Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Ok, ya exagere nuevamente, es que estoy algo emocionada, ¡Mi primer review! ¡Gracias Loveisyou15! Ahora entiendo porque tanta gente se emociona por los reviews ;D
Ahh, se me olvido decirles que: en esta historia las chicas tienen 14 años y no tienen poderes, y por lo tanto tampoco hay villanos en Tokio.
Y bueno aquí vamos con otro capítulo más.
Capítulo 2: La fuga
Desde que recibió aquellas terribles noticias en el despacho del director, Momoko tenía la sensación de que el mundo había dejado de ser lo que era. Todo había cambiado de golpe. Las cosas aparecían ante ella como siempre, pero las contemplaba desde muy lejos, enajenada, triste. En vano, sus amigas trataban de animarle. Miyako insistía varias veces, tocando la puerta de su habitación, enviándole cartas con algunos detalles, cosa que a Kaoru le parecía una total pérdida de tiempo, tal vez la idea de regalarle algunos dulces podía funcionar, normalmente cuando la chica se deprimía por algún motivo una solución para sentirse mejor sería degustándose con alguna golosina, aunque era algo raro que esta vez no funcionase.
Al parecer los malos pensamientos habían envuelto a Momoko, el solo pensar que sus padres habían sido lastimados la deprimía por completo, le parecía que su alma se partía en varios pedazos, aunque un gran esfuerzo por encontrar alguna esperanza de que sus padres estén bien. Se sentía aun peor al escuchar las voces de sus amigas tras la puerta de su habitación, no quería preocuparlas pero tampoco podía dejar de pensar en el estado actual de las personas que la habían cuidado y amado durante toda su vida.
Luego de las varias insistencias de Miyako, Momoko al fin acepto salir de su despacho, por lo menos podía despegarse de esos pensamientos que tanto la deprimían, aunque eso le causaba algo de culpa.
-Que tarde tan bonita ¿No es así?- Miyako había roto aquel silencio que tanto la perturbaba, anteriormente ninguna de los dos chicas restantes se atrevía a hablar; Momoko no sabía que decir ya que, si lo hiciese parecería que se comportaba como una desesperada; y Kaoru, no podía articular palabra alguna, ya que sentía alguna clase de miedo, algo no muy común en ella, de que si decía algo desubicado Momoko se entristecería mas o se enojase con ella.
-Psss.- no quiso hacerlo pero no podía ocultar sus sentimientos, después de todas esas dos chicas la conocían como la palma de su mano.
-No digas eso Momo-chan, recuerda que hace unos días estabas encantada por estas tardes de verano y tenias tantas ganas de…-
-Pero hoy todo ha cambiado.-
-Anímate, Momoko.- hablo Kaoru- Piensa que tus padres pueden estar vivos. Tal vez se hallan perdidos, tal vez estén…-
-Ese es el problema: no saberlo con seguridad y certeza.-
-Ten paciencia.- trato de calmarla Miyako.
-¡No puedo!- Momoko ya se encontraba en el borde de las lágrimas ¿Cómo es posible que más lagrimas puedan amenazarla con salir? Desde aquel día de la noticia, no podía dejar de llorar, lagrimas que caían a mares, cada una de ellas, por esas dos personas que tanto amaba.
Se secó los ojos con el dorso de su mano, y ya algo calmada comenzó a caminar seguida de sus amigas. Tal vez revelarse así frente a sus amigas no fue una buena idea, se arrepintió por tal hecho, no era su intención desquitarse con ambas. La tristeza, la depresión y los pensamientos negativos que la carcomían por dentro, encendían un nuevo sentimiento en su interior: La ira.
-Chicas.- dijo llamando la atención de ambas muchachas- Lo siento, de verdad, no quería desquitarme con ustedes.-
-Descuida, sabemos cómo te sientes.- dijo la ojiverde hablando por ambas.
Continuaron caminando en silencio, nuevamente Miyako se empezó a incomodar por la falta de conversación, aunque había pasado lo mismo que hace unos momentos con sus acompañantes, simple, no encontraba palabras. El sol era esplendido esa tarde, que aunque fuera verano, su radiación era cálida y agradable. Pero ninguna de ellas estaba dispuesta a admirarlo.
De pronto Momoko se detuvo en seco, miro a sus amigas de una forma extraña, ambas pudieron comprender aquella mirada, y solo significaba una cosa, Momoko tuvo una idea. Lo único que esperaban era que aquella idea no fuera uno de sus locos planes, ya habían tenido bastante años atrás.
-Tengo que ir a Guinea Ecuatorial.- tarde, el presentimiento de la rubia y la morena se había vuelto realidad.
-¿Cómo vas a poder tú…?- la contradijo Miyako.
-¿Acaso te has vuelto loca?- dijo la pelinegra algo sorprendida, aunque no lo suficiente, ya que de Momoko se podía esperar cualquier cosa.
-¡Tengo que irme! ¡No puedo seguir ignorando lo que le ha sucedido a mis padres!-
-Pero es una locura… Momo-chan.- dijo Miyako.
-¡Tengo que ir!- repetía una y otra vez.
Miyako y Kaoru intercambiaron miradas, ambas se veían impotentes para convencer a su amiga peli naranja, procuraban buscar razones que le hicieran cambiar de opinión pero como las veces anteriores era un verdadero reto hacerlo.
-Suponte que vas- empezó a hablar Kaoru -. ¿Y qué haces? ¿Empiezas a preguntar a todo el mundo que si han visto a tus padres? ¿Te internas tu sola en la selva para buscarlos? Es una locura Momoko, Miyako ya te lo había dicho.-
-Kao-chan tiene razón. Supongo que la policía, nuestra embajada… no sé, alguien los estará buscando.-
-Y mientras tanto, yo, me quedo cruzada de brazos.- dijo la poseedora de ojos rosas.
-Tal vez mañana… o pasado, llegan noticias de ellos.-
Ambas chicas sabían que era inútil, sus palabras jamás consolarían a Momoko, pues, era lo suficientemente terca para escuchar las contradicciones de sus amigas. Deseaban ayudarle con todo el corazón. Pero ¿Cómo lograrlo? Volvieron a caminar en silencio. Kaoru miraba constantemente de reojo a Miyako como queriendo preguntarle ¿Qué más podían hacer? Al poco tiempo Momoko noto la acción de sus amigas, y ya queriendo calmarlas, decidió detenerse nuevamente, acción imitada por las otras dos que luego se voltearon, mirando nuevamente a la peli naranja, ya que habían dado unos pasos más que ella, y era lógico que estaban más adelantadas. Llena de seguridad, dijo:
-Chicas, son mis mejores amigas, lo saben. Ustedes serán las únicas en saber lo que voy a hacer. Es más, tendrán que ayudarme ¿Están dispuestas a ello?-
-Momoko no lo haremos, no permitiremos que te pase algo malo.- dijo Kaoru.
-¿Confían en mí?- pregunto posando ambas manos en el hombro de cada chica.
-Momo-chan nosotras…- Miyako y Kaoru bajaron la cabeza.
-¿Confían en mí?- repitió.
Ya dándose por vencida, Miyako afirmo. –Si, si lo hacemos.- Momoko sonrió y poso su mirada en Kaoru, que, aún no respondía y en todo caso, aun no estaba de acuerdo con la idea de dejar ir a su amiga, la tomo con ambas manos de los hombros y le dijo:
-Kaoru, estoy esperando tu respuesta.- dijo con un tono algo burlón.
Kaoru alzo la mirada topándose con la expresión burlona de Momoko, aparto ambas manos de la peli naranja, ahora era su turno de tomar el papel de la miraba burlona y Momoko, pues, se encontraba algo sorprendida por la reacción de la morena.
-Si encuentras algo interesante en África me lo traes, ¿Ok?-
-Bien, como digas. – sonrió por un momento hasta que su expresión volvió a su semblante serio. –Ya que ambas están dispuestas a ayudarme, lo primero que tenemos que hacer es conseguir las llaves de mi casa.
-¿Dónde están?- pregunto Miyako.
-En el despacho del director.-
-¿Se las pediremos?- esta vez fue interrogada por Kaoru.
-No; mientras yo lo distraigo, ustedes dos se las quietaran. Están en uno de los cajones de su despacho. Es un llavero de plata con el nombre de mi padre…-
-¿Cómo vamos a quitárselas? Te has vuelto loca.-
-¿Ya vas a volverte atrás? Miyako.-
-No, pero…-
-¿A que le temes?- pregunto Kaoru con un tono burlón.
-No tengo miedo Kaoru, es que no estoy segura de hacer esto.-
-Ah, ya que va.-
Momoko explicó detalladamente su plan a sus compañeras, mientras se dirigían al colegio, que por suerte suya no estaba tan lejos del parque.
-Y ¿Qué les parece?-
-Cool.- respondió Kaoru como una autónoma.
-Mal. ¿No hay otra forma?- dijo Miyako.
-No; es la única forma.-
Ella había recordado una conversación telefónica de su padre con el comandante Aoyama, que esta semana tomaría el vuelo Tokio-Malabo. Recordaba perfectamente como su padre le había contado que harían el viaje en el avión de su amigo Aoyama, con quien había ya volado varias ocasiones. En esta oportunidad el avión saldría el viernes, del aeropuerto Narita. ¡El viernes! Como era jueves, tendría que darse mucha prisa.
Llegaron al colegio. Cuando subían el pequeño tramo de escaleras que conducía a la puerta principal, Miyako se detuvo. De pronto cayó en la cuenta de que lo que estaban haciendo era muy arriesgado. Podía costarles a las tres un serio disgusto.
-Esperen, chicas.- dijo- No sé si debemos hacer esto. ¿No habrá otra solución?-
-No la hay, Miyako.- respondió Kaoru.
-Miyako, tienes que ayudarme, necesito que cooperes. Sin ti no podré conseguirlo.- dijo Momoko.
-¿Y si alguien nos descubre?-
-A esta hora no hay nadie. Los alumnos y los profesores se habrán marchado, no creo que alguien siga aquí.- dijo Kaoru.
-¿Y qué hay de los internos?-
-Estarán en sus cuartos estudiando.- dijo Momoko- Ahora, vamos. No podemos perder más tiempo.- y tomando del brazo a sus amigas entraron al colegio.
Corrieron de puntillas y llegaron a las sala de distribución. Se escondieron tras unas columnas y observaron detenidamente el lugar.
-No hay peligro chicas.- susurro Kaoru.
-Bien, recuerden lo planeado.- dijo la chica de orbes rosas.
-Descuida.-
Kaoru y Miyako atravesaron la sala y se introdujeron en el servicio de profesoras.
-Espero que no aparezca alguna profesora con ganas de hacer pipí. No sabría cómo explicarle que hacemos aquí.- dijo la rubia.
-Podemos disculparnos diciéndole que teníamos ganas que no podíamos llegar al servicio de alumnas.-
-¿Las dos?-
-Casualidad.-
-¿Crees que se lo creería?-
-No lo sé, aunque ¿Por qué lo dices?-
-Es que… no lo sé… deberíamos pensar por adelantado ¿No lo crees?-
-A mí se me hace que tienes miedo.- dijo Kaoru dándole un coscorrón amistoso.
-¿Qué? No tengo miedo.-
-No, no lo tienes, tienes pánico.-
-No tengo miedo, ni pánico Kao-chan.-
-Como digas, pero admítelo tienes alguna clase de miedo, fobia, temor o pánico.-
Kaoru empezó a reírse y sin darse cuenta pisó un cubo lleno de agua, cosa que hizo que se resbalara y que lógicamente, era obvio que iba a caer, aunque no lo haría sola, ya que antes de hacer contacto con el suelo se había sujetado de la camisa de Miyako. Ambas cayeron, ahora, en el empapado suelo de la habitación. Miyako intento levantarse pero los tacones que llevaba hicieron que resbalara nuevamente, sin antes sujetarse de un carrito que contenía algunos productos de limpieza, que de seguro era del conserje. Ella cayó al suelo y el carrito fue rodando hasta la puerta, que impacto con el encargado de limpieza , que, anteriormente se encontraba limpiando el servicio de profesoras, el golpe lo dejo noqueado . Mientras eso ocurría, Kaoru, intento levantarse, mala idea, antes de caer se sujetó de la canilla del lavatorio de manos, haciendo que, al contener el peso de la chica se rompiera, liberando todo el agua que venía de los caños y empapando todo a su alcance, entre ellos, a las dos chicas, Miyako quiso levantarse con ayuda de una puerta, lo que no fue una buena opción, ya que, la puerta salió de su posición, lo que ella no sabía era que, esa misma puerta se encontraba en reparación.
-¡Ahhhhhhhhhhhhh!- Kaoru soltó un grito ensordecedor, la puerta había caído sobre su pie izquierdo.
-¿Qué fue eso?- pregunto el director dirigiéndose hacia el servicio de profesoras.
-No fue nada, de seguro fueron las ratas.- Momoko se interpuso en su camino con el objetivo de detener su marcha, cosa que no le fue difícil de lograr.
-¿Ratas? No sabía que esas plagas inundaban el instituto.-
-Sí… yo tampoco.- comenzaba a ponerse algo tensa y el nerviosismo la estaba consumiendo ´´ ¿Qué estarán haciendo esas dos?``- pensó un tanto preocupada.
-¡Ya estuvo!- Kaoru empezó a enojarse, tomo a Miyako del brazo y se dispuso a salir del servicio de profesora.
-Espera, Kao-chan.- dijo Miyako haciendo gestos cómicamente.
-¡¿Ahora qué?!-
-Yo… es… que… necesito… -
-Ya lo sé. Necesitas salir de aquí.- la tironeo nuevamente del brazo obligándole a caminar, aunque Miyako la detuvo nuevamente.
-No… no es eso… necesito… ir… ya sabes… ir.- con los ojos señalaba constantemente hacia el cuarto de baño.
-¿Necesitas ir… ir? ¿A dónde?- Kaoru no podía entender aquella indirecta, lo que tensaba aún más a Miyako.
-¡Necesito ir!- Miyako se soltó del agarre y fue corriendo al baño más cercano ¿Se le habrá olvidado que el suelo estaba mojado? Al parecer lo noto al deslizarse rápidamente simulando un patinaje sobre hielo, cosa que pudo controlar, ya que con un ágil movimiento doblo hacia la derecha logrando entrar en el último baño.
Kaoru al fin logro entender la indirecta dada anteriormente por la rubia, se avergonzó ante tal ignorancia, para luego fruncir su ceño ligeramente ´´ ¡Lo que me faltaba! Siempre le ocurre lo mismo. Y en los momentos más inoportunos. ¡Miyako cuando salgas de ese cuarto de baño te voy a estrangular hasta cometer un homicidio, te cortare en pedacitos, te volveré a construir y te cortare nuevamente, pero en pedazos más pequeños, esos pedazos se las daré a unas suricatos asesinas, si es que existen! `` -pensó.
-Guau, que alivio.- Miyako se dirigía nuevamente hacia su amiga.
-Miyako, ya sabes cuánto te quiero.- dijo Kaoru tratando de no demostrar su enojo aun, ya que la necesitaba con vida para el plan de Momoko.
Miyako ignoro tal comentario y se dirigió a la puerta del servicio, la entreabrió lentamente y con la mirada reviso todo el lugar, no se podía ver a nadie en el gran pasillo, señal de que Momoko ya había llevado lejos al director.
-Kao-chan. No hay nadie. Vamos- Kaoru hizo un gesto de pocos amigos y se dirigió hacia su amiga, tal vez no sería el momento su adecuado para descargar su ira sobre la rubia.
De puntillas recorrieron la distancia que las separaba del despacho y a los pocos segundos ya estaban dentro de él. Sin perder más tiempo empezaron a buscar por todos los cajones existentes en esa habitación, en esta caso había muchos, cajones en las mesas, en total tres, cajones en los estantes, estantes gigantes con más de 1000 archivos con informaciones de los alumnos, padres, maestros y cualquier otra cosa relacionada con la actividad del colegio.
-¿Por qué Momo-chan no nos dijo en que cajón debería estar?-
-No lo sé, pero lo que te puedo asegurar es que esa dulce maniática no sobrevivirá este día.- dijo la morena con un puño en alto.
-¡Oye! ¡Lo encontré!- dijo con emoción la chica de ojos azules claros.
-Que emoción.- dijo con sarcasmo dirigiéndose hacia ella.
Y la afirmación de Miyako era cierta, en un sobre estaba escrito el nombre del padre de Momoko ´´Ryu Akatsutsumi`` -leyó mentalmente. Abrió el sobre, que no estaba pegado, y halló en su interior el llavero de plata.
El primer paso estaba dado. Kaoru tomo las llaves que estaban en manos de Miyako, le pareció que ya estaban perdiendo bastante tiempo. Se guardó el llavero en el bolsillo de sus bermudas. La rubia dejo nuevamente el sobre en su lugar.
-¡Ya está! Ahora vámonos de aquí-
Ambas se dirigieron hacia la salida del despacho, Kaoru abrió un poco la puerta y por la rendija miró al exterior. No había nadie. Salieron como una centella y cerraron la puerta con cuidado. Luego comenzaron a caminar por el pasillo; Miyako se dio cuenta que iban muy lento.
-Vamos-
Echó a correr seguida de Kaoru. Salieron del colegio a galope, se dirigieron hasta el puesto de periódicos, dos calles más abajo. Era el sitio convenido. Momoko acudiría allí en cuanto se librase del director. Miyako se recostó contra un árbol, se sentía agotada, podía escuchar como su corazón le retumbaba en el pecho, al contrario de Kaoru que solo temblaba de pies a cabeza.
-Po…po…por…que…ha…ha…ce…tan…tan…to…frió.-
-Sera porque estas empapada.- Momoko había llegado hace unos segundos- ¿Qué paso? ¿Por qué están mojadas? Y lo más importante ¿Tienen el llavero?-
-Larga historia.- dijo Miyako –Y si, si lo tenemos, Kao-chan.- llamo a la morena, esta asintió y empezó a buscar en su bolsillo y se lo entregó a la peli naranja.
-Genial, ahora vamos a mi casa, les daré algunas mantas y algo de té caliente, pueden resfriarse…-
-Achooooooo.- estornudo Kaoru.
-No será que solamente, alguien esté hablando mal a sus espaldas.- dijo Miyako con una gota en la nuca.
-No lo creo.-
Caminaron en silencio hasta la casa de Momoko. El paseo sirvió para tranquilizar a Miyako, ayudar a pensar a Momoko y pues… Kaoru solo se pasó estornudando repetidamente por todo el camino. Cuando llegaron a la entrada de la casa, se sintieron mucho mejor. Momoko dio un paso hacia delante, respiro profundamente y metió la llave en el cerrajero de la puerta. Antes de abrirla miro a sus amigas, estas afirmaban con la cabeza como queriendo animarle de alguna forma. Giro la llave, abrió la puerta y la visión del interior de su casa volvió a conmoverle. De pronto volvía a sentir aquella opresión en el pecho, aquel ahogo que pugnaba por estallar entre sus parpados.
-¿Quieres que nos vayamos?- pregunto Miyako.
-No, se podrían poner peor. Ya les dije, les daré algo para cubrirse.-
Hizo un gran esfuerzo y se sobrepuso al dolor. Tenía la intuición de que a partir de ese momento debería ser muy valiente. Entraron a la casa y decidieron que cada una tomaría un trabajo diferente; Miyako fue a preparar algo de té; Kaoru se encargó de buscar alguna manta; y Momoko fue a su habitación, cogió una bolsa de deporte y metió algo de ropa. También cargo en él un retrato de sus padres y obviamente, una cantidad exagerada de dulces. Recordó que hace tiempo había organizado una pijamada junto a Kaoru y Miyako, ese día habían intentado hacer un pastel de chocolates, lo que no fue una buena idea que digamos ya que hicieron un total desastre, había chocolate por las paredes, por los utensilios de cocina, por los muebles, en el suelo y hasta en las propias dueñas de tal lió. Ese día tuvieron que dejar sus ropas para que fuesen lavadas; cosa que nunca pudo devolverla ya que sus amigas no se habían recordado de sus vestimentas. Si su memoria le fuese fiel, la ropa de sus amigas estaría en uno de los cajones de los muebles, aunque no recordaba de que habitación. Lo pensó un poco y fue corriendo al cuarto de visitas ¡Bingo! Lo encontró. Por ultimo busco unas toallas y fue corriendo a la sala de estar donde estarían sus amigas
-¡Chicas! Vayan a secarse y cambiarse esa ropa.-
-¡Estás loca! No tenemos otra.- replico Kaoru.
-Kao-chan tiene razón.- Miyako estaba entrando a la sala de estar con unas tazas de té caliente.
-Encontré la ropa que habían dejado hace tiempo, miren aquí están.- dijo extendiéndoles las vestimentas y las toallas.
-Gracias Momo-chan, pero… no te quitaríamos algo de tiempo.- dijo Miyako dejando las tazas sobre una mesa.
-Por eso una de ustedes ira al cuarto de baño de visitas y la otra puede ir a el mío.-
-Si.- dijeron al unísono y salieron corriendo hacia cada baño.
´´Bien, mientras ellas se cambian tengo que buscar algo``- pensó, luego fue al despacho de sus padres, allí comenzó a hojear algunos libros. Minutos después, sin encontrar nada aun, Kaoru apareció tras ella y le pregunto:
-¿Para que necesitas los libros?-
-Sé que mis padres guardaban dinero en alguno de estos libros, pero no se en cual.-
-¿Y cómo sabes eso?-
-Es que… Un día necesitaba dinero para comprar unos dulces y pues… como yo no tenía nada lo tome prestado.- al escuchar esto Kaoru cae de espaldas cómicamente.
Entre las dos revolvieron todos los libros y finalmente encontraron los billetes de lo que había hablado Momoko, esta lo doblo con cuidado y se guardó en uno de sus bolsillos.
-¿Cuánto dinero tomaste?-
-Creo que unos 12.42 yenes.-
-Y… ¿Para qué lo utilizaras?-
-Es obvio que el viaje no será gratis Kaoru. Pero cambiando de tema ¿Qué cosa me pueden ser útiles en Guinea Ecuatorial?-
-No lo sé…-
-Tal vez una brújula.- dijo Miyako entrando a la habitación con las tazas de té.
-No tengo.-
-Un machete para abrirte paso en la selva.-
-Tampoco tengo.-
-No se me ocurre nada más.-
Momoko echo una última mirada a la habitación y, bajaron nuevamente a la sala de estar. Cuando Miyako y Kaoru terminaron de tomar su taza de té, sin perder más tiempo, salieron de la casa rumbo al colegio. Poco antes de llegar allí, la rubia y la pelinegra se despidieron.
-Tengo que irme, es tarde. Mi abuelita estará preocupada.-
-Yo también, de seguro Dai y Shou estarán tocando mis cosas sin mi permiso.-
-Gracias por su ayuda chicas. Sin ustedes no lo hubiese conseguido.-
-Estas segura de lo que vas a hacer.- pregunto Miyako.
-Completamente.-
-¿Quieres que te acompañemos en el aeropuerto?- dijo la ojiverde.
-Como quieran, pero ¿Qué pasa con la escuela?-
-¿Faltar un día?, si fuese por mí, ni siquiera iría.-
-Estaremos allí media hora antes de que empiecen las clases, General.- dijo con una pose militar.
Momoko no pudo evitar sonreír, ¿Cómo es que esas dos chicas podían sacarle una sonrisa en los peores momentos posibles? Sus esperanzas iban aumentando conforme pasaban los minutos, tenía una corazonada. Aunque no podía darse el lujo de pensar antes de actuar. Pero simplemente no podía, el optimismo era parte de ella, ver a Momoko triste o deprimida no era normal, ella misma lo sabía, pero también sabía que si se trataba del bien de sus amigos o familia harían hasta lo imposible para asegurarse de que no salieran heridos de alguna situación.
Enfrascada en todos esos pensamientos llego al colegio; al entrar se cruzó con un grupo de internos que iban al comedor. Era la hora de cenar. No podía evitar oír un rugido proveniente de su estómago, también tenía hambre. No había comido nada provechoso durante todo el día, tal vez esos negros pensamientos que la carcomían desde el interior de su cabeza ni siquiera le daban tiempo para darse cuenta que también tenía un estomago por el cual preocuparse. Sin embargo como ya se sentía mejor podría comer algo antes de pensar nuevamente en otra cosa. Sus pensamientos fueron interrumpidos al escuchar un grito masculino, era el grito del director, que preguntaba a cualquier persona que se encontraba en su camino, sobre el culpable de un desastre en el servicio de profesoras y en su despacho. ´´Ahh, ya entendí``- pensó al recordar el motivo, por el cual sus amigas estaban empapadas de agua, habían hecho un lio en el servicio de profesoras y luego se habían dirigido en la oficina del director, lógicamente aun estaban mojadas.
Se los dije. Este capítulo le triplico en número al anterior :D
Bien ¿Qué les pareció? A este capítulo le agregue algo de humor y toda la onda ya que el primero, desde mi punto de vista, me pareció muy serio y dramático. Gran desastre el que hicieron Miyako y Kaoru ¿No?
Y bueno, ¿Merezco algun review? O simplemente un tomatazo en la cara
Espero no haberles aburrido con mis notas finales. Nos leemos luego, chau, chau
