Cap. 19

Una vez se hubo ido Elena, Damon fue hacia la habitación de invitados.

- ¿Qué te pasa? - masculló Damon – parece que te sienta mal que Elena haya vuelto.

- No, me sienta mal que haya vuelto justo en el momento en que tú y yo, digamos que nos estábamos reconciliando.

- ¿Y qué más da?

- No lo sé. – dijo ella, dejando de quitar ropa del armario. – Quizás esté celosa. Me conoces más que nadie.

Damon tuvo un breve dolor de cabeza. Era cierto.

- ¿Qué haces? – dijo cambiando de tema.

- ¿Te importa? – Katherine alzó una ceja, abriendo una de las enormes maletas que había traído al principio. – Me voy.

- ¿Por qué?

- Damon, mi sitio no es este. Me voy para Rusia de nuevo. Con Elijah.

- ¡¿Con Elijah?!

- Si. – Katherine lo miró extrañada.

- Pero si hace casi un año, lo maté…

Katherine se echó a reír.

- ¿Te paraste a pensar que quizás no fuera ese Elijah Mikealson? Quizás es por eso que Alaric te llamaba tanto. Quien sabe...

Damon bufó.

- Da igual, si está en Rusia, ya no es de mi incumbencia.

Él detuvo a Katherine.

- ¿Qué? – dijo ella, mirándolo.

- No te vayas.

- No estoy bien.

- ¿Por qué? – dijo Damon. Esa mirada penetrante esa mirada color cielo que ella tantas veces había adorado. Y que tanto la excitaba.

- Por que no. – Sonrió, cínicamente - ¿Es que acaso me echabas de menos? – masculló, poniendo ahora ropa interior. Damon pasó la mirada rápidamente por la excitante lencería. No, no, no, deja de mirar eso.

- Sabes la respuesta. ¿Para qué preguntas?

Katherine se detuvo. Se lo quedó mirando y dejó caer la maleta al suelo, para acercarse más a él. Casi se podían mezclar los dulces alientos.

- Porque quiero que salga de tu boca.

Katherine se echó hacia adelante y besó la boca de Damon, adentrándose en su sabor, como en tiempos pasados, en unos antiguos recuerdos, ella misma había vivido. Gimieron.
Se separó un poco de él.

- No sabes cuánto hecho de menos tus caricias… - murmuró cerca de la oreja de Damon. – no sabes cuánto te necesito Damon.

Y empezó todo. Eligiendo la lujuria, dejando a un lado el corazón. Y las palabras de ella fueron el colmo. El colmo para que Damon perdiera sus propios estribos.

Katherine se levantó de la cama. Desnuda, se volvió a vestir. Echó una mirada a Damon, semi dormido y también desnudo. Era hermoso. Pero su papel terminaba aquí, debía apartar la vista de él, seguir adelante, volver a Rusia, con la gente que le pertenecía. Pero antes, confirmarle a Elijah que Elena estaba muerta.

- Y todo por rechazarlo… - negó con la cabeza – ese hombre está fatal. – sonrió y se terminó de colocar el ceñido jersey negro. Los leggins negros. Las botas negras. La chaqueta negra. Más vale que hoy pase desapercibida.

Terminó de cerrar la maleta. Damon se levantó.

- ¿Dónde vas?

- A hacer unos cuantos recados antes de irme.

Damon bufó.

- Que he hecho, dios mío… - se cogió del pelo. Recordando las palabras de Elena. Confío en ti. Confío en ti. Confío en ti. Confío en ti…

- Has hecho lo que deseabas. – Katherine le guiñó un ojo.

- Pero no lo que sentía. Y yo estoy enamorado de Elena.

- Oh, me parece maravilloso, machote. Pero le acabas de poner unos cuernos… - hizo una señal. – así de grandes. – se encendió un cigarro. – ahora si me permites…

Cogió el móvil que había colocado encima de uno de los muebles. Y se dirigió a la salida.

- Esto queda entre tú y yo, Damon. Te quiero… - dijo riéndose, y salió de esa casa.

- Hija de puta… - masculló Damon, se levantó de mala gana vistiéndose.

Y con la peor sensación que se podía sentir en el cuerpo.

Elena terminaba de recoger unos papeles del escritorio.

- Bueno… - dijo mirando el reloj. – aun tendré tiempo de cenar con Damon. – sonrió, viendo que habían pasado tres horas y eran las nueve menos cuarto de la noche.

Anna se asomó por su despacho.

- Elena...

- ¿Si?

- Hay una chica, Katerina creo, quiere verte.

- Ah… - Elena quedó pensativa. Katherine. – Dile que puede pasar… - sonrió. - ¿Le habrá pasado algo a Damon? – pensó preocupada.

Katherine apareció en su despacho.

- Hola vida. – la saludó ella.

- Buenas noches. – sonrió Elena. – Dime ¿ha pasado algo con Damon?

- Oh, sí, eso quería contarte… - se sacó el móvil… - es, una pequeña cosa que quería mostrarte…

El volumen al doce, al tope. Le dio al play. Y le enseñó el video a Elena. Ella quedó extrañada al principio. Las piernas le empezaron a temblar. Katherine no dejó de formar una sonrisa en su cara. Mientras veía la expresión de Elena. Viendo a Damon. Viéndola a ella misma. Follando. Y gemidos, y jadeos, y deseos entre ellos dos.
Los ojos de Elena empezaron a humedecerse.

- No… - susurró. No sentía su cuerpo, pareció como si su alma hubiera volado lejos y la hubiera abandonado. Una sensación de ira y de pura depresión la abrumaron. - ¡No! – masculló, aun sintiendo en su cabeza a Damon disfrutando de Katherine, haciéndoselo, mientras gemía su nombre.

Elena tiró el móvil contra la pared y se cubrió los ojos con las manos. Le ardían. De dolor, de pura ira, de todo en general.

- Es de apenas hace una hora. – sonrió Katherine. – espero que disfrutes de tu luna de miel. – se rió y se dirigió hacia la puerta. – Por el móvil, no te preocupes, ya me compraré otro, total, la tarjeta de memoria es la misma. Así lo tendré de recuerdo.

Elena se levantó. Las mejillas le ardían, las lágrimas caían por su cara. Le tiró un pote lleno de lápices y bolígrafos a Milena.

- ¡Eres una pedazo de puta! ¡Sal! ¡Sal y no vuelvas! ¡Muérete! – le gritó.

Katherine solo se divirtió más. Se volvió a acercar a ella. Con intención de vacilarla, quizás pegarla y todo si se le venía en cara.

- ¿Qué dices? ¿Una puta? – sonrió. – Quizás, pero bien que he disfrutado de tu querido y 'enamorado' Damon. – fue a colocar una mano en el mentón de Elena.

- Saca tus manos de mí. – dijo ella. Katherine sintió como en su vientre, algo apretaba.

- Oh, nunca pensé que la mosquita muerta de Elena Gilbert fuera a llevar un arma encima. Me sorprendes.

- Quizás fuera la única idea buena que tuvo el capullo de Damon. Ahora vete si no quieres que te atraviese el cráneo con una bala, zorra. – Katherine tardó en quitarle las manos de encima. -¡Que te vayas! – cargó el revólver y apretó más la boquilla de la pistola contra su abdomen. Katherine al fin la dejó ir.

- Que te vaya bien. – hizo una señal con el brazo y desapareció por la puerta. Mientras que el mundo de Elena se derrumbaba en mil pedazos.