Hola :D ¿Qué tal? Como han visto, me cambie de nombre, es que me parecía algo anticuado ´´NoCoNoScOmInOmBrE`` ¿A quién se le ocurriría esa calamidad? Pues, a mí…XD…Y por ahora soy: ¡RaylixPY! Jeje, eso no significa que ya conocen mi identidad, después de todo yo lo invente :3 Y bueno tanto lío por mi nombre ya me aburrió .-.

Y cambiando de tema…. ¡Mátenme! Me tarde siglos en actualizar, es que las malditas tareas, proyectos y trabajos que nos dan en la maldita escuela, no me dejaba continuar el maldito fic ToT. Ok, no tanto así, me emocione con la palabra ´´maldita``

A ver, tenía otra cosa que decir, no sé qué era… naa…se me olvido :P… de seguro lo digo al final del capítulo, yo que sé, espero que se me refresque la memoria. Bien, ya les dejo para que lean el siguiente capítulo…Así que nos leemos abajo y ¡Corran capítulo!(?

Capítulo 4: Polizona en el avión

Desde el tiempo que duro el viaje, Momoko no se atrevió a moverse de la bañera. En varias ocasiones pensó en incorporarse ligeramente y asomar su cabeza para contemplar su entorno. Pero ¿Y si era descubierta? Prefirió no intentarlo, a pesar de que sabía que ya no podrían devolverle a Tokio, pues el avión no iba a cambiar de ruta por ella. Le daba vueltas a la cabeza pensando en cómo se las apañaría en Malabo. Tendría que salir de allí sin ser vista, pues de lo contrario podrían retenerle en el aeropuerto e impedirle sus propósitos. Quizá esta idea fue la que le mantuvo inmóvil durante todo el viaje.

´´Esto de seguro me tranquiliza``- pensó Momoko mientras se metía unos dulces en la boca. ¡Qué curioso! Esas golosinas, por alguna extraña razón, la calmaban de a poco, así que, siguió degustándose con los dulces por un momento, hasta llegar al punto en el que ya no le quedaban casi nada. Tal vez no debía comerse tantos, ya que los nervios volvían a ella. Razonó por algunos minutos y como no tenía nada que hacer para calmarse de nuevo, empezó a relajarse dentro de la bañera hasta que se quedó dormida durante un rato. Y le vino bien aquella siesta, pues logró conseguir su objetivo: apartar de su mente esa serie de preocupaciones que la atormentaban.

Cuando abrió los ojos, mucho más tranquila, lo primero que se planteó fue si quedaría aún mucho tiempo de viaje. Miró su reloj. ¿Cuánto tiempo tardaría un avión en recorrer la distancia que separa Tokio de Malabo? No tenía ni idea. Por lo tanto, no le quedó más remedio que continuar con la espera.

Sus dudas fueron aclaradas muy pronto, ya que por la megafonía del avión, que podía oírse lejana desde donde Momoko se encontraba, anunciaron el inmediato aterrizaje en la capital de Guinea Ecuatorial.

´´Ya era hora ¡Por fin! Ahora estoy más cerca de mis padres, no sé cómo, pero los encontraré, tenga lo que tenga que hacer`` pensó Momoko. El avión parecía bajar en picada, ya que la peli naranja rodaba, literalmente, dentro de la bañera. Cuando pudo mantenerse en equilibrio asomó su cabeza y una caja se dirigía directamente a ella, si no fuera porque se había dado cuenta y se había agachado, aquel objeto llegaría a golpearle su rostro. Volteó su mirada hacia donde había impactado la caja y como si la pudiera entender dijo:

-¡Ja! Fallaste por metros.- volvió nuevamente la cabeza y un pescado crudo impactó en su rostro.

Silencio…

-¡Ahhh!-

-¿Qué fue eso?- preguntó un hombre a su compañero.

-De seguro fueron unas aves.-

-Entonces, hay unas aves muy raras aquí.- dijo con una gota en la nuca.

-Tranquilízate Momoko, es solo es un pez, es solo un pez.- dijo la chica quitándose el pescado de la cara y tirándolo al suelo.

La turbulencia había acabado y el avión tomó tierra. Momoko volvió a acomodarse en un costado de la bañera. El ruido de los motores ahora era distinto, se percibía más intensamente, aunque el avión parecía estar parado.

La chica de orbes rosas se incorporó lentamente, asomó la cabeza y pudo observar con detención el sitio donde se encontraba. Era un lugar muy oscuro, apenas alumbrado por un par de lámparas de emergencias. Había muchos objetos a su alrededor: además de cajas; fardos, paquetes, maletas…

Cuando se decidió por salir de la bañera, sintió un chasquido en uno de los laterales y volvió a dejarse caer. De pronto una fuerte luz iluminó todo. Sin duda, una puerta grande era abierta de par en par. Se oían voces confusas y ruidos metálicos. Las voces cada vez estaban más cerca; podía entender perfectamente lo que decían, dos hombres hablaban de las mercancías; parecía como si las estuviesen verificando. Momoko sintió un escalofrió subir por su espalda y de repente el miedo empezó a carcomerla viva, ya que si se asomaban al interior de la bañera sería descubierta sin remedio. Las dos personas se iban acercando, contuvo la respiración. No podía ser descubierta, ya que le sería imposible intentar siquiera la huida. ´´Ahora de verdad estoy muerta ¿Cómo voy a salir de este agujero?`` -pensó.

De pronto sintió que la bañera se movía violentamente. ¿Qué pasaba? Al parecer los hombres habían comenzado a sacar las cargas del avión. Momoko era desplazada de un lado a otro y trató de sujetarse como pudo. Aquella bañera fue arrastrada, junto con las demás cosas, hasta la puerta del avión, y dejada caer sin muchas consideraciones por una rampa hasta el suelo. En la vertiginosa bajada, Momoko pensó que acabaría en el asfalto del aeropuerto; pero no fue así: aquellos hombres estaban acostumbrados a descargar aviones de manera contundente.

De repente la peli naranja sintió calor, mucho calor. Le sobraba su jersey de punto, la cazadora, e incluso los pantalones de entretiempo le molestaban en las piernas. No cabía la menor duda, se hallaba en Guinea Ecuatorial y, antes de que le sorprendiesen, debería salir de su escondite. Levantó un poco la cabeza y pudo ver a aquellos dos hombres al final de la rampa, arrastrando unos fardos. ¡Era el momento! Se incorporó entre los flejes con agilidad, salió de la bañera y saltó a la pista. Pero apenas había dado unos pasos cuando escuchó unos gritos a su espalda.

-¡Eh! ¿De dónde salió esa?-

-No sé.-

-¡Quieta!-

-¿Dónde vas? ¡Eh! ¡Eh! ¡No corras!-

Momoko volvió la cabeza y pudo ver a los dos hombres que descargaban bultos haciéndole señas con las manos. ´´ ¡Ah! Me han descubierto- pensó-; tendré que correr más rápido, espero haber aprobado Gimnasia``

A toda carrera se alejó del avión. Había una zona llena de vegetación no lejos de allí, si la alcanzaba estaría a salvo. ´´ ¡Corre Momoko!``- pensó. De pronto, una sirena comenzó a sonar a uno de sus lados. Volvió la cabeza nuevamente… Era un jeep de la policía ´´Estoy perdida, definitivamente``- pensó mordiéndose los dientes. Corrió cuanto pudo, pero no llegó a los árboles, el vehículo se interpuso en su camino y varios policías guineanos descendieron de un salto.

-¡Quieta muchacha!- gritó uno de ellos en perfecto castellano y apuntándole con un fusil.

Momoko se dispuso a dar media vuelta y correr para el otro lado, de seguro se podía ocultar entre las cajas que habían bajado del avión, cuando se volteó se encontró con otro policía apuntándole con el fusil que tenía en manos. Miró hacía los cuatro vientos y pudo comprender que intentar escapar solo sería un intento de muerte segura. Inconscientemente alzó sus brazos y se arrodilló en el suelo.

-No disparen. Por favor.- dijo jadeante.

Fue introducida en el jeep y conducida a las dependencias policiales del aeropuerto. Le obligaron a sentarse en un banquillo. Mientras uno de los policías la vigilaba, sin apartar de ella el cañón de su fusil, los demás hablaban en un corrillo algo más retirados. Trataban de explicar a su superior cómo y donde habían capturado a aquella chica. Momoko miraba constantemente hacía ellos y a la par que ella movía la cabeza el fusil le apuntaba a su frente, ya poniéndose nerviosa, intento ignorar la presencia de aquel policía que la vigilaba. Volvió a mirar nuevamente ¡Qué distintos eran a los japoneses! Parecían esos policías que salen en las películas de la selva, con esos pantalones cortos tan divertidos… Luego se fijó en sus facciones: piel oscura, frentes hundidas, mándibulas prominentes, narices aplastadas, labios gruesos…

Al cabo de unos minutos, el que parecía el jefe se acercó a ella.

-Documentación- le dijo y le tendió la mano, esperando a que Momoko le entregase lo solicitado.

-No tengo. Soy menor y… pero mi padre puede aclararles todo lo sucedido.-

-¿Tu padre?- pregunto el policía extrañado

-Si. El comandante Aoyama, el piloto del avión que acaba de aterrizar procedente de Tokio.-

Los policías se miraron confusos; hubo quien se encogió de hombros cómicamente. El jefe dijo algo a uno de los policías, que salió corriendo de allí. Los demás hablaban en voz baja.

-Si mientes- le dijo el jefe-, tendrás problemas, muchos problemas.-

´´Problema es lo que me sobra, he vuelto a mentir, y lo peor, he vuelto a contar la misma mentira. Me pregunto ¿Cómo reaccionaría el comandante al enterarse? Aunque no podía contar con otra opción, era lo único que se me ocurrió; al fin y al cabo, es el único que me puede sacar de este gran lío``- pensó Momoko mientras jugaba con sus dedos.

El comandante no tardó mucho en aparecer, a la chica se le había iluminado el rostro, aunque al verlo hecho una furia su expresión cambió a una temerosa. Aoyama entró con un golpe tremendo hacía la puerta, se dirigió hacía Momoko y la miró de arriba abajo.

-¡Te mereces una bofetada!- le dijo de muy mal humor y a la vez levantando su brazo derecho como queriendo demostrar que hablaba enserio.

-Yo… esto…-

-¡Eres una loca, y una ingrata! ¿Acaso no te dije que haría cuanto estuviera en mi mano?- bajó el brazo nuevamente y empezó a dar vueltas en círculos.

-Sí, pero…-

-¡No hay pero que valga!-

-¡No podía quedarme en Tokio!- gritó Momoko angustiada por la reprimenda del comandante- ¡No podía! ¡No podía!-

Los policías asistían con expectación y curiosidad a aquel diálogo que ellos suponían entre padre e hija. El jefe se acercó al comandante y le palmeó afectuosamente la espalda.

-La juventud de hoy… ya sabe.-

-¡¿Eh?!- exclamó sorprendido Aoyama.

-Mi hijo, sin ir más lejos- continuó el afable policía-, no quiere casarse con su prima Atagara. ¿Ha visto usted cosa igual? Nosotros le preparamos ese matrimonio, que es de lo más ventajoso. Y él lo rechaza. Eso en mis tiempos no pasaba.-

El comandante no pudo evitar una sonrisa al oír hablar a aquel policía guineano en aquellos términos. Miró a Momoko más calmado y observó que la muchacha estaba llorando.

-Vamos, Momoko, cálmate- le cogió entre sus brazos y le incorporó.

-¡No puedo vivir así! Yo quiero saber dónde están mis padres, qué les ha ocurrido ¡Quiero saberlo! Por eso he venido. Por favor, ayúdeme.-

Las palabras angustiadas de Momoko conmovieron al comandante, que a partir de ese instante cambió de actitud. En primer lugar tuvo que dar innumerables explicaciones a aquellos policías hasta que los convenció de que Momoko no era un sujeto peligroso, sino una indefensa chica que pretendía encontrar a sus padres, misteriosamente desaparecidos en la selva. La tarea no fue fácil, ya que el jefe de policía, era bastante desconfiado; por eso le obligó a firmar una declaración de todo cuanto en aquella habitación se había hablado.

-Está bien- dijo, con la declaración firmada entre sus manos-, pueden irse. Pero recuerde que se había comprometido a acudir a su embajada para arreglar los papeles de la chica.

-Iremos inmediatamente.-

-¿Puedo confiar en usted?-

-Me conoce desde hace años, no comprendo sus dudas.- dijo el comandante levantando una ceja.

El policía dio un último vistazo a la chica, refunfuño entre dientes y los dejó salir.

-Menudo lio me causaste, niña.- dijo Aoyama

-Sí, ya lo sé.- dijo agachando la cabeza y mirando al suelo.

-¿Alguna vez te han dicho que eres una terca?-

Flashback…

-Momoko, eres una terca. Está bien iremos a la dulcería.-

-¡Terca!-

-Esta vez me convenciste. Te lo ganaste por terca.-

-¿Cuándo dejaras esa actitud? Eres la chica más terca que alguna vez conocí.-

-Además de cabezota eres una terca.

-¿Qué tan terca eres? Te doy un 99,9 %-

-Terca, terca, terca, terca, terca, terca, terca.-

Fin de Flashback…

-Tal vez.- dijo con una media sonrisa. –Y bien ¿A dónde vamos?-

-A la embajada.-

-Y ¿Por qué?-

-¿Y todavía lo preguntas? Tendrán que darte un salvoconducto. Además será conveniente hacer algunas llamadas telefónicas a Tokio. Supongo que habrá gente buscándote allí.-

-¡Que va! Miyako y Kaoru les habrá dicho ya a todos que me he escapado y que estoy en Guinea Ecuatorial.-

-Sí que lo planeas todo antes de tiempo.-

-Algo así. Vaya ¡Qué calor hace!-

-Claro, quítate esa cazadora, y el jersey, y la camisa si quieres.-

-Es broma ¿No?-

-Tu qué crees- dijo el comandante levantando una ceja –Aquí se está más a gusto desnudo.- sonrío por la cara sorprendida de Momoko.

-Sí, muy chistosito. Y… cambiando de tema ¿Iremos a buscar a mis padres?-

-Pasado mañana regresaré a Tokio, y tú vendrás conmigo. Mañana alquilaremos un helicóptero y sobrevolaremos la zona por donde estuvieron tus padres.-

-¿No sería mejor ir en jeep?-

-¿Cómo piensas cruzar el mar en jeep?-

-¿El mar? ¿Hay que cruzar el mar?-

-Veo que no andas muy bien en geografía.-

-Pues… reprobé el último examen.-

El comandante Aoyama sonrió.

-Malabo está en una isla, que antes se llamaba Fernando Poo.- su semblante cambió a uno serio -Tus padres desaparecieron en la zona continental, cerca de la frontera con Gabón. Allí nos dirigiremos mañana.-

-¿Y yo que iba saber que Malabo queda en una isla?-

-Será mejor que te deje un mapa del país.-

-Sí, será mejor.-

No había salido tan mal la cosa. El comandante se había portado estupendamente, contrario a lo que ella imaginó. Aunque ese no era el chiste, la sorpresa se la llevó al escuchar tal información sobre Malabo, pensó que estaría ubicado en el continente y no en una isla. Si hubiese conseguido escapar de la policía del aeropuerto, de seguro se podía haber pasado días y días dando vuelta por la selva buscando infructuosamente a sus padres. Raro. Al parecer lo que ella pensaba que podría ser una mala suerte había sido su salvación de haber merodeando inútilmente y quien sabe, tal vez ya estaría perdida o algo peor. Lo bueno era que eso no había pasado. Mientras pensaba todas estas ideas ya habían llegado a la embajada, allí, como el comandante dijo, le autorizarían el documento. Al terminar con el trabajo se dirigieron hacía un mercado cercano.

-¡Es genial! Aquí podré comprarme el mapa.- dijo Momoko saltando una y otra vez.

-¿Traes dinero contigo?- preguntó el comandante.

-Claro. Siempre preparada a la acción.-

-Tan preparada que casi te disparan en el aeropuerto.-

-¡Oiga! No me lo recuerde. Y además eso no cabe en la idea.-

-Y ¿Qué me dices de que fuiste obligada a ir a unas de las dependencias policiales?-

-Tampoco cabe.-

-Bien, pequeña terca, ve a comprar lo que necesitas.- dijo dándole leves empujones.

-¡Claro!- dicho esto fue corriendo hacía las distintas casillas, tal vez comprando el tan ansiado mapa u otra cosa, ni el comandante lo sabía, este solo se limitaba a sonreír desde su lugar y ¿Cómo no? También se dispuso a comprar algunas que otras cosas. Más tarde se habían dirigido hacía el hotel, que aunque no fuera tan lujoso ni grande se veía acogedor. Se situaron en los pisos inferiores, la habitación de Momoko se encontraba contigua a la del comandante Aoyama. Y lo primero que hizo fue una llamada telefónica a sus amigas.

-¿Ho…ho…hola?- apoyó el teléfono a su oreja. Escuchó unas distorsiones al otro lado de la línea. Esperó unos segundos y al fin pudo reconocer la voz de Miyako.

-Hola ¿Quién llama?-

-Miyako. Soy Momoko.-

-¡Momoko!- chilló la rubia que casi le rompe los oídos a la peli naranja.

-Sí, soy yo.-

-Es genial, Momo-chan ¿Qué tal estas? ¿Llegaste a Malabo? ¿Qué tal te fue? ¿Te descubrieron? ¿Alguien te traerá de vuelta? ¿Conseguiste ayuda? ¿Encontraste a tus padres? ¿Dónde estás? ¿Acaso te encuentras en una tribu africana? ¿Cómo se ve una? ¿Estas con alguien? ¿Ya te casaste? ¿Tendrás hijos? ¿Volverás a Tokio? ¡Te extrañare! ¡Vuelve a casa! ¡Quiero ver a mi cuñado y a mis sobrinos!- estas preguntas lograron aturdir a Momoko y a la vez sorprenderla aunque decidió contestarla una por una.

-Estoy bien; sí llegué a Malabo; hubo algunos problemas pero ya todo está solucionado; sí me descubrieron pero como ya dije todo está solucionado; el comandante Aoyama me llevara de vuelta; aún no los encontré, mañana empezaremos con la búsqueda; estoy en un hotel ¿Cómo crees que me puedo encontrar en una tribu africana? ¡Allí no hay teléfonos! Y no, no sé cómo se ve una; estoy sola; ¡No me casé! ¡Aquí no encontraré a ningún dibujante! ¡¿Cómo crees que tendré hijos!? ¡Tengo 14 años! ¡Deja de hacer preguntas estúpidas!-

-Tengo 23 preguntas más, espérame un tantito, buscaré la hoja en cual las anoté.-

-¡Miyako! ¡Concéntrate!-

-Está bien, pero luego las tendrás que responder.-

-Valla que lo tengo que hacer, pero ¿Ya le avisaron al director que estoy aquí?-

-Kaoru fue a hacerlo, estoy fuera del colegio esperando sus respuestas. Ya hace 1 hora que no sale de allí.-

-Es broma.-

-No, no lo es. Al parecer la están interrogando. Hace 10 minutos me llamó.-

-¿Qué te dijo?-

-Que se tardaría mucho, ya que el director tenía otro caso por resolver, creo que su sobrino había escapado hacía Guinea Ecuatorial…-

-Espera ¿Aquí?-

-Pues sí, eso fue lo que dijo. Ya hace una semana no lo veían por Tokio.-

-Me pregunto qué hará por aquí.-

-Pues no sé ¡Oye allí volvió Kaoru! Espérame que la llamó.-

Escuchó las voces de sus amigas, luego de unos segundos, pudo contactarse con Kaoru.

-Hola ¿Momoko?-

-Hola Kaoru.-

-¿Qué tal llegaste?-

-Miyako te lo explicará luego, ahora, dime ¿Qué te dijo el director? Y ¿Cómo es eso de que su sobrino esta por aquí?-

-Pues, el director ya estaba buscándote anteriormente, iba a hablar con él hasta que recibió una llamada telefónica. Me dijo que esperara unos minutos en el pasillo. Según de lo que escuche, un sobrino suyo huyó para Guinea Ecuatorial. Calculan que se había ido hace 7 días y de que su padre había desaparecido en la selva.-

-¿Cómo es eso posible?- Momoko se encontraba confundida y sorprendida a la vez, en realidad eso era raro ¿Fue una coincidencia? Si eso era cierto el universo les estarían jugando una muy mala broma, al tal sobrino del director y a ella.

-Pues no lo sé. Creo que fue una muy loca coincidencia.-

-Y ¿Qué más sabes de él?- por alguna extraña razón la chica portadora de ojos rosas se empezaba a interesar en ese chico.

-Pues de lo único que pude seguir escuchando es que su apellido era ´´Him``, no comprendí tan bien su nombre.-

-Está bien. Hablamos luego chicas.-

-Infórmanos si algo pasa.- dijo Miyako que al parecer había escuchado todo.-

-Claro. Nos mantendremos en contacto. Adiós.-

Momoko cortó la comunicación. Aquella información la había confundido aún más. Una y otra vez se preguntaba: ¿Cómo es posible que de ambas personas hayan desaparecido uno o ambos padres? Aun pensando en ello fue a darse una ducha, luego se acostó en su cama y se dispuso a comer los dulces que había comprado en el mercado y a la vez a mirar y remirar el mapa que consiguió en el mismo lugar. ´´Him. Him. ¿Quién es?``

Y bien ¿Qué tal? ¿Les gusto? Yo que sé

Bueno, lo que quería decir es que Miyako y Kaoru no creo que vuelvan a aparecer en el fic, ya lo aclare, creo.

Y creo que me voy a tardar un poquitín en actualizar el próximo capítulo ya que empecé con los exámenes ToT y cuando tenga tiempo continuare con una historia que aun no publique, pero ya lo haré luego.

¿Merezco algún reviews?