Cap. 18

Katherine se sentó en el sofá, justo al lado de Damon.

- ¿Hoy llega Elena, no?

- Si. – dijo seco, y cambió de canal, dando un trago a la cerveza.

- Vi su anillo, ¿estáis comprometidos? – dijo cruzando las piernas y abriendo la revista.

- No te importa.

- Si me importa, ella es mi amiga. – fulminó a Damon. – que tu sigas cabreado conmigo, no significa que no me pueda acercar a ella.

- Es que no me gusta que estés con ella.

- ¿Por qué?

- Porque eres una puta. – dijo sin más.

- ¿Perdona? Oh, gracias Damon. – lanzó la revista a la mesilla. – No empecemos con los insultos, saldrás perdiendo.

- ¿Yo? Eso tu, mejor no empieces. – volvió a cambiar de canal y dejó también la cerveza encima de la mesa. – No sé qué tramas, y de veras, me da igual, siempre y cuando no esté relacionado con Elena.

- Umh… siento decirte que si lo está, querido.

- Te juro que si te pasas de la ralla con ella, te mato. – dijo mirándola mal.

- Eres un jodido cínico.

- Ambos lo somos. ¿No fuimos alistados para matar? Pues aquí estamos.

- No sé que hace una chica como Elena con un capullo como tú.

- Cuando salías conmigo no te quejabas tanto. Además, ¿A qué te refieres con 'una chica como Elena'?

- Que ella es demasiado santa para ti.

- No.

- Bien que lo sabes. Bien que sabes que un día u otro o tú te cansarás de ella, o ella de ti.

- ¿Y eso quien lo dice? ¿Tu? Me rió. – dijo sacando una risa bien irónica.

- Damon, ¿estáis enamorados? ¿O simplemente, es lo que tú crees?

- Estamos enamorados. – se levantó. – Mira, me estoy empezando a hartar de ti y de tus estúpidos comentarios. – dijo entrecerrando los ojos.

- Eso es porque te da joda que te diga la verdad. Tú y yo estábamos igual, y mira como hemos terminado.

- ¿Eh? ¿Perdona? Lo mío contigo nunca fue como lo que estoy teniendo con Elena.

- ¿A no? ¿Y que era? – dijo Katherine, levantándose también.

- Una mierda. Eso es lo que era. – Damon la esculpió con la mirada.

Los ojos de Katherine se aguaron. Lo esquivó y fue hacia al baño. Damon se dejó caer de nuevo en el sofá. Se había pasado. Quizás si había cambiado, quizás todo eso no lo decía con mala intención. Y él solo la había ofendido. Nunca antes había sentido remordimientos. Pero una vez más, deducía que era desde que había conocido a Elena.

Damon se levantó y fue hacia el baño.

- Katherine… eh… yo… lo siento… - ella abrió la puerta. Se apoyó al marco, las lagrimas parecía que le fueran a salir de un momento a otro de esos ojos marrones

- ¿A si? – dijo ella mordisqueándose su carnoso labio inferior.

- Si… me pasé contigo…

- ¿No me digas? – Agachó la mirada – ya que lo que tuviste conmigo fue una verdadera mierda, eso me hace sentir de puta madre ¿sabes?

- Lo siento… - se pasó la mano por el pelo, compadeciéndose de ella.

Katherine terminó por esbozar una sonrisa. Damon le abrió los brazos, ella aceptó el abrazo gratamente. Lo estriñó fuerte. Damon sintió como sus cuerpos de juntaban. El de ella, delgada, pequeño. Pero al contrario que el de Elena, no la encontraba tan frágil. Sintió como los pechos de Katherine se clavaban como montes en su bajo torso. Empezó a reaccionar.

- ¿Me sigues queriendo? – preguntó Katherine, sin dejar de abrazarlo. Ni él a ella. -¿Al menos como amigos?

- Si. – dijo Damon, sonriendo. Se olvidó de todo, volviendo un poco al pasado. A ese pasado, junto a ella. - ¿Cómo no hacerlo? Lo nuestro fue bonito mientras duró. – Más bien dicho, hasta que te fuiste.

- Me preguntó qué hubiera pasado si no me hubierais dado por muerta…

- Yo también. – Katherine alzó la vista. Damon se encontró con esos ojos marrones, que le pedían. ¿Qué le pedían?

- Damon, yo… - sus ojos se volvieron a aguar de nuevo. El corazón de Damon se encogió. ¿Por qué?

La puerta se abrió en ese momento. Los dos se soltaron, Damon se asomó.

- Mi vida… - sonrió y fue a darle la bienvenida a Elena. – mírate, estás ¿más morena?

- Si, puede ser. – dijo sonriéndole. Y lo besó. – Te he echado de menos mi niño… - dijo con una voz aguda, bajita. Katherine se asomó por la puerta del baño. – Hola Kath. – dijo sonriéndole, y fue a darle dos besos.

- ¿Todo bien? – dijo ella.

- Si, estupendo. Nueva York es bonito. Y grande. – Dejó la maleta a un lado y se quitó el abrigo- ¿Y vosotros? ¿Algo nuevo?

Damon y Katherine se miraron. Los dos negaron con la cabeza.

- ¿Te has portado bien, Damon? – dijo frunciendo el ceño. Él asintió. – Confío en ti… - lo abrazó rodeándole la espalda y volvió a besar su boca.

Katherine fue hacia su cuarto.

- ¿Desharás ahora la maleta? – murmuró Damon, acariciando su pelo. - ¡Ei! ¡Te has cortado el pelo!

Elena asintió.

- Déjame ver… - Damon la hizo girar. – Sigue siendo mi estimada melena, pero me gusta este corte. – le pasó la mano, cogiéndolo en una suave coleta y dejándolo ir a la vez.

- ¿Te gusta?

- Estás preciosa. – dijo. Y la abrazó por detrás. – yo también te he echado mucho, mucho de menos. Mucho.

Elena sonrió y ladeó la cabeza. Observando ya el anillo que yacía en su dedo anular, de la mano izquierda.

- Te amo… - susurró ella. Y volvió a buscar su boca. – Y no, ahora no desharé la maleta porque tengo que ir a la clínica. Anna tiene que darme unos informes.

- ¿No te tomas un tiempo para relajarte?

- Damon, no he ido a un rali de veinticinco kilómetros andando. He ido a hacer unas pruebas, se puede decir que no estoy tan cansada.

- ¿Pero y el viaje y todo? Tómate una ducha, anda, deberás…

- Cuando venga, solo estaré un par de horas en la clínica. – puso la mano en frente, como cortando el tema. Como diciendo 'no hay nada más a hablar'.

- No paras…

- Me gusta mi faena, y soy aplicada, eso es todo.

- Como te adoro… - dijo esbozando una sonrisa traviesa en su cara. – mi chica trabajadora… - la volvió a besar.

- Me voy, si no Anna me echará bronca, como siempre.

- Eso sí, la puntualidad no es lo tuyo.

- ¿Alguna novedad? – sonrió y le guiñó el ojo. – Hasta luego.