero terminar en… - Damon suspiró, pasó sus dedos entre su pelo. – en tu culo…

Le sonrió, tiernamente, acariciando una de sus nalgas.

- Damon… - susurró Elena. – Damon.

- Dime… - él movió un poco las caderas, frotando más, sin perder el control.

- Soy… dios, que vergüenza.

- Dime… - murmuró Damon.

- Nunca me han…

- Lo sé. – se inclinó para besarla. - ¿Por qué crees que nunca te he penetrado por atrás? Se cuando una mujer… bueno, eso… - mordió su hombro – si me dejas, tendré cuidado…

- Siempre lo tienes. – sonrió y le acarició la mejilla. – Lo tuviste por adelante, supongo que por atrás también lo tendrás.

- Obvio, eres tú.

- Entonces, nada más que hablar…

Elena apoyó su cabeza en el colchón y cerró los ojos. Se puso a cuatro patas, levantando la parte trasera. Damon se retiró para observarla.

- Dios… no sabes lo caliente que me pones…

- ¿Aun más? – sonrió Elena.

- Eres demasiado. – Damon le devolvió la sonrisa y cogió algo de la mesita de noche. Elena lo sintió frio en su entrada. De repente, algo en su recto. Se tensó. – No, nena, tranquila, soy yo, sigo siendo yo, relájate solo es un poco de lubricante…

Elena intentó volver a relajarse.

- Dios, si por adelante ya eres deliciosamente estrecha, no quiero saber cómo serás por aquí… - dilató un poco más esa entrada y retiró los dedos. Elena sintió el glande de Damon presionando en su trasero. –Acéptalo cariño…

Elena intentó relajarse aún más, pero el corazón le latió rápido. Damon era un experto en el sexo, ella, aún llevar meses junto a él, una novata. Y le daba miedo, le daba miedo que se cansara. Un dolor la quitó de sus pensamientos. Un dolor, acompañado de un suspiro de él.

- Damon, no creo que pueda… con toda…

- Shh… - él la acarició, se inclinó hacia adelante. – Ya… ya está toda.

Elena entreabrió la boca. Llevó su mano hacia detrás para comprobarlo. Dios, había aceptado toda la polla de Damon en su culo. Él rió.

- Esto es demasiado bueno. – Se movió lentamente para no hacerle daño. Parecía que las nalgas de Elena lo quisieran aprisionar más. – Oh… dios… no aguanto… ¡Ah! Ah… - Ella sintió como las descargas de Damon sobresalían de su cuerpo, bombeándola con fuerza.