Cap. 13

Damon miró a Elena, como descansaba, medio dormida. Desnuda. En su cama. Paseó su dedo índice por el cuerpo curvilíneo. Se detuvo en diferentes sitios. Era imposible no excitarse viéndola así. Empezó el recorrido de nuevo. Empezó acariciándole el pelo, bajando por el cuello, por el hombro. Por el pecho. Rodeó uno de los oscuros pezones. Era bellísima. Siguió paseándolo por su plana tripa. Le entraron unas ganas inmensas de despertarla dándole besos allí, cerca del ombligo. Siguió paseando su dedo, en el paseo más erótico que podía experimentar. Por la curva que unía el pecho con la cadera. Deliciosa, como una montaña, definiendo su cuerpo de mujer. Ahora su dedo bajaba, y luego volvía a subir, por la anatomía de Elena. Su cadera, su muslo. Se detuvo allí, no llegaba más allá que de medio muslo. Así que se dispuso a subir de nuevo. Detuvo su dedo en su feminidad. Le entraron unas ganas terribles de comérsela. De que se despertara jadeando. Se movió y separó las piernas de Elena con cuidado. Se inclinó, deteniéndose en los rosados labios internos de Elena. Paseó su lengua, ahora, por allí. Un suspiro se escuchó más arriba.
Sonrió y metió más su lengua. Ella no estaba ni húmeda ni seca. Pero él haría que su coño empezara a mojarse.

- Mi vida… - murmuró divertido. – despierta, te quedaste dormida…

Chasqueó la lengua, dándole un golpecito a su clítoris. Sabía exactamente donde le gustaba, como y cuanto. ¿Experto en el sexo con mujeres? No. Experto en Elena. Ella abrió los ojos, arqueando las caderas en un envite. Damon abrió la boca para aceptar toda su vulva, mientras la repasaba con la lengua.

- Oh… - sintió que jadeaba ella más arriba. Y también sintió su mano, entrelazando sus dedos en su pelo. – Damon…

- ¿Si? – dijo él, separándose un poco. El aliento fresco chocó contra su ya húmedo sexo, haciendo que palpitara de la necesidad.

- Sigue… - le rogó, alzando las caderas. Damon vio como la mano de ella se deslizaba hacia su sexo. Y lo tocaba, abriéndolo para él.

- Mmh… tócate. – dijo separándose un poco más. – Me gusta lo que haces.

Elena estaba ya en una burbuja de éxtasis. Así que lo hizo. Metió su fino dedo dentro y se empezó a tocar. Damon jadeó ante la visión.

- Sigue nena, enséñame como te das placer. – un segundo dedo fue a parar adentro, en su vagina. – Así… me pones duro… muy duro… - murmuró Damon.

Él no evitó poner su mano encima de la de ella, y acompañarla con uno de sus dedos.
La sentía, sentía su mano, sentía la suya, las sentía juntas. Y ella debería sentirlo más. El dedo índice de Damon era más grueso más largo, mientras que los de ella eran más finos, más pequeños.

- ¡Sí! – gimió, arqueando las caderas. - ¡Damon! – jadeó.

Él miró la expresión de su cara. Estaba tan guapa cuando se iba a correr. Entonces sacó su mano, junto con la de Elena y ella hizo una mueca de desaprobación.

- ¿Quieres algo mejor? – dijo meciendo su pene hacia su entrada. Elena lo miró, ya convertida en la mujer salvaje, la que lo quería todo, todo lo que Damon le diera. Damon gruñó, al frotar todo lo largo de su polla contra el sexo húmedo, caliente de ella. - ¿Lo quieres?

- Si, si… - jadeó Elena desesperante. – Lo quiero, te quiero a ti.

Damon sonrió, envistiéndola de una santa vez. Ella gimió ante el contacto, lo grande, lo gruesa que la tenía, lo tanto que la llenaba.

- ¡Ahh…! –agarró el trasero de Damon y lo apretó contra ella. – Más. – pidió.

- Adoro cuando gritas, más si es mi nombre. – dijo Damon sin moverse, yaciendo quiero, aun que su pene palpitaba del deseo de follarla duro. – Solo te daré duro si lo gritas fuerte, alto, que te oigan los vecinos, que sepan que estas gozando con tu novio…

Ella se mordió el labio, asintiendo energéticamente. Damon la cogió de las piernas y se retiró de su interior, para volverse a meter en ella, de una manera potente. No hizo falta que Elena se propusiera gritar el nombre de él. Salía solo.

- Ah… ah… ¡Damon! – jadeó a causa de cada dura y placentera envestida - ¡Sí! ¡DAMON!

Damon había dejado de pensar. Captivado por sus gemidos, que lo invitaban a seguir. Su coño que no podía apretar más su rabo a cada envite. Apretó los dientes. ¿Cómo una mujer podía hacerle sentir todo eso? Era genial… Sintió como Elena se iba a correr. Adoraba sus orgasmos, dios, si… eso hacía que él se corriera de gusto también. Y terminaron por gritar los dos. Jadeante, se desplomó casi encima de
Elena, intentando no chafarla. Aun que ella no sentía para nada dolor. Le complacía que la cubriera con su poderoso cuerpo. Aun que Damon estaba en el momento más lascivo en el que se podía encontrar. Solo Elena lo dejaba hecho polvo después de hacer el amor. De muñirlo hasta que derramara la última gota de su semen dentro de ella. Se repetía que ella había sido la primera mujer a la que había follado sin preservativo. Pero era mejor, carne con carne, sin barreras, sin nada. Precioso. Perfecto. La abrazó y plantó un beso, aun con sabor a ella, en sus labios.

- Magnifico… - murmuró Elena sonriente. - ¿Dónde comemos hoy? ¿En casa o salimos?

Damon se quedó pensativo, mientras intentaba recuperar su lado coherente.

- ¿Qué prefieres?

- Vámonos al italiano que hay en el centro. – dijo haciendo puchero. – Me apetece pasta. – se mordió el labio. – A no ser que tú me prepares canelones… - dijo con una voz sensual, con doble sentido, que hizo que el pene de Damon volviera a cobrar vida.

- Vámonos al italiano… - dijo levantándose. – Y si te portas bien… - le dio una suave cachetada en el culo – ya veremos si esta noche te preparo canelones.