Cap. 20

Elena entró a casa. Sin hacer ruido, cogió la maleta que horas antes había dejado. Sin coger nada más, allí llevaba un buen equipaje. La volvió a arrastrar hasta la salida. Deseó que Damon no estuviera, o que simplemente no se enterara de que estaba allí. Pero las luces se encendieron. Y él apareció por el corredor, en frente de ella.

- Hola… - dijo él, esbozando una triste sonrisa.

Elena no sonrió. No. Le dolió mirarlo y las imágenes pasaron otra vez por su cabeza, como una jodida diapositiva. Ella solo abrió la puerta de entrada y se dispuso a salir.

- ¿Dónde vas? – Damon bajó el peldaño que había en la entrada, justo con una pequeña alfombrilla. Cogió a Elena por el brazo.

- Ni te atrevas a tocarme. – masculló ella, girándose y mirándolo, de nuevo con los ojos en lágrimas. Entonces Damon supo que lo sabía. Él la soltó, a duras penas. Su mundo también cayó, imaginándose lo peor. La estaba perdiendo. – Después de lo que has hecho, ni te atrevas Damon. – habló decidida, a pesar de que las lágrimas correteaban por sus mejillas, ardientes. Y Damon, aun así, la encontró adorable. Era la mujer más preciosa del mundo.

- Elena yo…

- ¡Tu nada! – gritó negando. – Tú eres un gran cabrón. No sabes lo que duele, no lo sabes…

- Puedo explicarlo…

- ¡No hay nada que explicar! – gimoteó, dejando que más lágrimas mojaran su cara. – el vídeo lo dice todo.

- ¿Qué vídeo? – musitó Damon.

- Katherine os ha grabado.

- Hija de puta…

- Si, hija de puta, pero si no fuera por ella apuesto a que no me enteraría, al menos no por ti.

Damon intentó abrazarla.

- No te acerques. Ni me hables, ni me sonrías. Ni me llames. Me voy. No me busques, olvídate de mí.

- No puedes pedirme eso. – Los ojos de Damon se humedecieron, empezando a difuminar su vista, una fina capa de lágrimas también.

- Habértelo pensado antes.

- ¡Lo siento! – le pidió. - Elena, no me dejes, ¡joder! Eres mi puta vida, te amo…

- ¡No! - Elena se cabreó. – No me digas eso, no es cierto. Duele pensar que me engañaste, que todos esos te amo, te quiero, todos esos momentos fueron una farsa.

- No fueron ninguna farsa mi vida, fueron ciertos, yo he cometido un error pero…

- Un error imperdonable. – dijo Elena. – No quiero oír más, no quiero verte más, me voy.

Se giró, pero Damon la cogió, abrazándola, contra su cuerpo. Elena intentó oponerse, forzando, pataleando, insultándolo. Con mala gana, no de broma. La broma se había acabado. Y dolía. Damon pensó que a pesar de todas las guerras y batallas en las que había estado, nada nunca le había dolido más. Elena se rindió, llorando en su pecho.

- Te amo mi niña, perdóname… - dijo abrazándola.

- Déjame Damon… - dijo cansada. Cansada de luchar con él. No podía, dolía demasiado. Un nudo la ahogaba, algo la quemaba por dentro. – No puedo más… - se mareaba, dios, no podía seguir con esto. – Suéltame… - le pidió. Damon no hizo caso. – Por favor…

Él abrió los brazos. Elena resbaló por la puerta y se abrazó sola, escondiendo su cara. Empezó a llorar, fuerte, con dolor. Damon pensó que moría. Que él moría. No podía, no quería verla así, pero era por su culpa. Todo era por su culpa.

- Elena... – le frotó una pierna. Sus lágrimas también empezaron a rodar por los parpados. Pero no se avergonzó. – ¿No podemos…?

- No. – sollozó Elena. – No arreglaré nada contigo… - lo miró por encima del brazo. Tiró los mocos hacia arriba. Y cuando se vio en condiciones de volverse a levantar, lo hizo. Parecía un zombi, no sabía muy bien lo que hacía, se dejaba llevar por sus sentimientos. Y ni dios quiera saber cuáles son sus sentimientos en este momento. Entonces lo dijo. Lo que más podía llegar a dolerle a Damon. – Me das asco… Te odio.

Agachó la mirada, y dejó caer el anillo de compromiso, al lado de Damon. Él abrió los ojos. Se giró, cogiendo de nuevo su maleta, y se fue, cerrando la puerta detrás de ella. Damon la dejó marchar. No había nada a hacer. La había perdido.

*******

I am done, smoking gun

We've lost it all, the love is gone

She has won, now it's no fun

We've lost it all, the love is gone

Caroline le trajo una taza de tila. Elena seguía llorando, sin calmarse, con unos sollozos ahogados, de puro dolor. Nunca hubiera creído que si Damon le ponía los cuernos se sentiría tan mal.

- Cariño… - la tranquilizó Caroline. – tomate esta tila, te relajará un poco.

Elena dio un grito, se tenía que desahogar ¡hostia! Caroline suspiró. No se quejó, ni se opuso. Tampoco sabía lo que se sentía, pero Elena estaba muy mal.

And we had magic

And this is tragic

You couldn't keep your hands to yourself

- No me lo puedo creer… - una pequeña gotita salpicó en el color amarillento de la tila. Las lágrimas no paraban de caer por el rostro de ella. – Le dije que confiaba en él y aún así…

- Shh… cálmate, no me tienes que dar explicaciones, ha sido un capullo, eso es todo, tu no mereces estar de este modo…

Caroline tenía razón. Y mientras intentaba que la tila pasara por su garganta - porque tenía el estómago bien cerrado… - seguía recordando aquella canción…

Now I know you're sorry and we were sweet

But you chose lust when you deceived me

And you'll regret it, but it's too late

How can I ever trust you again?

********

Damon daba vueltas en la cama. No había comido, no le pasaba la comida por el cuello. La almohada estaba húmeda. Era la primera vez que lloraba por una mujer. Era la primera vez que lloraba. Aún así, se había emocionado cuando Elena perdió la virginidad con él. Pero nunca había llorado así. Y se sentía mal, muy mal. Aquella jodida almohada olía a ella, a su perfume, a su pelo. Y entonces Damon se dio cuenta de lo que había hecho. Había perdido a la persona más importante de su vida.

Pero la iba a recuperar, fuera como fuera. Se levantó, dejando en esa jodida cama los recuerdos que Katherine le había hecho revivir. Y esta vez, iba a enterrarlos. Para siempre.

Debía pensar dónde podría estar Elena. La conocía perfectamente para saber que su mejor amiga era Caroline. Damon se dio cuenta de que frente a su casa aún estaba el coche de Katherine. Se acercó. ¿No se había ido aún? No vio a nadie. Solo algo de cargamento en el asiento del copiloto. Algunas balas y cintas de armas.

- Mierda. – masculló Damon. – ¡Mierda!

Se fue a toda prisa hacía su garaje, cargó con su querido su fusil con silenciador y se montó en su MTT Turbine. Poniéndose el casco a toda prisa, cogiendo los doscientos kilómetros por hora en menos de un minuto.